lunes, 29 de junio de 2020

Hoy se ha ido el Benju y ya hace tiempo que nos hace falta

Tenemos fotos no sé si mejores, tenemos fotos peores. Tenemos, por ejemplo, las fotos de la 7a Assemblea d'Esquerra Unida i Alternativa a la que fuimos y de la que volvimos pensando que había sido un peñazo de los grandes y, como siempre, discutiendo de qué manera podríamos hacerlo mejor. Siempre. Siempre discutiendo de qué manera se puede hacer mejor. De qué manera se puede llegar a más gente, de qué manera se puede ir hacia delante, de qué manera poder hacerlo diferente, mejor, más de otra manera. Siempre discutiendo, siempre pensando, siempre fallando.
Si tenemos esa foto y esa foto es buena es porque esa vez nos salió bien. Esa vez, el Benju acertó. Esa foto es de la noche electoral de las elecciones generales del 2015, las de diciembre, las de En Comú Podem en su primera versión, que casi nos cuesta a todos un infarto en Santa Coloma, que casi nos cuesta a todos yo que sé en Santa Coloma, que a Benju le costó el puesto y los demás irnos con él, y fíjate, sin comerlo ni beberlo nos ves ahí, con cara de 'la estamos liando' y sin acabar de creernos que, de verdad, por una vez, íbamos a ganar. Esta foto es buena por eso.
Tenemos más fotos juntos. Una en la que conseguimos tener una llave de ICV, del local del carrer Sagarra. Claro, es que éramos más de ICV que de los otros, nos decían. Siempre éramos más de los otros.
En estas elecciones llegábamos porque estaba el Benju, nos llevaba en el coche a pegar carteles, a colgar pancartas y nos llevó durante la jornada electoral por los colegios de Santa Coloma, sorprendidos porque nuestras papeletas bajaban y porque parecía, solo parecía, que íbamos a ganar.
Hoy el Benju se ha ido. Luis Benjumea Vera. La primera vez que lo vi en el local del partido yo sabía que lo conocía, como del Paseo o algo. El Benju se había ido y ahora había vuelto y yo no conocía y sigo sin conocer prácticamente a nadie. Creo que el hecho de ser del Paseo, de ser Géminis y de tener la virtud de llevarle la contraria a quienes yo llevaba la contraria nos hizo conectar. Y conectamos y compartimos.
Y compartimos muchas cosas, muchas cervezas, o aguas, o fantas, muchas veces en el coche después de asambleas, comisiones políticas, reuniones de la confluencia, discutiendo, compartiendo, desahogándome, explicándole, la vida, la música, el amor que es un sentimiento que llevo dentro del corazón, todo. Muchas conversaciones. Muchos 'quedamos y me lo cuentas mejor'. Quedamos y hablamos. Quedar y hablar.
Y qué tiempos cuando éramos la cuchipandi chupiguay que íbamos a los sitios. Y nos lo pasábamos bien.
Y las discusiones por el Facebook y más asambleas, más reuniones, más comisiones políticas, más confluencias, más reuniones. Tenemos que quedar y hablar.
El Benju como puerta de entrada a comprender que no todo es lo que parece y no todo es tan malo como lo pintan. El Benju como persona que te dice que hay otro mundo, que no sabes tanto, que a lo mejor se tiene que hacer de otra manera. El Benju y cómo montar un grupo de Telegram porque en los grupos de los partidos no se puede hablar de cine y acabas haciendo grupito con una gente que tenía en el Benju el centro, el pivote, la razón de ser. Y ahora qué pasará sin el Benju.
