jueves, 12 de mayo de 2022

Lo de Andalucía


Es sencillo y no me entretendré mucho. Es lo que hay. Por ahora. Por Andalucía. Que tendría que ser de otra manera, pues naturalmente. Porque ya hablando de todo un poco, que mejor que no, porque es mejor no estar explicando cada uno como le va el cuento y sacando pecho sobre nada, pero si que creo que es relevante esto de los logos. La cosa de incluir logos. De que se vean los logos. O que solo haya un logo y una organización y palante. Este es el tema. Un logo, una organización, una mínima idea común. Mira, ya me ha salido la palabra. Común. Y a partir de ahí. En fin. Que Andalucía no está para hostias. Básicamente no está para irnos dando por la pala. He dicho que iba a ser breve y así será. Como dice la candidata, que me parece el mejor eslógan de campaña espontáneo en mucho tiempo, al lío.  

martes, 10 de mayo de 2022

Crónica de un concierto de Ilegales. Tengo un problema.


¿Cómo no te van a gustar los Ilegales? Ilegales son una banda de Gijón, con un integrante básico, fundamental, insustituible, como es Jorge Martínez. Jorge Ilegal. Una banda cuyo primer disco data de 1982, el del señor pegándose un tiro. En ese disco se hallan buena parte de las canciones más conocidas de esta banda que tiene muchas y buenas canciones y una historia de perseverancia en lo suyo que los hace únicos e inimitables, pese a que uno piense que lo que hacen es tan sencillo y tan fácil y tan básico que bien pudiera ser, pero no, no lo es. En ese primer disco de Ilegales se encuentra una canción que, para mal, ha condicionado la percepción que muchos pudieran tener de este grupo y de todo su repertorio. Esa canción, no la tocaron el pasado sábado en Madrid. Esa canción la he visto interpretar en Barcelona hace unos cuantos años. Y la presencia de elementos indeseables levantando el bracito, joder, como que me impactó mucho. Así que ir a un concierto de Ilegales era una cosa que me inquietaba. He visto el documental de Mi vida entre las hormigas, yo no tengo dudas, pero... y el público. Decir que ir a un concierto de Ilegales, o de cualquier otra banda, después de haber vivido el día anterior una experiencia casi mística como lo que se vivió en el WiZink con Siniestro Total, era casi una temeridad. Una imprudencia que te impide disfrutar de un concierto por el exceso del otro. Pero se hizo, y hecho está. El concierto viene precedido de las observaciones que nos hace el Juanra que los ha visto en Barcelona recientemente, canciones del último disco que dice que son buenas y un muy buen concierto. Yo el último disco no lo he escuchado. De hecho, ver en las colaboraciones a gente como Dani Martín por ejemplo, sectario de mí, me hace mirarlo con algo de desconfianza. Pero bueno. Vamos. Así que el concierto consiste en el bueno de Jorge Martínez, que tiene nada menos que 67 años, tocando con su (in) separable Willy Vijande al bajo, personaje en sí mismo, y un batería incombustible que solo tiene que hacer que el ritmo más básico sea contundente. No me sé el nombre ni del batería ni del guitarra de acompañamiento y teclados. Lo siento. Y el público. Nos dedicamos buena parte del previo a identificar posibles fachas infiltrados. Creemos pillar a alguno. Durante el concierto no vemos que haya ademán de nada, no hay canciones a las que se puedan agarrar, todo funciona con una exquisita normalidad. Público otra vez de nuestra edad y más veterano que hoy ha salido a armarla. Gente que ha salido hoy a echarse un ratito bueno y que quiere de vez en cuando emular los pogos del pasado. Pues claro. Solo que nosotros no nos podemos mover. Van cayendo clásicos del repertorio y recuerdo con especial cariño nada menos que El Ángel exterminador, una de las primeras canciones de Ilegales que me llegaron a la patata y de qué manera. Caen canciones de la cinta aquella que tenía de 60 y que contenía auténticas barbaridades y otras canciones... es el Todos están muertos. Qué pedazo de disco. Caen esas canciones del nuevo disco que tienen el mismo tono y el mismo mensaje de siempre. Se nota que en algunas canciones hay un tono diferente. Incluso hay una en la que pide que le lleven a casa. Antes de comenzar el concierto, nos hemos quedado en el bar de delante. A La Riviera solo había ido una vez, a ver a los Queens of the Stone Age y no recuerdo cómo fui, pensaba que estaba más lejos y resulta que podíamos ir caminando. Vamos viendo llegar a la gente y vemos que el público aunque veterano es heterogéneo y hay desde punkismo, a algún rockero de rockear, polos fred perry, incluso alguna melena heavy y una camiseta de los Beastie Boys. A nuestro lado en el concierto, un fan comienza un bamboleo oscilante que, si dura el concierto media hora más, termina con el socio en la otra punta del local, simplemente arrastrado por su propia inercia. O no. Llegados a un punto del concierto, una proyección de la portada del primer disco me sorprende. Jorge Martínez dice que aunque duela el corazón por que ya han pasado 40 años, van a tocar canciones de este primer disco. Y se lo marcan yo creo que prácticamente enterito. Y es una barbaridad. Y antes han caído joyas como El norte está lleno de frío, que es una canción apabullante, seguida como siempre de enamorados de Varsovia. ¿O no fue así? Quizás siguen sonando en mi cabeza las canciones de su mítico directo, del cd que se llevaba mi padre para ponerse a pintar, y escucho las canciones justo en ese orden. Un concierto pues de rock, de muy buen rock, cañero, con la actitud inconfundible e inimitable de Jorge Martínez, que quizás hubiera merecido habernos encontrado en una forma física algo más notable. Pero se disfruta mucho. En un momento, suena Tengo un problema sexual. Y Jorge Martínez se marca el speech de la noche, diciendo que tener problemas está de puta madre, que no hay que esconder los problemas, que tener problemas es sinónimo de estar vivo y que no hay que tener miedo a decir que se tienen problemas. Me parece de las cosas más honestas y valientes en un mundo este en el que todos somos fuertes, tenemos un pollón, siempre tiramos para delante y somos la hostia. Pues no. Acaba el concierto y nos vamos pensando que vamos a tomarnos algo por ahí pero lo único que queremos es llegar al coche, volver a casa, descansar. Tenemos problemas. 

