Que le iban a dar el Oscar a mejor película internacional parecía claro. Que le dieran el Oscar a mejor película y a mejor director, ni por asomo. Así que he esperado hasta este momento para hacer el alarde de oportunismo habitual y hablar de esta película coreana que lo peta y a base de bien.
La primera vez que intenté verla fui arrastrado por un ataque inopinado de sueño hacia un limbo que me dejó frito en el sofá y yo no me duermo o dormía tan fácilmente si estaba viendo algo, pero los años no pasan en balde. Como quiera que mi partenaire sí que terminó el visionado y la calificó como que estaba bien, me decidí a verla yo también en serio. Y merece la pena aunque la haya tenido que ver en el sofá de casa, en la habitación de un hospital y de nuevo en casa en tres partes porque hay que sacar tiempo de debajo de las piedras.
Todos los prejuicios que tengan por las películas coreanas, destiérrenlos. Si es que hay prejuicios por el cine de este país. Si vieron Old Boy, no sé a qué vienen las prevenciones. Si es que vieron In the mood for love*, entonces les puedo llegar a entender. Pero ya.
Una película que habla de la supervivencia. Cuando ya no hay esperanza en el cambio, entonces hay que actuar por otras vías. El sabotaje y la ratonería. Hoy mismo, me ha sorprendido una entrevista con un señor que se presenta como sociólogo marxista que anuncia lo siguiente: el capitalismo solo terminará con una revolución de masas. Si tenemos que estar esperando a ese momento, lo llevamos clarinete. Así que en la película lo que se propone es actuar desde la precariedad aprovechando las rendijas que dejan los confiados burgueses y hacer lo que se pueda.
Puede que esto les parezca a muchos poco menos que apología de lo delincuencial pero hasta que no vean la película, mejor no hacer valoraciones por hacerlas.
De qué va la película. Una familia que vive como puede encuentra en una sobrevenida oportunidad laboral un poco fulaña por parte del hijo la oportunidad para salir de ese sótano donde corres riesgo de ser fumigado, meado o ahogado. Y a partir de ahí, a jugar. Y ahí juega todo el mundo.
Posiblemente haya películas con mayor presupuesto, espectacularidad en las imágenes, actores e interpretaciones carismáticas y retratos de un tiempo y un lugar más vistosos, pero de lo que se habla en esta película, Parasites (que en coreano es Gisaenchung), es de la supervivencia cuando todo ha ido mal. Y de que no hay plan.
Detalle este último que me llega a la patata totalmente porque cuadra con la filosofía de Hannibal del Equipo A, el plan es que no hay plan y con contradecir esa idea de que si lo piensas pasa y todo ese rollo cuántico de los mengues que no y que no. Y para preguntarnos quién es el parásito aquí.
Gran película y mejor persona.
*Fe de erratas. Cateto a babor. Me comunican que In the mood for love no es coreana sino Taiwanesa. Peor aún porque yo tengo el dvd en casa que me lo regalaron, oiga. fatal.
lunes, 10 de febrero de 2020
viernes, 7 de febrero de 2020
Karpov
Me miro en el espejo y me veo gordo. Cómo he llegado hasta aquí, cómo puede ser que no pueda salir del sofá si que parezca que estoy movilizando a toda la división de cosacos del Don. Cómo puedo haberme convertido en una morsa. El elefante marino, la foca y el pinguino. Todo a la vez. Movimientos al tuntún. Movimientos sin sentido. Movimientos que no están calculados. Cosas que salen al azar. Al azahar. Los mismos chistes ante un público diferente. Es divertido preguntar si todo esto ya lo he contado antes. Mayor, lacio, gordo. Como una nutria. Como un barril. Como un vagón. Apretándome las camisas y recostado todo el día. Moviendo y jugando sin sentido alguno. Al montón, a voleo. Porque no tengo identificado al rival. Es decir. Estoy jugando y no tengo claro dónde está el rival. Igual es que de tan gordo me he quedado ciego o algo. No veo a quién está delante. Y no sé qué hace. Estoy jugando contra mí mismo, podría pensar, pero es que me canso. Me canso y me dan ganas de quedarme así traspuesto. Traspuestillo. Así, encajadito así un poco en el sofá, así poniendo los pies encima del sofá. Así. Mirando las piezas e imaginando las partidas que he jugado y repasando movimientos y quedándome dormido. Dormir y no parar. Y no despertarme para mirar en el espejo y ver la cara de esa persona hinchada, gorda, blandorra. Qué ha pasado. Cómo he podido criar yo esta barriga infame. Cómo me tengo que ver así, si yo era una persona que hacía gala de pequeñito de lo delgadito que estaba y con los bracitos que yo tenía y esas fotos en las que se me marcaban las costillas. Dónde están. Me quedan pequeñas todas las camisas y solo me quedan bien las que me quedaban grandes. No muevo con sentido, no muevo ya con ningún tipo de interés. Quizás estoy perdiendo el interés en identificar al rival. Se mueve tanto, va tan deprisa, es tan cambiante que me cuesta cuadrar una táctica. Me cuesta saber contra quién hay que ir. Y por eso, como que me da pereza ponerme ahora a pensar quién es el rival. Quién es el enemigo. Voy moviendo piezas a la espera de que caiga el golpe. Y tampoco me va a importar demasiado porque me quedo dormido y se acaba todo. Así, puestecito así. Mueve tú ahora, quien quiera que seas. Y me da igual. Me voy a hacer un vaso de leche o algo que son casi las seis.
