sábado, 17 de febrero de 2018

Desde el principio

Te subes en un tren en marcha y te adaptas a lo que hay. Puedes decidir cosas y puedes cabrearte, adaptarte, medrar. O puedes participar en la creación de algo nuevo. Con todo lo que eso conlleva. Si decimos que es algo nuevo, que está por hacer, quizás la gente piense que no es de fiar. Muchos querrán algo que ya está. Subirse al tren en marcha. Puede ser más emocionante construir el tren. Hacerlo tú. Cómo quieres que funcione.
Hoy hemos tenido un taller de organización de Catalunya en Comú. No es lo que mejor se me da, organizarme. No sabría decir. Pero es interesante, es estimulante, es ilusionante saber que estás participando en algo nuevo, el algo que se está haciendo. Quizás para no repetir los errores del pasado, para no repetir dinámicas del pasado, para recuperar todo lo bueno del pasado. Hacerlo de nuevo, parecido a, sin nada que ver. Pero diciendo lo que te parece. Que te pregunten.
Qué es un militante. Porqué hay que llamarle militante. Mejor llamarle activista. Cómo pagamos la bombona de butano que calienta la reunión. ¿Se hacen más cosas de manera presencial, yendo a los sitios, acudiendo a las reuniones, soltando una chapa en una asamblea, o de manera virtual? ¿Cómo decidimos? ¿Quién lo decide? ¿Es mejor un líder elegido por todos en torno al que se cree un equipo? ¿Es mejor que no haya líder? ¿Es mejor dos que uno? ¿Es mejor que los cargos electos estén al margen de la vida del partido? ¿Quién vigila al vigilante? ¿Somos un partido o somos una organización? ¿Tenemos claro que a partir de ya somos todos compañeros? ¿Es lo mismo ser eficiente que eficaz? ¿Tiene que ser eficaz una organización? ¿Es todo un desastre si no se hace como a mí me parece o como yo recuerdo que se hizo en un tiempo mítico? ¿Funciona? ¿Todo el mundo es igual? ¿Cómo nos organizamos? ¿Aquí somos libres de decidir quiénes son nuestros aliados y quiénes son nuestros adversarios? ¿Tenemos claro que nos queda un año para las municipales? ¿Cuál es el horizonte? ¿Es demasiado electoralista? ¿Cómo solucionamos los conflictos? ¿Qué es un conflicto? ¿Quién paga todo esto? ¿Cómo se paga? ¿Cómo elegimos la dirección? ¿Tiene que haber una dirección? ¿Cuántos somos? ¿Me puedo llamar activista? ¿Qué es el activismo? ¿Deben pervivir la organizaciones previas? ¿Qué es la transparencia? ¿Qué significa que todo el mundo sepa lo que hacemos? ¿Debería estar escribiendo esto? ¿Sabemos lo que pasa en otros sitios? ¿Le interesa esto a alguien?
Son preguntas que han salido o que no han salido. Pero que nos hacemos. Porque estamos haciéndolo desde el principio. Y casi es mejor hacerlo desde el principio que acostumbrarnos a la comodidad de lo que había. Aunque muchos prefieran estar cómodos con lo de siempre, para hacer lo mismo, vistiéndolo de nuevo. Aquí lo estamos haciendo nosotros. Sabiendo mucho o sabiendo poco. Desde tu casa o yendo al Mas Fonollar un sábado por la mañana. Con gente de Badalona, de Barcelona, de Taradell o del Bages. Da lo mismo. Los mayores y los jóvenes. Los mayores jóvenes y los jóvenes viejos. Todos y todas. Portavoces y portavozas.
Y lo estamos haciendo. Y hace ilusión pensar que cuando esto salga, cuando se ponga en marcha, caminará porque lo hacemos entre todos y todas. Y lo hacemos porque esto, lo que hay, no nos gusta. Las cosas no se hacen por arte de magia. En mi casa se dice eso de que si quieres saber quién trae el agua, derrámala. Y ya estamos en marcha.

