jueves, 30 de agosto de 2018
Lenin jefe
Entonces, no, no te rías, entonces va y me dice, no, es que como tú eres el jefe.. . y yo le digo, pero qué jefe ni que jefe, qué coño estás diciendo de jefe. Y va y me dice que sí, que como soy el jefe pues que yo tengo que... y le digo, mira, como de verdad sea yo el jefe entonces sí que vas a flipar, que jefe ni que jefe. Y me dice, pero con todo el morro, que bueno, que con tanto rollo y tanto tanto, que si lo que quería era mandar, pues que ya lo puedo ir haciendo, que qué me creía que era eso de ser jefe, tantas ganas que tenía. Y yo que me lo quedo mirando así y le digo, pero qué mierdas estás diciendo, de jefe ni que jefe, que solo te he preguntado por lo de la máquina aquella que dijiste que ibas a preguntar y ahora me sueltas que qué me cuentas y que como yo soy el jefe. De verdad que es que me quedé flipando. Que como yo soy el jefe, dice. El jefe. Qué jefe ni qué jefe. A ver si estamos aquí que si con las reuniones, con las reuniones y con su puta madre ya de las asambleas y las reuniones y la ostia y resulta que no, que como es que yo soy el jefe. Y que el primero que te lo dice es uno que lleva toda la vida aquí viniendo y dando la murga y ahora va y me dice que si tantas ganas tenía... Te juro que yo no me río, bueno que sí que me río, porque es que te tienes que reír. O sea, que el jefe. El jefe. Las ganas que tenemos de tener a uno que mande, uno que diga 'aquí' y todos aquí. No aprendemos nunca. Uno que se ponga delante, y las ganas que tenemos todos de ser ese que se ponga delante. Yo es que no entiendo. El jefe. Que como yo soy el jefe pues tal. Y todos ahí con la boca abierta esperando a ver qué. Y yo ahora no sé, y yo de esto no entiendo, y eso no lo estaba llevando nosequién, o eso es que es así y ahora a ver quién lo cambia. Y lo que tú digas. Y lo que a ti te parezca. Y si tu lo dices, pues será. Y así. Y ya no discute nadie conmigo. Y coño, que lo que a mí me gustaba era discutir. Porque así, ya te digo ahora que vaya mierda de rollo que estamos montando como no discutamos al menos. Es que discutir, va y me dice, espera, va y me dice, es que lo de discutir crea división y crea una sensación de desasosiego que... y yo ya no sabía dónde meterme. Entonces tiene que ser lo que yo diga. Y que yo soy el jefe. Te voy a decir una cosa, le dije, como sea el jefe yo un día y ese día igual no llega nunca pero igual soy yo el jefe un día, te lo voy a decir porque no te veo que te vaya a quedar claro si no te lo digo, como sea yo el jefe, no te digo más que te vas a cagar las patas abajo como sea yo el jefe. Porque visto lo visto, me cago en el jefe y en la madre que parió al jefe. Tú te crees. Pues así estamos. Hasta hoy.
miércoles, 29 de agosto de 2018
Freak Show
Una de las cosas más divertidas de twitter es seguir las cuentas que se encargan de recoger las cosas inverosímiles y ridículas que hacen según que indepes en su afán de llenar de lazos amarillos el territorio. A la comprensible y necesaria reivindicación de la libertad de los políticos presos a raíz de todo lo sucedido durante los últimos y nefastos meses del año pasado, esas performances le unen un punto de frikismo que hace que no te las tomes en serio. Si a ello le añadimos la incesante campaña del President Torra de actos simbólicos y bendiciones de botijos, actos religiosos y presentación de una Catalunya rancia que a muchos nos parecía cosa de otro tiempo y de otras tierras que tanta risa nos dan, tenemos un panorama bastante esperpéntico aquí en Catalunya.
Pero no están solos.
Hace unos días, Cayetana Álvarez de Toledo, política que fue cargo electo del PP y que ahora ejerce de opinadora, escribía en un artículo en el diario El Mundo que se había acabado la tontería y dado que Ciudadanos y PP criticaban la ocupación del espacio público, demandaba que Rivera y Casado, líderes de Ciudadanos y PP respectivamente, fuesen ellos mismos, con sus propias manos de ellos a retirar lazos amarillos. Porque se ha perdido la ley, el respeto y todo, y unos líderes han de dar ejemplo de lo que predican. Y como aquí ya no hay ni cabezas ni hay nada, Rivera se ha puesto a retirar con sus propias manos suyas unos lazos amarillos en Alella, acompañado por Inés Arrimadas y un nutrido número de medios de comunicación llamados a cubrir semejante acto valiente y tal.
Cuando estás cansado de reírte del frikismo de unos, llega el frikismo de otros y zas, ya no sabes para dónde mirar. Qué mierda de país. Al menos aquí, en este caso, Ciudadanos no ha subcontratado la recogida de lazos amarillos y lo hacen ellos mismos con las manos de ellos.
Había que pasar a la acción y Rivera lo ha hecho. Dando ejemplo. A los pocos minutos, la barandilla de Alella estaba otra vez llena de lazos amarillos. Me temo que va a haber lazos amarillos a punta pala a partir de ahora.
Hace poco, un catedrático, el señor Resina, llamaba a los indepes a pensar que la independencia no se iba a conseguir gratis, que iba a hacer falta violencia, víctimas, una mica de sang i fetge, para conseguir el objetivo. Visto lo visto, no se me ocurre otra que algún zumbado se tome las palabras de este emérito sabio al pie de la letra. Visto lo de Rivera, qué puede salir mal.
Hace unos días un incidente en la Ciutadella, levantó una hoguera. Una mujer rusa retirando lazos amarillos del suelo fue golpeada por otro señor. Que si era de Ciudadanos, que si el otro era indepe. Al final nada. Pero unos montaron el pollo para decir que esto es un clima de preguerra, poniendo fotos ful, y los otros se bufaban del tema en plan 'no te ha dao, cuando te de te vas a enterar'. Unos buscando lo mismo que los otros.
Supongo que ya no hay nada que hacer. Y habrá que esperar que un día a algún trallao se le vaya la mano y la liemos de verdad. O no.
Sea como sea, dentro de nada tenemos el 11 de septiembre, la Diada, ya convertida en un día en el que se celebra algo que ya no es lo que se celebraba. Tendremos una feria del lazo amarillo. Y por el otro lado, alguien se inventará algo.
Conclusión.
La cosa está mal. Las cabezas están mal. A los frikis y la derecha de uno y otro bando no le interesa que esto se vaya centrando en el tema central ¿qué queremos que sea el Estado español y cómo cambiarlo? Y siguen, unos apostando por mantener el poder, otros pensando que hacen la revolución con los lazos amarillos, unos y otros y todos sin mover un dedo por mantener el sistema.
Y mientras tanto, la mancha de aceite del fascismo y la extrema derecha va avanzando. Hungría, Polonia, casi en Francia, ya en Itala, manifestaciones nazis en Alemania... y nosotros aquí preocupándonos de lo que importa. Y lo tenemos tan cerca.
Un poquito de cangui, da.
Coda: Por cierto, hace unas semanas un concejal de Izquierda Unida fue asesinado en Asturias. Murió a golpes. No se sabe ni qué ni porqué. Pocos días después, Alberto Garzón fue agredido en Málaga. Igual la mano si que se está empezando a ir. Pero no dejan de ser de Izquierda Unida, nada grave.
Pero no están solos.
Hace unos días, Cayetana Álvarez de Toledo, política que fue cargo electo del PP y que ahora ejerce de opinadora, escribía en un artículo en el diario El Mundo que se había acabado la tontería y dado que Ciudadanos y PP criticaban la ocupación del espacio público, demandaba que Rivera y Casado, líderes de Ciudadanos y PP respectivamente, fuesen ellos mismos, con sus propias manos de ellos a retirar lazos amarillos. Porque se ha perdido la ley, el respeto y todo, y unos líderes han de dar ejemplo de lo que predican. Y como aquí ya no hay ni cabezas ni hay nada, Rivera se ha puesto a retirar con sus propias manos suyas unos lazos amarillos en Alella, acompañado por Inés Arrimadas y un nutrido número de medios de comunicación llamados a cubrir semejante acto valiente y tal.
Cuando estás cansado de reírte del frikismo de unos, llega el frikismo de otros y zas, ya no sabes para dónde mirar. Qué mierda de país. Al menos aquí, en este caso, Ciudadanos no ha subcontratado la recogida de lazos amarillos y lo hacen ellos mismos con las manos de ellos.
Había que pasar a la acción y Rivera lo ha hecho. Dando ejemplo. A los pocos minutos, la barandilla de Alella estaba otra vez llena de lazos amarillos. Me temo que va a haber lazos amarillos a punta pala a partir de ahora.
Hace poco, un catedrático, el señor Resina, llamaba a los indepes a pensar que la independencia no se iba a conseguir gratis, que iba a hacer falta violencia, víctimas, una mica de sang i fetge, para conseguir el objetivo. Visto lo visto, no se me ocurre otra que algún zumbado se tome las palabras de este emérito sabio al pie de la letra. Visto lo de Rivera, qué puede salir mal.
Hace unos días un incidente en la Ciutadella, levantó una hoguera. Una mujer rusa retirando lazos amarillos del suelo fue golpeada por otro señor. Que si era de Ciudadanos, que si el otro era indepe. Al final nada. Pero unos montaron el pollo para decir que esto es un clima de preguerra, poniendo fotos ful, y los otros se bufaban del tema en plan 'no te ha dao, cuando te de te vas a enterar'. Unos buscando lo mismo que los otros.
Supongo que ya no hay nada que hacer. Y habrá que esperar que un día a algún trallao se le vaya la mano y la liemos de verdad. O no.
Sea como sea, dentro de nada tenemos el 11 de septiembre, la Diada, ya convertida en un día en el que se celebra algo que ya no es lo que se celebraba. Tendremos una feria del lazo amarillo. Y por el otro lado, alguien se inventará algo.
Conclusión.
La cosa está mal. Las cabezas están mal. A los frikis y la derecha de uno y otro bando no le interesa que esto se vaya centrando en el tema central ¿qué queremos que sea el Estado español y cómo cambiarlo? Y siguen, unos apostando por mantener el poder, otros pensando que hacen la revolución con los lazos amarillos, unos y otros y todos sin mover un dedo por mantener el sistema.
Y mientras tanto, la mancha de aceite del fascismo y la extrema derecha va avanzando. Hungría, Polonia, casi en Francia, ya en Itala, manifestaciones nazis en Alemania... y nosotros aquí preocupándonos de lo que importa. Y lo tenemos tan cerca.
Un poquito de cangui, da.
