jueves, 19 de febrero de 2026

Minutos de zozobra


Camino por la calle y me asalta constantemente la sensación de que todo se tambalea, todo está cambiando, la zozobra me embarga sin remedio. Vivo con el teléfono móvil enganchado a mi mano y, pese a que únicamente escucho y leo aquello que he seleccionado, no soy capaz de escapar de una sensación de peligro, de que lo que yo soy y pienso está bajo amenaza. Y no es únicamente la amenaza de quienes han declarado y han manifestado su voluntad de devolvernos a una suerte de cuneta metafórica en la que nos van a relegar para los restos. Es también la sensación de que hay una voluntad de reordenamiento y recálculo de las posibilidades de existencia de los míos y de mí mismo bajo mis banderas y mis preferencias. Es este sinvivir el que me tiene cual pescadilla que se muerde la cola, enganchado a una fuente de información que me calma y desasosiega de la misma manera. Qué está ocurriendo que en momentos en el que deberían florecer, como esas mil flores, propuestas e ideas, se esté germinando la simiente (¿se esté germinando la simiente? ¿qué clase de paparruchas estoy escribiendo, sin duda atontado por los acontecimientos?), por la cual yo ya no seré y tendré que ser otra cosa. Yo y otros y otras como yo. Y en ese tránsito hacia nosequé, no sé qué pasará, porque por una vez desde que la llamada de la rebelión populista asaltó nuestros cómodos cenáculos no todo consiste en buscar fórmulas sino apartar lo que estorba para maximizar esfuerzos, rentabilizar posibilidades, reconfigurar el mapa. Yo no puedo vivir así, con esta congoja, con este tremendo esfuerzo intelectual al que me someto todos los días buscando el porqué a mí no me gusta, a mí no me parece bien, yo no. Yo no. Seré yo. Seré yo que me he convertido en una suerte de recalcitrante vejestorio que se encastilla en sus mierdas de identidad y de memoria y de antes. Seré yo que me he convertido en un, ay, seguidor del Partido Comunista de Antes, aquel que ganó batallas sin cuento y que estableció un mundo que, sólido en lo imaginado, nunca será destruído y que nos pesa como patatín y patatán. Seré algo así. O quizás es que presumo que hay algo en mí que se resiste, sin duda por mis gafas equivocadas de la realidad y porque yo esperaba otra cosa o creo que sé que esto es otra cosa y que una cosa no es lo que me dicen sino lo que yo veo y he visto y no sé, es que no lo puedo digerir, que no me lo creo, vamos, que esto es una patata y no me va a decir que es un pomelo. Yo ya no entiendo de casi nada y me he quedado muy atrás y no sé quién ha hecho la banda sonora de Cumbres borrascosas y me veo pidiendo la palabra el primero porque tengo que decirlo y no me sobra el tiempo y camino por la calle y solo veo mierdas en el suelo. Este es otro tema del que ya hablaré en otro espacio, pero los delincuentes que no te dejan bajar a la calle no tienen perro. Yo ya no puedo más con esta sinrazón y con este caminar con el hielo bajo los pies como Yoko Ono. Ya estoy mayor para casi todo, pero hay elementos gimnásticos a los que no voy a apuntarme a mi edad. 

martes, 17 de febrero de 2026

Yo y el marido de Sarita Lauper


Seguramente, los habituales lectores de este espacio se habrán echado las manos a la cabeza cuando han visto que sitúo el Yo por delante del otro elemento e incumplo esa regla que dice que el burro delante, no. Pero es que hablaré principalmente del burro y utilizaré la imagen referencial del marido de Sarita Lauper como una imagen que está allí, situada en un nivel superior hacia el que mi actividad como padre se dirige sin que en ningún momento alcance ni de lejos su brillo y temple. Para quien no la conozca, Sarita Lauper es un personaje de las redes sociales, una mujer gaditana que opina siempre con mucho sentido de temas diversos, principalmente política, y que ha sido madre recientemente, casi coincidiendo con las fechas de la llegada del jovencito Martí a nuestras vidas por lo que sus apreciaciones y comentarios sobre la maternidad ejercen una influencia manifiesta en el manejo de la situación concerniente a cómo estar en el mundo con el Martí. Soy el padre del Martí desde hace casi siete meses y no soy el marido de Sarita Lauper. Mi forma física, mis idiosincráticos bracitos cortos de toda la vida, mis esquifidos brazos que jamás se distinguieron por su fortaleza y resistencia, me duelen. Decir esto, que me duelen los brazos es antitodo. Anti paternidad responsable, anti crianza lo que sea, anti todo. Comentar que mis 50 años pesan y que mi natural poco dispuesto se resiente ante una cascada de obligaciones, retos, presencias y horarios, ya me invalida como un interlocutor válido para quienes lleguen hasta estas líneas. No soy el padre referencial. Ya lo sabíamos. Pero lo intento, a manera, lo intento. Y mi manera no es la manera, ya lo sé. La llegada de Martí ha supuesto el cataclismo que esperaba. Intentar hacer encajar la vida anterior con la vida con Martí es imposible, es otra vida, es otro mundo. Otro mundo al que el esencialismo sobre el que he pretendido pivotar mi vida, intentando mantenerme fiel a una serie de pensamientos sobre mí que me ayudaran a crear una identidad más o menos útil para moverme por esos campos del diablo, ya no responde. No puede responder. El mundo gira alrededor de un muchacho que cuando te mira se ríe. Esto es importante. Martí, cuando divisa mi careto asomando por el pasillo, al otro lado de la cama, mientras está jugando en el suelo, se ríe. Le hace ilusión verme, infiero. Deduzco que debe hacerle gracia que esté allí, que aparezca. Y esto es muchísimo. No sé si al marido de Sarita Lauper le sucederá algo parecido, pero yo nunca he tenido la sensación de que mi llegada a un lugar despierte ningún tipo de pasión. Martí desmiente este autoflagelo con un entusiasmo hacia mi persona que me desarma absolutamente. Martí se ríe y es cuando se ríe así como se ríe, con la boca muy abierta, cuando menos se parece a mí. Cuando duerme, según mi madre, es como yo. Pero si se ríe, la cosa cambia muchísimo y el parecido pasa a otro sitio, a su madre, naturalmente y claro. No sé el marido de Sarita Lauper qué imagen de si mismo tiene o tenía antes de y después de. Yo antes de la llegada de Martí estaba aterrorizado ante la cascada de cosas, cosas incontables, que se venían encima. El impacto emocional quedaba eclipsado ante todas esas cosas, cosas que iban a pasar, cosas que ya no iban a pasar, cosas que tengo que manejar cómo pasan, cosas que tengo que negociar, transigir, aceptar, adaptar, modular, saber, conocer, olvidar, yo que sé. Hablo de mí. Si queréis hablo de la madre del Martí. Alba, es mucho. Reconocer en este texto que Alba es mucho y que yo, oh dios mío, no llego a Alba, puede sonar a canción de los Planetas si los Planetas le cantasen a la paternidad. No me entero de nada, qué desastre soy, menos mal que estás ahí. No, no es así. Yo lo intento y no me paso la mano por la cabeza para decir las cosas. Yo simplemente resoplo, bufo, se me hace cuesta arriba. Yo no me despierto por las noches, yo no voy a calmar a Martí cuando Martí se despierta o inquieta antes de que nos vayamos a dormir, interrumpiendo película o serie, yo no tengo eso que calma a Martí, yo no soy capaz de dormir en la cama a Martí. Yo no tengo en la cabeza absolutamente toda la vida que tenemos que tener prevista dentro de quince minutos con Martí. Yo. Alba. Yo nunca lo he tenido presente y se nota. Lo de vivir con cierta previsión. Martí te obliga a la agenda, te obliga a poner por delante, te obliga. Te obliga. El marido de Sarita Lauper raramente aparece en las publicaciones de Sarita Lauper. Yo, en cambio, escribo aquí lo que me va pareciendo esto de ser padre cuando casi se cumplen siete meses de la llegada de Martí. Martí es más bonito que todo. Yo lo miro y se me pone cara de gilipollas. No sé definir el estado en el que me encuentro salvo comentar que nunca he tenido tal cara de gilipollas. Nunca he salido en tantas fotos riendo con los dientes fuera. Jamás se me conoce expresión de arrobo semejante a la que tengo desde hace siete meses. El texto realmente no sé de qué iba. De los riesgos de escribir un texto presentando cómo está uno con esto de ser padre durante siete meses y afrontando que la escalada de tensión no ha hecho más que comenzar. Y las caras de gilipollas feliz. Los riesgos de escribir algo manifestando cómo estás sabiendo que tú aquí no eres el que está dando el callo como se supone que el marido de Sarita Lauper debe hacerlo. Si el marido de Sarita Lauper leyera esto me daría un par de hostias. Voy a recoger al Martí a l'escoleta. Me recibirá llorando con un puchero y se calmará poco a poco. Hoy voy a probar para darle la leche en vaso. Supongo que se saldará con un fracaso. Fracasa otra vez, fracasa mejor. Esto tampoco lo diría el marido de Sarita Lauper. Avanzando. Siete meses. 

