viernes, 18 de enero de 2019

Velocidad constante

Un tren sale de la ciudad de Barcelona a las 3 de la tarde a una velocidad constante de 80 kilómetros por hora con destino a Valencia. A la misma hora, sale de Valencia un señor, al que llamaremos Señor Señor, porque se llama Alberto Señor, que se espera al tren que sale de Barcelona en la estación de tren de Valencia. Estas historias y otras historias semejantes son las historias que se te ocurren cuando otras historias te han fallado. La clásica historia del tren y del rozamiento del tren contra las vías, la del viento de cara que también dificulta el desplazamiento del tren. Obviamos por supuesto la historia del tren que sale de Madrid a la misma hora también, a una velocidad constante de 90 kilómetros por hora y que no es consciente de que no se encontrará con el otro tren, porque nadie le ha avisado sobre ese aspecto. Uno cree que siempre se va a encontrar con quien rutinariamente se ha encontrado, que todo es como tiene que ser, y puede que un día, salgas de Madrid a una velocidad constante y el tren se haya ido a Valencia.
Un tren sale de la ciudad de Barcelona y en ese tren sales tú, que no sabes todavía cómo ni porqué has llegado a ese tren a esa hora cuando tú ibas a coger un avión con destino a Bilbao. Bilbao es una ciudad peculiar. Parece más fea de lo que es. Bilbao es una ciudad que tiene en su interior básicamente el estadio en el que juega el Athletic. No sé si habrás llegado a ver nunca un partido del Athletic. El Athletic es mi equipo de fútbol. Un tren sale de Barcelona contigo dentro y no sabes que a mí me gusta el fútbol, y que soy del Athletic. Este año lo estamos pasando mal.
Ese tren sale de Barcelona a una velocidad constante de 80 kilómetros por hora. Yo soy consciente de que ese tren no ha salido disparado a 80 kilómetros por hora. No soy muy hábil con los problemas matemáticos. No sé porqué se me ocurre en muchos casos este ejemplo del tren que sale a una velocidad constante de la estación de ferrocarril de Valladolid y que a la misma hora sales tú de tu casa que vas a ir a mirarte unas bambas o a tomarte unas birras con unos colegas. Son ejemplos de algo que no sé definir con exactitud. Ejemplos un poco absurdos de una falta de creatividad cada vez más palmaria.
Un tren sale de la ciudad de Barcelona a una velocidad constante de unos 70 kilómetros por hora, pero va aumentando ya que cada 100 kilómetros pierde un coche de los que carga. He olvidado decir que el tren carga coches. Cada cien kilómetros pierde un coche. Va más rápido. Este tren no va a ninguna ciudad. No va a Valencia. Un señor que se llama Alberto Señor ya ha perdido la esperanza de que ese tren llegue a Valencia. En el hilo musical de la estación suena algo parecido a Brian Eno, pero uno ya no sabe si lo de que suene algo parecido a Brian Eno es cosa de Brian Eno o no. Brian Eno.
Un tren sale cada cierto tiempo de la ciudad de Barcelona. Lleva cosas, animales, plantas, cosas.
Un tren sale de la ciudad de Barcelona con la intención de acumular en su interior todas las historias que podrías haber leído, contado, cantado.
Todas las cosas que pasan cuando un tren sale de una ciudad.
Creo que tenía la frase final del texto ya casi decidida, pero se me ha ido. No sé de qué manera, pero todo ha sido muy así. Otra vez será mejor.