El Benju contando sus historias en las CJC, los locos años de la CJC, la escuela de formación de tanta gente. El Benju contando que le montaron una asamblea en la puerta del Ajunta al Lluis Hernàndez, que salió a hablar con ellos. El Benju contando la historia del programa en Radio Inoksidable con el Miqui. El Benju contando años de militancia, y de lo que no es militancia en una Santa Coloma que bullía de cosas de las que uno no se enteraba porque era de piso y no salía.
El Coco acaba de compartir una foto del torneo de ajedrez del 2014, que quedó inconcluso, porque vino el César a jugar y jugó una partida contra el Coco y vimos claro que el César nos cagaba a todos y que le perdimos interés.
Y se me olvidaba y lo añado después de una hora o más y no se me olvidaba en realidad pero es que lo he tenido siempre tan presente que es como si siguiera pasando, lo de 'nuestros drones nuestro capital, de la campaña de las municipales del 2015 con la Alex, cuando vimos que la Parlon hizo un vídeo con un dron mientras ella iba corriendo y nosotros dijimos, pues vamos a hacer vídeos y cada día era un vídeo que no sé si era peor que el anterior. Cabecitas. Nuestros drones, nuestro capital.
El Benju que vino una vez a tocar el bajo al local. El Benju en las reuniones de la confluencia en las que hablábamos ahora yo, ahora él y ahora el Xavi. El Benju en aquella reunión que vino la Alba con Gent que parecía que nos quería matar a todos y que al final nos quedamos con el Joan Pastor hablando y discutiendo porque Benju era de las CJC y todo el mundo había sido de las CJC. El Benju el día que hicieron la entrega de carnets de Comunistes y que fui a verlo porque sabía que era un día muy importante para él. Y qué poco duró la alegría, coño. Y lo poco que nos gustaba cómo iba la cosa y cómo va la cosa y cómo se han jodido tantas cosas.
Y aquella vez que vino a vernos al Casal de Joves y nos pusimos a tocar Molt Sol y no sé porqué pero vi que le estaba molando y es verdad, le estaba molando.
Y aquella vez en los carnavales que nos disfrazamos de Flor con la Plataforma y él se puso a conducir el camión y yo estaba dentro del camión con una hernia y yo estaba para verme, pero él ni te cuento, compañero y compañera, de flor.
Era buena gente el Benju. Y son buena gente sus padres que han estado con él hasta último momento, como son buena gente su cuñado el Míguel y la hermana del Benju la Mari y toda la familia que han estado con él a tope.
Era buena gente y se nota porque mucha gente ha reaccionado hoy cuando hemos dicho que se había ido.
Era buena gente y yo no sé si ganó o perdió mucho. El tiempo que ha tenido le ha servido para tener a mucha gente cerca y dejar recuerdo de buen compañero, de gran amigo y de mejor persona.
Es muy difícil dejar de escribir hoy y no seguir contando hazañas y batallitas y asambleas y reuniones y aquella vez que fuimos a la Comissió Antifeixista y les dijimos que dónde íbamos yendo a buscar bulla. Y que salió bien. Y que vimos que aquella línea podía tener camino. Y que con eso podríamos al menos hacerlo mejor. Y las campañas. Y esa vez que ganamos. Y la otra.
Y el día aquel en Can Ruti, un día que se puso malo, hace años, y me dijo que es que estaba enfermo.
Y se ha ido hoy y hace tiempo que le echo de menos.