lunes, 9 de mayo de 2022

Crónica del último concierto de Siniestro Total. La última de todas.


La última de todas, ya. La última de la vida. Luego nos vamos a subir todos a esa torre. Último penúltimo concierto de Siniestro Total de jamás nunca ya. En Madrid. Siniestro Total, vamos a evaluar su trascendencia, es mucho. No sé en qué momento llegó a mi vida, no sé si fue a través de los 40 principales cuando ponían música y escuchabas el Diga que le debo y decías, joder, qué es esto. No sé cuál fue el instante en el que decidí que si tenía mil pelas en el bolsillo, eran para comprarme vinilos de Siniestro. Pero fue. Y también sé en qué momento Siniestro dejó de ser mi grupo para ser... pero vamos al lío. Siniestro Total anuncia hace unos meses que se despiden de los escenarios y que lo hacen en Madrid, un solo día, con la presencia de miembros históricos de la banda sobre el escenario. Principalmente, la novedad es que vuelve Miguel Costas para tocar con ellos durante todo el concierto. Se tiene que ir y se va a ir. Claro que se tiene que acudir a ese concierto. Pocas veces se me ha visto disfrutar tanto, desbarrar tanto, gritar tanto, sacudirme tanto, como en un concierto de Siniestro. Siniestro fue mi primer concierto, en la Vall d'Hebron, en un festival en el que tocaban un día Siniestro, otro Loquillo (del que pasamos) y el último fue Rosendo. Fue en la gira del Made in Japan, 1993 sería. Julián llevaba un pelucón graciosísimo. Creo que me pasé el concierto gritándole calvo y que no sabía tocar, costumbre que no dejé de practicar en ninguno de los cinco conciertos siguientes. Recuerdo especialmente el del cierre del Garatge y no recuerdo el de Badalona y sí recuerdo el otro de Badalona cuando salieron después de Sonic Youth. Siempre me lo he pasado bien, incluso aquella vez en Viladecans o por ahí al que yo acudí mohino y pocho y me levantaron, como pudieron el ánimo. Les había visto dos veces con Costas y con Costas, creo, que Siniestro es más. Así que vamos al concierto, con Eledu y laRosi. Tenemos entrada en grada, pero queremos bajar abajo, a hacer el animal. Llegamos y solo ver el ambientazo de los bares alrededor del WiZink, antiguo palacio de los deportes, da alegría. Qué ambientazo. Qué bien nos lo vamos a pasar. Mucha gente con las camisetas de Ante todo Mucha Calma y nosotros con una camiseta autoeditada con esta frase: Para no llegar, mejor no comenzar. Es más fácil así. Es una frase de Demasiado lejos, una de esas canciones oscuras del Bailaré sobre tu Tumba. Queremos creer que la van a tocar en el concierto porque durante una entrevista Julián... queremos creer. Esta canción, para ser de Siniestro, tiene una letra que va más allá de lo jocoso o lo provocador y ha sido como una biblia para nuestro grupo de gente. Demasiado lejos habla de una actitud vital alejada de eso de asumir retos, superarse, luchar y pelear, todo eso que define al ser humano contemporáneo. Esta canción hablaba de no ir, de quedarse, de dejarlo pasar. Y nos hicimos esta camiseta. Y no la tocaron. Entramos en el recinto y nos hacemos un presunto lío Neymar con la ubicación de las entradas, finalmente asumimos que tenemos que quedarnos en nuestro asiento, pero desde ese asiento, formaremos el espectáculo. Había apuestas sobre cómo comenzarían, yo acerté. La sintonía de Corrupción en Miami, como en el Ante Todo mucha Calma y para comenzar esta de Todo esto es tan hermoso, del Made in Japan. Este disco fue el último con el que conecté. El último con Costas. Y no diré que es un