jueves, 17 de enero de 2019

La montaña mágica

Cuando yo era pequeño quería ser político o futbolista. Una vez que he alcanzado mis dos objetivos vitales, puedo dedicarme a rememorar cosas de mi pasado. Recuerdos. Desde el porche de mi mansión, tocando el banjo, viejas canciones de Los Planetas. Recuerdos de mi juventud. Cuando yo era niño, creía que esa montaña, la montaña que se ve cuando vienes o cuando vas, esa montaña, era la montaña perfecta. La montaña ideal.
Una montaña con la forma que debe tener una montaña. No es un cerro con una pendiente ascendente, un montículo redondito, un túmulo abultado, una montaña con una escarpada como se diga en una cara y una nosequé en la otra parte. No. Eso era una montaña, la verdadera montaña. Una montaña como mandan los cánones. Una montaña que acaba en un pico perfecto. Una montaña que ves desde la lejanía de tus paseos colomenses y que identificas claramente como parte de tu memoria como ciudadano y como persona. Una montaña que, cuando eres pequeño, crees que es la montaña definitiva.
Creo que alguna vez creí que esa montaña era el Montseny.
No peco de exagerado si digo que descubrí que esa montaña no estaba en el top ten de las montañas del mundo hace relativamente poco. Si creen que para ser periodista hay que ser observador, entenderán que no cumpla con los requisitos necesarios. Hace poco, pocos años, de esas veces que rodeas la montaña para ir por la autopista camino de algún sitio que no es nunca Sabadell, vi que la montaña, realmente, en realidad, en verdad, no es tan súper montaña como yo he creído. En realidad es bastante menos de lo que parece. De hecho, no sé ni siquiera cómo se llama esa montaña que siempre he pensado que era la gran montaña de la humanidad. La mejor montaña del mundo.
Un inciso. A la hora de escribir la palabra entender, he tenido que corregir porque me salía la palabra entendeer. Como John Deere. Tractores. Qué mundo más alejado a mi mundo y que sin embargo, asalta mis pensamientos de manera involuntaria. John Deere. Campos, tractores. Cosechadoras. En fin.
La mejor montaña del mundo no sé qué nombre tiene. Sé que está en Montcada i Reixach. ¿Puede ser que el nombre de Montcada tenga que ver con este monte? ¿Mont cada? Cuando eres un niño crees que todo es grande, enorme, que está lejos. Cuando eres niño crees muchas cosas. Cuando eres más mayor, crees más o menos las mismas cosas. Lo único que pasa es que, bueno, que no sé.
¿No?
Y ahora te das cuenta de que esa montaña quizás es así de manera artificial, que de esa montaña, que tiene pinta de haber sido utilizada como cantera, se han sacado las piedras y los materiales que se hacen necesarios para la edificación de las ciudades en las que vivimos. Ya ves tú que cosa. Esa montaña es así porque el hombre la ha modelado y en su magnificencia, el hombre hizo una montaña perfecta. Perfecta si eres un niño. Si eres más mayor también la ves perfecta, yo al menos la sigo viendo perfecta, pero ahora sé cosas. Que me la soplan, porque yo voy a seguir pensando lo mismo. 
Qué maravilla. La vida, ¿no? 
Tengo pendiente una visita a Torre Baró. Pero eso ya otro día.

