Tengo por costumbre tomar el aire. Respirar. Soy un ser vivo, un mamífero, una persona y gusto de pasear para airearme. Bípedo y con buenos pulmones. No fumo. Respirar, caminar, ventilar. Tengo por trabajo una dedicación que me hace estar encerrado en una estancia durante horas. Cuando termino mi labor, respiro. Y salgo a pasear. Y así, de vez en cuando me encuentro a Baal. Él no se da cuenta, pero le veo. Le miro. Le observo. Suelo encontrarle en un camino perdido, en un parque olvidado, en algún bar con poca concurrencia. Creo que no le gusta andar con gente. Le encuentro absorto mirando hacia ningún sitio, a veces mascullando alguna cosa, otras veces araña una botella. Nunca habla con nadie y yo, que ya he dicho que no soy más que un ser vivo, una persona, un bípedo con buenos pulmones y poco más, no me he creído digno de hablar con él, de preguntarle. Mis costumbres, inalterables, me llevaron hace unos días a dar un paseo por una carretera que se pierde por entre polígonos y residencias de quiero y no puedo. Son estos paseos algo que me pone en contacto con el resto de humanos que viven sus existencias de esa manera que no se reseña en parte alguna. Y saliendo de un restaurante Wok, vi a Baal. Poca cosa, insignificante como soy ante su presencia, pensé como siempre en no decir nada y pasar a su lado, imperceptible, para no causarle ninguna molestia a Baal. Fue Baal quien me habló.
'Mortal, te veo interesado por mi estado de ánimo. Sé que te preocupas por mí, estás intrigado, me ves en un estado que no se corresponde con mi categoría. Y tienes razón en estar un tanto angustiado por ello, y no es para menos, ya que mi situación actual puede derivar en un aún mayor decaimiento y mi decaimiento es el fin. Y a qué se debe, te preguntarás Mortal, este abandono. La respuesta no la conozco ni yo. Y todo lo sé, y todo lo puedo. Eso lo conoces. Todo es posible y todo lo convierto en nada. Cuando quiera. Cuando quiera. Y ese es el problema. Que ya hace tiempo que debería haberlo mandado todo al garete y empezar de nuevo o dejarlo en suspenso o qué se yo, algo. Y no quiero. Y paseo por esos lugares oscuros, grises, solitarios, abandonados, construidos alguna vez con voluntad de agradar a alguien, de servir de esparcimiento, de lugar de trabajo y progreso, y ahora su fin es nada. Y sirven de nada. Y me entristezco. Y no sé si, alguna vez, alguno de mis propósitos ha servido para algo. Si mi creación es algo importante. Si no habré hecho el ridículo alguna vez pensando que... podría ser un dios e incluso el único Dios, que lo soy, que lo sé, pero...'.
Y yo, inflamado por dentro por ver a Baal tan decaído grité ardientemente que no, que no podía ser, que Baal, oh Gran Bal, el magnífico y el omnipotente, no podía ser preso de dudas o de cuestionamientos, que no era posible, que era improbable que Baal, que todo lo hizo y que todo lo volvería a hacer, no podía tener ni una brizna de sombra en su mirada causada mucho menos por...
'Basta Mortal, es suficiente. Con solo uno que me suba el ánimo... ya sé lo que tengo que hacer'.
Oh, Baal, desde ese día perdí mi trabajo, perdí mi sustento, perdí mis pulmones, perdí mis piernas, pero no me fue peor que a todos vosotros, que ya no estáis. Que ya no sois. Porque Baal actuó y lo volvería a hacer. Oh Baal. Oh Gran Baal.
' Mortal, no necesito portavoz, no necesito alharacas, uno solo de tus halagos ha provocado la miseria de tu gente y aún pides más. Nunca sabe uno cómo...'.
lunes, 27 de agosto de 2018
viernes, 24 de agosto de 2018
Córdoba. Más bonito no se puede.
Viaje desde Granada a Córdoba. Autovía de Andalucía, la A-92, que te sumerge como por dentro y te va echando a los lados, arriba y abajo. Si vas abajo, a Málaga y a Cádiz. Si vas arriba, a Córdoba. A Córdoba que vamos. Entramos en la ciudad, dejamos el coche en un sitio que me parece lejísimos de donde estamos, una Pensión, pero que luego resulta estar muy cerca de donde estamos, una Pensión. He estado en Córdoba una vez o menos. No conozco nada de Córdoba. Vamos a ciegas. Dejamos el coche en una calle normal, de edificios normales, cogemos las cosas y nos vamos a buscar la Pensión, parece que estamos al lado de una muralla, vamos caminando junto al río Guadalquivir, entramos en un callejoncillo, ya estamos en la pensión. Resulta que estamos en el mismo centro y que desde donde estamos se ve la Mezquita, o la cúpula de la Catedral, ahora vamos con eso.
Córdoba, lejana y sola. Córdoba la llana. Muchas frases y refranillos. No sirven de nada. No conozco nada de Córdoba. Dejamos las cosas en la habitación, una habitación inventada encima del edificio, va a hacer un calor del demonio, tenemos terracita, no la vamos a utilizar. Vamos ya a dar una vuelta. Estaremos dos noches. Solo con el primer paseo ya se da cuenta uno de que Córdoba es muy bonito. O bonita. Al menos la parte que aparece en los mapas donde te indican las cosas y casas que tienes que ver. Muy bonito, pero no sé si a veces parece todo demasiado bonito y al mismo tiempo demasiado poco... aprovechado. No sé. Callecicas blancas, estrechas, con su suelo de chinorrillos que me tiene los pies muertos ya. Damos un paseo, por aquí, por allí, por ese callejón. La mezquita. Ojo. Querencia por ir al barrio judío, por visitar la Sinagoga, pero está cerrada. Vamos por esas calles y vamos repitiendo el discurso. La presencia árabe, lo que antes era una cosa y se quiso que fuera otra pero al final lo que es, es.
Las paredes de fuera de la mezquita, con sus arcos, sus inscripciones, y en medio, alguna virgen o algún arcángel. Mira, acabo de darme cuenta de porqué el estadio del Córdoba es el del Arcángel. No sé cuántas vueltas le damos a la mezquita al cabo del día. Nos dicen que por la mañana temprano es gratis. Tiendas de souvenirs, con las mismas fotos que en Granada, excepto las que tienen fotos de Córdoba, claro. Si en Granada hay postales de Federico, en Córdoba las podría haber de Góngora, sería un punto.
Damos vueltas y cenamos algo en un sitio muy molón de por allí, con un tipo que toca la guitarra canciones de Led Zeppelin y los clásicos de la zona. Parece polaco, daría la pierna derecha por que ese tío es polaco, pero es de Córdoba, que nos lo dice al día siguiente. Yo no. Yo no hablo con nadie, es Alba la que habla con todo el mundo. Antonio El Delegador.
Vamos a un barrio, el de San Basilio, donde nos han dicho que hay patios abiertos. El señor de la pensión es un señor de los de camisa de manga larga a mil grados. Nos indica algunas cosas. Latita de cerveza en la mano. Nos dice lo del barrio, lo de la mezquita, lo del barrio judío. Acierta en lo de la Mezquita. No tengo ni idea de lo que vamos a ver. El barrio de San Basilio está más muerto que yo. No hay nadie, no hay nada abierto, no hay nada. Al día siguiente volvemos a pasar y descubrimos un patio abierto. La señora nos explica el funcionamiento con vehemencia. Si se lo tiene que explicar a todo el mundo igual, debe andar loca. En ese barrio no hay nada. No ir.
Nos damos una vuelta la primera noche por el puente romano. Llegamos al final, pero no avanzamos. Hay una torre, con un museo. Queremos ir al museo. Queremos ir a otro museo, de la Alquimia, que hemos visto. Ojo con los museos. Hay un grupo tocando música en el puente. Son muy jóvenes. Tocan la de Despacito. Supongo que la gente lo filma, lo graba y luego comentarán, eran muy jóvenes, tocaban la de Despacito. Turistas. En mitad del puente hay otra estatua al Arcángel Rafael. Y antes una columna. Y así. Mucho símbolo pero lo gracioso no es cristiano. La gracia está en otra cosa. Asúmelo.
Nos tomamos una cerveza y un agua en una terraza muy cuqui, vienen unos guiris, se piden un arroz. Arroz de noche. Qué valor. El camarero se desvive por atenderles. A nosotros tarda en cobrarnos la vida. Cuestión de prioridades
El día siguiente. Vamos a la Mezquita. No hay palabras para describir bla bla bla. La verdad es que es un lugar único. Todo parece como de otro... y no. Y no es de otro. Que es de aquí. Controversia con la apropiación cultural, con lo que fue el pasado árabe, el pasado musulmán, el pasado hispano musulmán, que parece que vinieron del espacio, les echamos y volvimos a la normalidad. Y no fue así. La Alhambra, el Albaicín, Córdoba, la Mezquita. Se hizo aquí por gente de aquí, que ya vivía a aquí, que era de aquí. Y lo visitamos como 'el legado....'. Como si la Catedral de cualquier sitio no fuera parte también de un legado de algo que está medio superado. Medio.
La mezquita, el espacio de la mezquita, el patio de los Naranjos, qué bonito. Y en medio, el churro media manga mangotero de la Catedral. Un pestiño que duele a los ojos por muy antiguo que sea y mucha devoción y lo que te sople. Sobra ahí. Pero sobra tanto que duele. Y aunque lo expliques no se entiende. Cómo se puede meter eso ahí. Y sí, que antes de la mezquita hubo otro edicificio, claro. Pero es que tu llegas, ves la mezquita y doscientos o trescientos años después metes eso y... copón.
A la visita a la mezquita sigue la visita al museo de la Alquimia. Golazo por toda a escuadra. Pero golazo grande. Una chufla, con su tableta y todo, explicando que hay elementos, que la tierra, que... no te explican nada. Te dejan ahí con el rollo y sobre todo, colándote una movida religiosa que huele a kilómetros. Una cosa es reconocer el papel de la presencia musulmana y otra cosa es intentar vender una moto espiritual, religiosa, filosófica, que no. Que no. Y como incluyen la Casa Andalusí en el paquete, pues gol y otro gol. Nada, no aporta nada. La culpa es nuestra.
Sigamos.
Es la hora de la búsqueda de los orígenes, de casas de familia, de intentar averiguar. Buscamos una calle, que se encuentra fácil, elucubramos, inventamos, imaginamos. Gente que se fue de un pueblo a otro pueblo y de ahí a Barcelona. Imaginando cómo vivían, paseando por esas calles, si alguien se acordará de ellos. Fotos, llamadas, qué habría aquí antes.
Una cervecita y a buscar para comer. Un sitio moderno, con el directo de Vetusta Morla, gente jovencita. Salmorejo (not me) y flamenquín. A lo típico. Berenjenas fritas con miel. Ya no puedo con más cerveza, de verdad. Y hace un calor de morir. Pero calor, calor. Pero calor.
Por la tarde, un nuevo intento de visitar el barrio fantasma. Igual de fantasma. Vamos a ver el museo de la torre de Calahorra, el museo Vivo de Al-Andalus. Vamos y le advertimos al de la puerta que si va a ser una chufla que nos lo diga. No, no. Bueno. Por los pelos. Hay una maqueta muy guapa de la mezquita tal como fue sin la Catedral. Y de la Alhambra. Pero siempre ese tonillo de 'el islam es fantástico', que no sé si es lo que toca. Para reinterpretar la historia no hay que caer en el rollo religioso, digo yo. Fotos guapísimas desde la azotea de la torre. Muchos visitantes.
Turistas. Catalanes. Cero lacitos amarillos. No he visto a nadie con el lacito amarillo ni en Granada ni en Córdoba.
Sigamos. Salimos de la torre y nos vamos a beber unas cañas a un bareto del otro lado del río. Y paseo alrededor del río. Y no sé quién gobierna en Córdoba. Creo entender que es el PSoE en coalición con IU. Glups.
Córdoba. La roja. La ciudad de Anguita. Y la ciudad de Rosa Aguilar, ejem. No sé qué recuerdo tendrá la gente de Anguita allí. Veo a muchos maduros con barba recortada. A mucho 'replicante'. En fin. Miro el mapa de Córdoba. No sé de dónde sale tanto santo y tanto ángel.