disco que sitúe como el último que. Diría que el último qué fue el En Beneficio de Todos. Y me di cuenta durante el concierto del viernes que, de todas las canciones, las que peor creo que han envejecido son las de ese disco. Siempre he tenido ganas de meter esa frase. El concierto. El concierto es una oportunidad única de presenciar a una banda histórica tocando todos sus palos posibles, excepto el de la Historia del Blues, que claramente parece más un proyecto que con la marca de Siniestro Total, pretendía reconvertir la banda en algo que no terminó de ser por el peso de su propia historia previa. Quizás, si hubieran apostado por un cambio radical, otro nombre... como quedó demostrado el viernes, las canciones de la época Costas (aunque con letras de Hernández o interpretadas por el propio Hernández) eran las que a la gente le tocaban la patata. La gente. Gente de mi edad, un poco más vieja, un poco más joven. Algunos bastante más mayores, como una pareja que teníamos detrás que eran más o menos de la edad de mis padres. Cuarentones, cincuentones, mucho muchacho y menos chicas. En el Avlo, me encontré con un chavalito de unos 14 años que iba leyendo el Folla con él, el libro sobre las versiones de la banda que ha hecho Julián Hernández. Iba con su padre al concierto. Padres y madres con hijos con camisetas. El concierto continúa y diré que disfruto como un conejo en nosedonde. En el repertorio, insisto, hay canciones de todas las épocas, de todas las variables, desde el punk tremendo de Naturaleza y Oye nena yo soy un artista, a las proclamas de España bebe, España se droga, o Que follen a la paz mundial que nos sirven para descansar. Tocan muchas, no las tocan todas. Tocaron muchas que nos flipaban, las dos punkarradas citadas, pero también Mario, Yeah, Yeah, Emilio Cao, Todos los ahorcados, Menea el bullarengue (con fallos en la letra pero a quién le importa...), Sobre ti, Diga que le Debo, tocan todas y les faltan muchas. Hay algunas que me sobran, pero son dos horas y cuarto o más. El sonido a veces es un poco un batiburrillo de cosas, pero a quién le importa. Sale Alberto Torrado y canta Tumbado a la bartola, no puedo ser más feliz. Tocan Nocilla que merendilla y por poco me muero. Por poco me muero muchas veces. Tocan Cuanta Puta y yo que viejo y casi entro en colapso. Qué les faltó. Demasiado lejos, les faltó. En su segunda canción ya apretaron con Rock en Samil, donde ya dejé claro y dejamos claro que nosotros no habíamos ido al concierto a hacer prisioneros. A mi lado, un tipo que me sacaba varios cuerpos, voluminoso, me hizo sufrir en los minutos iniciales por si era de natural bullanguero, pero creo que el que tuvo que sufrir fue él. Al final del concierto le abracé. No sé qué decir. Durante el concierto vemos a Costas tocando, acercándose al bajista, haciendo coreografías con el Soto, a veces tienes la impresión de que hay canciones donde no está tocando, lo mismo me pasa mucho con Hernández. En la de Somos Siniestro Total, Costas se despista y cuando vuelve a tocar, es como que se nota mucho que ha habido mucho rato donde no estaba. Son muchas canciones y por mucho ensayo que haya... qué más da. Era una sensación de final y de cierre ya no de una época, que eso hace mil que ya pasó, sino de una banda que merecía un final así, con todos sus miembros vivos en el escenario, mal que se lleven o bien que se lleven, tocando las canciones que han hecho felices a tantos miles de personas, con las que hemos bailado, nos hemos reído, hemos aprendido... sí, hemos