lunes, 31 de mayo de 2021

La batalla de Port Arthur


 Durante la batalla de Port Arthur en la guerra Ruso Japonesa, el general Kosinski recibió el encargo de tomar una colina para poder pasar al otro lado de esa misma colina y así avanzar en una posición que resultaba fundamental para que las fuerzas del zar pudieran, al menos, mantener las perspectivas de una pequeña ventaja en una batalla que los rusos tenían perdida. El general Kosinski recibió el encargo una mañana de mayo y ahí que se plantaron unos 5000 soldados, con sus cosas de infantería, con sus cosas de artillería, su caballería y su todas las cosas que tienen los militares para llevar a cabo sus historias. 

El general Kosinski planteó la toma de la colina, cuyo nombre ahora no viene al caso, de la siguiente manera. Su idea era la de capturar la colina cuando fuera el momento. Así, que durante un par de días, las tropas del general Kosinski esperaron a que la situación fuera propicia para poder lanzar un ataque que pudiera preparar el asalto a la colina y desde ahí, plantarse al otro lado. El sitio de Port Arthur se prolongaba y era esencial que se consiguiera un resultado positivo en esta acción y no malgastar fuerzas en un despliegue que podía resultar erróneo. 

Tres días después las tropas del general Kosinski seguían esperando el momento propicio. El general Kosinski, cada dos horas, se subía a un pequeño pedestal que se había construído al lado de su tienda de campaña y oteaba el horizonte. No veía nada en particular más allá que unas columnas de humo que denotaban que la batalla continuaba. 

Quince días después, las tropas del general Kosinski estaban preparadas para que el general Kosinski, en nombre del Zar, diera la orden de asalto. 

Un mes después, las tropas del general Kosinski amenazaban con dar el golpe a la colina.

Durante la revolución de Octubre, tropas del general Kosinski iniciaron un conato de insurrección interna pero no se atrevieron finalmente a dar el golpe ya que la hora del asalto a la colina era inminente. 

El general Kosinski se dirigió a sus tropas en 1923 reconociendo el nuevo gobierno soviético y animando a tomar la colina para la clase trabajadora y la revolución mundial. 

El general Kosinski falleció en 1936 víctima de una extraña enfermedad de la que no tenemos más noticia. 

Durante la Segunda Guerra Mundial, el frente se mantuvo estable. 

En 1968 durante una visita oficial, el presidente Brezhnev resaltó el heroísmo de las tropas soviéticas que aguantaban estoicamente al pie de la colina. 

A día de hoy, son miles de turistas los que visitan a las tropas acantonadas junto a la colina para tener un recuerdo de esos héroes que mantienen la posición de la madre Rusia en el extremo oriente. 

domingo, 30 de mayo de 2021

Rondel oro. Rondel verde.


Siempre me ha interesado esa jerga que emplean los rastas. Hablan de batallas que no puedes encontrar en los mapas. Batallas como la batalla por lo verde o por lo rojo. Una batalla que nos incumbe y que nos preocupa. Una de esas batallas que se dirimen y que sirven para delimitar un espacio, para hablar de una tradición, para hablar de un hilo, para hablar de los tiempos, para traicionarlos, para ponernos melodramáticos, para demostrar un desconocimiento deliberado del espacio y del tiempo, para demostrar un interés nunca ocultado por llevar el ascua hacia una determinada sardina, para hacer de un agravio una manera perenne de funcionar, para estar anclados en un memorial de decisiones que se hicieron a sabiendas que no estaban hechas nada más que para hacernos la púa y sin embargo aquí seguimos, haciendo cantos a la resistencia, para hacer fiesta y coros y danzas cuando otros abandonaron porque nos quedábamos con más espacio, para hacernos preguntas sobre la pervivencia en el espacio, a la capacidad increíble que tenemos de seguir agarrados al ascua ardiendo porque de esa ascua depende nada menos que uno de los elementos del rondel, no el verde, el oro. Tipo test sobre el espacio, urgentemente.

