sábado, 22 de junio de 2019

Corto Maltés en Can Sisteré. De viaje.

Una exposición en Can Sisteré dedicada a Hugo Pratt y a su personaje Corto Maltés. La exposición estará abierta hasta finales de Julio. Una exposición con un contenido no demasiado copioso, no hay un gran volumen de dibujos que obliguen a una revisión de viñetas y viñetas. Hay una presentación de la misma, una serie de textos del propio Hugo Pratt sobre los viajes, el cómic y una curiosa e inconveniente reflexión sobre el deseo de ser inútil. Una reflexión que ya no nos conviene para nada. Ya está bien. Pero es tan hermoso.
No he leído nunca ni un solo cómic de Corto Maltés. Ha sido hoy cuando he conocido mucho más del personaje. Me interesa más lo que me transmiten los dibujos, cuando los he visto y por lo que los aprecio. Hay en la primera sala una viñeta en grande en la que se presenta al personaje, sentado en la terraza de un bar, encendiendo un cigarro y actuando como si lo hiciera para un público invisible. Me encanta.
Me gustaba utilizar los dibujos de Corto Maltés para una serie de historias sobre un club de viajes, un club de viajeros, imaginario, llamado Círculo Projorelov, en el que se recibía a viajeros que explicaban sus aventuras que podían ser más o menos interesantes.
Me gusta viajar. No me gusta preparar los viajes. Me gusta estar en el viaje en algún sitio que me guste. No me gusta preparar viajes, hablar, me angustia pensar que no puedo viajar.
Hoy he visto los cómics de Corto Maltés, expuestos. Hay uno que transcurre en Samarkanda, me encantaría ir a Samarkanda y posiblemente nunca vaya a ir a Samarkanda, hacer la ruta de la Seda, no sé qué me imagino que debe ser Samarkanda, dónde duermo yo en Samarkanda, qué voy a comer.
Corto Maltés viajando por el mundo, viviendo aventuras que desconozco, pero que me gusta pensar que pudieron pasar realmente.
Creo que llevo bastante texto escrito y no sé si queda claro porqué lo escribo.
Paseando por las salas y viendo los escasos dibujos, escasos pero justos, ya me he sentido a gusto. No necesito viajar, no necesito ni siquiera saber cuál es el contexto de esos dibujos de Hugo Pratt. Corto Maltés me debería caer mal. Seguro que jamás leí nada de él porque de pequeño me caería mal. Demasiado perfecto, su pendiente, siempre sonriendo, demasiado. Y sin embargo, algo tienen esos dibujos que me relaja.
Me estimulan para pensar que tenemos una cabeza para viajar. Para viajar y para estar en los lugares a los que muy posiblemente no vayamos a ir nunca. Incluso para escribir sobre ellos sin que jamás hayamos estado.
En estos días se planifican viajes, planifico viajes, compartimos rutas soñadas, ya hechas, trazadas, las más comunes y las más exóticas. Todos viajamos y tenemos la necesidad de viajar, lejos, durante un tiempo, pero no sé si me gusta. Me gusta viajar y no sé si me gusta viajar así. De esta manera. Y no creo que pueda viajar de otra. Irme al pueblo como si fuera a Samarkanda. Soñar con ir a Samarkanda. Aterrorizarme la idea de ir a Samarkanda.
Una exposición en Can Sisteré que es como una especie de Aleph chiqutín en el que con cuatro dibujos, tres o cuatro textos, has viajado.
Yo ya he hecho mi primer viaje este verano.