aprendido. Siempre lo he dicho, pero para mí el disco El Regreso es como un manual de vida. De actitud. De caminar por el mundo. De reírse de todo, de utilizar la ironía o la provocación para lanzar un mensaje quizás más profundo de lo que parece, yo que sé. Más punk que el Cuándo se come aqui. Supongo que ellos no pensaron nada de eso cuando compusieron todo ese disco, pero a mí, me parece el disco de punk rock más divertido y con más aristas de la producción estatal. De ahí al power pop ramoniano del Menos mal que nos queda Portugal, el potipoti de cosas de Bailaré sobre tu Tumba y de ahí al bizarrismo de De hoy no pasa o los comienzos del salto al Rythm'n'Blues con Me gusta como andas. Un concierto para despedirnos y para decir que nosotros estuvimos ahí. Que no tocaron La pista búlgaar, que no tocaron Purdey, que no tocaron el Síndrome de Estocolmo (para que veas, Julián, que no es nada personal), no tocaron... tocaron Fuimos un Grupo vigués y la cantó el abuelo Soto, el músico de la banda, siempre en un discreto segundo plano. El concierto iba avanzando, con ese momento de las cuatro canciones que casi nos cuestan la salud y que todavía recuerdo en mis omóplatos. Oye, nena, yo soy un artista. Geniales. Y se van despidiendo y van cayendo Bailaré sobre tu tumba, Miña terra Galega, Quiénes somos de dónde venimos a dónde vamos... sorpresa porque las canta Julián, las dos últimas, pero es que son suyas, aunque todos las recordamos con la voz de Costas. Y se despiden todos sobre el escenario, con Grandío y con el batería Ángel González, con Torrado. Durante el concierto tienen el consabido recuerdo a Coppini cantando Has perdido eso... No pisan la Audiencia Nacional pero hay miles de letras que hoy parecen auténticas animaladas. Y sin embargo, ahí están. Se despiden de todo y lo hacen con el Que les corten los huevos al final y con el símbolo ese que todos hacíamos después de cada concierto, delante de ellos. Después de haberles insultado, de haberles masacrado, de habernos machacado a hostias en el concierto, después de todo, la despedida y el agradecimiento por hacernos pasar dos horacas y pico de musicón, de descarga, de todo. Porque durante esas dos horas y pico pasó de todo. Y por habernos servido de referencia para tantas cosas. Que nos sabíamos hasta los comentarios de las carátulas de los discos, joder.  Los días previos al concierto, al decir que iba a ver la despedida de Siniestro, entre alguna gente caras como de ¿y? Siniestro no es un grupo de la movida, no es un grupo a reivindicar al parecer, pero todavía no ha salido ninguno de ellos que yo sepa a decir sandeces como Evaristo, santo patrón de lo que debe ser o no. En cambio sí que me he encontrado con sorpresas de gente que, desde una perspectiva garajera, reconocen a la banda. Esa fama de 'tuna con guitarras eléctricas' que en muchos casos les ha precedido, no les ha hecho bien, tampoco creo que les hizo bien querer ponerse serios. Ya lo eran sin hacerlo explícito. Ya está todo hecho. Al salir, emoción, satisfacción, consenso en la valoración. Todo ha ido como tenía que ir, tocaron muchas buenas, se dejaron otras, hubo que contentar las diferentes sensibilidades... la última de todas ya, la última de la vida. Salgo del concierto sudando como un pollo, con la voz fuera de mí mismo, casi no puedo caminar. Pero y tanto que merece la pena. Yo ya fui a ver el concierto de despedida de Siniestro Total. Espero no tener que volver a verles nunca más y que no vuelva a ocurrir. En beneficio de todos. 