miércoles, 16 de enero de 2019

Santa Coloma y sereno

El esquema ya lo habíamos comentado por aquí. Las continuas prédicas de Ciudadanos alertando de la inseguridad invivible que se vive en Santa Coloma, la colaboración desde los grupos de Facebook amplificando un mensaje tendente a calificar de insuficiente la presencia de policía en la calle, así como los continuos mensajes de la extrema derecha sobre robos, hurtos, asaltos, etc., que supuestamente se viven en nuestra ciudad, finalmente han tenido una respuesta por parte del gobierno del PSC.
¿Era o no era claro? El PSC debía hacer algo. En un primer momento, hace como que no hace caso de esos mensajes de Ciudadanos, pero finalmente, coge su discurso y les da la razón. Ante ‘la sensación de inseguridad’ que se vive en Santa Coloma, se va a crear la figura del ‘sereno’, para vigilar por las noches las calles de la ciudad. Vigilando comercios, el mobiliario urbano y ayudando a las personas mayores, según leo en la noticia del Periódico.
En un primer momento, puede dar lugar a mucha broma recuperar una figura tan arcaica como la del sereno. Se le quiere dar otro color al decir que, contrariamente a la figura histórica, habrá mujeres desempeñando esta función. Se dice también que serán personas paradas mayores de 45 años las que cumplirán esta función.
Pero el mensaje está claro. Las ideas de la derecha son ya las que rigen el pensamiento del PSC en Santa Coloma. Como dice el compañero Angel Plà, lo que hace falta es un plan comunitario de ciudad que le dé respuesta a las muchas necesidades que tiene la ciudad. Pero es significaría por parte de Nuria Parlon y su equipo, asumir que esta ciudad tiene necesidades perentorias más allá que hacerle caso a la derecha por miedo a que se le vayan votos.
Es de manual, pero por muchos títulos universitarios que se tengan, se cae en la trampa. La derecha ha conseguido manejar, también en Santa Coloma, la agenda política. El miedo a Ciudadanos y a VOX hace que los socialistas, también en Santa Coloma, coloquen el tema de la seguridad y el incivismo y ‘proteger los bienes’ como un algo fundamental de su acción de gobierno.
Y así estamos. A falta de cinco meses escasos para la llegada de las elecciones municipales, el gobierno socialista nos presenta otra ‘ocurrencia’, destinada a ‘hacer algo’, que conjuga el consabido ‘estamos creando puestos de trabajo’ con el ‘podrás ir seguro por las calles de Santa Coloma’. Viva la Guardia Civil.
Es ciertamente lamentable que quien comenzó su mandato prometiendo hablar de la Revolución con Tracy Chapman de fondo, vaya acabando la legislatura poniendo serenos y serenas por las calles de la ciudad, porque la inseguridad… lamentable.
Un gobierno de izquierdas no puede hacer suyo el mensaje de la derecha. Y punto. Y si se tiene que poner más imaginación, más voluntad transformadora, se pone. Pero para esto no hace falta votar en las próximas elecciones a un partido y a una candidata que a la hora de la verdad, cede ante el miedo a que el mensaje derechista le pueda.

martes, 15 de enero de 2019

Karpov

En el campo. Aquí, en el campo. Pocos lo saben, pero me encanta el campo. Me encanta no hacer nada en el campo. Me encanta ir al campo, pero no me gusta hacer nada en el campo. Puedo caminar por el campo, pero sin ningún tipo de interacción con los elementos que forman lo que los que creo que saben de esto llaman ecosistema. No me interesa. Quiero que esté bien, el ecosistema. Que no le pase nada. Que se conserve y eso, pero no soy de mucha acción en el campo. Como en todo. Soy más bien de no hacer nada. Estoy aquí, con una cosa que me he traído para ir haciendo como que hago algo, para que no me encarguen hacer otra cosa, la verdad. Me lo he traído y creo que lo tengo ya medio medio, pero me da cosa decir que ya lo he acabado porque igual me ponen a hacer algo. Lo que me escama es este señor. Aquí a mi lado. Ha venido y se ha puesto a mirar qué hago. Por un lado, tengo que decirlo, me gusta que la gente me mire mientras hago algo. No me gusta el exhibicionismo, pero me gusta que alguien mire lo que estoy haciendo. Que se interese. Me molesta que mientras lo estoy haciendo me vayan puntualizando, examinando. Eso no. Pero es que eso no creo que le guste a nadie. Aquí, en el campo. Mucha gente piensa que no me gusta el campo. Y no es así. Para nada. No me gusta el campo para hacer cosas en el campo. Me gusta estar sentado, mirando el campo. No me gusta meterme en el campo. No me gusta correr por el campo. Correr por el campo, por la montaña, subir una montaña, surcar un río, arar un campo, cosas que se hacen en el campo. Soy un gran amante de la naturaleza. No quiero que le pase nada a la naturaleza. Quiero que todos los seres vivos estén bien. Así en general. Llámame simple. Ignorante. Lo que te dé la gana. Pero podría ser peor. Podría importarme una mierda el campo. Y no es así. Otra cosa es que me lleves al campo y lo pase bien. Porque la gente va al campo con espíritu de hacer cosas en el campo y no lo entiendo. Cosas que se hacen en la ciudad no se hacen en el campo. Si en tu día a día estás acostumbrado a hacer muchas cosas, a eso que llaman ‘no parar’, no sé, no entiendo qué es lo que hay que hacer en el campo. Vivir en el campo. Volver al campo. Abandonar las ciudades. Este señor tiene ganas de darme conversación. Lo noto. Y no estoy de humor para hablar. No quiero darle conversación porque me distrae. Y ya lo estoy acabando y cuando lo tenga hecho a ver qué le digo. Quién será este señor. Con esos pantalones. Debe ser de la zona. O no. Porque con esos pantalones, alguien de campo… no lo veo. No sé. Me distraigo. Ya han acabado. Yo he acabado también. Nos vamos.