viernes, 26 de junio de 2020

Schrieben

De nuevo con Danuta Wolinska:
'Yo no me enamoro fácilmente. En Polonia tuve un novio, Koki Popieluzsko, que era más tonto que un zapato pero que me hacía reír. Duró hasta que dejó de hacerme reír. Cuando vine a Berlín hacía tiempo que no pensaba en nadie. Hay quien dice que siempre que te vas de un sitio es porque quieres olvidar. Yo quizás quería tener algo para recordar. A veces también digo estas cosas. En Berlín a veces quedaba con algunos compañeros, sobre todo de otras revistas, pero casi nunca pasaba nada. Tampoco yo ponía mucho interés y físicamente no creo que sea especialmente llamativa.
Un día, en una rueda de prensa de la Comunidad Católica de Berlín conocí a Utte. Utte se parecía mucho a Heike. Tenía una sonrisa que desarmaba. Utte era una seglar muy divertida que se encargaba de preparar las conferencias y las ruedas de prensa de la comunidad. La había visto pero nunca había hablado con ella. Al acabar le pedí una copia de la rueda de prensa, le dije que me había parecido muy interesante. Si quieres te la llevo a casa mañana, me contestó. La invité a cenar. Vino a casa, cenamos, fue una velada muy divertida. Utte se fue a su casa y quedamos en volver a repetir, pero esta vez en su casa.
Fui a su casa, una semana más tarde. Vivía en un pequeño apartamento cerca de la Iglesia del barrio. No tenía ningún símbolo que hiciera pensar que era una seglar, todo era bastante anodino. Algún poster de alguna película alemana de Wenders, una foto del Ché Guevara y un cuadro que representaba a unos guerrilleros, supongo que sudamericanos también. En su cuarto, sí que había un crucifijo encima de la mesita de noche. La cena fue igualmente muy agradable, divertida. Aunque yo estaba algo tensa. Pensaba que debía ser yo quien tomase la iniciativa pero no sabía cómo se lo iba a tomar. Vinos, un café, me preguntó si quería una copa, le pedí un schnapps y se le torció el gesto. Mi padre tomaba schnapps. ¿No te llevabas bien con tu padre?, le pregunté. No, no mucho. Me tomé el Schnapps y noté que se había cortado el rollo. Le dije que me iba. Me despidió en la puerta. Nos dimos dos besos.
Volví a coincidir con Utte un mes después en una conferencia que daba un cura jesuita sobre su experiencia en Colombia. Utte me atendió muy simpática. Le di bastantes vueltas al asunto. Debía proponerle quedar de nuevo o mejor no intentarlo. Lo intenté. Me acerqué a ella y le dije que si estaba libre podríamos quedar después de la conferencia para tomar algo. Me dijo que le parecía buena idea.
Fuimos a una cervecería, comimos unas salchichas en un puesto callejero, me lo estaba pasando en grande y solo quería que volviera a sonreír una y otra vez. Le contaba anécdotas de Polonia, de mi llegada a Berlín y de todos los personajes que me había ido encontrando con el tiempo. Sin pensarlo, le dije que si quería venir a casa a tomar la última. La última, me dijo.
Qué quieres, le pregunté. Una cerveza. Sin pensarlo yo me serví un schnapps.'

jueves, 25 de junio de 2020

Karpov

Bueno, al final es que un poco te tienes que reír de todo. Porque la verdad, uno se va complicando y se va liando y se va metiendo en una dinámica que, si no tienes ese momento para decir un poco pues a la mierda todo, no, pues para qué. Mírame aquí, con negras, partiéndome la caja porque qué quieres hacer, con negras y ya en este momento de la vida en el que dices, oye, pues con negras, ¿qué no? Pues con negras, pues porque si la vida te ha puesto en este sitio, lo coges y te lo curras un poco como puedas y sin exigencias. Y si encima te partes la caja pues eso que te llevas. Y hace buen tiempo y las plantas te aguantan y el de delante con las blancas se cree que va a hacer algo y lo que es más importante, que ese algo es importante. Y no tiene ni puta idea. Y eso me hace reír. Y una cosa hace que te acuerdes de otra cosa y acabas pues en este punto en el que ya no sabes ni por donde vas. Y lo sabes, pero lo haces para que el otro se confíe. Yo ahora me acuerdo de otras partidas. Sé que no te gusta que te recuerde otras partidas, pero sé que no te gusta que te recuerde otras partidas y te vas a tener que quedar con ellas. Recuerdo una partida que pensaba que tenía perdida desde el principio y que al final perdí. Una partida de las más interesantes que recuerdo haber jugado, que no tenía pies ni cabeza. Ahora me río. Ahora es que me río un poco de todo, como si me hubiera fumado algo, o como si realmente mi hiciera gracia todo. No es lo mismo que te haga gracia todo como que tengas gracia tú. Y yo tengo gracia también. Tengo mi punto. Un punto que puedo encontrar o no a lo largo del día y si lo encuentro y estás ahí, pues enhorabuena. Y si no, paciencia. Esta ahora es mi cara de las negras, de llevar negras. De llevar negras ahora. Antes no era así, antes yo llevaba las negras como se llevan las negras. Con cara de negras. Con cara de resistencia y de aguante. Con cara de encajar. Hice incluso un personaje de eso. El juego posicional. Me creí el personaje del juego posicional y del aguante. De saber medir, de llevar las negras como el que sabe que tiene entre sus manos no solo 16 piezas, también el destino de la vida suya y de las vidas de quienes le rodean y de quienes han sido parte de. Y eso era antes. Ahora me río. Cara de llevar negras ahora es cara de qué me estás contando. Que parece que has inventado el juego este y resulta que me he hecho mayor, no voy a decir viejo, pero viejo también encaja, me he hecho viejo jugando y he descubierto que al final te da la risa incluso con negras y que tú, que pareces ufano porque con las blancas tienes eso que se llama iniciativa y con eso tienes el poder y de eso se trata, de empoderarte y hacer ostentación de todo eso, crees que vas a ganar. Pobre.

