martes, 27 de junio de 2023

Miedo a un planeta Albiol


Ahora todo el mundo ya lo sabía, lo intuía, tenía constancia, era consciente, tenía entendido o lo sospechaba porque el PSC ya ciudadaneaba o vete a saber tú qué prejuicios o qué construcciones mentales hay en las cabezas políticas colomenses. Yo no. Yo no podía creer que, más allá de alianzas puntuales para romper el bloque derechista que se podría formar y con un Dimas Gragera que se puso de cara desde el primer momento, incluso desde antes de ese primer momento cuando rompió el pacto para pedir un pleno extraordinario para aclarar las cosas judiciales del PERI Ciutat Vella, con la intención de que no se le situase en la foto de la derecha y la derecha extrema, se llegase al extremo de incluir en el gobierno municipal a Ciudadanos. Era algo que me parecía innecesario. Es algo que me sigue pareciendo innecesario. Lo que ahora escribo es una más de las reflexiones apresuradas sobre un hecho que parece de cajón, que parece dado, pero que a mí me sigue pareciendo extraño. Porque de todos y de todas es sabido que Núria Parlon se ha esforzado durante mucho, mucho tiempo, en aparecer como una política socialista diferente, capaz de tener buena prensa en los círculos izquierdistas, ella es diferente, ella no es como el PSC de la Marín, ella representa otra cosa. Otra cosa que muchos colomenses de izquierdas han asumido como disculpable para su pureza ideológica o performativa y les convierte en parlonistas antes que socialistas. Y sin embargo, este giro de guión parece que desconcierta. Aparecen muchas teorías y muchas de ellas tienen consistencia y tienen razón. Yo me quiero quedar con una idea. Albiol en Badalona ha alcanzado los 18 regidores. 18 regidores son muchísimos votos y en una ciudad como Badalona parece extraño que tanta gente pueda votar al PP, pero no votan al PP, votan a Albiol. Y votan a Albiol porque Albiol les promete limpieza. Le votan socialistas, le votan unos, le votan otros, le vota tanta gente que suma 18 regidores en Badalona. Albiol les promete limpieza, les promete seguridad, les promete quitar de en medio a los vagos y maleantes. Y para ello se pasa cuatro años haciendo campaña por todo tipo de lugares. Está en todas partes. Y ese modelo, aterroriza, seguro, al PSC local, que no quiere que le ocurra lo mismo que al PSC badalonense. Ciudadanos, Dimas y su gente, ha hecho durante cuatro años eso mismo que ha hecho Albiol, en las calles, prometiendo eso mismo, limpieza, seguridad, policía, populismo de derechas, soluciones fáciles a problemas complejos. ¿La segunda residencia? En la Ciba, que no sirve para nada. Más aparcamiento en lugar de pacificar calles. Ese trabajo le ha servido para no morir. Ciudadanos ha muerto, pero Dimas y su modelo, no. Y eso se lo ha querido apropiar el PSC local antes de que se lo quede otro. El terror a que el modelo Albiol se contagie a Santa Coloma. Por la izquierda no le va a venir, porque la izquierda le da igual, pero por la derecha, quizás. Así que nos ponemos el parche, nos apropiamos de esa forma de hacer y de pensar y palante. Y veremos a ver la Ciba qué es lo que pasa o si a los de Ciudadanos de repente les empieza a dar igual. Que total, a ellos ya qué más da, si son un ejemplo de supervivencia que debería estudiarse en las academias. El problema es saber qué modelo de ciudad tiene el PSC. O no saberlo. Ahora ya de manera definitiva. O si el modelo es Albiol sin Albiol.

Enhorabuena a los premiados. 