Y a la mañana siguiente, nos tenemos que ir a Hornachuelos, y alargamos un poco más la estancia en Córdoba. Cuesta irse. Nos tomamos algo sentados en los poyetes de la Mezquita. Mil vueltas en torno a la Mezquita. Qué bonito que es. O qué bonita. Gitanas con la ramita de romero. No se las cojas. Nos vamos.
Coda Hornachuelos: Viaje a un pueblo llamado Hornachuelos en la provincia de Córdoba. Creemos que está en lo alto de una sierra. No está en lo alto de una Sierra. Está más cerca de Sevilla de lo que creemos. Tiene un casco antiguo muy molón. Pero no se ve un alma por las calles. La casa rural es muy antigua, tiene las puertas como la casa de la abuela o la del abuelo, de esas azul clarito. Por la tarde hace mucho calor y no hay nada abierto. Vamos de todas maneras. Preguntamos. Orígenes. Gente que se fue, gente que vivió. Hay una escuela con el nombre de una profesora... Victoria Diez, que dio su vida por la fe en el 36. Ojo. A ver en qué pueblo nos hemos metido. Una placa en el ayuntamiento de 1980 recuerda a los muertos 'inmolados' en la guerra civil. De los dos bandos en principio. Damos una vuelta, encontramos las casas, preguntamos, pero no es tiempo suficiente, una noche, para averiguar y establecer vínculos. Damos una vuelta por el pueblo. Mi tito Antonio ya nos advirtió que había un vertedero de residuos por allí. Hay campo de fútbol, de pádel, un polideportivo. Se parece a mi pueblo, pero parece otra cosa. La gente nos mira. Somos lo más raro que ha pasado allí en el mes de agosto, supongo. O no. O que somos raros de verdad. Damos una vuelta larga. De paseo por entre los olivos incluido. Y nos merecemos comer algo, cenar, una cañeja. El Patata es el sitio. Vemos llegar a unos en un coche con música fuerte, se baja una pareja madura con camisetas negras, tatus de acdc, bueno. Damos una excursión para bajar el flamenquín. Encontramos la sede del SAT. Bueno.
Es poco tiempo para sacar conclusiones. Quizás habría que volver. Carretera y manta a la mañana siguiente. Pero eso ya es otra historia.
Córdoba, lejana y sola. Córdoba la llana. Muchas frases y refranillos. No sirven de nada. No conozco nada de Córdoba. Dejamos las cosas en la habitación, una habitación inventada encima del edificio, va a hacer un calor del demonio, tenemos terracita, no la vamos a utilizar. Vamos ya a dar una vuelta. Estaremos dos noches. Solo con el primer paseo ya se da cuenta uno de que Córdoba es muy bonito. O bonita. Al menos la parte que aparece en los mapas donde te indican las cosas y casas que tienes que ver. Muy bonito, pero no sé si a veces parece todo demasiado bonito y al mismo tiempo demasiado poco... aprovechado. No sé. Callecicas blancas, estrechas, con su suelo de chinorrillos que me tiene los pies muertos ya. Damos un paseo, por aquí, por allí, por ese callejón. La mezquita. Ojo. Querencia por ir al barrio judío, por visitar la Sinagoga, pero está cerrada. Vamos por esas calles y vamos repitiendo el discurso. La presencia árabe, lo que antes era una cosa y se quiso que fuera otra pero al final lo que es, es.
Las paredes de fuera de la mezquita, con sus arcos, sus inscripciones, y en medio, alguna virgen o algún arcángel. Mira, acabo de darme cuenta de porqué el estadio del Córdoba es el del Arcángel. No sé cuántas vueltas le damos a la mezquita al cabo del día. Nos dicen que por la mañana temprano es gratis. Tiendas de souvenirs, con las mismas fotos que en Granada, excepto las que tienen fotos de Córdoba, claro. Si en Granada hay postales de Federico, en Córdoba las podría haber de Góngora, sería un punto.
Damos vueltas y cenamos algo en un sitio muy molón de por allí, con un tipo que toca la guitarra canciones de Led Zeppelin y los clásicos de la zona. Parece polaco, daría la pierna derecha por que ese tío es polaco, pero es de Córdoba, que nos lo dice al día siguiente. Yo no. Yo no hablo con nadie, es Alba la que habla con todo el mundo. Antonio El Delegador.
Vamos a un barrio, el de San Basilio, donde nos han dicho que hay patios abiertos. El señor de la pensión es un señor de los de camisa de manga larga a mil grados. Nos indica algunas cosas. Latita de cerveza en la mano. Nos dice lo del barrio, lo de la mezquita, lo del barrio judío. Acierta en lo de la Mezquita. No tengo ni idea de lo que vamos a ver. El barrio de San Basilio está más muerto que yo. No hay nadie, no hay nada abierto, no hay nada. Al día siguiente volvemos a pasar y descubrimos un patio abierto. La señora nos explica el funcionamiento con vehemencia. Si se lo tiene que explicar a todo el mundo igual, debe andar loca. En ese barrio no hay nada. No ir.
Nos damos una vuelta la primera noche por el puente romano. Llegamos al final, pero no avanzamos. Hay una torre, con un museo. Queremos ir al museo. Queremos ir a otro museo, de la Alquimia, que hemos visto. Ojo con los museos. Hay un grupo tocando música en el puente. Son muy jóvenes. Tocan la de Despacito. Supongo que la gente lo filma, lo graba y luego comentarán, eran muy jóvenes, tocaban la de Despacito. Turistas. En mitad del puente hay otra estatua al Arcángel Rafael. Y antes una columna. Y así. Mucho símbolo pero lo gracioso no es cristiano. La gracia está en otra cosa. Asúmelo.
Nos tomamos una cerveza y un agua en una terraza muy cuqui, vienen unos guiris, se piden un arroz. Arroz de noche. Qué valor. El camarero se desvive por atenderles. A nosotros tarda en cobrarnos la vida. Cuestión de prioridades
El día siguiente. Vamos a la Mezquita. No hay palabras para describir bla bla bla. La verdad es que es un lugar único. Todo parece como de otro... y no. Y no es de otro. Que es de aquí. Controversia con la apropiación cultural, con lo que fue el pasado árabe, el pasado musulmán, el pasado hispano musulmán, que parece que vinieron del espacio, les echamos y volvimos a la normalidad. Y no fue así. La Alhambra, el Albaicín, Córdoba, la Mezquita. Se hizo aquí por gente de aquí, que ya vivía a aquí, que era de aquí. Y lo visitamos como 'el legado....'. Como si la Catedral de cualquier sitio no fuera parte también de un legado de algo que está medio superado. Medio.
La mezquita, el espacio de la mezquita, el patio de los Naranjos, qué bonito. Y en medio, el churro media manga mangotero de la Catedral. Un pestiño que duele a los ojos por muy antiguo que sea y mucha devoción y lo que te sople. Sobra ahí. Pero sobra tanto que duele. Y aunque lo expliques no se entiende. Cómo se puede meter eso ahí. Y sí, que antes de la mezquita hubo otro edicificio, claro. Pero es que tu llegas, ves la mezquita y doscientos o trescientos años después metes eso y... copón.
A la visita a la mezquita sigue la visita al museo de la Alquimia. Golazo por toda a escuadra. Pero golazo grande. Una chufla, con su tableta y todo, explicando que hay elementos, que la tierra, que... no te explican nada. Te dejan ahí con el rollo y sobre todo, colándote una movida religiosa que huele a kilómetros. Una cosa es reconocer el papel de la presencia musulmana y otra cosa es intentar vender una moto espiritual, religiosa, filosófica, que no. Que no. Y como incluyen la Casa Andalusí en el paquete, pues gol y otro gol. Nada, no aporta nada. La culpa es nuestra.
Sigamos.
Es la hora de la búsqueda de los orígenes, de casas de familia, de intentar averiguar. Buscamos una calle, que se encuentra fácil, elucubramos, inventamos, imaginamos. Gente que se fue de un pueblo a otro pueblo y de ahí a Barcelona. Imaginando cómo vivían, paseando por esas calles, si alguien se acordará de ellos. Fotos, llamadas, qué habría aquí antes.
Una cervecita y a buscar para comer. Un sitio moderno, con el directo de Vetusta Morla, gente jovencita. Salmorejo (not me) y flamenquín. A lo típico. Berenjenas fritas con miel. Ya no puedo con más cerveza, de verdad. Y hace un calor de morir. Pero calor, calor. Pero calor.
Por la tarde, un nuevo intento de visitar el barrio fantasma. Igual de fantasma. Vamos a ver el museo de la torre de Calahorra, el museo Vivo de Al-Andalus. Vamos y le advertimos al de la puerta que si va a ser una chufla que nos lo diga. No, no. Bueno. Por los pelos. Hay una maqueta muy guapa de la mezquita tal como fue sin la Catedral. Y de la Alhambra. Pero siempre ese tonillo de 'el islam es fantástico', que no sé si es lo que toca. Para reinterpretar la historia no hay que caer en el rollo religioso, digo yo. Fotos guapísimas desde la azotea de la torre. Muchos visitantes.
Turistas. Catalanes. Cero lacitos amarillos. No he visto a nadie con el lacito amarillo ni en Granada ni en Córdoba.
Sigamos. Salimos de la torre y nos vamos a beber unas cañas a un bareto del otro lado del río. Y paseo alrededor del río. Y no sé quién gobierna en Córdoba. Creo entender que es el PSoE en coalición con IU. Glups.
Córdoba. La roja. La ciudad de Anguita. Y la ciudad de Rosa Aguilar, ejem. No sé qué recuerdo tendrá la gente de Anguita allí. Veo a muchos maduros con barba recortada. A mucho 'replicante'. En fin. Miro el mapa de Córdoba. No sé de dónde sale tanto santo y tanto ángel.
Y a la mañana siguiente, nos tenemos que ir a Hornachuelos, y alargamos un poco más la estancia en Córdoba. Cuesta irse. Nos tomamos algo sentados en los poyetes de la Mezquita. Mil vueltas en torno a la Mezquita. Qué bonito que es. O qué bonita. Gitanas con la ramita de romero. No se las cojas. Nos vamos.
Coda Hornachuelos: Viaje a un pueblo llamado Hornachuelos en la provincia de Córdoba. Creemos que está en lo alto de una sierra. No está en lo alto de una Sierra. Está más cerca de Sevilla de lo que creemos. Tiene un casco antiguo muy molón. Pero no se ve un alma por las calles. La casa rural es muy antigua, tiene las puertas como la casa de la abuela o la del abuelo, de esas azul clarito. Por la tarde hace mucho calor y no hay nada abierto. Vamos de todas maneras. Preguntamos. Orígenes. Gente que se fue, gente que vivió. Hay una escuela con el nombre de una profesora... Victoria Diez, que dio su vida por la fe en el 36. Ojo. A ver en qué pueblo nos hemos metido. Una placa en el ayuntamiento de 1980 recuerda a los muertos 'inmolados' en la guerra civil. De los dos bandos en principio. Damos una vuelta, encontramos las casas, preguntamos, pero no es tiempo suficiente, una noche, para averiguar y establecer vínculos. Damos una vuelta por el pueblo. Mi tito Antonio ya nos advirtió que había un vertedero de residuos por allí. Hay campo de fútbol, de pádel, un polideportivo. Se parece a mi pueblo, pero parece otra cosa. La gente nos mira. Somos lo más raro que ha pasado allí en el mes de agosto, supongo. O no. O que somos raros de verdad. Damos una vuelta larga. De paseo por entre los olivos incluido. Y nos merecemos comer algo, cenar, una cañeja. El Patata es el sitio. Vemos llegar a unos en un coche con música fuerte, se baja una pareja madura con camisetas negras, tatus de acdc, bueno. Damos una excursión para bajar el flamenquín. Encontramos la sede del SAT. Bueno.
Es poco tiempo para sacar conclusiones. Quizás habría que volver. Carretera y manta a la mañana siguiente. Pero eso ya es otra historia.
Granada. Otra perspectiva.
La foto da sensación de calor. Es que hacía calor. Granada en agosto. Una visita obligada si estás a menos de doscientos kilómetros. Te tienes que acercar. Aunque haga calor. Aunque no hayas comprado las entradas para la Alhambra. Hola, soy el que no compró las entradas para la Alhambra aunque tenía el encargo, ese único encargo y no lo hizo. Aquí estoy. Hemos ido a la Alhambra, pese a todo. La foto, pues, da otra perspectiva. Esta vez no sacamos la foto desde el mirador de San Nicolás o desde el Sacromonte, esta vez, la foto es desde allí mismo.
