domingo, 26 de marzo de 2017

La fiesta continúa

Salimos de trabajar y dijimos de ir a tomar algo. Salimos, primero por algunos bares cerca de la zona del curro y luego dijimos de venir por mi barrio a seguir un rato más. Él dijo que no quería venir, que seguro que nos acabábamos liando y hizo como que se iba, pero fue fácil convencerle. Nos fuimos a un bar al que no voy casi nunca y que hacen conciertos más o menos cada semana. No voy nunca porque, aunque vivo en el barrio, no queda justo en una zona de paso y me cuesta ir hasta allí. Vamos, que no voy nunca. El caso es que fuimos y, efectivamente, había concierto. En un primer momento no hicimos mucho caso, estaban los músicos probando y nosotros ya íbamos algo fuera de concurso, así que nosotros estábamos a lo nuestro, charlando, riendo, bebiendo. Nos lo estábamos pasando de puta madre. Hacía un montón de tiempo que no salíamos de marcha y, aunque no serían más de las nueve, nosotros estábamos ya en todo lo alto. ¿He dicho que nunca he ido a ese bar? La gente nos miraba un poco de aquella manera. Empezó el concierto y no nos enteramos. Seguíamos a lo nuestro y notábamos que los parroquianos iban mirándonos cada vez más. Nosotros a lo nuestro, pedíamos una cerveza cada cinco minutos, nos lo estábamos pasando de puta madre. Discutíamos sobre cosas del trabajo, sobre dónde íbamos a ir a cenar, si íbamos a cenar, si nos matábamos bebiendo allí.
La música sonaba, pero no me daba cuenta. No nos importaba. Una chica cantaba y otro chico le acompañaba con una guitarra. No sé qué cantaban. Creo que fue a la tercera canción que la chica que cantaba dijo algo del silencio. Pero los músicos siempre dicen estas cosas. Mis amigos no se dieron cuenta y seguimos con la cháchara. Para una vez que salimos, pensé, no me vas a venir a cortar el rollo. Una canción más y... lo mismo.
La chica que cantaba, la gente mirándonos. El chico que la acompañaba, el camarero que nos recriminaba con la mirada. El nosequién me conoce, me ha venido a saludar, parece muy simpático, pero no es verdad. La chica vuelve de nuevo a recriminarnos algo. El concierto me parece que es demasiado largo. Nosotros seguimos a lo nuestro. Cantando, hablando, riendo, etc. Algo masculla la chica en una de las canciones. Se ríen todos. No entendemos nada.
El concierto termina y nos vamos a otro sitio. No recuerdo. Llevo un papón de mil demonios y quiero que no acabe nunca la fiesta. Llevo dos semanas sin volver a casa. Me duele todo. Estamos los tres destrozados. Pero no podemos parar de reir, de cantar, de beber. Me duele todo. Me huele todo. No nos dejan entrar en casi ningún sitio. Quiero morirme.

sábado, 25 de marzo de 2017

Bisous. Muchos bisous.


