lunes, 30 de noviembre de 2020

Bowie por Bowie. Entrevistas y encuentros con David Bowie - Sean Egan


 Lo más parecido a una biografía de David Bowie, dice la vitola que rodea el libro. David Bowie entrevistado desde más o menos el año 1969 hasta el 2003. Desde que está haciendo el disco The Man Who sold The World hasta que presenta el disco Reality. Aún hará dos discos más, el The Next Day y el Blackstar. Pero no hizo más entrevistas, con lo que no sabemos qué pensaba desde el 2003 hasta que falleció hace ya cuatro años. 

Es un libro interesantísimo este. Son entrevistas que recorren cronológicamente la carrera de Bowie, con sus altos, sus bajos, sus resurrecciones, su progresiva desgana hacia la música y si preferencia por otras cosas, como la pintura, el pensamiento, el arte así en general, vivir la vida, la edad, los hijos, etc. Y son unas entrevistas donde el pasado, su pasado, siempre viene a verle. Un pasado que tiene una forma concreta, omnipresente, que siempre planea sobre todas las entrevistas, sobre la mayoría de ellas. Es Ziggy. 

El personaje de Ziggy, creado justo cuando estaba terminando la grabación de Hunky Dory, para bien y creo que poco para mal, salvo que se te vaya la pinza y termines más hecho polvo que... David Bowie en 1976. Digo que es un personaje que para bien marca a David Bowie y tendrá a todo el mundo pendiente de qué es lo próximo que se le puede ocurrir a semejante artista. ¿Alguien ha visto el último concierto de Ziggy? El último concierto de la gira, donde decide 'matar' al personaje y cambiar el tercio y de banda, las Spiders of Mars, es toda una lección de qué hacer sobre un escenario, cómo tener a todo el mundo en babia, con un musicón brutal. Y una presencia escénica que tan solo con la primera canción y la forma de entrar en el escenario ya te deja k.o.

David Bowie a partir de ahí va experimentando con todo lo posible en esos años. Tanto experimenta que en 1976 tiene que parar, salir de los Estados Unidos y refugiarse en Berlín, grabando en Francia. Y graba tres discazos, Low, Heroes y Lodger. Aunque cada vez más y fue un descubrimiento tardío, el que más me gusta es Station to Station, el disco donde él mismo dice que enterarse no se enteraba de mucho, que iba sobre las estaciones de la cruz, oscurantismo, cosas de magia, yo que sé. 

Mola David Bowie. Inquieta e intimida. Es peligroso. Es alguien que debía ser magnético y que debía ponerte delante tu debilidad. Desde que vi de niño el video de Blue Jean. David Bowie mola, incluso cuando haga cosas flojas o que no entiendas, como toda su carrera después del Black Tie White Noise. Mola y punto. 

Y en este libro se aprende mucho, de música por supuesto, aunque Bowie alardee de no ser un músico sino que es la música lo que le sirve para expresar otras cosas. De música y de cómo plantear la música y la vida. De reconocer los errores Jose y de ser valiente para decir 'pues ese disco fue flojo', aunque cuando lo vendías dijeras que tal. 

En definitiva, un regalazo de libro que te hace pasar tu 'mes Bowie' de nuevo. Y no sé si empujarte a descubrir esos discos que no te... pero es que los que molan molan tanto...

domingo, 29 de noviembre de 2020

Te das queer


El problema es que Santa Coloma es un pueblo. Es un pueblo muy pequeño y nos creemos que es el centro del mundo. El problema es que pensamos que lo que pasa en Santa Coloma es lo que pasa en el mundo. Si aquí es así, es porque fuera será así también. Nuestro problema es Santa Coloma, pero no por los colomenses que somos como trozos de pan de buenos, nuestro problema es la ciudad en sí, cómo se nos gobierna, cómo se entiende el ejercicio del gobierno y todas esas paparruchas que son tan teóricas y tan por arriba que a los colomenses y las colomenses nos importan un carajo y al final acabamos pensando que tampoco estamos tan mal y que lo que pasa aquí es como lo que pasa en todo el mundo. Pero no es así.