Vamos a Granada, un par de días, tres. Llegamos desde Vilches a eso de las siete de la tarde. Durante el viaje desde allí, vamos por la autovía y dejamos atrás Jaén. Dan ganas de volver a entrar, pero no, hay que seguir a Granada. Que vamos ya tarde. Hemos cogido una especie de apartamento (¡!) al lado de la plaza del Boquerón, muy cerca del Bar del Eric. Casi por casualidad, verdad... bueno. Vamos a buscar aparcamiento y acabamos dejando el coche nada menos que frente a la última casa, creo, en la que vivió Pepa en Granada. Saco la foto pero no se la mando. El caso es que callejeamos por ese centro, nos damos con la Catedral y harto de dar vueltas opto por la opción conservadora de ir al Triunfo y la Cartuja. El quinto coño.
Llegamos, dejamos las bolsas y ardiendo para el Albaicín. ¿Habéis ido a Granada? ¿No? Siempre cuento lo mismo de Granada y siempre voy a los mismos sitios. Albaicín, subiendo por la calle de las Teterías (previa cerveza de presentación en la Antigualla), casi ya no camino por la calle Elvira con lo que me gusta el nombre de Elvira ni paso por la puerta de Elvira con lo que me gusta el nombre de Elvira. Subir por el Albaicín, medio perderse, aparecer en el Mirador de San Nicolás. Bajar luego por alguna callecilla, bajar y requetebajar. Perderse si eso por el Sacromonte, Paseo de los Tristes, paseo del Darro y llegar a Plaza Nueva. Cervezas varias.
Este año, al consabido recorrido, ha habido que añadirle alguna cosa. Por ejemplo. Sacromonte. No soy muy de pararme en el Sacromonte. Me parece una trampa para guiris. Pero hay que ir y recorrerlo y subir y bajar. Lo hicimos cuando bajamos del mirador de San Nicolás. Mira la Alhambra, qué bonita, que no has comprado las entradas, burro. Mi madre, antes de irme, me ha dado un polo Lacoste de mi padre que debe tener mil años. Voy con el polo que me hace bolsa. Vamos. Por aquí, creo, que podemos ir al Sacromonte, va, venga, vamos a perdernos. Nos perdemos. Pero qué paseo tan bonito.
Y es el aniversario del fusilamiento de García Lorca. Federico. Nunca vi Granada, es de Alberti. Qué bonita es Granada, fusilando a García Lorca, Federico.
¿No habéis ido a Granada? ¿Y eso?
Llegamos a la zona de las cuevas donde flamenquean y los guiris entran y yo me asomo con la misma cara que pongo cuando veo en el metro de Barcelona el anuncio del tablao flamenco de las Ramblas. Nada, no entremos. Al lado justo de una de esas cuevas trampa, un barecillo con terracita y un vejete patillas y pinturero que no parece de Granada, ni de Francia, ni de ninguna parte. Una cueva chica con mucha foto. Con una música primero de Jazz y luego, ay, piano. Chopin sonando, la Alhambra de fondo, cervecita fresquita. Algún que otro mosquito. No se puede estar mejor. Nos quedamos los últimos y el vejete aprovecha para cerrar ya. El que tiene un bar como el que ha salido a dar una vuelta. Y bajamos y claro, llegamos al paseo de los Tristes y qué nombre tan así, los tristes, y al Darro y efectivamente, es que hay un río, que se llama Darro. Y nos metemos en una tabernilla a tomar otra cerveza. Nada. Clavada. La pobreza. Un día después volveremos a tomarnos una cerveza en otro bar a la orilla del Darro, pero este es un bar de modernos, con unas vistas alucinantes, al pie de la Alhambra, hay que volver. Y pedir cerveza más fría.
Cerveza. Le he llegado a tomar manía a la cerveza. Que me la bebo, pero que no sé.
Vamos dando vueltas que ya es tarde y vamos a dar al Bar del Eric. Ea, una petición que tengo. En el Bar del Eric no hay nadie. Pero nadie nadie. No están cerrando, es que no hay nadie. Y nos pedimos y le hago una foto a la puerta y poca cosa más. Y en una horas ya casi lo he visto todo. Callejear, Albaicín, los nombres de las calles, Granada. Me encanta.
A la mañana siguiente toca probar lo de la Alhambra. Hay partes de Granada a las que yo iba y a las que ya no sabría ir. Por Pedro Antonio por ejemplo. O el Realejo. Vamos dando una vuelta y nos metemos en la Catedral. Un cartel contra el Aborto aborta la visita. Vamos dando una vuelta y nos metemos en un museo. El corral del Carbón, donde explican cómo era Granada en época musulmana. Hartón de datos de califato, emirato, ziríes, nazaríes y los Reyes Católicos. Y en cada mezquita, una iglesia. Y ese afán de aniquilar. En cada iglesia, había una mezquita. Y qué desastre. Y cada religión una historia. Y en Córdoba la sensación será más grave. En Granada menos. La religión. Con esos datos nos seguimos aventurando y subimos, como no, por Cuesta Gomérez. Y vemos las tiendas de regalos y souvenirs.
Camiseta de Granada. Me dan ganas de comprarme una, pero no, nunca me la compraré. Si no me compro una de Vilches, una de Granada, por mucho que me gusta tanto, no. Y postales, y los imanes, y las fotos. Y no. Y compramos postales, postales que creemos exclusivas de Granada y son para guiris que van a venir a Granada pero no a Córdoba, donde están las mismas. Y los mismos bolsos, las mismas alfombras, los mismos elefantes de la India. Esto es como la India.
Turismo. Lámparas, bolsos, azulejos, camisetas, postales. Vamos subiendo y decidimos subir y probar a ver. Igual, a lo mejor. Llegamos hasta el acceso y efectivamente, se pueden pillar entradas por internet pero sin ver los Palacios Nazaríes. Compra. Et voilà, entramos en la Alhambra. Toma castaña. Tenía yo 14 años, o 13, y en octavo de EGB nos dijeron de ir de viaje de fin de curso a Italia. Votamos, dijimos que preferíamos ir a Torremolinos. Pero el Pazos, supongo, se curró un viaje que nos llevó a Torremolinos, pero pasando por Granada y la Alhambra y llegando a Córdoba y la Mezquita. Honor y gloria para el Pazos por siempre. Yo no me acuerdo de nada de la visita a Granada, que comimos algo y ya está. Y de la Alhambra... pues es precioso. Sí, no es la mejor época, porque hace un calor infernal, pero coño, qué quieres. Los jardines, los patios, las fuentecillas, las vistas, subir, bajar, otro jardín, otra fuentecita, la escalera del agua con el agua cayendo a los lados. Es bonito de las cosas bonitas que hay. Palacio fortificado. Fortificación palaciega. Restos de las casas donde vivía el personal de palacio. Desde esta torre gritaron el Gran Capitán y el de la moto Granada, Granada, para ponerla a los pies de los Reyes Católicos. Y hoy hay muchos visitantes que hablan en árabe, y mujeres con pañuelo, y durante todo el viaje vemos mucha gente que visita monumentos que les tienen que decir muchas cosas y nosotros vemos como... Y el palacio de Carlos V.
Un palacio, un churro. Poner ese palacio ahí. Llega el día en el que a ese palacio no le hace caso nadie. Nada. Un elemento vacío. Simplemente por haberlo puesto donde está puesto. Allí por joder. Allí puesto para hacer daño. Para demostrar algo. Haciendo el ridículo. No lo visita nadie. Y a la Alhambra, pese a todo, va todo el mundo. Fotos desde la Torre de la Vela, fotos a los jardines, fotos a todo, para demostrar que sí, que hemos ido. Que hemos entrado. Que era posible. Aunque no hemos ido a los palacios nazaríes ni le hemos hecho fotos a los leones. Otra perspectiva.
Y a comer y a la calle Navas, que hombre, bien, vale, pero no. Es decir, no me gusta. Muy poco... no sé. No. Y patatas a lo pobre y a seguir. Y a caminar por el Albaicín y a visitar por la tarde la mezquita esa rara y más perderse y más eso. Y hablar y debatir y discutir. Porque uno es de discutir. Y vamos al sitio este de subir para arriba y si vemos unas escaleras es que las tenemos que subir. Y qué pateadas. Y qué hartones de andar. Y todo parece cerca. Y vamos por la noche a Pedro Antonio, a buscar el Peatón y... la Percha... y... no hay nada. Pero nada. Me pierdo y no es que me pierda, es que no están. Volviendo pasamos por la puerta del Planta Baja. Nos tomamos una cerveza y nos dejan elegir la tapa. Comienza el festival del Salmorejo (not me). Y el ambiente es otro, claro. Y estamos tan muertos que nos vamos ya, qué cansados. Qué palizón de andar. Y qué calor. Y mañana vamos a la Alpujarra. ¿Qué no?
Y a Granada hay que ir siempre, una vez. Vale, que mi recorrido es muy exiguo, que no lo veo todo, que me pierdo muchas cosas. Pero es una ciudad que me alucina. Es estar en otro sitio. Es estar en un sitio, quizás demasiado preparado para eso, para parecer otra cosa, igual muy poco natural, pero que a mí me basta. Parece que estas en otro sitio, un sitio mejor, más auténtico, aparte de todo. Aunque ya sabemos que Granada es muy de derechas y que aunque vas a un bar a tomarte una caña y te ponen Morente con Lagartija y parece que sí, no te fíes. Es que no. Pero hay que volver. Y descubrir. Y perderte por esas calles de chinorros. Y otro año que no vamos a la Chana. Y qué bonita que es Granada. Vamos, vamos, que vamos a la Alpujarra mañana. Qué cabezas.
Coda Alpujarra: Ir a la Alpujarra como el que se acerca a Almería, que diría mi Abuelo Quico. Tenemos unas horas. Vamos y elegimos un trayecto diferente, no entramos por Lanjarón, entramos por Órgiva. Una vuelta rara. Qué paisajes, qué montañacas. Vamos, va. Pepa vive por aquí. Le mando una foto. Que vayamos a verla. Vamos a verla. Pepa vive en un sitio que se llama Bayacas, o Carataunas, no sé. Vive como quiere, acaba de tener dos mellizos, Airú esta por ahí. Es una alegría verla. Nos cuenta, le contamos, pero nos vamos al cabo de poco rato, queremos ir a Pampaneira y comer algo por allí y por la tarde nos vamos a Córdoba. Subir, bajar, montaña, montaña pelada. Le mando un mensaje al Salva Tovar que sé que es de allí, se ha ido a Mojácar, hubiera sido de traca. En fin. Capileira, Soportújar, Pampaneira. Pampaneira. Comer algo, Salmorejo, la barriga comienza a hacer estragos, todo el día mal, Sopica y tortilla. Hay muchos visitantes, muchos catalanes, parece que hay nubes.
La Alpujarra. Supongo que da para mucho más. Compramos unos roscos que nos van a acompañar a la comunión de la hija pequeña. Las noticias que nos llegan de todas partes es que todo va bien. Parece que han matado a un concejal de IU en Asturias. Nada importante. La vida sigue.
La apropiación cultural, lo que es de aquí y lo que es de allí, lo que sientes tuyo y lo que te han dicho que es propio o extraño. Vemos quiénes gobiernan en esos pueblos, el PSOE a ful. Nos vamos, me encuentro medio medio, la carretera me marea. Alba conduce como si fuera de la zona. Yo voy acojonado. Hasta que no pillemos la autovía no voy a respirar. A Córdoba la llana.
Yo te guío.
Vamos a Granada, un par de días, tres. Llegamos desde Vilches a eso de las siete de la tarde. Durante el viaje desde allí, vamos por la autovía y dejamos atrás Jaén. Dan ganas de volver a entrar, pero no, hay que seguir a Granada. Que vamos ya tarde. Hemos cogido una especie de apartamento (¡!) al lado de la plaza del Boquerón, muy cerca del Bar del Eric. Casi por casualidad, verdad... bueno. Vamos a buscar aparcamiento y acabamos dejando el coche nada menos que frente a la última casa, creo, en la que vivió Pepa en Granada. Saco la foto pero no se la mando. El caso es que callejeamos por ese centro, nos damos con la Catedral y harto de dar vueltas opto por la opción conservadora de ir al Triunfo y la Cartuja. El quinto coño.