Del oro y no del verde es de lo que estamos hablando aquí. Del oro y no de otra cosa. Del verde podemos hablar largo y tendido y de lo que significa lo verde hoy en día. Ciertamente importante. Siempre lo ha sido, o al menos desde hace suficientes años como para habernos dado cuenta de que eso era así, eso ha sido así y ya hemos visto que eso será así. Lo verde es lo que, tarde o temprano, iba a pasar. Pero hablemos del oro.

Aquí estamos por el oro. Fuera del verde podríamos ser estupendamente dignos, pero todo nuestro conocimiento, todos nuestros títulos, todo el bagaje y los seguidores en twitter se quedarían en una pequeña anécdota sin más traslación en rendimiento económico como esa mierda que te comas. Es así. Y por el oro , brillamos. Por el oro, somos brillantes. Así que los aspavientos y los cantos a las democracias y a las participaciones y a las revoluciones que han de venir, se quedan en meras palabras que se han de llevar el viento porque dentro de dos años no se va a hablar de verde, qué digo dentro de dos años, dentro de este mismo año, no se habla de verde, se habla de oro.

Así que por el oro vamos a tener que envainarnos esos aires, esos twitters, esas camisetas y esos alardes para seguir trabajando en lo que estábamos. Pero ¿dónde estábamos? ¿O no? ¿O cuál es la alternativa? La alternativa quizás se presenta como un zumo de arándanos que yo no es que sepa mucho de dietética pero si el rondel verde quizás es algo de aquella manera, con el zumo de arándanos nos podemos cagar. ¿Serán los aspavientos y los golpes en el pecho el preludio de algún tipo de algo lo que fuera no quiero ni imaginarme porque es que supongo que a nadie se le habrá pasado por la cabeza? Oro, verde.

Y mientras tanto, la gente sigue mirándonos cada vez con más cara de extrañeza. Como si fuésemos parte de un mundo ajeno a todo. Los verdes, los rojos, los morados, haciendo profesión de fe, de adhesión a lemas, a sonrisas, a slogans, a cabreos, a compromisos inquebrantables, a palabras vacías de cualquier contenido real. A todo. 

Y mientras tanto, preguntemos por la calle si el rondel verde o el zumo de arándanos o las piñas van a ser lo que se va a llevar la próxima temporada. Qué calle. Estoy preparando otra cosa, ahora no tengo tiempo. Siempre hablan de batallas que no puedes encontrar en los mapas. 

jueves, 27 de mayo de 2021

Juventud, egolatría


 Y cuando llegas a una cierta edad, te preguntas cosas. Aquí la cosa que uno se pregunta, que ya la tenía clara, pero que entre hoy y ayer se me torna imprescindible resolver es ¿hasta cuándo? ¿Cuándo debemos dejar de pensar que la juventud no nos abandona? ¿Cuándo podemos empezar a asumir que no, que ya no, que ya no somos jóvenes? La juventud es un bien preciado, nadie quiere pasar por una persona madura, salvo si eres... no sé, salvo si eres de aquella manera de persona que piensa que solo las personas de esa manera que uno cree que, vamos, que son, no sé. Esas personas. 

A lo que voy. El tema está en reconocer que ya no. Que ayer, mientras me probaba una camiseta que había encargado pensando en engordar mi colección de camisetas así como de rock personalizadas para parecer una persona especial con unos gustos musicales únicos, pensé. Pensé y volví a pensar. La juventud hace ya tiempo que. Y yo, como muchos otros por otra parte, seguimos pensando que. Y no es así. Me miré en el espejo, con una camiseta negra y pensé. Mal. Me seguí mirando en el espejo tiempo después, en los espejos, en los escaparates y pensé. Mal. Mal otra vez. 

