sábado, 21 de marzo de 2026

Flores para Antonio - Isaki Lacuesta y Elena Molina


Este documental lo esperaba con cierta... lo esperaba. Dejémoslo ahí. Me llamaba la atención que se contara la historia de Antonio, el hijo de Lola Flores y el Pescaílla, el hijo que salió rockero y que consiguió la fama, bueno, consiguió ser reconocido como artista especialmente cuando su hermana Rosario sacó un disco con canciones compuestas por él. El documental, por lo que uno conocía, era fruto sobre todo del empeño de su hija, Alba. Alba Flores es una actriz que ha ganado renombre por su participación en La casa de Papel, serie que yo no he visto. Pero el personaje de Alba Flores, no el de la serie, sino el que ella es, se ha ganado un nombre también como persona comprometida y eso le daba al documental un nosequé. El influjo de la serie documental sobre su abuela, la omnipresente Lola Flores, era gigante. Una serie docuemental que finalmente no dejaba de ser un maquillaje y actualización de la figura de la Lola de España para un público nuevo que nos presentaba a una Lola moderna, avanzada, toda una referencia artística y casi personal. Pues con este documental encima, encaramos el de su hijo Antonio. Y bueno. Uno quiere entender la intensidad y la emoción, pero desde el primer clic, el de la escena de la madre de Alba y ex mujer de Antonio y su hija, nos dicen que ahí hay cámaras, por lo que, todo lo que vemos, en realidad, no es tan, tan, tan natural como nos imaginamos. Así, hay momentos en los que esa emoción, esa intensidad de los momentos, de los diálogos, parece un poco... vamos, que la cosa se tambalea  por momentos. Preguntas, silencios, respuestas, momentos hasta de sonrojo como los de Alba intentando cantar, o los de Silvia Pérez Cruz intentando hacerle entrar en un tema. Ay. Que igual uno no está con la sensibilidad más en la sintonía que requiere la cosa, pues también. Una hija en busca de respuestas sobre su padre. Sobre la muerte de su padre. Veamos. Antonio González Flores, es el único hijo de Lola Flores. Desde pequeño es famoso. Desde pequeño, bien. Con su hermana descubren el rock y se hacen rockeros. Él más. Desarrolla una personalidad que plasma en sus letras primeras. Y segundas y casi terceras. Como un inadaptado en un mundo que no le gusta. Se le supone sensible a las injusticias o inadaptado a un mundo que no le entiende. Se van presentando sus canciones emblemáticas y algunos temas o letras inéditos. Hay veces que uno tiene la sensación de que todo es muy flojo. De que a veces esa sensación que tiene Antonio se plasma en letras y rimas un poco de redacción de 'Un mundo mejor' cuando tienes 14 años. Y las drogas. Nos dicen que en la mili. Que lo deja. Que tiene una hija, y vuelve. Y ya todo es un querer y no poder dejarlo. Hasta el final. Y hay música, claro, una búsqueda. Quizás los mejores momentos son las grabaciones de cómo se gestan las canciones del disco de Rosario. Y sí, se toca el tema, sí se habla abiertamente, pero siguen sin aparecer muchas cosas que podrían explicar su adicción. Las hermanas, los padres, ese padre absolutamente ausente siempre en todos los documentales, ese señor sin ningún papel en nada, una madre muy protectora que quizás no calcula los efectos de yo que sé. El documental acaba con un concierto homenaje y la hija canta que no podía cantar y unos títulos de crédito y una especie de juerga flamenca bien en la que se canta y se baila uno de los temas de Antonio. Y queda raro y queda como que bueno. En fin. 

miércoles, 18 de marzo de 2026

Karpov


Ten en cuenta que tengo una edad. Que las cosas ya no se ven de la misma manera. Más que nada por la presbicia. De hecho, te das cuenta de que te pongas las gafas que te pongas, sigues con el ceñito fruncido de manera constante. La edad y la agilidad mental. Ese tema. Se dice que cuando te haces mayor te vuelves más sabio, pero no sé si la sabiduría la relacionan con el tema de la agilidad mental. Si tiene alguna relación. Ya se sabe que los Grandes Maestros perdemos facultades con la edad. Yo creo que, naturalmente, no juego igual que jugaba antes. No es posible. Lo que no sé es si juego peor. O si he aprendido algo. Aprender algo no es fácil y no sé si necesitas agilidad mental para aprender. Tampoco le veo la relación. No veo mucho la relación entre tener un aspecto aseado, limpio, despierto, con parecer más sabio o más inteligente. Aquí se me ve como muy mudadito. Ya habéis visto mis fotos de joven, con ese pelo lamido y esos trajes. Y era más listo entonces que ahora. O lo soy ahora. Soy más sabio. También si yo me lo digo, es verdad. Me interesa conocer vuestra opinión. Me interesa que me digáis qué es lo que os parece. Por favor, no dejar de comentar lo que pensáis. Me hago viejo, soy mayor y he perdido agilidad mental. No soy tan rápido como era antes. Pero tampoco te sé decir porqué soy ahora más lento o en qué se traduce eso. Que no doy una respuesta rápida. Que no digo las cosas ingeniosas que decía antes. Que no combino. Eso es lo que tú te crees. 

lunes, 16 de marzo de 2026

El problema de la izquierda


El problema de la izquierda es. Lamentablemente, me veo obligado a hacer un análisis más, patillero otra vez, sobre las elecciones en Castilla y León para que no se diga que le tengo manía a Castilla y León, como se dice que le tengo manía a Castilla y León. No le tengo. La izquierda a la izquierda del PSOE ha quedado fuera del reparto de escaños porque no le ha votado la gente. Ni mucho, ni poco. Izquierda Unida y Sumar se presentaron por un lado y Podemos por otro. Esto podría ser un análisis, causa y consecuencia, no lo sé. Podemos no le importa a nadie. Pero ojo con el otro lado, porque algo que ya parecía apuntarse hace unos quince años, parece que vuelve a asomar. Sin que nos estemos dando por aludidos. Tenemos la organización, pero para qué. Podemos no le importa a nadie, pero sus portavoces, sus voceros, sus personajes mediáticos, mantienen una presencia constante en los medios a los que les interesa que aparezcan en la tele lanzando sus mensajes kamikazes que ya están amortizados pero que generan una sensación de ruido, de follón, de jaleo, de inutilidad, de hastío que muy inteligentemente otros aprovechan. Esto por parte de ellos, pero los que se encuentran a mi lado, no parece que vayamos más allá de intentar convencer a la gente con una propuesta que parece como muy de otro tiempo. No por mala, no por equivocada, no por que no tengamos razón en señalar lo que hay que señalar, pero hay algo que parece fuera de las cosas, de la gente, de algo que no sé identificar. No doy para más. Hace unos meses ya que pienso que no doy para mucho más. Escribo estas cosas para engordar el casillero, para aumentar los números, para levantar la manita, pero aportar, ya sé que aporto poco. El tuit de Rufián de rigor que nos señala el camino que es un camino que no concreta pero que tiene una concreción pienso que evidente: dejarlo ya, venir con nosotros, vaciemos de contenido a la izquierda estatal a la que estamos dejando sin contenido y reuniros todos con nosotros en los proyectos 'con fuerte arraigo territorial'. Porque al final es eso. No perdáis más el tiempo. El problema de la izquierda es. Y el PSOE subiendo dos escaños más. Y No a la Guerra. Otan no, bases fuera. No sé, no se me ocurren cosas inteligentes que poner salvo que es evidente que no hay nada en lo que estamos poniendo encima de la mesa que parezca atractivo. El problema de la izquierda es. 

miércoles, 11 de marzo de 2026

Persona firadabrilitzada


Sóc una persona Firadabrilitzada. Si escric en català, malament. Li tinc molt de respecte a l'Emma Zafón, repiulo moltes coses de les que pensa, crec que connecto. Però de tant en tant, amb el del xarneguisme i la identitat, no. I quan avui s'ha referit a les persones firadabrilitzades per contestar unes declaracions de l'escriptor David Uclés, novament sobre el xarneguisme, ja no aguanto més. Avui, al Telenotícies han parlat de la Nit de les Lletres Catalanes. Cadascún dels autors i autores que optaven als premis o al premi principal deien alguna frase o feien alguna reflexió. Bueno, com ja estic sensible, he anat fent el recompte i cap d'ells no tenia un cognom nostrat. Hi havia un Garcia que ràpidament completava amb el Tur. Hi havia un Español. Crec que eren vuit. Em diran que sóc una mica gilipollas fixant-me en això. Els comentaris i tweets queixant-se de que en horari de màxima audiència es va fer una entrevista a David Uclés i que si la bota de l'opressor, la mentalitat de l'oprimit, els cipayos, etc., eren multitud. Les xarxes. Ens diuen que no té sentit, què és directament d'idiotes considerar-te xarnego. Inclús ens diuen que pretenem monetitzar el xarneguisme. Veiem els cognoms que repetidament surten monetitzant el seu art, el seu talent, la seva visibilitat en els mitjans públics i me lo cuentas. Brigitte Vasallo. El procés va generar, penso, una frustració en una generació de gent jove i no tant jove que veia a tocar tot allò pel que s'havia estat preparant mentalment i activament: separar-se no tan sols d'Espanya, sinó també dels espanyols d'aquí i d'allà. De treure's de sobre tot un munt de coses, de producció cultural i política, de memòria i de lluites, que no encaixaven amb el relat de trenta anys de pujolisme i nacionalisme que si no negava, relegava la memòria dels migrants a un fet vehiculant: van venir i es van integrar i els no integrats no compten. Punt. De tant en tant, davant el fracàs primerenc del procès però no de la seva desaparició com a Messies que un dia vindrà, que tornarà, aquesta munió de gent, intelectuals, activistes, lletraferits, polítics, comunicadors, còmics, troben un punt de comunió de nou. Troben un moment en que tornen a reviure aquella unió, aquella sintonia universal, dirigint el seu odi cap a un element concret. Com la Brigitte Vasallo, per exemple. Espectacular blanco de las iras del nacionalisme més o menys militant, la Vasallo amb les seves reflexions de vegades conscientment provocadores i moltes vegades simplement perquè estàs fart o farta ja de fer com si no passès res, com si tot fos així i així està bé. Com si no estiguèssim escoltant. Els seus últims comentaris sobre l'enèssim cas de metge, cambrer, repartidor, infermera, que no parla català, van ser agafats com a element de comunió. Tots contra la Vasallo. Totes contra la Vasallo. Que marxi, que calli, que deixi de rebre beques. Quina gràcia lo de les beques. Els 'Anys intelectual oblidat que cal recordar perquè hem de treure intelectuasls oblidats per refermar-nos en que tenim intelectuals i tú no' i les seves beques. David Uclés, qui és creu que és. Com pot algú que és de fora, de Jaén a més, com el mític i odiat abuelo de Jaén, dir quelcom sobre la immigració, sobre Catalunya. Sobre la nostra Catalunya. Tots contra Uclés. Comunió de nou. Qui s'han cregut que som nosaltres! Hi s'instala un clima. Un clima pel qual tot es defineix pel mateix filtre. Comissions Obreres. Comissions Obreres i UGT signen un acord amb el Govern socialista, (és que tot malament) relatiu a la situació de l'educació pública. Els comentaris no únicament són de protesta per un acord signat per ser insuficient, per ser signat sense tenir les suposades majories. Hi ha una altra cosa que traspúa. Hi ha un rencor. CCOO. UGT. Govern socialista. Menjagambes. De sobte, els vanguardistes revolucionaris es vesteixen de Jiménez Losantos per dir 'comegambas' als sindicalistes. Rates. Si mireu els comentaris i els insults, ràpidament surt: botifler. Fins i tot he llegit un 'castellà'. Aquests dies toca odiar a CCOO. La Vasallo. El Évole. El Serrat. Una declaració. Un gest. Un comentari. Comunió. Em repetiexo? Heu nat a la Fira d'Abril? Jo no havia anat molt de jovenet, no m'agradava perquè era una Andalusia la que es representava que no era la dels meus pares. Bueno, fins que no és Andalusia, sinó que és una Catalunya oculta el que descobreixes allà. De sobte, la classe treballadora, esa classe treballadora que no sabem on és. Allà. Milers i milers i milers de persones, no únicament andaluses o descendent d'andaluses, sinò migrants de molts països, es congreguen allà per gaudir. No ballant sevillanes únicament. Gaudint al parc d'atraccions, menjant porqueries, etc. Quan algú diu persones firadabrilitzades, de què coi creu que està parlant? De feixistes nostàlgics amants de Los del Río? De què merdes creu que parlen? Tots som idiotes? Clar que ho som. Persones firadabrilitzades. Seguiré anant a la Fira d'Abril. Cada any porto més gent. Que flipen. Pues res. Aquella Catalunya que ens odia i que troba en aquest odi la seva raó de ser. Per ser catalans. Doncs bé. 