Llegamos, dejamos las bolsas y ardiendo para el Albaicín. ¿Habéis ido a Granada? ¿No? Siempre cuento lo mismo de Granada y siempre voy a los mismos sitios. Albaicín, subiendo por la calle de las Teterías (previa cerveza de presentación en la Antigualla), casi ya no camino por la calle Elvira con lo que me gusta el nombre de Elvira ni paso por la puerta de Elvira con lo que me gusta el nombre de Elvira. Subir por el Albaicín, medio perderse, aparecer en el Mirador de San Nicolás. Bajar luego por alguna callecilla, bajar y requetebajar. Perderse si eso por el Sacromonte, Paseo de los Tristes, paseo del Darro y llegar a Plaza Nueva. Cervezas varias.
Este año, al consabido recorrido, ha habido que añadirle alguna cosa. Por ejemplo. Sacromonte. No soy muy de pararme en el Sacromonte. Me parece una trampa para guiris. Pero hay que ir y recorrerlo y subir y bajar. Lo hicimos cuando bajamos del mirador de San Nicolás. Mira la Alhambra, qué bonita, que no has comprado las entradas, burro. Mi madre, antes de irme, me ha dado un polo Lacoste de mi padre que debe tener mil años. Voy con el polo que me hace bolsa. Vamos. Por aquí, creo, que podemos ir al Sacromonte, va, venga, vamos a perdernos. Nos perdemos. Pero qué paseo tan bonito.
Y es el aniversario del fusilamiento de García Lorca. Federico. Nunca vi Granada, es de Alberti. Qué bonita es Granada, fusilando a García Lorca, Federico.
¿No habéis ido a Granada? ¿Y eso?
Llegamos a la zona de las cuevas donde flamenquean y los guiris entran y yo me asomo con la misma cara que pongo cuando veo en el metro de Barcelona el anuncio del tablao flamenco de las Ramblas. Nada, no entremos. Al lado justo de una de esas cuevas trampa, un barecillo con terracita y un vejete patillas y pinturero que no parece de Granada, ni de Francia, ni de ninguna parte. Una cueva chica con mucha foto. Con una música primero de Jazz y luego, ay, piano. Chopin sonando, la Alhambra de fondo, cervecita fresquita. Algún que otro mosquito. No se puede estar mejor. Nos quedamos los últimos y el vejete aprovecha para cerrar ya. El que tiene un bar como el que ha salido a dar una vuelta. Y bajamos y claro, llegamos al paseo de los Tristes y qué nombre tan así, los tristes, y al Darro y efectivamente, es que hay un río, que se llama Darro. Y nos metemos en una tabernilla a tomar otra cerveza. Nada. Clavada. La pobreza. Un día después volveremos a tomarnos una cerveza en otro bar a la orilla del Darro, pero este es un bar de modernos, con unas vistas alucinantes, al pie de la Alhambra, hay que volver. Y pedir cerveza más fría.
Cerveza. Le he llegado a tomar manía a la cerveza. Que me la bebo, pero que no sé.
Vamos dando vueltas que ya es tarde y vamos a dar al Bar del Eric. Ea, una petición que tengo. En el Bar del Eric no hay nadie. Pero nadie nadie. No están cerrando, es que no hay nadie. Y nos pedimos y le hago una foto a la puerta y poca cosa más. Y en una horas ya casi lo he visto todo. Callejear, Albaicín, los nombres de las calles, Granada. Me encanta.
A la mañana siguiente toca probar lo de la Alhambra. Hay partes de Granada a las que yo iba y a las que ya no sabría ir. Por Pedro Antonio por ejemplo. O el Realejo. Vamos dando una vuelta y nos metemos en la Catedral. Un cartel contra el Aborto aborta la visita. Vamos dando una vuelta y nos metemos en un museo. El corral del Carbón, donde explican cómo era Granada en época musulmana. Hartón de datos de califato, emirato, ziríes, nazaríes y los Reyes Católicos. Y en cada mezquita, una iglesia. Y ese afán de aniquilar. En cada iglesia, había una mezquita. Y qué desastre. Y cada religión una historia. Y en Córdoba la sensación será más grave. En Granada menos. La religión. Con esos datos nos seguimos aventurando y subimos, como no, por Cuesta Gomérez. Y vemos las tiendas de regalos y souvenirs.
Camiseta de Granada. Me dan ganas de comprarme una, pero no, nunca me la compraré. Si no me compro una de Vilches, una de Granada, por mucho que me gusta tanto, no. Y postales, y los imanes, y las fotos. Y no. Y compramos postales, postales que creemos exclusivas de Granada y son para guiris que van a venir a Granada pero no a Córdoba, donde están las mismas. Y los mismos bolsos, las mismas alfombras, los mismos elefantes de la India. Esto es como la India.
Turismo. Lámparas, bolsos, azulejos, camisetas, postales. Vamos subiendo y decidimos subir y probar a ver. Igual, a lo mejor. Llegamos hasta el acceso y efectivamente, se pueden pillar entradas por internet pero sin ver los Palacios Nazaríes. Compra. Et voilà, entramos en la Alhambra. Toma castaña. Tenía yo 14 años, o 13, y en octavo de EGB nos dijeron de ir de viaje de fin de curso a Italia. Votamos, dijimos que preferíamos ir a Torremolinos. Pero el Pazos, supongo, se curró un viaje que nos llevó a Torremolinos, pero pasando por Granada y la Alhambra y llegando a Córdoba y la Mezquita. Honor y gloria para el Pazos por siempre. Yo no me acuerdo de nada de la visita a Granada, que comimos algo y ya está. Y de la Alhambra... pues es precioso. Sí, no es la mejor época, porque hace un calor infernal, pero coño, qué quieres. Los jardines, los patios, las fuentecillas, las vistas, subir, bajar, otro jardín, otra fuentecita, la escalera del agua con el agua cayendo a los lados. Es bonito de las cosas bonitas que hay. Palacio fortificado. Fortificación palaciega. Restos de las casas donde vivía el personal de palacio. Desde esta torre gritaron el Gran Capitán y el de la moto Granada, Granada, para ponerla a los pies de los Reyes Católicos. Y hoy hay muchos visitantes que hablan en árabe, y mujeres con pañuelo, y durante todo el viaje vemos mucha gente que visita monumentos que les tienen que decir muchas cosas y nosotros vemos como... Y el palacio de Carlos V.
Un palacio, un churro. Poner ese palacio ahí. Llega el día en el que a ese palacio no le hace caso nadie. Nada. Un elemento vacío. Simplemente por haberlo puesto donde está puesto. Allí por joder. Allí puesto para hacer daño. Para demostrar algo. Haciendo el ridículo. No lo visita nadie. Y a la Alhambra, pese a todo, va todo el mundo. Fotos desde la Torre de la Vela, fotos a los jardines, fotos a todo, para demostrar que sí, que hemos ido. Que hemos entrado. Que era posible. Aunque no hemos ido a los palacios nazaríes ni le hemos hecho fotos a los leones. Otra perspectiva.
Y a comer y a la calle Navas, que hombre, bien, vale, pero no. Es decir, no me gusta. Muy poco... no sé. No. Y patatas a lo pobre y a seguir. Y a caminar por el Albaicín y a visitar por la tarde la mezquita esa rara y más perderse y más eso. Y hablar y debatir y discutir. Porque uno es de discutir. Y vamos al sitio este de subir para arriba y si vemos unas escaleras es que las tenemos que subir. Y qué pateadas. Y qué hartones de andar. Y todo parece cerca. Y vamos por la noche a Pedro Antonio, a buscar el Peatón y... la Percha... y... no hay nada. Pero nada. Me pierdo y no es que me pierda, es que no están. Volviendo pasamos por la puerta del Planta Baja. Nos tomamos una cerveza y nos dejan elegir la tapa. Comienza el festival del Salmorejo (not me). Y el ambiente es otro, claro. Y estamos tan muertos que nos vamos ya, qué cansados. Qué palizón de andar. Y qué calor. Y mañana vamos a la Alpujarra. ¿Qué no?
Y a Granada hay que ir siempre, una vez. Vale, que mi recorrido es muy exiguo, que no lo veo todo, que me pierdo muchas cosas. Pero es una ciudad que me alucina. Es estar en otro sitio. Es estar en un sitio, quizás demasiado preparado para eso, para parecer otra cosa, igual muy poco natural, pero que a mí me basta. Parece que estas en otro sitio, un sitio mejor, más auténtico, aparte de todo. Aunque ya sabemos que Granada es muy de derechas y que aunque vas a un bar a tomarte una caña y te ponen Morente con Lagartija y parece que sí, no te fíes. Es que no. Pero hay que volver. Y descubrir. Y perderte por esas calles de chinorros. Y otro año que no vamos a la Chana. Y qué bonita que es Granada. Vamos, vamos, que vamos a la Alpujarra mañana. Qué cabezas.
Coda Alpujarra: Ir a la Alpujarra como el que se acerca a Almería, que diría mi Abuelo Quico. Tenemos unas horas. Vamos y elegimos un trayecto diferente, no entramos por Lanjarón, entramos por Órgiva. Una vuelta rara. Qué paisajes, qué montañacas. Vamos, va. Pepa vive por aquí. Le mando una foto. Que vayamos a verla. Vamos a verla. Pepa vive en un sitio que se llama Bayacas, o Carataunas, no sé. Vive como quiere, acaba de tener dos mellizos, Airú esta por ahí. Es una alegría verla. Nos cuenta, le contamos, pero nos vamos al cabo de poco rato, queremos ir a Pampaneira y comer algo por allí y por la tarde nos vamos a Córdoba. Subir, bajar, montaña, montaña pelada. Le mando un mensaje al Salva Tovar que sé que es de allí, se ha ido a Mojácar, hubiera sido de traca. En fin. Capileira, Soportújar, Pampaneira. Pampaneira. Comer algo, Salmorejo, la barriga comienza a hacer estragos, todo el día mal, Sopica y tortilla. Hay muchos visitantes, muchos catalanes, parece que hay nubes.
La Alpujarra. Supongo que da para mucho más. Compramos unos roscos que nos van a acompañar a la comunión de la hija pequeña. Las noticias que nos llegan de todas partes es que todo va bien. Parece que han matado a un concejal de IU en Asturias. Nada importante. La vida sigue.
La apropiación cultural, lo que es de aquí y lo que es de allí, lo que sientes tuyo y lo que te han dicho que es propio o extraño. Vemos quiénes gobiernan en esos pueblos, el PSOE a ful. Nos vamos, me encuentro medio medio, la carretera me marea. Alba conduce como si fuera de la zona. Yo voy acojonado. Hasta que no pillemos la autovía no voy a respirar. A Córdoba la llana.
Yo te guío.
Cinco días en Vlches. No estás mal, estás bien.
No sé quién dijo esta frase. Como muchas de las cosas que ocurren en las vacaciones sabemos que algo ocurrió pero no podemos más que contar algo parecido a lo que fue. No estás mal, estás bien. Creo que fue sentados en la terraza del Buen Gusto. Es posible que fuera Fabri. Es posible que fuera Rocío. Es posible que fuera alguien.
Vacaciones. Tiempo para huir, para escapar, para marcharnos a otro lugar. Pero Vilches no es otro lugar. No es un lugar para escapar o no estar, en Vilches estás. Este año, además, estaba y mucho. El año pasado estuve mucho tiempo y llevaba un año sin ir. Iba a estar cinco días. No más. ¿Qué pasa en mi pueblo? Cinco días de fiestas y el recuerdo vívido de un verano pasado que fue infernal, que recuerdo como terrorífico. Recordamos la cosas deformadas, supongo. El año pasado me puse malo. No regulé. El primer día fue matador y ya no supe remontar. Y qué calor. Y qué fatiga. Este año lo tenía claro, tenía que moderarme. Me hago mayor. Soy mayor. Y este año más. Más mayor cada año. Como novedad, como importante novedad, este año me acompaña mi compañera. Me acompaña mi compañera. Cada vez más mayor, más viejo y escribiendo peor. ¿Qué hay en tu pueblo? En mi pueblo no hay nada. Pueblos blancos de Andalucía, con su casco antiguo, su castillo árabe, su preciosa ermita, su gastronomía, su tienda de AOVE. Sus fiestas. Sus tradiciones. En mi pueblo hay de todo eso, pero no es lo mismo. Andalucía. Castilla - La Mancha. Explicaciones previas de qué somos y qué no somos. Otra vez con el somos. Dándole cien bocados a un cañamón. Feria y fiestas. Verás que en mi pueblo hace calor, pero es otro calor. Verás que no te voy a enseñar muchas cosas, porque no las sé localizar, pero veremos a mucha gente y hablaremos con mucha gente y nos encontraremos a mis padres por los bares y no pararemos en casa y la gente la gente la gente...
