jueves, 31 de mayo de 2012

Bruguera 0 - Marvel 3

La gravísima situación de nuestra economía, los nervios, la incertidumbre y que estamos con la escopeta cargada nos lleva a encarar situaciones que para qué. Por motivos que no vienen al caso, el lunes pasado me encontré a las cuatro de la tarde con que mi compañero no había llegado todavía y tenía que esperar en la puerta del curro. Oficinas. Trabajo en unas oficinas, por llamarlo de alguna manera. Bien. En el local de al lado al parecer están haciendo unas obras de acondicionamiento o yo que sé. Oigo la máquina rugir y ya está. Algo estarán haciendo. El caso es que en la puerta encuentro a un señor ataviado para trabajar como un hombre y no como yo. No asocié a este buen señor con las obras de al lado, porque vi que hablaba con algún vecino que salía por la puerta. Pensé que... yo que sé qué pensé. Como dato que me sirvió para calarle, vi que llevaba las gafas de sol apoyaditas en el frontal superior de su amplia testa. Llegó otro compañero del manobra, con la ropa llena de polvo y una coletica recogiendo su melenita corta y cana. Bien. Al cabo de un rato, unos minutos, llegó mi compañero y el saludo que recibió fue 'vaya horas, si trabajaran en mi empresa ya les había puesto en la calle'. Al parecer le esperaban para abrir la persiana. El compañero dijo un 'pues mira si yo...', pero no continuó. ¿Solidaridad entre la clase trabajadora? Supongo que la bromita de 'te ponía en la calle mañana mismo', le hará gracia a él y nada más.
Pues bien, ayer el compañero me dio las llaves a mi para que abriese yo la puerta, porque él ya preveía que llegaría tarde. Si, amigos, yo abro la empresa. No hay más preguntas. Este es el nivel. Pues por hache o por b, no sé qué pasó que llegué cinco minutos tarde, diez quizás. El mismo fulano me recibe en la puerta y me dice 'vaya ritmo, macho, así vamos a levantar el país...'.
No soy persona de mucho diálogo. Callo, aguanto, no doy pie, pero de vez en cuando me gusta dejar algunas cosas claras. Así, si me buscan, no sólo me encuentran si no que me pongo el chaleco fosforito. 'Es que me he entretenido un rato con tu puta madre'.
Ya. Ahora dirán que me pasé un poco. Que no son formas, que quizás el hombre no tenía intención de ofender o faltar el respeto. Quizás. No lo sé. Pero me tocó la pera morena tanta bromita. Con las gafas de sol encimita del cabezón.
Lo que siguió después, bueno, pues mira. Resulta que el currante comienza a echar espuma por la boca, a agitarse compulsivamente, a crecer y aumentar su tamaño, a multiplicarlo por cuatro, mientras su compañero, el de la coletita meneaba la cabeza resignado y decía 'ya estamos'. El currante, cuyo color había mutado a verde, con sus cuatro metros, profiriendo gritos horripilantes, totalmente poseído por una furia fuera de medida, se lanzó hacia mí armado de unos brazos poderosísimos con los que había agarrado un par de coches aparcados en la acera como si nada y me los lanzaba con intención de darme. Una auténtica bestia, tan sólo vestida con los harapos que resistieron a su nuevo tamaño pero que conservaba sus gaficas de sol encimita de la cresta. Pero claro, con lo que no contó el monstruo es con que yo sabía volar, amén de otras cualidades, así que esquivé los proyectiles automovilísticos, entablamos una lucha más o menos salvaje y... bueno. Pues aquí estamos. Me duele un poco la barriga, pero es por otra cosa.  