La Cena - Manuel Gómez Pereira


Cuando hace un tiempo salieron los trailers y anuncios de esta película, los recibí con cierta indiferencia. Bueno, no sé si indiferencia, los recibí con prevención. Me parecía una película de otro tiempo. Una película de años 80 o 90, de aquellas de reparto coral, de secundarios gloriosos, de mala leche pero sin hacer demasiada sangre porque al final vivimos en un Estado en el que tenemos que convivir todos y, como precisamente ya dice uno de los protagonistas de esta película 'La Cena', ¿no hemos tenido suficiente guerra ya?. Sin embargo, a pesar de no tener ningún interés en verla, la lluvia de premios recibida en los Feroz, así como sus nominaciones múltiples a los Goya (a mejor película incluso, oiga), y críticas de amistades que entiendo que entienden, me animaron a pensar que, a lo mejor, la película merecía la pena. Y la verdad, la película no es una gran cosa. Una comedia con el fondo de la postguerra inmediatísima a la instauración del régimen franquista, en la que se propone una cena para Franco que han de preparar unos presos republicanos. Los conflictos con los militares, con los camareros fachas, una historia de amor y la presencia del responsable del Hotel (Alberto San Juan, sin duda lo mejor de la película), intentan retrotraernos a películas berlanguianas o guionizadas por Azcona en sus tiempos, pero no. La película intenta mezclar eso del drama de la derrota, la dignidad de los vencidos, lo grotesco de los vencedores, y las situaciones ridículas o las patochadas o astracanadas o lo que sea, pero hay algo de forzado, de acartonado en todo ello, que acaba haciendo que pierdas interés en lo que pasa, porque más o menos, sabes lo que va a pasar. Si todo consiste en ridiculizar la figura de Franco, que ya es ridícula de por sí, o bien al personaje falangista de Asier Etxeandía, la cosa se queda bastante corta. Si lo que hay es la dignidad de los republicanos, con la gran Elvira Mínguez al frente, la verdad es que los personajes no acaban de destacar en ningún momento, ni por el acento, ni por su inocencia, ni por su simplicidad. Todo parece pensado para un público digamos mayor, nostálgico de ese cine. Incluso la ambientación y decorados y vestuarios nos recuerda a esas series de sobremesa de la Primera donde todo es correcto, pero emociona lo justo. El remate final de lo que acaba siendo una película que quiere parecer pero no llega, es una broma final absolutamente fuera de todo, sobre un pueblecito de Polonia muy bonito llamado Auswitz, que uno piensa, ¿en serio? Pues este es el nivel. 

viernes, 13 de febrero de 2026

Queen of Chess - Rory Kennedy


El ajedrez, amigos y amigas. El ajedrez es lo más grande, lo más bonito que hay. Saber jugar, entender el juego, apreciar su complejidad, disfrutar de una buena partida, meterte en todo lo que significa el juego más allá del juego, las implicaciones que se derivan, las circunstancias añadidas, los personajes, sus vidas, sus hazañas, sus idas de olla. Ay, las idas de olla en el ajedrez. Vidas ejemplares, vidas apasionantes, vidas de cerebros fritos. Con lo que podría dar de sí el ajedrez y lo poquito que se prodiga el cine, las series, los documentales, en tratar a estos personajes como seres especiales, seres que dedican su vida a lo que parece un juego sencillo y es más grande que la vida. Bueno, o no. Nos encontramos, después del boom que supuso la serie Gambito de Dama, con un documental sobre la vida, o una parte de la vida, de Judit Polgar. Nada menos que la mejor jugadora de la historia del ajedrez. Y una de las y los mejores jugadores del mundo. De la historia. Jugar al ajedrez es bonito, es divertido, no para mí, que he llegado a la conclusión de que lo paso tan mal que prefiero mirar a jugar y es que, como dicen en un momento del documental, cuando pierdes contra alguien jugando una partida de ajedrez, lo estás perdiendo todo. Y no me gusta perderlo todo. Lo que cuenta el documental es cómo llega Judit Polgar, una niña húngara criada por unos padres que se empeñan en criar genios, a ser la mejor jugadora del mundo. Junto a ella, sus hermanas Susan y Sofía, una más mayor y la otra más pequeña. Su andadura en los torneos locales, sus primeros enfrentamientos con hombres, la llegada al circuito de grandes maestros... el incidente de Linares. Yo no recordaba ese incidente al que le dedican tanto tiempo en el docu. Ficha en la mesa, presa. Esa es una regla sagrada del ajedrez que el Ogro de Bakú, Garri Kasparov, incumplió rectificando una jugada en la que perdía una torre. Nadie se dio cuenta, Judit Polgar perdió la partida y parece que ese lastre le acompaña el resto de su carrera hasta que finalmente vence a Kasparov, el mejor jugador de la historia, en una partida y ya. Vemos durante el documental el machismo absoluto explicado sin ambages por el mismo Kasparov y por otros jugadores y por expertos y por periodistas. Y en qué señor se ha convertido Garri Kasparov. En el documental no sale hablando Karpov ni una vez. Una mujer no puede jugar como un hombre. No sabe competir, no es agresiva, no aguanta, no puede. Y puede, claro que puede. Los jugadores hombres, en su mayoría son personas que viven única y exclusivamente en un mundo en el que se les permite ser jugadores de ajedrez, cosa que habitualmente no ha pasado con las mujeres. Una mujer jugando es algo extraordinario. Lo ordinario es que algo pase para que la mujer no juegue. No es que no sepa, no pueda, no quiera. Es que el hombre puede ser ese rarito que solo piensa en su cosa de ajedrez y la mujer, pues no. Pero el caso de las Polgar demuestra que eso es falso y que más allá del método obsesivo de sus padres, con la preparación y el entrenamiento que tienen los profesionales, pueden jugar tan bien como cualquier hombre, naturalmente. El documental es una maravilla porque si te gusta el ajedrez te vuelve a enganchar a un juego, a un mundo, de personajes rarísimos, a un juego que es apasionante y te conmina a volver al ajedrez en la medida que se considere. Yo, ahora que tengo un hijo, me siento obligado a comprometerle con el ajedrez de alguna manera, a introducirlo en su vida, a que se interese por ello. Los impedimentos son miles, las distracciones son millones, no se trata de que llegue a gran maestro ni a nada, simplemente que cuando vea un tablero diga, ah, yo sé jugar. Y eso ya es mucho. Grande Judit Polgar.  