viernes, 21 de junio de 2019

Gastarbeiter

Todos los días, al salir de la fábrica, Karan me da una cifra. Unos días es una y otros es otra, muy pocos días coincide. Siempre es superior a mi cifra. Karan y yo vinimos juntos hace unos veinte años. Nos conocimos en un partido de fútbol que el equipo de mi pueblo jugó contra el equipo del suyo y hablando y hablando quedamos en venirnos para aquí. Hicimos el viaje juntos y Karan siempre decía que lo que más deseaba hacer cuando llegara aquí era trabajar, trabajar con ganas, trabajar bien, no como en el pueblo dónde no se podía trabajar y no te dejaban ser eficiente, no te dejaban demostrar todo lo que podías dar. Karan y yo decidimos que queríamos venirnos a Munich y al final no acabamos en Munich, acabamos aquí. No se está mal. Karan en cuanto llegó empezó a buscar trabajo, yo quería vivir un poco la vida antes de ponerme a trabajar. Karan me dijo que ya nos había encontrado un puesto en una cadena, esta cadena, a los dos. Le agradecí mucho que contara conmigo y no supe decirle que entre mis planes no estaba trabajar tan pronto, pero luego pensé que no todo iba a ser trabajar. Karan comenzó con su particular cuenta de productividad desde el primer día. todos los días, al salir de la fábrica, Karan me da una cifra.
Todos los días, al salir del bar, Karan me da una cifra. Vamos a una cervecería cerca de nuestra casa, vivimos en el mismo edificio. Karan, al poco de llegar, se puso a buscar piso y encontró uno cerca de la fábrica. El bar, la fábrica, el piso, todo a mano. Cuando encontró el piso me dijo que había uno al lado en el mismo edificio, podrías comprarlo. Lo hice cuando empezamos a ganar los primeros sueldos. Cuando vamos al bar, después del trabajo, a tomar una cerveza, no hablamos demasiado, vemos la televisión, el fútbol y supongo que recordamos mentalmente lo que dejamos en casa. Karan siempre que salimos del bar me da una cifra. Es la cifra del dinero que manda a su casa cada día. Yo no mando dinero cada día, yo cada seis meses mando algo de dinero. Mis padres se conforman con poco. Los padres de Karan no sé si están vivos pero él dice que cada día manda dinero. Una cifra.
Todos los días, al subir por las escaleras del edificio que nos lleva a nuestro piso, cada uno al suyo, Karan me da una cifra. Y llevo veinte años sin comprender la cifra que me da. Me da una cifra y subimos las escaleras. Yo no sé porqué pero siempre tengo la sensación de que la cifra que me da es inferior a la mía. Y ni siquiera sé de qué habla.

jueves, 20 de junio de 2019

Como un gatillo

Esperando detrás de la puerta para salir a dar un paseo. Se abre la puerta, sale, te da un abrazo y a dar una vuelta. El día que llueve mira detrás de la puerta. No se puede salir. Sale él y se despide de los que se quedan allí. Los hay que se quedan con la familia y otros y otras se quedan solas. Unos ven la tele, otros no ven nada, otros esperan a que vuelva la hora de la merienda, otros no esperan nada. Otros no se acuerdan de que les llega la hora de la merienda. Algunos no se acuerdan de que les has saludado antes y te vuelven a saludar. Otras preguntan y preguntan y preguntan cuándo vienen a verla, cuándo se come, por favor, qué hora es. Sales a dar una vuelta y te encuentras con la gente que poco a poco va a haciéndose habitual. Quien te pide una y mil veces algo para un