Coda: Por cierto, hace unas semanas un concejal de Izquierda Unida fue asesinado en Asturias. Murió a golpes. No se sabe ni qué ni porqué. Pocos días después, Alberto Garzón fue agredido en Málaga. Igual la mano si que se está empezando a ir. Pero no dejan de ser de Izquierda Unida, nada grave.
martes, 28 de agosto de 2018
Lo que estabas esperando
Caminar por Santa Coloma después de regresar de las diversas estancias vacacionales o las reclusiones impuestas por que no se puede y no se puede, nos devuelve de golpe, como por arte de magia a las pequeñas cosas de la política municipal y a las ganas de preguntarnos porqué. Y cómo. Caminar por Santa Coloma, en el tiempo que sea, nos hace pensar y penar por una ciudad que, efectivamente, necesita reformas y retoques. Digo más, necesita de hecho un reformulamiento general, una especie de planificación global que, ay, no sabemos cuándo ni quién. Una reformulación, una nueva idea de lo que es y lo que queremos ser que debe o puede ser pensada entre todos y todas. Todo eso tan así que se llama Participación Ciudadana y que con estas cosas de las ciudades del cambio y la nueva política estábamos en el trance de establecer como algo perdurable, aplicable y masticable. Pero como ese calor de fin de agosto que tú crees que ya no va a ser calor y luego resulta que sí que lo es, caramba si lo es, y del que no puedes escapar pese a que por fechas y porque 'en xxx sí que hace calor', la realidad colomense y el marco conceptual de quien lleva las riendas de la máquina, nos vuelve a asaltar.
Lo que tanto esperabas. Santa Coloma, en un día como hoy. Gente paseando con bermudas y tirantes, aprovechando quizás los últimos días de vacación. Gente, también, que viene en estos días a Santa Coloma y pregunta por aquel bar... que recuerda cuando el Cine Goya... visitantes que un día se fueron y en estos días de fin de vacaciones, regresan. Por lo que sea.
Lo que tanto esperabas. Caminar por Santa Coloma y ver el cartel. Lo había visto antes pero quería verlo ante mí. No me lo podía creer. Lo que tanto esperabas. Ciudadano o ciudadana colomense, aguerrida luchadora que protagonizas reportajes de la Vanguardia en los que nos presentan como fieros continuadores de la estirpe de reivindicadores de lo común (inocentes reportajes donde todos somos socialistas y los que no lo somos no somos nada), tú que tanto has reclamado por que la calle Milà i Fontanals deje de tener esa acera 'de cuando hicieron la calle Milà i Fontanals' y le den un lavado de cara un poco en condiciones a la que posiblemente sea la calle más larga de Santa Coloma, tú, que quizás habías perdido toda esperanza, tú, ya tienes lo que estabas esperando.
El Equipo de Gobierno dispone y tú recibes, agradecido, lo que estabas esperando. Qué concepto es este. Qué clase de idea sobre lo que es la planificación de una ciudad, los servicios que se ofrecen, el bien público, la gestión de lo que es común, se tiene. Lo que estabas esperando. Como si fuera un regalo. Como si hubieran llegado las rebajas de El Corte Inglés. Ya está aquí la inauguración de un nuevo centro comercial, en su zona. Ha llegado el tío de los melones.
Con sus inversiones, con sus banderas europeas, ese marchamo de calidad por el que todo es bien y es mejor, con su slogan invirtiendo en vida, con un par de fotos para que veas lo chulo que va a quedar y quédate tranquilo que al final nos hemos acordado de tu calle.
Colomense, lo único que tienes que hacer, es esperar sentado a que el Equipo de Gobierno del PSC vea la necesidad a un año de las elecciones de iniciar las obras en tu calle.
Espera, no pidas, no reclames, en todo caso, si tienes algo que aportar nos lo enseñas, lo miramos y lo hacemos nuestro. Nos sacamos la foto. Le ponemos un fondo. Se parece a lo tuyo. Gracias por hacernos el trabajo. Y se acabó.
Y supongo que lo gordo, lo realmente trascendente, no es todo este rollo que estoy contando. Lo importante es que realmente la calle se reforme, se haga vivible y punto. Y que todo lo que digo es una pérdida de tiempo.
Pero es que parece que lo estaba esperando.
lunes, 27 de agosto de 2018
Baal
Tengo por costumbre tomar el aire. Respirar. Soy un ser vivo, un mamífero, una persona y gusto de pasear para airearme. Bípedo y con buenos pulmones. No fumo. Respirar, caminar, ventilar. Tengo por trabajo una dedicación que me hace estar encerrado en una estancia durante horas. Cuando termino mi labor, respiro. Y salgo a pasear. Y así, de vez en cuando me encuentro a Baal. Él no se da cuenta, pero le veo. Le miro. Le observo. Suelo encontrarle en un camino perdido, en un parque olvidado, en algún bar con poca concurrencia. Creo que no le gusta andar con gente. Le encuentro absorto mirando hacia ningún sitio, a veces mascullando alguna cosa, otras veces araña una botella. Nunca habla con nadie y yo, que ya he dicho que no soy más que un ser vivo, una persona, un bípedo con buenos pulmones y poco más, no me he creído digno de hablar con él, de preguntarle. Mis costumbres, inalterables, me llevaron hace unos días a dar un paseo por una carretera que se pierde por entre polígonos y residencias de quiero y no puedo. Son estos paseos algo que me pone en contacto con el resto de humanos que viven sus existencias de esa manera que no se reseña en parte alguna. Y saliendo de un restaurante Wok, vi a Baal. Poca cosa, insignificante como soy ante su presencia, pensé como siempre en no decir nada y pasar a su lado, imperceptible, para no causarle ninguna molestia a Baal. Fue Baal quien me habló.
'Mortal, te veo interesado por mi estado de ánimo. Sé que te preocupas por mí, estás intrigado, me ves en un estado que no se corresponde con mi categoría. Y tienes razón en estar un tanto angustiado por ello, y no es para menos, ya que mi situación actual puede derivar en un aún mayor decaimiento y mi decaimiento es el fin. Y a qué se debe, te preguntarás Mortal, este abandono. La respuesta no la conozco ni yo. Y todo lo sé, y todo lo puedo. Eso lo conoces. Todo es posible y todo lo convierto en nada. Cuando quiera. Cuando quiera. Y ese es el problema. Que ya hace tiempo que debería haberlo mandado todo al garete y empezar de nuevo o dejarlo en suspenso o qué se yo, algo. Y no quiero. Y paseo por esos lugares oscuros, grises, solitarios, abandonados, construidos alguna vez con voluntad de agradar a alguien, de servir de esparcimiento, de lugar de trabajo y progreso, y ahora su fin es nada. Y sirven de nada. Y me entristezco. Y no sé si, alguna vez, alguno de mis propósitos ha servido para algo. Si mi creación es algo importante. Si no habré hecho el ridículo alguna vez pensando que... podría ser un dios e incluso el único Dios, que lo soy, que lo sé, pero...'.
Y yo, inflamado por dentro por ver a Baal tan decaído grité ardientemente que no, que no podía ser, que Baal, oh Gran Bal, el magnífico y el omnipotente, no podía ser preso de dudas o de cuestionamientos, que no era posible, que era improbable que Baal, que todo lo hizo y que todo lo volvería a hacer, no podía tener ni una brizna de sombra en su mirada causada mucho menos por...
'Basta Mortal, es suficiente. Con solo uno que me suba el ánimo... ya sé lo que tengo que hacer'.
Oh, Baal, desde ese día perdí mi trabajo, perdí mi sustento, perdí mis pulmones, perdí mis piernas, pero no me fue peor que a todos vosotros, que ya no estáis. Que ya no sois. Porque Baal actuó y lo volvería a hacer. Oh Baal. Oh Gran Baal.
' Mortal, no necesito portavoz, no necesito alharacas, uno solo de tus halagos ha provocado la miseria de tu gente y aún pides más. Nunca sabe uno cómo...'.
'Mortal, te veo interesado por mi estado de ánimo. Sé que te preocupas por mí, estás intrigado, me ves en un estado que no se corresponde con mi categoría. Y tienes razón en estar un tanto angustiado por ello, y no es para menos, ya que mi situación actual puede derivar en un aún mayor decaimiento y mi decaimiento es el fin. Y a qué se debe, te preguntarás Mortal, este abandono. La respuesta no la conozco ni yo. Y todo lo sé, y todo lo puedo. Eso lo conoces. Todo es posible y todo lo convierto en nada. Cuando quiera. Cuando quiera. Y ese es el problema. Que ya hace tiempo que debería haberlo mandado todo al garete y empezar de nuevo o dejarlo en suspenso o qué se yo, algo. Y no quiero. Y paseo por esos lugares oscuros, grises, solitarios, abandonados, construidos alguna vez con voluntad de agradar a alguien, de servir de esparcimiento, de lugar de trabajo y progreso, y ahora su fin es nada. Y sirven de nada. Y me entristezco. Y no sé si, alguna vez, alguno de mis propósitos ha servido para algo. Si mi creación es algo importante. Si no habré hecho el ridículo alguna vez pensando que... podría ser un dios e incluso el único Dios, que lo soy, que lo sé, pero...'.
Y yo, inflamado por dentro por ver a Baal tan decaído grité ardientemente que no, que no podía ser, que Baal, oh Gran Bal, el magnífico y el omnipotente, no podía ser preso de dudas o de cuestionamientos, que no era posible, que era improbable que Baal, que todo lo hizo y que todo lo volvería a hacer, no podía tener ni una brizna de sombra en su mirada causada mucho menos por...
'Basta Mortal, es suficiente. Con solo uno que me suba el ánimo... ya sé lo que tengo que hacer'.
Oh, Baal, desde ese día perdí mi trabajo, perdí mi sustento, perdí mis pulmones, perdí mis piernas, pero no me fue peor que a todos vosotros, que ya no estáis. Que ya no sois. Porque Baal actuó y lo volvería a hacer. Oh Baal. Oh Gran Baal.
' Mortal, no necesito portavoz, no necesito alharacas, uno solo de tus halagos ha provocado la miseria de tu gente y aún pides más. Nunca sabe uno cómo...'.
viernes, 24 de agosto de 2018
Córdoba. Más bonito no se puede.
Viaje desde Granada a Córdoba. Autovía de Andalucía, la A-92, que te sumerge como por dentro y te va echando a los lados, arriba y abajo. Si vas abajo, a Málaga y a Cádiz. Si vas arriba, a Córdoba. A Córdoba que vamos. Entramos en la ciudad, dejamos el coche en un sitio que me parece lejísimos de donde estamos, una Pensión, pero que luego resulta estar muy cerca de donde estamos, una Pensión. He estado en Córdoba una vez o menos. No conozco nada de Córdoba. Vamos a ciegas. Dejamos el coche en una calle normal, de edificios normales, cogemos las cosas y nos vamos a buscar la Pensión, parece que estamos al lado de una muralla, vamos caminando junto al río Guadalquivir, entramos en un callejoncillo, ya estamos en la pensión. Resulta que estamos en el mismo centro y que desde donde estamos se ve la Mezquita, o la cúpula de la Catedral, ahora vamos con eso.