viernes, 16 de febrero de 2018

Tren

Un tren sale de una estación sin concretar a una hora concreta. Lo anuncia el propio tren con unos altavoces que tiene que anuncian que sale a una hora para llegar a otro sitio a una hora que se prevé, si no ahora, será en breve. Mucha gente acude a la estación de tren a decirle al tren que vaya ideas, que a quién se le ocurre salir hacia no se sabe dónde, hacia una parte, que cómo puede ser eso de que un tren decida que sale a una hora y que no sale a la hora que está convenida, a la hora que todo el mundo sabe que se tiene que salir. El tren contesta que va a salir y que le da igual y anuncia a todo dar que se va, que se está yendo. Y anima a todos los trenes del mundo a que sigan su ejemplo. Otros, en un trance diferente, aparecen en la vía del tren para animar al tren para que se vaya, que tire hacia delante, que no afloje, que siga por la vía que el tren se ha marcado y que no haga caso. Que todo tiene un principio y tiene un final y si no es una cosa será otra, pero que adelante. Los del otro lado de la vía siguen criticando que el tren se vaya, que el tren parta, que el tren tenga que irse, que el tren siga su camino. Y no ven bien ni el color del tren, ni las paradas anunciadas, ni las conexiones, ni la mercancía, ni el coste del pasaje, ni la máquina, ni los modelos de los vagones, no ven nada bien. Y el tren anuncia que va a salir el tren y que todo está a punto para salir. Que el tren se va.
Y unos y otros van diciendo lo que tiene que hacer el tren. Y el tren con más decisión y más fuerza dice que va a salir el tren. Y el tren, sí, efectivamente dice que va a salir el tren, pero el tren no se va. El tren no se está yendo. Y lo tiene todo muy claro y muy decidido. El tren va a salir, el tren se está yendo. Llegan otros trenes, llegan mercancías, llegan viajeros, llegan y se van diversos trenes. Los trenes van pasando y el tren se sigue quedando allí, pero anuncia que el tren va a salir.
Un tren sale de una estación sin concretar una hora. Con la firme decisión de salir y de llegar. A cualquier sitio, porque para eso es un tren. Porque para eso ha sido pensado como tren y no como otra cosa. Un tren autónomo que puede hacer lo que quiera. Hasta que quizás el tren deja de pensar que la vía es la correcta. Que la vía es la buena. Que la vía es la definitiva. Que quizás no haya vía.
Un tren no sale a ninguna hora de ninguna estación si el tren no quiere salir. Y finalmente han ganado los que piensan que el tren, donde mejor está, es en su puñetera casa sin salir o saliendo hacia ninguna parte. O saliendo para donde quiera el jefe de estación.
El caso es que el tren había hecho pensar que era un tren. Y no era un tren. Y ahora a ver cómo nos creemos a más trenes que digan que van a salir a tal hora de tal sitio. A una velocidad constante.
Ahora volverá a ser un tren de aquellos. El típico tren. Y pensábamos que iba a ser un tren.

