martes, 12 de mayo de 2026
Viejos cuentos centroeuropeos
Cuando se editaron los cinco volúmenes de la Historia de Brêdice, toda la ciudad corrió a buscarlos a los quioscos y a las dos librerías que todavía subsistían a duras penas en unos tiempos en los que apenas se leía. Sin embargo, como suele suceder, todo el mundo buscó en aquellos libros algo o alguien con lo que identificarse, saber si alguien de su familia había sido importante o simplemente confirmar que su rancio abolengo era merecedor de algo que se les debía o que, naturalmente, ya estaban disfrutando. Yo, la verdad, es que no tenía ningún interés en comprar aquellos libros. La historia de Brêdice me daba igual y había desarrollado un odio hacia mi ciudad natal que permeaba en todos mis escritos y acciones públicas. Sin embargo, un amigo me trajo a casa uno de los volúmenes de aquella Historia, el primero concretamente. Dedicado a la Antigüedad y la presencia de famosas civilizaciones en nuestro territorio, un tema por otra parte que no daba absolutamente nada de sí ya que hasta la llegada de pueblos nórdicos o germánicos o eslavos, no recuerdo, a nuestras tierras, todo lo que hoy conocemos como Brêdice era un páramo, como digo que me pierdo, como no había mucho que contar, el libro era un alarde literario de primer orden ya que de la nada hacía un todo y de la no presencia se inventaba un espíritu y leí aquellas páginas con un deleite y admiración hacia quien había sido el encargado de redactar aquel delicioso texto donde nada ocurría, nada absolutamente, nada. Consumí aquel texto con deleite y quise saber quién había sido o quiénes si es que había sido un trabajo colectivo. Y pregunté y no supe encontrar quién o quiénes habían sido. Qué misterio.
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