Córdoba, lejana y sola. Córdoba la llana. Muchas frases y refranillos. No sirven de nada. No conozco nada de Córdoba. Dejamos las cosas en la habitación, una habitación inventada encima del edificio, va a hacer un calor del demonio, tenemos terracita, no la vamos a utilizar. Vamos ya a dar una vuelta. Estaremos dos noches. Solo con el primer paseo ya se da cuenta uno de que Córdoba es muy bonito. O bonita. Al menos la parte que aparece en los mapas donde te indican las cosas y casas que tienes que ver. Muy bonito, pero no sé si a veces parece todo demasiado bonito y al mismo tiempo demasiado poco... aprovechado. No sé. Callecicas blancas, estrechas, con su suelo de chinorrillos que me tiene los pies muertos ya. Damos un paseo, por aquí, por allí, por ese callejón. La mezquita. Ojo. Querencia por ir al barrio judío, por visitar la Sinagoga, pero está cerrada. Vamos por esas calles y vamos repitiendo el discurso. La presencia árabe, lo que antes era una cosa y se quiso que fuera otra pero al final lo que es, es.
Las paredes de fuera de la mezquita, con sus arcos, sus inscripciones, y en medio, alguna virgen o algún arcángel. Mira, acabo de darme cuenta de porqué el estadio del Córdoba es el del Arcángel. No sé cuántas vueltas le damos a la mezquita al cabo del día. Nos dicen que por la mañana temprano es gratis. Tiendas de souvenirs, con las mismas fotos que en Granada, excepto las que tienen fotos de Córdoba, claro. Si en Granada hay postales de Federico, en Córdoba las podría haber de Góngora, sería un punto.
Damos vueltas y cenamos algo en un sitio muy molón de por allí, con un tipo que toca la guitarra canciones de Led Zeppelin y los clásicos de la zona. Parece polaco, daría la pierna derecha por que ese tío es polaco, pero es de Córdoba, que nos lo dice al día siguiente. Yo no. Yo no hablo con nadie, es Alba la que habla con todo el mundo. Antonio El Delegador.
Vamos a un barrio, el de San Basilio, donde nos han dicho que hay patios abiertos. El señor de la pensión es un señor de los de camisa de manga larga a mil grados. Nos indica algunas cosas. Latita de cerveza en la mano. Nos dice lo del barrio, lo de la mezquita, lo del barrio judío. Acierta en lo de la Mezquita. No tengo ni idea de lo que vamos a ver. El barrio de San Basilio está más muerto que yo. No hay nadie, no hay nada abierto, no hay nada. Al día siguiente volvemos a pasar y descubrimos un patio abierto. La señora nos explica el funcionamiento con vehemencia. Si se lo tiene que explicar a todo el mundo igual, debe andar loca. En ese barrio no hay nada. No ir.
Nos damos una vuelta la primera noche por el puente romano. Llegamos al final, pero no avanzamos. Hay una torre, con un museo. Queremos ir al museo. Queremos ir a otro museo, de la Alquimia, que hemos visto. Ojo con los museos. Hay un grupo tocando música en el puente. Son muy jóvenes. Tocan la de Despacito. Supongo que la gente lo filma, lo graba y luego comentarán, eran muy jóvenes, tocaban la de Despacito. Turistas. En mitad del puente hay otra estatua al Arcángel Rafael. Y antes una columna. Y así. Mucho símbolo pero lo gracioso no es cristiano. La gracia está en otra cosa. Asúmelo.
Nos tomamos una cerveza y un agua en una terraza muy cuqui, vienen unos guiris, se piden un arroz. Arroz de noche. Qué valor. El camarero se desvive por atenderles. A nosotros tarda en cobrarnos la vida. Cuestión de prioridades
El día siguiente. Vamos a la Mezquita. No hay palabras para describir bla bla bla. La verdad es que es un lugar único. Todo parece como de otro... y no. Y no es de otro. Que es de aquí. Controversia con la apropiación cultural, con lo que fue el pasado árabe, el pasado musulmán, el pasado hispano musulmán, que parece que vinieron del espacio, les echamos y volvimos a la normalidad. Y no fue así. La Alhambra, el Albaicín, Córdoba, la Mezquita. Se hizo aquí por gente de aquí, que ya vivía a aquí, que era de aquí. Y lo visitamos como 'el legado....'. Como si la Catedral de cualquier sitio no fuera parte también de un legado de algo que está medio superado. Medio.
La mezquita, el espacio de la mezquita, el patio de los Naranjos, qué bonito. Y en medio, el churro media manga mangotero de la Catedral. Un pestiño que duele a los ojos por muy antiguo que sea y mucha devoción y lo que te sople. Sobra ahí. Pero sobra tanto que duele. Y aunque lo expliques no se entiende. Cómo se puede meter eso ahí. Y sí, que antes de la mezquita hubo otro edicificio, claro. Pero es que tu llegas, ves la mezquita y doscientos o trescientos años después metes eso y... copón.
A la visita a la mezquita sigue la visita al museo de la Alquimia. Golazo por toda a escuadra. Pero golazo grande. Una chufla, con su tableta y todo, explicando que hay elementos, que la tierra, que... no te explican nada. Te dejan ahí con el rollo y sobre todo, colándote una movida religiosa que huele a kilómetros. Una cosa es reconocer el papel de la presencia musulmana y otra cosa es intentar vender una moto espiritual, religiosa, filosófica, que no. Que no. Y como incluyen la Casa Andalusí en el paquete, pues gol y otro gol. Nada, no aporta nada. La culpa es nuestra.
Sigamos.
Es la hora de la búsqueda de los orígenes, de casas de familia, de intentar averiguar. Buscamos una calle, que se encuentra fácil, elucubramos, inventamos, imaginamos. Gente que se fue de un pueblo a otro pueblo y de ahí a Barcelona. Imaginando cómo vivían, paseando por esas calles, si alguien se acordará de ellos. Fotos, llamadas, qué habría aquí antes.
Una cervecita y a buscar para comer. Un sitio moderno, con el directo de Vetusta Morla, gente jovencita. Salmorejo (not me) y flamenquín. A lo típico. Berenjenas fritas con miel. Ya no puedo con más cerveza, de verdad. Y hace un calor de morir. Pero calor, calor. Pero calor.
Por la tarde, un nuevo intento de visitar el barrio fantasma. Igual de fantasma. Vamos a ver el museo de la torre de Calahorra, el museo Vivo de Al-Andalus. Vamos y le advertimos al de la puerta que si va a ser una chufla que nos lo diga. No, no. Bueno. Por los pelos. Hay una maqueta muy guapa de la mezquita tal como fue sin la Catedral. Y de la Alhambra. Pero siempre ese tonillo de 'el islam es fantástico', que no sé si es lo que toca. Para reinterpretar la historia no hay que caer en el rollo religioso, digo yo. Fotos guapísimas desde la azotea de la torre. Muchos visitantes.
Turistas. Catalanes. Cero lacitos amarillos. No he visto a nadie con el lacito amarillo ni en Granada ni en Córdoba.
Sigamos. Salimos de la torre y nos vamos a beber unas cañas a un bareto del otro lado del río. Y paseo alrededor del río. Y no sé quién gobierna en Córdoba. Creo entender que es el PSoE en coalición con IU. Glups.
Córdoba. La roja. La ciudad de Anguita. Y la ciudad de Rosa Aguilar, ejem. No sé qué recuerdo tendrá la gente de Anguita allí. Veo a muchos maduros con barba recortada. A mucho 'replicante'. En fin. Miro el mapa de Córdoba. No sé de dónde sale tanto santo y tanto ángel.
Y a la mañana siguiente, nos tenemos que ir a Hornachuelos, y alargamos un poco más la estancia en Córdoba. Cuesta irse. Nos tomamos algo sentados en los poyetes de la Mezquita. Mil vueltas en torno a la Mezquita. Qué bonito que es. O qué bonita. Gitanas con la ramita de romero. No se las cojas. Nos vamos.
Coda Hornachuelos: Viaje a un pueblo llamado Hornachuelos en la provincia de Córdoba. Creemos que está en lo alto de una sierra. No está en lo alto de una Sierra. Está más cerca de Sevilla de lo que creemos. Tiene un casco antiguo muy molón. Pero no se ve un alma por las calles. La casa rural es muy antigua, tiene las puertas como la casa de la abuela o la del abuelo, de esas azul clarito. Por la tarde hace mucho calor y no hay nada abierto. Vamos de todas maneras. Preguntamos. Orígenes. Gente que se fue, gente que vivió. Hay una escuela con el nombre de una profesora... Victoria Diez, que dio su vida por la fe en el 36. Ojo. A ver en qué pueblo nos hemos metido. Una placa en el ayuntamiento de 1980 recuerda a los muertos 'inmolados' en la guerra civil. De los dos bandos en principio. Damos una vuelta, encontramos las casas, preguntamos, pero no es tiempo suficiente, una noche, para averiguar y establecer vínculos. Damos una vuelta por el pueblo. Mi tito Antonio ya nos advirtió que había un vertedero de residuos por allí. Hay campo de fútbol, de pádel, un polideportivo. Se parece a mi pueblo, pero parece otra cosa. La gente nos mira. Somos lo más raro que ha pasado allí en el mes de agosto, supongo. O no. O que somos raros de verdad. Damos una vuelta larga. De paseo por entre los olivos incluido. Y nos merecemos comer algo, cenar, una cañeja. El Patata es el sitio. Vemos llegar a unos en un coche con música fuerte, se baja una pareja madura con camisetas negras, tatus de acdc, bueno. Damos una excursión para bajar el flamenquín. Encontramos la sede del SAT. Bueno.
Es poco tiempo para sacar conclusiones. Quizás habría que volver. Carretera y manta a la mañana siguiente. Pero eso ya es otra historia.
Córdoba, lejana y sola. Córdoba la llana. Muchas frases y refranillos. No sirven de nada. No conozco nada de Córdoba. Dejamos las cosas en la habitación, una habitación inventada encima del edificio, va a hacer un calor del demonio, tenemos terracita, no la vamos a utilizar. Vamos ya a dar una vuelta. Estaremos dos noches. Solo con el primer paseo ya se da cuenta uno de que Córdoba es muy bonito. O bonita. Al menos la parte que aparece en los mapas donde te indican las cosas y casas que tienes que ver. Muy bonito, pero no sé si a veces parece todo demasiado bonito y al mismo tiempo demasiado poco... aprovechado. No sé. Callecicas blancas, estrechas, con su suelo de chinorrillos que me tiene los pies muertos ya. Damos un paseo, por aquí, por allí, por ese callejón. La mezquita. Ojo. Querencia por ir al barrio judío, por visitar la Sinagoga, pero está cerrada. Vamos por esas calles y vamos repitiendo el discurso. La presencia árabe, lo que antes era una cosa y se quiso que fuera otra pero al final lo que es, es.
Las paredes de fuera de la mezquita, con sus arcos, sus inscripciones, y en medio, alguna virgen o algún arcángel. Mira, acabo de darme cuenta de porqué el estadio del Córdoba es el del Arcángel. No sé cuántas vueltas le damos a la mezquita al cabo del día. Nos dicen que por la mañana temprano es gratis. Tiendas de souvenirs, con las mismas fotos que en Granada, excepto las que tienen fotos de Córdoba, claro. Si en Granada hay postales de Federico, en Córdoba las podría haber de Góngora, sería un punto.