jueves, 6 de febrero de 2020
Yo soy Espartaco
¿Cuántas veces has visto Espartaco? Los que somos un poco espartaquistas habremos visto esta película mil veces. En todas esperamos que finalmente Espartaco triunfe y su huida hacia la libertad no sea solo un camino hacia el desastre. Un desastre honroso, un desastre digno, pero un desastre al fin que acaba con la crucifixión. Y sin embargo, la volvemos a ver, y volvemos a sorprendernos con la solidaridad colectiva al grito de Yo soy Espartaco, con el que todos los esclavos se levantan para decir precisamente que todos somos los que nos levantamos contra la opresión. Y como los romanos no conocían la cara de Espartaco, podía ser cualquiera. Aunque para nosotros, la cara de Espartaco era y será siempre la de Kirk Douglas, padre de Michael 'daglas'.
Se ha muerto Kirk Douglas con 103 años y ha faltado tiempo entre la verdadera izquierda para echar su paletadita de lodo sobre el personaje. Como quiera que la izquierda progre hemos decidido tomarnos a mal esta muerte, ha vuelto a citarse la acusación de violación sobre Natalie Wood para decir 'ves como no hay nadie perfecto entre vuestros referentes?'.
Bueno. No entraremos en eso ahora. Entraremos mejor en el caso de un actor y también productor que en tiempos no muy amables para las gentes de izquierdas, sacó la cara por ellos con todo lo que eso podía suponer. Y le puso cara a Espartaco. Y le puso cara al coronel Dax, que intenta en plena Primera Guerra Mundial frenar una ofensiva que será una masacre simplemente porque uno de los generales quiere un ascenso. Y no solo les puso cara, sino que puso el dinero para hacerlas. Eso ya le podría convertir en un personaje mítico, en unos tiempos en los que todos estamos un poco a otra cosa.
Pero es que además fue El loco del pelo rojo, y ahí ya no soy para nada imparcial. Un tipo que le pone cara a Van Gogh y que ya jamás en la vida podrás quitarte de la cabeza que Van Gogh pudiera tener otra cara que no sea la de Douglas (o la de mi padre cuando llevaba la barba rojiza). En una casa en la que la pintura y más la pintura de Van Gogh era religión, se entenderá que nosotros por Kirk Douglas matamos.
Quizás no fuera el actor más mejor de todos. Pero en todas sus películas nos parecía genial. La del viaje submarino, la flipada aquella de los vikingos, o aquella ya de los años setenta o no sé si ochenta, la del Final de la Cuenta atrás que era otra flipada también de película en la que un barco norteamericano entraba en una especie de bucle temporal y se metían por medio del Ataque a Pearl Harbour.
Siempre ha estado ahí. Y siempre nos ha parecido, después de Espartaco, que era alguien que merecía la pena. Ojalá y se demuestre si fue un violador y si realmente nuestro héroe fue también otro puerco. Ojalá pasara y así nos quitamos de encima otro molesto judío ruso molesto que osó ponerse de parte de quien estaba perseguido y puso cara a lo que mucha gente, en muchos sitios, ha deseado siempre. Ponerse de cara y no esconderse más, hartarse de símbolos y de panoplias e ir de cara. Decir lo que uno piensa y hacer lo posible por que la gente pueda conocerlo.
103 años de Kirk Douglas y las imágenes nos lo querrán enseñar ya viejecito y desfigurado. Y sin embargo, le recordaremos con la cara de mala hostia mirando hacia los romanos que querían sangre, o cabreado como un mico soltando el speech final de Senderos de Gloria, o echo unas bascas pintando y cabreado con Gauguin, con el copón y con todo siendo Van Gogh.
No nos tendríamos que morir nunca, joder.
Se ha muerto Kirk Douglas con 103 años y ha faltado tiempo entre la verdadera izquierda para echar su paletadita de lodo sobre el personaje. Como quiera que la izquierda progre hemos decidido tomarnos a mal esta muerte, ha vuelto a citarse la acusación de violación sobre Natalie Wood para decir 'ves como no hay nadie perfecto entre vuestros referentes?'.