miércoles, 30 de mayo de 2012

Contra Gregoire Fontdemeulón

No es muy habitual que nos remitamos a la obra de un autor como Gregoire Fontdemeulón, pero hay momentos en los que no queda más remedio que claudicar y hacer de tripas corazón. Del insoportable francesito extraemos un pequeño relatito, llamado 'Al volante, guapa' incluido en su volumen titulado 'En mis cavilaciones, la sombra'. Si a mitad de texto deciden dejarlo pasar, no serían los primeros. Nosotros no hemos tenido más remedio que incluirlo aquí, no por gusto, insistimos, si no por que no ha quedado otra salida. Hemos decidido que aparezca aquí por que, como siempre, nos sirve de ejemplo para un tema que nos parece que guarda cierta similitud con lo que comentamos en alguna ocasión. Bueno, ahí va. Les advierto que a nosotros, Gregoire Fontdemeulón no nos ha hecho nada personalmente. No guardamos contra él ningún tipo de animadversión o inquina personal. No, en absoluto. Nunca hemos tenido el gusto ni el disgusto de coincidir con él en ningún espacio, y tampoco nos hemos querido dirigir a él de ninguna manera, ni por escrito, ni por... ¿de qué otra manera podríamos dirigirnos a él? No sé. Podríamos haber quedado todos debajo de su balcón y haberle cantado una serenata demostrándole nuestra repulsa, la grima que nos dan sus textos, su trabajo, incluso su pose a la hora de presentarnos sus obras. Nada contra su persona, pero sí contra su personaje. Si, contra su personaje. Porque Gregoire Fontdemeulón es un personaje, no puede ser que una persona, un ser humano de carne y hueso, pueda ser como Fontdemeulón se nos presenta. No puede ser verdad. ¿Ustedes lo han visto en sus intervenciones en el programa de la televisión pública? Cuando la periodista le consulta sobre algún aspecto de la vida, de la actualidad, se hace el tonto, parece que no sabe, que no entiende, se va por las ramas, se columpia, empieza a divagar, a hablar de antiguas culturas, de personajes que a él le fascinan, de asuntos relacionados con obras que está preparando y no dice ni pío de lo que tenía que decir. Y encima la pareja presentadora lo miran arrobados, atontolinados, como si estuviera impartiendo una clase magistral y no está diciendo nada. De nada. No se moja. No sabemos todavía si es de los nuestros o de los otros. Les explico una. Nada, dentro de nada, les colocamos el relatito de marras, pero es que es una que se sale de la tabla. El otro día estábamos todos reunidos en casa viendo una película, un peliculón de Ramoncito Cabárcenero, el autor colombiano de 'Sulicalpa no está cerca' y de 'Bombines y bigotes'... pero ahora no recuerdo qué película era. También ya me vale, se me van las cosas de la cabeza. Me pongo a hablar y se me va de las manos el asunto. No sé. Ahora ya no sé si contárselo o no, porque igual les estoy haciendo perder el tiempo. Se lo cuento de todas maneras porque si no, reviento. De verdad. Estábamos viendo la película y en una escena uno de los protagonistas aparece en una librería de Bogotá ojeando un libro de Gregoire Fontdemeulón y ponía cara de interés manifiesto. Entonces llegaba una atractiva dependienta y le decía al protagonista que ese libro le había encantado y que se lo recomendaba, como hacen todos los libreros y libreras del mundo. Y entonces el protagonista ponía la misma cara de interesante que Gregoire Fontdemeulón y le decía 'los antiguos griegos, no los de ahora, ni los de la edad media, no, los antiguos griegos consideraban que el gusto era un beneficio de los dioses y que no era apropiado airearlo demasiado porque pudiera ser que...', y la chica inmediatamente le daba la espalda y se iba. ¿Si o no? Vaya pulla, amigos. Me imagino a Gregoire Fontdemeulón retorciéndose en su sillón. Mira, una rima involuntaria. Bueno, ya con la hora que es... aplazamos lo del texto y lo comentamos mañana ¿no?