Ganchitos blandos. Fanta sin gas. Mirinda. Cocacola abierta. Patatas fritas que saben raro. Estrellitas mojadas. Agua calentuza. Una fiesta de cumpleaños a la que llegas tarde. ¿Para quién escribimos? Vengo leyendo. Voy leyendo. Escríbeme algo sobre Rabelais. Debes conocer a Rabelais, seguro. Haz algo sobre Rabelais, sobre algún autor que conozcas y al que te apetecería… ¿Para quién escribimos? ¿Por qué te inventaste el papel de Diana de Méridor? Hay un montón de sándwiches de mortadela, de salami, de chorizo con jamón dulce, con un poquito de margarina para que se hagan más digeribles, todos están envueltos en un papel de celofán. Si no se los va a comer nadie, me los puedo llevar y se los doy a alguien. El Barón Yanáyev esta vez no se ha perdido. El Barón Yanáyev recuerda y no se ha olvidado de la Condesa de Croissant. ¿Para qué escribimos? Yo escribo porque pienso que no me va a leer nadie, aunque espero que me lea alguien muy concreto. Yo escribo para que me entienda alguien que ya no me lee. En una caja están guardadas todas las guirnaldas, el confeti, una especie de luces que parpadean. Nadie las ha puesto porque se ha hecho tarde y se ha preferido empezar la fiesta sin que hubiera tanto rollo decorativo. Yo escribo en principio para mí, no me vuelvo a leer casi nunca lo que escribo. No repaso absolutamente nada, está escrito, otro día más. Soy muy listo. Tengo un título de mecanografía. Tengo cara de payaso. Os puedo contar esto en todas las fiestas de cumpleaños a las que me invitéis. Soy muy rápido. La Dame Masquée escribía casi cada día. Era un auténtico portento. Un ejemplo. Escribía, con sentido, con arte, con gracia, y con un trabajo de documentación, sobre Historia. Qué más se puede pedir. Sobre la Historia. Sobre los grandes nombres de la Historia. Sobre los grandes mitos. Sobre costumbres. Sobre usos. Sobre las mujeres de la Historia. Todos los días. Yo escribo todos los días, casi todos los días. Todos los días miro en el lado derecho de la pantalla para ver si ha actualizado. Yprh y ella, casi desde el principio. Mucha gente ha ido pasando, comentando, hablando, pero ella y la gran Yprh están ahí casi desde el principio. ¿Por qué escribimos? Hablo con alguien que dice que es el Barón Yanáyev y es mucho más gordo que yo. Se ha echado mucho a perder el Barón, pero es que los años pasan para todos. No le gusta comer sándwiches y no mete los dedos en el cuenco de las patatas ni de los ganchitos. Bebe fanta de limón caliente. El Barón Yanáyev, o el que dice que es el Barón Yanáyev, dice que ayer no escribió porque no tuvo tiempo. Que no se acordó. El Barón Yanáyev también soy yo. Es un poco cansado enfrentarse con gente que te dice a cada rato que es tú. Que tú eres ellos. Nos inventamos personajes, un alter ego. Tardé mil siglos en saber cómo se llamaba Madame. En la fiesta de cumpleaños, me da cosa probar otra cosa que no sea la fanta de limón caliente, me da miedo de que hayan envenenado alguna cosa. Me da miedo de morir envenenado. No me fío. Los sándwiches tienen muy buena pinta, seguro que están envenenados. Me gustaría hablar con Madame sobre los cátaros, pero no la encuentro por ninguna parte. Esta vez me he asegurado de que he llegado a tiempo a la fiesta, yo la he organizado. La he organizado tarde a posta. Queriendo. He colgado retratos de la reina Isabel. Por dar rabia. Y de Monsieur. Y de Maria Mancini. Ellos, que han venido, están hablando de otras cosas. Me miran. No sé qué contestarles cuando me preguntan si va a venir la Condesa de Croissant. Al final he probado un sándwich de queso. Y me estoy empezando a marear.
Bisous, Montse.