café, una y mil veces algo para fumar. Un cigarro. A alguien se le cae un cigarro y es capaz de pararlo todo para encontrarlo, no puede ser que se le haya caído un cigarro, va a por él, no lo encuentra. Está otro dormido en un banco, y otro, y los chavales que van a estudiar a alguna de las facultades están también tumbados en el césped. El césped, en primavera y cuando llega qué verde y los árboles qué verdes y ese primer árbol que se ve en la foto es un almendro y ves las almendras en el suelo y te llevas un par a casa que metes en agua y luego las plantas con la esperanza de que broten. Que broten, ya te digo. Y un día vimos un erizo cruzando el camino de piedras que va a la cafetería donde están las mujeres de la cocina que tienen que decir todos los días aquello de 'todos los días vienes con lo mismo', y está la otra cafetería, la de arriba, donde hay gente tomándose cortados imaginarios, cortados eternos, cafés que no existen, gente que entra corriendo al lavabo, que sale corriendo del lavabo, que no hay lavabo. Y en la cafetería de abajo hemos comido muchos días y la chica de la cocina nos regaló ayer unos buñuelos de bacalao y le dijimos que nos íbamos ya y nos dio el teléfono por si queríamos volver otro día por allí para reservar. ¿Está libre esta mesa? Esta mesa no es de nadie, esta mesa es de Dios y todos somos sus hijos. Gente fumando por todas partes, gente fumando a la vuelta de las esquinas, en las puertas de los diferentes pabellones. Los pica pica de los estudiantes. Las esparragueras que te va señalando, los hongos que te va señalando. Los bancos que no están sujetos al suelo y que se te van para atrás. Los letreros en inglés con el Feel the Torribera Experience. Como los gatillos, esperando detrás de la puerta a que venga la visita. Las enfermeras, las de la puerta, cada uno tiene que ir a su sitio, ahora ponemos más pan. En la tele Antena 3 y la serie de Amar es para siempre y no sabe uno ya ni el año en el que están. A él le da igual, ya no le hace caso a la tele. Saluda otra vez, dice que está así así, te da dos golpes en el brazo. Cuando volvías para la merienda e intuía que te ibas te decía mierda, mierda, no no no, y era un drama. Pero ya está. Se acabó estar como un gatillo esperando detrás de la puerta a que venga la visita y salir disparado por el pasillo sin saber a dónde va. Se acabó el abrir los brazos esperando una explicación que le has dado mil veces sobre porqué está ahí y hacer el gesto con las manos plas plas, a la mierda. A la mierda todo, sí que es verdad. Y se acabó irte sin decirle nada porque se enfada o se pone triste o arma el pollo. Como un gatillo esperando detrás de la puerta, no te acerques a la puerta que pita. Hoy, el último día, ha llegado un gato nuevo. Un gato negro y viejo, con un ojo a la virulé, que estaba en el césped de la entrada y los otros dos gatos grandes le han dejado pasar y ha llegado hasta la comida y la bebida y la ha olfateado pero no se ha atrevido comer, se ha sentado al lado, mientras otro gato lo miraba medio dormido sentado en una silla y la señora de la silla de al lado nos preguntaba, mientras se fumaba un piti si mi hermano y yo éramos hermanos y corroboraba, una vez más, 'no os parecéis'.
Torribera. Gente paseando a gente, acompañando a gente, cuidando a gente, intentando cuidarse.
Volveremos a comer un día. Yo que sé.