jueves, 15 de febrero de 2018

Brienne de Tarth

No sé cómo acabará la serie ni el personaje, pero mi preferida es Brienne. Brienne, alta como lo más alto. Brienne de Tarth, embutida en una armadura. Brienne de Tarth, enfrentándose contra un oso. Brienne de Tarth, que parece que le mola Jaimie Lannister pero ni se lo dice ni se le puede notar, pero se le nota. No diré que a Jaimie Lannistern no le molara un poco. No sé cómo acaba la serie, porque no la he visto acabar, pero yo ya tengo mi personaje favorito.
Brienne. El nombre incluso me gusta. Brienne. Brienne de Tarth. Montando a caballo a toda hostia, persiguiendo a los malosos del tal Meñique mientras su escudero no sabe ni cómo coger las riendas. Brienne, que podría estar en pantalla todo el rato. Pero no está todo el rato en pantalla. Brienne, con el pelico así peinado para atrás, corto, rubio. Brienne con la cara redonda y los ojos redondos y azules. Brienne empuñando un espadón grande como un demonio y poniendo esa cara de me cago en la puta qué os pensáis que porque soy una tía no os voy a dejar tiesos a todos o qué. Pero a la vez con esa cara. Brienne explicando que de jovencita se bufaron de ella. Brienne explicando que ella fue feliz una vez pero que nunca más, porque se rieron de ella. Poniendo esa cara de tengo un juramento que cumplir y voy a cumplir el juramento. Brienne cumpliendo el juramento porque quizás no quiere cumplir con nada más. Y se la bufa todo. Y parece que vaya a tener un papel importante en la serie, porque si no, mantener ahí su historia colgando como si estuviera suspendida en el aire del relato durante capítulos y capítulos no se entiende.
Pero no quiero que me cuenten el final. Voy apurando capítulos de la quinta temporada. Quizás hoy vea los últimos. Juego de Tronos. Ver series. Estoy viendo series de hace un siglo. Tampoco me importa demasiado. Veo series de hace un siglo y no leo nada. No he leído nada en todo el año. Me tumbo en el sofá y me pongo a ver la serie. En dvd. Salen personajes, intrigas, lugares remotos, gente hablando en idiomas que no entiendo. Pero es cuando sale Brienne de Tarth cuando me engancho.
Igual exagero y lo que hago es decir que me gusta el personaje que menos interesa a todo el mundo. Brienne, sin interés. Brienne, con un escudero. Brienne con Arya en los capítulos anteriores. O no. Arya estaba con el otro. O estaba con ella. Es que la cuarta temporada la vi hace... no recuerdo. No recuerdo nada. Solo me acuerdo de la cara de Brienne cuando tiene miedo y cuando está atacando como si no hubiera nada más en el mundo. Atacar. Con todo. Participando en un torneo.
Brienne. Ese nombre. Brienne. Los nombres de esta serie están como cambiados. Como alterados. Pero me gusta Brienne. El nombre de Brienne. Con ese pelo corto, peinadito sin que se le caiga el flequillo para delante. Brienne de Tarth. No quiero saber cómo se llama la actriz, la he visto en la vida real, en fotos, no me interesa.
Brienne de Tarth. Qué le pasará. Me interesa. Quiero saber. Y no quiero saber. No quiero que nadie me diga nada. No quiero que se muera en una de esas masacres que se organizan al final de cada temporada. Juego de Tronos. La gente analizando Juego de tronos y la forma de proceder en juego de tronos como si juego de tronos fuera el príncipe de Maquiavelo. No quiero encariñarme con el personaje y que se muera porque me mola. Me pasa mucho. Si me encariño con un personaje se jode. Se va a morir. Va a palmar. Verás como no sale más. Por eso me gusta que salga poco. Que no salga demasiado.
Con esa cara de miedo y con esa cara de hacer daño. Con esa cara y con esa espada. Fuerte. Alta. Con armadura. Capaz de arrancarte la cabeza si quiere.
Brienne. Brienne de Tarth.