lunes, 14 de enero de 2019

Paloma palomita paloma

El otro día, de esos otros días que ya tan poco abundan dentro del catálogo de días de los que se disponen, el otro día, me encontré con la paloma. Y la paloma me dijo:
'Y yo que pensaba que estaba sola, y me he dado cuenta de que no estaba sola. Son reflexiones que se me ocurren, como paloma y como habitante de esta ciudad. Pensaba que estaba sola porque no me reconocía en los demás, no sabía que los otros y las otras eran palomas como yo. Y lo son. Y me siento mejor. O no me siento nada. No me gusta mezclarme con el resto. No es que no me guste. Hay palomas que no me caen mal y otras palomas que me caen bien. Paloma, no me acostumbro a ese nombre. Yo pensaba que no era una paloma. Soy como esos perros que se creen personas. Me creo un poco persona. Tanto tiempo aquí en la  plaza, entre la gente, oyendo cómo discuten sobre las pensiones, sobre bases de cotización, sobre años trabajando, sobre uno que se fue y que no saben dónde se fue y que el otro día se encontraron a uno que dijeron que estaba con él y que no lo han vuelto a ver, sobre ese que se separó y que ahora está que parece que le han caído 20 años encima, o sobre el que se fue al pueblo que a lo mejor viene la semana que viene. Pensaba que era uno de ellos. De los que están al sol en la plaza. El otro día me acerqué a uno de ellos. Yo antes pensaba que eso de tomar el sol era algo que hacíamos todos porque todos éramos iguales y nos gustaban las mismas cosas. Vi a uno tomando el sol apoyado en la pared el ayuntamiento. Y no pensé yo. Fua ahí cuando me di cuenta de que no éramos iguales. Mis compañeras palomas y yo nos ponemos al sol donde sea. Aquel buen señor estaba en la pared del ayuntamiento, solo. Solo él. Con los ojos cerrados. Y a nosotras nos da igual. Pero noté cómo había gente que miraba a aquel señor que estaba apoyado en la pared simplemente tomando el sol. Y noté que le miraban y no le miraban bien. Y yo supe que a nosotros no nos miraba nadie. Palomas y palomos. No nos miraban. No nos hacen caso. Si estamos colgadas de una cornisa, si estamos sujetas a un cable, nos miran, con miedo. Por si nos cagamos.
Yo pensaba que vosotros, como nosotras, también cagábais en cualquier sitio. De hecho lo hacéis. Y yo pensé. Y pensé muchas cosas. Pienso desde ese momento que al ser paloma, ya soy menos. Te lo digo a ti, porque creo que me entiendes. Ser paloma es menos que ser persona. No sé si sabes por donde voy. Son cosas obvias que tú crees que damos por sentadas, pero si eres persona no te inquietan. Temo por mi bienestar. Temo por mi vida. No había caído en ello hasta ahora. Ese día, el día que vi a aquel hombre apoyado en la pared. Perros, gatos, canarios, peces. Se creen personas. He hablado con algún gato que pensaba que yo era también una persona. Cuando el otro día le dije que era una paloma, me miró preocupado y me dijo que eso era un problema. No me ha vuelto a hablar. El gato. No lo he vuelto a ver. Y tengo un amigo, otro amigo, persona como tú, que desde que sabe que soy una paloma no deja de venir a verme, zalamero. Y quiere tocarme. Y cogerme. Y no sé.
Yo quiero decirte una cosa. Ahora que no nos ve nadie. Ni nos escucha. Tengo una duda. Si yo soy una paloma y yo no hablo tu mismo idioma, cómo es que nos entendemos. Cómo puede ser eso.
¿Y si tampoco soy una paloma? ¿Y si?... No sé.

domingo, 13 de enero de 2019

Cien años de la Revolución Espartaquista.