Foto: Fira d'Abril 2025

viernes, 6 de marzo de 2026

El mundo en guerra


El otro día lo discutía con una compañera. ¿Están los Estados Unidos realmente en decadencia? ¿Estamos viendo los estertores de una potencia que ha perdido la hegemonía? ¿Me estoy perdiendo algo? El sábado Israel y los Estados Unidos iniciaron el ataque que pretenden final contra Irán, después de días de negociaciones sobre no sabemos qué del programa nuclear o temas que se nos escapan. Bombardearon sin medida, se cargaron a 165 niñas en una escuela y eliminaron a los líderes del país. Se dice pronto. A su vez, Irán respondió esta vez atacando no solo Israel, sino también objetivos americanos y no tanto en países del Golfo. Cualquier noción de derecho internacional ya no se contempla. Cualquier sujeción a normas o leyes, queda descartada. Son mis pelotas morenas y punto. Y casi sin encomendarse ni a dios ni al diablo, estos dos países se lanzan a una guerra que no sabemos si van a ganar o van a perder. Diría más, nos tendremos que conformar con saber que nos digan que la están ganando o perdiendo, sin llegar a entender qué pasa realmente. En Gaza hemos visto que los palestinos son los únicos perdedores, arrasados, masacrados, ignorados por toda la comunidad internacional. Irán parece otra cosa y sus ataques dicen que ponen en jaque la economía con el estrecho de Ormuz bloqueado o con la pretensión de cortarle el gas a Israel atacando nosequé instalaciones. Mientras todo esto pasa, China celebra un plenario de la asamblea nacional y no mueve un dedo que yo sepa entender. Mientras tanto Rusia, aliado de Irán, parece que tampoco está en condiciones de hacer nada. Y así americanos e Israelíes se aplican en la destrucción mientras el mundo se debate entre agachar la cabeza y saludar con entusiasmo el ataque o bien mantenerse en un segundo plano e incluso, como nuestro Gobierno, decidir que aquí no se colaborará con este ataque. No es que nos declaremos de repente pacifistas, sino que en este caso, se considera que no. Se enarbola el No a la guerra y se hace, acertadamente, banderín de enganche para una izquierda que necesita cosas sencillas que la movilicen y está bien. Al menos, Trump nos une. Y nos moviliza. Cosa que no todo el mundo capta, como el astro de la foto. Los países europeos, vacilantes en un principio, parece que ahora se ponen de perfil con los americanos. No sé si es que no ven claro el éxito de la movida o qué. Los países del Golfo dicen que ellos tampoco están por servir de plataforma para nada. El dinero. La pela. La final de la Copa del Rey. Por lo pronto, la masacre continúa y los ataques de respuesta no cesan aunque su alcance es mucho más limitado que lo que organizan americanos e israelíes. ¿Están los americanos en decadencia? ¿Ya han perdido? La compañera, que sabe mucho, me hablaba de que los chinos están controlando la economía mundial, la tecnología, y que los americanos solo pueden recurrir a la fuerza para quedarse con recursos que los chinos controlan de otra manera. Sí, pero los controlan. Es decir, será por la fuerza, pero en Venezuela tienen lo que querían, en Irán la película tiene pinta de ir por el mismo camino. ¿Estamos preparados para ver imágenes de Cuba en la que la población arranque las imágenes del Che en el ministerio aquel? Guillem Martínez, en un artículo reciente, decía que Trump estaba ganando. Que no encuentra contestación interna y que va haciendo parece que a lo loco pero va haciendo en el exterior. Y que va cambiando el mundo, y van cambiando los gobiernos. Y así, al final, te encuentras que lo que tenemos en este país es una excepción. Sí, que no arregla nada en el tema de la vivienda. Sí, que las medidas sociales no llegan a la gente. Sí, todo. Pero resulta que este Gobierno, se convierte en una especie de isla que irradia algo diferente. Y con eso parece que debería bastar para frenar el paso a la extrema derecha en su parece que imparable ascenso hacia nuestro... El mundo mientras tanto, está en guerra. Las potencias se gastan lo que no tienen en tirar bombas y bombas y misiles y drones y más misiles y más drones para frenar a esos misiles y drones. Una colección de capullos se quejan de que sus hoteles se han quedado sin piscinas, o sin pistas de paddle. Una colección de fachas se quejan de que Dear Mr.Trump no declare la independencia de Catalunya para joder a Sánchez. No sé si estamos en el lado correcto de la historia durante estos quince minutos, pero al menos uno tiene la sensación de que podemos frenar, durante esos quince minutos, que la nube negra no avance tan deprisa. Hay gente que no se entera de esto. Hay gente que no se entera de nada. 

lunes, 2 de marzo de 2026

Los Domingos - Alauda Ruiz de Azúa


Uy, Los Domingos. Cuando apareció esta película en los cines, los comentarios de rigor tendían a vender esta película como parte de una suerte de nuevo renacimiento neoconservador por el cual, que una chica joven se metiera a monja pues tampoco tenía nada de especial y que bueno, que Lux de la Rosalía y que lo religioso y lo católico en particular vuelven porque ya está bien de tanta mamarrachez. Esto ha seguido más o menos así, de manera que incluso desde el otro lado, la reacción fue furibunda ya que se pretendía vender a la película precisamente como un blanqueamiento del rollo monjil y religioso y el anticlericalismo sempiterno encontraba un asidero al que volver a subirse. Pero no. Resulta que después de su brillantísima intervención en la gala de los Premios Feroz, me he aficionado de malísima manera al podcast Las Hijas de Felipe y por un azar de los algoritmos me salió la crítica que han hecho de esta película y cómo desmienten que sea eso que nos han dicho que era, tanto unos como otros. Porque la película es otra cosa. Y es una cosa bastante más normal y bastante más en la línea. La historia de una chica, huérfana de madre, con un padre rehaciendo su vida y dos hermanas pequeñas, así como la de su tía, emparejada y con hijos pero con un nosequé interior que chilla destrucción de lo que existe. La chica estudia en un colegio religioso, el padre es un mentecato que debería aparecer en las enciclopedias como mentecato y como parece que la vida así en general no es lo que se dice apasionante, y lo poco apasionante que hay parece que está mal, pues encuentra en el reducto de paz y fraternidad y sosiego del convento un refugio. Y como lo hace y no se desdice, pues entonces mal. Mal para la tía que pretende convencerla de que no. Pero no mal para un padre que es el verdadero protagonista indirecto de una película donde el orden religioso, donde los religiosos y las religiosas, no son más que personas que aprovechan las debilidades de cada uno para entrar en ellas y sacar un provecho que en este caso es el de ganar una adepta. Sin coste. Escalofriante ese momento. Sin coste alguno. La película, ya hablando de la película, es un peliculón. Interpretaciones ajustadas y una protagonista, la chica en cuestión, a la que no hay absolutamente nada que reprocharle. Merecidísima campeona de España de los Goyas y no se amedrenten por esos comentarios que nos quieren hacer ver que ya todo es volver al cine de los cincuenta. Nada de eso. Sin coste. 