Damos vueltas y cenamos algo en un sitio muy molón de por allí, con un tipo que toca la guitarra canciones de Led Zeppelin y los clásicos de la zona. Parece polaco, daría la pierna derecha por que ese tío es polaco, pero es de Córdoba, que nos lo dice al día siguiente. Yo no. Yo no hablo con nadie, es Alba la que habla con todo el mundo. Antonio El Delegador.
Vamos a un barrio, el de San Basilio, donde nos han dicho que hay patios abiertos. El señor de la pensión es un señor de los de camisa de manga larga a mil grados. Nos indica algunas cosas. Latita de cerveza en la mano. Nos dice lo del barrio, lo de la mezquita, lo del barrio judío. Acierta en lo de la Mezquita. No tengo ni idea de lo que vamos a ver. El barrio de San Basilio está más muerto que yo. No hay nadie, no hay nada abierto, no hay nada. Al día siguiente volvemos a pasar y descubrimos un patio abierto. La señora nos explica el funcionamiento con vehemencia. Si se lo tiene que explicar a todo el mundo igual, debe andar loca. En ese barrio no hay nada. No ir.
Nos damos una vuelta la primera noche por el puente romano. Llegamos al final, pero no avanzamos. Hay una torre, con un museo. Queremos ir al museo. Queremos ir a otro museo, de la Alquimia, que hemos visto. Ojo con los museos. Hay un grupo tocando música en el puente. Son muy jóvenes. Tocan la de Despacito. Supongo que la gente lo filma, lo graba y luego comentarán, eran muy jóvenes, tocaban la de Despacito. Turistas. En mitad del puente hay otra estatua al Arcángel Rafael. Y antes una columna. Y así. Mucho símbolo pero lo gracioso no es cristiano. La gracia está en otra cosa. Asúmelo.
Nos tomamos una cerveza y un agua en una terraza muy cuqui, vienen unos guiris, se piden un arroz. Arroz de noche. Qué valor. El camarero se desvive por atenderles. A nosotros tarda en cobrarnos la vida. Cuestión de prioridades
El día siguiente. Vamos a la Mezquita. No hay palabras para describir bla bla bla. La verdad es que es un lugar único. Todo parece como de otro... y no. Y no es de otro. Que es de aquí. Controversia con la apropiación cultural, con lo que fue el pasado árabe, el pasado musulmán, el pasado hispano musulmán, que parece que vinieron del espacio, les echamos y volvimos a la normalidad. Y no fue así. La Alhambra, el Albaicín, Córdoba, la Mezquita. Se hizo aquí por gente de aquí, que ya vivía a aquí, que era de aquí. Y lo visitamos como 'el legado....'. Como si la Catedral de cualquier sitio no fuera parte también de un legado de algo que está medio superado. Medio.
La mezquita, el espacio de la mezquita, el patio de los Naranjos, qué bonito. Y en medio, el churro media manga mangotero de la Catedral. Un pestiño que duele a los ojos por muy antiguo que sea y mucha devoción y lo que te sople. Sobra ahí. Pero sobra tanto que duele. Y aunque lo expliques no se entiende. Cómo se puede meter eso ahí. Y sí, que antes de la mezquita hubo otro edicificio, claro. Pero es que tu llegas, ves la mezquita y doscientos o trescientos años después metes eso y... copón.
A la visita a la mezquita sigue la visita al museo de la Alquimia. Golazo por toda a escuadra. Pero golazo grande. Una chufla, con su tableta y todo, explicando que hay elementos, que la tierra, que... no te explican nada. Te dejan ahí con el rollo y sobre todo, colándote una movida religiosa que huele a kilómetros. Una cosa es reconocer el papel de la presencia musulmana y otra cosa es intentar vender una moto espiritual, religiosa, filosófica, que no. Que no. Y como incluyen la Casa Andalusí en el paquete, pues gol y otro gol. Nada, no aporta nada. La culpa es nuestra.
Sigamos.
Es la hora de la búsqueda de los orígenes, de casas de familia, de intentar averiguar. Buscamos una calle, que se encuentra fácil, elucubramos, inventamos, imaginamos. Gente que se fue de un pueblo a otro pueblo y de ahí a Barcelona. Imaginando cómo vivían, paseando por esas calles, si alguien se acordará de ellos. Fotos, llamadas, qué habría aquí antes.
Una cervecita y a buscar para comer. Un sitio moderno, con el directo de Vetusta Morla, gente jovencita. Salmorejo (not me) y flamenquín. A lo típico. Berenjenas fritas con miel. Ya no puedo con más cerveza, de verdad. Y hace un calor de morir. Pero calor, calor. Pero calor.
Por la tarde, un nuevo intento de visitar el barrio fantasma. Igual de fantasma. Vamos a ver el museo de la torre de Calahorra, el museo Vivo de Al-Andalus. Vamos y le advertimos al de la puerta que si va a ser una chufla que nos lo diga. No, no. Bueno. Por los pelos. Hay una maqueta muy guapa de la mezquita tal como fue sin la Catedral. Y de la Alhambra. Pero siempre ese tonillo de 'el islam es fantástico', que no sé si es lo que toca. Para reinterpretar la historia no hay que caer en el rollo religioso, digo yo. Fotos guapísimas desde la azotea de la torre. Muchos visitantes.
Turistas. Catalanes. Cero lacitos amarillos. No he visto a nadie con el lacito amarillo ni en Granada ni en Córdoba.
Sigamos. Salimos de la torre y nos vamos a beber unas cañas a un bareto del otro lado del río. Y paseo alrededor del río. Y no sé quién gobierna en Córdoba. Creo entender que es el PSoE en coalición con IU. Glups.
Córdoba. La roja. La ciudad de Anguita. Y la ciudad de Rosa Aguilar, ejem. No sé qué recuerdo tendrá la gente de Anguita allí. Veo a muchos maduros con barba recortada. A mucho 'replicante'. En fin. Miro el mapa de Córdoba. No sé de dónde sale tanto santo y tanto ángel.
Y a la mañana siguiente, nos tenemos que ir a Hornachuelos, y alargamos un poco más la estancia en Córdoba. Cuesta irse. Nos tomamos algo sentados en los poyetes de la Mezquita. Mil vueltas en torno a la Mezquita. Qué bonito que es. O qué bonita. Gitanas con la ramita de romero. No se las cojas. Nos vamos.
Coda Hornachuelos: Viaje a un pueblo llamado Hornachuelos en la provincia de Córdoba. Creemos que está en lo alto de una sierra. No está en lo alto de una Sierra. Está más cerca de Sevilla de lo que creemos. Tiene un casco antiguo muy molón. Pero no se ve un alma por las calles. La casa rural es muy antigua, tiene las puertas como la casa de la abuela o la del abuelo, de esas azul clarito. Por la tarde hace mucho calor y no hay nada abierto. Vamos de todas maneras. Preguntamos. Orígenes. Gente que se fue, gente que vivió. Hay una escuela con el nombre de una profesora... Victoria Diez, que dio su vida por la fe en el 36. Ojo. A ver en qué pueblo nos hemos metido. Una placa en el ayuntamiento de 1980 recuerda a los muertos 'inmolados' en la guerra civil. De los dos bandos en principio. Damos una vuelta, encontramos las casas, preguntamos, pero no es tiempo suficiente, una noche, para averiguar y establecer vínculos. Damos una vuelta por el pueblo. Mi tito Antonio ya nos advirtió que había un vertedero de residuos por allí. Hay campo de fútbol, de pádel, un polideportivo. Se parece a mi pueblo, pero parece otra cosa. La gente nos mira. Somos lo más raro que ha pasado allí en el mes de agosto, supongo. O no. O que somos raros de verdad. Damos una vuelta larga. De paseo por entre los olivos incluido. Y nos merecemos comer algo, cenar, una cañeja. El Patata es el sitio. Vemos llegar a unos en un coche con música fuerte, se baja una pareja madura con camisetas negras, tatus de acdc, bueno. Damos una excursión para bajar el flamenquín. Encontramos la sede del SAT. Bueno.
Es poco tiempo para sacar conclusiones. Quizás habría que volver. Carretera y manta a la mañana siguiente. Pero eso ya es otra historia.
Granada. Otra perspectiva.
La foto da sensación de calor. Es que hacía calor. Granada en agosto. Una visita obligada si estás a menos de doscientos kilómetros. Te tienes que acercar. Aunque haga calor. Aunque no hayas comprado las entradas para la Alhambra. Hola, soy el que no compró las entradas para la Alhambra aunque tenía el encargo, ese único encargo y no lo hizo. Aquí estoy. Hemos ido a la Alhambra, pese a todo. La foto, pues, da otra perspectiva. Esta vez no sacamos la foto desde el mirador de San Nicolás o desde el Sacromonte, esta vez, la foto es desde allí mismo.
Vamos a Granada, un par de días, tres. Llegamos desde Vilches a eso de las siete de la tarde. Durante el viaje desde allí, vamos por la autovía y dejamos atrás Jaén. Dan ganas de volver a entrar, pero no, hay que seguir a Granada. Que vamos ya tarde. Hemos cogido una especie de apartamento (¡!) al lado de la plaza del Boquerón, muy cerca del Bar del Eric. Casi por casualidad, verdad... bueno. Vamos a buscar aparcamiento y acabamos dejando el coche nada menos que frente a la última casa, creo, en la que vivió Pepa en Granada. Saco la foto pero no se la mando. El caso es que callejeamos por ese centro, nos damos con la Catedral y harto de dar vueltas opto por la opción conservadora de ir al Triunfo y la Cartuja. El quinto coño.
Llegamos, dejamos las bolsas y ardiendo para el Albaicín. ¿Habéis ido a Granada? ¿No? Siempre cuento lo mismo de Granada y siempre voy a los mismos sitios. Albaicín, subiendo por la calle de las Teterías (previa cerveza de presentación en la Antigualla), casi ya no camino por la calle Elvira con lo que me gusta el nombre de Elvira ni paso por la puerta de Elvira con lo que me gusta el nombre de Elvira. Subir por el Albaicín, medio perderse, aparecer en el Mirador de San Nicolás. Bajar luego por alguna callecilla, bajar y requetebajar. Perderse si eso por el Sacromonte, Paseo de los Tristes, paseo del Darro y llegar a Plaza Nueva. Cervezas varias.
Este año, al consabido recorrido, ha habido que añadirle alguna cosa. Por ejemplo. Sacromonte. No soy muy de pararme en el Sacromonte. Me parece una trampa para guiris. Pero hay que ir y recorrerlo y subir y bajar. Lo hicimos cuando bajamos del mirador de San Nicolás. Mira la Alhambra, qué bonita, que no has comprado las entradas, burro. Mi madre, antes de irme, me ha dado un polo Lacoste de mi padre que debe tener mil años. Voy con el polo que me hace bolsa. Vamos. Por aquí, creo, que podemos ir al Sacromonte, va, venga, vamos a perdernos. Nos perdemos. Pero qué paseo tan bonito.
Y es el aniversario del fusilamiento de García Lorca. Federico. Nunca vi Granada, es de Alberti. Qué bonita es Granada, fusilando a García Lorca, Federico.
¿No habéis ido a Granada? ¿Y eso?