martes, 10 de febrero de 2026

Esperando a Aragorn


El resultado de las elecciones en Aragón ha sido el esperado. Y las conclusiones a las que llegamos son las esperadas. Quien ha quedado por encima, muy por encima, es el bloque de la extrema derecha. Ya no derecha, en tanto en cuanto el Partido Popular ha decidido mutar definitivamente en una formación de extrema derecha como demostraron en su último mitin, abrazando todos los excesos de Vox. No les ha servido para sacar más, pero les ha servido para mantener al PSOE en una posición subalterna, como ya hicieran en Extremadura. aun a costa de que Vox duplique los resultados. Les da igual, el daño que pretenden es otro, convertir a la izquierda en algo inútil. Dentro de los malos resultados, la izquierda que no es el PSOE ha conseguido más o menos lo que se pretendía, una competición por el puesto de cabeza de ratón que se ha llevado la Chunta Aragonesista, partido que ha sido apoyado por todo pichichi fuera de Aragón que fuera un poco de izquierdas porque Sumar ya no, porque IU no la quiere nadie y porque Podemos no me funciona el teclado. Así que la Chunta ha conseguido tres diputados más, quedándose con seis y IU/Sumar se ha quedado con el que tenía. Heroico resultado de IU. Escuchar al portavoz de la Chunta decir ufano que son la referencia de la izquierda en Aragón es un poco triste, con seis diputados de nosecuantos, pero estamos así. Estamos en que se ha instalado el relato de que la izquierda ha de estar asentada en el territorio, de que las propuestas estatales deben retirarse de la circulación si está en el territorio ya asentada una izquierda nacional, soberanista, regional o whatever. Dicho esto, las izquierdas estatales o que no tengan es pulsión de pensar el Estado español como un todo, corren maños tiempos, perdón, malos tiempos. Ya vimos en aquellas pretéritas elecciones gallegas o las vascas, que BNG y Bildu jugaron a eso y les salió bien. Aparcar un poco el tono nacionalista, mantener el tono impugnatorio de que lo que molesta es el Estado español y copiar un tanto del discurso podemista izquierdista pero sin podemos ni izquierda unida. Bingo. Así las cosas, como lo que funciona es eso, la propuesta es ponernos detrás del carismático portavoz parlamentario de ERC para que desde esas izquierdas que de verdad conocen el territorio, se articule una propuesta para unir a las izquierdas. Es indudable que Gabriel Rufián es el personaje del momento, como en su momento fueron otros, y que raro es el día en el que alguien no te dice que el que les gusta es el Rufián, aunque no sean indepes. Y pienso, que hasta aquí llegan mis consideraciones sobre el tema, al menos las que puedo decir. Porqué qué puedo decir de la propuesta, qué puedo decir sobre la situación, qué puedo decir sobre a qué nos enfrentamos que no se haya dicho ya o que no haya insinuado yo ya antes. Tan solo decir que agitar el avispero de una izquierda bastante desorientada, con cierta pulsión hacia el repliegue, con desconfianza hacia lo que pueda sacudir las tranquilas estructuras internas, siempre parece bueno. El asunto es intentar desentrañar y conocer quién es quién, quién hace qué y porqué, porqué se mueve y dónde se mueve, a quién se convoca y a quién no, qué es lo que se pretende y quién reacciona y como. Solo eso. Que no es fácil, pero haciendo eso, uno puede guiarse y entenderlo. O bien puede liarse la manta a la cabeza y decir como en La Vida de Brian: yo sé bien lo que es un profeta porque he seguido a muchos. 

lunes, 9 de febrero de 2026

En la muerte del grandísimo Rafael Amador

Seguro que no es la mejor foto para ilustrar un texto como este, o como el que se merece Rafael Amador, pero me sirve. Me sirve para ilustrar un momento. Hay un documental o lo que sea en el que aparecen Rafael Amador y su hermano Raimundo tocando en el Alcázar de Sevilla, en una de sus salas. Cara a cara, interpretan esa barbaridad que es el Morao Mellizo, que aparece en uno de sus primeros discos, el Guitarras Callejeras, grabado de manera absolutamente patillera pero que contiene algunos de los temas más importantes de un género, el inventado por Pata Negra, el blues flamenco, el rock flamenco, no le voy a poner más nombres de mierda, Lo que hicieron Pata Negra abrió una puerta que otros habrían ido empujando y entornando otros y otras, pero Pata Negra lo convirtieron en algo fresco, hasta punkoso, hasta guarro, hasta sucio, y tremendamente bonito y tremendamente bien hecho. Lo que digo, en ese vídeo, que es fácil de encontrar, se ve a Rafael y Raimundo cara a cara retándose en el Morao Mellizo, una suerte de improvisación jazzística y flamenca a la vez, con guitarra española y acústica. La cara de absoluto disfrute de Rafael Amador, es la cara. La cara con la que mira a su hermano y le reta a que le siga, a que toque más deprisa, o que toque yo que sé. Esa cara de estar gozándolo absolutamente. Hay otros vídeos, otras actuaciones, algunas de ellas memorables, como una en la que cantan el Rock del Cayetano como un rock urbano más, con Raimundo al bajo y él a la eléctrica, flipante. Y otro en el que salen también en sus comienzos, Rafael con el pelo teñido de platino, punkarra total, tocando el Blues de los niños. Rafael Amador era la voz de Pata Negra, Raimundo no cantó hasta que no hizo cosas en solitario. Era la voz y era la guitarra y lo era todo junto a su hermano y sus otros hermanos. Rafael Amador era el otro Amador. Cuando Pata Negra se disuelve, o se queda únicamente con Rafael y Raimundo empieza a despegar en solitario, yo era de Rafael, sin saber mucho y sin conocer nada. Raimundo parecía que tenía que caer bien, que era el buena gente, el buena persona, el simpático, el asimilable. Rafael en cambio te lo vendían como un mala sombra, un malaje, con adicciones, mala cabeza. Cómo no ibas a ser de Rafael. Además Raimundo cantaba con BB King, la epítome del blues para todos los públicos (esta opinión ha cambiado para mí, pero poco) (muy poco). Rafael sacó algúnd disco más con Pata Negra y se fue perdiendo. Se perdió tanto que hoy nos enteramos de que se murió ayer y no lo has visto en ninguna parte. Yo tengo que escribir algo sobre Rafael Amador. Porque desde aquel vinilo chungo que no sé de dónde saqué, el Guitarras Callejeras, a aquel disco que compré por la portada también en con un descampado, el Rock Gitano, o aquel directo que no sé quién me sacó que me voló absolutamente la cabeza a mí que nunca me gustó Kiko Veneno, ni me gustaría después ni Los Delinquentes, ni tantas cosas, yo soy muy de Pata Negra y no pasa nada. Nadie le cantará a Rafael Amador, ni le dedicará una canción, como hicieron ellos con Camarón. Yo le escribo unas cuantas líneas para que quede constancia: Rafael Amador es de lo más grande que podemos escuchar, tocando y cantando. Porque era flamenco, sí, pero también, o por eso, era uno de los nuestros. Con todo lo bueno y todo lo desastre. Muchas gracias por absolutamente todo. 
 

viernes, 6 de febrero de 2026

Crónica del #PleGramenet de enero. La gallina y el cuñado.