Bueno. No entraremos en eso ahora. Entraremos mejor en el caso de un actor y también productor que en tiempos no muy amables para las gentes de izquierdas, sacó la cara por ellos con todo lo que eso podía suponer. Y le puso cara a Espartaco. Y le puso cara al coronel Dax, que intenta en plena Primera Guerra Mundial frenar una ofensiva que será una masacre simplemente porque uno de los generales quiere un ascenso. Y no solo les puso cara, sino que puso el dinero para hacerlas. Eso ya le podría convertir en un personaje mítico, en unos tiempos en los que todos estamos un poco a otra cosa.
Pero es que además fue El loco del pelo rojo, y ahí ya no soy para nada imparcial. Un tipo que le pone cara a Van Gogh y que ya jamás en la vida podrás quitarte de la cabeza que Van Gogh pudiera tener otra cara que no sea la de Douglas (o la de mi padre cuando llevaba la barba rojiza). En una casa en la que la pintura y más la pintura de Van Gogh era religión, se entenderá que nosotros por Kirk Douglas matamos.
Quizás no fuera el actor más mejor de todos. Pero en todas sus películas nos parecía genial. La del viaje submarino, la flipada aquella de los vikingos, o aquella ya de los años setenta o no sé si ochenta, la del Final de la Cuenta atrás que era otra flipada también de película en la que un barco norteamericano entraba en una especie de bucle temporal y se metían por medio del Ataque a Pearl Harbour.
Siempre ha estado ahí. Y siempre nos ha parecido, después de Espartaco, que era alguien que merecía la pena. Ojalá y se demuestre si fue un violador y si realmente nuestro héroe fue también otro puerco. Ojalá pasara y así nos quitamos de encima otro molesto judío ruso molesto que osó ponerse de parte de quien estaba perseguido y puso cara a lo que mucha gente, en muchos sitios, ha deseado siempre. Ponerse de cara y no esconderse más, hartarse de símbolos y de panoplias e ir de cara. Decir lo que uno piensa y hacer lo posible por que la gente pueda conocerlo.
103 años de Kirk Douglas y las imágenes nos lo querrán enseñar ya viejecito y desfigurado. Y sin embargo, le recordaremos con la cara de mala hostia mirando hacia los romanos que querían sangre, o cabreado como un mico soltando el speech final de Senderos de Gloria, o echo unas bascas pintando y cabreado con Gauguin, con el copón y con todo siendo Van Gogh.
No nos tendríamos que morir nunca, joder.
miércoles, 5 de febrero de 2020
A cara de perro
Una mirada por encima sobre todo lo que está sucediendo estos días nos debe invitar a hacer una reflexión. Y esa reflexión la debería hacer otro y no yo. Esa reflexión, sosegada, con argumentario, con el catálogo de frases bonitas para que me abraces y me digas que no te vayas nunca, no la voy a hacer yo. Porque ni soy la persona escogida, ni la delegada, ni tengo la visión de conjunto que hay que tener. Es por eso por lo que voy a decir lo siguiente.
No tengo mucho que aportar. Soy una persona de ideas republicanas pero seguramente no soy lo suficientemente republicano porque no sé. Navegamos. Navegamos en un mar de sapos. Sapos que al parecer nadie se traga en ningún orden vital. Ni nada. Porque vivimos en un mundo de valientes que todos los días ganan un pequeño Stalingrado. Y cada mañana, el crucero Aurora surca el Besòs y anuncia la revuelta. Y siempre ganamos.
¿Para qué estábamos en esto de la política además de para perpetuarnos en los cargos a los que accedemos? Para acceder a más cargos. O para evitar que otros los ocupen. Jugar para construir o jugar para destruir. Estamos en un momento decisivo en el que nos jugamos el futuro de la izquierda. Teniendo en cuenta que la izquierda la representamos un poco todos nosotros, la verdad es que se le ponen a uno los pelos de punta. Perdón. No quería mirar a nadie.
Estamos construyendo un mundo mejor. Ahora me pongo a escribir en serio. Estamos esforzándonos en construir un mundo mejor, más amable, no sabemos si alternativo. No creo que nos de tiempo para eso ya. Una alternativa. Aplaudir al rey, declarar que solo vas a trabajar los días que te rote, afiliarte a Comisiones Obreras, ir a Perpignan a ver al santo, votar por error, colar una ley neoliberal como si fuera una ley anti oligarcas, contradicciones del sistema, peña en la calle reclamando que el campo no se vaya a la mierda pero el campo no es de nadie y es de todos y ya no sabemos quién capitaliza las movilizaciones y ahora nos da miedo que haya gente en la calle porque la verdad es que no sabemos quiénes son. Somos traidores a la clase trabajadora, pero me iría mañana mismo a Perpignan.
No sabemos quiénes son. Esos que se manifiestan.
Esos que están a las nueve de la mañana, y las nueve de la mañana ya es tarde, en la parada del autobús y que van a subir al autobús y tienen cara ya a las nueve de la mañana de estar hasta los huevos de vivir. Y acaba uno hablando como el Robe de Extremoduro y eso sí que es preocupante. Es el momento quizás de hacer una nueva reflexión.