jueves, 23 de marzo de 2017

Baal

Estaba el otro día discutiendo las cosas de la vida con el Baños, al que hacía mucho tiempo que no veía y no sé cómo terminamos hablando de la necesidad de fundar una religión. Para terminar pensando en formalizar un nuevo credo, ya se imaginarán que el tono de la conversación fue poco menos que apocalíptico. Una enumeración constante de calamidades e infortunios que nos llevó a considerar que, perdida la esperanza, qué mejor que ponerlo todo patas arriba desde cero e instituir una nueva forma de... esto era más o menos lo que el Baños iba diciendo cuando yo le dije que bueno, que es que yo ya creía en Baal. ¿Baal? preguntó él. Efectivamente. Aunque ya el término efectivamente, (no recuerdo si me lancé por ahí, porque la verdad, da igual con lo que te enrolles, con lo que argumentes, lo que propongas, lo que hagas, a Baal le va a dar lo mismo) resulta incierto.
Le dije pues que Baal es previo a todo lo que uno pudiera considerar como religión, pensamiento, filosofía, manera de actuar, ganas de vivir, etc. Que uno puede creer en Dios, que puede ser budista, que puede ser animista e incluso puede hacer del ateísmo una forma de guiar sus pasos por el mundo y que nada de eso es incompatible con la certeza de que a Baal, esencia misma de la creación y del universo en su conjunto, no le incomoda en lo más mínimo la presencia de otros dioses y demás. Es una idea que ya he trasladado en múltiples ocasiones, en muchos foros, en diversos lugares. Baal ya estaba. Baal ya lo hizo. Baal es todo.
Hasta aquí, el Baños todavía se reía.
Baal lo pensó todo, lo probó y dejó hacer. Baal, oh glorioso Baal, estuvo en todas partes, venció a la gran serpiente marina que amenazaba con partir el mundo en dos y una vez que venció a la serpiente pensó en nuevas aventuras y se dio cuenta de que era preferible dejar el mundo en suspenso y como si fuera un queso al que dejas que vaya poco a poco cubriéndose con una capa de moho, ver qué pasaba. Baal dejó que otros pensaran que podían ser Baal. Baal, Oh Baal, hizo del hombre un elemento más del juego entre dioses y hombres que pensaban en dioses. Baal es como Baal. No hay nadie que pueda compararse a Baal. Y no porque sea Baal un dios que haga de la omnipresencia un alarde. Baal no alardea. Baal está porque está en todo y es todo. Baal, creer en Baal, grande y enigmático, poderoso y vago, me ha aportado, le dije al Baños, la conciencia de que las acciones son siempre limitadas, de que nuestro propósito en la vida es nada, que los planes trazados y las explicaciones dadas son inútiles, que Baal, risueño y fatuo, amigo y verdugo, es capaz de que esta conversacón que estamos teniendo aquí y ahora, se corte de cuajo, la humanidad exterminada en un solo segundo y que solo se salve un granjero amish del Paraguay para que este hable directamente con Baal y le haga un comentario de texto de lo sucedido. Por capricho, por necesidad. Baal, el auténtico e indiscutible. Baal, magno y soberano. Baal, fundador y centenario.  
El Baños se fue a por una cerveza o se fue a su casa.
Al ir yo de nuevo al grupo de amigos, vi a Baal apostado en la puerta.
Y no me dio miedo ni nada.

- ¿Y porqué has de tener miedo, mortal?