Y a la izquierda colomense, nos toca pensar. Pero pensar de lo lindo.  

lunes, 26 de junio de 2023

A la hora de Sumar


Las noticias estos últimos días van reproduciendo un esquema por el que se nos anuncia un apocalipsis en cada nombramiento, un retroceso en cada primera decisión, una vuelta a los años 40 en cada intervención policial, una catarata de pérdidas de derechos por cada anuncio de gobierno. Todo parece haberse confabulado para que eso de que 'todos son iguales' quede absolutamente desmentido solo unas semanas después de haberse producido el resultado electoral del 28 de mayo. No, no todos son iguales y lo estamos viendo estos días. Y lo vamos a ver a partir del 23 de julio si es que no hay una movilización de los votos de esa gente que dice que la izquierda ya ha perdido su razón de ser, que al final no consiguen hacer nada, que todo es producto de una inercia o que nos hemos dedicado a temas superfluos. Que en lo importante no va a cambiar nada. Y vaya si cambia. Y sobre todo, vaya si cambia si no hay una organización de izquierdas fuerte que apuntale y tenga impulso suficiente como para seguir ganando derechos. Derechos para todos y para todas. Derechos para las cosas del comer y derechos para esas cosas que dicen que son superficiales los que se creen que todo es recio, fuerte, viril y consecuente. Esos derechos y todos los derechos están en tela de juicio por parte de las derechas. Unas derechas que ya no huelen a viejo, sino que han conseguido que lo nuevo sea lo pavorosamente arcaico. No hay día en el que no tengamos la tentación de querer basarlo todo en el terror que produce que se de un salto hacia atrás disfrazado de huida hacia delante. Y nada más desastroso que pensar que todo debe basarse en el miedo, en lo anti, en el mal menor. No podemos quedarnos ahí. Si de algo ha de servir el esfuerzo titánico de unir a tantas fuerzas políticas diferentes pero no tanto, lo quieras ver o no, es para plantear un escenario de futuro, de futuro posible, de futuro cierto. Hay un futuro que se construye ahora, no es un futuro que se construye solo acudiendo al miedo, al horror que nos produce una extrema derecha que. No hace falta decir mucho más. Es una cuestión de números. Y los números nos dicen que hay que sumar. Sumar votos, sumar a gente que crea que estos cuatro años no han sido un espejismo, que no han sido el principio y el fin de algo efímero, sino que son una prueba de que es posible tener un gobierno que esté a favor de y no siempre con el freno de mano echado, con excusas sobre posibilismos, en manos de fuerzas políticas que condicionan para el retroceso y no para el bien común. Es el momento de seguir creciendo y seguir sumando, cada vez más, cada vez con más, con un discurso pegado a la realidad de la gente, transmitiendo ilusión y poniendo buena cara donde otros ponen resignación y dejación de responsabilidades. Vamos a ganar porque tenemos que ganar. Y tú no te quedes mirando. 

Fin de semana en Rusia


Cuando éramos niños soviéticos nos parecía que los soviéticos eran especialmente torpes. Desganados, apáticos, parecía que les daba igual. Veíamos a la selección de fútbol y parecía que se dejaban perder. La de baloncesto tenía a Sabonis pero por lo demás transmitía el mismo aire. Los deportistas individuales igual, en el momento clave, no aguantaban y caían derrotados. En las películas americanas asumíamos que los soviéticos, los malos, eran los malos y que siendo los malos, naturalmente no iban a ser más listos que los buenos. Te daba coraje, pero era así. Sin embargo, con el paso del tiempo, uno llega a pensar que realmente, lo de la Unión Soviética y concretamente lo de Rusia, era difícil de mantener. Un fin de semana en Rusia. Un grupo de mercenarios armados hasta los dientes pero un grupo de mercenarios al fin, como el Equipo A pero con más gente, se subleva, gira las escopetas y en un día se plantan a 200 kilómetros de la capital y qué pasa. ¿Ha pasado algo? Un golpe de estado que se queda a las puertas de armarla del todo porque no se sabe qué es lo que finalmente se estaba buscando, si un golpe de estado, si simplemente dinero, vete a saber. Vete a saber, así en general con todo lo que está pasando en Rusia y con la guerra de Ucrania y todo ese fregado donde sabes quiénes son los malos, todo el rato. Y los malos son los de Putin, más cuando el amigo se casca esos cinco minutos de discurso comparando a los de Wagner con los bolcheviques y se queda tan ancho. Un anticomunista de libro. Más de derechas que el palo de la bandera. Y qué país, y qué gente, que están en una guerra y no son capaces de detectar que hay como 25000 pavos que se van a girar y van a tirar hacia Moscú y nadie hace nada por detener eso ni cortarlo antes. Ojo, que nadie lea que es que a uno le hubiera gustado mayor eficacia y que la guerra fuera diferente y todo eso. Que no, simplemente no le deja de sorprender a uno que en un país con armas nucleares se pueda llegar a 200 kilómetros de la capital y que de repente el líder del movimiento diga que bueno que lo deja y que ya si eso. Y todo eso en dos días. Y todo eso así, en vivo y en directo. Fin de semana en Rusia, han tomado una ciudad, ahora la han vuelto a desocupar, los negocios siguen tranquilos, la gente pasea por las calles. La gente se muere en Ucrania. Dicen que el presidente Putin se ha ido a San Petersburgo. Los oligarcas están decidiendo qué va a pasar. Cuando éramos niños no nos hubiéramos creído que ese país que atraía las simpatías de tanta gente no tenía nada detrás. Todavía hoy hay quien se cree que nada ha cambiado. Eso es lo peor. 