Ser joven debe ser maravilloso, yo fui joven y puedo hablar de momentos especialmente felices. No todo el rato, no siempre. No voy a hablar de la juventud como la mejor época de mi vida. Hay quien pensará que los jóvenes hoy podemos... No. No podemos. Que la juventud se alarga durante un tiempo indefinido y que alargamos la broma años y años y años y décadas y que con 46 años, todavía eres joven. Y eres joven además porque mantienes cierta fidelidad a un vestuario, a unas costumbres, a una manera de pensar caracterizada por la inmadurez. 

El tema. La madurez y la inmadurez. La juventud y no. Ser joven y ser inmaduro y ser una persona de edad avanzada y ser un inmaduro. ¿Tienen que ver una cosa con la otra? No tengo ni idea. Sí que considero que se puede ser inmaduro y no ser joven o no sentirte joven. Joven en cuanto a tener expectativas, ilusión, ganas, deseo, etc. Lo que se llama espíritu juvenil. Una mierda. Porque creo que ni siquiera cuando fui joven tenía yo de eso. Ganas. 

Inmadurez, sí. Ahí sí que he estado siempre en la vanguardia. La juventud no me ha dado especialmente alegrías como digo, más bien en momentos puntuales, pero sí que la inmadurez ha sido el principal motivo de orgullo al cual desto. ¿He conseguido cosas gracias a la inmadurez? Absolutamente nada. 

¿Por dónde iba?

¿Qué estaba queriendo decir?

Posiblemente nada. O nada concreto. O una sensación. Básicamente que la juventud se fue. Pero lo que queda es otra cosa. Que uno ya no puede ir por ahí, ya hace años que no debería, queriendo pasar la vida pensando que las rutinas de los 20 o los 30 años son válidas. Ya no. Y sin embargo, lo verdaderamente terrible es que no sabemos hacer otra cosa. 

Lo que sí que no es lo del vestuario. Por lo menos ahí, que se note. No podemos ir vestidos como si fuésemos protagonistas de un vídeo de Nirvana. No podemos. No podemos. 

martes, 25 de mayo de 2021

Bob Dylan no está ahí


Ya hace tiempo que escribí otro texto, o fueron dos, sobre Bob Dylan. Hoy toca porque ha cumplido 80 años. Y se dice pronto. Escribir sobre alguien que está vivo, sin esperar a que se muera, para hablar bien de él. O hablar, simplemente. Hablar de quien se acaba de morir, parece lógico, pero de alguien por el mero hecho de haber cumplido años, 80 años, no parece muy allá. Aunque todo el mundo lo haya hecho. Al final, qué. 

Bob Dylan ha cumplido 80 años y de Bob Dylan se pueden decir muchas cosas. La primera de todas es que Bob Dylan no está ahí donde creemos que está, o donde yo creo que está. Estará en otro sitio, pero aquí, no está. En la película sobre su gira Rolling Thunder, dirigida por Scorsese, da una vuelta de tuerca a todo lo que sabemos de él y nos cuenta cosas que son mentira. Y nos lo dice en toda la cara. Una mentira detrás de otra. Un concierto, una mirada, un amor, una ideología. Todo al mismo sitio. Tú piensas que estás ahí pero ya no estas. Me gusta, me cae bien, aunque tenga cosas que sean absolutamente contrarias a lo que pienso, si es que pienso en algo. Aunque haga esas cosas que los demás hacemos con la boca pequeña, él a lo grande, aunque se desdiga de lo que dijo, si es que alguna vez lo dijo. Bob Dylan, Bob Dulan para mi teclado, no está donde pensamos que debería haber estado. Profeta, mesías, líder, abanderado, portavoz, estandarte. Querer ser el algo de una época. Y acabar siendo justo eso mismo, pero de mil maneras diferentes. Mostrando cara de aburrimiento, mostrando cara de pasotismo, mostrando esa cara de no tener nada que ocultar, o todo, porque todo es mentira. 

La música. Tocar la misma canción de diferentes maneras, las letras son las mismas, el fondo cambia. El aspecto físico, super cool, super abandonado, super moderno, super algo, super fuera del tiempo. Fuera de todo. Pinta de granuja. De alguien que está ahí y que sabe que de todas maneras le van a acabar echando. 

