martes, 8 de septiembre de 2020

¿Es esto Santa Coloma?


Estábamos en esta ciudad de Santa Coloma a la que quiero yo más que al alma mía, preguntándonos qué sorpresa nos depararía el fin de NO fiestas, concretamente calculando a qué hora caería la tormenta que finalmente cayó, cuando esa gente, esa, la que ve el AR, el programa de Ana Rosa u otra gente que ahora no sé quién pudo ser, comenzó a difundir el vídeo. Un equipo del programa había recorrido la ciudad en un coche de la patrulla de la Guardia Urbana, del cuerpo del USIR, recientemente estrenado, para dar fe del aumento de la delincuencia en nuestra ciudad y de los medios que se ponen en combatirlo.

Así, la realidad superaba a la ficción y todas nuestras bromas sobre el vídeo de presentación que debería haber sido a ritmo del Bad boys de Inner Circle se quedabn cortas. Y hasta ahí la broma. Un breve repaso por el vídeo, el comienzo nada más, ya le deja a uno la duda. ¿Por qué? ¿Cuál es el motivo para dar una imagen así de nuestra ciudad? El rédito político que se puede alcanzar poniendo de manifiesto que se ha creado un cuerpo de policía de élite o de acción rápida para atajar la delincuencia no sé, estoy convencido de que no, no compensa la imagen de la ciudad que se da. 'En 20 minutos hemos visto nosecuantos delitos', dice en un momento el periodista. El repaso a las imágenes nos habla de un recorrido por el Fondo, plaça del Rellotge, etc., una vez más los escenarios preferidos a la hora de hablar y poner marco (o fondo) a lo mal que está todo en nuestra ciudad. Luego una entrevista con el responsable del cuerpo y con la alcaldesa intentando hacer vendible lo que parece una ida de castaña en toda regla completaban el reportaje. 

Santa Coloma, y este es un tema recurrente, vive pendiente de su imagen. El Equipo de Gobierno se ha desvivido en los últimos años por vender una imagen al exterior que nos redimiese del 'estigma' de ser simple y llanamente una ciudad pobre. Somos la ciudad del Rock y por ello hipotecamos un parque de la ciudad para que durante tres días parezca que. Somos una ciudad gastronómica porque tenemos la universidad ahí y un sector de restauración potente. Somos la ciudad feminista gracias al proyecto inmenso cuando se le de contenido de la CIBA. Somos una ciudad que aspira a ser balneario, residencia de estudiantes, lo que sea, antes que asumir que tenemos el nivel de vida que tenemos y que la ciudad es toda la ciudad. Reportajes en diarios distintos publicitando todos y cada uno de los proyectos de un Ajuntament que tiene en el tratamiento de la comunicación y la proyección de la ciudad, uno de sus puntos principales de preocupación, y que hasta ahora alardeaba de innovación, de proyectos modelo...

Y de repente, esto. Telecinco en el abyecto programa de Ana Rosa Quintana, reina ultra de las mañanas, viene a Santa Coloma y, para regocijo de políticos amarillistas, nos enseña una ciudad por la que no se puede caminar. Es invivible Santa Coloma. 

El inicio del curso político este mes de septiembre nos señala que la ciudad afronta muchos retos. Supongo que los más importantes tendrán que ver con el parón de la actividad económica y cómo afecta a una población que ya viene baqueteada de crisis anteriores. Las colas aquí al lado en el Banc d'Aliments son largas. Algo está pasando. Cómo irá lo de la vuelta al colegio. Qué futuro le espera a una ciudad que tiene en la hostelería un escaparate y que funciona a medio rendimiento. En fin, las cosas. 

Pero no. Parece que volvemos a donde estábamos. Después de la marejada de las ocupaciones y cómo se ha demostrado que esto de las ocupaciones es lo que es y no esa fiebre loca de no poder salir ni a comprar porque 'se te meten', llega el equipo de Gobierno y se desmarca consintiendo este reportaje en prime time. Bad boys. 

Septiembre en Santa Coloma. No ha habido fiestas porque no se ha buscado ninguna alternativa, pequeña, que mantuviera la vida cultural, algo, en la ciudad. Septiembre que empieza a lo vivo. Ciudad sin ley. Más mano dura. 

¿Es esto lo que somos? ¿Es esto lo que queremos ser? ¿Son las redes y los voceros tremendistas los que realmente marcan la agenda del Ajuntament?