miércoles, 22 de marzo de 2017

La ilusión de una flor

En un comentario a un tweet, un tal Senyor Timbaler, tan desconocido para mí como pudiera ser el tal Ramiro Agudo a.k.a. Perro Muerto, considera que hablar del nacimiento de flores y compararlo con la ilusionante firma del acuerdo por el que Un País en Comú se pone en marcha, es cursi. Lo cursi. Lo serio. De la misma manera, he oído recientemente voces que hablan de la presencia de la 'ilusión' como un concepto que no lleva a nada, que no significa nada, que el hecho de que algo sea ilusionante le hace carecer de contenido, de sustancia. Que todo se basa en crear ilusiones en la gente y que de ahí no puede salir más que frustración.
Lo cursi, la ilusión. Una propuesta no puede hablar de flores, de sonrisas, de reírse, de ilusionar a la gente, Tiene que tener propuesta y contenido político.
Ahora voy a decir lo que me parece todo esto. Creo que no hay nada más bonito que despertarte por la mañana con la sensación de que todo puede ser posible. De que no hay nada que todos juntos podamos hacer y construir. Me parece que, como la primavera, estamos viviendo el nacimiento de algo, algo bonito, algo que produce alergia en las personas sensibles y no vacunadas ante una naturaleza a la que no puedes poner coto ni freno. Creo que las flores, lo vivo, lo amarillo, lo rojo, lo violeta, lo verde, lo morado, el arco iris, un vestido de flores, un chicle de menta, un lacito rosa, una camiseta estampada con los colores de la bandera de la república, un sorbete de limón, música de ascensores, un grupo de muchachos cantando a capela canciones de hoy y de siempre sin otra intención que divertir y divertirse, una azalea que surge del suelo y regala color, una flor que se va abriendo poco a poco y que va asombrando con su belleza, con su empuje, con la gracia, con la ilusión que hace que una flor se abra, que crezca, que brille, que nos encante con lo que nos regala. Es la vida, la vida tan bonita que puede ser si no es por esa cuadra de hijosdeputa que piensan todo el día única y exclusivamente en como hacernos la vida más difícil, menos divertida, más triste, más pobre, más cenutria, más de pelo recogido y menos de pelo suelto, más de lleva el pelo como a mí me guste, más de haz las cosas así, más de piensa en si te lo puedes comprar y qué has de sacrificar para ello, más de trabaja, trabaja, trabaja, trabaja, trabaja, eres un trabajador que solo vales para trabajar pues trabaja, trabaja, trabaja, gana el dinero suficiente para poder vivir porque si no trabajas, trabajas, trabajas, trabajas, trabajas y dejas de ser una persona con dignidad no eres nadie.
Déjate barba, maquíllate, juega con clavos. Mira el organigrama, estoy a la cabeza. Ponis, le mundo de Pin y Pon en la tierra. Un mundo de Teletubbies sin complejos. Un mundo en el que gobiernen los dibus. Un mundo como el del Tito Yayo.
Hay una canción de Kojón Prieto que venía a decirlo más o menos de la siguiente manera: en esta pinche vida si no te descojonas, el alma se te pudre y el mondonguillo se aploma. Decían más: creánme mis cuates y no me tuerzan el morro, que si hay algo que les jode es vernos bien contentos, revolcaos en el desmadre. Síganle compadres, no hagan caso a los malasombra.
Hay otra frase también muy buena: riure és la millor manera d'ensenyar les dents. No recuerdo ahora de quién era.
Se acerca Sant Jordi. Casetas de Sant Jordi. Y ese que viene y te dice que para qué coño tantas casetas y tantos partido si somos todos lo mismo. Pues por una vez, parece que eso va a pasar. Si todos podemos ser uno, mejor.
Me parece que esta reflexión ya la he tenido antes. La ilusión, lo cursi. Hoy es un día para estar contento. Muy contento. Con las flores, con el campo, con las vaquitas, con gente tomándose algo en el solete hablando y discutiendo sobre cosas que pueden ser interesantes, que pueden ser superficiales, que pueden ser profundas, que pueden ser duras, que pueden ser una mierda, que te pueden afectar, que se pueden arreglar. Las flores.
Hay una exposición en Can Sisteré con una flor que se abre. Que se va abriendo hasta que sale la flor completa.
Hay una explosión de luz hoy.
Una explosión de ilusión. Una explosión de caramelos de fresa, de niños jugando a la pelota en la Plaça de la Vila, de calcetines de colorines, de bigotes frondosos, de bigotines finos, de pelos en las orejas, de pelos en las espaldas, de pelos en donde te dije. Hay una explosión de ilusión. De ilusionarnos con la ilusión que más ilusión nos hace.
Seguro que si no te hace ilusión, es por alguna cosa.
Mira las flores. Mira como cantan los pajaritos.
Vamos a hacerlo así. Vamos a probar a hacer las cosas sin abroncar a la gente. Sin pensar que somos culpables de nada. Vamos a darle miedo al que ya tiene miedo y trabaja para que perdamos la ilusión desde que nacemos hasta que nos morimos.
Vamos. Todo muy así. Muy de grandes frases. Pero es que me llaman cursi y me vengo arriba.

martes, 21 de marzo de 2017

El misterio de la antena muy grande de la Banús Baja.