Llegamos a la zona de las cuevas donde flamenquean y los guiris entran y yo me asomo con la misma cara que pongo cuando veo en el metro de Barcelona el anuncio del tablao flamenco de las Ramblas. Nada, no entremos. Al lado justo de una de esas cuevas trampa, un barecillo con terracita y un vejete patillas y pinturero que no parece de Granada, ni de Francia, ni de ninguna parte. Una cueva chica con mucha foto. Con una música primero de Jazz y luego, ay, piano. Chopin sonando, la Alhambra de fondo, cervecita fresquita. Algún que otro mosquito. No se puede estar mejor. Nos quedamos los últimos y el vejete aprovecha para cerrar ya. El que tiene un bar como el que ha salido a dar una vuelta. Y bajamos y claro, llegamos al paseo de los Tristes y qué nombre tan así, los tristes, y al Darro y efectivamente, es que hay un río, que se llama Darro. Y nos metemos en una tabernilla a tomar otra cerveza. Nada. Clavada. La pobreza. Un día después volveremos a tomarnos una cerveza en otro bar a la orilla del Darro, pero este es un bar de modernos, con unas vistas alucinantes, al pie de la Alhambra, hay que volver. Y pedir cerveza más fría.
Cerveza. Le he llegado a tomar manía a la cerveza. Que me la bebo, pero que no sé.
Vamos dando vueltas que ya es tarde y vamos a dar al Bar del Eric. Ea, una petición que tengo. En el Bar del Eric no hay nadie. Pero nadie nadie. No están cerrando, es que no hay nadie. Y nos pedimos y le hago una foto a la puerta y poca cosa más. Y en una horas ya casi lo he visto todo. Callejear, Albaicín, los nombres de las calles, Granada. Me encanta.
A la mañana siguiente toca probar lo de la Alhambra. Hay partes de Granada a las que yo iba y a las que ya no sabría ir. Por Pedro Antonio por ejemplo. O el Realejo. Vamos dando una vuelta y nos metemos en la Catedral. Un cartel contra el Aborto aborta la visita. Vamos dando una vuelta y nos metemos en un museo. El corral del Carbón, donde explican cómo era Granada en época musulmana. Hartón de datos de califato, emirato, ziríes, nazaríes y los Reyes Católicos. Y en cada mezquita, una iglesia. Y ese afán de aniquilar. En cada iglesia, había una mezquita. Y qué desastre. Y cada religión una historia. Y en Córdoba la sensación será más grave. En Granada menos. La religión. Con esos datos nos seguimos aventurando y subimos, como no, por Cuesta Gomérez. Y vemos las tiendas de regalos y souvenirs.
Camiseta de Granada. Me dan ganas de comprarme una, pero no, nunca me la compraré. Si no me compro una de Vilches, una de Granada, por mucho que me gusta tanto, no. Y postales, y los imanes, y las fotos. Y no. Y compramos postales, postales que creemos exclusivas de Granada y son para guiris que van a venir a Granada pero no a Córdoba, donde están las mismas. Y los mismos bolsos, las mismas alfombras, los mismos elefantes de la India. Esto es como la India.
Turismo. Lámparas, bolsos, azulejos, camisetas, postales. Vamos subiendo y decidimos subir y probar a ver. Igual, a lo mejor. Llegamos hasta el acceso y efectivamente, se pueden pillar entradas por internet pero sin ver los Palacios Nazaríes. Compra. Et voilà, entramos en la Alhambra. Toma castaña. Tenía yo 14 años, o 13, y en octavo de EGB nos dijeron de ir de viaje de fin de curso a Italia. Votamos, dijimos que preferíamos ir a Torremolinos. Pero el Pazos, supongo, se curró un viaje que nos llevó a Torremolinos, pero pasando por Granada y la Alhambra y llegando a Córdoba y la Mezquita. Honor y gloria para el Pazos por siempre. Yo no me acuerdo de nada de la visita a Granada, que comimos algo y ya está. Y de la Alhambra... pues es precioso. Sí, no es la mejor época, porque hace un calor infernal, pero coño, qué quieres. Los jardines, los patios, las fuentecillas, las vistas, subir, bajar, otro jardín, otra fuentecita, la escalera del agua con el agua cayendo a los lados. Es bonito de las cosas bonitas que hay. Palacio fortificado. Fortificación palaciega. Restos de las casas donde vivía el personal de palacio. Desde esta torre gritaron el Gran Capitán y el de la moto Granada, Granada, para ponerla a los pies de los Reyes Católicos. Y hoy hay muchos visitantes que hablan en árabe, y mujeres con pañuelo, y durante todo el viaje vemos mucha gente que visita monumentos que les tienen que decir muchas cosas y nosotros vemos como... Y el palacio de Carlos V.
Un palacio, un churro. Poner ese palacio ahí. Llega el día en el que a ese palacio no le hace caso nadie. Nada. Un elemento vacío. Simplemente por haberlo puesto donde está puesto. Allí por joder. Allí puesto para hacer daño. Para demostrar algo. Haciendo el ridículo. No lo visita nadie. Y a la Alhambra, pese a todo, va todo el mundo. Fotos desde la Torre de la Vela, fotos a los jardines, fotos a todo, para demostrar que sí, que hemos ido. Que hemos entrado. Que era posible. Aunque no hemos ido a los palacios nazaríes ni le hemos hecho fotos a los leones. Otra perspectiva.
Y a comer y a la calle Navas, que hombre, bien, vale, pero no. Es decir, no me gusta. Muy poco... no sé. No. Y patatas a lo pobre y a seguir. Y a caminar por el Albaicín y a visitar por la tarde la mezquita esa rara y más perderse y más eso. Y hablar y debatir y discutir. Porque uno es de discutir. Y vamos al sitio este de subir para arriba y si vemos unas escaleras es que las tenemos que subir. Y qué pateadas. Y qué hartones de andar. Y todo parece cerca. Y vamos por la noche a Pedro Antonio, a buscar el Peatón y... la Percha... y... no hay nada. Pero nada. Me pierdo y no es que me pierda, es que no están. Volviendo pasamos por la puerta del Planta Baja. Nos tomamos una cerveza y nos dejan elegir la tapa. Comienza el festival del Salmorejo (not me). Y el ambiente es otro, claro. Y estamos tan muertos que nos vamos ya, qué cansados. Qué palizón de andar. Y qué calor. Y mañana vamos a la Alpujarra. ¿Qué no?
Y a Granada hay que ir siempre, una vez. Vale, que mi recorrido es muy exiguo, que no lo veo todo, que me pierdo muchas cosas. Pero es una ciudad que me alucina. Es estar en otro sitio. Es estar en un sitio, quizás demasiado preparado para eso, para parecer otra cosa, igual muy poco natural, pero que a mí me basta. Parece que estas en otro sitio, un sitio mejor, más auténtico, aparte de todo. Aunque ya sabemos que Granada es muy de derechas y que aunque vas a un bar a tomarte una caña y te ponen Morente con Lagartija y parece que sí, no te fíes. Es que no. Pero hay que volver. Y descubrir. Y perderte por esas calles de chinorros. Y otro año que no vamos a la Chana. Y qué bonita que es Granada. Vamos, vamos, que vamos a la Alpujarra mañana. Qué cabezas.
Coda Alpujarra: Ir a la Alpujarra como el que se acerca a Almería, que diría mi Abuelo Quico. Tenemos unas horas. Vamos y elegimos un trayecto diferente, no entramos por Lanjarón, entramos por Órgiva. Una vuelta rara. Qué paisajes, qué montañacas. Vamos, va. Pepa vive por aquí. Le mando una foto. Que vayamos a verla. Vamos a verla. Pepa vive en un sitio que se llama Bayacas, o Carataunas, no sé. Vive como quiere, acaba de tener dos mellizos, Airú esta por ahí. Es una alegría verla. Nos cuenta, le contamos, pero nos vamos al cabo de poco rato, queremos ir a Pampaneira y comer algo por allí y por la tarde nos vamos a Córdoba. Subir, bajar, montaña, montaña pelada. Le mando un mensaje al Salva Tovar que sé que es de allí, se ha ido a Mojácar, hubiera sido de traca. En fin. Capileira, Soportújar, Pampaneira. Pampaneira. Comer algo, Salmorejo, la barriga comienza a hacer estragos, todo el día mal, Sopica y tortilla. Hay muchos visitantes, muchos catalanes, parece que hay nubes.
La Alpujarra. Supongo que da para mucho más. Compramos unos roscos que nos van a acompañar a la comunión de la hija pequeña. Las noticias que nos llegan de todas partes es que todo va bien. Parece que han matado a un concejal de IU en Asturias. Nada importante. La vida sigue.
La apropiación cultural, lo que es de aquí y lo que es de allí, lo que sientes tuyo y lo que te han dicho que es propio o extraño. Vemos quiénes gobiernan en esos pueblos, el PSOE a ful. Nos vamos, me encuentro medio medio, la carretera me marea. Alba conduce como si fuera de la zona. Yo voy acojonado. Hasta que no pillemos la autovía no voy a respirar. A Córdoba la llana.
Yo te guío.
Vamos a Granada, un par de días, tres. Llegamos desde Vilches a eso de las siete de la tarde. Durante el viaje desde allí, vamos por la autovía y dejamos atrás Jaén. Dan ganas de volver a entrar, pero no, hay que seguir a Granada. Que vamos ya tarde. Hemos cogido una especie de apartamento (¡!) al lado de la plaza del Boquerón, muy cerca del Bar del Eric. Casi por casualidad, verdad... bueno. Vamos a buscar aparcamiento y acabamos dejando el coche nada menos que frente a la última casa, creo, en la que vivió Pepa en Granada. Saco la foto pero no se la mando. El caso es que callejeamos por ese centro, nos damos con la Catedral y harto de dar vueltas opto por la opción conservadora de ir al Triunfo y la Cartuja. El quinto coño.
Llegamos, dejamos las bolsas y ardiendo para el Albaicín. ¿Habéis ido a Granada? ¿No? Siempre cuento lo mismo de Granada y siempre voy a los mismos sitios. Albaicín, subiendo por la calle de las Teterías (previa cerveza de presentación en la Antigualla), casi ya no camino por la calle Elvira con lo que me gusta el nombre de Elvira ni paso por la puerta de Elvira con lo que me gusta el nombre de Elvira. Subir por el Albaicín, medio perderse, aparecer en el Mirador de San Nicolás. Bajar luego por alguna callecilla, bajar y requetebajar. Perderse si eso por el Sacromonte, Paseo de los Tristes, paseo del Darro y llegar a Plaza Nueva. Cervezas varias.
Este año, al consabido recorrido, ha habido que añadirle alguna cosa. Por ejemplo. Sacromonte. No soy muy de pararme en el Sacromonte. Me parece una trampa para guiris. Pero hay que ir y recorrerlo y subir y bajar. Lo hicimos cuando bajamos del mirador de San Nicolás. Mira la Alhambra, qué bonita, que no has comprado las entradas, burro. Mi madre, antes de irme, me ha dado un polo Lacoste de mi padre que debe tener mil años. Voy con el polo que me hace bolsa. Vamos. Por aquí, creo, que podemos ir al Sacromonte, va, venga, vamos a perdernos. Nos perdemos. Pero qué paseo tan bonito.