jueves, 26 de febrero de 2026

Nos acordaremos de Yolanda Díaz


Tengo otras fotos con Yolanda Díaz, no todas mejores. Una que es un posado estupendo, yo con una camisa blanca y ella también. Y otra que nos hicieron en un acto de los primeros que hizo cuando empezó su escalada hacia la candidatura, en el Auditori, pero que salió oscura, tan oscura que no sé si la colgué. Lo que está claro es que la he perdido. Así que esta puede valer. Bien. Hablemos de Yolanda Díaz y hablemos de cómo la izquierda es un arcano incomprensible para la mayoría de la población que, cuando ya parece que ha dejado claro qué es lo que quiere, nos empeñamos en retorcer su voluntad. La gente, así a bote pronto, buena parte de la gente, quería a Yolanda Díaz. O nos hicieron quererla, quién sabe. El caso es que nos hicieron quererla y la quisimos. Muchos la seguimos queriendo y creemos que presentaba el perfil necesario para poder plantarle cara a la derecha. No a la derecha, perdón, al monstruo al que nos enfrentamos que va más allá de la derecha. Ese tiempo en el que articuló el espacio que luego se presentó como Sumar, fue tremendamente positivo. Tanto, que durante la campaña electoral, la gente que no era nuestra nos paraba para decirnos que ella era muy buena. Nos dijeron que era buena, comprobamos que era buena y luego nos dijeron que ya no valía. No valía porque no fue capaz de articular el espacio. No valía porque desde Podemos se comenzó una guerra absoluta sin más objeto que dañar su imagen. No valía porque su pretensión de hacer de Sumar un partido fue demasiado rápida y violenta. Violenta porque un día antes de que se hiciera el acto, la primera asamblea de Sumar, en Madrid, a la que fuimos muchos ilusionadísimos, justo el día de antes, se decidió que en Madrid, Sumar era Más Madrid y no IU. IU se enfadó y fue el principio del fin. Yolanda Díaz en su obituario está recibiendo infinitos halagos como Ministra de Trabajo. Como ya saben, los datos y yo nos llevamos mal, así que resumiremos la cosa con un pensamiento que también he leído y vosotros más, y es que con proclamas y con frases y con ideas brillantes no se cambia la vida de la gente, pero con acciones, por pequeñas que sean y las que consiguió llevar a cabo Yolanda Díaz no eran pequeñas precisamente, sí. Y Yolanda Díaz, en un mundo en el que nos dicen que la izquierda es inútil, demostró que podía ser útil. No solo para que no gobiernen los fachas y ya, sino para hacer cosas. Cosas tangibles. Pero eso no podía ser y desde el mismo principio, la proyección de su figura fue atacada por tierra mar y aire desde su propio flanco. Incluso desde el flanco de quienes ahora nos hablan de juntarnos todos o irnos a la cuneta y que en su momento votaron contra la Reforma Laboral porque Yolanda Díaz volaba demasiado bien. Finalmente, cuando aquel proyecto de convertir a Sumar en un partido heterogéneo y poco explicado fracasó, porque se fue muy deprisa y lo que se ha conseguido en Catalunya y se va consiguiendo no sin resistencias era difícil de emular así de buenas a primeras fuera, Yolanda dio un primer paso y desistió del tema de la articulación. Como no quiso liderar más, ya no podía liderar más. Y así, que no iba a ser, porque los distintos actores ya habíamos decidido que no valía, igual que un día nos dijeron que sí valía, no valió. Y ayer, después de todo, anunció lo que todos ya sabían, que ella no iba a ser. Ahora supongo que esperaremos encontrar a alguien que genere lo que generó y que, sobre todo, cuente con los apoyos con los que ella montó, interesados sin duda, pero qué bien vinieron, para que esa propuesta se articule. La cosa no parece estar dirigida a que se pueda articular, pero lo pelearemos y nos pondremos a disposición de quien nos digan y volveremos a decirle a la gente que sí, que se puede, que lo podemos hacer tan bien como lo hizo ella al frente del ministerio de Trabajo, el mejor de la historia. Porque no tenemos otra. Nos acordaremos mucho de ella. 

miércoles, 25 de febrero de 2026

Crónica del #PleGramenet de febrero. El hombre invisible.

 

¿Te has cortado el pelo? Me preguntan esto a la entrada del pleno municipal cuando ya hace como tres semanas que la Clari me dejó como una cosa redondita y pelada y aún así, cada vez que me ven personas que incluso me han visto y han estado conmigo durante rato largo estos días, me preguntan por el pelo. Dejo una huella imborrable, al parecer, entre mis conocidos y conocidas. Personas que me ven regularmente, de repente, me preguntan una vez más si me he cortado el pelo. Como si hiciera meses que no me ven. El hombre que nunca estuvo allí. Ayer mismo, el Roca, editor del mejor diario de tirada mensual de Santa Coloma de Gramenet, me preguntó si iba a los plenos. Sí, claro, voy a todos los plenos desde hace no sé, once o doce años. No, al de ayer no fuiste. Y al otro tampoco. Sí, sí que fui. Pero no hablaste. Sí que hablé. Nada, que no. Que mi proyección pública es nula, mi impacto comunicativo es cero, mi trascendencia como individuo equivale a nada. No estoy. Pero estoy. Estoy en el pleno para ser testimonio de cómo la basura constante que Vox emite sin descanso, de manera completamente impune, con total alevosía, con el ánimo de distorsionar no solo el debate plenario sino, sobre todo, el transcurso de la vida colomense, esa basura, digo, se convierte en el pleno. El pleno ya no son las decisiones más o menos discutibles de un Equipo de Gobierno que parece confiado en el trantrán de la ciudad para mantener su posición de poder omnímodo. El pleno tampoco son las intervenciones de una oposición que en demasiadas ocasiones parece más empeñada en sacar pecho de unas glorias que nadie conoce en esta ciudad. El pleno no son los nervios de una derecha que entiende que debe hacer de posición cuerda ante el desbarre de la extrema derecha y que se empeña en seguir la estela de una extrema derecha desquiciada cuando lo que se propuso en un principio era asimilarse al partido socialista para captar votantes 'a la badalonesa'. El pleno se convierte exclusivamente en quitarnos las moscas de los exabruptos racistas, machistas, liberticidas, magufos, insidiosos, rabiosos y estercolerizantes de los dos regidores de Vox que, a veces con demasiada laxitud, se permiten contaminar el aire del pleno con sus mierdas. Porque son mierdas lo que lanzan continuamente y ni siquiera el Rom o el decoro o la tolerancia, pueden tolerar salvajadas como las que se sueltan en el pleno, que ya no causan la risa tonta del que ve al tonto decir tonterías. Ya hemos entendido que ni el uno ni el otro son tontos ni sueltan las cosas por soltarlas, ni son unos indocumentados, ni son unos atolondrados fachillas que sueltan sus fascistadas. No, aquí hay un plan y hay una estrategia y hay un sentido. Y hay una claca que aplaude y hay unos vecinos que les siguen y les jalean, y hay quien pone el tono moderado y sesgado para decir las mismas cosas y así nos pasamos los días esquivando sus videos, esquivando sus mentiras, esquivando su realidad paralela. Sí, efectivamente, somos de Santa Coloma, vivimos en Santa Coloma, pero no solo eso. Santa Coloma es esta ciudad porque la hemos hecho quienes nos hemos preocupado por la dignidad y la justicia social desde hace décadas, recogiendo el testigo de tantos y tantas que se dejaron la vida por ello. Que cualquier salvaje nos quiera resituar como ajenos a la realidad no significa otra cosa que, si tuvieran poder, nos resituarían en otro sitio. Y nosotros, Comuns, vamos a hacer todo lo que sea necesario para que eso no pase. 

viernes, 20 de febrero de 2026

Salvador - Daniel Calparsoro


La serie del momento, la serie de la polémica, la serie de la controversia. Salvador es una serie hecha con toda la intención del mundo. La intención es que la veas. Que te sientas mal viéndola. Que la dejes, que hables de la puta mierda de serie, que quizás la sigas viendo. Que hables de ella. Salvador es una serie que no deja indiferente y eso en muchas ocasiones es buena señal. Pero aquí no sé si es buena señal. No deja indiferente porque te cabrea y te cabrea tanto que puede que ya en el segundo episodio pienses que tu estómago no aguanta tanta mierda y que no merece la pena seguir. Pero sigues, porque quieres acabarla para poder decir, efectivamente, esta serie es una mierda. Y es cierto que la premisa inicial de la serie, esos dos primeros episodios, mejor dicho, ese segundo episodio que es un panegírico de la acción benefactora de esos pobres nazis te puede llevar a quemar la tele. Es cierto que ese segundo episodio en el que unos antifascistas que parecen una guerrilla yihadista siria te da ganas de quemar la tele. Luego la serie no es que mejore, no es que los argumentos mejoren. No es que la premisa mejore. Pero se suaviza y lo hace con un desenlace tramposo por el cual, el héroe, un Luís Tosar que debe tener un estómago a prueba de bombas, se redime de acciones pasadas y de un tonteo extraño causado por la enajenación que supone ver morir a tu hija casi en tus propios brazos, y no solo desenmascara (spoiler) a los nazis sino que hace lo que se supone que tuvo que hacer con su hija. En fin. La serie es de dolor de estómago. Da dolor de estómago el papel de Leonor Waitling. Pero dan más dolor de estómago las tres apariciones de los antifascistas, el incidente en Lavapies, el antifascista grotesco, la historia de la pobre Julia, que es una nazi porque sus padres son progres, el encuentro buscado entre el personaje de Salvador y el padre de Julia, que da una vergüenza que no sé cómo Luís Tosar no dijo en el rodaje que esa escena es de vomitar. Porque lo que parece al final es que los pobres nazis son nazis porque les engañan, porque son seres que no han recibido el cariño que se merecen, la culpa es de otros, el incel, el nazi, el otro y el de la moto, en realidad son títeres de unos abogados, empresarios y policías que son los malos y que se van de rositas. No hemos contado de qué va la serie. Un grupo de nazis, ultras de un equipo de Madrid, que es el Real Madrid, se dan de palos con los ultras del Marsella. La hija de un sanitario, que es nazi porque su padre era alcohólico y no la cuidó, participa en los altercados y es herida, la salva otra nazi, y la lleva al hospital su padre. Pero ya en el hospital, entran unos ultras y la matan. Y el padre se chala queriendo encontrar al asesino y los nazis parece que le quieren ayudar y él se deja querer, pero hay una poli que investiga y tal. En definitiva, una serie que busca la carnaza, que busca que te sientas mal y que llegues al final para ver si la cosa se encarrila. Se encarrile o no, ya la has visto. Y los nazis pues nada, pues pobre gente y que al final los otros tampoco es que... Yo que sé. Mal.