Digo, digo, digo. Una crónica de un pleno municipal en Santa Coloma se convierte únicamente en una manera de contar cómo los tiempos han cambiado de tal manera que lo que hace unos meses parecía un sinónimo de desfachatez y de ramplonería, hoy es el canon sobre el que se discute, el marco sobre el que se debate, las cosas que hay que contestar, contradecir, combatir, desmentir. Digo, digo, digo. El marco mental lo establecen unos forajidos del sistema, unos inadaptados de la sociedad, personas que hasta hace bien poco se mantenían en los márgenes de la vida porque la vida parecía algo mucho más serio. Era necesario parecer tener algo más en la cabeza que un montón de mierda para poder acceder con algo de dignidad a según que espacios. No todo el mundo, recordemos, hace pocos años, era susceptible de poder ser representante de unos cuantos. De muchos. De miles. Hoy no solo son los representantes de una porción de colomenses, sino que establecen de qué se habla y cómo se habla. En Santa Coloma tenemos un gallina y un cuñado. El gallina es aquel que se graba un vídeo como si fuera una patrulla vecinal pero bien, de gente de bien, de gente ordenada, patrulla vecinal que se dedica a limpiar la ciudad de mensajes de odio, creyéndose policía, creyéndose agentes de la seguridad, creyéndose de verdad que un regidor puede ser detentador de la legalidad vigente o la que me pase por las pelotas. Y así se graba un vídeo diciendo que si el ayuntamiento no quita estas pancartas que me molestan, las quitaré yo. Porque la ordenanza. Porque sus pelotas morenas. Hasta aquí, pues mira, una fascistada más de alguien que piensa que se va a convertir en el ICE colomense. Una provocación no solo al movimiento antifascista de la ciudad que ha colgado esas pancartas, sino que desafía la autoridad del Ajuntament. Como tú no haces nada, lo haré yo. Lo fascinante es que todo ese alarde de valentía y voluntad de provocar, en el pleno del Ajuntament de Santa Coloma de Gramenet, provincia de Barcelona, del pasado lunes 26 de enero, se quedó en un momento que perseguirá al concejal de Vox de menor edad, esperemos, que al menos por el resto de su legislatura y por ende de su breve carrera, de su esperpéntica carrera, como regidor en Santa Coloma. Ante una intervención de la Comissió Antifeixista en la que se le afeaba su conducta y se le exigía al Ajuntament una sanción, el valiente regidor, pide que del acta se quite que él rompió o retiró pancartas porque él eso no lo hizo. Menudo gallina. Absolutamente. Completamente. Qué cosa tan cobardona. Si esto lo hacen ante una intervención en la que se les dice que tal y que cual, qué pueden esperar esos animosos votantes de Vox de alguien así. Ni confianza, ni fe, ni valentía, ni arrojo ni todas esas virtudes que se le suponen a quien luce banderitas y símbolos de machunez traspasada. Eso, el gallina. Sobre el cuñado, qué decir. Cuatro horas y pico de pleno, cuatro horas que parecen pocas horas, pero que se convierten en una auténtica majadería cuando el otro regidor de Vox, el señor de más edad, coge el testigo, recoge el turno, avanza por la vereda y decide perderse en los procelosos mares del cuñadismo. Cuñadismo, ignorancia, provocación, falsedad, magufadas, todo el catálogo de sandeces que el siglo XXI ha colocado como marco mental sobre el que tenemos que discutir, combatir, responder. Desde la calidad del aire, a cualquier otro aspecto de la vida municipal, el regidor de Vox de mayor edad tiene el cometido de lanzar diatribas extensas que a veces se pierden como salvas de artillería que van hacia ningún sitio y otras como escopetazos de sal que tienen como objetivo simplemente escocer. El feminismo, los inmigranges, los humos, los inmigrantes, la izquierda, tontería tras tontería, sin dejar ningún cabo suelto, consigue que el resto del pleno municipal esté deseando que llegue el final, pasar otro punto y esperar la nueva sarta de sandeces que el regidor joven o el regidor mayor de Vox, suelten. Uno, desde la pretendida calidad de ofendido, el otro desde una suerte de saber popular que lo coloca en el extremo del sentido común más corriente. Contra eso, contra todo eso, vamos pasando los plenos, unos desde unos flancos, otros desde otros, pero cada vez con mayor conciencia de que no puede uno tomarse a broma, ni como anécdota, ni como cosa de un momento, ni como nada, lo que está siendo la entrada del consistorio de Santa Coloma en un siglo XXI al que vamos a tener que darle un giro diametral para ayer si es posible.  

domingo, 1 de febrero de 2026

Caza de brujas - Luca Guadagnino


Hay un momento en la película en el que Julia Roberts, la profesora Imhoff, sale de su apartamento en el muelle y va a coger su coche en el que mientras se esta montando mira al lado y ve un coche con dos chicos, un afroamericano y uno con la cabeza rapada en el que se miran y ella asiente así con la cabeza y ellos, que la están mirando, asienten a la vez y piensas, pero un momento, qué narices tiene que ver esta escena, este momento, este cruce de miradas, con nada de lo que sucede en la película. En ese momento, Julia Roberts, encarnando el papel de la profesora Imhoff, sale de su apartamento en el muelle, un lugar al que regularmente se escapa a trabajar y que descubrimos, justo en esa misma escena en la que está volviendo del apartamento en el muelle, que también es el lugar en el que se ha estado encontrando con su amante. Lo primero que pensé cuando sale ese apartamento fue, qué cucada de apartamento. Porque Julia Roberts, la profesora Imhoff, hay un momento en el que no puede ir a trabajar a su despacho en Yale y le dice a su marido que va a tener que ir a trabajar al muelle. Y ella llega en coche, un Volkswagen, aparca y camina y se mete como en un edificio como raro, que me recordó un poco al edificio y los pasillos de los locales de ensayo donde vamos nosotros y todo es así como un poco abandonadete, pero abre una puerta sin ninguna gracia y entra en un apartamentito, que de apartamentito tampoco tiene nada, una cosa cuquísima, así sencilla sin mucho adorno ni nada, pero con su cocina y su mesita para trabajar. Y hay un momento en el que en ese apartamentito ella llega como un poco zombi, porque va medicada hasta arriba y se está tomando un algo, no sé si una infusión o lo que sea, en una taza o un cuenco de madera. Más cosas. El actor que hace de marido de Julia Roberts, la profesora Imhoff, este actor, que no sé cómo se llama pero que es como una suerte de versión de Joaquin Phoenix, hace un papel prácticamente igual, en una película en la que es el marido o compañero de una escritora que tiene problemas diversos y que si no me equivoco también es profesora universitaria, como él. Aquí él no es profesor universitario, es psicólogo, pero bueno, ella es profesora, los profesores, los alumnos, las intrigas de la universidad. En realidad esta película la has visto antes, con otros actores, con argumentos parecidos, en escenarios similares, bebiendo whisky, hablando de cosas que no estás entendiendo y que renuncias a entender porque crees que lo importante está en la trama y no en lo que parlotean y de la trama tampoco extraes nada claro salvo que el mundo se ha complicado con el feminismo y el lenguaje inclusivo y el elle y tal. Dos horas y veinte de película, Guadignano, Guadagnino, dos horas y veinte. Y un comentario más, de parte de mi compañera, lo que le gusta a este señor sacar a gente durmiendo. 