miércoles, 4 de mayo de 2022

Un desastre colomense


No les entretendré demasiado. A estas horas, en el día de hoy tres personas, tres vecinos nuestros, personas que vivían aquí, o que estaban viendo aquí, con las que me he cruzado yo o le se ha cruzado usted mismo, esas tres personas han muerto víctimas de un incendio. Otras cuatro personas han resultado heridas, una de ellas de gravedad. Tres personas han muerto en un incendio cuyas causas no podemos saber. Ni siquiera podemos conjeturar cómo ha podido ser, porque conjeturar, pensar o hacer caso a las especulaciones, significaría algo. Algo que no queremos ver. Preferimos pensar que todo es fruto de una infausta desgracia, la casualidad, un accidente. Y así no nos entretenemos demasiado. No. En realidad, nada de lo que ha pasado tiene que ver con eso que puede que hayan pensado. La miseria, la pobreza, la lucha por la vivienda. La vivienda. La miseria. La pobreza. Aquí mismo. No en uno de esos barrios que tenemos estigmatizados, no. Aquí mismo, pared con pared con el Teatre Sagarra, a la vuelta de la esquina de la Ciba, a solo dos minutos del metro santa Coloma y del Ajuntament. Muy bien comunicado. No lo verán en Idealista. En nuestra cara. Pero no sabíamos nada, no lo conocíamos, no teníamos constancia, no estaba en los registros, nunca habían ido a ningún sitio, ya estaban todos regularizados, pagaban religiosamente. Pagaban religiosamente. Eso es lo que nos define. Paga religiosamente. No nos entretendremos demasiado. ¿A qué le tenemos miedo en esta ciudad más que a cualesquiera cosa? A la mala publicidad. Santa Coloma otra vez, oh no. Otra vez. Una mala noticia. Pero no es tan mala, de hecho no es mala, de hecho no es noticia. Ha pasado sin que mediara ninguna cosa extraña o incidencia ni siquiera ya te digo, es que no lo conocíamos. Quién iba a pensar. Esto es que ha sido pues una cosa. Tres muertos. Tres personas muertas. Que no hay que especular y pensar que esto pudiera haber tenido de alguna manera alguien alguna responsabilidad. Jamás. Estaban regularizados, podían pagar y pagaban. En Santa Coloma de Gramenet hoy nos hemos levantado con una noticia que es un desastre. Esta mañana a las cinco de la mañana las sirenas sonaban por la calle Sant Joaquim, mi calle. Jamás pensé y lo pensé. Pensé que no iban allí, que podrían ir a otro sitio. Pero no quise pensar. Y cuando me desperté ya estaba el drama allí. Y la gente allí. Y cada vez más prensa. Y el pavo ese de telecinco. Y es en mi calle, joder, en la Sant Joaquim, joder. Y cada vez más rumorología y cada vez más alternativas a una historia que ya la sabemos todos, salvo si quieres contar otra historia que es la que quieres vender y que servirá para que pase menos de lo que pasa y que bueno. Bueno. No podemos decir nada, porque claro. Es que no se puede decir ni se puede saber. Quién iba a pensar, quién podía decir. Este texto ya se va a acabar. Triste. Pero muy triste. Y avergonzado. Pero bastante más triste. Porque no vamos a mejor. Por mucho que. 