jueves, 19 de febrero de 2026

Minutos de zozobra


Camino por la calle y me asalta constantemente la sensación de que todo se tambalea, todo está cambiando, la zozobra me embarga sin remedio. Vivo con el teléfono móvil enganchado a mi mano y, pese a que únicamente escucho y leo aquello que he seleccionado, no soy capaz de escapar de una sensación de peligro, de que lo que yo soy y pienso está bajo amenaza. Y no es únicamente la amenaza de quienes han declarado y han manifestado su voluntad de devolvernos a una suerte de cuneta metafórica en la que nos van a relegar para los restos. Es también la sensación de que hay una voluntad de reordenamiento y recálculo de las posibilidades de existencia de los míos y de mí mismo bajo mis banderas y mis preferencias. Es este sinvivir el que me tiene cual pescadilla que se muerde la cola, enganchado a una fuente de información que me calma y desasosiega de la misma manera. Qué está ocurriendo que en momentos en el que deberían florecer, como esas mil flores, propuestas e ideas, se esté germinando la simiente (¿se esté germinando la simiente? ¿qué clase de paparruchas estoy escribiendo, sin duda atontado por los acontecimientos?), por la cual yo ya no seré y tendré que ser otra cosa. Yo y otros y otras como yo. Y en ese tránsito hacia nosequé, no sé qué pasará, porque por una vez desde que la llamada de la rebelión populista asaltó nuestros cómodos cenáculos no todo consiste en buscar fórmulas sino apartar lo que estorba para maximizar esfuerzos, rentabilizar posibilidades, reconfigurar el mapa. Yo no puedo vivir así, con esta congoja, con este tremendo esfuerzo intelectual al que me someto todos los días buscando el porqué a mí no me gusta, a mí no me parece bien, yo no. Yo no. Seré yo. Seré yo que me he convertido en una suerte de recalcitrante vejestorio que se encastilla en sus mierdas de identidad y de memoria y de antes. Seré yo que me he convertido en un, ay, seguidor del Partido Comunista de Antes, aquel que ganó batallas sin cuento y que estableció un mundo que, sólido en lo imaginado, nunca será destruído y que nos pesa como patatín y patatán. Seré algo así. O quizás es que presumo que hay algo en mí que se resiste, sin duda por mis gafas equivocadas de la realidad y porque yo esperaba otra cosa o creo que sé que esto es otra cosa y que una cosa no es lo que me dicen sino lo que yo veo y he visto y no sé, es que no lo puedo digerir, que no me lo creo, vamos, que esto es una patata y no me va a decir que es un pomelo. Yo ya no entiendo de casi nada y me he quedado muy atrás y no sé quién ha hecho la banda sonora de Cumbres borrascosas y me veo pidiendo la palabra el primero porque tengo que decirlo y no me sobra el tiempo y camino por la calle y solo veo mierdas en el suelo. Este es otro tema del que ya hablaré en otro espacio, pero los delincuentes que no te dejan bajar a la calle no tienen perro. Yo ya no puedo más con esta sinrazón y con este caminar con el hielo bajo los pies como Yoko Ono. Ya estoy mayor para casi todo, pero hay elementos gimnásticos a los que no voy a apuntarme a mi edad. 

martes, 17 de febrero de 2026

Yo y el marido de Sarita Lauper


Seguramente, los habituales lectores de este espacio se habrán echado las manos a la cabeza cuando han visto que sitúo el Yo por delante del otro elemento e incumplo esa regla que dice que el burro delante, no. Pero es que hablaré principalmente del burro y utilizaré la imagen referencial del marido de Sarita Lauper como una imagen que está allí, situada en un nivel superior hacia el que mi actividad como padre se dirige sin que en ningún momento alcance ni de lejos su brillo y temple. Para quien no la conozca, Sarita Lauper es un personaje de las redes sociales, una mujer gaditana que opina siempre con mucho sentido de temas diversos, principalmente política, y que ha sido madre recientemente, casi coincidiendo con las fechas de la llegada del jovencito Martí a nuestras vidas por lo que sus apreciaciones y comentarios sobre la maternidad ejercen una influencia manifiesta en el manejo de la situación concerniente a cómo estar en el mundo con el Martí. Soy el padre del Martí desde hace casi siete meses y no soy el marido de Sarita Lauper. Mi forma física, mis idiosincráticos bracitos cortos de toda la vida, mis esquifidos brazos que jamás se distinguieron por su fortaleza y resistencia, me duelen. Decir esto, que me duelen los brazos es antitodo. Anti paternidad responsable, anti crianza lo que sea, anti todo. Comentar que mis 50 años pesan y que mi natural poco dispuesto se resiente ante una cascada de obligaciones, retos, presencias y horarios, ya me invalida como un interlocutor válido para quienes lleguen hasta estas líneas. No soy el padre referencial. Ya lo sabíamos. Pero lo intento, a manera, lo intento. Y mi manera no es la manera, ya lo sé. La llegada de Martí ha supuesto el cataclismo que esperaba. Intentar hacer encajar la vida anterior con la vida con Martí es imposible, es otra vida, es otro mundo. Otro mundo al que el esencialismo sobre el que he pretendido pivotar mi vida, intentando mantenerme fiel a una serie de pensamientos sobre mí que me ayudaran a crear una identidad más o menos útil para moverme por esos campos del diablo, ya no responde. No puede responder. El mundo gira alrededor de un muchacho que cuando te mira se ríe. Esto es importante. Martí, cuando divisa mi careto asomando por el pasillo, al otro lado de la cama, mientras está jugando en el suelo, se ríe. Le hace ilusión verme, infiero. Deduzco que debe hacerle gracia que esté allí, que aparezca. Y esto es muchísimo. No sé si al marido de Sarita Lauper le sucederá algo parecido, pero yo nunca he tenido la sensación de que mi llegada a un lugar despierte ningún tipo de pasión. Martí desmiente este autoflagelo con un entusiasmo hacia mi persona que me desarma absolutamente. Martí se ríe y es cuando se ríe así como se ríe, con la boca muy abierta, cuando menos se parece a mí. Cuando duerme, según mi madre, es como yo. Pero si se ríe, la cosa cambia muchísimo y el parecido pasa a otro sitio, a su madre, naturalmente y claro. No sé el marido de Sarita Lauper qué imagen de si mismo tiene o tenía antes de y después de. Yo antes de la llegada de Martí estaba aterrorizado ante la cascada de cosas, cosas incontables, que se venían encima. El impacto emocional quedaba eclipsado ante todas esas cosas, cosas que iban a pasar, cosas que ya no iban a pasar, cosas que tengo que manejar cómo pasan, cosas que tengo que negociar, transigir, aceptar, adaptar, modular, saber, conocer, olvidar, yo que sé. Hablo de mí. Si queréis hablo de la madre del Martí. Alba, es mucho. Reconocer en este texto que Alba es mucho y que yo, oh dios mío, no llego a Alba, puede sonar a canción de los Planetas si los Planetas le cantasen a la paternidad. No me entero de nada, qué desastre soy, menos mal que estás ahí. No, no es así. Yo lo intento y no me paso la mano por la cabeza para decir las cosas. Yo simplemente resoplo, bufo, se me hace cuesta arriba. Yo no me despierto por las noches, yo no voy a calmar a Martí cuando Martí se despierta o inquieta antes de que nos vayamos a dormir, interrumpiendo película o serie, yo no tengo eso que calma a Martí, yo no soy capaz de dormir en la cama a Martí. Yo no tengo en la cabeza absolutamente toda la vida que tenemos que tener prevista dentro de quince minutos con Martí. Yo. Alba. Yo nunca lo he tenido presente y se nota. Lo de vivir con cierta previsión. Martí te obliga a la agenda, te obliga a poner por delante, te obliga. Te obliga. El marido de Sarita Lauper raramente aparece en las publicaciones de Sarita Lauper. Yo, en cambio, escribo aquí lo que me va pareciendo esto de ser padre cuando casi se cumplen siete meses de la llegada de Martí. Martí es más bonito que todo. Yo lo miro y se me pone cara de gilipollas. No sé definir el estado en el que me encuentro salvo comentar que nunca he tenido tal cara de gilipollas. Nunca he salido en tantas fotos riendo con los dientes fuera. Jamás se me conoce expresión de arrobo semejante a la que tengo desde hace siete meses. El texto realmente no sé de qué iba. De los riesgos de escribir un texto presentando cómo está uno con esto de ser padre durante siete meses y afrontando que la escalada de tensión no ha hecho más que comenzar. Y las caras de gilipollas feliz. Los riesgos de escribir algo manifestando cómo estás sabiendo que tú aquí no eres el que está dando el callo como se supone que el marido de Sarita Lauper debe hacerlo. Si el marido de Sarita Lauper leyera esto me daría un par de hostias. Voy a recoger al Martí a l'escoleta. Me recibirá llorando con un puchero y se calmará poco a poco. Hoy voy a probar para darle la leche en vaso. Supongo que se saldará con un fracaso. Fracasa otra vez, fracasa mejor. Esto tampoco lo diría el marido de Sarita Lauper. Avanzando. Siete meses. 

La Cena - Manuel Gómez Pereira


Cuando hace un tiempo salieron los trailers y anuncios de esta película, los recibí con cierta indiferencia. Bueno, no sé si indiferencia, los recibí con prevención. Me parecía una película de otro tiempo. Una película de años 80 o 90, de aquellas de reparto coral, de secundarios gloriosos, de mala leche pero sin hacer demasiada sangre porque al final vivimos en un Estado en el que tenemos que convivir todos y, como precisamente ya dice uno de los protagonistas de esta película 'La Cena', ¿no hemos tenido suficiente guerra ya?. Sin embargo, a pesar de no tener ningún interés en verla, la lluvia de premios recibida en los Feroz, así como sus nominaciones múltiples a los Goya (a mejor película incluso, oiga), y críticas de amistades que entiendo que entienden, me animaron a pensar que, a lo mejor, la película merecía la pena. Y la verdad, la película no es una gran cosa. Una comedia con el fondo de la postguerra inmediatísima a la instauración del régimen franquista, en la que se propone una cena para Franco que han de preparar unos presos republicanos. Los conflictos con los militares, con los camareros fachas, una historia de amor y la presencia del responsable del Hotel (Alberto San Juan, sin duda lo mejor de la película), intentan retrotraernos a películas berlanguianas o guionizadas por Azcona en sus tiempos, pero no. La película intenta mezclar eso del drama de la derrota, la dignidad de los vencidos, lo grotesco de los vencedores, y las situaciones ridículas o las patochadas o astracanadas o lo que sea, pero hay algo de forzado, de acartonado en todo ello, que acaba haciendo que pierdas interés en lo que pasa, porque más o menos, sabes lo que va a pasar. Si todo consiste en ridiculizar la figura de Franco, que ya es ridícula de por sí, o bien al personaje falangista de Asier Etxeandía, la cosa se queda bastante corta. Si lo que hay es la dignidad de los republicanos, con la gran Elvira Mínguez al frente, la verdad es que los personajes no acaban de destacar en ningún momento, ni por el acento, ni por su inocencia, ni por su simplicidad. Todo parece pensado para un público digamos mayor, nostálgico de ese cine. Incluso la ambientación y decorados y vestuarios nos recuerda a esas series de sobremesa de la Primera donde todo es correcto, pero emociona lo justo. El remate final de lo que acaba siendo una película que quiere parecer pero no llega, es una broma final absolutamente fuera de todo, sobre un pueblecito de Polonia muy bonito llamado Auswitz, que uno piensa, ¿en serio? Pues este es el nivel. 

