miércoles, 25 de julio de 2018

En el Salón

De las conversaciones recogidas en una de las veladas a las que Immanuel Kant asistía en Königsberg...
'La verdad es que me encanta discutir con vosotros. Otros se aburren o terminan no asistiendo más a estas charlas, pero yo disfruto y aprendo mucho de la condición humana. Así que ahora estáis de acuerdo conmigo. Llevamos varios meses discutiendo y me decís que compartís ahora mis exposiciones y mis puntos de vista. Es más, realmente os mostráis ofendidos al haber señalado, como al descuido, que vuestra premisa original, el punto de partida de vuestra reflexión, es opuesta a la mía y queréis ahora decirme que prácticamente nuestros proyectos son iguales, cuando no el mismo. Y bien sabéis que no es así y que lo que vosotros exponéis es francamente un asunto que en nada tiene que ver con lo que yo propongo y así lo habéis ido pregonando a lo largo y ancho de toda la ciudad. Esta es una ciudad pequeña y como quiera que yo no salgo mucho de aquí, nada a decir verdad, uno se da cuenta de los cambios de sensibilidad casi por mero contacto. La sensibilidad, la opinión, la forma de decir. Sois muchos y me alegra saber que todos vosotros formáis una opinión sólida. Otros ya no aguantan más vuestros cambios de humor, vuestras salidas de tono, vuestra búsqueda de adhesiones inquebrantables, pero a mí me gusta seguir viniendo aquí, tomar una copa de vino, escuchar cómo intentáis convencerme de esto o de aquello y seguir haciendo como también hacéis vosotros, ojeando el diario, buscando información, releyendo una y otra vez las cartas que nos envían desde puntos alejados para mantenernos al día. Me gusta venir aquí, estar con vosotros y departir. Pero no me convencéis. Y no se trata de convencer ni de dejar de convencer, realmente, todo y que vosotros siempre os empecináis en buscar una adhesión que no os haga parecer el salón más aislado de todos los que se han formado en la ciudad. Me gusta venir a este salón. El servicio es impecable, la iluminación no daña la vista, el vino presenta cierta cualidad que invita a buscar qué es lo que le hace particularmente parecido a la mezcla de vino con limón y sé que vuestro vino no lleva limón, porque ningún vino puede llevar limón y esto espero que no me lo discutáis. Me gusta, me hace crecer como persona que busca en los puntos de vista ajenos el valor del punto de vista personal. Y no sé si esto que acabo de decir tiene mucho que ver con lo que diré ahora. Me gusta venir porque, como a vosotros, no me gusta sentirme solo. Me gusta hablar, pedir la palabra, esperar a que el siguiente hable y hable y luego, cuando ya parece que no tengo nada que decir porque el tema del que habláis me resulta ajeno o difícil de entender o que yo entiendo y entiendo y entiendo y entiendo y no tengo vocabulario suficiente para poder expresarme como debiera pero entiendo, digo, entiendo que lo que voy a decir, realmente, está fuera de lugar. Pero lo digo. Y los días se suceden y las discusiones van decayendo y siempre surgen temas nuevos para hablar y para confrontar vuestra opinión con la mía. Me gusta venir aquí. Otros han acabado aburridos, pero yo continúo viniendo. Regularmente. Ahora, vuestro punto de vista dice ser como el mío y no entendéis mi mera exposición de vuestra posición original como una posición determinada, diferente a la que yo mantengo. Y lo que más me gusta al venir aquí es saber que tú, especialmente tú, que estás ahí apartado en un sillón, leyendo y releyendo diarios antiguos, buscando en anaqueles y en calendarios, indagando en pergaminos y en legajos, que nunca intervienes en la discusión y que pareces indiferente a mi presencia, sabes lo que digo y no lo soportas. Por eso, y por otras cosas que poco tienen que ver con la razón, voy a seguir viniendo.' 

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