jueves, 18 de junio de 2020

El reloj de la Plaza del Reloj

Como si la historia del reloj de Regreso al Futuro fuera verdad. El reloj que queda paralizado por que un rayo le cae y por poco fríe al pobre Marty McFly. ¿Hay un Marty McFly en el Fondo? Debe haberlo. Lo que ocurre es que en Hill Valley no hay una plaza del Reloj en honor a un reloj. En Santa Coloma sí. En Santa Coloma tenemos una Plaça del Rellotge, la plaza del Reloj, al final o al principio de la calle Jacint Verdaguer y en esa plaza del Rellotge, en esa plaza del Reloj, un reloj.
Y ese reloj no funciona.
Qué grandeza la de Santa Coloma que se permite tener el reloj roto en la plaza del Reloj y así son las cosas y no sé cuánto tiempo debe llevar ese reloj parado a las cinco menos cinco. ¿Cuántos años? No lo sé. Me han contado la historia y es mejor no reproducirla porque no hay guionistas en Netflix (antes decíamos hollywood) capaces de mejorar la historia.
Qué grandeza la de esta ciudad capaz de tener uno de los símbolos de la misma ciudad parado, roto y que no haya un acuerdo, ni de ciudad, ni municipal, ni un vídeo que describa el proceso de reparación, ni que ni siquiera el número de coches de los mossos y los cuerpos y fuerzas hayan tenido un momento para subirse con una escalera y ver qué le pasa a ese reloj.
Reloj de la plaza del Reloj que no funcionas, dime, qué es lo que te ocurre. Reloj de la plaza del Reloj que le das nombre y que incluso tienes una calle que se llama calle del Reloj con lo que tenemos una ciudad que tiene plaza del Reloj y una plaza del reloj e incluso, y ahora ya se van a quedar del color de la pez, tenemos un equipo de fútbol sala o teníamos que ahora ando desinformado, teníamos un equipo de fútbol que se llamaba el Tiempo. El Tiempo.
Reloj y Tiempo. Y tenemos el reloj parado, quizás porque en Santa Coloma el tiempo no importa. En Santa Coloma tenemos un ritmo inamovible, en Santa Coloma hay cosas que son eternas, que son inmutables y qué mejor manera de demostrarlo que teniendo un reloj parado en la plaza del Reloj.
Cuando he hecho la foto al reloj parado de la plaza del Reloj eran las cuatro menos cuarto y me he tenido que asegurar de que, efectivamente, este reloj está parado, estropeado. Quizás está algo adelantado. Mi hermano por ejemplo, siempre lleva el reloj como un cuarto de hora o veinte minutos adelantado. Y son costumbres y son otros pueblos y son otras gentes.
Otras gentes como las que viven en nuestro querido (¿no?) barrio del Fondo y que quizás tienen otra concepción del tiempo. Igual viene por ahí. Cruce de culturas y de formas de ver y sentir el paso del tiempo y lo que hay ya no en esta vida sino en las siguientes, el tiempo y en concreto un reloj puede ser una manera de definir de manera estanca el mismo y eso, quizás, lleva a preferir un reloj parado, inservible, que no un reloj que esté andando. Y al andar, defina qué y porqué. Y eso mejor no tocarlo y entonces, como todo, mejor dejarlo así.
Roto.
Mejor dejarlo así. O no.
Mejor sería, por decir algo, demostrar que ese barrio, como todos los barrios, se merece que las cosas funciones y que las cosas se hacen, además de demostrar el poder del que disponemos con furgonetas e identificaciones. Podríamos, por ejemplo, demostrar que hay unos poderes públicos que, en caso de que algo no funcione, se arregla. El reloj roto, durante tanto tiempo, demuestra que, al fin y al cabo, hay cosas que no se hacen y que no pasa nada. Y cuando no pasa nada, pasan cosas.
Pasan que la gente piensa que su barrio no importa, que su ciudad no importa, que no importa nada. Que nadie se toma la molestia de hacer las cosas. De que estén bien. Que funcionen. Y que la plaza del Reloj tenga un reloj que funcione, sea quien sea quien lo pusiera o quien detente las competencias exactas para que se ponga en marcha.
Porque igual arreglar un reloj no significa nada para el barrio del Fondo o para que el clima de inseguridad que se extiende por la ciudad mejore. Pero demostraría que, al menos, el reloj de la plaza del Reloj del barrio del Fondo le interesa a alguien.
Y ya de ahí, para arriba.

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