domingo, 25 de enero de 2026

Sinners - Ryan Coogler


El baile, la música, la matanza final de racistas del KKK, los vampiros, el blues. Como para 16 nominaciones a los Óscars, yo creo que no. 

jueves, 22 de enero de 2026

Banda Sonora para un Golpe de Estado - Johan Grimonprez


Si alguien sigue mis redes sociales, y sé que algunos siguen las redes sociales del menda casi a tiempo real de actualización, habrá visto que he estado especialmente pesado durante unos días con el fenómeno de un aficionado congolés que, durante los partidos que la selección de la República Democrática del Congo disputaba en la pasada Copa de África, imitaba a Patrice Lumumba. Michel Kuka Mboladinga, se subía a una tarima en la grada y aguantaba la misma posición, como una estatua de las Ramblas, durante las dos horas que duraba el partido, caracterizado exactamente como Lumumba. En estos tiempos en los que el neocolonialismo vuelve a resonar con fuerza, el homenaje a Patrice Lumumba, me parecía absolutamente admirable. Porque si hoy creemos que el horror al que nos asomamos no tiene parangón, si creemos que el poder de las potencias imperialistas se ha desatado y que la impunidad con la que actúa el gran magnate trumpiano es una puerta que no se había abierto antes con tamaña desfachatez, por favor, tienen que ver este documental llamado Banda Sonora para un Golpe de Estado. Así sabremos que esta barbarie no está apareciendo ahora. Que el llamado rompimiento del consenso del derecho internacional es una puta broma. Que nada empieza ahora, que todo es una sucesión de actuaciones destinadas a imponer el poder de unos sobre otros y que, de manera más o menos mezquina, más o menos descarada, más o menos terrorífica, cuando se necesitan unos métodos se emplean y cuando se necesitan otros, no hay ningún pudor en llevarlos a cabo. Este documental es una maravilla, dolorosa y terrible, pero una maravilla. Porque nos cuenta cómo lo que nos gusta, los artistas que admiramos, los referentes que idolatramos, también son utilizados como propaganda de un mundo que los desprecia. Así, nos encontramos con los artistas de jazz, utilizados por el gobierno estadounidense para misiones culturales que ocultaban otros propósitos. Y vemos a esos artistas sentirse utilizados, rebelarse, cuando el daño ya está hecho. Y vemos a esos artistas expresar su dolor, su rabia, su arte. Y mientras la música suena, se va desplegando ante nosotros la tela de araña que acabó encerrando a Patrice Lumumba para acabar siendo asesinado por quienes tenían unos intereses y estaban dispuestos a todo por asegurarse que, independientes o no, esos países africanos iban a seguir bajo la bota de quien ellos quisieran. Patrice Lumumba aparece como un activista, un político africano que tiene la intención de conseguir la independencia para el llamado Congo belga. El Congo es un inmenso país, riquísimo, expoliado por el rey de Bélgica a título personal y luego por el resto del Estado belga. Toda vez que se va a tener que aceptar un proceso de independencia, lo que hay que asegurar es que, el gobierno resultante, no actúe contra los intereses económicos fundamentales. Puedes ser independiente, pero seguimos mandando nosotros. Así, aunque Lumumba cuente con el respaldo de diversos compatriotas implicados en el proceso, finalmente es traicionado por algunos de ellos. El documental también nos cuenta las deliberacions en las Naciones Unidas y como el papel de estas es infame y traicionero a la vez que parece salvaguardar un cierto respeto y neutralidad que a la hora de la verdad es ninguneado por quien te dije: Estados Unidos y el país lamebotas que toque en cada ocasión, en este caso Bélgica. Las intervenciones de Nikita Khruschev son demoledoras, de una transparencia que parece que no es el líder de la oscura Unión Soviética, sino de un activista del Sindicat de Llogateres. Un mundo que se construía al margen de los poderes coloniales y que fue sistemáticamente aplastado, anorreado, exterminado, golpeado y humillado. A golpe de ostias, a golpe de propaganda, a golpe de música, de modernidad, de ocio, de fantasía. Nada de eso ha cambiado. Quizás, el rostro ahora ya no necesita ni siquiera a Louis Armstrong y su sonrisa. Ahora somos nosotros mismos los que debemos cuidarnos de no reírnos cuando el ganchito naranja quiere que nos riamos. Impresionante documental, impresionante la música, la jazzística y la congoleña, impresionantes los testimonios, impersionantes las palabras de la congolesa que nos explica lo que significa la canción que canta, impresionante que alguien en 2025, se acuerde de Lumumba. 

Hay una coda que no cuenta el documental: Tshombe, el títere de los belgas que promovió la independencia de Katanga, que cuentan que asistió personalmente a la muerte de Lumumba, murió en una prisión de Argelia después de que su avión fuera secuestrado y enviado al país del Magreb. Casualmente, Argelia eliminó a la RDC en la copa de África y la selección argelina le regaló una camiseta al Lumumba redivivo. Vive Lumumba!

Perec. El hombre que se negó a olvidar - Pierre Lane


Hace años, y puedo decir que hace ya bastantes años, muchos años, a mí me hubiera encantado tener el entusiasmo y el talento de ponerme a escribir. Eran esos años en los que descubrí a Roberto Bolaño y su manera de escribir y de hacer y vivir la literatura me empujaron a pensar que yo, mucho más pusilánime que él a la hora de experimentar con eso que llamamos la vida en todas sus circunstancias y la vida como escritor en concreto, yo podría ser también. Nada de eso pasó jamás y aquí estoy, matando el gusanillo, rellenando huecos. Fue en esos años cuando llegó a mis ojos por primera vez el nombre de Perec. Georges Perec aparecía citado por Bolaño no sé si en algún cuento o en otro texto. Obsesionado con Bolaño, quise acercarme a Perec. Me informé, investigué, quise saber. Quise leer también a Perec. Llegué a tener en mis manos La vida instrucciones de uso. No fui capaz, creo, ni de abrir el libro. Perec se convirtió entonces en una frontera. Yo sé leer, me gusta leer, tengo curiosidad, pero por ejemplo Perec, dentro de ese mundillo de personajes literatos que deberían interesarme, Perec se me escapaba. Demasiado para mí. Y esa frontera Perec no la he llegado a traspasar jamás. Así, cuando he localizado un documental sobre Perec, no he tenido más remedio que visionarlo. Lo que he encontrado tiene que ver con lo que sabía de Perec, pero he aprendido cosas que no sabía de Perec. Sabía de su manera de escribir, del Oulipo, de tantas cosas relacionadas con el ejercicio literario como una tarea que iba más allá de lo que simplemente aparecía en la página manchada por grafías. Pero no sabía que había otras cosas en la vida de Perec ni que su condición de judío ni que su condición de hijo de víctimas del genocidio nazi, estaba tan ligada a su obra y experiencia vital. Este documental nos cuenta la vida de Georges Perec, el escritor, pero también la vida de una persona a la que eso que se vive en la infancia y que nos deja una marca indeleble, en el caso de Perec, es un motor para la escritura. Escribe, vive, pero siempre hay algo en el fondo, que a veces aflora y otras veces está oculto. Como la letra E, que aquí nos dicen que no solo es un ejercicio de dificultad y de virtuosismo el escribir un libro sin utilizar la letra E, sino que es una metáfora de algo que no está, que está oculto, como es el hecho de haber querido exterminar a tus vecinos, a tus amigos, a tus compañeros de clase, a otro pueblo, por el hecho de ser diferentes. El documental me ha gustado, me ha vuelto a dar curiosidad por Perec y su obra, por La Vida instrucciones de uso, esos momentos en los que decía el narrador que Perec escribe sobre momentos que nadie ve. Creo que nada cambiará. Pero me ha gustado pensar otra vez que sí.