Me estoy dando cuenta de que estoy empezando a escribir como alguien que pretende saber mucho de Bob Dylan, o que utiliza los trucos recurrentes que le vienen a Dylan al pelo para ser descrito. El periodista que pretende también oler a cuero, a noches de tertulia, whisky y canciones. A toda esa mierda. ¿No os está dando un asco tremendo?

Las canciones de Dylan, las de la guitarrita, las que tiene con banda, las cristianas, las de amor, las que no entiende ni él, las del disco ese, el Self Portrait o las del Nashville Skyline en las que pone la voz así y con las que mi hermano se moría de risa cuando era chaval. Dylan riéndose de Bob Dylan, quién no quiere ser alguien así. Dylan, cantando canciones de Sinatra. Dylan, haciendo un disco de villancicos. ¿es o no es maravilloso?

Canciones de Dylan, de una época, de la pesadilla de una época, de unos años, de una generación que tanto bien nos ha hecho a todos enseñándonos la música, la protesta, el crecimiento, el progreso, la guerra, el amor, el futuro. Canciones de Dylan para abrirnos la mente. Canciones de Dylan como música de fondo. Bob Dylan mirando a la cámara y confesándote que, efectivamente, es mentira. Joan Baez diciéndonos que no lo esperemos más, que Bob Dylan no va a venir. Que no es de los nuestros. 

Cumple 80 años Bob Dylan y lo único que se me ocurre es hablar de Judas. De la traición a la pureza. De aburrirse de la canción. De aburrirse de lo mismo. Bob Dylan aburriéndose del mismo texto en el que le recuerdan aquella vez que dijo 'tocar más fuerte'. Pete Seeger saliendo con el hacha a cortarle los cables. La canción Gotta Serve Somebody, una de las 10 canciones que estoy seguro que querría que sonaran en mi funeral. 

80 años de un personaje que se moriría del aburrimiento si supiera que alguien como yo está escribiendo de Bob Dylan. 

lunes, 24 de mayo de 2021

Días tranquilos en Rocallaura


Sé que muchos de vosotros no estáis tan pendientes de mis relatos de ficción, de los cuentos o de los comentarios y críticas sobre cine y películas como de mi vida cotidiana. Cómo ando, cómo estoy, qué siento, si estoy afectado por esto o por lo otro o si estoy de subidón porque tal o Italia. Como sé que esto es compartido por bastante gente que también hace sus barbacoas, sale a pasear, pasa fines de semana en la playa, visita a familiares o conoce rincones de nuestro territorio que jamás pensó, me apresto, una vez más, a compartir con vosotros lo que han sido en esta ocasión unos días tranquilos en Rocallaura. 

Unos días tranquilos en una pequeñísima localidad del Urgell, provincia de Lleida, tirando de Tàrrega hacia abajo, en Rocallaura, que pertenece de hecho al pueblo llamado Vallbona de les Monges que no he tenido el gusto de visitar. Porque lo que damos en llamar días tranquilos en Rocallaura son realmente días tranquilos en Rocallaura, así que solo he visto la casa rural por dentro, que no es poco porque era laberíntica y con muchas plantas y espacios a los que se accedía únicamente por escaleras que, ay, han sido fatales para más de uno. Días tranquilos entendidos a mi manera, quizás de manera un poco exacerbada, pero es que uno llevaba tiempo pensando en que los fines de semana le dejaban peor que la semana en sí. Si los fines de semana estaban pensados para descansar, llevábamos un carrusel de actividad que me hacían estar al puritico límite de las fuerzas de un adulto que está casi a punto de rebasar la mitad de lo que un español vive. Así que me plantee, contra viento y marea, dedicar un fin de semana, y este fin de semana parecía ideal, contra viento y marea.