martes, 23 de junio de 2020

Schrieben

Una más de Danuta Wolinska:
'Visité una aldea perdida cerca de la frontera danesa. Se trataba de una pequeña aldea en la que se habían producido una serie de muertes misteriosas y se apuntaba al motivo religioso como posible causa de los crímenes. Había muerto un párroco protestante, una monja seglar, una profesora de religión y un gasolinero. El gasolinero era el único testigo de Jehová del pueblo. Me enviaron para hacer un reportaje y allí conocí a Heike.
Heike era una chica imponente, alta, fuerte, siempre sonriente, que regentaba una pequeña cervecería que se había convertido en el lugar de paso para todo aquel que quisiera saber algo de la aldea. El primer día pegamos hebra. Me dijo que me parecía a ella y que eso le hacía gracia. Me invitó a una cerveza y yo me pedí un par de schnapps. Le pregunté por el ambiente que se respiraba en el pueblo y no me pude resistir a pedirle una teoría sobre los asesinatos.
Y Heike me dijo que había sido ella la asesina, pero que nadie se la creía. Me lo dijo con una abierta risa con la que resultaba increíble identificar a su poseedora con una asesina. Yo me la creí. Viendo la población local, nadie más que Heike podría haber sido la asesina. Todos los muertos habían sido estrangulados. El perfil de los habitantes de la aldea era francamente rayano en la ancianidad y solo una walkiria como Heike parecía capaz de tener la fuerza suficiente para poder hacerlo. Lo que no me cuadraban eran los motivos. Heike me respondió que odiaba a los religiosos.
Parecía el motivo más burdo del mundo, pero también me parecía verosímil.
No me atreví a publicar aquella teoría y seguí haciendo mi reportaje, describiendo el lugar, a sus gentes, cómo aquellas muertes no habían molestado ni interrumpido el ritmo de vida del pueblo. La policía interrogó a Heike, como interrogó a todos los habitantes del pueblo y la dejaron en libertad.
Aún murió una persona más, asesinada, un hippie que vivía con su familia en una roulotte.
Al cabo de un tiempo, dejaron de producirse asesinatos en el pueblo y con mi trabajo hecho volví a Berlín.
Dos años más tarde, recibí una llamada de teléfono en la redacción. Era Heike, que venía a Berlín de visita y pensó que le hacía ilusión tomar algo conmigo.
La cité en una cafetería que regentaban unos polacos a los que conocía y que lo tenían todo decorado con fotos del Papa Wojtila y de la Virgen de Cestoscowa. Para provocar.'