¿Qué nos queda por ver?

lunes, 7 de septiembre de 2020

Otra encuesta. Más de lo peor.


Una nueva encuesta sobre unas posibles elecciones en Catalunya que ya no serán este año y serán en febrero si es que eso. El eso es muy importante porque según que eso igual no hay elecciones y algo se inventa la gente de JXC para no perder el mango y la sartén y todo. Más todavía con estos resultados. Comencemos por nosotros mismos, en el caso, tan improbable como el de las propias elecciones, que nuestros resultados propios nos importen algo. Perdemos un diputado. De 8 a 7, que puede que no le interese a nadie y puede que le interese a alguien. Es perder, aunque sea menos que en el País Vasco y menos todavía que en Galicia. Pero no es avanzar. Insisto en que este resultado nos interesa principalmente a nosotros y poco más si es que nos interesa y nos demuestra que, rascar, rascar, queda poco de rascar ya entre nosotros. No vamos a ir a mucho peor e incluso solo nos queda crecer. Ese es el espíritu optimista y si no, siempre queda ese ADN resistencialista tan nuestro de que resistir es vencer y que ahora toca organizarse y esas historias que nos suelen ir tan bien. 

Digamos que el resultado que marcan las elecciones y las reflexiones que se están haciendo tanto desde ERC como desde PSC nos marcan un escenario en el que ERC volvería a gobernar con JxC y sin ser necesario el apoyo de la CUP volveríamos al mismo sitio, pero con otro orden, por lo que no habría orden. ¿Un govern con president de ERC y JxC mirando? El enloquecimiento sería gordo. ¿Cuánto duraría? ¿Tendría viabilidad? Quizás se quedaría como ahora, con un president queriendo parecer que hace algo y finalmente sin nadie más que sus fieles a su alrededor mientras los demás hacen lo posible por putearlo. Ya me imagino quién saldría al rescate. Así las cosas, el resultado que ansiamos, victoria de ERC, PSC bien y nosotros ahí, para favorecer un tripartito y cambio de mayorías a lo que apostamos y fiamos nuestra suerte, parece una utopía. Aunque cosas peores se han visto.

Los políticos somos así, señora. 

En otro orden de cosas, la encuesta dice que por primera vez los independentistas ganarían tanto en escaños como en votos. Es decir, la abstención del voto no indepe (me niego a llamarlo unionista, constitucionalista o lo que sea porque en ese bando cada uno es de su padre y de su madre ¿no?, uno ya no sabe tampoco nada, los políticos, etc.), favorecería que los votos independentistas, que son dos millones y pico llueve o truene tengan más valor y por ende más representación, o al revés. Me da igual. 

Quizás el hecho de que el proyecto independentista se quede simplemente en un horizonte que no es tangible, que el riesgo a que eso pase de verdad sea menor, lo que desmovilice al voto no independentista. Vean lo de Ciudadanos, el riesgo de no ver la patria en peligro deja a la gente en casa. El resto de cosas que pasan, la política de cada día, da igual.

Y es una mierda.

Es una mierda que contemos que por primera vez el voto independentista sea mayoritario como si el voto independentista fuera el eje o la amenaza. Contemos los votos de los partidos de derecha, neoliberales o social liberales. Ya ni siquiera vamos a autoengañarnos con los votos de izquierdas y los de derechas. Lo verdaderamente preocupante es que el único eje sobre el que gire la vida política en este país sea el nacional. Independencia sí o no y una parte del electorado pasando del tema porque lo de la independencia ya no va a ser como quizás pudo haber sido. Así tenemos un electorado desmovilizado que quizás no encuentra quien le escriba. 

Un electorado que quizás espera algo que nosotros deberíamos saber lo que es y dárselo. Ofrecerle ese discurso. Y no veo que nuestro discurso sea malo, ojo, que es lo que tenemos que decir. Pero no sé si con eso nos va a bastar. En tiempos en los que la gente quiere orden o mandarlo todo a la porra, incluso todo junto, nosotros no sé qué punto ocupamos. 

Baja Ciudadano de manera ostensible, pero ese voto se va al PSC en menor medida de lo que debería ser lógico. El PSC también he dicho que no lo peta pero al PSC le da igual, ya solo se mueven en las locales. VOX entra con cuatro, lo que dará carnaza y más gresca inútil entre banderoides. 

Y lo demás qué. Qué nos queda. Seguiremos recordando aquella vez. No tan lejana. Qué pasó con.