Así que no he hecho nada. El grupo de amigos con los que he compartido la casa rural no tenían ningún interés por las rutas naturales, parajes, costumbres o cotas de mayor o menor entidad. Tan solo comer, beber y estar un poco a la bartola. Tan solo la presencia de un billar al que le faltaba una bola ha conseguido sacarnos de la inacción total y me ha mantenido con los sentidos un tanto activos. Mi actividad en el mundo del billar se resume en haber tenido un billarcico chico cuando era pequeño, al que jugaba con mi hermano y nada más. Me cuesta coger el palo grande, los brazos chicos, y aún así he conseguido sacarme de la chistera alguna carambola de tirar la casa abajo. 

Y ya está. Sábado dedicado a un vermut al aire libre, sábado noche dedicado a ver el festival de Eurovisión en grupo y constatar como Europa, si no es por la clase de tropa, se habría convertido hace tiempo en una cosa de anhelantes de vivir en el mundo de Amelie. También he seguido el final de la Liga que ha ganado el Atlético y hemos visto jugar o mal jugar por enésima vez al Athletic Club. Y al día siguiente, domingo, levantarnos a las doce del mediodía, cura de sueño más que merecida, una barbacoa en la que no he colaborado absolutamente en nada cuando lo habitual es verme entre fogones, carbones, tenazas, dándole la vuelta a la carne o al menos contemplando con interés lo que se cuece en torno a... en este caso, nada. Pero es que nada. Ni asomarme. Qué cansancio, qué agotamiento, qué pilas al límite. Domingo tarde de nuevo dedicado al billar y por la noche una frugal cena con las sobras de la barbacoa para acabar en el catre pronto y disfrutar una vez más de un plácido sueño. Tan solo un brevísimo paseo, no he llegado a superar los 4000 pasos, hasta el cementerio del pueblo y una nave que consideramos que podría ser un molino o cualquier otra cosa que no me interesó. 

Días tranquilos, un poco de lectura, lo mínimo, conversaciones que por mi parte no han abundado porque es que estaba deseando estar un poco en mi parra por una vez y sin que sirviera de precedente y ante todo no estorbar. No estorbar también cuenta como hacer algo. Así como en el viaje de ida no cogí el coche, para el de vuelta no he tenido otro remedio que conducir yo. Esta mañana he fregado unos pocos vasos. Y poco más. 

Rocallaura. Un paseo por el pueblo nos descubre un conjunto de casas de tradicional estilo de piedra vista, que parece mantenerse en el tiempo. Se nota un pueblo cuidado. Una de las llamadas villas florales, porque tiene muchas... flores. Y un callejón, el de els Països Catalans, bastante bonito de ver. Rocallaura, visto de lejos, parece subido en un montecito. Tiene iglesia pero no he entrado. Desde la ventana, se veían los trigales verdes y las amapolas. 

Vengo nuevo. 

viernes, 21 de mayo de 2021

Nación Cautiva - Rupert Wyatt


Una película que una colega te recomienda. La ves el primer día y te quedas frito el 75% del tiempo. Ves el final. Ya sabes cómo acaba pero no te has enterado de nada. Así que al día siguiente, un poco más entero y un poco más temprano, la ves otra vez. Nación Cautiva es una película de alienígenas, de unos extraterrestres que invaden la tierra y que imponen su reino del terror con la consecuente agrupación de personas que trabajan para devolver a la Tierra a su estado primigenio de libertad y tal.

La clave de la película es la inmolación. Perdón por el spoiler, pero la clave de la película, la moraleja es que si quieres que algo cambie, te tienes que inmolar. Los alienígenas son una excusa. En un sistema injusto, en una situación de flagrante falta de derechos, si quieres que algo cambie, te tienes que inmolar. Te tienes que sacrificar. Y has de ser consciente de que hay que pagar un precio por lo que uno hace. 

Un grupo de personas, desde la más absoluta clandestinidad, tanta que ni siquiera llevan los bichos identificadores, preparan una acción subversiva. Y una persona, nada menos que John Goodman, de la policía que trabaja para los extraterrestres, les está persiguiendo de forma concienzuda. Los subversivos van consiguiendo sus objetivos pero el policía no es tonto y va también avanzando en la persecución.