Se cumplen cien años de una de esas páginas de la historia que, de haber ocurrido de otra manera todo, de haber triunfado quien salió derrotado, quién sabe en qué mundo estaríamos viviendo. A finales de 1918 y principios de 1919, Alemania que sale derrotada de la Primera Guerra Mundial, ve como el Kaiser se pira y se proclama una República que será controlada por los socialdemócratas. Estamos en 1918 y un año antes, en Rusia, se pone en marcha la Revolución de Octubre, donde los bolcheviques consiguen comandar su propia Revolución y comienza el enfrentamiento con el resto de rivales políticos. Un enfrentamiento armado con socialistas revolucionarios, con mencheviques, con anarquistas, con blancos...
Cuando los socialdemócratas alemanes alcanzan el poder, son especialmente reacios a seguir los pasos de los rusos. Son el partido socialista más fuerte de Europa y no quieren perder su poder poniendo en marcha ningún tipo de Revolución. Por su parte, los bolcheviques con Trotsky a la cabeza, esperan que tras su revolución triunfen más revoluciones para consolidar el avance de la revolución mundial. Una revolución proletaria.
Se ponen en marcha levantamientos de obreros y soldados. Los socialdemócratas no se andarán con ostias. Con la colaboración de los Freikorps de los que más tarde surgirán los primeros integrantes del partido nazi, inician una guerra sin cuartel contra los espartaquistas, los comunistas alemanes que, con Rosa Luxemburgo y Liebknecht a la cabeza, pretenden seguir los pasos de los rusos.
Pero no los mismos pasos.
Rosa Luxemburgo no es como Lenin, no es como Trotsky, no es como Stalin. Rosa Luxemburgo ha pasado la guerra en la cárcel por defender el pacifismo, es también una teórica de la revolución, y una marxista de reconocido prestigio, pero es, quizás como Trotsky, poco hábil para los temas organizativos. Para crear grupo, digamos. Rosa Luxemburgo lleva chupando cárcel y penurias mucho tiempo.
En los días de enero de 1919, el levantamiento es total. Los enfrentamientos entre antiguos compañeros de partido, los socialdemócratas del SPD y el recién formado KPD, son a tiros por las calles. En Rusia están en guerra entre ellos. El primer ministro alemán es Friederich Ebert. Hoy la Fundiación Ebert es la principal suministradora de Ideas y fondos y medios de los partidos socialistas en el mundo. Del PSOE también. Por eso supongo que es más fácil llevar una camiseta de Pankhurst que de Rosa Luxemburgo. Noske, socialdemócrata moderado, es nombrado ministro de defensa. Alguien tiene que ser el perro de caza, dice cuando lo nombran.
Capturan los primeros días de enero a Luxemburgo y Liebknecht. El 13 de enero, con la revuelta ya sofocada, los matan. A Rosa Luxemburgo la tiran al río.
Qué hubiera pasado si la revolución hubiera prosperado y Alemania hubiera seguido los pasos de la Rusia soviética pero con un personaje como Luxemburgo al frente.
No lo sabremos.
El fracaso de esas revoluciones como la Alemana o la Húngara de Bela Kun, significó que triunfase la teoría del socialismo en un solo país y la estrategia del pánico a provocar revueltas que perjudicasen a la URSS con el paso del tiempo que seguirían los partidos comunistas a partir de entonces. Se acabaron la revoluciones.
Todo podría haber sido diferente. El rencor entre socialdemócratas y comunistas. La pelea entre orden y revolución. Entre democracia dentro de la revolución o disciplina.
Hoy había un artículo de Joaquín Estefanía mucho mejor que este en El País, ha sido una lástima haberlo leído porque las ideas están mejor plasmadas ahí.
Pero al menos había que escribir para recordar a quienes lo intentaron. 