Y es el aniversario del fusilamiento de García Lorca. Federico. Nunca vi Granada, es de Alberti. Qué bonita es Granada, fusilando a García Lorca, Federico.
¿No habéis ido a Granada? ¿Y eso?
Llegamos a la zona de las cuevas donde flamenquean y los guiris entran y yo me asomo con la misma cara que pongo cuando veo en el metro de Barcelona el anuncio del tablao flamenco de las Ramblas. Nada, no entremos. Al lado justo de una de esas cuevas trampa, un barecillo con terracita y un vejete patillas y pinturero que no parece de Granada, ni de Francia, ni de ninguna parte. Una cueva chica con mucha foto. Con una música primero de Jazz y luego, ay, piano. Chopin sonando, la Alhambra de fondo, cervecita fresquita. Algún que otro mosquito. No se puede estar mejor. Nos quedamos los últimos y el vejete aprovecha para cerrar ya. El que tiene un bar como el que ha salido a dar una vuelta. Y bajamos y claro, llegamos al paseo de los Tristes y qué nombre tan así, los tristes, y al Darro y efectivamente, es que hay un río, que se llama Darro. Y nos metemos en una tabernilla a tomar otra cerveza. Nada. Clavada. La pobreza. Un día después volveremos a tomarnos una cerveza en otro bar a la orilla del Darro, pero este es un bar de modernos, con unas vistas alucinantes, al pie de la Alhambra, hay que volver. Y pedir cerveza más fría.
Cerveza. Le he llegado a tomar manía a la cerveza. Que me la bebo, pero que no sé.
Vamos dando vueltas que ya es tarde y vamos a dar al Bar del Eric. Ea, una petición que tengo. En el Bar del Eric no hay nadie. Pero nadie nadie. No están cerrando, es que no hay nadie. Y nos pedimos y le hago una foto a la puerta y poca cosa más. Y en una horas ya casi lo he visto todo. Callejear, Albaicín, los nombres de las calles, Granada. Me encanta.
A la mañana siguiente toca probar lo de la Alhambra. Hay partes de Granada a las que yo iba y a las que ya no sabría ir. Por Pedro Antonio por ejemplo. O el Realejo. Vamos dando una vuelta y nos metemos en la Catedral. Un cartel contra el Aborto aborta la visita. Vamos dando una vuelta y nos metemos en un museo. El corral del Carbón, donde explican cómo era Granada en época musulmana. Hartón de datos de califato, emirato, ziríes, nazaríes y los Reyes Católicos. Y en cada mezquita, una iglesia. Y ese afán de aniquilar. En cada iglesia, había una mezquita. Y qué desastre. Y cada religión una historia. Y en Córdoba la sensación será más grave. En Granada menos. La religión. Con esos datos nos seguimos aventurando y subimos, como no, por Cuesta Gomérez. Y vemos las tiendas de regalos y souvenirs.
Camiseta de Granada. Me dan ganas de comprarme una, pero no, nunca me la compraré. Si no me compro una de Vilches, una de Granada, por mucho que me gusta tanto, no. Y postales, y los imanes, y las fotos. Y no. Y compramos postales, postales que creemos exclusivas de Granada y son para guiris que van a venir a Granada pero no a Córdoba, donde están las mismas. Y los mismos bolsos, las mismas alfombras, los mismos elefantes de la India. Esto es como la India.
Turismo. Lámparas, bolsos, azulejos, camisetas, postales. Vamos subiendo y decidimos subir y probar a ver. Igual, a lo mejor. Llegamos hasta el acceso y efectivamente, se pueden pillar entradas por internet pero sin ver los Palacios Nazaríes. Compra. Et voilà, entramos en la Alhambra. Toma castaña. Tenía yo 14 años, o 13, y en octavo de EGB nos dijeron de ir de viaje de fin de curso a Italia. Votamos, dijimos que preferíamos ir a Torremolinos. Pero el Pazos, supongo, se curró un viaje que nos llevó a Torremolinos, pero pasando por Granada y la Alhambra y llegando a Córdoba y la Mezquita. Honor y gloria para el Pazos por siempre. Yo no me acuerdo de nada de la visita a Granada, que comimos algo y ya está. Y de la Alhambra... pues es precioso. Sí, no es la mejor época, porque hace un calor infernal, pero coño, qué quieres. Los jardines, los patios, las fuentecillas, las vistas, subir, bajar, otro jardín, otra fuentecita, la escalera del agua con el agua cayendo a los lados. Es bonito de las cosas bonitas que hay. Palacio fortificado. Fortificación palaciega. Restos de las casas donde vivía el personal de palacio. Desde esta torre gritaron el Gran Capitán y el de la moto Granada, Granada, para ponerla a los pies de los Reyes Católicos. Y hoy hay muchos visitantes que hablan en árabe, y mujeres con pañuelo, y durante todo el viaje vemos mucha gente que visita monumentos que les tienen que decir muchas cosas y nosotros vemos como... Y el palacio de Carlos V.
Un palacio, un churro. Poner ese palacio ahí. Llega el día en el que a ese palacio no le hace caso nadie. Nada. Un elemento vacío. Simplemente por haberlo puesto donde está puesto. Allí por joder. Allí puesto para hacer daño. Para demostrar algo. Haciendo el ridículo. No lo visita nadie. Y a la Alhambra, pese a todo, va todo el mundo. Fotos desde la Torre de la Vela, fotos a los jardines, fotos a todo, para demostrar que sí, que hemos ido. Que hemos entrado. Que era posible. Aunque no hemos ido a los palacios nazaríes ni le hemos hecho fotos a los leones. Otra perspectiva.
Y a comer y a la calle Navas, que hombre, bien, vale, pero no. Es decir, no me gusta. Muy poco... no sé. No. Y patatas a lo pobre y a seguir. Y a caminar por el Albaicín y a visitar por la tarde la mezquita esa rara y más perderse y más eso. Y hablar y debatir y discutir. Porque uno es de discutir. Y vamos al sitio este de subir para arriba y si vemos unas escaleras es que las tenemos que subir. Y qué pateadas. Y qué hartones de andar. Y todo parece cerca. Y vamos por la noche a Pedro Antonio, a buscar el Peatón y... la Percha... y... no hay nada. Pero nada. Me pierdo y no es que me pierda, es que no están. Volviendo pasamos por la puerta del Planta Baja. Nos tomamos una cerveza y nos dejan elegir la tapa. Comienza el festival del Salmorejo (not me). Y el ambiente es otro, claro. Y estamos tan muertos que nos vamos ya, qué cansados. Qué palizón de andar. Y qué calor. Y mañana vamos a la Alpujarra. ¿Qué no?
Y a Granada hay que ir siempre, una vez. Vale, que mi recorrido es muy exiguo, que no lo veo todo, que me pierdo muchas cosas. Pero es una ciudad que me alucina. Es estar en otro sitio. Es estar en un sitio, quizás demasiado preparado para eso, para parecer otra cosa, igual muy poco natural, pero que a mí me basta. Parece que estas en otro sitio, un sitio mejor, más auténtico, aparte de todo. Aunque ya sabemos que Granada es muy de derechas y que aunque vas a un bar a tomarte una caña y te ponen Morente con Lagartija y parece que sí, no te fíes. Es que no. Pero hay que volver. Y descubrir. Y perderte por esas calles de chinorros. Y otro año que no vamos a la Chana. Y qué bonita que es Granada. Vamos, vamos, que vamos a la Alpujarra mañana. Qué cabezas.
Coda Alpujarra: Ir a la Alpujarra como el que se acerca a Almería, que diría mi Abuelo Quico. Tenemos unas horas. Vamos y elegimos un trayecto diferente, no entramos por Lanjarón, entramos por Órgiva. Una vuelta rara. Qué paisajes, qué montañacas. Vamos, va. Pepa vive por aquí. Le mando una foto. Que vayamos a verla. Vamos a verla. Pepa vive en un sitio que se llama Bayacas, o Carataunas, no sé. Vive como quiere, acaba de tener dos mellizos, Airú esta por ahí. Es una alegría verla. Nos cuenta, le contamos, pero nos vamos al cabo de poco rato, queremos ir a Pampaneira y comer algo por allí y por la tarde nos vamos a Córdoba. Subir, bajar, montaña, montaña pelada. Le mando un mensaje al Salva Tovar que sé que es de allí, se ha ido a Mojácar, hubiera sido de traca. En fin. Capileira, Soportújar, Pampaneira. Pampaneira. Comer algo, Salmorejo, la barriga comienza a hacer estragos, todo el día mal, Sopica y tortilla. Hay muchos visitantes, muchos catalanes, parece que hay nubes.
La Alpujarra. Supongo que da para mucho más. Compramos unos roscos que nos van a acompañar a la comunión de la hija pequeña. Las noticias que nos llegan de todas partes es que todo va bien. Parece que han matado a un concejal de IU en Asturias. Nada importante. La vida sigue.
La apropiación cultural, lo que es de aquí y lo que es de allí, lo que sientes tuyo y lo que te han dicho que es propio o extraño. Vemos quiénes gobiernan en esos pueblos, el PSOE a ful. Nos vamos, me encuentro medio medio, la carretera me marea. Alba conduce como si fuera de la zona. Yo voy acojonado. Hasta que no pillemos la autovía no voy a respirar. A Córdoba la llana.
Yo te guío.
Cinco días en Vlches. No estás mal, estás bien.
No sé quién dijo esta frase. Como muchas de las cosas que ocurren en las vacaciones sabemos que algo ocurrió pero no podemos más que contar algo parecido a lo que fue. No estás mal, estás bien. Creo que fue sentados en la terraza del Buen Gusto. Es posible que fuera Fabri. Es posible que fuera Rocío. Es posible que fuera alguien.
Vacaciones. Tiempo para huir, para escapar, para marcharnos a otro lugar. Pero Vilches no es otro lugar. No es un lugar para escapar o no estar, en Vilches estás. Este año, además, estaba y mucho. El año pasado estuve mucho tiempo y llevaba un año sin ir. Iba a estar cinco días. No más. ¿Qué pasa en mi pueblo? Cinco días de fiestas y el recuerdo vívido de un verano pasado que fue infernal, que recuerdo como terrorífico. Recordamos la cosas deformadas, supongo. El año pasado me puse malo. No regulé. El primer día fue matador y ya no supe remontar. Y qué calor. Y qué fatiga. Este año lo tenía claro, tenía que moderarme. Me hago mayor. Soy mayor. Y este año más. Más mayor cada año. Como novedad, como importante novedad, este año me acompaña mi compañera. Me acompaña mi compañera. Cada vez más mayor, más viejo y escribiendo peor. ¿Qué hay en tu pueblo? En mi pueblo no hay nada. Pueblos blancos de Andalucía, con su casco antiguo, su castillo árabe, su preciosa ermita, su gastronomía, su tienda de AOVE. Sus fiestas. Sus tradiciones. En mi pueblo hay de todo eso, pero no es lo mismo. Andalucía. Castilla - La Mancha. Explicaciones previas de qué somos y qué no somos. Otra vez con el somos. Dándole cien bocados a un cañamón. Feria y fiestas. Verás que en mi pueblo hace calor, pero es otro calor. Verás que no te voy a enseñar muchas cosas, porque no las sé localizar, pero veremos a mucha gente y hablaremos con mucha gente y nos encontraremos a mis padres por los bares y no pararemos en casa y la gente la gente la gente...