Una buena película. Una de esas películas que no has visto, que te han pasado desapercibidas, que no has pillado en su momento, de la que no has leído ninguna crítica y que te pillan de improviso. A tu colega le había gustado y tú ya la estás viendo con algo de susceptibilidad. Pero no hay nada raro en ella. Es una peli sobre la lucha contra el poder y cómo puedes hacer para salvar lo que crees que es justo y necesario.

Con un reparto con varias caras conocidas y un argumento que te sorprende aunque lo estás viendo venir todo y un final mejor aún, una peli bastante recomendable. Lo dicho, inmolación. 

jueves, 20 de mayo de 2021

Noche en Santa Coloma


Ayer tuvo lugar el tercer recuento de personas que viven o duermen en la calle organizada por la entidad Ningú Sense Llar en Santa Coloma de Gramenet. El recuento consiste en organizar a las personas voluntarias en grupos, dividir Santa Coloma en barrios, y pasear por las calles fijándonos en los espacios en los que es posible que haya gente durmiendo y registrar cuántas personas hay. Ayer se encontraron 28 personas en nuestra amada ciudad durmiendo en la calle. La cifra de personas durmiendo en la calle es mayor a la que se registró en el último recuento, llevado a cabo en 2019, si no recuerdo mal, antes de la pandemia. 

Hasta aquí la información. Pasear por las calles buscando a personas que estén durmiendo a la intemperie, resguardados en cajeros, portales, parkings, en un banco en la calle, en las aceras, no es algo especialmente agradable. Tampoco es algo de lo que uno puede enorgullecerse demasiado. Estar en la calle, sin ningún sitio al que ir, o al que querer ir, debe ser una experiencia terrible. Es una experiencia terrible. No tener sitio donde ir. Que todo lo que tienes quepa en un carrito de la compra. Puede haber personas que lo justifiquen como una opción vital, la vida se te tuerce y vives de esta manera y quizás ya no quieras volver a una vida convencional. Me lo puedo creer de alguna manera. Pero la justificación personal de una vida que te está haciendo polvo... en el hambre de cada uno...

Pasear por las calles de Santa Coloma. No era muy tarde, antes de las 00.00h del jueves ya estaba hecho el recuento. Sin embargo, quizás por que la pandemia nos ha acostumbrado a estar en casa mucho antes de lo habitual y porque no nos engañemos, en muchas zonas de Santa Coloma, no hay mucho que hacer más allá de las 22h. Gente volviendo de trabajar, gente joven pelando la pava en los bancos, escuchando música, demasiada gente meando por la calle..., una ciudad de gente trabajadora que está en casa porque mañana hay que madrugar y no está la cosa para estar gastando por los puestos. 

Santa Coloma, estamos hartos de decirlo, es un hervidero de gente, una ciudad de una vitalidad inmensa, de un colorido, una fuerza increíble a pesar de las situaciones críticas que se viven en el orden económico. Una ciudad pobre pero que pelea su dignidad. Y sin embargo, en una noche como la de ayer, una sensación de tristeza recorría las calles. De tristeza, de cansancio, de grisura. 

Hemos pasado un año terrible. Un año espantoso. Un año que a mucha gente le ha costado muchas cosas, desde la vida a la economía, pasando por la salud y muy especialmente la salud mental. Un año que nos ha desquiciado y que nos ha enseñado otra vez que el abismo está muy cerca. Que podemos caernos y que es muy difícil levantarse. 

Esperemos que el recuento, que señalar la gente que vive en la calle, no solo en Santa Coloma sino en el resto de poblaciones, sirva para que nos sensibilicemos de que hacen falta recursos para esta gente. Porque podemos ser nosotros. Lo hemos visto en este año. Y que no se imponga el mirar para otro lado o las soluciones de populismo fascista que parece que van ganando terreno.