viernes, 13 de febrero de 2026

Queen of Chess - Rory Kennedy


El ajedrez, amigos y amigas. El ajedrez es lo más grande, lo más bonito que hay. Saber jugar, entender el juego, apreciar su complejidad, disfrutar de una buena partida, meterte en todo lo que significa el juego más allá del juego, las implicaciones que se derivan, las circunstancias añadidas, los personajes, sus vidas, sus hazañas, sus idas de olla. Ay, las idas de olla en el ajedrez. Vidas ejemplares, vidas apasionantes, vidas de cerebros fritos. Con lo que podría dar de sí el ajedrez y lo poquito que se prodiga el cine, las series, los documentales, en tratar a estos personajes como seres especiales, seres que dedican su vida a lo que parece un juego sencillo y es más grande que la vida. Bueno, o no. Nos encontramos, después del boom que supuso la serie Gambito de Dama, con un documental sobre la vida, o una parte de la vida, de Judit Polgar. Nada menos que la mejor jugadora de la historia del ajedrez. Y una de las y los mejores jugadores del mundo. De la historia. Jugar al ajedrez es bonito, es divertido, no para mí, que he llegado a la conclusión de que lo paso tan mal que prefiero mirar a jugar y es que, como dicen en un momento del documental, cuando pierdes contra alguien jugando una partida de ajedrez, lo estás perdiendo todo. Y no me gusta perderlo todo. Lo que cuenta el documental es cómo llega Judit Polgar, una niña húngara criada por unos padres que se empeñan en criar genios, a ser la mejor jugadora del mundo. Junto a ella, sus hermanas Susan y Sofía, una más mayor y la otra más pequeña. Su andadura en los torneos locales, sus primeros enfrentamientos con hombres, la llegada al circuito de grandes maestros... el incidente de Linares. Yo no recordaba ese incidente al que le dedican tanto tiempo en el docu. Ficha en la mesa, presa. Esa es una regla sagrada del ajedrez que el Ogro de Bakú, Garri Kasparov, incumplió rectificando una jugada en la que perdía una torre. Nadie se dio cuenta, Judit Polgar perdió la partida y parece que ese lastre le acompaña el resto de su carrera hasta que finalmente vence a Kasparov, el mejor jugador de la historia, en una partida y ya. Vemos durante el documental el machismo absoluto explicado sin ambages por el mismo Kasparov y por otros jugadores y por expertos y por periodistas. Y en qué señor se ha convertido Garri Kasparov. En el documental no sale hablando Karpov ni una vez. Una mujer no puede jugar como un hombre. No sabe competir, no es agresiva, no aguanta, no puede. Y puede, claro que puede. Los jugadores hombres, en su mayoría son personas que viven única y exclusivamente en un mundo en el que se les permite ser jugadores de ajedrez, cosa que habitualmente no ha pasado con las mujeres. Una mujer jugando es algo extraordinario. Lo ordinario es que algo pase para que la mujer no juegue. No es que no sepa, no pueda, no quiera. Es que el hombre puede ser ese rarito que solo piensa en su cosa de ajedrez y la mujer, pues no. Pero el caso de las Polgar demuestra que eso es falso y que más allá del método obsesivo de sus padres, con la preparación y el entrenamiento que tienen los profesionales, pueden jugar tan bien como cualquier hombre, naturalmente. El documental es una maravilla porque si te gusta el ajedrez te vuelve a enganchar a un juego, a un mundo, de personajes rarísimos, a un juego que es apasionante y te conmina a volver al ajedrez en la medida que se considere. Yo, ahora que tengo un hijo, me siento obligado a comprometerle con el ajedrez de alguna manera, a introducirlo en su vida, a que se interese por ello. Los impedimentos son miles, las distracciones son millones, no se trata de que llegue a gran maestro ni a nada, simplemente que cuando vea un tablero diga, ah, yo sé jugar. Y eso ya es mucho. Grande Judit Polgar.  

martes, 10 de febrero de 2026

Esperando a Aragorn


El resultado de las elecciones en Aragón ha sido el esperado. Y las conclusiones a las que llegamos son las esperadas. Quien ha quedado por encima, muy por encima, es el bloque de la extrema derecha. Ya no derecha, en tanto en cuanto el Partido Popular ha decidido mutar definitivamente en una formación de extrema derecha como demostraron en su último mitin, abrazando todos los excesos de Vox. No les ha servido para sacar más, pero les ha servido para mantener al PSOE en una posición subalterna, como ya hicieran en Extremadura. aun a costa de que Vox duplique los resultados. Les da igual, el daño que pretenden es otro, convertir a la izquierda en algo inútil. Dentro de los malos resultados, la izquierda que no es el PSOE ha conseguido más o menos lo que se pretendía, una competición por el puesto de cabeza de ratón que se ha llevado la Chunta Aragonesista, partido que ha sido apoyado por todo pichichi fuera de Aragón que fuera un poco de izquierdas porque Sumar ya no, porque IU no la quiere nadie y porque Podemos no me funciona el teclado. Así que la Chunta ha conseguido tres diputados más, quedándose con seis y IU/Sumar se ha quedado con el que tenía. Heroico resultado de IU. Escuchar al portavoz de la Chunta decir ufano que son la referencia de la izquierda en Aragón es un poco triste, con seis diputados de nosecuantos, pero estamos así. Estamos en que se ha instalado el relato de que la izquierda ha de estar asentada en el territorio, de que las propuestas estatales deben retirarse de la circulación si está en el territorio ya asentada una izquierda nacional, soberanista, regional o whatever. Dicho esto, las izquierdas estatales o que no tengan es pulsión de pensar el Estado español como un todo, corren maños tiempos, perdón, malos tiempos. Ya vimos en aquellas pretéritas elecciones gallegas o las vascas, que BNG y Bildu jugaron a eso y les salió bien. Aparcar un poco el tono nacionalista, mantener el tono impugnatorio de que lo que molesta es el Estado español y copiar un tanto del discurso podemista izquierdista pero sin podemos ni izquierda unida. Bingo. Así las cosas, como lo que funciona es eso, la propuesta es ponernos detrás del carismático portavoz parlamentario de ERC para que desde esas izquierdas que de verdad conocen el territorio, se articule una propuesta para unir a las izquierdas. Es indudable que Gabriel Rufián es el personaje del momento, como en su momento fueron otros, y que raro es el día en el que alguien no te dice que el que les gusta es el Rufián, aunque no sean indepes. Y pienso, que hasta aquí llegan mis consideraciones sobre el tema, al menos las que puedo decir. Porqué qué puedo decir de la propuesta, qué puedo decir sobre la situación, qué puedo decir sobre a qué nos enfrentamos que no se haya dicho ya o que no haya insinuado yo ya antes. Tan solo decir que agitar el avispero de una izquierda bastante desorientada, con cierta pulsión hacia el repliegue, con desconfianza hacia lo que pueda sacudir las tranquilas estructuras internas, siempre parece bueno. El asunto es intentar desentrañar y conocer quién es quién, quién hace qué y porqué, porqué se mueve y dónde se mueve, a quién se convoca y a quién no, qué es lo que se pretende y quién reacciona y como. Solo eso. Que no es fácil, pero haciendo eso, uno puede guiarse y entenderlo. O bien puede liarse la manta a la cabeza y decir como en La Vida de Brian: yo sé bien lo que es un profeta porque he seguido a muchos. 

lunes, 9 de febrero de 2026

En la muerte del grandísimo Rafael Amador

Seguro que no es la mejor foto para ilustrar un texto como este, o como el que se merece Rafael Amador, pero me sirve. Me sirve para ilustrar un momento. Hay un documental o lo que sea en el que aparecen Rafael Amador y su hermano Raimundo tocando en el Alcázar de Sevilla, en una de sus salas. Cara a cara, interpretan esa barbaridad que es el Morao Mellizo, que aparece en uno de sus primeros discos, el Guitarras Callejeras, grabado de manera absolutamente patillera pero que contiene algunos de los temas más importantes de un género, el inventado por Pata Negra, el blues flamenco, el rock flamenco, no le voy a poner más nombres de mierda, Lo que hicieron Pata Negra abrió una puerta que otros habrían ido empujando y entornando otros y otras, pero Pata Negra lo convirtieron en algo fresco, hasta punkoso, hasta guarro, hasta sucio, y tremendamente bonito y tremendamente bien hecho. Lo que digo, en ese vídeo, que es fácil de encontrar, se ve a Rafael y Raimundo cara a cara retándose en el Morao Mellizo, una suerte de improvisación jazzística y flamenca a la vez, con guitarra española y acústica. La cara de absoluto disfrute de Rafael Amador, es la cara. La cara con la que mira a su hermano y le reta a que le siga, a que toque más deprisa, o que toque yo que sé. Esa cara de estar gozándolo absolutamente. Hay otros vídeos, otras actuaciones, algunas de ellas memorables, como una en la que cantan el Rock del Cayetano como un rock urbano más, con Raimundo al bajo y él a la eléctrica, flipante. Y otro en el que salen también en sus comienzos, Rafael con el pelo teñido de platino, punkarra total, tocando el Blues de los niños. Rafael Amador era la voz de Pata Negra, Raimundo no cantó hasta que no hizo cosas en solitario. Era la voz y era la guitarra y lo era todo junto a su hermano y sus otros hermanos. Rafael Amador era el otro Amador. Cuando Pata Negra se disuelve, o se queda únicamente con Rafael y Raimundo empieza a despegar en solitario, yo era de Rafael, sin saber mucho y sin conocer nada. Raimundo parecía que tenía que caer bien, que era el buena gente, el buena persona, el simpático, el asimilable. Rafael en cambio te lo vendían como un mala sombra, un malaje, con adicciones, mala cabeza. Cómo no ibas a ser de Rafael. Además Raimundo cantaba con BB King, la epítome del blues para todos los públicos (esta opinión ha cambiado para mí, pero poco) (muy poco). Rafael sacó algúnd disco más con Pata Negra y se fue perdiendo. Se perdió tanto que hoy nos enteramos de que se murió ayer y no lo has visto en ninguna parte. Yo tengo que escribir algo sobre Rafael Amador. Porque desde aquel vinilo chungo que no sé de dónde saqué, el Guitarras Callejeras, a aquel disco que compré por la portada también en con un descampado, el Rock Gitano, o aquel directo que no sé quién me sacó que me voló absolutamente la cabeza a mí que nunca me gustó Kiko Veneno, ni me gustaría después ni Los Delinquentes, ni tantas cosas, yo soy muy de Pata Negra y no pasa nada. Nadie le cantará a Rafael Amador, ni le dedicará una canción, como hicieron ellos con Camarón. Yo le escribo unas cuantas líneas para que quede constancia: Rafael Amador es de lo más grande que podemos escuchar, tocando y cantando. Porque era flamenco, sí, pero también, o por eso, era uno de los nuestros. Con todo lo bueno y todo lo desastre. Muchas gracias por absolutamente todo. 
 