No ha sido así. Todos nos hacemos mayores. Mis padres han estado mucho en casa. No hemos hecho muchos alardes. Pero han sido cinco días necesarios. El viaje a Vilches como excusa para el reencuentro. Con los que viven allí y con los que ya no viven allí. No sé cuántos seguimos haciendo esto de reservar unos cuantos días para ir al pueblo. El pueblo de nuestros padres. Creo que cada vez somos menos. La gente se va. Va a la playa, a otros sitios, otros pueblos. Todos los años al mismo sitio. ¿Qué has hecho este año? Nada, he ido al pueblo. Nada. No he visto nada, no he ido a ninguna parte. Un viaje al pueblo planeado como una primera etapa de algo más. Un viaje iniciático. Compañera del alma, tan temprano. Vilches, Jaén. Verás que hemos entrado en Andalucía y zas, ya estamos aquí. Mi hermano y yo esperando un gesto de sorpresa. Explicando cosas. Obviando que hay más cosas que ver y que nos gusta solo la cucamona. Mi hermano y yo, caminando hacia los bares. Mi hermano y yo, esta vez acompañados. Mi hermano madurando y levantándose a horas razonables. Y ha venido Fabri con sus hijas, que son un encanto. Y Fabri es un grande. Y no ha venido Pepa, que ha tenido mellizos. Y contamos las cosas de Fabri. Mi hermano y Fabri.
Mis padres no saliendo tanto. Un día hasta las cuatro de la mañana en la piscina. Mi padre en el pueblo. Excitación y reflujo. Y adaptación a las nuevas circunstancias. Un día, sentado en una mesa con nuestros colegas, mi padre se cansa y dice que él quiere irse a la barra. Y se va. Porque es lo que echa de menos.
Un primer día con gente que se va sentando en la mesa. Están los catalanes, ha venido Montse también acompañada, qué alegría, y está Rocío y me da la impresión de que este año va a venir mucha gente de fuera, pero no sé si hay mucha gente de dentro. Está claro que las caras que veo son las caras de siempre. Y si no veo otras será porque no están. El primer día no son fiestas, es día para ir al pregón y comprobar que no tenemos remedio. En un primer momento, al ver el programa de las fiestas, con la virgen y los toros, pensé... retroceso. En fin. Libertad creativa. Pero al escuchar al pregonero y autor del cartel me di cuenta de que nada es suficiente. Que no vamos bien. El pregonero insiste en que se ve la virgen aunque haya quien no la vea. O sea que aún le han puesto pegas. Un pregón que parece un curriculum y luego el inevitable recuerdo de lo que fueron las fiestas y lo que son y que son un ejercicio de nostalgia... pero oye, no está tampoco tan mal. Podría haber sido un coñazo lacrimógeno de aquellos... y no. Bien. Y las alusiones a los semanadas, quizás tanto rollo con los emigrantes se merezca algún tipo de debate más extenso. Otro año. Venga. A beber pastores.
Veo a casi todo el mundo. Hablamos con todos. Los compañeros están ahí. Este año quizás he hablado menos, pero les he visto más tranquilos, más seguros. Los comunistas hacen cosas. Y sí, hay quien critica, pero las críticas son cada vez, me parece, menos trascendentes. Veremos. Sí, sí, los comunistas. Esos que parece que no. Pues hacen cosas. La Marina explicando lo que es y lo que se hace. De piedra. No nos conocemos. Y no veo mucho a Berna, pero sé que lo está haciendo bien.
Y ya puestos, he visto a Paco, a Raspu, a la Isa (no pasa el tiempo por la Isa), no he visto a Carlos y ha llegado a venir Jose pero tampoco lo he visto.
Como ya viene ocurriendo, las fiestas se convierten en un ir pasando el tiempo hasta el momento de entrar en la piscina. Incluyo con esto las actividades de la mañana. Toda actividad se mide en torno a la hora que saliste de la piscina, la hora que entras, cómo entras y como sales. Hay orquestas, como siempre. No sabría decir cuál fue la buena y la mala. Creo que las de los primeros días fueron buenas y la del diecisiete fue un poco raruna. O fue la del dieciséis. No recuerdo. Cantaban como asfixiados. Bailar, bailo poco, casi nada. Pero hay que bailar. El día dieciséis o fue el quince, el cantante tuvo que bajar y buscar a lazo al público. Y le salió bien. Llevaba una banderita española en la muñeca. En fin. Pero animaba.
Beber cerveza, hablar con la gente, y medir. Medir de no pasarnos. No alargar las posturas, no sufrir con el calor, no hacer el tonto. Han venido las sevillanas, la Isabelita y la Marijose pero no la Rocío. Conozco a la hija de la Isabelita, la Lucía. Y a la otra hija de la Marijose, la Alba. Qué bola. Y hablo cinco minutos con el Dani. Mmmm. Lo noto bajo. Firme, camarada, firme. Cerveza, fiesta de la espuma, chorros de agua, la charanga que sigue cantando es maricón el que no bote como si quienes forman la charanga tuvieran cincuenta años y vivieran hace cincuenta años. Y no pasa nada. Es peor que me mojen la tapa. Este año no he visto bailar a mi prima Isa, la he visto pero no bailar. No hemos visto a los titos de Mollet.
El tito Manolo, más tito Manolo que nunca. Otro atrapado en el tiempo. Robin grande con barba blanca, la Manoli diciendo que estamos igual, siempre igual. Y Robin chico y el pequeño Guillermo, enfadao.
Y al Argudo, al que veo una vez al año, quizás un día, nos saludamos, comentamos, estamos bien. Todo el rollo del viaje al pueblo se reduce a eso. Cómo vamos, ahí vamos. Ea. Pues aquí como siempre. Este año no me ha salido ninguna frase así que definiera... aquí estamos.
Primos y primas. Mis primas Conchi y Aurora, mi sobrino Álvaro que no me deja entrar con un vaso de cristal en las chapas. Orgullo de sobrino que hace cumplir la ley. Las chapas, ay, ya es redundante decir eso de que nos hacemos viejos... no conocemos a nadie. Al menos mi sobrino me reconoce. Mis primas y primos. Mi primo Jesús y mi prima Ana. Mi primo Jesús con camiseta y bufanda merengue. Mi prima Ana siendo la portaestandarte de ese espíritu de la familia de no hacer nada mínimamente útil. Mi tito Antonio, capaz de saber de todo y darte la noche con la acumulación de datos, pero uno se ve tan reflejado... Primos, titos y titas. Primas.
Mi prima Juli, viene con los niños, hablamos, pero sabe a poco. No he visto a mi prima Juani. Qué mierda vivir tan lejos. Vemos a mi tito Basilio, un día bajando de tomar algo. Saltamos de acera para darle dos besos. Siempre da alegría verle, esta vez es doble. No veo a mi primo Juan, que ha venido pero yo ya no estaba.
El pueblo. Hablar con gente, saludar a gente. En un bar alguien que no conozco de nada, o al menos que no soy capaz de recordar, me dice que le gusta la música que hacemos. Me quedo asombrado. Porque no soy capaz de saber quién es. Sí que hay otros colegas a los que conozco sobre todo de facebook que hablan y charlamos... pero lo de ese chico... me dejó de piedra.
Desorden. Los bares. Los recorremos todos, pero nos dejamos alguno. No sé si sigue abierto el Klama, pero en todos los bares nos tomamos algo. La diferencia entre bares, entre ambientes. La plaza, cada vez más muerta, con menos ambiente. El cruce, más animado. La gente dicen que se monta las posturas en sus casas. El casino, que ya abre para todo el mundo. Ven, vamos a ver las vistas... es de noche, no hay vistas. Pero mira qué tapas.
¿Qué hemos visto del pueblo? La visita al cerro, mira que vistas, el castillo, el cerro, la ermita. Los chumbos de las cuestas están muertos. Las palas muertas. La cochinilla no respeta nada. Vemos entrar a la Virgen, por primera vez creo que en toda la vida, por ir a ver algo. Llévame a ver algo al menos. Efectivamente, cuando la Virgen entra en la iglesia, suena el himno nacional.
Una vuelta por el pueblo. Vemos algo de las cuevas. Pero es que son fiestas. No hay tiempo. Solo podemos estar de fiesta.
Gente entrando en casa, gente que pica y que trae tomates, pimientos, que viene a ver a mi padre y a mi madre y porqué no vamos al Porrosillo. Pues vamos. Pasando por Arquillos vemos una especie de procesión de Legionarios. Demasiado. Vamos al Porrosillo. Aparcamos el coche, cerramos la puerta y de inmediato otra puerta se abre. La prima... La tita... y el periplo comienza. Breve, resumido, pero suficiente para dar fe. Hemos ido al Porrosillo. Hemos visto el sundown del Porrosillo. Esto en primavera es precioso.
En primavera, todo es precioso.
El tema. ¿Cómo está la cosa por ahí? Mal. O bien. O sea, mal. Mal, pero ya da igual. Ya no hay remedio. No se habla del tema y punto. Banderas españolas, te extrañas, qué quieres. Vamos a los Cazadores, los servilleteros, todo te extraña. Hasta que la Laura sale de la barra para darnos dos besos.
Las noticias de Barcelona son buenas, por lo menos se estabilizan. Hay luna creciente.
Qué pasa el pueblo. La gente se va o la gente se queda. Hay poca gente en los pueblos. Los pueblos, las fiestas, lo que ha de ser y lo que somos nosotros que vamos todos los años y que ya no sabemos qué buscamos más allá de ver a la gente y dar fe de que sí, que seguimos conectados. Y subimos para arriba y bajamos para abajo. Y no estás mal, estás bien. Y todo el mundo me ve bien. Y no ha hecho mucho calor y no nos hemos pasado. Y estamos creciendo.
Nos vamos. Nos tenemos que ir. Una visita al Curro, a comer jarapos. Experiencia fallida. Esos jarapos no son jarapos. Llevan champis de lata, espárragos, no. Así no. La carne de monte sí. Y las patatas a lo pobre, perfectas. No es lo que esperábamos, esos jarapos. Vámonos. Nos espera Granada. Verás qué bonito es Granada.