martes, 3 de mayo de 2022

Polonia


Ese minuto y medio o dos minutos o treinta segundos o yo que sé que ayer perpetró Ayuso. Ese pequeño discurso, esa calculada manifestación de desprecio hacia la historia, hacia toda la historia, hacia la gente, hacia toda la gente. Esa calculada parrafada de absoluta extrema derecha nacional, ese nacionalismo absolutamente invent. Esa españolidad que ya creíamos que nunca más porque éramos modernos con Almodóvar y la movida madrileña y los juegos olímpicos y la Expo y Barceló y Freddy Mercury cantando Barcelona. Todo eso que habíamos dejado atrás, se nos viene encima como si fuera un juego, como una puta broma de la que tenemos que sacar un comentario ingenioso para que se note que estamos por encima. Polonia. Nos vamos a convertir en Polonia. No sé si dentro de dos años. Dentro de cinco o dentro de diez. Pero o de verdad hay un polo mínimamente progresista que pueda plantar cara a lo que se viene encima en forma de barbaridad y desacomplejamiento o seremos los polacos. Un país occidental mucho occidental, extremadamente católico y ritualmente católico y genéticamente católico sea eso lo que sea, tradicional, conservador, orgulloso de su tradicionalidad, de su conservadurismo, de su catetismo disfrazado de iconoclastia, de su espíritu reaccionario disfrazado de ir a la contra de los tiempos. Polonia. Hungría. Esos países que han decidido reescribir su historia una vez más para que les encaje en un relato donde sean los muy mejores, los más mejores. Esos dos minutos de la Ayuso ayer despachando toda la historia de España, del estado español, de lo que quieran ustedes, con toda una suerte de barbaridades que dejarían temblando al historiador más ecuánime. Y ahí la tenemos, diciendo eso para que digamos que dice eso y mañana dirá otra y mientras tanto, parece que hay algo que se está pudriendo en la cabeza del pescado. Los espían. Se están espiando unos a otros. Alguien está espiándonos a todos. El partido mayoritario de la coalición de gobierno está siendo espiado en la figura del presidente del gobierno y no hacen nada por investigarlo. No pasa nada. Se investiga, se espía, no pasa nada. Hay quién sale al estrado parlamentario para decir que se espía poco y que cuando ellos gobiernen se espiará más. Porque sí. Porque España va a ser eso. Y parece que no es posible, vemos los vídeos de Macarena Olona y nos parece imposible que semejante odio con piernas pueda llegar un día a tener influencia en la vida material de nadie. Pero puede que dentro de dos meses, las vidas de mis familiares en Andalucía dependan de lo que se le antoje a tamaña ultra, capaz de justificar torturas y reírse de ellas. De repente, pienso en qué deben andar haciendo los polacos que no sean como nos dicen que votan los polacos. Si habrá polacos que sean progresistas, si quedará alguien. O se limitarán a quejarse amargamente, o a disfrutar de la vida sin que les importe ya de qué color es el gobierno porque total, ya está bien. Nosotros somos los polacos ahora. 

lunes, 2 de mayo de 2022

Last days here - Don Argott & Demian Penton


No. En mi vida había escuchado a Pentagram y no, posiblemente nunca escucharé a Pentagram. Aunque la música que suena durante todo el documental no está mal y en ocasiones me quiere recordar a unos Black Sabbath, de alguna manera. No, no se me pasa por la cabeza. ¿Por qué he visto este documental de 2011 si no he escuchado ni escuchará a esta banda de metal? Porque en la sinopsis contaban que se hacía un retrato de la vida del cantante de esta banda de los 70, Bobby Liebling, que vivía en el subsótano de la casa de sus padres, sin moverse del sofá y poniéndose tibio de crack y demás sustancias. En su momento pudieron dar el salto, ser importantes, pero todo salió mal. El documental narra el esfuerzo de un fan, Sean Pelletier, por recuperar a este cantante para la causa de la música, jugándose su dinero, nervios y autoestima. El documental no se ahorra nada. De hecho, lo único malo del documental es que no llega a nuestros días y no cuenta quién es hoy Bobby Liebling y cómo sigue su vida. Porque el final es demoledor. 

El documental nos cuenta cómo Liebling vive hecho una auténtica mierda en casa de sus padres. Cómo sus padres lo cuidan como pueden, mientras él delira, vive en un constante estado de paranoia, se arranca la piel a tiras, un auténtico desastre. Pero de alguna inexplicable manera, tiene fans. Fans que le consideran un genio y que harán lo que sea por ayudarle y verle de nuevo sobre los escenarios. Y de eso va la cosa. Los fans. Una fan, una chica que conecta con Liebling por internet y que conecta con él, le sirve a Liebling de pequeño motor para salir del estado de cochambre en el que vive. Se obsesiona, mal. Cuando la chica se echa para atrás. Liebling vuelve para atrás. Así hasta que finalmente, redención (no), salida a los escenarios, la chica vuelve, tiene un hijo (¡1) y el plano final de la chica sentada junto al cantante anunciando que van a tener un niño es tan atroz como todo el documental.