viernes, 23 de junio de 2023

Ser alguien


Being someone, ser algú, ser ningú, nadie te conoce cuando estás down and out, este va a ser un tema recurrente durante unos meses. Ser alguien, sentarte en los sitios, no levantarte cuando te lo piden, no ser consciente de que no eres nadie, eres alguien y mereces estar sentado, porque lo eres, los símbolos, los signos, los identificativos, los saludos, las palmadas, los gestos, estar sentado o estar de pie, ser citado, ser nombrado, te tienen en cuenta, has sido seleccionado, podrás decir, tienes algo, estás sentado o estás de pie, ser alguien después de tantos años sin haber sido nadie, estar en sitios donde nadie antes te había visto, estar en sitios donde ya nadie te espera, donde crees que eres pero ya nadie te va a mirar, parte del decorado, dar ambiente, la nota de color, no es nadie, no ha sido nadie, eres algo, vas de algo, quieres algo, que se note, que se sienta, que se aprecie, el momento ha llegado, ahora estamos aquí y va a quedar claro, meridianamente claro que somos, somos los que estamos, pero no había nadie, porque no siempre es todo lo que es y seguro que había otros sitios donde ser y estar y parecer. Ser, estar y perecer. El sitio, la foto, el momento, la personalidad que entra y que avanza hacia los puestos de privilegio y quién te lo iba a decir y a ti y a ti que ibas a estar allí y que en todo ese marasmo de personas había una persona que estaba y por eso, espera, que quizás por eso mismo, claro, para que no se relacione una cosa con la otra, no vaya a ser, pero igual no se lo dijeron a todo el mundo, o yo que sé. I wanna be me, i wanna be you. Esa canción de los Sex Pistols, ya ves tú que cosa tan antigua, tú quieres ser yo, no quieres darte cuenta, eres tú, pero tú deberías darte cuenta de que posiblemente todo el mundo sabrá, en esta ciudad, que no eres nadie. Y lo que eres no merece la pena. Merecer la pena, aunque no seas nadie, aunque nadie te de una palmada por la espalda, un abrazo, un saludo, un amigo y un siervo. Eres nadie, eres nada, eres poca cosa, eres mac o eres pc. Hay quien se cree pc y quiere ser estar y perecer. Estás ya pereciendo y estás creyendo que eres alguien. Ser alguien. Ser como alguien. Estás ya pareciendo alguien. Estás. 