Vamos por la vida con la vista pegada al suelo. Pensamos en nuestras cosas. Pensamos en las cosas de los demás. No nos fijamos en lo que tenemos ahí arriba, en el cielo, en los terrados. No sabemos ni siquiera cómo se llaman las cosas o las calles de nuestra ciudad que se llama Santa Coloma de Gramenet porque lo pone en muchos documentos y es fácil recordar, pero no ocurre con todo. Por ejemplo, la Avinguda dels Banús. Si no llego a mirar el mapa, me hubiera dejado matar apostando a que se llama Banús Baja. Todo así en un castellano muy recio y muy viril. Banús Baja se va a quedar.
A lo que vamos. ¿Nos espían? Esta es mi primera pregunta. Quizás a lo largo del texto no haya más preguntas. ¿Somos objeto de algún tipo de experimento por parte de la NASA? ¿La CIA? ¿La Fundació Alternatives? ¿La Grama? ¿Es la hora de empezar a repartir sombreros hechos con papel de plata para que nadie pueda leer nuestros pensamientos? ¿Qué es esa antena tan grande que hay ahí arriba?
- ¿Qué antena?
- Esa.
- Ostia.
Así es. El otro día, disfrutando de un agradable paseo mañanero decidí dirigir mis pasos por la Avinguda dels Banús y me topé, nada más avanzar unos metros, con un refulgente brillo a lo lejos que me intrigó. Qué es eso que hay ahí delante. Tuve que aguzar algo la vista (me hago mayor y no me fío de los ojos míos), y me dí cuenta de que encima de un terrado de la Avinguda Banús hay una antena sideral. Una antena que, por sus dimensiones, debe recibir ondas y megahercios y lo que quiera que reciban las antenas llegadas desde universos tan lejanos que me hace una vez más henchir mi pecho de satisfacción como colomense por albergar semejante receptor de información.
La visión de semejante artefacto en ese terrado hizo que olvidase por completo el propósito de mi paseo, si es que tenía alguno y me concentrase únicamente en acercarme al máximo hasta el edificio para comprobar cómo era la antena.
Pretensión vana por mi parte, ya que mi relación con las antenas es escasa y mis conocimientos sobre el tema son nulos. Hice un examen una vez en la facultad de una asignatura de televisión que versaba sobre ondas electromagnéticas y creo que saqué un 2,5. Me gusta mucho una canción de Kraftwerk que se llama Antenna que solo cuenta que yo soy una antena y recibo información y tú eres un transmisor y envías la información. Ya está.
De ninguna manera quisiera abrir una polémica sobre el uso de antenas y antenorros como ese, que seguro que cuenta con todas las garantías. Pero qué antenón.
¿Nos espían? Como digo, que me pierdo, iba caminando por la Banús intentando averiguar qué podía ser aquel pedazo de antena y me iba dando cuenta de que, a medida que me iba acercando al edificio, la antena dejaba de ser visible. Qué cosa. Se veía desde lejos, pero desde cerca, al estar justo debajo del edificio, no. Misterio. Volví a alejarme y la volví a ver. Enorme, imponente. A buen seguro enviando información a Ferrolán sobre los enracholados de toda la población. Estadísticas sobre el consumo de frankfurts en la ciudad. Datos sobre el número de cubos de playa que se venden en los establecimientos expendedores. Cantidad de cortados que puede consumir la autoridad en una visita vecinal.
Cerca y lejos. No veía la antena desde tan cerca así que abandoné la empresa ante la ausencia de una información fiable. Bajé por una de las calles que comunican Banús con Jacint Verdaguer pero sin llegar a Jacint Verdaguer y olvidé el tema.
Menos mal que saqué una foto y puedo dar fé.
¿Nos espían?
¿Puedo saludar?