viernes, 6 de febrero de 2026

Crónica del #PleGramenet de enero. La gallina y el cuñado.


Digo, digo, digo. Una crónica de un pleno municipal en Santa Coloma se convierte únicamente en una manera de contar cómo los tiempos han cambiado de tal manera que lo que hace unos meses parecía un sinónimo de desfachatez y de ramplonería, hoy es el canon sobre el que se discute, el marco sobre el que se debate, las cosas que hay que contestar, contradecir, combatir, desmentir. Digo, digo, digo. El marco mental lo establecen unos forajidos del sistema, unos inadaptados de la sociedad, personas que hasta hace bien poco se mantenían en los márgenes de la vida porque la vida parecía algo mucho más serio. Era necesario parecer tener algo más en la cabeza que un montón de mierda para poder acceder con algo de dignidad a según que espacios. No todo el mundo, recordemos, hace pocos años, era susceptible de poder ser representante de unos cuantos. De muchos. De miles. Hoy no solo son los representantes de una porción de colomenses, sino que establecen de qué se habla y cómo se habla. En Santa Coloma tenemos un gallina y un cuñado. El gallina es aquel que se graba un vídeo como si fuera una patrulla vecinal pero bien, de gente de bien, de gente ordenada, patrulla vecinal que se dedica a limpiar la ciudad de mensajes de odio, creyéndose policía, creyéndose agentes de la seguridad, creyéndose de verdad que un regidor puede ser detentador de la legalidad vigente o la que me pase por las pelotas. Y así se graba un vídeo diciendo que si el ayuntamiento no quita estas pancartas que me molestan, las quitaré yo. Porque la ordenanza. Porque sus pelotas morenas. Hasta aquí, pues mira, una fascistada más de alguien que piensa que se va a convertir en el ICE colomense. Una provocación no solo al movimiento antifascista de la ciudad que ha colgado esas pancartas, sino que desafía la autoridad del Ajuntament. Como tú no haces nada, lo haré yo. Lo fascinante es que todo ese alarde de valentía y voluntad de provocar, en el pleno del Ajuntament de Santa Coloma de Gramenet, provincia de Barcelona, del pasado lunes 26 de enero, se quedó en un momento que perseguirá al concejal de Vox de menor edad, esperemos, que al menos por el resto de su legislatura y por ende de su breve carrera, de su esperpéntica carrera, como regidor en Santa Coloma. Ante una intervención de la Comissió Antifeixista en la que se le afeaba su conducta y se le exigía al Ajuntament una sanción, el valiente regidor, pide que del acta se quite que él rompió o retiró pancartas porque él eso no lo hizo. Menudo gallina. Absolutamente. Completamente. Qué cosa tan cobardona. Si esto lo hacen ante una intervención en la que se les dice que tal y que cual, qué pueden esperar esos animosos votantes de Vox de alguien así. Ni confianza, ni fe, ni valentía, ni arrojo ni todas esas virtudes que se le suponen a quien luce banderitas y símbolos de machunez traspasada. Eso, el gallina. Sobre el cuñado, qué decir. Cuatro horas y pico de pleno, cuatro horas que parecen pocas horas, pero que se convierten en una auténtica majadería cuando el otro regidor de Vox, el señor de más edad, coge el testigo, recoge el turno, avanza por la vereda y decide perderse en los procelosos mares del cuñadismo. Cuñadismo, ignorancia, provocación, falsedad, magufadas, todo el catálogo de sandeces que el siglo XXI ha colocado como marco mental sobre el que tenemos que discutir, combatir, responder. Desde la calidad del aire, a cualquier otro aspecto de la vida municipal, el regidor de Vox de mayor edad tiene el cometido de lanzar diatribas extensas que a veces se pierden como salvas de artillería que van hacia ningún sitio y otras como escopetazos de sal que tienen como objetivo simplemente escocer. El feminismo, los inmigranges, los humos, los inmigrantes, la izquierda, tontería tras tontería, sin dejar ningún cabo suelto, consigue que el resto del pleno municipal esté deseando que llegue el final, pasar otro punto y esperar la nueva sarta de sandeces que el regidor joven o el regidor mayor de Vox, suelten. Uno, desde la pretendida calidad de ofendido, el otro desde una suerte de saber popular que lo coloca en el extremo del sentido común más corriente. Contra eso, contra todo eso, vamos pasando los plenos, unos desde unos flancos, otros desde otros, pero cada vez con mayor conciencia de que no puede uno tomarse a broma, ni como anécdota, ni como cosa de un momento, ni como nada, lo que está siendo la entrada del consistorio de Santa Coloma en un siglo XXI al que vamos a tener que darle un giro diametral para ayer si es posible.  

domingo, 1 de febrero de 2026

Caza de brujas - Luca Guadagnino


Hay un momento en la película en el que Julia Roberts, la profesora Imhoff, sale de su apartamento en el muelle y va a coger su coche en el que mientras se esta montando mira al lado y ve un coche con dos chicos, un afroamericano y uno con la cabeza rapada en el que se miran y ella asiente así con la cabeza y ellos, que la están mirando, asienten a la vez y piensas, pero un momento, qué narices tiene que ver esta escena, este momento, este cruce de miradas, con nada de lo que sucede en la película. En ese momento, Julia Roberts, encarnando el papel de la profesora Imhoff, sale de su apartamento en el muelle, un lugar al que regularmente se escapa a trabajar y que descubrimos, justo en esa misma escena en la que está volviendo del apartamento en el muelle, que también es el lugar en el que se ha estado encontrando con su amante. Lo primero que pensé cuando sale ese apartamento fue, qué cucada de apartamento. Porque Julia Roberts, la profesora Imhoff, hay un momento en el que no puede ir a trabajar a su despacho en Yale y le dice a su marido que va a tener que ir a trabajar al muelle. Y ella llega en coche, un Volkswagen, aparca y camina y se mete como en un edificio como raro, que me recordó un poco al edificio y los pasillos de los locales de ensayo donde vamos nosotros y todo es así como un poco abandonadete, pero abre una puerta sin ninguna gracia y entra en un apartamentito, que de apartamentito tampoco tiene nada, una cosa cuquísima, así sencilla sin mucho adorno ni nada, pero con su cocina y su mesita para trabajar. Y hay un momento en el que en ese apartamentito ella llega como un poco zombi, porque va medicada hasta arriba y se está tomando un algo, no sé si una infusión o lo que sea, en una taza o un cuenco de madera. Más cosas. El actor que hace de marido de Julia Roberts, la profesora Imhoff, este actor, que no sé cómo se llama pero que es como una suerte de versión de Joaquin Phoenix, hace un papel prácticamente igual, en una película en la que es el marido o compañero de una escritora que tiene problemas diversos y que si no me equivoco también es profesora universitaria, como él. Aquí él no es profesor universitario, es psicólogo, pero bueno, ella es profesora, los profesores, los alumnos, las intrigas de la universidad. En realidad esta película la has visto antes, con otros actores, con argumentos parecidos, en escenarios similares, bebiendo whisky, hablando de cosas que no estás entendiendo y que renuncias a entender porque crees que lo importante está en la trama y no en lo que parlotean y de la trama tampoco extraes nada claro salvo que el mundo se ha complicado con el feminismo y el lenguaje inclusivo y el elle y tal. Dos horas y veinte de película, Guadignano, Guadagnino, dos horas y veinte. Y un comentario más, de parte de mi compañera, lo que le gusta a este señor sacar a gente durmiendo. 

domingo, 25 de enero de 2026

Sinners - Ryan Coogler


El baile, la música, la matanza final de racistas del KKK, los vampiros, el blues. Como para 16 nominaciones a los Óscars, yo creo que no. 