Es el momento de encontrar nuevos amigos. Amigos que me hagan sentir importante, útil, necesario, capaz. En esta ciudad deberíamos ser todos útiles. Todos deberíamos abandonar la ideología y ponernos a pensar en cosas que sean realmente útiles, necesarias, realizables. Abandonar la ideología es ahora mismo lo primordial, porque con ideología se está poniendo un freno absurdo al progreso humano.Al progreso.
A la unidad. Necesito nuevos amigos que me envíen mensajes que me hagan sentir importante. Útil y necesario. Amigo y compañero. Todos remando en una misma dirección.
Creo, ahora hablando en serio, que lo que necesitamos es alguien que diga qué es lo que necesitamos. Creo que lo que necesitamos de verdad es a alguien que nos diga que somos unos gilipollas por pensar como pensamos y que deberíamos ser mucho más íntegros, valientes, clase, leer a Zizek o añorar al Dukla de Praga, es que hay veces que me pierdo con la gente que cita. Creo que necesitamos una izquierda como la que dicen que necesitamos.
Yo creo que es una buena manera de acabar y cuando algo me sale bien lo repito dos veces y así parece que se queda y el roller disco este del texto baja un poquito más y cuanto más escribes más feliz pareces.
Me gustaría una izquierda como esa que dicen que necesitamos. Sería genial.
No tengo mucho que aportar. Soy una persona de ideas republicanas pero seguramente no soy lo suficientemente republicano porque no sé. Navegamos. Navegamos en un mar de sapos. Sapos que al parecer nadie se traga en ningún orden vital. Ni nada. Porque vivimos en un mundo de valientes que todos los días ganan un pequeño Stalingrado. Y cada mañana, el crucero Aurora surca el Besòs y anuncia la revuelta. Y siempre ganamos.
¿Para qué estábamos en esto de la política además de para perpetuarnos en los cargos a los que accedemos? Para acceder a más cargos. O para evitar que otros los ocupen. Jugar para construir o jugar para destruir. Estamos en un momento decisivo en el que nos jugamos el futuro de la izquierda. Teniendo en cuenta que la izquierda la representamos un poco todos nosotros, la verdad es que se le ponen a uno los pelos de punta. Perdón. No quería mirar a nadie.
Estamos construyendo un mundo mejor. Ahora me pongo a escribir en serio. Estamos esforzándonos en construir un mundo mejor, más amable, no sabemos si alternativo. No creo que nos de tiempo para eso ya. Una alternativa. Aplaudir al rey, declarar que solo vas a trabajar los días que te rote, afiliarte a Comisiones Obreras, ir a Perpignan a ver al santo, votar por error, colar una ley neoliberal como si fuera una ley anti oligarcas, contradicciones del sistema, peña en la calle reclamando que el campo no se vaya a la mierda pero el campo no es de nadie y es de todos y ya no sabemos quién capitaliza las movilizaciones y ahora nos da miedo que haya gente en la calle porque la verdad es que no sabemos quiénes son. Somos traidores a la clase trabajadora, pero me iría mañana mismo a Perpignan.
No sabemos quiénes son. Esos que se manifiestan.
Esos que están a las nueve de la mañana, y las nueve de la mañana ya es tarde, en la parada del autobús y que van a subir al autobús y tienen cara ya a las nueve de la mañana de estar hasta los huevos de vivir. Y acaba uno hablando como el Robe de Extremoduro y eso sí que es preocupante. Es el momento quizás de hacer una nueva reflexión.
Es el momento de encontrar nuevos amigos. Amigos que me hagan sentir importante, útil, necesario, capaz. En esta ciudad deberíamos ser todos útiles. Todos deberíamos abandonar la ideología y ponernos a pensar en cosas que sean realmente útiles, necesarias, realizables. Abandonar la ideología es ahora mismo lo primordial, porque con ideología se está poniendo un freno absurdo al progreso humano.Al progreso.
A la unidad. Necesito nuevos amigos que me envíen mensajes que me hagan sentir importante. Útil y necesario. Amigo y compañero. Todos remando en una misma dirección.
Creo, ahora hablando en serio, que lo que necesitamos es alguien que diga qué es lo que necesitamos. Creo que lo que necesitamos de verdad es a alguien que nos diga que somos unos gilipollas por pensar como pensamos y que deberíamos ser mucho más íntegros, valientes, clase, leer a Zizek o añorar al Dukla de Praga, es que hay veces que me pierdo con la gente que cita. Creo que necesitamos una izquierda como la que dicen que necesitamos.
Yo creo que es una buena manera de acabar y cuando algo me sale bien lo repito dos veces y así parece que se queda y el roller disco este del texto baja un poquito más y cuanto más escribes más feliz pareces.