lunes, 22 de junio de 2020

Solidaridad en tiempos de pandemia


El primer día que me apunté para recoger comida con la Xarxa Solidària Gramenet lo hice por curiosidad. Me interesaba, como periodista, pero también como persona con inquietudes, saber cómo podía funcionar una red de soporte, qué podía hacer, cómo se articulaba y qué solución ofrecía ante los problemas que tantas familias colomenses han padecido y cómo el Ajuntament afrontaba también esta situación más allá de los anuncios y las intenciones.
No soy un ferviente partidario de las redes de solidaridad como elemento que se dedique a paliar la situación de extrema necesidad de la población cuando tenemos unos servicios públicos, administraciones, entidades estatales, autonómicas o municipales, que se nutren de los impuestos de la ciudadanía y cuentan con fondos suficientes como para poder afrontar estas situaciones. Si es que hay voluntad política de hacer las cosas de otra manera diferente a la que se acostumbra y que ya se ha visto que no funciona. Y se sabe. Tampoco, como digo, me gusta apelar a la buena voluntad de la gente, al buen corazón, a la solidaridad, como elemento que 'supla' las deficiencias de un sistema que parece incapaz de cubrir las necesidades de la población más vulnerable. Rehuyo de los solidarios de gran corazón, de los personajes que se erigen en paradigmas de 'lo bueno' y los que pugnan por ser la persona más buena de la ciudad.
Esta Xarxa Solidària Gramenet se organiza los primeros días de confinamiento para hacer frente primero a las necesidades de personas que no podrían hacer sus compras, gente mayor, así como a quienes desde los primeros días, esta situación les dejaba a la intemperie, principalmente gente de la PAHV o del Centre d'Acolliment. En principio la composición de esta Xarxa respondía a perfiles bastante variopintos y con trayectorias en entidades u organizaciones varias un poco de aquí y de allí. Y, sin duda, la predisposición y la buena voluntad han sido claves para que esta Xarxa haya funcionado como un reloj hasta el último momento e incluso haya ido aumentando la capacidad de abastecer
Participar tanto en la recogida de alimentos como, sobre todo, en el reparto, permite conocer, aunque solo sea de manera superficial ya que he dedicado solo unas horas de la mañana del jueves y el viernes, la situación de muchas familias colomenses. Concretamente, alrededor de 150 familias colomenses. La última semana eran 160 familias colomenses.
160 familias colomenses que recibían lo que se ve en la foto (no se ve el arroz, o la harina, o la pasta, una cesta con producto fresco, patatas, cebolla, zanahoria, calabacín, lo que hubiera, y algún producto de limpieza. Como ven, nada que suponga un lujo precisamente. 160 lotes que abastecían a familias de 3, 4, 5 hasta 7 u 8 personas en algunas ocasiones. Personas y familias que no tenían nada y que venían a recoger un lote de comida por poner algo encima de la mesa.
Han habido otras iniciativas más o menos similares en la ciudad que han intentado cubrir esta situación nefasta. Personas que se han visto privadas de su trabajo, personas que ya vivían en situación de precariedad y que ahora no tienen nada. Y qué les podemos ofrecer. Qué es lo que se les puede ofrecer desde las instituciones públicas.
No se anticipen, ya lo digo yo, muchas de estas familias, la mayoría de ellas, son colomenses que no han nacido en Santa Coloma. Muchas de estas familias, tienen graves problemas con el idioma, con cualquier idioma que no sea el nativo y se enfrentan a la dificultad de enfrentarse no sólo a un patán como yo que no tiene las herramientas para hacerse comprender ni para atender a personas en situación de necesidad, sino a la incomprensión de unas instituciones que explican en un idioma incomprensible para ellos (catalán o castellano da igual), algo que es sustancial y que no pueden comprender. Nos enfrentamos a una situación en la que la gente no nos entiende.
Nos enfrentamos a una situación en la que miles de personas no saben cómo acceder a ayudas, subsidios, informaciones útiles, conocer sus derechos, porque no entienden no solo lo que leen sino lo que escuchan aunque sea en vivo. Mucho peor cuando la situación es como ha sido y no se puede hacer presencialmente y solo por teléfono y esos teléfonos no funcionan y cuando te atienden no sabes qué te están diciendo.
El sentido de este texto es el de señalar que este no puede ser el camino. El jueves pasado, esta Xarxa Solidària, como el resto de redes de apoyo, dejó de funcionar toda vez que el Ajuntament se comprometió a hacerse cargo de la atención a estas familias. Esperemos que sea así.
Participar en esta Xarxa, como espero que haya sucedido con la participación en el resto de redes semejantes, debe servir para conocer y reconocer que así no se transforma la sociedad. Así podemos paliar de alguna manera la situación de las familias que necesitan algo de sustento, y no son pocas familias. Pero esto no es suficiente.
Se necesita una respuesta amplia por parte en primer lugar del Equipo de Gobierno municipal que vaya más allá del fomento en primer lugar de estas redes como respuesta, porque Santa Coloma, nos guste o no nos guste, es un ciudad con necesidades especiales. Es una ciudad en la que mucha, pero mucha gente, vive en el alambre. Y si la situación era desesperada antes, hace ya unos meses, para muchos y muchas. Ahora más.
Durante estos meses hemos visto cómo continúan las reticencias por parte el Equipo de Gobierno a la hora de reconocer que se necesita un cambio de modelo en la atención, cómo la regularización de estas personas se hace urgente y necesaria, cómo el empadronamiento tiene que ser algo que se haga sí o sí, en definitiva, que algo tiene que cambiar de manera sustancial a la hora de afrontar la situación de tantos miles de colomenses que están sufriendo.
Se dice que de esto saldremos más fuertes. Al menos, se aspira que no salgamos igual. Y la impresión que da es que, parado el primer golpe, todo continuará con las dinámicas más o menos similares. Los grandes cambios que se necesitan todavía quedan lejos. Y la voluntad de atender a esa demanda de cambios no parece existir.
¿Ha sido una experiencia gratificante? En absoluto. No ha sido una experiencia ni enriquecedora ni gratificante. Ha sido bastante triste. Porque la situación que se vive cuando vas a recoger comida, es triste. Y no mola nada. 
Y deberíamos ser capaces de contar con las herramientas suficientes para dignificar la vida de la gente más allá de la buena voluntad, la solidaridad y las ganas de hacer algo cuando parece que no pasa nada.