lunes, 20 de marzo de 2017

Puerto de montaña

Estos es que me han visto cara de tonto. Llevo tirando desde que empezó a picar esto para arriba, pero no es que vaya tirando a piñón, es que estos son unos cacas y no hay nadie que se ponga delante. Que voy el primero, vale. Que marco el ritmo, vale. Que estos se creen que soy idiota, pues lo tienen claro. No me la van a dar. No voy a estar yo aquí el primero haciendo el primo. ¿Y si me quedo quieto? Como estos son tan listos, es posible que si me quedo quieto ellos se queden quietos también. Estos se creen que yo me he montado en la bicicleta hoy por primera vez y que ni siquiera he visto la tele. Es la historia más vieja del mundo, al menos la historia más vieja del mundo en el mundo del ciclismo. El que tira, el que hace el esfuerzo y luego llega otro que está ahí agazapado y se lleva el triunfo. La victoria. El éxito. Las chicas que te dan el ramo de flores. El beso en la mejilla. He subido pocas veces pero las veces que subes la verdad es que no te enteras y luego te ves en la tele y dices, vaya pinta y vaya estómago las pobres chicas dándome dos besos que parezco un cadáver sudado. Y por eso esta gente plantea estrategias y se hace el remolón y hace la goma y parece que están y que no están y se hacen los muertos y son unos tontos de las pelotas. Porque yo voy parado, como aquel que dice. Es que no estoy haciendo nada, es que no estoy ni moviendo los pedales. De verdad que me dan ganas de coger y bajarme de la bici. Y estos son tan gualtrapas que son capaces de bajarse de la bici también. En lugar de aprovechar y salir todos disparados hacia arriba, lo que hacemos es quedarnos parados mirándonos unos a los otros ahí a ver qué. A ver qué hace. A ver qué hace. A ver si tira o no tira. A ver si tira o no tira y si tira le sigo pero si solo le sigue este yo no voy detrás. Y así lo veo cómo se va solo y tira hacia delante pero con la confianza de que se estrelle. Estos se creen que yo me voy a ir solo hacia delante, solo como si estuviera loco. Y estos me han visto a mí cara de tonto. Mira qué caras tienen. Mira qué caras tienen ahí, como si estuvieran haciendo el gran esfuerzo. El gran sacrificio siguiéndome. Si no estoy haciendo nada. Si yo lo que que quiero es ir haciendo. Ir tirando para arriba y a ver qué pasa. Pero ir tirando, no hacer como que vamos tirando. Tirar. Yo no voy tirando. No voy yendo porque me da por el ñaca. La verdad. Me da angustia ver esa gente ahí detrás y yo haciendo como que voy. Y al final ni vamos ni dejamos de ir. Y este puerto es durete, pero que vamos, que tampoco no es tanto como parece. Es cuestión de ir tirando. Pero todos. No sé.

domingo, 19 de marzo de 2017

La carretera de La Roca. Viaje al pasado.