martes, 20 de enero de 2026

Jay Kelly - Noah Baumbach


Vamos a ver. De la misma manera que decimos una cosa, decimos también otra, pero a fin de cuentas estamos diciendo lo mismo. Resulta que tu país se está yendo a la mierda y tú te pones a hacer una película sobre esto de ser actor y sobre lo que es la vida, ¿no? Noah Baumbach ha colado algunas películas buenas. Frances Ha es una buena película. The Meyerowitz Stories reconozco que me tocó mucho la patata. Y Histora de un matrimonio, es dura de narices. Pero a partir de ahí, qué ha pasado con Noah Baumbach. La película anterior a esta, que ya no recuerdo ni cómo se llamaba, ni siquiera tuve narices a terminarla porque me pareció un pestiño importante sin pies y sin nada de cabeza. Esta película cuenta con el protagonismo de un George Clooney que se supone que es una garantía de calidad, y sin embargo, consigue que el personaje de Clooney te canse, te aburra, no te interese. De hecho, hay algún momento en el que piensas exactamente esto: pero a mí qué me importa. El tema es que un actor ya madurito, hace un balance de su trayectoria y de su vida personal, la relación con sus hijos y tal y lo lleva todo a término además con motivo de un viaje a Italia para participar en un homenaje a sí mismo. El poti poti de cosas a veces te llama a la reflexión y otras te genera rechazo. Un rechazo que se vuelve en incredulidad cuando el viaje a Italia se convierte en una excusa para caer en todos los topicazos sobre nuestro país hermano y cuando intuyes una cierta voluntad de Sorrentinizar la película que, una vez detectada, ya no te suelta. ¿Qué necesidad hay, Noah Baumbach, de contar una historia mil veces o dos mil veces contada, sin introducir ninguna novedad novedosa, ni un punto de vista o una... nada, cuando todo a tu alrededor lanza señales de que el mundo está cambiando? ¿Porqué te miras así el ombligo? ¿Porqué hundir la cabeza bajo la tierra de tu propio mundillo cuando el mundo se está pudriendo ante tus ojos? Intuyo alguna respuesta a todas estas preguntas y no me gustan. Tan solo salvaría, por salvar, la presencia en un cameo una vez más del bueno de Dean Wareham de los Galaxie 500 y Luna, que debe ser colega de Noah o algo. Y ya.

sábado, 17 de enero de 2026

La empresa de sillas - Tim Robinson


Decíamos ayer que la cosa está fatal. Pero tan fatal como para que haya una serie como La empresa de sillas. Tan fatal como para que la propia sociedad estadounidense se exponga a un retrato tan devastador como el que nos ofrece este despropósito protagonizado por un Tim Robinson dispuesto a hacernos llegar al límite y más allá. No, no he visto nada de su trabajo anterior, no le conozco de SNL ni de las series de Netflix, llegamos a esta serie desde la perplejidad y nos vamos de ella aterrorizados ante lo que puede ser un cúmulo de despropósitos mayor en una segunda temporada. El argumento bien podría ser de una peli de los hermanos Cohen: un ejecutivo de una empresa de una ciudad norteamericana, sufre un percance un tanto idiota durante la presentación de un proyecto de centro comercial. La reacción de este sujeto al percance, debajo de su mesa del despacho, pataleando como un chaval de diez años emberrinchado, así como toda la gestualidad que va desarrollando nos indican que vale, que parece Cohen, pero algo no va bien. De hecho ya nada va bien. El ejecutivo cree que ha descubierto una trama relacionada con las sillas de oficina y a partir de ahí se relaciona con personajes diversos de la ciudad. Hay subtramas relacionadas con su familia, sus hijos, la esposa, una familia bien, pero no alcanzas a entender cómo ese sujeto llamado Ron Trosper (tróspido... es que claro) ha llegado a algo en la vida si es que es profundamente gilipollas, insoportable, idiota y yo que sé. Y la propia familia acaba teniendo también algo raro y si no es la familia son los suegros y si no son los suegros es el jefe de la empresa y si no los amigos del jefe de la empresa y si no cualquiera que aparece en pantalla o que no aparece como esos cómicos que lo único que hacen es gritar frases de película porno o de gente que ve películas porno y si quieres porno incluso hay una felación al final de un episodio de manera absolutamente gratuíta y no sales nunca de tu asombro ni de la estupefacción ni de me cago en la puta nen qué mierdas estamos viendo y quién ha sido el cabrón que nos dijo que esta serie a lo mejor... No, no, lo recuerdo perfectamente, nos dijo: estoy viendo una serie que es rara y llevo tres episodios y dije, venga, y en el Rock de Lux la ponían también de las mejores y te acabas fiando de cualquiera o de quien tú crees que debe tener criterio y deberías tener criterio y la pregunta que te haces es porqué has tenido que aguantar hasta el final de la serie. Por qué has tenido que ver todos los episodios y constatar que era un disparate del calibre de que lo único que te viene a la cabeza es a Homer Simpson dando vueltas sobre si mismo en el suelo durante ocho episodios de media hora. Estamos hablando de algo más o menos así. Y te ríes, claro. Y hay veces que te ríes de verdad. Pero hay muchas veces que te ríes porque no das crédito. Y este es el mundo en el que vivimos. Y la música, esa continua mezcla de canciones de 'padre e hijo', junto a Yacht Rock que todo lo hace todavía más ridículo para combinarlo además con una música entre metal y electrónica para los momentos trepidantes. He echado de menos que sonara I'm Afraid of americans de Bowie. Mucho. Como decíamos ayer, es para no dar crédito. 

viernes, 16 de enero de 2026

Una batalla tras otra - Paul Thomas Anderson


Convendremos en decir que las películas se han vuelto raras. Que todo ha adquirido un tono un tanto extraño. El dedo se me ha ido y he estado a punto de poner extremeño. Extremo y extraño. Todo, menos lo que quiere ser convencionalmente consciente de que todo es igual que ayer, que hace dos años, que hace diez años y que se pueden seguir contando las cosas como si no pasara nada, como si el mundo no se hubiera puesto patas arriba y como si nuestra vida pudiera seguir contando vacaciones de la infancia, me quiere o no me quiere, tengo un sueño y lo voy a cumplir, subo las escaleras corriendo y cuando llego la canción suena fuerte y me siento como si hubiera ganado y Rocky estuviera en el suelo chorreando sangre. O el otro. Las películas que quieren plasmar el tiempo en el que vivimos no salen de su asombro. Así, algunas películas que son muy buenas, lindan el despropósito. Porque todavía, los creadores, no salen de su asombro, no son capaces de entender qué está pasando. Y aunque estas películas lo cuentan o pretenden explicarlo o imaginarlo siquiera, a veces están a punto de caerse por un precipicio y llevarnos a nosotros detrás. Películas como esta nos tienen todo el rato en vilo porque queremos que sea buena, que esté bien, que nos confirme que hemos acertado, que el director es bueno, que el reparto es excelente, que el mensaje ha de ser correcto. Lo correcto ya está, ya fue. Lo correcto, lo bien, lo ideal, se ha ido. Toca otra cosa y esta película es un retrato desquiciado de lo que estamos viviendo. Tiempos que van deprisa, imposibilidad de saber qué pasa, brutalidad, miedo, desconcierto, constatar que hay gente que se está jugando la vida por salvar algo, lo que sea, una revolución, una idea, su propio culo, nuestro culo. La película es una historia de venganza en tiempos de desastre. Este desastre. Tiempos en los que el fascismo, aunque ya sabemos que técnicamente hay páginas y páginas que nos dicen que esto no es como el fascismo, lo sabemos, lo sabemos, pero el fascismo, digo, está avanzando y gobierna. Estamos gobernados por fascistas en buena parte del globo y tenemos que resistir y no sabemos si resistimos o estamos resistiendo o hay alguien resistiendo. Es una película, no nos flipemos. Y no es una película con mensaje. El mensaje es la película, poniéndonos ridículamente antiguos. Una película sobre un grupo revolucionario que sufre una deserción y una delación y que sobrevive hasta que el poder reacciona ante una señal, ante un trozo de carne que sangra en el mar, y se lanza de nuevo a consumar una venganza que no se llegó a completar. Una lucha continua en la que se mezclan cosas, conceptos, películas y situaciones que nos indican que lo que nos puede parecer grotesco, exagerado, bizarro, extremo y extraño, en realidad, se queda corto ante lo que a las nueve de la noche podemos ver en las noticias de la nueve de la noche. Quizás, hasta que haya noticias a las nueve de la noche.