Es un esfuerzo de contar la clásica historia de retorno, de personaje olvido al que se quiere recuperar, pero con trasfondo chungo. Todo es chungo en Liebling. Leo que todavía hace giras, incluso llegó a tocar en un festival en España, creo que el BBK. Nadie hubiera dado un duro por eso viendo los primeros minutos de este documental donde lo único que deseas es que no se te quiten las ganas de comer. Los planos de los brazos. Esos ojos. 

Los fans. Ese Pellet diciendo que ha querido reír y llorar cuando lo vuelve a ver sobre un escenario. Los heavys. El otro día escuchando un programa en radio 3 sobre metal lo comentábamos. En qué momento decides que vas a ser heavy, en qué momento bifurcas. 

Un documental desgarrador, con final pretendidamente feliz, que te deja una cosa en el estómago mala de verdad. Y tiene 10 años ya el docu, solo hay que consultar la web cómo sigue Liebling por la vida para ver que ese regustazo agrio, tiene sentido.  

domingo, 1 de mayo de 2022

Maoísmo. Una historia global - Julia Lovell


Bien. ¿A quién le puede interesar un libro sobre maoísmo hoy, en 2022? Supongo que conocéis un país llamado China. La República Popular China. Habréis oído hablar de él. En 2022 es uno de esos países que tienen cierto peso o bastante peso en muchas de nuestras actividades diarias. Influencia. Lo que sea. Hoy en día, la República Popular China no es un país maoísta, pero la influencia del pensamiento y la forma de entender la política de Mao tienen aún un qué. De ninguna manera la China de hoy es maoísta. Pero. Ni siquiera el Pero es claro. Nada tiene porqué ser claro. Lo importante es otra cosa. Esa cosa es el poder, la organización del poder, mantenerlo, avanzar o retroceder, amoldarse, adaptarse, crecer, avanzar. Cómo se hace. Cómo no se hace. Qué es lo que no hay que hacer. Ensayo, error, miles y miles de muertos. Miles y miles de decisiones arbitrarias, dogmáticas, alejadas de la realidad, alejadas de la vida real, ilusorias, ficticias. Por todas partes. 

De qué va este libro. Es simple, de la influencia del maoísmo en distintas partes del planeta a lo largo de distintas etapas. Primero nos explica qué es eso del maoísmo. Yo me leía la biografía de Phillip Short 'Mao. Una biografía', que me impactó bastante y que, en teoría, me debería haber enseñado qué es el maoísmo. En China, al menos. El pensamiento de Mao y sus influencias, sus idas de pelota, sus estrategias para deshacerse de la influencia soviética, de la influencia de quién Mao considerase. Qué es el maoísmo. Una variante del socialismo entendido a la manera de Mao tal y como él entendía que debería aplicarse en un país como China. ¿Explica eso algo? Para mucha gente a lo largo y ancho del planeta, parece que sí. Sí. Incluso aquí. Incluso hoy, en carteles colgados más cerca de lo que crees, ves la influencia del maoísmo. Atreverse, atreverse, atreverse. 

Como digo, el libro nos explica cómo el maoísmo se labró una imagen de movimiento liberador, sin componendas, sin coexistencias, sin límites. Una revolución que no deja a nadie vivir. Porque no se trata de vivir, se trata de la revolución. La revolución como todo. A veces sin más. Sin entender ni siquiera a quién tienes que liberar o que revolucionar. El maoísmo se construye un relato. Ese relato es exagerado. Pero siempre hay alguien que te lo compra. Y te lo pueden comprar dos clases de público. Quienes creen que en sus propios países ese relato puede cuajar. Y quienes quieren creer que esa amenaza para el orden global, esa revolución global, esa chispa que enciende la pradera es real. Así a lo largo del planeta nos encontramos con quienes hacen caso de los planteamientos de Mao, los llevan a sus países y fracasan. No tienen en cuenta ni porqué triunfó Mao ni porqué ellos no van a poder hacerlo. Y tenemos masacres como la de Indonesia. Horror de los horrores. Cuando crees que todo irá bien porque Mao en sus libros lo dice. Y no es que vaya mal, es que ya no irá más. Y tienes el caso de Vietnam, cuando comprueban que lo que dice Mao, quizás no es lo que más conviene. O más horrores como el de Camboya, cuando todo puede ser interpretado de una manera que deja corta cualquier barrera para la imaginación. O en diversos países de África, donde se aprovecha la influencia, la ayuda, la solidaridad internacional revolucionaria para... para nada. Para que cada uno haga lo que pueda con lo que tiene y lo que sepa o lo que alcance o lo que menos problemas de y, si de ti saco esto, de otro sacaré otra cosa. 