martes, 29 de mayo de 2012

Baal

Y juntos íbamos al fútbol. Y juntos comprábamos en el Mercadona. Y juntos nos tomábamos un cortado en el bar de abajo. Y juntos nos compramos un apartamento en la Costa. Y juntos nos fuimos a hacer la ruta 66. Y juntos estudiamos la manera de combinar mejor la ginebra y la tónica. Y juntos salíamos a ver edificios modernistas. Y juntos íbamos a las librerías a mirar si habían traído aquel libro que nunca estaba. Y juntos nos sentábamos en los bancos del parque a dejar el tiempo pasar. Y un día, mientras un sol mortecino abandonaba su jornada y se escondía tras unos bloques de cemento dando paso al turno de noche, le confesé que tenía una pena muy dentro. Y entonces él me dijo que era Baal.
¡Oh Baal, tanto tiempo has estado a mi lado y jamás has sentido la necesidad de preguntarme cómo estaba! ¡Oh Baal, siempre conmigo y nunca te interesaste por mí! ¡Oh Baal, no he sido digno de tu misericordia! ¡Oh Baal, qué ha sido mi vida a tu lado si no una pérdida de tiempo!
Y Baal, que durante todo aquel pliego de lamentos no había osado dirigirme la palabra, me dijo.
- Escucha mortal porque yo te escucho a ti. Soy un Dios de contadas acciones. ¿Ves ese sol que se ha ocultado? Yo se lo permito. ¿Ves la luna que aparece? Sólo ante mi responde. Y sólo tuve que indicarles a ambos una vez lo que tenían que hacer. Nada más. Los creé, los regulé y dejé hacer. Lo mismo hice contigo y los de tu especie. Sólo una vez. Creación y cuatro nociones. Si habéis perdido el libro de instrucciones que os dejé, yo no puedo hacer más. Me gustabas más cuando no llorabas.

¡Oh Baal, oh Gran Baal! ¡En un suspiro hiciste el mundo, en un momento lo creaste todo! ¡Grande es tu potencia mas aún mayor es tu sabiduría! ¡Si con una simple indicación guiaste todo un Universo! ¡No soy digno de pedir más!
- Calla mortal. Tus gritos me defraudan. Mañana no me llames, que no voy a estar.

Y ya nunca supe de Él. Aunque en el brillo de un farol, en el fogonazo del gas de la cocina, en el chispazo de una bombilla, a veces creí reconocerle y pensé en volver a pedirle consejo. Siempre en vano.

lunes, 28 de mayo de 2012

Polda dice

Pues estaban a punto de traer una especie de pastel que la cuñada de la Feli decía que había aprendido a hacer cuando estuvo haciendo una beca en Zagreb para el Instituto Niederhoffer de Danza Contemporánea, y Polda nos contó lo que le ocurrió cuando fue a una cena con unos promotores o filántropos que al parecer estaban interesados en apoyar algún tipo de obra cultural y ahí estaba ella con su palmito para intentar convencerles. Era como una especie de subasta que montaban unos llamados Amigos de la Cultura y el Buen vivir. Dice Polda que llegó a una mansión que estaba en un barrio entre la ciudad y el campo y que les llevaron a todos en un pequeño autocar. Allí estaban algunos y algunas amigas de Polda, dice que prácticamente se conocían todos, hasta quienes no eran amigos realmente, pero de vista, pues eso. El caso es que todos tenían que pasar una especie de examen, una pequeña entrevista, y ellos decidían. Se habían enterado del tema porque un técnico del ayuntamiento se lo había soplado al Gelet y de ahí la voz se había corrido como la pólvora. El Gelet hizo una lista de nombres, se la pasó al técnico, el técnico al otro y el otro al filántropo que se encargaba de este tema, el señor Meyerhoffer.
Pues llegaron todos a la mansión, pasaron a una gran sala y de ahí a una salita en la que les hicieron esperar. Apareció un chico jovencito, vestido de una forma bastante poco formal y les dijo que les irían haciendo pasar uno a uno, por orden de lista. El primero fue Rinaldo, un italiano de Calabria que tenía un espectáculo de cuentacuentos, 'Rinaldo y Rinitis'. Rinaldo entró por una puerta y ya no volvió a salir. Luego le tocó a Tina y los Tintos, que llevaban treinta años declamando a García Lorca por esas plazas de España. Tampoco salieron. Y finalmente fue Polda la que fue reclamada.
Polda dice que entró muy nerviosa. Que se había vestido de una manera demasiado formal porque sus compañeros parecían ataviados para hacer una demostración 'artística' y ella parecía una ejecutiva. Cuando entró vio a un trío de personas de cierta edad alrededor de un piano. El señor mayor, que debía ser Meyerhoffer, estaba sentado al piano y el matrimonio Herenberger, sonriente y brillante, le miraban arrobados. El señor Meyerhoffer le dijo a Polda que tomase asiento durante unos segundos y que apreciase la pieza que iba a interpretar y que cuando terminase le contase cómo relacionaría la obra con su propio concepto de arte y creación. El señor Meyerhoffer no sabía tocar el piano. Buscaba las teclas con un dedo. Daba una nota, al cabo de un rato... acertaba y daba con otra. Y así hasta que pasados diez minutos dio por finalizado el recital. Los tres miraron a Polda y sonriendo felices de la vida, le pidieron una valoración.
- ¿Podría repetir la interpretación? -contestó Polda.
El señor Meyerhoffer no entendía. 'Si, que si puede repetir la interpretación. Creo que ha habido matices que creo que... si es capaz de repetirlo pues yo...'.
El señor Meyerhoffer interpretó la idea de Polda como una reivindicación del fordismo en el arte y la posibilidad de crear en serie y le pareció una idea estupenda porque así se juntaban arte y competitividad. Y le dieron el cheque.
Polda lo contaba y se moría de risa. Normal.

