miércoles, 10 de junio de 2020

Schrieben

Un nuevo texto de Danuta Wolinska:
'"Danuta. Te llamas Danuta de verdad. Yo pensaba que era..." Esto fue lo primero que me dijo. Al parecer ya me había visto en un espacio semejante y se había quedado con mi nombre, pero no creía que era mi nombre, pensaba que era Danuta. Siempre, o muchas veces, he tenido problemas con mi nombre. Si me hubiera llamado John Lennon o Maria Poniatowska, otro gallo hubiera cantado. Pero me llamo Danuta. Danuta Wolinska. El apellido ha dado igual. Nunca quise saber de la otra Danuta. Ya me lo recordaban todos los días. Pero no esperaba que él, Rudiger Grossmann, el gentleman, el dandy, el caballero por excelencia de las letras germanas, el berlinés más universal, tuviera también el lamentable gesto de recordar mi nombre y asociarlo a...
Le dije que sí. Encima le seguí la corriente. 'Qué pensaba'. Porque de ninguna manera me parezco a Danuta, le dije, orgullosa. Grossmann se rió sonoramente y me invitó a una copa de vino. El salón de la Biblioteca Municipal estaba a reventar de gente y yo estaba tomando una copa de vino con Rudiger Grossmann, que acababa de dar una conferencia sobre 'Lo bostoniano', que me había dejado boquiabierta. Porque durante dos horas se dedicó a hablar de calles, algún que otro establecimiento donde aún se vendía comida, un par de cafeterías y la librería antigua de rigor para darle poso intelectual al relato, y verdaderamente no dijo nada. Me tenía fascinada. Reconozco que me perdía esa afectación, esa elegancia exagerada, esa significación por encima de los demás. Me tenía rendida. Y entonces dijo eso. Danuta. Te llamas Danuta de verdad. Yo pensaba que era.... Zozobré. Aquel hombre tan encantador, aquel especímen áureo se tambaleaba ante mí. Era de carne y hueso. Conocía a la otra Danuta.
La copa de vino sirvió para que Grossman recuperase el terreno que había perdido. Volvió a ser el elegante conversador, atrevido, chispeante, provocador, versátil, que me tenía loca perdida. Una copa, dos copas de vino. Una tercera. Mi cuerpo estaba acostumbrado al schnapps y aquel vino Gewurztraminer era una puta broma. Le iba a aguantar todos los asaltos que me propusiera Grossman. Cuarta copa de vino y la conversación pasó por la música alemana de los 70. Me preguntó si conocía Cluster. Le dije que me había aficionado a Cluster gracias a Brian Eno. Me preguntó si era fan de Roxy Music. Le dije que por supuesto. Estaba guapo con aquel traje oscuro, que no parecía nuevo, desgastado adrede, una corbata también negra, camisa marrón oscuro. Botas de la marca que todos imagináis. Me parecía irresistible.
Me preguntó si nos íbamos de allí.
Me miró el escote disimuladamente, sonriendo.
No le contesté. Saqué una petaquita con schnapps, me la bebí de un trago, eructé en su cara... en fin'.

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