miércoles, 14 de febrero de 2018

Ohio

Hacía... ni me acuerdo que no mirábamos el buzón y nos hemos encontrado con una gratísima sorpresa. Daniel Discepolo ha publicado una nueva colección de relatos bajo el título 'América', que nos ha parecido francamente interesante. Compartimos aquí el texto 'Ohio', delicioso.
'Johannes Maria Albertas trabajó duramente durante su infancia y juventud en Finlandia hasta que consiguió el dinero suficiente para salir de su país. Nacido en un pueblo pequeño junto a Turku, no hizo mucho caso de las vicisitudes políticas de su tiempo, que pasaron por su vida como los rayos de sol y los rayos de luna, que sabes que están pero no te das cuenta. Ni la primera guerra mundial, ni la revolución, ni la contrarrevolución, ni la independencia, ni la no independencia, hicieron mella en su verdadero afán que no era otro que salir de Finlandia. Así, cuando tuvo 19 años recién cumplidos y con todo el dinero ganado escondido debajo de un colchón de la casa que compartía con su padre y su hermano Robertas -su madre Ekka falleció cuando tuvo a su segundo hijo-, dejó una nota encima de la mesa avisándoles de que se marchaba. A América. Y partió en un buque inglés que hacía el recorrido entre Helsinki y Londres para de ahí partir para los Estados Unidos. Los motivos por los que escogió marchar a Estados Unidos y no a otro lugar, no nos han sido revelados. Llegó al puerto de Boston un 17 de marzo de 1922 e intentó conectar con la colonia escandinava de la ciudad. No llegó a establecer contacto duradero con nadie más que con un sueco llamado Nils que trabajaba en una cervecería y soñaba con ser policía. Tras varias conversaciones, ambos planearon viajar al interior del país, a Ohio, para trabajar en alguna granja y hacer algo de dinero que les permitiera comprar sus propios terrenos. Nils no viajó con Albertas, que americanizó su nombre para llamarse John Albert. Albert se trasladó a Ohio y, efectivamente, consiguió su sueño de ser propietario de unas tierras, se casó con una americana de origen sueco llamada Margaret Larsson y tuvieron una hija, Echo.
Por su parte, Jon Arrospide nació en un caserío cerca de Lekeitio y se dedicó al pastoreo como su padre y como su abuelo. La familia Arrospide era una de las más importantes de la zona, con los rebaños más nutridos, las ovejas más fuertes y productivas. Sin embargo, su padre, Carlos Arrospide, lo apartó del campo y lo puso a estudiar. En principio su objetivo era el de hacer de él un hombre leído capaz de expandir el negocio. Lo que ocurrió es que Jon Arrospide, cuando marchó a estudiar a San Sebastián, estudió Leyes y a la edad de 19 años entró a trabajar como ayudante en un despacho, el de López de Eguilaz, de los más prestigiosos. Corrían los años de la Primera Guerra mundial y por un asunto de correspondencia y negocios entre metalúrgicos vascos y norteamericanos, Arrospide fue destinado a una oficina que el despacho de López de Eguilaz abrió en Nueva York. La metalurgia norteamericana se desarrolló en esos años de manera salvaje y era Pittsburg la ciudad más pujante en este aspecto. Sin embargo, a Arrospide no le convenció la jugada y se comunicó con San Sebastián y les dijo que, a la edad de 24 años su intención era establecerse por su cuenta. Y se fue a Cleveland, Ohio, quizás movido por las voces que le hablaban de unos pastores vascos que corrían por esos terrenos. No sabemos si alguna vez llegó a contactar con alguno de ellos. Se estableci´en Cleveland y montó su propio despacho, como tenía ideado, el Arrows Buffet. John Arrows, como comenzó a llamarse, conoció a una política local, la señorita Eunice Bernstein y se casaron. Tuvieron un hijo, al que llamaron Echo.
Ambos Echo se cruzaron un día abril de 1946 en la Universidad de Chicago mientras estudiaban Ciencias económicas. Comenzaron una relación. No vivieron en Ohio como sus padres.'

martes, 13 de febrero de 2018

Cuatro desahucios en #SantaColoma.