viernes, 25 de mayo de 2012

Miscelánea

No íbamos a hacer nada. No nos veíamos los tres desde hacía... no sé. Ellos dos ya estuvieron juntos el jueves pasado, viendo al Sprinstin. Ayer estuvieron contándome el qué y el cómo. Qué risor. No íbamos a hacer nada. Una croqueta en la Moritz, decía uno. Tengo un cuerpo malísimo, decía el otro. Pues al final, bingo y línea. En el bar donde estuvimos pusieron musicón, un poco a ratos, pero musicón. Eddie Cochcran tocando Something else, por ejemplo. Yo me quedo con la versión de Led Zeppelin en el Royal Albert Hall. Después de tocar su repertorio y cuando Robert Plant parece que ya da por terminado el asunto, los otros empiezan a tocar C'mon Everybody y enlazan con Something else. Ver a Jimmy Page con su jerseicillo de rombos es impagable.
http://www.youtube.com/watch?v=KMGSXIjU2Js

Pues ha sido poner las cancioncitas y empezar el compañero a tararear Bony Moronie. O Maronie. O como se diga. Aunque sospecho que él estaba tarareando Popotitos. Aquí la tenemos en una fiera versión de Tom Jones en un programa de televisión. Cuando acaba la canción le ponen el It's not unusual. Qué cruz el hombre con la cancioncita, pero claro, como para despreciarla, si prácticamente le habrá dado la vida la canción. Aunque con la de Pussycat, o con la de Dalila, o con la de Kiss, también se habrá hecho un capital. En fin, clásicos populares, Bony Moronie, o Bonnie Moronie. La canción habla de una chica delgadita, en Popotitos hablaba de que sus piernas son un par de palillitos. No sé porqué, pero esta canción me recuerda a alguien. Bonnie Moronie, qué clásico.
http://www.youtube.com/watch?v=y0r8GVPAvd4

Se nos va la vida viendo tontuneces. El otro día, después de la final del Chelsea hubo visionado de interpretaciones para el recuerdo. Eloise, pero no en la versión de Tino Casal, que era muy buena muy buena, ni en la de TheDamned que supone una pequeña decepción, no. La versión original, la de Barry Ryan. Que nos enteramos el otro día que era el que la cantaba originalmente. Mola, pero de molar mucho. Es un cancionazo que te pasas. Eloise. Aquí y en Vladivostok y la cante quien la cante. De esta canción me acuerdo yo cuando la cantó Tino Casal y al día siguiente estábamos todos en el colegio cantándola y flipando. Eloiiiiiiiiiiiiiiiiiis, eloiiiiiiiiiiiiiiiiiiiis. Pechos de nitroglicerina o algo así decía. Qué tiempos. Ayer nos faltó el Edu para acabar de liarla. Qué canción.
http://www.youtube.com/watch?v=MHIAZUxlr8g