Me gustaría una izquierda como esa que dicen que necesitamos. Sería genial.
martes, 4 de febrero de 2020
Amanece Total
Me acuerdo de ser un chaval y estar en casa una noche viendo la tele y de repente aparecer, no sé si con mucho aviso previo o simplemente por sorpresa, a Agustín González vestido como de pastor y con un pueblo detrás. Y Agustín González decir 'Londres, año dosmil y pico', pero mirando a la cámara completamente en serio. Y uno ya no se despegaba de la pantalla porque cómo iba a ser ese pueblo Londres y ese señor decir que eso era Londres y un Londres del futuro. A partir de ahí una serie de personajes normales pero extraños, gente de pueblo con sus cosas de estar en el pueblo, pero un pueblo que es Londres y donde a la gente le pasaban cosas extrañísimas, pero normales. Normales dentro de su gravedad.
Se ha muerto José Luis Cuerda y supongo que muchos le recordarán sobre todo por Amanece que no es poco, que era la versión extendida de Total, que es el corto para televisión del que hablaba al principio. Amanece como es poco como película que nos ha regalado momentos y coletillas que durarán para toda la vida. Es curioso, pero debe ser de las pocas películas, comedias españolas, que han sido capaces de incorporar a nuestra lengua, a nuestra conversación, chascarrillos, frases, chanzas, tal y como lo han hecho películas americanas. Amanece que no es poco, tontería es decirlo, es una peli que abundaba en lo mismo que Total, pero con más personajes y más situaciones increíbles. Aquello era un disparate que con el tiempo fue ganando cada vez más adeptos. Tuvo una tercera parte, pero ya no la vi o no la recuerdo, incluso una cuarta que se llamó Tiempo Después que no quise ver porque el recuerdo de Total y de Amanece que no es poco creía que se iba a manchar.
También recordarán a José Luis Cuerda por que fue el director de La lengua de las mariposas, que no sé si he visto o no, pero que sé de qué va y sé que cuando se hizo fue de esas pelis que los fachas de turno se aprestan a cebarse con ella por ser de nuevo una peli de esas 'de la guerra' que siempre estamos con películas 'de la guerra'. Por eso quizás no la vi yo. Y cómo José Luis Cuerda se enzarzó en una polémica por defender no solo su película, sino sus convicciones políticas. Y la memoria. Eso tan aburrido.
Después también hizo la de Los girasoles ciegos y ahí no he visto la película tampoco y sí que he leído el libro. También hizo La marrana y esa película recuerdo que no me gustó nada. Y recuerdo haber visto, recuerdo, recuerdo, recuerdo, haber visto también hace mil años El bosque animado y esa sí que tengo ganas de volver a verla. A mi padre le gustaba mucho esa peli con Alfredo Landa asaltando a la gente por los caminos con la cara pintada y la peña pasando de él.
También se recordará a José Luis Cuerda por haber sido el descubridor, digamos, de Amenábar.
Y yo me acordaré, país de mierda, de esa época precisamente, cuando lo de La lengua de las mariposas, cuando defendía su película y más allá, y yo lo identificaba con 'uno de esos directores socialistas que utilizan la pena de la guerra para seguir con el cuento de que viene la derecha y que nunca nos quitemos de encima esta condena de socialistas que mucho la guerra y luego nada'. A pesar de todo lo que me había reído yo con Total y esa pareja con un Luis Ciges ciego a la que la mujer, María Elena Flores le ponía un plato vacío diciéndole que había huevos fritos y no había nada y Ciges mojaba el plato y decía 'insípido el huevo, insípido el aceite'. O que le hacía saltar subiendo trancos que no existían, caminando por la calle diciéndole 'Salta'.
Insípido el huevo, insípido el aceite. Siempre que había huevos en casa.
En fin, otro que se va. Uno de los culpables de que no nos tomemos nada en serio. Nunca. Y nada es nada.
Se ha muerto José Luis Cuerda y supongo que muchos le recordarán sobre todo por Amanece que no es poco, que era la versión extendida de Total, que es el corto para televisión del que hablaba al principio. Amanece como es poco como película que nos ha regalado momentos y coletillas que durarán para toda la vida. Es curioso, pero debe ser de las pocas películas, comedias españolas, que han sido capaces de incorporar a nuestra lengua, a nuestra conversación, chascarrillos, frases, chanzas, tal y como lo han hecho películas americanas. Amanece que no es poco, tontería es decirlo, es una peli que abundaba en lo mismo que Total, pero con más personajes y más situaciones increíbles. Aquello era un disparate que con el tiempo fue ganando cada vez más adeptos. Tuvo una tercera parte, pero ya no la vi o no la recuerdo, incluso una cuarta que se llamó Tiempo Después que no quise ver porque el recuerdo de Total y de Amanece que no es poco creía que se iba a manchar.
También recordarán a José Luis Cuerda por que fue el director de La lengua de las mariposas, que no sé si he visto o no, pero que sé de qué va y sé que cuando se hizo fue de esas pelis que los fachas de turno se aprestan a cebarse con ella por ser de nuevo una peli de esas 'de la guerra' que siempre estamos con películas 'de la guerra'. Por eso quizás no la vi yo. Y cómo José Luis Cuerda se enzarzó en una polémica por defender no solo su película, sino sus convicciones políticas. Y la memoria. Eso tan aburrido.