Bueno. Pues esas cosas que pasan un martes por la mañana en nuestra ciudad tan así que es Santa Coloma, que te puedes encontrar con que hay cuatro desahucios. Cuatro desahucios. Igual ustedes ya no tienen interés por este tema, o piensan que estos temas jamás tuvieron interés, pero sí, pasan. Cuatro desahucios. Por unas cosas o por otras, cuatro familias en cuatro domicilios de Santa Coloma, han vivido hoy la incertidumbre de verse en la calle. Desahucios. Fuera de su casa y ya veremos.
Las cifras dicen que no engañan. Y al parecer las cifras que no engañan dicen que está volviendo lo que tuvimos y lo que vivimos hace unos años. Los precios del alquiler por las nubes. Mucha gente vuelve a por los pisos en propiedad. La gente de los bancos dice que ahora no hay riesgo de burbuja inmobiliaria, que las condiciones han cambiado, que no volverá a pasar lo que pasó. Hoy han habido cuatro desahucios. El jueves pasado hubo unos cuantos. Este jueves, pasado mañana, se han anunciado otros. Si quieren estar al caso de lo que ocurre, visiten el twitter de la PAHV Gramenet o según que redes sociales y conocerán qué se cuece ahí.
Al fondo. Detrás de todo lo que ocurre, la vida, la miseria, la situación extrema, la miseria, la ruina, la lucha por la dignidad, la guerra a muerte por sobrevivir, la falta de escrúpulos, el voluntarismo, la implicación, la ignorancia, la pobreza, la riqueza, los que hacen mucho, los que cogen un micrófono y se encantan hablando y soltando arengas que llegan a ningún sitio, los que cogen un micrófono y gritan y gritan y gritan hasta que se les acaba el fuelle y no hace falta que digan nada que los has entendido perfectamente, los que pasan por tu lado y preguntan qué huelga es esta, los que preguntan si los desahuciados tienen hijos, los taxistas que pitan apoyando, los de las furgonas que pitan apoyando, casi todos son extranjeros. Casi todo el mundo es extranjero. Casi todo el mundo.
En la calle Jacint Verdaguer, el tercer desahucio, los dos primeros se han parado muy a primera hora. Mejor no entrar dentro, porque la finca es un desastre. Una vía de agua cae justo al lado de la caja de... es una familia con hijos. El banco malo. Son las once y media de la mañana. Hay gente de la Pahv de Santa Coloma y al cabo de unos minutos llegan los de la Pahv de Badalona. Los de Badalona gritan mucho más que los de aquí. Hace meses que no voy a ningún desahucio, pero los desahucios siguen produciéndose. Quizás no lo queramos ver, quizás parezcan o les parezcan realidades muy alejadas de sus realidades, pero están ahí. Un par de aceras más allá de sus bares con terrazas y nuevos establecimientos de vino bueno, hay gente a la que van a echar de sus casas no ahora, igual dentro de dos semanas.
Hablan de que todo vuelve a ir bien. Que los precios suben, es bueno, eso significa que hay. Que ya estamos en el camino. Que la inversión. Que el capital. Que ha sido efectivo todo lo que ha pasado. Sigue habiendo desahucios. Bancos rescatados con dinero público juegan con la vivienda de la gente. Sin escrúpulos.
Los escrúpulos. Vamos a la calle Sant Francesc que es a las doce el desahucio y no hay nadie todavía. Llegamos. Hace un frío espantoso. Nos dicen que en ese domicilio llevan dos años sin agua. La historia de ese domicilio, de ese desahucio, es tan así que es mejor correr un tupido velo y no contar nada. La miseria, la falta de escrúpulos, la pobreza peleando contra la pobreza. Los vecinos del piso han bajado. Los cerrajeros están esperando un poco más allá, para hacer su trabajo. Llega el personal especializado, hablan con el residente en ese piso. Antes vienen de hacerlo en la calle Jacint Verdaguer. Han suspendido uno y ahora van a ver si suspenden este. Uno lo han suspendido hasta el día 4 y el otro lo suspenden también hasta el día 9.
Sí se puede, dice la gente. La lucha. Se hacen discursos desde las tripas, llamando las cosas por su nombre, nombres zafios, nombres de trazo grueso, pero todos los entendemos. Y cuando se intenta ir más allá, chirría.
Y ahí sigue la cosa. Se presenta una moción en el pleno pasado. Se pide... bueno. Se pide, se exige. Este finde pasado hubo una mani contra la precariedad laboral. Éramos pocos, muy pocos. No conseguimos cortar la calle del todo. La mayoría, gente mayor. La precariedad laboral. No ganar lo suficiente, trabajar ya no significa salir de la pobreza.
Si no puedes pagar, no puedes vivir.
Si no podemos vivir, da igual un poco todo.
Pero hablemos de otra cosa.