No ha sido así. Todos nos hacemos mayores. Mis padres han estado mucho en casa. No hemos hecho muchos alardes. Pero han sido cinco días necesarios. El viaje a Vilches como excusa para el reencuentro. Con los que viven allí y con los que ya no viven allí. No sé cuántos seguimos haciendo esto de reservar unos cuantos días para ir al pueblo. El pueblo de nuestros padres. Creo que cada vez somos menos. La gente se va. Va a la playa, a otros sitios, otros pueblos. Todos los años al mismo sitio. ¿Qué has hecho este año? Nada, he ido al pueblo. Nada. No he visto nada, no he ido a ninguna parte. Un viaje al pueblo planeado como una primera etapa de algo más. Un viaje iniciático. Compañera del alma, tan temprano. Vilches, Jaén. Verás que hemos entrado en Andalucía y zas, ya estamos aquí. Mi hermano y yo esperando un gesto de sorpresa. Explicando cosas. Obviando que hay más cosas que ver y que nos gusta solo la cucamona. Mi hermano y yo, caminando hacia los bares. Mi hermano y yo, esta vez acompañados. Mi hermano madurando y levantándose a horas razonables. Y ha venido Fabri con sus hijas, que son un encanto. Y Fabri es un grande. Y no ha venido Pepa, que ha tenido mellizos. Y contamos las cosas de Fabri. Mi hermano y Fabri.
Mis padres no saliendo tanto. Un día hasta las cuatro de la mañana en la piscina. Mi padre en el pueblo. Excitación y reflujo. Y adaptación a las nuevas circunstancias. Un día, sentado en una mesa con nuestros colegas, mi padre se cansa y dice que él quiere irse a la barra. Y se va. Porque es lo que echa de menos.
Un primer día con gente que se va sentando en la mesa. Están los catalanes, ha venido Montse también acompañada, qué alegría, y está Rocío y me da la impresión de que este año va a venir mucha gente de fuera, pero no sé si hay mucha gente de dentro. Está claro que las caras que veo son las caras de siempre. Y si no veo otras será porque no están. El primer día no son fiestas, es día para ir al pregón y comprobar que no tenemos remedio. En un primer momento, al ver el programa de las fiestas, con la virgen y los toros, pensé... retroceso. En fin. Libertad creativa. Pero al escuchar al pregonero y autor del cartel me di cuenta de que nada es suficiente. Que no vamos bien. El pregonero insiste en que se ve la virgen aunque haya quien no la vea. O sea que aún le han puesto pegas. Un pregón que parece un curriculum y luego el inevitable recuerdo de lo que fueron las fiestas y lo que son y que son un ejercicio de nostalgia... pero oye, no está tampoco tan mal. Podría haber sido un coñazo lacrimógeno de aquellos... y no. Bien. Y las alusiones a los semanadas, quizás tanto rollo con los emigrantes se merezca algún tipo de debate más extenso. Otro año. Venga. A beber pastores.
Veo a casi todo el mundo. Hablamos con todos. Los compañeros están ahí. Este año quizás he hablado menos, pero les he visto más tranquilos, más seguros. Los comunistas hacen cosas. Y sí, hay quien critica, pero las críticas son cada vez, me parece, menos trascendentes. Veremos. Sí, sí, los comunistas. Esos que parece que no. Pues hacen cosas. La Marina explicando lo que es y lo que se hace. De piedra. No nos conocemos. Y no veo mucho a Berna, pero sé que lo está haciendo bien.
Y ya puestos, he visto a Paco, a Raspu, a la Isa (no pasa el tiempo por la Isa), no he visto a Carlos y ha llegado a venir Jose pero tampoco lo he visto.
Como ya viene ocurriendo, las fiestas se convierten en un ir pasando el tiempo hasta el momento de entrar en la piscina. Incluyo con esto las actividades de la mañana. Toda actividad se mide en torno a la hora que saliste de la piscina, la hora que entras, cómo entras y como sales. Hay orquestas, como siempre. No sabría decir cuál fue la buena y la mala. Creo que las de los primeros días fueron buenas y la del diecisiete fue un poco raruna. O fue la del dieciséis. No recuerdo. Cantaban como asfixiados. Bailar, bailo poco, casi nada. Pero hay que bailar. El día dieciséis o fue el quince, el cantante tuvo que bajar y buscar a lazo al público. Y le salió bien. Llevaba una banderita española en la muñeca. En fin. Pero animaba.
Beber cerveza, hablar con la gente, y medir. Medir de no pasarnos. No alargar las posturas, no sufrir con el calor, no hacer el tonto. Han venido las sevillanas, la Isabelita y la Marijose pero no la Rocío. Conozco a la hija de la Isabelita, la Lucía. Y a la otra hija de la Marijose, la Alba. Qué bola. Y hablo cinco minutos con el Dani. Mmmm. Lo noto bajo. Firme, camarada, firme. Cerveza, fiesta de la espuma, chorros de agua, la charanga que sigue cantando es maricón el que no bote como si quienes forman la charanga tuvieran cincuenta años y vivieran hace cincuenta años. Y no pasa nada. Es peor que me mojen la tapa. Este año no he visto bailar a mi prima Isa, la he visto pero no bailar. No hemos visto a los titos de Mollet.
El tito Manolo, más tito Manolo que nunca. Otro atrapado en el tiempo. Robin grande con barba blanca, la Manoli diciendo que estamos igual, siempre igual. Y Robin chico y el pequeño Guillermo, enfadao.
Y al Argudo, al que veo una vez al año, quizás un día, nos saludamos, comentamos, estamos bien. Todo el rollo del viaje al pueblo se reduce a eso. Cómo vamos, ahí vamos. Ea. Pues aquí como siempre. Este año no me ha salido ninguna frase así que definiera... aquí estamos.
Primos y primas. Mis primas Conchi y Aurora, mi sobrino Álvaro que no me deja entrar con un vaso de cristal en las chapas. Orgullo de sobrino que hace cumplir la ley. Las chapas, ay, ya es redundante decir eso de que nos hacemos viejos... no conocemos a nadie. Al menos mi sobrino me reconoce. Mis primas y primos. Mi primo Jesús y mi prima Ana. Mi primo Jesús con camiseta y bufanda merengue. Mi prima Ana siendo la portaestandarte de ese espíritu de la familia de no hacer nada mínimamente útil. Mi tito Antonio, capaz de saber de todo y darte la noche con la acumulación de datos, pero uno se ve tan reflejado... Primos, titos y titas. Primas.
Mi prima Juli, viene con los niños, hablamos, pero sabe a poco. No he visto a mi prima Juani. Qué mierda vivir tan lejos. Vemos a mi tito Basilio, un día bajando de tomar algo. Saltamos de acera para darle dos besos. Siempre da alegría verle, esta vez es doble. No veo a mi primo Juan, que ha venido pero yo ya no estaba.
El pueblo. Hablar con gente, saludar a gente. En un bar alguien que no conozco de nada, o al menos que no soy capaz de recordar, me dice que le gusta la música que hacemos. Me quedo asombrado. Porque no soy capaz de saber quién es. Sí que hay otros colegas a los que conozco sobre todo de facebook que hablan y charlamos... pero lo de ese chico... me dejó de piedra.
Desorden. Los bares. Los recorremos todos, pero nos dejamos alguno. No sé si sigue abierto el Klama, pero en todos los bares nos tomamos algo. La diferencia entre bares, entre ambientes. La plaza, cada vez más muerta, con menos ambiente. El cruce, más animado. La gente dicen que se monta las posturas en sus casas. El casino, que ya abre para todo el mundo. Ven, vamos a ver las vistas... es de noche, no hay vistas. Pero mira qué tapas.
¿Qué hemos visto del pueblo? La visita al cerro, mira que vistas, el castillo, el cerro, la ermita. Los chumbos de las cuestas están muertos. Las palas muertas. La cochinilla no respeta nada. Vemos entrar a la Virgen, por primera vez creo que en toda la vida, por ir a ver algo. Llévame a ver algo al menos. Efectivamente, cuando la Virgen entra en la iglesia, suena el himno nacional.
Una vuelta por el pueblo. Vemos algo de las cuevas. Pero es que son fiestas. No hay tiempo. Solo podemos estar de fiesta.
Gente entrando en casa, gente que pica y que trae tomates, pimientos, que viene a ver a mi padre y a mi madre y porqué no vamos al Porrosillo. Pues vamos. Pasando por Arquillos vemos una especie de procesión de Legionarios. Demasiado. Vamos al Porrosillo. Aparcamos el coche, cerramos la puerta y de inmediato otra puerta se abre. La prima... La tita... y el periplo comienza. Breve, resumido, pero suficiente para dar fe. Hemos ido al Porrosillo. Hemos visto el sundown del Porrosillo. Esto en primavera es precioso.
En primavera, todo es precioso.
El tema. ¿Cómo está la cosa por ahí? Mal. O bien. O sea, mal. Mal, pero ya da igual. Ya no hay remedio. No se habla del tema y punto. Banderas españolas, te extrañas, qué quieres. Vamos a los Cazadores, los servilleteros, todo te extraña. Hasta que la Laura sale de la barra para darnos dos besos.
Las noticias de Barcelona son buenas, por lo menos se estabilizan. Hay luna creciente.
Qué pasa el pueblo. La gente se va o la gente se queda. Hay poca gente en los pueblos. Los pueblos, las fiestas, lo que ha de ser y lo que somos nosotros que vamos todos los años y que ya no sabemos qué buscamos más allá de ver a la gente y dar fe de que sí, que seguimos conectados. Y subimos para arriba y bajamos para abajo. Y no estás mal, estás bien. Y todo el mundo me ve bien. Y no ha hecho mucho calor y no nos hemos pasado. Y estamos creciendo.
Nos vamos. Nos tenemos que ir. Una visita al Curro, a comer jarapos. Experiencia fallida. Esos jarapos no son jarapos. Llevan champis de lata, espárragos, no. Así no. La carne de monte sí. Y las patatas a lo pobre, perfectas. No es lo que esperábamos, esos jarapos. Vámonos. Nos espera Granada. Verás qué bonito es Granada.
Vacaciones. Tiempo para huir, para escapar, para marcharnos a otro lugar. Pero Vilches no es otro lugar. No es un lugar para escapar o no estar, en Vilches estás. Este año, además, estaba y mucho. El año pasado estuve mucho tiempo y llevaba un año sin ir. Iba a estar cinco días. No más. ¿Qué pasa en mi pueblo? Cinco días de fiestas y el recuerdo vívido de un verano pasado que fue infernal, que recuerdo como terrorífico. Recordamos la cosas deformadas, supongo. El año pasado me puse malo. No regulé. El primer día fue matador y ya no supe remontar. Y qué calor. Y qué fatiga. Este año lo tenía claro, tenía que moderarme. Me hago mayor. Soy mayor. Y este año más. Más mayor cada año. Como novedad, como importante novedad, este año me acompaña mi compañera. Me acompaña mi compañera. Cada vez más mayor, más viejo y escribiendo peor. ¿Qué hay en tu pueblo? En mi pueblo no hay nada. Pueblos blancos de Andalucía, con su casco antiguo, su castillo árabe, su preciosa ermita, su gastronomía, su tienda de AOVE. Sus fiestas. Sus tradiciones. En mi pueblo hay de todo eso, pero no es lo mismo. Andalucía. Castilla - La Mancha. Explicaciones previas de qué somos y qué no somos. Otra vez con el somos. Dándole cien bocados a un cañamón. Feria y fiestas. Verás que en mi pueblo hace calor, pero es otro calor. Verás que no te voy a enseñar muchas cosas, porque no las sé localizar, pero veremos a mucha gente y hablaremos con mucha gente y nos encontraremos a mis padres por los bares y no pararemos en casa y la gente la gente la gente...