miércoles, 19 de junio de 2019

El enigma del ojo cortante

Dentro del catálogo de estudios del doctor Almayr encontramos en una carpeta el siguiente caso:
'Referido al asunto que nos cuenta el señor Hyacintus Archangelopulo, residente en la ciudad de Odessa, Imperio Ruso. Cuenta el señor Archangelopulo que saliendo de su quehacer habitual como inspector de medidas y subjefe del Consejo de Administración del concejo de Chikasvilli, apareciendo en la calle de la Emperatriz Ana y doblando hacia la calle del Mariscal Menshikov recibió una herida profunda que le sajó la cara a la altura del pómulo y le produjo una incisión de tres dedos de profundidad sin que le sucediera el contacto con ninguna superficie cortante. Esta incisión, este corte, le llegaba desde el pómulo izquierdo hasta bien llegada la parte de atrás de la oreja, en el cráneo posterior. Una porción de su oreja, el lóbulo, había sido sajado.
Este corte no le produjo dolor algun y solo reparó en él al llegar a su propio domicilio particular, situado cuatro calles más allá, en el Boulevard Mischkin. Al dejar su sombrero y bastón, la ama de la casa Mariana Shulakdevidze, gritó horrorizada al ver la línea de sangre que le había dejado el corte en cuestión. El señor Hyacintus Archangelopulo vivía solo junto a su ama, con la que mantenía una fría y distante relación de señor y criada desde que comenzó su contrato hacía ya veinte años. Reparó al mirarse en el espejo que llevaba semejante corte encima y rápidamente se dirigió a la consulta del doctor Rabinovich. Éste examinó la herida, delimitó la profundidad y le recomendó descanso, concretamente alojarse en el propio domicilio del doctor Rabinovich para más seguridad.
El señor Archangelopulo descansó durante quince días en el domicilio del señor Rabinovich y volvió a su casa. El señor Rabinovich hizo preguntas, caminó por la ruta que hacía habitualmente el señor Archangelopulo y no fue capaz de descubrir el motivo de la mirada.
El señor Archangelopulo volvió de nuevo a sus ocupaciones normales cuando, visitando la aldea de Goroznovo tuvo una pequeña discusión con un cacique local que se negaba a pagar tributo por unos trabajadores contratados. Al volver a su domicilio en un carruaje y mientras evaluaba los tantos por ciento y las cifras varias, notó humedad en una mejilla. En esta ocasión el corte se había producido a la altura del bigote y en la mejilla derecha.
Nuevamente fue al doctor Rabinovich, nuevamente el doctor hizo una pequeña investigación. Nuevamente sin conclusiones.
El señor Archangelopulo hizo otra temporada de descanso, volvió a su trabajo un mes después. Su cara parecía transformada, pero él no sentía dolor.
Dirigiéndose a su propio domicilio particular en el Boulevard Mischkin, pensando en sus cosas, en un futuro viaje a Kazán y a Riazán quiso notar algo. No pudo notar nada. Su cabeza se hallaba cortada por la mitad. En mitad de la calle.
El doctor Rabinovich consideró el caso como un asunto personal. Hizo investigaciones, consultó a familiares y clientes de Archangelopulo.
Nunca preguntó, según los informes del propio Rabinovich, a la señora Shulakdevidze que volvió a su pueblo en Georgia y que se casó sorprendentemente con un médico de su pueblo, el doctor Orel. Ciego.