Después también hizo la de Los girasoles ciegos y ahí no he visto la película tampoco y sí que he leído el libro. También hizo La marrana y esa película recuerdo que no me gustó nada. Y recuerdo haber visto, recuerdo, recuerdo, recuerdo, haber visto también hace mil años El bosque animado y esa sí que tengo ganas de volver a verla. A mi padre le gustaba mucho esa peli con Alfredo Landa asaltando a la gente por los caminos con la cara pintada y la peña pasando de él.
También se recordará a José Luis Cuerda por haber sido el descubridor, digamos, de Amenábar.
Y yo me acordaré, país de mierda, de esa época precisamente, cuando lo de La lengua de las mariposas, cuando defendía su película y más allá, y yo lo identificaba con 'uno de esos directores socialistas que utilizan la pena de la guerra para seguir con el cuento de que viene la derecha y que nunca nos quitemos de encima esta condena de socialistas que mucho la guerra y luego nada'. A pesar de todo lo que me había reído yo con Total y esa pareja con un Luis Ciges ciego a la que la mujer, María Elena Flores le ponía un plato vacío diciéndole que había huevos fritos y no había nada y Ciges mojaba el plato y decía 'insípido el huevo, insípido el aceite'. O que le hacía saltar subiendo trancos que no existían, caminando por la calle diciéndole 'Salta'.
Insípido el huevo, insípido el aceite. Siempre que había huevos en casa.
En fin, otro que se va. Uno de los culpables de que no nos tomemos nada en serio. Nunca. Y nada es nada.
lunes, 3 de febrero de 2020
Lo nuestro - Eu Manzanares
Hay detalles. Hay detalles como por ejemplo el del hermano, el tete, que busca en la bolsa de la hermana un papel que le pide ésta y que en un primer momento no ve otro papel que le pide y que en un segundo momento sí que ve otro papel que nos tendrá en vilo el resto de la obra. Ese momento, ese detalle, esa búsqueda casual. Ese idear el momento, crear la situación, que parece fortuita, esos papeles que salen de la bolsa, qué habrá en la bolsa y que dirá ese papel. Y dices, qué bien hecho está eso ¿no?
Hay detalles. Esos saltos en el sofá y esos pies encima del sofá y esos golpes al sofá. Eso en mi casa hubiera estado más que prohibido. Aunque hubieran proclamado a mi hermano marahá de Kapurtala, aunque hubieran escogido a mi madre para la pasarela Cibeles, aunque mi padre hubiera nosequé. Subirse saltando al sofá. Jamás. Nunca. Alguien, alguno de nosotros, hubiéramos dicho que qué haces ahí subido, o baja los pies del sofá, que esto no es un camping. Esto no es un camping como concepto divisorio entre civilización o barbarie en un domicilio particular.
Una familia como la suya y la mía, si es que usted y yo somos más o menos del mismo sitio y a la misma hora y nos vemos más o menos con las mismas personas. Es Nochevieja y todo puede pasar. En Nochevieja pueden pasar muchas cosas, una vez que sales de casa, es una noche mágica de esas en las que lo que nunca te sucedió te puede suceder o lo que ansiabas terriblemente se confirma como que no, jamás sucederá. Eso es fuera de casa.
Y en casa. En casa pueden suceder muchas cosas, conversaciones banales, las mismas conversaciones banales que se tienen cualquier día, en cualquier comida familiar, pero quizás con un vino mejor y con platos algo más elaborados. Temas que están ahí que no salen nunca y que nunca se acaban de decir, o bien temas que surgen recurrentemente y que preceden a escaladas de tensión de salga el sol por donde quiera.
Días felices, días de tensión, días de reencuentros, días de plantear el futuro que viene, de recordar el pasado que duele o el pasado feliz, de cantar canciones que nos conmueven, de mirar programas de televisión que nos recuerdan que el año pasado y el anterior y el otro miramos el mismo programa y las cosas se hacen así porque así se han hecho siempre y así le gustaban o le gustan a alguien a quien no queremos hacer daño, o si estamos flamencos, le buscamos las vueltas porque es que ya está bien de siempre lo mismo, coño.
Lo Nuestro es una obra de teatro para la que ya no quedan entradas disponibles escrita y protagonizada por la colomense Eu Manzanares, acompañada sobre el escenario por otros tres actores que completan a una familia de esas que tienen la conversación clásica sobre si somos o no somos, si estamos o no estamos, si somos fieles a nuestra generación, familia, ideales, carácter, si nos parecemos o no nos parecemos entre nosotros, si pensamos hacer algo con nuestras vidas o si nos debería interesar que el otro hiciera lo que queremos que haga o que haga lo que le de la gana y que le guste el vino que hemos traído que para eso lo hemos traído.