viernes, 19 de junio de 2020

Schrieben

Telegráfica historia de Danuta Wolinska:
'Aquella reunión de redacción en Scrieben fue inolvidable. Fue el día en el que Christa Gaussmann se murió. A Christa Gaussmann la acabábamos de conocer, prácticamente. Había llegado hacía unos pocos meses a la revista, donde colaboraba haciendo artículos y reportajes sobre la noche berlinesa. Venía de escribir en una revista francesa que a todos nos gustaba mucho y sus dos o tres primeros reportajes fueron bastante interesantes. El cuarto reportaje, una pastelería donde hacían muffins, ya lo miraron y miramos con extrañeza. Se la dejamos pasar. El quinto reportaje, dedicado al CurryWurst, directamente nos pareció de mal gusto. Recuerdo que después de aquel consejo de redacción nos fuimos a cenar. Quería que le contara cosas de Polonia. Yo ya casi no recordaba cosas de Polonia. Quería que me contara cosas ella de Francia. Discutimos por algo de la comida. Lloró. Se fue a casa. El día de la reunión vino muy desmejorada y no atendió a nada de lo que se estaba tratando. Yo estaba proponiendo un reportaje sobre un párroco que había iniciado una campaña para recoger fondos para un hospicio y se le había ocurrido montar una banda de hip hop, cuando Christa comenzó a llorar. Le preguntamos qué le pasaba, pareció consolarse. Al rato, Fäber, de música, comentó que Scorpions se separaban definitivamente y que podríamos hacer algún reportaje sobre los heavys en Berlín. Hubo risas cuando alguien dijo 'y qué relación tiene Scorpions con el heavy'. Christa cayó al suelo fulminada.'