lunes, 12 de febrero de 2018

Momento Buda

Como todo el mundo sabe, soy un enamorado del folklorismo oriental. Hace poco, relativamente poco, un año o así, me leí un libro sobre budismo. Era en inglés. Digamos que las enseñanzas que extraje del libro son más o menos las mismas que pude haber sacado de la wikipedia. No por lo sencillo del libro, sino por mi comprensión lectora en inglés. Antes, muchos años antes, leí un libro de Borges sobre budismo. Ahí si que me enteré de poco. De muy poco. Creo que en una época intermedia, hice una asignatura en la facultad sobre pensamiento chino. En uno de aquellos momentos en los que me conseguía mantener despierto, creo que algo se habló del tema, creo que fue lo que más se me quedó grabado.
En general, las enseñanzas y teorías relacionadas con el espiritualismo oriental me interesan desde un punto de vista más bien anecdótico. Me quedo, como me pasa también en otros órdenes del pensamiento como pueden ser el marxismo y demás, con el trazo grueso, con las ideas generales, con los tópicos con los que todo el mundo puede reconocerse. Avanzo poco y pienso que, realmente, no me interesa adentrarme más. No me interesa hacerme el religioso cuando, por muy diferentes que sean las religiones, finalmente yo no sigo la religión mayoritaria por considerarla, digamos poco fiable, no creo pues que el resto de religiones vayan a aportarme mucho más, por mucho que haya quien me explique de muy buena fe que no son religiones sino maneras de comportarse y relacionarse con el mundo y los demás. Sea como sea, por que la ignorancia es muy atrevida, soy capaz de colocarme banderitas tibetanas en la terraza y un niño jesús en el recibidor. Y una póster del PSUC en el pasillo. Y una cara de Mao pintada con Warhol cuando encuentro el blue tag o tak. En fin.
Un Buda. Desde hace años he tenido el deseo de tener un buda en casa. Un año, hace muchos años, en una feria de nadal de estas de la plaça del Rellotge, me compré una cajita donde había unos budas pequeñitos. Y en casa estuvieron puestos, en casa de mis padres, en una estantería, durante mucho tiempo, creo que los perdí porque no los he vuelto a ver. También he querido tener siempre una camiseta de Buda, un buda, de esas que ocupan casi toda la camiseta. Nunca la he encontrado. Sé que hay tiendas orientalistas por todos lados, por todas partes. Una vez, descubrí cerca del curro una Casa Nepal y allí que me fui a buscar una camiseta y encontré una, pero con un mandala y creo que en el centro pone Nepal. Compré una para mí y otra para mi hermano.
En mi casa tengo un elefante, una lámina con un elefante, que creo que es el dios Ganesh, chulísimo que me dieron de cuando cerraron el bar donde trabajaba la Marina y que tenían pegado en un cristal. No me acuerdo del nombre del bar. Tengo una especie de virgen de Lourdes que me trajo mi tito Antonio de Lourdes, claro. Es una especie de adorno pequeñito, un cuadrado de plástico con la virgen dentro. Creo que tengo muchas más cosas. Sí, tengo una foto de Elvis personificado como si fuera el mismo Jesús. Esta foto me la llevé de la última mudanza, o penúltima mudanza que hizo la hija negra.
Un año, en pleno delirio, me pillé la contraportada o portada interior del disco de George Harrison en la que salía 'Krishna peleando con Arjuna' y me hice una camiseta. La camiseta era en vinilo o no sé qué, el caso es que la camiseta, que era de color morado y era una pasada de guapa, me duró un verano. Se peló. De esa misma tongada me hice una portada de un disco de Os Mutantes que duró lo mismo.
No tengo ningún Buda que yo recuerde. Y si lo tuviera, ay si lo tuviera. Si lo tuviera entraría en una dinámica diferente. Si tuviera un Buda de estos de metro y pico, en el salón de casa. Si lo tuviera. Creo que si lo tuviera, si lo tuviera, tendría un espacio para sentarme frente a mi Buda y experimentar. Experimentar y concentrarme. Quedarme con los ojos entornados y recitar algún tipo de... oración. Y así, ahí, cuando llego a lo de la oración, es cuando me echo para atrás. Y prefiero quedarme acostadico así en el... y casi llego al mismo sitio.
Y no será por que no tenga oportunidades para tenerlo.