domingo, 11 de enero de 2026

Crónica del #PleGramenet. No hay cama pa' tanta gente.


El mundo está sacudido por la presencia omnipresente de una corriente política que tiene su cara visible en el actual presidente de los Estados Unidos, Donald Trump. Una corriente política que ha venido a terminar con la democracia tal y como imperfectamente la conocemos y que pretende retornar a un tipo de relaciones entre países, entre comunidades, entre personas, donde prevalezca la ley del más fuerte, el desprecio al débil, la sospecha y el miedo. Que Estados Unidos se está convirtiendo en un estado fascista cuando pensábamos, los izquierdistas de toda la vida, que los Estados Unidos eran un estado fascista, es algo que nos tiene sobrecogidos. Los discursos racistas, clasistas, antifeministas, antiecologistas, reaccionarios en todos los órdenes, que habían estado relegados a un estrato de la sociedad marginal, hoy en día rigen los debates públicos y las referencias políticas de los países occidentales han pendulado hacia la extrema derecha. Hasta aquí, nada que no sepamos. En la política colomense, este nuevo clima político lo capitanea sin duda VOX, el partido de extrema derecha que pleno tras pleno inunda el debate con auténticas barbaridades, algunas reflexiones que rayan la idiocia, sandeces de barra de bar (pero de barra de bar donde el parroquiano es el vociferante facha al que nadie hacía caso), provocaciones que buscan arrancar la estupefacción, la reacción airada, la reconvención, el escándalo. Lo que ha dicho, pero cómo se atreve, qué barbaridad. Y marcan el debate. Nuevamente, en el pleno de este mes de diciembre... se preguntarán porqué hacer una crónica del pleno del mes de diciembre cuando ya estamos cerca de que se cumpla el mes desde que se celebró el pleno. Bueno, la verdad es que las cosas de agenda tienen buena parte de culpa, pero también porque escuchando el pleno me asaltó la duda de cómo afrontar el escrito, lo verán dentro de unas cuantas líneas. Como digo, uno de los temas centrales del discurso de la extrema derecha que ha inundado el debate público, es el de la inmigración. La inmigración como problema, como amenaza, como causa de conflicto, como elemento distorsionador. Yo, persona de izquierdas, más o menos, me relaciono con personas que habitualmente comparten un mismo esquema mental, el mío, y los temas de conversación suelen girar en torno a diversos asuntos. Bien, en cuanto pones un pie fuera de ese círculo de relación y abres el abanico, las conversaciones acaban derivando en el tema migratorio, siempre como problema. Y mi esfuerzo es el de intentar aplicar mis conceptos, mis creencias, mis impresiones, lo que yo vivo, como herramienta de confrontación contra discursos que tratan, siempre, la inmigración como problema. La sensación de que quienes consideramos que la inmigración es un elemento que enriquece, siempre, a un lugar, en múltiples aspectos, somos pocos o estamos fuera del marco de pensamiento mayoritario, me asalta y me preocupa. Cuando reconozco a personas de izquierdas asumir de alguna manera, de la manera que sea, justificándolo de una u otra manera, que la inmigración es un problema, me siento mal. Puede que se justifique que la inmigración es un problema desde la izquierda catalana por el concurrido asunto de la cultura y la lengua. La amenaza al catalán por parte de la población inmigrante que no utiliza la lengua del país y el peligro de que la cultura catalana, entendida como una foto fija, desaparezca o se diluya, parece ser un motivo de preocupación por parte de una izquierda que, poniendo el foco en esto, parece no querer perder el hilo de los tiempos. Lo mismo ocurre con quienes hablan de colapso en los servicios públicos, por ejemplo, quienes dicen que ahora mismo es inasumible que seamos más, en Catalunya, porque ya estamos colapsados. De la Catalunya de los 8 millones a la Catalunya de los 10 millones. Y en esos 10 millones hay una izquierda que ha visto un peligro, para mí, asumiendo por conveniencia de los tiempos lo que la extrema derecha ya ha situado: la inmigración es un problema. Y aquí venimos al pleno del pasado 18 de diciembre cuando, discutiendo un punto sobre la aprobación de una promoción de vivienda, la portavoz de Esquerra Republicana de Catalunya, Gemma Espanyol, interpeló directamente a la alcaldesa para preguntarle por cual era su límite de población para Santa Coloma. Su argumento era precisamente que se aprobaban las promociones de vivienda sin tener en cuenta los servicios públicos. Se aumenta la población pero no los servicios públicos, venía a decir desde ERC. Fue el teniente de alcalde Toni Suárez quien contestó, a bote pronto, sobre quienes son los que a juicio de la portavoz, sobran en Santa Coloma. La respuesta no gustó a Gemma Espanyol que nuevamente interpeló a la alcaldesa y le preguntó si su límite eran 120mil, 150mil o 200 mil. Y que, efectivamente, si el president Illa había hablado de los 10 millones, ella no estaba de acuerdo. Sobre este asunto yo me remito al artículo que escribió el compañero David Cid sobre el tema. El pleno municipal se encuentra en Youtube y este intercambio dura unos quince minutos si no me equivoco. La alcaldesa replica que ellos se atienen al planeamiento urbanístico y que la ciudad no crece a lo loco. Pero ERC ya había introducido un apunte en el discurso: no cabe todo el mundo porque no hay servicios para todos. Yo, que soy vagamente de izquierdas, que milito y sen una organización de izquierdas como Comuns, me encuentro francamente trastornado por la reflexión y el mensaje que se envía. Y sobre el esfuerzo de acomodar el discurso a un escenario. Sobre más asuntos del pleno, pues como siempre, momentos surrealistas, algunos francamente sorprendentes por la inoportunidad, otros por querer competir en quien asume los réditos de una moratoria de las sanciones a colomenses por la ZBE, y que nadie, en todo el pleno, afeara al portavoz del PP la situación de Badalona con la expulsión de 400 personas de un edificio para que pasen a vivir directamente en la calle. Yo ya lo dejo aquí. 

