lunes, 27 de agosto de 2018

Baal

Tengo por costumbre tomar el aire. Respirar. Soy un ser vivo, un mamífero, una persona y gusto de pasear para airearme. Bípedo y con buenos pulmones. No fumo. Respirar, caminar, ventilar. Tengo por trabajo una dedicación que me hace estar encerrado en una estancia durante horas. Cuando termino mi labor, respiro. Y salgo a pasear. Y así, de vez en cuando me encuentro a Baal. Él no se da cuenta, pero le veo. Le miro. Le observo. Suelo encontrarle en un camino perdido, en un parque olvidado, en algún bar con poca concurrencia. Creo que no le gusta andar con gente. Le encuentro absorto mirando hacia ningún sitio, a veces mascullando alguna cosa, otras veces araña una botella. Nunca habla con nadie y yo, que ya he dicho que no soy más que un ser vivo, una persona, un bípedo con buenos pulmones y poco más, no me he creído digno de hablar con él, de preguntarle. Mis costumbres, inalterables, me llevaron hace unos días a dar un paseo por una carretera que se pierde por entre polígonos y residencias de quiero y no puedo. Son estos paseos algo que me pone en contacto con el resto de humanos que viven sus existencias de esa manera que no se reseña en parte alguna. Y saliendo de un restaurante Wok, vi a Baal. Poca cosa, insignificante como soy ante su presencia, pensé como siempre en no decir nada y pasar a su lado, imperceptible, para no causarle ninguna molestia a Baal. Fue Baal quien me habló.
'Mortal, te veo interesado por mi estado de ánimo. Sé que te preocupas por mí, estás intrigado, me ves en un estado que no se corresponde con mi categoría. Y tienes razón en estar un tanto angustiado por ello, y no es para menos, ya que mi situación actual puede derivar en un aún mayor decaimiento y mi decaimiento es el fin. Y a qué se debe, te preguntarás Mortal, este abandono. La respuesta no la conozco ni yo. Y todo lo sé, y todo lo puedo. Eso lo conoces. Todo es posible y todo lo convierto en nada. Cuando quiera. Cuando quiera. Y ese es el problema. Que ya hace tiempo que debería haberlo mandado todo al garete y empezar de nuevo o dejarlo en suspenso o qué se yo, algo. Y no quiero. Y paseo por esos lugares oscuros, grises, solitarios, abandonados, construidos alguna vez con voluntad de agradar a alguien, de servir de esparcimiento, de lugar de trabajo y progreso, y ahora su fin es nada. Y sirven de nada. Y me entristezco. Y no sé si, alguna vez, alguno de mis propósitos ha servido para algo. Si mi creación es algo importante. Si no habré hecho el ridículo alguna vez pensando que... podría ser un dios e incluso el único Dios, que lo soy, que lo sé, pero...'.
Y yo, inflamado por dentro por ver a Baal tan decaído grité ardientemente que no, que no podía ser, que Baal, oh Gran Bal, el magnífico y el omnipotente, no podía ser preso de dudas o de cuestionamientos, que no era posible, que era improbable que Baal, que todo lo hizo y que todo lo volvería a hacer, no podía tener ni una brizna de sombra en su mirada causada mucho menos por...
'Basta Mortal, es suficiente. Con solo uno que me suba el ánimo... ya sé lo que tengo que hacer'.

Oh, Baal, desde ese día perdí mi trabajo, perdí mi sustento, perdí mis pulmones, perdí mis piernas, pero no me fue peor que a todos vosotros, que ya no estáis. Que ya no sois. Porque Baal actuó y lo volvería a hacer. Oh Baal. Oh Gran Baal. 

' Mortal, no necesito portavoz, no necesito alharacas, uno solo de tus halagos ha provocado la miseria de tu gente y aún pides más. Nunca sabe uno cómo...'.

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