Recuerdo perfectamente haber escrito alguna vez ya sobre la carretera de la Roca. Pero no sé qué narices pasa que no me acuerdo. Me hago mayor. Me repito. El texto podría haberse llamado ‘Paseos con mi padre’, por aquello de que hoy era el día del Idem, pero ya basta. La carretera de la Roca. Un viaje al pasado. Hoy, podría haber ido a La Roca por la C-33, hubiera sido un trayecto corto y sencillo, pagado el peaje, hubiera llegado a la fiesta de cumpleaños mucho antes. Pero a nadie se le ocurre ir a la Roca por otro sitio que no sea la carretera de la Roca. ¿Por la b-20? ¿Estamos locos?
Mi padre se sacó el carnet de conducir ya tarde o al menos más tarde de lo que se supone que debe sacárselo un español de bien. Como sea que, al parecer, el Palma lo llevaba de prácticas por la carretera de la Roca cuando se compró el Corsa nos llevaba de paseo casi todos los domingos por allí para ir haciéndose con el coche y con el hecho de conducir. No sé cuándo dejamos de ir, pero durante un tiempo la carretera de la Roca estaba siempre presente. El Corsa TR que tenía un maletero, mira qué maletero tiene. Era lo mejor del coche.
He cogido el coche y he salido dirección La Roca con la idea de ir despacito, sin prisas. Muchos ciclistas en una carretera de dos carriles que te obligan a no correr, con muchas rotondas, rotondas por todas partes, cedas el paso, el típico Citroën Saxo sobreocupado que ralentiza aún más todo el viaje. Y qué. No me he dado cuenta de que el polígono del Bosc Llarg es todavía Santa Coloma. Una vez que se pasa el Cementerio y la eléctrica y se hace la curva, uno no piensa que esté todavía en el pueblo, pero no es hasta que no pasas Ferrolán y no ves el cartel de Santa Coloma tachado no tomas consciencia de que estás fuera. Y entras en Montcada y supongo que no pedirán mucho detalle, pero iré contando.
En el colegio nos llevaban de vez en cuando de excursión, los fines de semana, algún tipo de excursión con los padres a la Font del Tort. No sé si era cosa del Ampa, que entonces era la Apa. Carretera de la Roca, la Font del Tort. Mi padre corriendo y jugando al fútbol, vacilando de lo que él corría y saltaba. Tenemos una foto de él saltando. Basta. Una vez, no sé qué pasó que nos perdimos o que se metió por otro sitio yendo por la carretera, que nos metimos en una masia en Santa Quiteria, que yo no sé si está lejos o cerca, y nos pusieron un arroz riquísimo y desde entonces mi madre creo que se quedó con la broma y me hizo el arroz así siempre. La carretera de la Roca.
Sant Fost de Campsentelles. Cuando yo era pequeñito el pueblo me parecía de juguete. Como que las casitas eran muy pequeñitas y muy cucas y muy así y yo pensaba que era un pueblo como de broma. De juguete. Cuando era pequeño le contaba a la gente en el pueblo que había un pueblo de juguete, Sant Fost. En Sant Fost, o entre Sant Fost y Martorelles, estaba el desvío para ir a Mollet. Cuando íbamos a ver a mis primos de Mollet ese era el desvío. Parecía magia. Estabas en la carretera de la Roca, un semáforo, girabas a la derecha y… zas! Entrabas en Mollet. Qué cosas.
Salidas a comer con mi padrino y mi madrina, con Miguel y la Chelo. Íbamos a veces a la Casita Blanca. A comer carne a la brasa. Era un sitio muy bueno. Hoy cuando he pasado por delante he visto un cartel muy moderno. Sigue abierta la Font del Tort y la Casita Blanca. Y can Reixach. Restaurantes de fin de semana, de ir a comer, de hacer la comunión, de las bodas, de los bautizos. No sé si el día de Santa Quiteria íbamos con ellos. Seguro que sí.
He visto los coches aparcados de la gente que tiene un huerto en la carretera de la Roca. Mis padres tuvieron un huerto con unos amigos y durante muchos fines de semana iban allí y plantaban tomates y cosas. Yo siempre pensaba, ‘mi padre en el huerto debe sufrir como un conejo’. Porque no le veo yo en un huerto, al campesino. Mi madre sí, pero mi padre, no.
Qué despacito he conducido todo el rato. Me he perdido en Montornés. No he hecho bien la rotonda, no me he fiado de lo que decía el cartel y me he metido dentro de la ciudad, pero no sé cómo lo he hecho que he ido a parar a la carretera otra vez. Me he asustado y he vuelto a equivocarme. He preguntado a una pareja y me han dicho que iba bien. Merendero de Montornés. No sé cuántos colomenses habrán ido. No sé cuántos colomenses no habrán ido al merendero. ¿Sigue la gente yendo al merendero? Qué poco me gustaba el merendero a mí. Me gustaba llegar, jugar al fútbol si había un partido serio y ya. Ni comer con la gente, ni nada más. Ni irnos. Y volver por la carretera de la Roca de noche ya escuchando a José María García, reventados de cansancio, oliendo a humazo, con sueño. No he conseguido ver dónde estaba el merendero. O sí.
Cuando íbamos con mi padre por la carretera de la Roca, yo no recuerdo haber llegado nunca a la Roca. De hecho, hoy tampoco he llegado a entrar al pueblo, me he desviado justo al pasar la primera rotonda. No me he vuelto a perder de milagro.
Me ha dado mucho el sol, debo de tener la cara roja. Me he acordado todo el rato de la foto que debería haberle hecho al cartel del desvío a Mollet. No la he hecho. El Machi me ha dicho que contase lo de cuando se me cayó el armario. Él tenía otro recuerdo de la historia. Casi no he mirado el móvil. Miento. La Nuri me ha contado que mi padre le decía que él era el padre de Antonio Molina, pero que ella no sabía que yo me llamaba así. Que yo era el Toni. Que hasta que relacionó a mi padre conmigo pasó un tiempo.
Volver ha sido mucho menos divertido. No había ningún coche que hiciera caravana, no ha pasado nada. Miraba a veces a Montcada i Reixach que está al otro lado del río. La gente andando por el vial. Al volver ya no había ciclistas.
No quería que se acabase la vuelta.