Una obra como usted y como posiblemente yo imaginamos que son la comidas de nuestras familias aunque con todas las diferencias del mundo porque claro, mi madre no es esa madre, ni mi hermano es ese hermano ni mi padre era ese señor... aunque igual sí.
Una obra en la que muy acertadamente aparece la cortinilla de The Simpsons porque a ver, ¿quién no ha dicho que somos un poco como los Simpsons cuando estamos en casa todos y parecemos mentira?
Una obra que lo está petando, amigos, y con razón, porque pocas veces ve uno una obra que le parezca auténtica, donde la gente que está cantando Camela no parezca que está Cantando camela para que digas, uala tío, es Camela qué fuerte no? No. Una obra que lo está petando y que en la Sala Flyhard ya va a ser díficil que la vean porque está todo agotado, pero que la verán en otros sitios y oiremos hablar de la tal Eu Manzanares.
Que no es amiga mía ni nada ni tengo necesidad ninguna de hablar yo de esto, oiga.
Hay detalles. Esos saltos en el sofá y esos pies encima del sofá y esos golpes al sofá. Eso en mi casa hubiera estado más que prohibido. Aunque hubieran proclamado a mi hermano marahá de Kapurtala, aunque hubieran escogido a mi madre para la pasarela Cibeles, aunque mi padre hubiera nosequé. Subirse saltando al sofá. Jamás. Nunca. Alguien, alguno de nosotros, hubiéramos dicho que qué haces ahí subido, o baja los pies del sofá, que esto no es un camping. Esto no es un camping como concepto divisorio entre civilización o barbarie en un domicilio particular.
Una familia como la suya y la mía, si es que usted y yo somos más o menos del mismo sitio y a la misma hora y nos vemos más o menos con las mismas personas. Es Nochevieja y todo puede pasar. En Nochevieja pueden pasar muchas cosas, una vez que sales de casa, es una noche mágica de esas en las que lo que nunca te sucedió te puede suceder o lo que ansiabas terriblemente se confirma como que no, jamás sucederá. Eso es fuera de casa.
Y en casa. En casa pueden suceder muchas cosas, conversaciones banales, las mismas conversaciones banales que se tienen cualquier día, en cualquier comida familiar, pero quizás con un vino mejor y con platos algo más elaborados. Temas que están ahí que no salen nunca y que nunca se acaban de decir, o bien temas que surgen recurrentemente y que preceden a escaladas de tensión de salga el sol por donde quiera.
Días felices, días de tensión, días de reencuentros, días de plantear el futuro que viene, de recordar el pasado que duele o el pasado feliz, de cantar canciones que nos conmueven, de mirar programas de televisión que nos recuerdan que el año pasado y el anterior y el otro miramos el mismo programa y las cosas se hacen así porque así se han hecho siempre y así le gustaban o le gustan a alguien a quien no queremos hacer daño, o si estamos flamencos, le buscamos las vueltas porque es que ya está bien de siempre lo mismo, coño.
Lo Nuestro es una obra de teatro para la que ya no quedan entradas disponibles escrita y protagonizada por la colomense Eu Manzanares, acompañada sobre el escenario por otros tres actores que completan a una familia de esas que tienen la conversación clásica sobre si somos o no somos, si estamos o no estamos, si somos fieles a nuestra generación, familia, ideales, carácter, si nos parecemos o no nos parecemos entre nosotros, si pensamos hacer algo con nuestras vidas o si nos debería interesar que el otro hiciera lo que queremos que haga o que haga lo que le de la gana y que le guste el vino que hemos traído que para eso lo hemos traído.
Una obra como usted y como posiblemente yo imaginamos que son la comidas de nuestras familias aunque con todas las diferencias del mundo porque claro, mi madre no es esa madre, ni mi hermano es ese hermano ni mi padre era ese señor... aunque igual sí.
Una obra en la que muy acertadamente aparece la cortinilla de The Simpsons porque a ver, ¿quién no ha dicho que somos un poco como los Simpsons cuando estamos en casa todos y parecemos mentira?
Una obra que lo está petando, amigos, y con razón, porque pocas veces ve uno una obra que le parezca auténtica, donde la gente que está cantando Camela no parezca que está Cantando camela para que digas, uala tío, es Camela qué fuerte no? No. Una obra que lo está petando y que en la Sala Flyhard ya va a ser díficil que la vean porque está todo agotado, pero que la verán en otros sitios y oiremos hablar de la tal Eu Manzanares.
Que no es amiga mía ni nada ni tengo necesidad ninguna de hablar yo de esto, oiga.