martes, 18 de junio de 2019

Rolling Thunder Revue - A Bob Dylan Story by Martin Scorsese

He hecho algo que no se debe hacer nunca. Leer sobre lo que vas a escribir. Recopilar datos. Mal. Si no hubiera leído nada me lo hubiera creído todo. El documental sobre la gira de 1975 de Bob Dylan que ha hecho Martin Scorsese. El ambiente, las anécdotas, el director de cine holandés, Sharon Stone como fan, la violinista, Kyss...
Todo lo que escriba sobre este documental no sirve de nada si no se graba uno a fuego esta frase que dice el tunante de Dylan en un momento de sus intervenciones estelares:
- “La vida no trata de encontrar nada ni de encontrarse a sí mismo. Trata de crear, de crearse a sí mismo constantemente”.
Y punto.
Dicho esto, el documental sobre esta gira es una creación, algo que tiene de fondo unas actuaciones impresionantes, con un Bob Dylan haciendo cosas tremendas, con esos ojitos de estar más puesto que el sol, con una Joan Baez guapa y genial bailando de una manera que tú no has bailado así en tu vida, con unos musicazos pendientes de ver cómo va la cosa y con un espíritu de engaño, de ilusión, de que todo es mentira, de que te están tomando el pelo desde el momento en el que te dicen que: con la máscara decimos la verdad, sin la máscara mentimos. Dylan hablando sin máscara. No te fíes.
En el año del señor de 1975 Bob Dylan había vuelto a los escenarios. El cuerpo le pedía marcha. Se junta con gente, fiestas, muchachas que le preguntan cosas, Allen Ginsberg haciendo cosas para llamar la atención o haciendo cosas para subvertir tu orden, según se mire. Esto es lo que dice el documental, la historia real dice otra cosa. Pero la historia real la pueden leer en cualquier parte.
Saca un disco, el Desire, con la violinista Scarlet Rivera de fondo absolutamente siembre. Hurricane...
Creo que la primera canción que sale cantando es Mr Tambourine man. Luego Isis. Mr Tambourine man como una declaración de principios. Oye, ven y cuéntame algo. Todo el rato es lo mismo. Un tío contando historias. Contándote ahora una milonga, ahora una cosa con aires bíblicos, ahora poniendo el dedo en la llaga de la injusticia, ahora tomándote el pelo con otra cosa. Con colegas o con gente que se cree colega de Dylan.
Dylan y Joan Baez. Dylan con cara de querer haberse comido a Joan Baez y Joan Baez mirándole con cara de 'qué notas eres, nen'. Hay un diálogo en una barra de un bar que no tiene desperdicio. Las entrevistas actuales con Joan Baez y ésta bufándose de todas las preguntas.
Bob Dylan tomándonos el pelo una y otra vez. Termina el documental diciendo que no recuerda nada, que nadie recuerda nada de esa gira, que se perdió como la ceniza. El tío jeta.
Martin Scorsese ya nos presentó la primera parte de la vida de Dylan hace unos años, con un formato parecido, aunque aquí parece que había más verdad. Una verdad basada en que el propio Dylan nos cuenta que él no es lo que tu esperas que sea. No es el mesías, no es un santo, no es buena persona, no es mala gente, no es un activista, no tiene el corazón de piedra, te está tomando el pelo, pero el que te tomas el pelo eres tú mismo que quieres dejarte engañar.
Bob Dylan tocando por ciudades pequeñas, ante públicos diversos, tocando canciones suyas, canciones de otros, divirtiéndose, con unos puestazos a veces tan evidentes que... esa interpretación final de Knockin on heaven's door con un Roger Mcguinn que está más ido que el copón. Esos músicos que tienen que estar pendientes de qué canción se va a tocar porque nadie lo sabe. La que pidan. ¿Nos sabemos esa? Venga.
No me mola la buena gente que se viste de buena gente, veinticuatro horas de buen corazón, de buenos sentimientos, de lo que ves es lo que hay, más bueno que el pan, el solidario, el que lo da todo. No me mola. Porque no puede ser. Me gustan más quienes dándolo o no, se permiten ponerte en la duda. Los que te crean la duda. Los que te señalan tus propias contradicciones. El que te toma el pelo. Ese.
No se puede ser más fan ya de Bob Dylan y del cabronazo de Martin Scorsese. La gira interminable, la vida interminable de Bob Dylan, la creación continua, siendo siempre alguien, mintiendo, tocando música, contando historias.
No se puede ser más fan.