jueves, 22 de enero de 2026

Banda Sonora para un Golpe de Estado - Johan Grimonprez


Si alguien sigue mis redes sociales, y sé que algunos siguen las redes sociales del menda casi a tiempo real de actualización, habrá visto que he estado especialmente pesado durante unos días con el fenómeno de un aficionado congolés que, durante los partidos que la selección de la República Democrática del Congo disputaba en la pasada Copa de África, imitaba a Patrice Lumumba. Michel Kuka Mboladinga, se subía a una tarima en la grada y aguantaba la misma posición, como una estatua de las Ramblas, durante las dos horas que duraba el partido, caracterizado exactamente como Lumumba. En estos tiempos en los que el neocolonialismo vuelve a resonar con fuerza, el homenaje a Patrice Lumumba, me parecía absolutamente admirable. Porque si hoy creemos que el horror al que nos asomamos no tiene parangón, si creemos que el poder de las potencias imperialistas se ha desatado y que la impunidad con la que actúa el gran magnate trumpiano es una puerta que no se había abierto antes con tamaña desfachatez, por favor, tienen que ver este documental llamado Banda Sonora para un Golpe de Estado. Así sabremos que esta barbarie no está apareciendo ahora. Que el llamado rompimiento del consenso del derecho internacional es una puta broma. Que nada empieza ahora, que todo es una sucesión de actuaciones destinadas a imponer el poder de unos sobre otros y que, de manera más o menos mezquina, más o menos descarada, más o menos terrorífica, cuando se necesitan unos métodos se emplean y cuando se necesitan otros, no hay ningún pudor en llevarlos a cabo. Este documental es una maravilla, dolorosa y terrible, pero una maravilla. Porque nos cuenta cómo lo que nos gusta, los artistas que admiramos, los referentes que idolatramos, también son utilizados como propaganda de un mundo que los desprecia. Así, nos encontramos con los artistas de jazz, utilizados por el gobierno estadounidense para misiones culturales que ocultaban otros propósitos. Y vemos a esos artistas sentirse utilizados, rebelarse, cuando el daño ya está hecho. Y vemos a esos artistas expresar su dolor, su rabia, su arte. Y mientras la música suena, se va desplegando ante nosotros la tela de araña que acabó encerrando a Patrice Lumumba para acabar siendo asesinado por quienes tenían unos intereses y estaban dispuestos a todo por asegurarse que, independientes o no, esos países africanos iban a seguir bajo la bota de quien ellos quisieran. Patrice Lumumba aparece como un activista, un político africano que tiene la intención de conseguir la independencia para el llamado Congo belga. El Congo es un inmenso país, riquísimo, expoliado por el rey de Bélgica a título personal y luego por el resto del Estado belga. Toda vez que se va a tener que aceptar un proceso de independencia, lo que hay que asegurar es que, el gobierno resultante, no actúe contra los intereses económicos fundamentales. Puedes ser independiente, pero seguimos mandando nosotros. Así, aunque Lumumba cuente con el respaldo de diversos compatriotas implicados en el proceso, finalmente es traicionado por algunos de ellos. El documental también nos cuenta las deliberacions en las Naciones Unidas y como el papel de estas es infame y traicionero a la vez que parece salvaguardar un cierto respeto y neutralidad que a la hora de la verdad es ninguneado por quien te dije: Estados Unidos y el país lamebotas que toque en cada ocasión, en este caso Bélgica. Las intervenciones de Nikita Khruschev son demoledoras, de una transparencia que parece que no es el líder de la oscura Unión Soviética, sino de un activista del Sindicat de Llogateres. Un mundo que se construía al margen de los poderes coloniales y que fue sistemáticamente aplastado, anorreado, exterminado, golpeado y humillado. A golpe de ostias, a golpe de propaganda, a golpe de música, de modernidad, de ocio, de fantasía. Nada de eso ha cambiado. Quizás, el rostro ahora ya no necesita ni siquiera a Louis Armstrong y su sonrisa. Ahora somos nosotros mismos los que debemos cuidarnos de no reírnos cuando el ganchito naranja quiere que nos riamos. Impresionante documental, impresionante la música, la jazzística y la congoleña, impresionantes los testimonios, impersionantes las palabras de la congolesa que nos explica lo que significa la canción que canta, impresionante que alguien en 2025, se acuerde de Lumumba. 

Hay una coda que no cuenta el documental: Tshombe, el títere de los belgas que promovió la independencia de Katanga, que cuentan que asistió personalmente a la muerte de Lumumba, murió en una prisión de Argelia después de que su avión fuera secuestrado y enviado al país del Magreb. Casualmente, Argelia eliminó a la RDC en la copa de África y la selección argelina le regaló una camiseta al Lumumba redivivo. Vive Lumumba!

Perec. El hombre que se negó a olvidar - Pierre Lane


Hace años, y puedo decir que hace ya bastantes años, muchos años, a mí me hubiera encantado tener el entusiasmo y el talento de ponerme a escribir. Eran esos años en los que descubrí a Roberto Bolaño y su manera de escribir y de hacer y vivir la literatura me empujaron a pensar que yo, mucho más pusilánime que él a la hora de experimentar con eso que llamamos la vida en todas sus circunstancias y la vida como escritor en concreto, yo podría ser también. Nada de eso pasó jamás y aquí estoy, matando el gusanillo, rellenando huecos. Fue en esos años cuando llegó a mis ojos por primera vez el nombre de Perec. Georges Perec aparecía citado por Bolaño no sé si en algún cuento o en otro texto. Obsesionado con Bolaño, quise acercarme a Perec. Me informé, investigué, quise saber. Quise leer también a Perec. Llegué a tener en mis manos La vida instrucciones de uso. No fui capaz, creo, ni de abrir el libro. Perec se convirtió entonces en una frontera. Yo sé leer, me gusta leer, tengo curiosidad, pero por ejemplo Perec, dentro de ese mundillo de personajes literatos que deberían interesarme, Perec se me escapaba. Demasiado para mí. Y esa frontera Perec no la he llegado a traspasar jamás. Así, cuando he localizado un documental sobre Perec, no he tenido más remedio que visionarlo. Lo que he encontrado tiene que ver con lo que sabía de Perec, pero he aprendido cosas que no sabía de Perec. Sabía de su manera de escribir, del Oulipo, de tantas cosas relacionadas con el ejercicio literario como una tarea que iba más allá de lo que simplemente aparecía en la página manchada por grafías. Pero no sabía que había otras cosas en la vida de Perec ni que su condición de judío ni que su condición de hijo de víctimas del genocidio nazi, estaba tan ligada a su obra y experiencia vital. Este documental nos cuenta la vida de Georges Perec, el escritor, pero también la vida de una persona a la que eso que se vive en la infancia y que nos deja una marca indeleble, en el caso de Perec, es un motor para la escritura. Escribe, vive, pero siempre hay algo en el fondo, que a veces aflora y otras veces está oculto. Como la letra E, que aquí nos dicen que no solo es un ejercicio de dificultad y de virtuosismo el escribir un libro sin utilizar la letra E, sino que es una metáfora de algo que no está, que está oculto, como es el hecho de haber querido exterminar a tus vecinos, a tus amigos, a tus compañeros de clase, a otro pueblo, por el hecho de ser diferentes. El documental me ha gustado, me ha vuelto a dar curiosidad por Perec y su obra, por La Vida instrucciones de uso, esos momentos en los que decía el narrador que Perec escribe sobre momentos que nadie ve. Creo que nada cambiará. Pero me ha gustado pensar otra vez que sí.

martes, 20 de enero de 2026

Jay Kelly - Noah Baumbach


Vamos a ver. De la misma manera que decimos una cosa, decimos también otra, pero a fin de cuentas estamos diciendo lo mismo. Resulta que tu país se está yendo a la mierda y tú te pones a hacer una película sobre esto de ser actor y sobre lo que es la vida, ¿no? Noah Baumbach ha colado algunas películas buenas. Frances Ha es una buena película. The Meyerowitz Stories reconozco que me tocó mucho la patata. Y Histora de un matrimonio, es dura de narices. Pero a partir de ahí, qué ha pasado con Noah Baumbach. La película anterior a esta, que ya no recuerdo ni cómo se llamaba, ni siquiera tuve narices a terminarla porque me pareció un pestiño importante sin pies y sin nada de cabeza. Esta película cuenta con el protagonismo de un George Clooney que se supone que es una garantía de calidad, y sin embargo, consigue que el personaje de Clooney te canse, te aburra, no te interese. De hecho, hay algún momento en el que piensas exactamente esto: pero a mí qué me importa. El tema es que un actor ya madurito, hace un balance de su trayectoria y de su vida personal, la relación con sus hijos y tal y lo lleva todo a término además con motivo de un viaje a Italia para participar en un homenaje a sí mismo. El poti poti de cosas a veces te llama a la reflexión y otras te genera rechazo. Un rechazo que se vuelve en incredulidad cuando el viaje a Italia se convierte en una excusa para caer en todos los topicazos sobre nuestro país hermano y cuando intuyes una cierta voluntad de Sorrentinizar la película que, una vez detectada, ya no te suelta. ¿Qué necesidad hay, Noah Baumbach, de contar una historia mil veces o dos mil veces contada, sin introducir ninguna novedad novedosa, ni un punto de vista o una... nada, cuando todo a tu alrededor lanza señales de que el mundo está cambiando? ¿Porqué te miras así el ombligo? ¿Porqué hundir la cabeza bajo la tierra de tu propio mundillo cuando el mundo se está pudriendo ante tus ojos? Intuyo alguna respuesta a todas estas preguntas y no me gustan. Tan solo salvaría, por salvar, la presencia en un cameo una vez más del bueno de Dean Wareham de los Galaxie 500 y Luna, que debe ser colega de Noah o algo. Y ya.

sábado, 17 de enero de 2026

La empresa de sillas - Tim Robinson


Decíamos ayer que la cosa está fatal. Pero tan fatal como para que haya una serie como La empresa de sillas. Tan fatal como para que la propia sociedad estadounidense se exponga a un retrato tan devastador como el que nos ofrece este despropósito protagonizado por un Tim Robinson dispuesto a hacernos llegar al límite y más allá. No, no he visto nada de su trabajo anterior, no le conozco de SNL ni de las series de Netflix, llegamos a esta serie desde la perplejidad y nos vamos de ella aterrorizados ante lo que puede ser un cúmulo de despropósitos mayor en una segunda temporada. El argumento bien podría ser de una peli de los hermanos Cohen: un ejecutivo de una empresa de una ciudad norteamericana, sufre un percance un tanto idiota durante la presentación de un proyecto de centro comercial. La reacción de este sujeto al percance, debajo de su mesa del despacho, pataleando como un chaval de diez años emberrinchado, así como toda la gestualidad que va desarrollando nos indican que vale, que parece Cohen, pero algo no va bien. De hecho ya nada va bien. El ejecutivo cree que ha descubierto una trama relacionada con las sillas de oficina y a partir de ahí se relaciona con personajes diversos de la ciudad. Hay subtramas relacionadas con su familia, sus hijos, la esposa, una familia bien, pero no alcanzas a entender cómo ese sujeto llamado Ron Trosper (tróspido... es que claro) ha llegado a algo en la vida si es que es profundamente gilipollas, insoportable, idiota y yo que sé. Y la propia familia acaba teniendo también algo raro y si no es la familia son los suegros y si no son los suegros es el jefe de la empresa y si no los amigos del jefe de la empresa y si no cualquiera que aparece en pantalla o que no aparece como esos cómicos que lo único que hacen es gritar frases de película porno o de gente que ve películas porno y si quieres porno incluso hay una felación al final de un episodio de manera absolutamente gratuíta y no sales nunca de tu asombro ni de la estupefacción ni de me cago en la puta nen qué mierdas estamos viendo y quién ha sido el cabrón que nos dijo que esta serie a lo mejor... No, no, lo recuerdo perfectamente, nos dijo: estoy viendo una serie que es rara y llevo tres episodios y dije, venga, y en el Rock de Lux la ponían también de las mejores y te acabas fiando de cualquiera o de quien tú crees que debe tener criterio y deberías tener criterio y la pregunta que te haces es porqué has tenido que aguantar hasta el final de la serie. Por qué has tenido que ver todos los episodios y constatar que era un disparate del calibre de que lo único que te viene a la cabeza es a Homer Simpson dando vueltas sobre si mismo en el suelo durante ocho episodios de media hora. Estamos hablando de algo más o menos así. Y te ríes, claro. Y hay veces que te ríes de verdad. Pero hay muchas veces que te ríes porque no das crédito. Y este es el mundo en el que vivimos. Y la música, esa continua mezcla de canciones de 'padre e hijo', junto a Yacht Rock que todo lo hace todavía más ridículo para combinarlo además con una música entre metal y electrónica para los momentos trepidantes. He echado de menos que sonara I'm Afraid of americans de Bowie. Mucho. Como decíamos ayer, es para no dar crédito. 