Nos reunimos y ya os lo cuento.  

Foto: encuesta de Gad3 para La Vanguardia

Estoy pensando en dejarlo - Charlie Kaufman


Una película de Charlie Kaufman ya es sinónimo de aventura. Y lo podemos resumir todo con una frase que dice uno de los personajes y que estoy seguro de no trasladar perfectamente a este texto. Normalmente acostumbramos a pensar que nosotros viajamos en una línea del tiempo. El tiempo avanza y nosotros con él y las personas que nos acompañan. Pero puede ser que nosotros estemos fijos en el tiempo, en un tiempo, y que las personas y lo que nos rodea avance o vuelva en el tiempo. Podría ser. Pero no acostumbra a ser. Y por eso esta película de Charlie Kaufman como director y guionista, así como buena parte de su producción como director y guionista gira en torno a ese manejo del tiempo de una manera libre. Lo que está pasando en escena puede que no siga pasando dentro de un rato o que pase de otra manera y tú te sorprenderás y llegará un momento en el que no entiendas nada y otro momento decisivo en el que a) te de igual o b) no te de igual. 

Esta nueva película se llama Estoy pensando en dejarlo y se nos presenta como la fotografía de una pareja recién constituida o no que va a visitar a los padres de él como pareja por primera vez y ella piensa en dejarlo porque no acaba de verlo claro. Y a partir de ahí todo lo que pasa pues pasa, o ha pasado, o va a pasar, o pasa y ha pasado a la vez y los personajes son los mismos pero cambian y ahora son y ahora son otra cosa y ahora llevan la tirita aquí y ahora la llevan en el otro lado. Los personajes. La pareja, otra pareja que aparece en pantalla en una televisión que protagoniza una pequeñísima historia y que finaliza tan bien que en los créditos aparece dirigida por Robert Zemeckis, en lo que parece un zasca privado o una broma de colegas que ahora mismo no sabría decir porque no les conozco a ambos. 

La película me gustó. Me gustó que me tuviera en vilo una vez que ves que todo va a ir de sorpresas, de cambios, de imperceptibles cosas que no cuadran, que parezca a veces una película de terror, que sepas que no lo es porque no lo va a ser, que parezca una comedia porque te ríes o se te escapa una risa tonta y sabes que te estás riendo y no va a haber más risas, me gustó. Me gustó y me dormí. Que tampoco pasa nada por decirlo. Me gustó y me dormí porque la película tiene momentos de conversación espesa que en horario de siesta y con una edad como la mía no son compatibles, así que reconozco que algún coscorrón me dí, pero breve, ojo. Me los dí preferentemente en la parte del viaje hacia la casa de la madre y ya creo que nada más. Conversan los novios, la pareja, Jake y la chica.

La chica que no tiene nombre. La chica que se parece a Iciar Bollaín de joven y esa imagen de Iciar Bollaín de joven no me dejó durante toda la película y a mí me gustaba Iciar Bollaín de joven y por eso ya miro la película con simpatía y quizás todo ayude, aunque me diera algún coscorrón, a que el argumento lo vea y lo aprecie y que todo sea pues como uno espera.

Una historia que no sabe nadie porqué comenzó ni cómo y que no sabe si ha acabado o si está acabando en el momento en el que aparece el vigilante del instituto o qué narices pasa ahí. Qué narices pasa en todo momento. Qué pasa. 

Pasa lo de siempre. Que al que le gusta contar historias ya no le basta con contarlas, que cuando te pones a crear, pues te pones. Y si hay quien te lo financia pues avanti tutti. Y uno piensa, pues claro que sí, hombre, no hay miedo. 

sábado, 5 de septiembre de 2020

Sentido de la aventura


No suele ocurrirme con mucha frecuencia pero sabemos todos que no estamos nunca a salvo de caer en los errores más increíbles. El otro día, saliendo de casa, volví a ver el bar abierto debajo de casa después del periodo vacacional. Como iba a trabajar no quise entrar y lo hice después. Pedí una botellita de agua para poder dar conversación con la tranquilidad de estar consumiendo y me dispuse a preguntar por el mes de agosto. Cada uno contó sus vacaciones y yo conté mi periplo veraniego. Hasta que en un momento, cuando relataba los encantos de una villa, una de las camareras del Bar me preguntó si no había visitado unas ruinas prehistóricas que se encuentran en un monte de los alrededores y le dije que por supuesto que sí y que había llegado incluso a sentir cierta energía que había en el lugar, motivo por el cual seguro que aquellos antiguos pobladores habían llevado acabo aquella construcción. 