domingo, 11 de febrero de 2018

Texto B

Recuerda que cuando hay un cono, suele haber otro cono. Es muy posible que el encargado ponga el cono y que no ponga ningún otro cono. Es igual, en su cabeza está el poner un segundo cono. Vamos a contar una historia. Una de las cosas más espeluznantes que le puede ocurrir a uno es intentar abrir una bolsa de hielo. Hola, una de hielo. Está en la nevera, cógela tú. Y abres la nevera y están ahí y está la bolsa de hielo sin abrir. E intentas abrir y no puedes porque no tienes fuerza en los brazos, en la mano. Donde sea. Y tienes miedo a que venga el encargado a abrírtela él. Finalmente la abres como de milagro. Pero ya está el daño hecho, porque el encargado viene y te pregunta si te cuesta. Y te cuesta y cierras la nevera y le llevas la bolsa de hielo para que te la cobre y no sabes cómo ni por qué y acabas dentro de uno de los depósitos de gasolina y estás asustado y hace frío y tienes miedo. Y te van a meter fuego. Y los conos sirven para señalar que ojo, que ahí hay algo, que mejor no acercarse. Y tú estás ahí, y tienes tiempo para pensar y reflexionar sobre las cosas que le ocurren a uno en la vida. Y sabes que te van a ahogar en el depósito. Y piensas en la gracia que te hacía el cono. En el simbolismo del cono. En los usos del cono. En el cono como manifestación de algo. Algo que ya no tienes tiempo para desarrollar, porque oyes como viene el camión. Vas a morir.
Es un tema recurrente, la muerte. Morir. Que señalen tu muerte con un cono. Bueno. Puede pasar. Es la historia de un texto que no es el primero. Que no es la primera opción. Es la historia de una historia que no es más que un recurso. Es la historia de una historia que vale para lo que vale y está para lo que está. Todos tenemos una historia que contar y con la que sacar adelante algún momento gris de esos en los que parece que va a irse la vida sin que uno pueda hacer nada. Cuentas una historia, como aquella vez en la que estabas muerto y abrieron la tapa del depósito y te encontraron muerto y bien muerto y te fueron a enterrar en un cementerio y vino tu familia y no pudo hacerse la ceremonia porque estaban de obras y había un cono que señalaba que mejor no pasar por allí. Y con esa historia puedes resumir cualquier cosa. Todo lo que te puede pasar. Y no sabes cómo concluir la historia, con toda la familia esperando para hacer la ceremonia y finalmente viene un currante y retira el cono y todo puede volver a la normalidad. Y te entierran y nadie se pregunta nada, y a nadie le importa que te metieran en un depósito lleno de gasolina y cuál fue el motivo de la muerte. De tu muerte. El cono no tiene nada que ver pero se repite. El cono conifica. El cono es algo. No tengo ni idea de lo que estoy hablando, pero ya ha pasado un día más.