miércoles, 7 de enero de 2026

Jurelandia


Yo quiero ir a Jurelandia. Esto era una canción de Poch, cuando ya no estaba con Derribos Arias. La canción era un sinsentido. Todo es un sinsentido hoy día. En Jurelandia tú puedes encontrar todo tipo de cosas. También cantaba la de Viaje por países pequeños, son más fáciles de visitar. Esta parecía tener algo más de lógica. Qué está pasando en el mundo, que lo que estamos viendo no lo habíamos visto nunca. Quizás sea este un texto redundante. Lo que quiero decir lo habré dicho cientos de veces, pero no quiero dejar pasar la ocasión para volver a insistir en lo absolutamente tremendo de lo que estamos viviendo. Un mundo que parecía de una manera, que luego fue de otra y ahora es de otra y va a ser de otra muy diferente. Queremos ser como los chinos, y creo que a China también la han puesto en la mirilla y ya no hay nadie que esté a salvo. Todavía leo mensajes fascinantes sobre un país en decadencia dando los últimos coletazos, sobre el frente interior, sobre pedir responsabilidades, sobre recuperar el derecho internacional, sobre tantas cosas que parecen como de otro tiempo. Rutas comerciales, recursos estratégicos, sacarse la chorra y decir lo que le plazca, amenazar a quien quiera, si no él cualquiera de sus esbirros. Todavía oigo en la radio a paniaguados hablar de que no se puede hacer un discurso frentista. Leo estupefacto como periodistas que cobran por ir a programas de máxima audiencia nos dicen que España está siendo el ejemplo para aplicar la Transición en Venezuela. Veo incluso cómo estamos tan perdidos que aplicamos la xenofobia selectiva: estamos creando un estereotipo, el del latino de derechas, el inmigrante al que podemos odiar, al fin podemos sentirnos parte del grupo, yo no soy racista, pero es que todos los latinos son unos fachas, mira los venezolanos. Y ya nos sentimos un poco parte de este mundo en el que el discurso ultraderechista ha triunfado, los marcos ya parecen sentados y lo que hay que hacer es llegar al marco desde cualquier sitio, pero llegar. Hay que situarse, hay que recolocarse, hay que saber estar en este mundo nuevo. Un mundo que tiene similitudes y exactitudes exactas con todo lo que estaba pasando desde hace siglos, pero en el que nos sorprende la pérdida de formas. No sé cómo hubiera sido retransmitir entrevistas con Nerón o con Calígula, pero no deberían de ser muy diferentes de estas terapias de shock colectivas que nos está administrando el sátrapa del mundo. Reparto del mundo en hemisferios, en zonas de influencia. Como si los gobernantes estadounidenses entendiesen de zonas de influencia. Como si el mapa ese en el que el mundo se divide entre tres fuera real. Como si esto se fuera a detener aquí. ¿Y si se quedan con Groenlandia? La verdad es que suena casi ridículo, qué pasaría si se quedan con Groenlandia, en qué me iba a influir a mí. ¿Y si desestabilizaran Colombia? A ver, que Colombia solo lleva cuatro años o menos con un gobierno progresista, lo demás ha sido siempre un desastre. ¿Y si arrasan con Cuba? También cayó la URSS y los países del bloque del Este y China abrazó el capitalismo y Vietnam más y... qué. Qué pasaría. Todo eso lo damos por descontado, lo que no damos por sabido es que a esas amenazas y a esos cambios, le debemos sumar nuestra propia cabeza, nuestra propia existencia. Eso es lo que realmente parece que se decida en estos días, semanas, meses. El sistema aquí, la vida aquí. Y a lo mejor me pongo tremendista y a lo mejor no es para tanto. Pero ¿y si deciden que esto de España o como se quiera llamar ya no les interesa y vamos a otra cosa y esa cosa es para que sea absolutamente peor? ¿Y si esto que llamamos Catalunya cae en manos de gente que decide quién vive y quién no en relación a si me gusta o no me gusta su catalanidad o lo que sea? Tantas cosas. ¿Quién es la última en la cola del jurel?

domingo, 4 de enero de 2026

Feliz año nuevo


Eso ha sido todo un montaje, venía diciendo la señora mientras avanzaban por la Avenida Santa Coloma, porque a él (a Maduro) no se le veía muy enfadado. Menudo mundo que nos ha tocado vivir. Ya no necesitamos discutir o elucubrar o que alguien investigue sobre los motivos ocultos que mueven la política, porque Trump lo ha dinamitado todo. No dinamita nada que no se haya dinamitado antes, pero pone claramente encima de la mesa cuáles son los objetivos y porqué se hacen las cosas: el petróleo en el caso de Venezuela, cualquier otra cosa material y tangible en el caso de otros lugares. Desde la especulación inmobiliaria en Gaza, los recursos naturales en Groenlandia... ya no necesitamos un Rambo que vaya a salvar a pobres oprimidos por el comunismo porque el comunismo ya les da igual. Puedes hacer, como en China, como que eres lo que quieras, pero los recursos, eso qué. Lo que hemos visto en estos dos últimos días no es nuevo, pero es completamente diferente. Un presidente del Gobierno de un país es raptado y llevado para ser enjuiciado a otro país, digamos que el país de referencia de la democracia y la libertad, para ser juzgado digo sin las más mínimas garantías de que su detención fuera legal o lícita o lo que sea. Este mundo nuevo. El presidente de la primera fuerza militar del planeta es un cabrón sin escrúpulos que deja claro que los pretendidos mártires por la libertad no le importan un pimiento y que lo importante es el petróleo. Delante de las cámaras y sin informes secretos. Sin la ITT en Chile dando soporte encubierto a un golpe de estado. El golpe lo da él y lo explica él y entonces qué. Ese es el verdadero desafío. Entonces qué. Qué se supone que debemos hacer y qué se supone que va a ser de nosotros en este mundo nuevo en el que, ahora sí, ya no hay legalidad. No la hubo para las decenas de miles de muertos de Palestina. No la va a haber ahora. De qué lado estamos. Los artículos que se dedican a pregonar que no tenemos aliados o que los aliados que teníamos ya no están. Quiénes son nuestros amigos. Salimos a la calle, hacemos concentraciones, pero estamos realmente aturdidos. Campañas electorales en Aragón en las que decidiremos algo que es básicamente seguir jugando con el juguete que tenemos hasta que se decida que ese juguete ya no vale. Y estamos tan cerca. Declaraciones o artículos de una candidata a la que tendría que votar insistiendo en que la extrema derecha está ahí porque la socialdemocracia... y mientras tanto Maduro avanza y dice en inglés buenas noches y feliz año nuevo. Y el día de antes estaba sentado con el segundo de abordo o tercero de abordo o vete a saber, de China y mira de qué le ha servido. Y la Delcy estaba en Rusia. Delcy Rodríguez, que ya todo el mundo sabe que estaba compinchada con la Cia, porque lo sabemos todo. Y si no nos lo sabemos, ya nos lo dirá Trump. Y nos indignaremos. Y nos pondremos en el lado bueno de la historia. Yo ahora mismo estoy muy desconcertado y no sé qué será lo próximo. ¿Se atreverá con Groenlandia? ¿Se cargará a Putin? ´¿Arrasará Cuba o hará como en Venezuela o quizás lo ha hecho ya? ¿Liará algo con China? ¿Secuestrará a Pedro Sánchez? Todo parece ridículo, grotesco, pero cierto. Ya no estamos cerca de nada, ya está aquí. Y los que lo explican lo entienden, los artículos de Poch, de Guillem Martínez, de más gente, pero, qué. Ya está aquí. Es esto.