Venga va, sigamos para bingo. La canción que nos recibió al sitio al que fuimos, al Casete, era Ça plane pour moi, de Plastic Bertrand, pero en la versión de Sonic Youth, una versión rara. No porque la versión sea rara o poco reconocible, si no porque extraña ver a Sonic Youth haciendo estas cosas. Miento. Hay que ver a la Kim Gordon... qué pena, qué pena, qué deterioro, he tenido que mirar cómo se llamaba la cantante de los Sonic Youth. Yo antes no era así, yo antes era una ardilla, una aguililla, no se me escapaba un nombre, un dato, todavía a veces mantengo el tipo, pero detalles como este... acostumbrarte a mirar y tener la respuesta inmediatamente atontece. Entontece. Te preguntan y no tienes el discurso preparado. En fin, Ca o Ça plane pour moi.
http://www.youtube.com/watch?v=vZkKK_GZ8qU

El otro día fui a Correos. Una cola del diablo y eran las ocho y media de la mañana. La chica que me atendió miró mi nombre y apellidos y naturalmente hizo la broma. Qué bien. Preguntó al menos si estaba cansado de la broma. Le dije que no, que era una forma de llamar la atención y que yo haría exactamente lo mismo o algo peor. Mañana es mi cumpleaños. Ni mejor ni peor. Será mejor o será peor. Parménides seguirá triunfando contra Heráclito y sus malas artes. Será igual. En todo caso será peor. O puede que mejor. Si empezamos ya no teniéndolo claro, qué podemos decir. Pondremos la del Cumpleaños total de los Planetas y una cosa hecha.
http://www.youtube.com/watch?v=sj0l7olf46g

Y vamos a ir plegando. Plegar, catalanada, charnegada al canto. Cocinero cocinero, que el futuro es muy oscuro, trabajando en el carbón. El futuro es muy oscuro. Uno no puede evitar pensar cosas así. El futuro pinta bastante negro. Ayer M. hizo la reflexión. En el concierto del Brus estuvieron con la misma actitud que ante la vida. Viéndola pasar desde la barrera sin entender a la gente que está disfrutando de algo que no se entiende. Bueno. Vendrán tiempos mejores. Seguro. Los de ahora no son malos, no nos liemos, pero las perspectivas no. Que eso. Que no pasa nada. Cocinero, cocinero.
http://www.youtube.com/watch?v=fw_OIB-kbg0

Pues nada. Si no nos vemos, tómense una cervecita a mi salud. Pasen un buen fin de semana.

jueves, 24 de mayo de 2012

Era tan raro que daba igual (4)