Vacaciones. Tiempo para huir, para escapar, para marcharnos a otro lugar. Pero Vilches no es otro lugar. No es un lugar para escapar o no estar, en Vilches estás. Este año, además, estaba y mucho. El año pasado estuve mucho tiempo y llevaba un año sin ir. Iba a estar cinco días. No más. ¿Qué pasa en mi pueblo? Cinco días de fiestas y el recuerdo vívido de un verano pasado que fue infernal, que recuerdo como terrorífico. Recordamos la cosas deformadas, supongo. El año pasado me puse malo. No regulé. El primer día fue matador y ya no supe remontar. Y qué calor. Y qué fatiga. Este año lo tenía claro, tenía que moderarme. Me hago mayor. Soy mayor. Y este año más. Más mayor cada año. Como novedad, como importante novedad, este año me acompaña mi compañera. Me acompaña mi compañera. Cada vez más mayor, más viejo y escribiendo peor. ¿Qué hay en tu pueblo? En mi pueblo no hay nada. Pueblos blancos de Andalucía, con su casco antiguo, su castillo árabe, su preciosa ermita, su gastronomía, su tienda de AOVE. Sus fiestas. Sus tradiciones. En mi pueblo hay de todo eso, pero no es lo mismo. Andalucía. Castilla - La Mancha. Explicaciones previas de qué somos y qué no somos. Otra vez con el somos. Dándole cien bocados a un cañamón. Feria y fiestas. Verás que en mi pueblo hace calor, pero es otro calor. Verás que no te voy a enseñar muchas cosas, porque no las sé localizar, pero veremos a mucha gente y hablaremos con mucha gente y nos encontraremos a mis padres por los bares y no pararemos en casa y la gente la gente la gente...
No ha sido así. Todos nos hacemos mayores. Mis padres han estado mucho en casa. No hemos hecho muchos alardes. Pero han sido cinco días necesarios. El viaje a Vilches como excusa para el reencuentro. Con los que viven allí y con los que ya no viven allí. No sé cuántos seguimos haciendo esto de reservar unos cuantos días para ir al pueblo. El pueblo de nuestros padres. Creo que cada vez somos menos. La gente se va. Va a la playa, a otros sitios, otros pueblos. Todos los años al mismo sitio. ¿Qué has hecho este año? Nada, he ido al pueblo. Nada. No he visto nada, no he ido a ninguna parte. Un viaje al pueblo planeado como una primera etapa de algo más. Un viaje iniciático. Compañera del alma, tan temprano. Vilches, Jaén. Verás que hemos entrado en Andalucía y zas, ya estamos aquí. Mi hermano y yo esperando un gesto de sorpresa. Explicando cosas. Obviando que hay más cosas que ver y que nos gusta solo la cucamona. Mi hermano y yo, caminando hacia los bares. Mi hermano y yo, esta vez acompañados. Mi hermano madurando y levantándose a horas razonables. Y ha venido Fabri con sus hijas, que son un encanto. Y Fabri es un grande. Y no ha venido Pepa, que ha tenido mellizos. Y contamos las cosas de Fabri. Mi hermano y Fabri.
Mis padres no saliendo tanto. Un día hasta las cuatro de la mañana en la piscina. Mi padre en el pueblo. Excitación y reflujo. Y adaptación a las nuevas circunstancias. Un día, sentado en una mesa con nuestros colegas, mi padre se cansa y dice que él quiere irse a la barra. Y se va. Porque es lo que echa de menos.
Un primer día con gente que se va sentando en la mesa. Están los catalanes, ha venido Montse también acompañada, qué alegría, y está Rocío y me da la impresión de que este año va a venir mucha gente de fuera, pero no sé si hay mucha gente de dentro. Está claro que las caras que veo son las caras de siempre. Y si no veo otras será porque no están. El primer día no son fiestas, es día para ir al pregón y comprobar que no tenemos remedio. En un primer momento, al ver el programa de las fiestas, con la virgen y los toros, pensé... retroceso. En fin. Libertad creativa. Pero al escuchar al pregonero y autor del cartel me di cuenta de que nada es suficiente. Que no vamos bien. El pregonero insiste en que se ve la virgen aunque haya quien no la vea. O sea que aún le han puesto pegas. Un pregón que parece un curriculum y luego el inevitable recuerdo de lo que fueron las fiestas y lo que son y que son un ejercicio de nostalgia... pero oye, no está tampoco tan mal. Podría haber sido un coñazo lacrimógeno de aquellos... y no. Bien. Y las alusiones a los semanadas, quizás tanto rollo con los emigrantes se merezca algún tipo de debate más extenso. Otro año. Venga. A beber pastores.
Veo a casi todo el mundo. Hablamos con todos. Los compañeros están ahí. Este año quizás he hablado menos, pero les he visto más tranquilos, más seguros. Los comunistas hacen cosas. Y sí, hay quien critica, pero las críticas son cada vez, me parece, menos trascendentes. Veremos. Sí, sí, los comunistas. Esos que parece que no. Pues hacen cosas. La Marina explicando lo que es y lo que se hace. De piedra. No nos conocemos. Y no veo mucho a Berna, pero sé que lo está haciendo bien.
Y ya puestos, he visto a Paco, a Raspu, a la Isa (no pasa el tiempo por la Isa), no he visto a Carlos y ha llegado a venir Jose pero tampoco lo he visto.
Como ya viene ocurriendo, las fiestas se convierten en un ir pasando el tiempo hasta el momento de entrar en la piscina. Incluyo con esto las actividades de la mañana. Toda actividad se mide en torno a la hora que saliste de la piscina, la hora que entras, cómo entras y como sales. Hay orquestas, como siempre. No sabría decir cuál fue la buena y la mala. Creo que las de los primeros días fueron buenas y la del diecisiete fue un poco raruna. O fue la del dieciséis. No recuerdo. Cantaban como asfixiados. Bailar, bailo poco, casi nada. Pero hay que bailar. El día dieciséis o fue el quince, el cantante tuvo que bajar y buscar a lazo al público. Y le salió bien. Llevaba una banderita española en la muñeca. En fin. Pero animaba.
Beber cerveza, hablar con la gente, y medir. Medir de no pasarnos. No alargar las posturas, no sufrir con el calor, no hacer el tonto. Han venido las sevillanas, la Isabelita y la Marijose pero no la Rocío. Conozco a la hija de la Isabelita, la Lucía. Y a la otra hija de la Marijose, la Alba. Qué bola. Y hablo cinco minutos con el Dani. Mmmm. Lo noto bajo. Firme, camarada, firme. Cerveza, fiesta de la espuma, chorros de agua, la charanga que sigue cantando es maricón el que no bote como si quienes forman la charanga tuvieran cincuenta años y vivieran hace cincuenta años. Y no pasa nada. Es peor que me mojen la tapa. Este año no he visto bailar a mi prima Isa, la he visto pero no bailar. No hemos visto a los titos de Mollet.
El tito Manolo, más tito Manolo que nunca. Otro atrapado en el tiempo. Robin grande con barba blanca, la Manoli diciendo que estamos igual, siempre igual. Y Robin chico y el pequeño Guillermo, enfadao.
Y al Argudo, al que veo una vez al año, quizás un día, nos saludamos, comentamos, estamos bien. Todo el rollo del viaje al pueblo se reduce a eso. Cómo vamos, ahí vamos. Ea. Pues aquí como siempre. Este año no me ha salido ninguna frase así que definiera... aquí estamos.
Primos y primas. Mis primas Conchi y Aurora, mi sobrino Álvaro que no me deja entrar con un vaso de cristal en las chapas. Orgullo de sobrino que hace cumplir la ley. Las chapas, ay, ya es redundante decir eso de que nos hacemos viejos... no conocemos a nadie. Al menos mi sobrino me reconoce. Mis primas y primos. Mi primo Jesús y mi prima Ana. Mi primo Jesús con camiseta y bufanda merengue. Mi prima Ana siendo la portaestandarte de ese espíritu de la familia de no hacer nada mínimamente útil. Mi tito Antonio, capaz de saber de todo y darte la noche con la acumulación de datos, pero uno se ve tan reflejado... Primos, titos y titas. Primas.
Mi prima Juli, viene con los niños, hablamos, pero sabe a poco. No he visto a mi prima Juani. Qué mierda vivir tan lejos. Vemos a mi tito Basilio, un día bajando de tomar algo. Saltamos de acera para darle dos besos. Siempre da alegría verle, esta vez es doble. No veo a mi primo Juan, que ha venido pero yo ya no estaba.
El pueblo. Hablar con gente, saludar a gente. En un bar alguien que no conozco de nada, o al menos que no soy capaz de recordar, me dice que le gusta la música que hacemos. Me quedo asombrado. Porque no soy capaz de saber quién es. Sí que hay otros colegas a los que conozco sobre todo de facebook que hablan y charlamos... pero lo de ese chico... me dejó de piedra.
Desorden. Los bares. Los recorremos todos, pero nos dejamos alguno. No sé si sigue abierto el Klama, pero en todos los bares nos tomamos algo. La diferencia entre bares, entre ambientes. La plaza, cada vez más muerta, con menos ambiente. El cruce, más animado. La gente dicen que se monta las posturas en sus casas. El casino, que ya abre para todo el mundo. Ven, vamos a ver las vistas... es de noche, no hay vistas. Pero mira qué tapas.
¿Qué hemos visto del pueblo? La visita al cerro, mira que vistas, el castillo, el cerro, la ermita. Los chumbos de las cuestas están muertos. Las palas muertas. La cochinilla no respeta nada. Vemos entrar a la Virgen, por primera vez creo que en toda la vida, por ir a ver algo. Llévame a ver algo al menos. Efectivamente, cuando la Virgen entra en la iglesia, suena el himno nacional.
Una vuelta por el pueblo. Vemos algo de las cuevas. Pero es que son fiestas. No hay tiempo. Solo podemos estar de fiesta.
Gente entrando en casa, gente que pica y que trae tomates, pimientos, que viene a ver a mi padre y a mi madre y porqué no vamos al Porrosillo. Pues vamos. Pasando por Arquillos vemos una especie de procesión de Legionarios. Demasiado. Vamos al Porrosillo. Aparcamos el coche, cerramos la puerta y de inmediato otra puerta se abre. La prima... La tita... y el periplo comienza. Breve, resumido, pero suficiente para dar fe. Hemos ido al Porrosillo. Hemos visto el sundown del Porrosillo. Esto en primavera es precioso.
En primavera, todo es precioso.
El tema. ¿Cómo está la cosa por ahí? Mal. O bien. O sea, mal. Mal, pero ya da igual. Ya no hay remedio. No se habla del tema y punto. Banderas españolas, te extrañas, qué quieres. Vamos a los Cazadores, los servilleteros, todo te extraña. Hasta que la Laura sale de la barra para darnos dos besos.
Las noticias de Barcelona son buenas, por lo menos se estabilizan. Hay luna creciente.
Qué pasa el pueblo. La gente se va o la gente se queda. Hay poca gente en los pueblos. Los pueblos, las fiestas, lo que ha de ser y lo que somos nosotros que vamos todos los años y que ya no sabemos qué buscamos más allá de ver a la gente y dar fe de que sí, que seguimos conectados. Y subimos para arriba y bajamos para abajo. Y no estás mal, estás bien. Y todo el mundo me ve bien. Y no ha hecho mucho calor y no nos hemos pasado. Y estamos creciendo.
Nos vamos. Nos tenemos que ir. Una visita al Curro, a comer jarapos. Experiencia fallida. Esos jarapos no son jarapos. Llevan champis de lata, espárragos, no. Así no. La carne de monte sí. Y las patatas a lo pobre, perfectas. No es lo que esperábamos, esos jarapos. Vámonos. Nos espera Granada. Verás qué bonito es Granada.
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