El asunto es sencillo y te lo voy a explicar que soy un hombre. El asunto es que en el feminismo hay una guerra soterrada o abierta. Y esa guerra entre feminismos diversos alcanza todos los campos posibles de conflicto. El asunto es que en Santa Coloma una de esas facciones, alineada con el PSC, pero no sólo, gobierna en la ciudad y pretende que el resto de facciones no existan, que el resto de feminismos no sean. 

Esto no lo digo yo, que lo dijo la propia alcaldesa de Santa Coloma hace un año aproximadamente cuando, a raíz de la intervención de la asociación a la que pertenece, y que tras mostrar su apoyo a Lídia Falcón, presidenta del Partido Feminista expulsado entonces de Izquierda Unida (siempre que aparece IU en algo, la cosa se complica, es cierto), expulsado digo por haber dicho una serie de barbaridades (bajo mi humilde opinión y bajo la humildísima opinión de mis propios compañeros y compañeras de partido) sobre 'lo trans', dijo, nuestra alcaldesa que es cierto que hay feminismos varios pero que para ella y las que piensan como ella, quien no pensara como ellas no podrían considerarse feministas. Que lo explico con trazo grueso, vayan y revisen las actas del pleno. 

Esta guerra del feminismo alcanza a Santa Coloma porque sí. Porque desde el equipo de gobierno se ha hecho bandera de un feminismo y una manera de entenderlo y se ha dado voz a quienes más cargan contra otros feminismos y otras maneras de entenderlo. De tal manera que, en plena polémica por el tema Trans, la cosa ha estallado. 

El tema Trans. Básicamente. Si alguien se siente mujer, es mujer y quiere ser mujer, será y es mujer. Pues no. Para la alcaldesa de Santa Coloma y para las feministas que ella representa, esto no es así. Y lo excusan con argumentos peculiares que van de lo directamente grosero a las complicaciones teóricas para acabar diciendo que la teoría Queer, lo posmoderno, lo líquido, es neoliberal, machista y recientemente también ha sido calificado de fascista. Todo incluído. Esta manera de ver las cosas es así en Santa Coloma. 

Pero Santa Coloma, para sorpresa de muchos y muchas de los que vivimos en esta ciudad no es el único lugar habitado en el mundo y lo que piensa la alcaldesa y su forma de entender el feminismo o su visión del colectivo LGTBI no es tampoco la única manera de ver las cosas. 

Así que cuando la alcaldesa, después de dar voz como digo a mujeres que han hecho gala de su frontalidad en el tema Trans con profusión, decide felicitar a una cuenta de Twitter llamada 'Contra el borrado de las mujeres', ya que a su juicio considerar a las Trans a las mujeres es misoginia y no sé cuántas cosas más, colectivos LGTBI de todo el Estado, desde la Federación Estatal o el Consell Nacional, incluso desde Badalona, piden explicaciones a la alcaldesa de Santa Coloma por aplaudir esta iniciativa cuando, precisamente ella, ha hecho gala de sus políticas, iniciativas, apoyo al colectivo etc.

Válgame el cielo. 

En tanto en cuanto en Santa Coloma hay una entidad que representa al colectivo LGTBI, que se llama Entenem Santa Coloma LGTBI, que lleva años haciendo una ingente tarea de divulgación del colectivo, que lleva meses de confinamiento organizando charlas semanales sobre diversos temas, también el tema Trans, que ha organizado el Orgullo, que ha hecho fiestas, que ESTÁ COMPUESTA NO SOLO POR COMPAÑEROS Y COMPAÑERAS DE MI PARTIDO SINO TAMBIÉN POR GENTE DE OTROS PARTIDOS, decide sumarse a la marea de rechazo al tweet de la alcaldesa y en un comunicado deciden salirse de la Taula de Drets LGTBI como muestra de tal, se desata la cólera de los diésel.