jueves, 18 de junio de 2020

El reloj de la Plaza del Reloj

Como si la historia del reloj de Regreso al Futuro fuera verdad. El reloj que queda paralizado por que un rayo le cae y por poco fríe al pobre Marty McFly. ¿Hay un Marty McFly en el Fondo? Debe haberlo. Lo que ocurre es que en Hill Valley no hay una plaza del Reloj en honor a un reloj. En Santa Coloma sí. En Santa Coloma tenemos una Plaça del Rellotge, la plaza del Reloj, al final o al principio de la calle Jacint Verdaguer y en esa plaza del Rellotge, en esa plaza del Reloj, un reloj.
Y ese reloj no funciona.
Qué grandeza la de Santa Coloma que se permite tener el reloj roto en la plaza del Reloj y así son las cosas y no sé cuánto tiempo debe llevar ese reloj parado a las cinco menos cinco. ¿Cuántos años? No lo sé. Me han contado la historia y es mejor no reproducirla porque no hay guionistas en Netflix (antes decíamos hollywood) capaces de mejorar la historia.
Qué grandeza la de esta ciudad capaz de tener uno de los símbolos de la misma ciudad parado, roto y que no haya un acuerdo, ni de ciudad, ni municipal, ni un vídeo que describa el proceso de reparación, ni que ni siquiera el número de coches de los mossos y los cuerpos y fuerzas hayan tenido un momento para subirse con una escalera y ver qué le pasa a ese reloj.
Reloj de la plaza del Reloj que no funcionas, dime, qué es lo que te ocurre. Reloj de la plaza del Reloj que le das nombre y que incluso tienes una calle que se llama calle del Reloj con lo que tenemos una ciudad que tiene plaza del Reloj y una plaza del reloj e incluso, y ahora ya se van a quedar del color de la pez, tenemos un equipo de fútbol sala o teníamos que ahora ando desinformado, teníamos un equipo de fútbol que se llamaba el Tiempo. El Tiempo.
Reloj y Tiempo. Y tenemos el reloj parado, quizás porque en Santa Coloma el tiempo no importa. En Santa Coloma tenemos un ritmo inamovible, en Santa Coloma hay cosas que son eternas, que son inmutables y qué mejor manera de demostrarlo que teniendo un reloj parado en la plaza del Reloj.
Cuando he hecho la foto al reloj parado de la plaza del Reloj eran las cuatro menos cuarto y me he tenido que asegurar de que, efectivamente, este reloj está parado, estropeado. Quizás está algo adelantado. Mi hermano por ejemplo, siempre lleva el reloj como un cuarto de hora o veinte minutos adelantado. Y son costumbres y son otros pueblos y son otras gentes.
Otras gentes como las que viven en nuestro querido (¿no?) barrio del Fondo y que quizás tienen otra concepción del tiempo. Igual viene por ahí. Cruce de culturas y de formas de ver y sentir el paso del tiempo y lo que hay ya no en esta vida sino en las siguientes, el tiempo y en concreto un reloj puede ser una manera de definir de manera estanca el mismo y eso, quizás, lleva a preferir un reloj parado, inservible, que no un reloj que esté andando. Y al andar, defina qué y porqué. Y eso mejor no tocarlo y entonces, como todo, mejor dejarlo así.
Roto.
Mejor dejarlo así. O no.
Mejor sería, por decir algo, demostrar que ese barrio, como todos los barrios, se merece que las cosas funciones y que las cosas se hacen, además de demostrar el poder del que disponemos con furgonetas e identificaciones. Podríamos, por ejemplo, demostrar que hay unos poderes públicos que, en caso de que algo no funcione, se arregla. El reloj roto, durante tanto tiempo, demuestra que, al fin y al cabo, hay cosas que no se hacen y que no pasa nada. Y cuando no pasa nada, pasan cosas.
Pasan que la gente piensa que su barrio no importa, que su ciudad no importa, que no importa nada. Que nadie se toma la molestia de hacer las cosas. De que estén bien. Que funcionen. Y que la plaza del Reloj tenga un reloj que funcione, sea quien sea quien lo pusiera o quien detente las competencias exactas para que se ponga en marcha.
Porque igual arreglar un reloj no significa nada para el barrio del Fondo o para que el clima de inseguridad que se extiende por la ciudad mejore. Pero demostraría que, al menos, el reloj de la plaza del Reloj del barrio del Fondo le interesa a alguien.
Y ya de ahí, para arriba.