lunes, 17 de junio de 2019

El mañana nos pertenece

Mientras la realidad se va deformando, mientras lo que parece paz y amor va tornándose en otra cosa que es grotesca y zafia, va apareciendo la cara del maestro de ceremonias sonriendo. Esto es lo que tenéis, amigos y amigas.
El otro día fui a la Plaça Sant Jaume al acto de coronación y proclamación como alcaldesa de Ada Colau. El acto que hace cuatro años fue festivo y un motivo de orgullo para todos y todas quienes apostaban por el cambio, por un cambio, se tornó esta vez en un acto de enfrentamiento del que formé parte conscientemente. No íbamos a celebrar tanto que Ada Colau fuese de nuevo alcaldesa, sino a defender a Ada Colau de la más que previsible reacción de los reaccionarios.
Durante todos estos años de Diadas, concentraciones de apoyo a los presos, concentraciones de repulsa por actuaciones policiales, manifestaciones contra la represión, más Diadas, etc., uno tenía la sensación que ya he comentado de estar yendo a manifestaciones de otro. De otros. No eran manifestaciones de todos, eran manifestaciones a las que tenías que sumarte obedeciendo a sus proclamas, contenidos y liturgias. Manifestaciones protagonizadas por gentes que uno veía alejadas de su mundo. De mi mundo. De mis ideas, de mis marcos mentales. Yo soy una persona vagamente de izquierdas. Allí no veía nada de eso.
El Sábado se reunieron en la Plaça de Sant Jaume una colección de frikis del procés. No me pareció que hubiera muchos militantes de Esquerra Republicana de Catalunya en la plaza. Más que nada porque cuando hablaba Ernest Maragall, su candidato, no había excesivo entusiasmo, aplausos claro, pero sin la exaltación de... ¿quiénes eran?
Manuel Delgado fue para mí un referente. Cuando salía en el programa de la Julia Otero haciendo de antropólogo descubría cosas sobre la relación del Estado con los ciudadanos que te dejaban los ojos así de abiertos. No supe que era comunista hasta mucho después. Cuando ya era demasiado tarde. Cuando ya se había pasado al lado oscuro. El Sábado estaba allí. Su cara era la de alguien que odiaba. Que odiaba a Ada Colau. Que nos odiaba. Que nos consideraba odiables.
Y como él los de la plaza. Nos odiaban. Osábamos contradecir y contestar físicamente lo que es el relato que ha de predominar: nosotros tenemos que estar con ellos o no seremos dignos. Ni siquiera hoy que Ada Colau ha vuelto a colocar, para mí ya de manera equivocada y sin necesidad, el lazo amarillo en el balcón del Ajuntament de Barcelona, somos dignos. Nunca seremos dignos de vivir en nuestra propia tierra. Somos, como dijo Joan Lluís Bozzo, el prestigioso director teatral ahora enloquecido, españoles empadronados en Catalunya. No somos nada.
Se nos llamó putas, guarras, todo por no apoyar al candidato indepe Ernest Maragall que hoy, haciendo gala de ese desprecio con el que ya no hay más tolerancia o no debería haberla, ha dicho que si los comunes hubiéramos apoyado a ERC el ambiente sería otro. Es decir, nos merecemos eso. No sé qué más nos merecemos, me lo puedo imaginar.
Allí estaba la consabida colección de ultras que con bandera española nos dan asco y con la estelada nos dan como ternura, porque a fin de cuentas ellos no son fascistas y te lo llaman a ti y has de argumentar porqué no eres fascista simplemente porque no eres indepe. Personas de izquierdas siendo calificadas de fascistas por personas de derechas.
De derechas.
El que tiene que justificar que Valls da sus tres votos por no querer un alcalde indepe eres tú. Fascista. Fora feixistes de l'ajuntament.
Defíneme fascismo.
¿Qué es el fascismo?  ¿Lo sabe alguien?
¿Qué es lo más lamentable? Ver a personas de nuestro entorno, no sé si todavía y por mucho tiempo, justificando o minimizando las agresiones verbales y el hecho mismo del porqué se encontraba aquella gente allí. Si no quieren estar con nosotros, que se vayan ya a hacer la revolución de las camisas pardas. Ya basta de aguantar a supuestos y supuestas compañeras justificar su rencor por no haber conseguido puestos en los órganos de dirección riéndole las gracias a fachas.
Los bomberos que iban a ser siempre nostres, efectivamente, eran de ellos. Un cuerpo público, personal público, de parte de una parte.
Nunca más. Nunca más considerar compañeros a quienes argumentan o justifican esa mierda que se vivió el sábado en la plaça Sant Jaume. Nunca más asistir a ninguna ceremonia, acto, actividad, de reivindicación que suponga compartir espacio con esa banda de fascistas. Nunca más acudir a lluites compartides, a sus charlas, a su mundo.
Porque nos desprecian y nos odian. Solo buscan la asimilación, la desaparición, la adhesión inquebrantable. Solo buscan que sigamos su música, su ritual, su ruptura que no es ruptura porque no han roto nada en su vida. Solo buscan que tengamos miedo de estar en una plaza aplaudiendo a nuestra alcaldesa.
Las caras dentro de la sala. Ira. La cara de Elisenda Paluzie, de la ANC, sin aplaudir cuando Ada Colau recordaba a las mujeres... ni eso. La cara de la Paluzie de estar escuchando hablar al servicio. Asco. Clasistas. Un tipo se puso delante nuestro y nos dijo que porqué no aplaudíamos cuando salía Quim Forn. Si es que no lo queríamos libre.
No quiero que los presos políticos estén en la cárcel.
No quiero ni voy a querer nunca que Quim Forn sea alcalde. Ni Maragall. Ni Elisenda Alamany.
Si puedo aplicar mi programa intentaré aplicarlo yo y no estar al lado de quien justifica que nos llamen putas o guarras o alcaldesas españolas. No son palabras exaltadas. Son línea ideológica.
Lo del sábado pasado abre una puerta que va a ser difícil de cerrar. Nunca más.
Y lo más triste de todo era irnos mirando los unos a los otros, a ver qué chapita se llevaba, qué camiseta, qué símbolo. Mirar las caras de miedo a que uno con la chapa de presos polítics se acercara. Qué puta mierda de país.
Qué puta mierda de país donde tenemos que llevar una camiseta con el lema fetén para estar tranquilos.
Qué puta mierda de país.
Y no pasó nada. Unos insultos, gente encarándose, alguien tocándole la cara a alguien, botiflers, tres per cent, vergonya, valls... no pasó nada. Y ya está todo roto.
Cuando al final del plano la imagen ya es totalmente difusa y distorsionada, se enfoca una esvástica.