No ha sido así. Todos nos hacemos mayores. Mis padres han estado mucho en casa. No hemos hecho muchos alardes. Pero han sido cinco días necesarios. El viaje a Vilches como excusa para el reencuentro. Con los que viven allí y con los que ya no viven allí. No sé cuántos seguimos haciendo esto de reservar unos cuantos días para ir al pueblo. El pueblo de nuestros padres. Creo que cada vez somos menos. La gente se va. Va a la playa, a otros sitios, otros pueblos. Todos los años al mismo sitio. ¿Qué has hecho este año? Nada, he ido al pueblo. Nada. No he visto nada, no he ido a ninguna parte. Un viaje al pueblo planeado como una primera etapa de algo más. Un viaje iniciático. Compañera del alma, tan temprano. Vilches, Jaén. Verás que hemos entrado en Andalucía y zas, ya estamos aquí. Mi hermano y yo esperando un gesto de sorpresa. Explicando cosas. Obviando que hay más cosas que ver y que nos gusta solo la cucamona. Mi hermano y yo, caminando hacia los bares. Mi hermano y yo, esta vez acompañados. Mi hermano madurando y levantándose a horas razonables. Y ha venido Fabri con sus hijas, que son un encanto. Y Fabri es un grande. Y no ha venido Pepa, que ha tenido mellizos. Y contamos las cosas de Fabri. Mi hermano y Fabri.
Mis padres no saliendo tanto. Un día hasta las cuatro de la mañana en la piscina. Mi padre en el pueblo. Excitación y reflujo. Y adaptación a las nuevas circunstancias. Un día, sentado en una mesa con nuestros colegas, mi padre se cansa y dice que él quiere irse a la barra. Y se va. Porque es lo que echa de menos.
Un primer día con gente que se va sentando en la mesa. Están los catalanes, ha venido Montse también acompañada, qué alegría, y está Rocío y me da la impresión de que este año va a venir mucha gente de fuera, pero no sé si hay mucha gente de dentro. Está claro que las caras que veo son las caras de siempre. Y si no veo otras será porque no están. El primer día no son fiestas, es día para ir al pregón y comprobar que no tenemos remedio. En un primer momento, al ver el programa de las fiestas, con la virgen y los toros, pensé... retroceso. En fin. Libertad creativa. Pero al escuchar al pregonero y autor del cartel me di cuenta de que nada es suficiente. Que no vamos bien. El pregonero insiste en que se ve la virgen aunque haya quien no la vea. O sea que aún le han puesto pegas. Un pregón que parece un curriculum y luego el inevitable recuerdo de lo que fueron las fiestas y lo que son y que son un ejercicio de nostalgia... pero oye, no está tampoco tan mal. Podría haber sido un coñazo lacrimógeno de aquellos... y no. Bien. Y las alusiones a los semanadas, quizás tanto rollo con los emigrantes se merezca algún tipo de debate más extenso. Otro año. Venga. A beber pastores.
Veo a casi todo el mundo. Hablamos con todos. Los compañeros están ahí. Este año quizás he hablado menos, pero les he visto más tranquilos, más seguros. Los comunistas hacen cosas. Y sí, hay quien critica, pero las críticas son cada vez, me parece, menos trascendentes. Veremos. Sí, sí, los comunistas. Esos que parece que no. Pues hacen cosas. La Marina explicando lo que es y lo que se hace. De piedra. No nos conocemos. Y no veo mucho a Berna, pero sé que lo está haciendo bien.
Y ya puestos, he visto a Paco, a Raspu, a la Isa (no pasa el tiempo por la Isa), no he visto a Carlos y ha llegado a venir Jose pero tampoco lo he visto.
Como ya viene ocurriendo, las fiestas se convierten en un ir pasando el tiempo hasta el momento de entrar en la piscina. Incluyo con esto las actividades de la mañana. Toda actividad se mide en torno a la hora que saliste de la piscina, la hora que entras, cómo entras y como sales. Hay orquestas, como siempre. No sabría decir cuál fue la buena y la mala. Creo que las de los primeros días fueron buenas y la del diecisiete fue un poco raruna. O fue la del dieciséis. No recuerdo. Cantaban como asfixiados. Bailar, bailo poco, casi nada. Pero hay que bailar. El día dieciséis o fue el quince, el cantante tuvo que bajar y buscar a lazo al público. Y le salió bien. Llevaba una banderita española en la muñeca. En fin. Pero animaba.
Beber cerveza, hablar con la gente, y medir. Medir de no pasarnos. No alargar las posturas, no sufrir con el calor, no hacer el tonto. Han venido las sevillanas, la Isabelita y la Marijose pero no la Rocío. Conozco a la hija de la Isabelita, la Lucía. Y a la otra hija de la Marijose, la Alba. Qué bola. Y hablo cinco minutos con el Dani. Mmmm. Lo noto bajo. Firme, camarada, firme. Cerveza, fiesta de la espuma, chorros de agua, la charanga que sigue cantando es maricón el que no bote como si quienes forman la charanga tuvieran cincuenta años y vivieran hace cincuenta años. Y no pasa nada. Es peor que me mojen la tapa. Este año no he visto bailar a mi prima Isa, la he visto pero no bailar. No hemos visto a los titos de Mollet.
El tito Manolo, más tito Manolo que nunca. Otro atrapado en el tiempo. Robin grande con barba blanca, la Manoli diciendo que estamos igual, siempre igual. Y Robin chico y el pequeño Guillermo, enfadao.
Y al Argudo, al que veo una vez al año, quizás un día, nos saludamos, comentamos, estamos bien. Todo el rollo del viaje al pueblo se reduce a eso. Cómo vamos, ahí vamos. Ea. Pues aquí como siempre. Este año no me ha salido ninguna frase así que definiera... aquí estamos.
Primos y primas. Mis primas Conchi y Aurora, mi sobrino Álvaro que no me deja entrar con un vaso de cristal en las chapas. Orgullo de sobrino que hace cumplir la ley. Las chapas, ay, ya es redundante decir eso de que nos hacemos viejos... no conocemos a nadie. Al menos mi sobrino me reconoce. Mis primas y primos. Mi primo Jesús y mi prima Ana. Mi primo Jesús con camiseta y bufanda merengue. Mi prima Ana siendo la portaestandarte de ese espíritu de la familia de no hacer nada mínimamente útil. Mi tito Antonio, capaz de saber de todo y darte la noche con la acumulación de datos, pero uno se ve tan reflejado... Primos, titos y titas. Primas.
Mi prima Juli, viene con los niños, hablamos, pero sabe a poco. No he visto a mi prima Juani. Qué mierda vivir tan lejos. Vemos a mi tito Basilio, un día bajando de tomar algo. Saltamos de acera para darle dos besos. Siempre da alegría verle, esta vez es doble. No veo a mi primo Juan, que ha venido pero yo ya no estaba.
El pueblo. Hablar con gente, saludar a gente. En un bar alguien que no conozco de nada, o al menos que no soy capaz de recordar, me dice que le gusta la música que hacemos. Me quedo asombrado. Porque no soy capaz de saber quién es. Sí que hay otros colegas a los que conozco sobre todo de facebook que hablan y charlamos... pero lo de ese chico... me dejó de piedra.
Desorden. Los bares. Los recorremos todos, pero nos dejamos alguno. No sé si sigue abierto el Klama, pero en todos los bares nos tomamos algo. La diferencia entre bares, entre ambientes. La plaza, cada vez más muerta, con menos ambiente. El cruce, más animado. La gente dicen que se monta las posturas en sus casas. El casino, que ya abre para todo el mundo. Ven, vamos a ver las vistas... es de noche, no hay vistas. Pero mira qué tapas.
¿Qué hemos visto del pueblo? La visita al cerro, mira que vistas, el castillo, el cerro, la ermita. Los chumbos de las cuestas están muertos. Las palas muertas. La cochinilla no respeta nada. Vemos entrar a la Virgen, por primera vez creo que en toda la vida, por ir a ver algo. Llévame a ver algo al menos. Efectivamente, cuando la Virgen entra en la iglesia, suena el himno nacional.
Una vuelta por el pueblo. Vemos algo de las cuevas. Pero es que son fiestas. No hay tiempo. Solo podemos estar de fiesta.
Gente entrando en casa, gente que pica y que trae tomates, pimientos, que viene a ver a mi padre y a mi madre y porqué no vamos al Porrosillo. Pues vamos. Pasando por Arquillos vemos una especie de procesión de Legionarios. Demasiado. Vamos al Porrosillo. Aparcamos el coche, cerramos la puerta y de inmediato otra puerta se abre. La prima... La tita... y el periplo comienza. Breve, resumido, pero suficiente para dar fe. Hemos ido al Porrosillo. Hemos visto el sundown del Porrosillo. Esto en primavera es precioso.
En primavera, todo es precioso.
El tema. ¿Cómo está la cosa por ahí? Mal. O bien. O sea, mal. Mal, pero ya da igual. Ya no hay remedio. No se habla del tema y punto. Banderas españolas, te extrañas, qué quieres. Vamos a los Cazadores, los servilleteros, todo te extraña. Hasta que la Laura sale de la barra para darnos dos besos.
Las noticias de Barcelona son buenas, por lo menos se estabilizan. Hay luna creciente.
Qué pasa el pueblo. La gente se va o la gente se queda. Hay poca gente en los pueblos. Los pueblos, las fiestas, lo que ha de ser y lo que somos nosotros que vamos todos los años y que ya no sabemos qué buscamos más allá de ver a la gente y dar fe de que sí, que seguimos conectados. Y subimos para arriba y bajamos para abajo. Y no estás mal, estás bien. Y todo el mundo me ve bien. Y no ha hecho mucho calor y no nos hemos pasado. Y estamos creciendo.
Nos vamos. Nos tenemos que ir. Una visita al Curro, a comer jarapos. Experiencia fallida. Esos jarapos no son jarapos. Llevan champis de lata, espárragos, no. Así no. La carne de monte sí. Y las patatas a lo pobre, perfectas. No es lo que esperábamos, esos jarapos. Vámonos. Nos espera Granada. Verás qué bonito es Granada.
domingo, 12 de agosto de 2018
Miscelánea
Nos vamos. Nos estamos yendo. Constipados porque ha cambiado el tiempo y después de la ola de calor viene un pequeño refrescor y ya la tenemos liada. No valemos para nada. La alimentación, precaria. El precariado, precario. Todo puede ir mejor, todo tendría que ir mejor. Nos estamos yendo. Estamos arreglándolo todo para pirarnos. Nos estamos afeitando. Nos estamos apañando. Ayer me corté el pelo. No me voy afeitar. Pero debería, porque luego me voy quejando de tener barba que me pica. Viaje al pueblo, viaje a la parte sur de la península. El Estado español. Español de Barcelona. Nos vamos. Pero tendremos la cabeza aquí, muchos días, mucho tiempo, mucho siempre. Esperando, vigilando, atentos. Cuando volvamos tenemos muchas cosas que hacer. Pero no pensemos en eso ahora. Ahora pensemos en no dejarnos nada. En llevarlo todo. En llenar la maleta de camisetas que no te vas a poner. En poner pantalones que no te vas a calzar. En dudar entre llevarte dos pares de bambas o solo unas. En si llevar manga larga o no. En no saber cuándo vas a volver.
https://www.youtube.com/watch?v=qXHmLJFd434
Seré breve. Qué cosas son las que hay que pesar al volver. Que queda un año. Y que noto cierto estado de conformismo. De que las cosas están bien. De que nada va a cambiar. De que ya hemos perdido. De que volvemos a una situación previa. Que todo lo que pensamos algunos que ya era irreversible, en realidad no lo es. Que lo reversible, como siempre, somos nosotros. Y me encuentro a ex compañeros de lo más radical retuiteando a socialistas. Y el efecto Beatriz Silva. Y que todo es mejor como era antes, cuando antes éramos así y no teníamos tantas dudas y tanto debate y tanta diversidad. En retomar los clásicos. En volver a ser clásicos. En estar pegaditos a lo que es y lo que tiene que ser. Parece ser que todo va bien. Que todo está bien. Y todo debe ir así de bien cuando nos hemos quedado sin respuesta. El verano sirve para muchas cosas, una de ellas es para oxigenar, para encontrar respuesta, para ver mundo, para comprobar cómo lo hacen otros.