jueves, 10 de enero de 2019

Extrema y Derecha

Yo, si fuera el Dimas Gragera, el Salva Tovar o la María Duarte, los tres regidores de Ciudadanos en el Ayuntamiento de Santa Coloma, estaría un tanto inquieto. ¿Cuál es ahora el índice medidor de moderación, de pensar en los intereses de los ciudadanos, los problemas de Santa Coloma, la lucha contra el nacionalismo? ¿Acónde, como diría una colega, está ahora aquella formación de nueva política regeneradora que venía a decir las cosas sensatas? ¿Qué tal les sienta que la extrema derecha en alza les llame 'franceses'? ¿Poco menos que equidistantes? Siempre habrá alguien que te llame equidistante, que considere que eres un flojo, un tibio, que no llevas suficientemente enhiesta y gallarda la bandera. Que la pulserita no te aprieta lo suficiente.
Se ha consumado pues el cambio de gobierno en Andalucía. Quedan atrás legislaturas y legislaturas de gobierno socialista y, cuando pensábamos que eso era eterno y que en caso de que no lo fuera, el cambio vendría por la izquierda nos encontramos con que el Gobierno de Andalucía está en manos de gente que dice cosas como que hay que derogar la ley de violencia de género y suprimir ayudas a 'chiringuitos' feminazis, o cambiar el día de Andalucía del 28 de febrero al día de la toma de Granada. Ese tipo de gente.
El esquema es el mismo que se ha repetido en todos los países donde la extrema derecha tiene algo de fuerza. No tendrá el gobierno, no tendrá el poder, pero condiciona a todos los demás. Hasta a los socialistas. Hasta, glups, a alguno de los nuestros. Ellos sueltan las cafradas, las ideas que parecen irrealizables, las idas de olla, las deportaciones masivas. Otros las asumen como salvajadas, pero con matices y las van incorporando a su discurso. Y de repente, ya solo hablamos de lo que ellos quieren.
Y de repente, la sombra de la sospecha se instala sobre las feministas. Y de repente, cada vez vemos más inmigrantes en la calle. Y de repente, la gente pierde el miedo a decir que 'antes, antes con Franco...'.
Y es todo mentira. En realidad toda esta parafernalia de banderitas y de mentones duros y de chulos a caballo no esconde más que lo mismo de siempre: privatizaciones, neoliberalismo a saco, pérdida de derechos a cascoporro, miseria, ricos más ricos y trabajadores y trabajadoras esclavizadas. Ni patriotas, ni banderas, ni nada. No quieren que se vayan los inmigrantes, quieren que trabajen más y que se les vea todavía menos. Que no sean ciudadanos, que no tengan derechos, porque tampoco los quieren para nosotros.
La extrema derecha es como el o la de recursos humanos que llega en plan valiente a las empresas 'queriendo poner firmes a esta gente'. Es el capataz chusquero, engominado, que llega con ese buen par de huevos para... huevos que en realidad no sirven más que para ganar dinero a tu costa.
Extrema y derecha. Mira Brasil. En un solo día han dicho y hecho más barbaridades de las que un ser humano podría imaginar. Dar rienda suelta para cargarse el Amazonas, por dinero claro. Lo de vestir de rosa y de azul a las niñas y los niños porque es lo que les toca. Cosas. Mucha bandera, mucho mentón apretado, mucho dios por todas partes, por dios y por la patria, por la virgen y por España, por Catalunya y las monjitas del monasterio de...
Extrema derecha.
Está bien hacer broma con la extrema derecha, otra vez. Una vez más. La tierra de mis padres, de mis primos, de mis amigos y mis amigas, en manos de una banda de cuatreros. Por desistimiento. Por incomparecencia del rival.
Porque a ver, qué pasa. Insistimos, no ha subido de votos la derecha, han sacado lo mismo. Es la izquierda la que no ha dado el paso adelante.
Somos la gente de izquierdas la que nos hemos quedado en casa, sin confiar en el cambio desde la izquierda. Bueno. No toda. Creo que nosotros hemos hecho mucho, pero siempre se puede hacer más.
¿Hay que estar tristes? ¿Azotándonos? ¿Acojonados? ¿Decir que viene el lobo?
¿Cuándo ha servido eso?
Como decía una ilustre sevillana, Isabel Pantoja, Dientes, dientes...
A fin de cuentas, vivimos sistemáticamente en un sistema que nos revienta a cada paso que damos. Así que venimos con el rodaje hecho.