Antes de que apuremos las copas de cava, o de sidra, o de lo que consideremos más patrio y menos dudoso de no querer ir de la mano con la unidad y la alegría de vivir que nos proporciona el hecho de que la capital haya pasado el corte y aspire nuevamente a ser sede Olímpica, lo que sería si no lo mejor del mundo, si casi lo mejor del mundo, me gustaría apuntar la posibilidad de que considerásemos como algo importante el hecho de que según Unicef haya un total de 2,2 millones de niños que están viviendo por debajo del umbral de la pobreza. Los niños se convierten en el colectivo más afectado por la crisis.
Por eso me gustaría ahora mismo desear una cosa. Me gustaría que cogiese las riendas del país un gobierno de tinte netamente conservador, liberal, liberal-conservador, de derechas vamos, y que pusiese orden en este país. De todos es sabido que en época de crisis, son los gobiernos de derechas los que (además de preocuparse por el color azul de su pista de padel) mejor saben inyectar nuevas dosis de vitalidad en la vida de un país. Así como la izquierda no sabe crear riqueza, la derecha sabe hacerlo de una manera natural, genética, porque ellos ya vienen siendo agraciados con el premio y sabrían hacernos ver cómo y de qué manera podríamos mejorar la situación. Niños pobres en nuestro país. Eso no se puede consentir.
Asimismo, animaría a seguir haciendo tómbolas, rifas, maratones solidarias, día de la banderita, lo que haga falta, para que esos niños dejen de ser pobres al menos durante unos días y puedan disfrutar de algo de lo que disfrutan los niños que han tenido mejor suerte. Niños que seguramente tendrán padres que se hayan esforzado en tener un trabajo seguro y no estar viviendo de la sopa boba, que eso también. Un gobierno recto, conservador y con ganas de estimular a la gente, eliminaría todo ese tipo de ayudas que no hacen sino crear parásitos y gente vaga, y ayudaría a que creciera el gen emprendedor en toda esa gente. Habría que ver ese número de niños pobres de qué entorno provienen, si son 'españoles' o son lo que podríamos llamar españoles de nacimiento pero no de... osea, ya me entienden. Porque claro, a ver si vamos a estar contando a los niños pobres como españoles, cuando a lo mejor son niños que ya venían siendo pobres en la barriga de sus madres, ¿no? Claro, eso también hay que verlo. Un gobierno como dios manda, debería saber distinguir entre una cosa y la otra. Y además, que los pobres de aquí no son lo mismo que los pobres de allí. Y un pobre aquí vive como un marajá. Eso lo sabe todo el mundo.
Es un dato que no es para nada desdeñable. 2,2 millones de niños. Todos puestos en fila. Pobres. Es intolerable que haya familias que no se preocupen del bienestar de sus hijos. Que no se esfuercen en luchar por ellos. Que sigan instalados en la cultura de la queja, de basar su día a día en buscar ese papel que les hace falta para conseguir tal o cual ayuda pública. Es realmente indignante que por culpa de ese tipo de personas tengamos que soportar que la marca España se vea asociada a pobreza, a umbrales de pobreza, a niños con la boca llena de moscas. 2,2 millones de niños pobres en España. Es que suena mal y todo. Como que no te lo crees. Como que es como de después de la guerra.
Voy a repetirlo otra vez porque parece que no ha quedado claro y estamos a otras cosas. Según en informe 'Infancia en España 2012-2013' de Unicef España, hay 2,2 millones de niños viviendo por debajo el umbral de la pobreza. No me voy a meter en la manera que tienen de calcular estas cosas, ni si hay parcialidad política en Unicef y sus datos. Intencionalidad política la hay seguro, porque esta gente que se mete en estas cosas siempre cojea del mismo sitio, pero bueno. Sea como sea, algo deben saber de estas cosas.
Yo creo que si con un gobierno de derechas, conservador, que sepa meter en cintura a la sociedad y dirigirla hacia un destino claro, como siempre hemos tenido, no tenemos suficiente, debemos coger ejemplo en aquellos sectores de la sociedad que pueden darnos testimonio de su valía con sus éxitos. La Eurocopa por ejemplo, nos dará un buen motivo para sentirnos orgullosos de nosotros mismos, y también para alegrar a esos 2,2 millones de niños viviendo por debajo el umbral de la pobreza. O el recuperado buen momento de Nadal. O la esperanza, que ya hemos comentado y que estamos celebrando, que tenemos en que Madrid sea sede Olímpica. O que Loewe haya vendido todos los bolsos.
Loewe es Love. Era tan raro que ya daba igual.

miércoles, 23 de mayo de 2012

Era tan raro que daba igual (3)