https://www.youtube.com/watch?v=bs56ygZplQA
Es tiempo de preocuparnos de cosas útiles y de cosas inútiles. De si poner bañador o no poner bañador en la maleta en la bolsa. De si llevar un par de bermudas o tres. De si pillar hostal o no. De qué hacer. Me preguntarán este año otra vez si sigo trabajando en la radio. O si ya lo dejé. Una y otra vez. Y qué sería si no me lo preguntaran. Sería mucho peor. Es tiempo de preocuparnos de cosas útiles, de cosas inútiles y de preguntarnos si merece la pena hacerlo o no. De preguntarnos si es todo tan grave como para preguntárnoslo o para dejárnoslo de preguntar. Sí, vamos. Sí, claro. Sí, probémoslo. Sí, no lo pienses tanto. Vamos a hacerlo. Pídelo. Pruébalo. No lo pienses tanto, porque igual mañana no podemos hacerlo. Igual mañana no podemos. Igual mañana no estamos. Vamos. Y así va a ser siempre. No tengas tantos remilgos. Di que no y pasa a otra cosa. Es lo que hay. No nos está quedando otra cosa que verlo todo claro.
https://www.youtube.com/watch?v=o0AOG7ciuJo
La vida es eso que pasa mientras miramos el móvil. Me paso el día mirando el móvil. Obsesionado con las cosas que aparecen en el móvil. Con el FAcebook pero sobre todo con el twitter. Me llama la atención la gente ingeniosa, la gente que es referente. No me tengo por alguien muy lerdo pero reconozco que lo soy. No me tengo, pero lo soy. Y reconozco que hay gente muy buena por ahí, con mucha rapidez, y me entretengo mirando lo que dicen, lo que opinan, cómo la lían. Y yo no. Y me da mucha envidia, porque lo que me gustaría es ser así. Ingenioso, que cuando abriera la boca la gente se quedase asustada de la calidad de mis comentarios, de mis ideas, de mis cosas. Y tener unos quinientos retuits de media, y que la cosa no parase nunca. Y que un día me llevaran a la tele. O que me propusieran alguna cosa. Estoy deseando que me propongan alguna cosa para hacerme el honesto y decir que no. Me encanta hacerme el honesto y decir que no. Que no. Que no. Aquel tío cantando mirando al cielo en el Pop, aquel día. No se me va de la cabeza.
https://www.youtube.com/watch?v=lPXWt2ESxVY
Cosas que tenemos que mirar en septiembre, lo del tema. Cómo va el tema. De qué manera el tema nos va a seguir cardando. El efecto Beatriz Silva. De qué manera nos vamos a ir alineando con lo más así sólo porque en el otro lado, el lado amarillo, la cosa se está poniendo azul. De qué manera ya no vamos a ser equidistantes o va a haber que aclarar algo. El tema. Cómo se va a ir componiendo la cosa. No dudes que va a seguir alargándose la broma, cada vez con tintes más grotescos. Y gente quitando lazos amarillos y otros poniendo lazos amarillos. Y gente criticando que se critique. Y gente que no entiende qué es el fascismo. Y el fascismo todos los días a todas horas, por la cara. Y fascismo. Y fascistas que no saben que son nazis. Y nazis que no saben que lo son. Y demócratas que confunden a la peña con la gente con el pueblo con la masa, con ellos. Y republicanos. Y ciudadanos. Y cada vez más pequeña la pelea. Y nosotros cada vez más lejos de la mesa donde se discute todo.
https://www.youtube.com/watch?v=SZ3S-c-96ik
Una cerveza. Un botellín. La cuesta de la piscina. La cuesta del valle. La cuesta. El bar del Rafi. El bar de Ginés. El bar del Pichi. El bar del Milenium está cerrado. Los cazadores, la camarera es catalana, pero se vino aquí hace unos años. El Aljarafe, tiene un nombre muy bonito que no sé lo que es. No tengo mucha familia en el pueblo, pero vas a flipar con la cantidad de primos que puedo saludar y la cantidad de primos que no sé que lo son. La casa de mi abuela. La casa de mi abuelo. Las olas. El buen gusto, que no sé si estará abierto. De infantería. En la renfe. Aquí jugaba el Petropoli. Y aquí jugaba al cinquillo. Y aquí esto y aquí lo otro. En realidad verás que no tiene mucho. Y el pregón. No sé si iremos. Habrá que ir. Y aquí está... y aquí... y aquel día que... y te vas a aburrir. Pero luego no se aburre casi nadie. Igual tú vas a ser...
https://www.youtube.com/watch?v=mlYO7xEv39M
Nos vemos. No me voy a afeitar. Felices fiestas patronales.
https://www.youtube.com/watch?v=qXHmLJFd434
Seré breve. Qué cosas son las que hay que pesar al volver. Que queda un año. Y que noto cierto estado de conformismo. De que las cosas están bien. De que nada va a cambiar. De que ya hemos perdido. De que volvemos a una situación previa. Que todo lo que pensamos algunos que ya era irreversible, en realidad no lo es. Que lo reversible, como siempre, somos nosotros. Y me encuentro a ex compañeros de lo más radical retuiteando a socialistas. Y el efecto Beatriz Silva. Y que todo es mejor como era antes, cuando antes éramos así y no teníamos tantas dudas y tanto debate y tanta diversidad. En retomar los clásicos. En volver a ser clásicos. En estar pegaditos a lo que es y lo que tiene que ser. Parece ser que todo va bien. Que todo está bien. Y todo debe ir así de bien cuando nos hemos quedado sin respuesta. El verano sirve para muchas cosas, una de ellas es para oxigenar, para encontrar respuesta, para ver mundo, para comprobar cómo lo hacen otros.
https://www.youtube.com/watch?v=bs56ygZplQA
Es tiempo de preocuparnos de cosas útiles y de cosas inútiles. De si poner bañador o no poner bañador en la maleta en la bolsa. De si llevar un par de bermudas o tres. De si pillar hostal o no. De qué hacer. Me preguntarán este año otra vez si sigo trabajando en la radio. O si ya lo dejé. Una y otra vez. Y qué sería si no me lo preguntaran. Sería mucho peor. Es tiempo de preocuparnos de cosas útiles, de cosas inútiles y de preguntarnos si merece la pena hacerlo o no. De preguntarnos si es todo tan grave como para preguntárnoslo o para dejárnoslo de preguntar. Sí, vamos. Sí, claro. Sí, probémoslo. Sí, no lo pienses tanto. Vamos a hacerlo. Pídelo. Pruébalo. No lo pienses tanto, porque igual mañana no podemos hacerlo. Igual mañana no podemos. Igual mañana no estamos. Vamos. Y así va a ser siempre. No tengas tantos remilgos. Di que no y pasa a otra cosa. Es lo que hay. No nos está quedando otra cosa que verlo todo claro.
https://www.youtube.com/watch?v=o0AOG7ciuJo
La vida es eso que pasa mientras miramos el móvil. Me paso el día mirando el móvil. Obsesionado con las cosas que aparecen en el móvil. Con el FAcebook pero sobre todo con el twitter. Me llama la atención la gente ingeniosa, la gente que es referente. No me tengo por alguien muy lerdo pero reconozco que lo soy. No me tengo, pero lo soy. Y reconozco que hay gente muy buena por ahí, con mucha rapidez, y me entretengo mirando lo que dicen, lo que opinan, cómo la lían. Y yo no. Y me da mucha envidia, porque lo que me gustaría es ser así. Ingenioso, que cuando abriera la boca la gente se quedase asustada de la calidad de mis comentarios, de mis ideas, de mis cosas. Y tener unos quinientos retuits de media, y que la cosa no parase nunca. Y que un día me llevaran a la tele. O que me propusieran alguna cosa. Estoy deseando que me propongan alguna cosa para hacerme el honesto y decir que no. Me encanta hacerme el honesto y decir que no. Que no. Que no. Aquel tío cantando mirando al cielo en el Pop, aquel día. No se me va de la cabeza.
https://www.youtube.com/watch?v=lPXWt2ESxVY
Cosas que tenemos que mirar en septiembre, lo del tema. Cómo va el tema. De qué manera el tema nos va a seguir cardando. El efecto Beatriz Silva. De qué manera nos vamos a ir alineando con lo más así sólo porque en el otro lado, el lado amarillo, la cosa se está poniendo azul. De qué manera ya no vamos a ser equidistantes o va a haber que aclarar algo. El tema. Cómo se va a ir componiendo la cosa. No dudes que va a seguir alargándose la broma, cada vez con tintes más grotescos. Y gente quitando lazos amarillos y otros poniendo lazos amarillos. Y gente criticando que se critique. Y gente que no entiende qué es el fascismo. Y el fascismo todos los días a todas horas, por la cara. Y fascismo. Y fascistas que no saben que son nazis. Y nazis que no saben que lo son. Y demócratas que confunden a la peña con la gente con el pueblo con la masa, con ellos. Y republicanos. Y ciudadanos. Y cada vez más pequeña la pelea. Y nosotros cada vez más lejos de la mesa donde se discute todo.
https://www.youtube.com/watch?v=SZ3S-c-96ik
Una cerveza. Un botellín. La cuesta de la piscina. La cuesta del valle. La cuesta. El bar del Rafi. El bar de Ginés. El bar del Pichi. El bar del Milenium está cerrado. Los cazadores, la camarera es catalana, pero se vino aquí hace unos años. El Aljarafe, tiene un nombre muy bonito que no sé lo que es. No tengo mucha familia en el pueblo, pero vas a flipar con la cantidad de primos que puedo saludar y la cantidad de primos que no sé que lo son. La casa de mi abuela. La casa de mi abuelo. Las olas. El buen gusto, que no sé si estará abierto. De infantería. En la renfe. Aquí jugaba el Petropoli. Y aquí jugaba al cinquillo. Y aquí esto y aquí lo otro. En realidad verás que no tiene mucho. Y el pregón. No sé si iremos. Habrá que ir. Y aquí está... y aquí... y aquel día que... y te vas a aburrir. Pero luego no se aburre casi nadie. Igual tú vas a ser...
https://www.youtube.com/watch?v=mlYO7xEv39M
Nos vemos. No me voy a afeitar. Felices fiestas patronales.
viernes, 10 de agosto de 2018
Una sombra en el muro
Mi vida se ha convertido en todo aquello que no quise que fuera. Pretendí, no sé en qué momento, convertirme en un ángel de la muerte, en un ser auto destructivo de esos que pueblan los libros de poemas, las primeras novelitas de lectura obligatoria, las películas con las que uno crece, la portada del Idiot de Iggy Pop, un ser vacío que a base de bebida y poca comida, de noche y soledad, de exceso y culpa, fuera camino del desastre. Un desastre que me llevaría a la gloria. Quise que mi vida fuera acción y caos, sembrar el pánico, hacer el mal, castigar y dañar, ser el veneno que acabase de rematar a una sociedad que no merece otra cosa que la liquidación completa. Era una lucha entre ellos, el mundo, lo normal y yo.
Creo que todo se quedó en unas cuantas cervezas, alguna noche sin dormir, discusiones en torno a algo que era fijo y cambiante, poco menos que nada. Al cabo de unos años, me encontré yendo al ambulatorio por que algo no iba bien a la hora de mear. Y casi sin solución de continuidad me encontré una mañana poniéndome unos pantalones de deporte, sacando de la caja unas zapatillas para correr y el daño estaba hecho.
Y corro. Corro todas las mañanas antes de ir al trabajo. Cuando no he tenido trabajo, a veces hacía doble turno, respetando el de la mañana y haciendo doblete por la tarde. Corro. Voy por el río hasta el final, hacia la playa y luego subo hacia arriba, al segundo puente de Montcada y voy haciendo. Voy corriendo hasta que llega una hora y me vuelvo a casa. Como todo me ha ido viniendo sobre la marcha, no tenía pensado comprar cacharros o máquinas que me ayudasen a medir el esfuerzo ni nada de eso, pero poco a poco he ido viendo como mi cuerpo se iba viendo acompañado por adminículos, medidores, un móvil, un reloj... Y corro.
Y cuando corro, cuando estoy corriendo, veo mi sombra reflejada en el muro. Veo a alguien que está corriendo y siempre me cuesta reconocer que soy yo, pero soy yo. Corro y hago algo que antes pensé que iba contra mis principios. No se trata de decir que correr es algo que vaya contra nada, pero una vez que empecé a correr, personalmente, lo dejé todo.