Full Chinese
Todavía temblando de la emoción porque los Kansas City Chiefs hayan ganado la Superbowl, creo que es preciso detenerse un momento en un asunto. No queremos a nadie. No nos gusta nadie. O nos gusta quien nos dicen que nos tiene que gustar. Ayer, en mitad del marasmo sobre el coronavirus y cuando, al parecer, se da una ola de desconfianza hacia 'lo chino', porque prácticamente todos los chinos son sospechosos de algo, de estar enfermos, de no ser de fiar, de quitarnos los bares, de ser chinos, ayer, digo, ayer mismo, en TV3, con esa perspicacia que nos caracteriza, convinieron emitir un reportaje sobre los uigures y la represión china.
¿Porqué no? Porqué no seguir agrandando el estigma, creando más prejuicios, poniendo más presión sobre 'los chinos'. Este viernes, dando una vuelta por el Fondo, me fijé en los faroles chinos. Están de celebración del año nuevo chino, en Barcelona han suspendido los actos en solidaridad por lo que está ocurriendo en China, la propia comunidad china lo ha hecho. Pero automáticamente se crea la desconfianza. El miedo.
Cuidado con los chinos. Los chinos nos comen, los chinos nos invaden, los chinos otra vez. Todos los bares son de 'la chinita'. Todos los todo a cien los llevan chinos y chinas jóvenes que no estudian. Qué raro ayer ver a una familia china acompañando a su hijo al partido de fútbol en las Oliveras, no estaban en la tienda.
Dicen que el coronavirus tiene una mortandad menor que la gripe. Nosotros, aunque estén dando en la tele noticias constantes sobre el tema, no nos enteramos de nada. El otro día, un programa se dedicó a seguir el trayecto de un avión que venía de Londres. Nos ponían cómo el avión estaba atravesando Francia. Era entretenido. Me extraña que no haya un canal de televisión únicamente dedicado a seguir aviones. Aunque estuvieran dando en la tele por un canal exclusivo noticias del coronavirus no sabríamos nada del coronavirus. Solo sabríamos que ojo con los chinos.
Los chinos. Fascistas con Hong Kong. Los chinos construyendo hospitales en dos días. Los chinos construyendo islas artificiales en el Mar de China. Los chinos reprimiendo a todas las poblaciones del mundo. Los chinos contagiando enfermedades. Los chinos comiendo murciélagos.
Vivimos en una mierda de mundo. De vez en cuando, nos dicen a quien tenemos que amar y a quien tenemos que odiar para que estemos entretenidos. Para que no nos odiemos a nosotros mismos. Hay momentos en los que nos dicen que nos odiemos a nosotros mismos también. Esos días.
Vivimos en un mundo maravilloso. Mi madre, cuando nació la nieta de la María del Moreira, le hizo una botella de esas que hace con fotos, con la foto de la nieta.
La mayoría de la gente sigue yendo a los bares. Porque el mundo es una mierda, pero nos importa una mierda también.
¿Porqué no? Porqué no seguir agrandando el estigma, creando más prejuicios, poniendo más presión sobre 'los chinos'. Este viernes, dando una vuelta por el Fondo, me fijé en los faroles chinos. Están de celebración del año nuevo chino, en Barcelona han suspendido los actos en solidaridad por lo que está ocurriendo en China, la propia comunidad china lo ha hecho. Pero automáticamente se crea la desconfianza. El miedo.
Cuidado con los chinos. Los chinos nos comen, los chinos nos invaden, los chinos otra vez. Todos los bares son de 'la chinita'. Todos los todo a cien los llevan chinos y chinas jóvenes que no estudian. Qué raro ayer ver a una familia china acompañando a su hijo al partido de fútbol en las Oliveras, no estaban en la tienda.
Dicen que el coronavirus tiene una mortandad menor que la gripe. Nosotros, aunque estén dando en la tele noticias constantes sobre el tema, no nos enteramos de nada. El otro día, un programa se dedicó a seguir el trayecto de un avión que venía de Londres. Nos ponían cómo el avión estaba atravesando Francia. Era entretenido. Me extraña que no haya un canal de televisión únicamente dedicado a seguir aviones. Aunque estuvieran dando en la tele por un canal exclusivo noticias del coronavirus no sabríamos nada del coronavirus. Solo sabríamos que ojo con los chinos.
Los chinos. Fascistas con Hong Kong. Los chinos construyendo hospitales en dos días. Los chinos construyendo islas artificiales en el Mar de China. Los chinos reprimiendo a todas las poblaciones del mundo. Los chinos contagiando enfermedades. Los chinos comiendo murciélagos.
Vivimos en una mierda de mundo. De vez en cuando, nos dicen a quien tenemos que amar y a quien tenemos que odiar para que estemos entretenidos. Para que no nos odiemos a nosotros mismos. Hay momentos en los que nos dicen que nos odiemos a nosotros mismos también. Esos días.
Vivimos en un mundo maravilloso. Mi madre, cuando nació la nieta de la María del Moreira, le hizo una botella de esas que hace con fotos, con la foto de la nieta.
La mayoría de la gente sigue yendo a los bares. Porque el mundo es una mierda, pero nos importa una mierda también.
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