De pequeño, si había algo que me diera coraje, que pudiera desencadenar la ira más irreflexiva, era que me llamaran feo. Feo. Me daba igual que me llamasen empollón, torpe, llorica, que se rieran de mi (bueno, que se rieran de mi no me gustaba nada), pero lo más doloroso era que me llamasen feo. Porque yo no era feo. Sin duda alguna, yo era el niño más guapo de todo el contorno. De todo el entorno. No era una opinión que me hubiera formado yo, si no que se basaba principalmente en lo que decía mi madre. Era ella una persona de un talante moderado, serio, disciplinado, poco dada a las alharacas y a las expresiones de júbilo desmesuradas. Una persona recta, sencilla, que no regalaba los oídos a cualquiera. Y mi madre, no dejaba nunca de decirme que era guapo. Yo era guapo porque mi madre, naturalmente, no podía estar equivocada. Si mi madre me tenía por un niño guapo, 'el más guapo de todos', a ver porqué el resto de niños y niñas, cuando se presentaba la más mínima ocasión, me llamaban feo. Feo. Feo. Feo. Feo. ¿Por qué?
Así iban pasando los meses y la más tierna infancia se fue convirtiendo en preadolescencia. Los inputs recibidos pasaban de ser recibidos con simples arranques de ira o berrinches sin cuento, a ser recibidos con una preocupación y un análisis mayor. De ahí pasamos a la adolescencia y entonces cada comentario ya no desencadena la furia de los dioses, sino un estado de apesadumbramiento (o como se diga) que para qué. Feo. Incomprensiblemente feo. Feo. ¿Por qué? Mi madre, que aunque con los años había tenido que recurrir a unas gafas para corregir su visión dañada por lustros dedicados a coser y coser, seguía pareciéndome una persona de lo más ecuánime y sin dudarlo seguía calificándome como el chico más guapo del mundo. Y mi madre no era de las que se lanzasen indiscriminadamente sus halagos. Así, por ejemplo, a mi hermano mayor lo crucificaba por sus pelos, por sus pintas, por su pasotismo en el vestir, por sus aretes, sus malos aspectos, las ojeras que le provocaban los trasnoches... a él le llamaba desastre, vergüenza, piojoso, lepra... 'eres un lepra', le decía. Qué mujer. A mi padre ni siquiera le decía nada. Nadie le decía nada.
Aún siendo el chico más guapo del mundo, yo notaba que algo pasaba en relación a mi persona. No parecía lo mismo lo que yo pensaba de mí mismo, o lo que pensaba alguien tan sanamente cuerdo como mi madre, con lo que el resto del mundo pensaba. No se me acercaban ni los perros. Feo. El comentario me hería y me parecía que no podía ser verdad. Que la gente debía decirlo por algo. Empecé a leer libros y a interesarme por diversos aspectos del crecimiento personal, de los cambios, etc. Pensé que era feo por dentro, que la gente quizás iría por ahí. Feo. Daba igual. Si me mostraba simpático, feo. Si hacía por ser un tipo duro y distante, feo. Si me las daba de tímido y tal, feo. Feo de todas formas. Menos para mi madre.
Mi hermano se casó con una chica estupenda. Pese a su aspecto, su pinta, su informalidad, su todo, consiguió robarle el corazón a una muchacha tan maja que parecía imposible, pero era cierto. Mi madre la bautizó como 'la pobre Rebequita'. Porque Rebeca se llamaba.
Yo no. Nada. Ni olerlas. Ni de lejos. Conseguí entrar en la universidad, salí de ella cuando me tocó... en la facultad me llamaban 'el feo'. Encontré trabajo en una oficina. No salía mucho a la calle. El jefe decía que es que los clientes requerían... que es que.. Feo. Feo Feo. Mi madre seguía considerándome guapísimo. Decía que las chicas debían de ser ciegas para no verlo. Feo. Feo. Feo. Mi hermano tuvo un hijo. Decían que se parecía a mí, pero que tenía algo distinto. No era tan feo.
No sé. Un día, viendo la televisión, estaba viendo las noticias antes de irme a la cama. Todavía vivía con mis padres. No sé porqué apareció Esperanza Aguirre en la televisión y a mí me pareció guapa. Era tan raro que daba igual.