miércoles, 21 de junio de 2023

Vladimir Nabokov - Pnin


Creo que ya lo dije cuando hablé de 'Una belleza rusa', pero lo vuelvo a repetir. De repente, leyendo a Nabokov, uno tiene la sensación de que escribir bien debe parecerse mucho a esto que hace él. Escribir bien significa mucho más que tener una buena historia, que atraparte, que meterte dentro. Escribir bien es algo que uno percibe que pasa o que se consigue en determinados momentos. Esta no es la novela más famosa de Nabokov, tampoco parece ser la mejor, simplemente la compré porque me pareció que la historia podría ser interesante y, disculpen, el tamaño me garantizaba que si la cosa no iba bien no me iba a martirizar con un tocho infumable. Esta es una historia que seguro que se ha contado muchas veces y que tiene un interés relativo y que posiblemente suscite el interés de algunos raros apasionados de lo ruso, los emigrados, los revolucionarios, la Europa de entreguerras, centroeuropa, cosas así. Incluso cuando podemos decir que esta obra ya es parte del canon norteamericano del propio autor, el tema no deja de ser muy ruso. Esta historia tiene un interés extraño, porque puede parecer completamente ajeno a tu mundo y el mío y sin embargo, hay algo que es universal. Esta es la historia, o un momento de la vida de Timofey Pnin, profesor ruso nacionalizado norteamericano en una Universidad norteamericana sin demasiado nombre, que vive de habitación en habitación, impartiendo una asignatura que interesa a un público reducido, con una vida en la que cualquier contratiempo puede complicarse más, en la que todo puede suponer un peligro, en el que las manías y las rutinas y los recuerdos y la incertidumbre y el peligro constante de vivir fuera de sitio, se van mezclando para ofrecernos un relato de una vida en la que la erudición más inútil puede convertirse en lo único a lo que agarrarse, un amor que no lo es pero que pudo ser pero que nunca lo fue, una historia en la que sin quererlo Pnin es protagonista de un mundo paralelo en el que él vive y los demás le observan y disfrutan o padecen con su forma de estar en un espacio que le es ajeno, en un idioma que transforma, en el que todo puede ser cómico y triste a la vez. Y no es la historia. Es cómo está contada. 

martes, 20 de junio de 2023

Chaco


- No lo veo.

- ¿Y ahora?

- Tampoco.

- ¿Ahora?

- Ahora creo que sí.

- Y qué ves.

- Están comiendo y hablan entre ellos.

- Qué cabrones.

- Solo comen y hablan.

- Por eso. 

- ¿Y qué?

- Comen y hablan como si nada.

- Pues como nosotros.

- Nosotros no.

- Nosotros también. 

- Pero ellos son ellos. Y están ahí. 

- Pues nosotros estamos aquí.

- Pues por eso. 

lunes, 19 de junio de 2023

Esto ocurrió antes


Esto ocurrió antes, en aquel tiempo, aquel paréntesis en el que había un consenso general en que el ser humano venía del mono y que mediante la ciencia se explicaban las cosas. Era entonces cuando yo tuve un amigo que se llamaba Tadeusz y que trabajaba en un despacho. Movía papeles, escribía textos, llevaba un portafolio, una tarjeta con su nombre, llamaba por teléfono, enviaba correos, acudía a reuniones. Tadeusz era amigo mío por culpa de otro amigo mío, Abraham. Abraham había ido conmigo al colegio. Tadeusz era cuñado de Abraham. Yo era amigo de Abraham. No me quedó más remedio. Tadeusz nos encontraba pocas veces en la cafetería al salir del trabajo. Rara vez comentaba su vida laboral con nosotros, pero le apasionaba hablar de política. Sin pies ni cabeza reproducía lo que escuchaba al vuelo en el despacho y nos lo reproducía como si fuera un mensaje sagrado. Nunca le escuché hablar a favor de nada, para él había un defecto en cada una de las decisiones que tomaba tal o cual gobierno, su prédica consistía en hacernos creer que todo iba mal. Y que iría peor. Eso era antes, cuando la que sigue siendo mi esposa trabajaba en una copistería. Tadeusz, Abraham y nuestras respectivas parejas quedamos para comer y salir a tomar copas algunas veces. Abraham no soportaba a Tadeusz y a mi me producía una especie de lástima, pobre hombre oscuro, pequeño. Abraham tenía razón.