Alguien me preguntó que de qué energía le estaba hablando y yo completé mi narración explicando la vinculación desde antiguo de ciertos lugares con ciertas energías que habían llevado a considerarlos sagrados. Les conté lo que me ocurrió un día yendo a comprar al mercado.

'Aquel día iba yo a comprar pescado para hacer un arroz. Una sepia, lo normal. Y antes de llegar quise entrar en una tienda que hay en la calle en la que venden especias. Justo al entrar, la primera bafarada de olor me transportó a otro lugar. Me imaginé estar en un mercado de Lahore y me imaginé estar planificando un viaje desde Afganistán hacia algún lugar del Asia Central para conocer aquellas tierras y quién sabe si encontrar mi lugar en el mundo. Compré un bote de pimentón rojo y me fui'. 

Alguien me volvió a preguntar por lo de la energía. 

viernes, 4 de septiembre de 2020

Extrañamente


- Pero eso no puede ser...

- Que sí. Me lo contó y jura y perjura que es real. Que cuando se lo contaron a él tampoco se lo podía creer, pero que pasó como lo cuenta. Que salió a pasear un día y se perdió por no seguir las indicaciones y actuar de memoria. Y entonces se metió por una vereda y la vereda le llevó a un camino y terminó frente a la casa de alguien. Y ese alguien parecía estar en la puerta haciendo algo, algún tipo de trabajo relacionado con la agricultura, no sabía. Y le preguntó que dónde estaba, porque sospechaba que se había perdido. Y este señor que estaba en la puerta dio una voz y llamó a su mujer por su nombre de ella y ella salió a la puerta e invitó al colega a entrar en la casa. Y éste dice que entró confiado en que le dirían algo o le darían algún mapa y al entrar por la puerta vió cómo había apoyado contra la pared un contrabajo y una guitarra y la mujer cogió la guitarra y le hizo un ademán para que cogiera el contrabajo y él no supo decirle que no sabía tocar el contrabajo y ella comenzó a tocar la guitarra, muy bonito, y a cantar, muy bonito también, y creyó reconocer la canción, algo de folk de los setenta e hizo ademán de mover la cabeza para que se entendiera que conocía la canción y que la podía tararear, pero la mujer quería que le acompañara al bajo y él no sabía cómo decirle que no y siguió haciendo como que prefería escuchar y entró el otro hombre en la casa y dijo 'pero qué pasa con este gilipollas, por qué no coge el contrabajo?' y entonces se vió en la obligación de afirmar que no, que no sabía tocar el contrabajo y el hombre le dijo 'pero cómo no vas a saber, cógelo ya joder'. Y ahí se ve que se asustó bastante.

- Eso es lo que no me cuadra.

- Que se asustara.

- Pues sí, porque nunca se sabe si tienes una habilidad adquirida y se te olvida por lo que sea que la tienes y temes que estés perdiendo...

- Pero tan joven.

- Es que claro, qué hacía por esos caminos...

miércoles, 2 de septiembre de 2020

Negociador - Borja Cobeaga


Si hay un género o estilo o categoría o recurso que me gusta y me gustaría practicar en la ficción, es aquel que consiste en contar cosas normales, escenas cotidianas, en un marco de aquellos trascendentes, grandiosos, momentos claves de la Historia, resultando relatos que en su normalidad parecen absurdos. 

Algo así creo que pasa con esta película de Borja Cobeaga, Negociador de 2014, en la que nos cuenta de manera figurada (aunque uno se huele que igual no tanto), las negociaciones entre Jesús Eguiguren y la cúpula de ETA que fueron un primer paso para el cese de las actividades de la banda. Todo con nombres figurados, claro. 

La película podría ser una reivindicación del papel del personaje que encarna Ramón Barea, un trasunto de Eguiguren, un personaje díscolo dentro del socialismo vasco, pero que siempre tuvo cargos en el partido. Sin embargo, no reivindica nada y pese a tener buenas intenciones, no deja de comportarse como un gipollas en cuanto tiene ocasión. De hecho, parece que la intención de la película, acertada en mi opinión, es la de pintar todo el cuadro como el de un conjunto de gente bastante gilipollas que tiene en sus manos asuntos importantes. Muy importantes. 