sábado, 15 de junio de 2019

Crónica de la coronación y ascensión al cielo de Nuestra Señora.

No citaré a Sisa, pero sí que citaré a Kojón Prieto y los Huajolotes en su canción... nunca me sale el título de la canción, la del Pequeño saltamontes, cuando dicen lo siguiente: mira fijo al sol aunque los ojos te hagan chiribitas, no le apartes la mirada y verás cosas bonitas.
De ahí lo del cielo y de ahí lo de tantas cosas. Si miras fijo al sol o al cielo en este caso acabas viendo cosas. Cosas. Santa Coloma por ejemplo. La Santa Coloma que queremos ver, que es la que se cuenta y es la que triunfa. Y será la buena porque es la que es.
Hoy ha tenido lugar el pleno de Constitución del Ajuntament de Santa Coloma. La verdad es que no había lugar para la sorpresa. Los 17 regidores socialistas no dan para mucha emoción. Ahora la emoción se va a basar en la tolerancia al dolor. No el nuestro, que ni sentimos ni padecemos. El suyo.
Fiestas de Serra de Marina. Fermín Chueco, presidente de la asociación de vecinos, pide en el folleto de programa de fiestas que les ponga el ayuntamiento escaleras mecánicas. Una petición que puede ser ignorada o atendida. Pero lo que no puede ser es respondida de modo chufla y pasándote la mano por la cara. Porque a quién se le ocurre, utilizar un programa de fiestas para hacer una petición y no solo como escaparate de lo bien que va todo. Discurso de los candidatos. Ciudadanos habla de acabar el paseo Alameda. Por dos veces, Esteban Serrano y Nüria Parlon han dicho eso de 'tranquilo, tete, tranquilito, que lo hacemos'. De otra manera, pero era eso. Ninguna gana de aceptar comentarios críticos.
El plan es el siguiente: al partido socialista y a su alcaldesa Núria Parlón (¿Su alcaldesa Núria Parlon?), le han votado uno coma algo de cada dos colomenses que han votado. Un 51% de los votos. Eso es así. Y si no lo quieres ver, tú mismo, pero que lo sepas. Y eso significa que a partir de ahora, el gobierno de Núria Parlon es, definitivamente, el de todos los colomenses. El de los que te han votado y el de los que no. Y es lo que hay. Incluso de los abstencionistas. Normalmente esta frase de 'seré un gobierno para todos', suena como bien, como integradora, pero aquí ha sonado a... ahora sí que de verdad de la buena que ya mando yo. Y si no no hay más que ver esas caras cuando se escucha algo que suene a crítica.
Nos lo vamos a pasar de cine estos cuatro años.
La ceremonia ha sido una ceremonia. He conseguido entrar porque la Emiliana no tenía el teléfono a mano. Y me he colocado detrás de la madre de la candidata número 15 socialista, Soraya, ya regidora, con la que bromeé diciendo que claro, los quinces que no íbamos a salir... pues toma. Bocazas. Ahí estaba Soraya presidiendo la mesa. Con Pedro Cano, con una pajarita. Para rebajar el tono de solemnidad supongo, aunque quizás el pretendiera dársela. No creo.
Cada uno con su nombre puesto en la silla, menos yo, los móviles para grabar, las palmas para aplaudir. Las cabezas para pensar.
¿Qué nos espera?
Discursos de aceptación, juramentos por Dios, por la Patria y por el Rey. Juro por Dios y por la Virgen. Juro por la gloria de Pete Sampras.
En el centro de la sala, el centro de flores del cartel de Yo te cielo. No te querías reír, pues venga, ciélate. Núria Parlon ha conseguido ser un referente de la socialdemocracia y de algo más que ha dicho Esteban Serrano durante su discurso. Santa Coloma es un referente de muchas cosas bonitas y buenas, menos de la consabida noticia del periódico sobre las ciudades más pobres y las más ricas. Eso no. Nunca pasa.
Saludos, abrazos, felicitaciones. He felicitado a todo el mundo que he podido. Sin discriminación. A todos hay que felicitarles, a los regidores y regidoras, porque van a tener cuatro años de apreciar el cargo, la responsabilidad, tener en tus manos poder, incluso los de la oposición, poder para hacer política. La cosa más bonita que existe. Decidir, actuar, opinar, hablar, actuar.
Había dilema sobre la canción que podía sonar hoy. Finalmente ha sonado la Vida es Bella. Y se me ha puesto el estómago así como turbio. Del revés. No se vale.
La vida es bella, la Mayka ha escrito algo sobre lo que pasa en esa peli, la mentira y la verdad. Pero yo he escuchado esa canción antes. En un momento de adversidad, la vida es bella.
No hay que desfallecer y aunque hayamos asistido a la enésima coronación de la alcaldesa Núria Parlon como dueña y señora de las cosas municipales, la vida tiene otras cosas. Y hay que verlas.
Los textos que se entienden son los peores escritos. Yo también lo sé. Los textos que no se entienden son los que me gustan más. No me gustaría despedir este texto y esta crónica de un acto que ha sido menos esplendoroso que el del año pasado, pero quizás más emotivo de lo esperado, sin poner el acento en metafísica.
No sé. Ya no tengo mucha cosa que decir, los municipales emplumados, el cura con la cruz, el guardia civil de uniforme.
Definitivamente la vida es bella y este pueblo avanza que es un contento.