Veo una sombra en el muro. Una sombra de lo que yo soy. Cuando corro pienso. Me pongo la radio, escucho música. Escucho a la gente hablar mientras corro. Adelanto a alguna gente, otros, pocos, me adelantan a mí.
El otro día me asusté. La sombra en el muro me adelantó. Fue algo extraño, como son las cosas que no entiendes. El otro día, después de haber llegado al segundo puente y disponerme a volver a casa, note´que la sombra en el muro se iba. Volaba. No la podía alcanzar. Con una reacción instintiva intenté acelerar e interpreté que era como una señal, un símbolo, una especie de pistoletazo de salida. Me había acomodado y mi sombra me decía que debía acelerar. Demasiado onírico. ¿Qué hace mi sombra pensando cosas? Es mucha imaginación. Mi sombra no me esperó ni la pude alcanzar. Cuando llegué a casa, mi sombra me estaba esperando. No me dijo nada. Seguimos los dos como si tal cosa.
A la mañana siguiente mi sombra se paró a tomar algo. Mi sombra se quedó fija en la pared viendo cómo jugaban a fútbol unos niños y niñas. Mi sombra entorpeció a un ciclista. Mi sombra quiso empezar a hablar con un grupo de mujeres que iban caminando. Mi sombra me llamó y me dijo que quería volver. Mi sombra cobra vida.
Mi sombra ya no sabe porqué hay que ir a correr. Mi sombra va a los bares y habla de política. Mi sombra comenta vídeos que ve en internet. Mi sombra quiere ser como vosotros. Mi sombra no quiere ser más como yo. Mi sombra ha comenzado a llevar sombrero.
Yo he dejado de correr.
Cualquier día dejo de contar todas estas tonterías. Mi sombra dice que lo deje. Mi sombra quiere que me apunte a un curso para aprender a escribir.
Creo que todo se quedó en unas cuantas cervezas, alguna noche sin dormir, discusiones en torno a algo que era fijo y cambiante, poco menos que nada. Al cabo de unos años, me encontré yendo al ambulatorio por que algo no iba bien a la hora de mear. Y casi sin solución de continuidad me encontré una mañana poniéndome unos pantalones de deporte, sacando de la caja unas zapatillas para correr y el daño estaba hecho.
Y corro. Corro todas las mañanas antes de ir al trabajo. Cuando no he tenido trabajo, a veces hacía doble turno, respetando el de la mañana y haciendo doblete por la tarde. Corro. Voy por el río hasta el final, hacia la playa y luego subo hacia arriba, al segundo puente de Montcada y voy haciendo. Voy corriendo hasta que llega una hora y me vuelvo a casa. Como todo me ha ido viniendo sobre la marcha, no tenía pensado comprar cacharros o máquinas que me ayudasen a medir el esfuerzo ni nada de eso, pero poco a poco he ido viendo como mi cuerpo se iba viendo acompañado por adminículos, medidores, un móvil, un reloj... Y corro.
Y cuando corro, cuando estoy corriendo, veo mi sombra reflejada en el muro. Veo a alguien que está corriendo y siempre me cuesta reconocer que soy yo, pero soy yo. Corro y hago algo que antes pensé que iba contra mis principios. No se trata de decir que correr es algo que vaya contra nada, pero una vez que empecé a correr, personalmente, lo dejé todo.
Veo una sombra en el muro. Una sombra de lo que yo soy. Cuando corro pienso. Me pongo la radio, escucho música. Escucho a la gente hablar mientras corro. Adelanto a alguna gente, otros, pocos, me adelantan a mí.
El otro día me asusté. La sombra en el muro me adelantó. Fue algo extraño, como son las cosas que no entiendes. El otro día, después de haber llegado al segundo puente y disponerme a volver a casa, note´que la sombra en el muro se iba. Volaba. No la podía alcanzar. Con una reacción instintiva intenté acelerar e interpreté que era como una señal, un símbolo, una especie de pistoletazo de salida. Me había acomodado y mi sombra me decía que debía acelerar. Demasiado onírico. ¿Qué hace mi sombra pensando cosas? Es mucha imaginación. Mi sombra no me esperó ni la pude alcanzar. Cuando llegué a casa, mi sombra me estaba esperando. No me dijo nada. Seguimos los dos como si tal cosa.
A la mañana siguiente mi sombra se paró a tomar algo. Mi sombra se quedó fija en la pared viendo cómo jugaban a fútbol unos niños y niñas. Mi sombra entorpeció a un ciclista. Mi sombra quiso empezar a hablar con un grupo de mujeres que iban caminando. Mi sombra me llamó y me dijo que quería volver. Mi sombra cobra vida.
Mi sombra ya no sabe porqué hay que ir a correr. Mi sombra va a los bares y habla de política. Mi sombra comenta vídeos que ve en internet. Mi sombra quiere ser como vosotros. Mi sombra no quiere ser más como yo. Mi sombra ha comenzado a llevar sombrero.
Yo he dejado de correr.
Cualquier día dejo de contar todas estas tonterías. Mi sombra dice que lo deje. Mi sombra quiere que me apunte a un curso para aprender a escribir.
jueves, 9 de agosto de 2018
Defraudando expectativas
Volvemos a
vernos, vieja mofeta. El encuentro anual con M. Nos hacemos mayores. Por
primera vez en la conversación se incluyen ítems como ‘dolencias nuevas’,
centradas especialmente en el campo de la visión. Vista cansada. Este es
nuestro leit motiv. Vidas cansadas. Defraudando expectativas desde 1975.
¿Seguro? ¿Qué expectativas? ¿Cuándo, en qué momento, dijimos nosotros que
íbamos a? Creo no haber hecho ningún plan, ni haberme marcado un objetivo
nunca. No creo haber anunciado la consecución de A si hacía B, en ningún
momento. Así que no veo tan claro que hayamos defraudado nada ni a nadie. Esto
era así. La mítica comida con M. Repasando los asuntos propios y los ajenos.
Introduciendo temas nuevos. Olvidando temas de actualidad.
¿Y cómo va todo?
Los pisos, la vivienda, muy mal. Ante las campanas que anuncian que todo va de
nuevo de puta madre y que lo único que falla es la Colau, la constatación es
otra. Sobramos. Aquí no pintamos nada. Aquí estamos tardando en largarnos. No
nos quieren. Ni en los barrios ricos, ni en los barrios pobres. Ni donde antes
viviste, ni donde estás viviendo. Estamos sobrando porque otro lo comprará, lo
alquilará, sacará rédito. El tonto eres tú que no te has apuntado a la movida.
El que no especula, el que no tiene una visión más allá de vivir y punto. Hacer
negocio con las vidas ajenas. Y esperar a que venga el próximo Morrazo, que va
a venir. Morrazo, yo ya fui a Cangas del Morrazo y menos mal que no llovía. Lo
dicen los economistas, lo está diciendo todo el mundo, va a venir otra barbaridad
y nos va a coger quizás con una cara de gilipollas aún mayor. Los grandes
poderes financieros lo están viendo, están quitándose de encima la mierda
española, la deuda. Apunto que el reordenamiento del espacio político viene un
poco a apuntalar una respuesta similar a la que se tuvo antes. Que pille a los
socialistas en el gobierno, que ellos se encarguen de zumbarse a su izquierda y
el PP se reorganiza y se carga a los naranjas. Y así, cuando venga la nueva
ostia, les pilla reorganizados, fuertes y aguantando el tirón. Vamos a comer
algo. Nos movemos por la Rambla de Poblenou.
Un sinfín de
gentes sin camiseta que vienen de ver los grandes monumentos de Barcelona y de
llorar como magdalenas porque la figura del Tio Che ha estado a punto de ser
eliminada. La culpa es de la Colau. Qué desastre todo. Una figura en la calle,
un inspector, un funcionario que llega y anuncia que. Inmediatamente es la
Colau la que no tiene corazón. Qué ganas tenemos todos de que se pasen estos
años de Colau y volvamos a vivir de la rifa con el que venga. Avanzamos, gente
sin camiseta demostrando que se alimenta de una manera efectiva y que no somos
más que un gran trozo de urbanización que se pierde hasta llegar al Tibidabo.
Qué gran idea la playa de Bogatell, la playa de Poble Nou. Qué bien. Vemos
vecinos asomados, sin camiseta también, no se puede vivir con este calor. Nos
quedan cuatro días a todos de poder vivir aquí. O en cualquier otra parte. Y
total…
Y quién se queja.
Qué pasa si los precios de los pisos suben y suben y vuelven a subir y los
alquileres suben y suben y se ponen ‘a precio de mercado’ y te expulsan de tu
ciudad, de tu barrio. Nada. No ocurre nada. Hemos estado hablando durante tres
horas y no hemos hablado del Procés en ningún momento. Hemos hablado de quién
se queja. Se quejan estibadores, se quejan taxistas, se queja gente que parece
haber estado fuera del circuito de los ‘movilizados’, los ‘organizados’.
Protestas. Volviendo a condiciones laborales de hace mil siglos. Falsos
Autónomos. Pagar por trabajar. Ciclistas repartiendo comida. Paga por trabajar.
Qué mierda es esta. Quién se queja. No hace falta ir a una manifestación para
hacer algo. Basta por lo menos con tener claro qué pasa y no repetir como loros
que esto es lo moderno, el progreso, esto es así porque es que tiene que ser
así. Pues no. No lo es. Al menos decirlo. Al menos leer el diario y tener claro
que nos están tomando el pelo. Al menos eso. Y no hemos hablado de lo de aquí. Hemos
llegado a apuntar la posibilidad, ya comentada en cierto modo el año pasado, de
que todo esto no sea obra de gente con ordenadores capaces de hacer cualquier
cosa. Cualquier cosa.
Y hemos hablado
de fútbol. Porque todo es como el fútbol. Y hemos hablado del asco del fútbol.
Del Barça y del Athletic. De cómo a un niño de 10 años puede seguir gustándole
el fútbol más que nada en el mundo. De jugar al fútbol. De los fichajes. De los
representantes. De los periodistas que un día dicen que Miranda a adelantado a
Cucurella. De asumir que somos simple relleno y que aquello por lo que un día
te gustó el fútbol ya no es. Ya no está. Nos gusta por una suerte de maleficio.
Seguimos el mundial. Para M., el mundial ha sido una estafa. Ya me extrañaba a
mí. Yo que pensaba que no, pero M., lo ha visto claro. El Mundial ha sido una
puta estafa. Dejar en paz el mundial. Que si os queréis cargar el fútbol de
clubes como ya lo habéis hecho, cargároslo, pero el Mundial, hijosdeputa, el
Mundial no. Que le han dado el mundial a Francia, que el representante de los
croatas se compró por lo menos hasta las semis. Que Inglaterra robó. Que lo del
VAR ha sido una mierda, que si no vi que en el Francia Australia hubo un
retraso en la repetición. Menos mal que ya no nos gusta el fútbol y que no
conocemos a ningún jugador del Valencia o del Villarreal. Menos mal.
Baloncesto. El Baloncesto es peor. Mejor no comentar. Jugadores van, jugadores
vienen. Y en tu culo se entretienen.
Y nos vamos a
tomar un algo para bajar el papeo. Y seguimos viendo a peña sin camiseta y
toallas. Y vamos eligiendo otro bar y nos sentamos en un bar pensando que es
otro bar y nos hemos equivocado de bar. Y eso es lo que tenemos que ofrecer. Y
le cuento que he estado en Roma. Justo cuando me estaba diciendo que la peña
solo piensa en el viajecito, en el fin de semanita, en las mierdas. Y yo le
cuento que he estado en Roma y Roma tampoco. Y se ha cortado el pelo. Creo que
por fin se ha dado cuenta de que sus problemas de alopecia (¿?) son
irremediables y ha decidido raparse para disimular. Lo mejor es que él te lo
cuenta así. Le nace el pelo… ahí. Y le he dicho que me cuesta enfocar, la vista cansada, que necesito mirar dos veces, que me tienen que aguantar las gafas.
Y seguimos
hablando, los curros, los colegas, las vueltas que damos todos. Y las
revueltas. Y los giros. Y la incapacidad manifiesta para la toma de decisiones.
O quizás la toma de decisiones sin anunciar. Somos las decisiones que tomamos. Luego
no digáis que no sabíais nada. No esperéis nada de nosotros. Hasta el año que
viene.
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