La trama es sencilla. El personaje de Barea va a comer a un restaurante y se ha cansado de que los parroquianos del lugar nunca le saluden aunque se conozcan desde el colegio. Saben que es un político socialista y se supone que los demás son abertzales. Así que se decide a emprender por su cuenta un diálogo o negociación (una de las discusiones semánticas entre las dos partes) con los representantes de ETA, se supone, para avanzar en algo. Así que pide permiso al gobierno, más bien avisa al gobierno y nada más y se va para el sur de Francia, donde tendrán lugar las conversaciones. En un hotel, supervisadas por una entidad internacional y con un representante del otro lado, al que reconoce en el hotel. El personaje del representante de la banda, si el socialista ya está caricaturizado, el otro corresponde con muchos de los tópicos que nos imaginamos. Malcarado, sin sentido del humor, hosco. 

Y como ya suponemos en cuanto se conocen, esperamos el momento en el que se caerán mejor y la cosa irá para delante. El asunto está en que el representante cambia en un momento, lo sustituye otro mucho más duro y todavía más gilipollas que el anterior, personaje que interpreta el bonico del tó, Carlos Areces. Llama la atención de que para interpretar a este personaje no hubiera un actor vasco, cosa que si que pasa con el otro. 

Al final lo que queda es una película extraña. Eso que anuncian en el trailer como una No comedia. Una película que nos retrata escenas de vida de personas que tienen cosas importantes entre manos y que, finalmente, hacen las mismas gilipolleces que el resto del mundo, por lo que no debemos extrañarnos que, detrás de tanta teoría, tanta tesis, tanta formación, tantos libros, tantas reuniones, tantos documentos, lo que quedan son personas con sus gilipolleces. 

Spoiler, en la escena final el político socialista consigue lo que quería. Y toda una peli en la que quienes esperaban ver otro Ocho apellidos vascos o alguna cosa profunda sobre la política vasca, se queda en eso. En que todo es cuestión de piel. 

Justo en el momento en el que se va a emitir Patria, serie basada en el libro que no he leído, y que ya antes de empezar ha causado polémica, Negociador parece un esfuerzo por contar una historia trascendente y que tanto dolor ha causado como una historia que en realidad protagonizan personas y personas bastante... ya no lo digo más.   

Volver sin fiestas

Cuando era pequeño y volvíamos de las vacaciones en el pueblo, en Jaén, bajábamos los

cristales del coche al entrar a Santa Coloma y recibíamos esa bocanada de aire caliente y

húmedo que nos decía que sí, que estábamos en casa. Y no me gustaba. Afortunadamente, la

Festa Major d’Estiu servía y sirve aún hoy como espacio de reencuentro para los colomenses

que regresan de sus días de descanso y también para prolongar durante el primer fin de

semana de septiembre la ilusión de que la vida puede transcurrir todavía entre actividades

fascinantes que nos preparan para el regreso a la cotidianeidad.

La Festa Major d’Estiu no se ha llevado a cabo este año por causa de la pandemia, así que nos

quedamos sin las actividades típicas, los conciertos en la Plaça de la Vila, los bocatas en la Fira

d’Entitats, las atracciones en Can Zam, las habaneras, las jotas o los fuegos artificiales que se

quedan en nuestra retina como último chispazo de un verano que, aunque falte un mes para

que sea científicamente así, se acaba.

Una Festa Major d’Estiu que en sus orígenes surgió como una manera de despedir a los

visitantes barceloneses que pasaban sus días de vacación en las segundas residencias y que

amortigua el golpe del regreso. Tengo un amigo que no volvía para las fiestas. Prolongaba su

estancia en el pueblo todo lo que podía y más y no le importaba lo más mínimo reencontrarse

con nosotros durante esos días. Pesaba más el pánico a volver a la realidad que las ganas de

vernos y disfrutar de la alegría y frenesí de las fiestas locales. La ciudad en la calle, la juventud

divirtiéndose en el Sintonizza, los mayores haciendo cola para el ron cremat, los niños en lo

que quiera que hagan los niños y toda Santa Coloma tirándose agua en los corretapas, todo

eso, todo estupendo.

De qué iba este artículo que me pierdo. Esa bocan
ada de aire caliente y húmedo entrando por

el Parque Europa, volver a Santa Coloma, la Festa Major d’Estiu. Aquella sensación agridulce.

Pues este año sin dulce.


Artículo publicado el 1 de septiembre en El Periódico de Catalunya