viernes, 16 de enero de 2026

Una batalla tras otra - Paul Thomas Anderson


Convendremos en decir que las películas se han vuelto raras. Que todo ha adquirido un tono un tanto extraño. El dedo se me ha ido y he estado a punto de poner extremeño. Extremo y extraño. Todo, menos lo que quiere ser convencionalmente consciente de que todo es igual que ayer, que hace dos años, que hace diez años y que se pueden seguir contando las cosas como si no pasara nada, como si el mundo no se hubiera puesto patas arriba y como si nuestra vida pudiera seguir contando vacaciones de la infancia, me quiere o no me quiere, tengo un sueño y lo voy a cumplir, subo las escaleras corriendo y cuando llego la canción suena fuerte y me siento como si hubiera ganado y Rocky estuviera en el suelo chorreando sangre. O el otro. Las películas que quieren plasmar el tiempo en el que vivimos no salen de su asombro. Así, algunas películas que son muy buenas, lindan el despropósito. Porque todavía, los creadores, no salen de su asombro, no son capaces de entender qué está pasando. Y aunque estas películas lo cuentan o pretenden explicarlo o imaginarlo siquiera, a veces están a punto de caerse por un precipicio y llevarnos a nosotros detrás. Películas como esta nos tienen todo el rato en vilo porque queremos que sea buena, que esté bien, que nos confirme que hemos acertado, que el director es bueno, que el reparto es excelente, que el mensaje ha de ser correcto. Lo correcto ya está, ya fue. Lo correcto, lo bien, lo ideal, se ha ido. Toca otra cosa y esta película es un retrato desquiciado de lo que estamos viviendo. Tiempos que van deprisa, imposibilidad de saber qué pasa, brutalidad, miedo, desconcierto, constatar que hay gente que se está jugando la vida por salvar algo, lo que sea, una revolución, una idea, su propio culo, nuestro culo. La película es una historia de venganza en tiempos de desastre. Este desastre. Tiempos en los que el fascismo, aunque ya sabemos que técnicamente hay páginas y páginas que nos dicen que esto no es como el fascismo, lo sabemos, lo sabemos, pero el fascismo, digo, está avanzando y gobierna. Estamos gobernados por fascistas en buena parte del globo y tenemos que resistir y no sabemos si resistimos o estamos resistiendo o hay alguien resistiendo. Es una película, no nos flipemos. Y no es una película con mensaje. El mensaje es la película, poniéndonos ridículamente antiguos. Una película sobre un grupo revolucionario que sufre una deserción y una delación y que sobrevive hasta que el poder reacciona ante una señal, ante un trozo de carne que sangra en el mar, y se lanza de nuevo a consumar una venganza que no se llegó a completar. Una lucha continua en la que se mezclan cosas, conceptos, películas y situaciones que nos indican que lo que nos puede parecer grotesco, exagerado, bizarro, extremo y extraño, en realidad, se queda corto ante lo que a las nueve de la noche podemos ver en las noticias de la nueve de la noche. Quizás, hasta que haya noticias a las nueve de la noche.

domingo, 11 de enero de 2026

Crónica del #PleGramenet. No hay cama pa' tanta gente.


El mundo está sacudido por la presencia omnipresente de una corriente política que tiene su cara visible en el actual presidente de los Estados Unidos, Donald Trump. Una corriente política que ha venido a terminar con la democracia tal y como imperfectamente la conocemos y que pretende retornar a un tipo de relaciones entre países, entre comunidades, entre personas, donde prevalezca la ley del más fuerte, el desprecio al débil, la sospecha y el miedo. Que Estados Unidos se está convirtiendo en un estado fascista cuando pensábamos, los izquierdistas de toda la vida, que los Estados Unidos eran un estado fascista, es algo que nos tiene sobrecogidos. Los discursos racistas, clasistas, antifeministas, antiecologistas, reaccionarios en todos los órdenes, que habían estado relegados a un estrato de la sociedad marginal, hoy en día rigen los debates públicos y las referencias políticas de los países occidentales han pendulado hacia la extrema derecha. Hasta aquí, nada que no sepamos. En la política colomense, este nuevo clima político lo capitanea sin duda VOX, el partido de extrema derecha que pleno tras pleno inunda el debate con auténticas barbaridades, algunas reflexiones que rayan la idiocia, sandeces de barra de bar (pero de barra de bar donde el parroquiano es el vociferante facha al que nadie hacía caso), provocaciones que buscan arrancar la estupefacción, la reacción airada, la reconvención, el escándalo. Lo que ha dicho, pero cómo se atreve, qué barbaridad. Y marcan el debate. Nuevamente, en el pleno de este mes de diciembre... se preguntarán porqué hacer una crónica del pleno del mes de diciembre cuando ya estamos cerca de que se cumpla el mes desde que se celebró el pleno. Bueno, la verdad es que las cosas de agenda tienen buena parte de culpa, pero también porque escuchando el pleno me asaltó la duda de cómo afrontar el escrito, lo verán dentro de unas cuantas líneas. Como digo, uno de los temas centrales del discurso de la extrema derecha que ha inundado el debate público, es el de la inmigración. La inmigración como problema, como amenaza, como causa de conflicto, como elemento distorsionador. Yo, persona de izquierdas, más o menos, me relaciono con personas que habitualmente comparten un mismo esquema mental, el mío, y los temas de conversación suelen girar en torno a diversos asuntos. Bien, en cuanto pones un pie fuera de ese círculo de relación y abres el abanico, las conversaciones acaban derivando en el tema migratorio, siempre como problema. Y mi esfuerzo es el de intentar aplicar mis conceptos, mis creencias, mis impresiones, lo que yo vivo, como herramienta de confrontación contra discursos que tratan, siempre, la inmigración como problema. La sensación de que quienes consideramos que la inmigración es un elemento que enriquece, siempre, a un lugar, en múltiples aspectos, somos pocos o estamos fuera del marco de pensamiento mayoritario, me asalta y me preocupa. Cuando reconozco a personas de izquierdas asumir de alguna manera, de la manera que sea, justificándolo de una u otra manera, que la inmigración es un problema, me siento mal. Puede que se justifique que la inmigración es un problema desde la izquierda catalana por el concurrido asunto de la cultura y la lengua. La amenaza al catalán por parte de la población inmigrante que no utiliza la lengua del país y el peligro de que la cultura catalana, entendida como una foto fija, desaparezca o se diluya, parece ser un motivo de preocupación por parte de una izquierda que, poniendo el foco en esto, parece no querer perder el hilo de los tiempos. Lo mismo ocurre con quienes hablan de colapso en los servicios públicos, por ejemplo, quienes dicen que ahora mismo es inasumible que seamos más, en Catalunya, porque ya estamos colapsados. De la Catalunya de los 8 millones a la Catalunya de los 10 millones. Y en esos 10 millones hay una izquierda que ha visto un peligro, para mí, asumiendo por conveniencia de los tiempos lo que la extrema derecha ya ha situado: la inmigración es un problema. Y aquí venimos al pleno del pasado 18 de diciembre cuando, discutiendo un punto sobre la aprobación de una promoción de vivienda, la portavoz de Esquerra Republicana de Catalunya, Gemma Espanyol, interpeló directamente a la alcaldesa para preguntarle por cual era su límite de población para Santa Coloma. Su argumento era precisamente que se aprobaban las promociones de vivienda sin tener en cuenta los servicios públicos. Se aumenta la población pero no los servicios públicos, venía a decir desde ERC. Fue el teniente de alcalde Toni Suárez quien contestó, a bote pronto, sobre quienes son los que a juicio de la portavoz, sobran en Santa Coloma. La respuesta no gustó a Gemma Espanyol que nuevamente interpeló a la alcaldesa y le preguntó si su límite eran 120mil, 150mil o 200 mil. Y que, efectivamente, si el president Illa había hablado de los 10 millones, ella no estaba de acuerdo. Sobre este asunto yo me remito al artículo que escribió el compañero David Cid sobre el tema. El pleno municipal se encuentra en Youtube y este intercambio dura unos quince minutos si no me equivoco. La alcaldesa replica que ellos se atienen al planeamiento urbanístico y que la ciudad no crece a lo loco. Pero ERC ya había introducido un apunte en el discurso: no cabe todo el mundo porque no hay servicios para todos. Yo, que soy vagamente de izquierdas, que milito y sen una organización de izquierdas como Comuns, me encuentro francamente trastornado por la reflexión y el mensaje que se envía. Y sobre el esfuerzo de acomodar el discurso a un escenario. Sobre más asuntos del pleno, pues como siempre, momentos surrealistas, algunos francamente sorprendentes por la inoportunidad, otros por querer competir en quien asume los réditos de una moratoria de las sanciones a colomenses por la ZBE, y que nadie, en todo el pleno, afeara al portavoz del PP la situación de Badalona con la expulsión de 400 personas de un edificio para que pasen a vivir directamente en la calle. Yo ya lo dejo aquí.