Historias absurdas como Sendero Luminoso en Perú. Queriendo ser Mao en un país que no puede ser China. Con una sociedad que ya no es la que tú tienes en la cabeza. Y que sin embargo avanza, crece, porque nadie sabe en qué momento esa puede ser una salida plausible. Y el esquema se repite. Profesores, intelectuales, universitarios, gente bien, salvando al proletariado, al campesinado, a los más humildes, a través del sacrificio de tanta gente. Exigiendo firmeza, disciplina, entrega absoluta. El capítulo dedicado a Sendero Luminoso es apabullante. 

No todo va mal. Puede ir regular. En Nepal se consigue alcanzar el poder, con tácticas guerrilleras pero también aprovechando la carambola democrática. Y luego ya veremos cómo gobernamos y en qué nos transformamos. Pero ya está hecho. 

El libro, con momentos densos, como el dedicado al maoísmo en Europa y Estados Unidos, es fascinante y demoledor. Me gustaría conocer más sobre el maoísmo en nuestro país, tengo idea de qué organizaciones fueron más o menos maoístas, pero se me contradicen las fuentes. El libro no lo toca, habla de Alemania, de Francia, de Italia, de una escuela en Escocia donde pidieron centenares de libros rojos a través de un estudiante... nos cuenta como ese maoísmo que no es capaz de articular alternativas potentes en los países occidentales, sí que será importante para impulsar el feminismo o el ecologismo por ejemplo. 

El maoísmo es alcanzar el socialismo según Mao. Su pensamiento. Por no alargarme, contaré la anécdota que relata el libro en la que en una reunión de los responsables de los partidos comunistas, se debate el conflicto nuclear. Los soviéticos y los partidos europeos están por la coexistencia pacífica. Los chinos quieren desligarse de la influencia soviética y Mao juega fuerte. Y se lanza. A grosso modo dice que 'si hay un conflicto nuclear, desaparecerá la mitad de la población, de esa mitad de la población que quede, la mitad serán chinos, así que el triunfo del socialismo está asegurado'. Palmiro Togliatti, del PCI, le espeta que 'eso significaría la desaparición de países como Italia o Checoslovaquia'. A lo que Mao responde 'quién dice que Italia deba sobrevivir'. No hay más preguntas. 

Hoy China ya no es un país maoísta. Cuando muere Mao en 1976, al cabo de pocos años, Deng Xiao Ping termina con la política tal y como la entendía Mao y tal y como se plasmó en el tardomaoísmo con la jarana extrema (jarana violenta, dramática), que fue la Revolución Cultural, y rectifica la línea. Pero la rectifica con un objeto, pervivir. Y eso, pervivir, sobrevivir, que se mantenga el poder del Partido, es lo importante. Y lo demás es accesorio. Contradictorio. Como sea. Pero lo importante es estar. Avanzar, largarse, mantener, arriesgarse, siempre. Hoy China ya no sé si es ni siquiera un país socialista. Ya no sé por decirlo de una manera ingenua. Lo sé. No lo es. Nos cuenta el libro que Xi Jinping quiere recuperar una suerte de maoísmo folclórico que le sirva para mantenerse en el poder a perpetuidad. Y lo consigue. 

El folclorismo como agarradero. La parafernalia, la parafilia, la imaginería. 

Un libro para aprender, para seguir sabiendo, para entender que nada está tan lejos y que, en buena medida, nada nos es ajeno. Y que viva Italia.