Una cólera que consiste en acusar a Entenem de orquestar una campaña, de organizar un acoso, de maltrato psicológico, términos que son suficientemente graves como para no tomárnoslos a risa cuando hay gente que sufre acoso en redes o maltratos psicológicos espeluznantes. Denunciar una actuación política no es acoso. Si no podemos criticar una actuación política... sin insultar claro. Orquestar una campaña porque vienen elecciones, también se dice. El rédito electoral que se le puede sacar a esto cuál puede ser. Salvo el de iniciar una campaña... demasiado complicado. O al revés. No sé. 

Naturalmente han salido en defensa de la alcaldesa las personas que forman parte del Equipo de Gobierno y afines de aquí y allá. Algunos y algunas con mejor tono que otras. Quizás el más pintoresco apoyo es el de la propia web Contra el borrado de las mujeres que acusa Entenem de inquisición fascista. Desde aquí reclamo que el Departament de Polítiques LGTBI de mi ciudad Santa Coloma tome las medidas para con esta web que se atreve a llamar fascista a Entenem. Si algún o alguna colomense, de los de bien y de los de mal, puede dar alguna simple y miserable prueba de que Entenem es un grupo inquisidor fascista... En caso de que no sea así, rogaría a la persona que lleva estos asuntos en Santa Coloma que actúe en apoyo de sus compañeros y compañeras del colectivo.

Por lo demás, esto pasa en Santa Coloma. 

Las calles siguen igual de sucias, la angustia de la gente porque no sabe qué será de su trabajo y de su vida en los próximos meses continúa en el mismo sitio, los servicios sociales siguen ahí ahí, el presupuesto municipal hace caso omiso de la situación de crisis y nosotros y nosotras iniciamos una campaña de apoyo hacia alguien que en un hilo de twitter de descargo se empeña en decir que sí pero no. Y en llamarnos a todos y todas las demás misóginas y machistas. 

Como esto solo nos pasa en Santa Coloma, ya nos hacemos cargo del tema y nos felicitamos porque esta manera de entender la política no se extendiera en su momento ni en Catalunya ni en el resto del Estado. Esto lo llevamos nosotros y para nosotros se nos queda. Por ahí fuera ya saben de qué va el tema y está descontado.

Por lo demás, apoyar a Entenem y que al fin y al cabo si no es por esto iba a ser por otra cosa.  

viernes, 27 de noviembre de 2020

Weil


 En el colegio tenía una amiga que se llamaba Simone. Un día le pregunté porqué se llamaba Simone si su madre, ni su abuela, ni sus tías, se llamaban Simone. Me contestó que se llamaba Simone por una escritora. Me dijo que su madre leía muchos libros y que había una escritora que se llamaba Simone y que le gustaba mucho y que su madre le decía que le había puesto de nombre Simone porque quería que se pareciera a ella. Simone y yo estuvimos juntos hasta que tuvimos que ir al instituto y mis padres me llevaron a un instituto privado, una especie de Liceo pijo para hijos de funcionarios como mi padre donde nos preparaban para ser funcionarios como ellos. Dejé de ver a Simone hasta que en la Universidad, de casualidad, la volví a encontrar.

Estaba yo hablando con unos amigos del instituto que también se habían matriculado en Ciencias Políticas cuando la vi y la reconocí aunque estaba algo cambiada. Me hizo una ilusión increíble. Simone! la llamé. Simone! no me hacía caso. Pensé que igual no era ella, pero es que era ella. Simone!, seguía igual. Me acerqué para hablarle. Ella estaba junto a otros chicos y chicas. Le toqué un brazo y se giró. Ella me reconoció al instante. No me había oído llamarla. 

Sí, le dije, te he llamado varias veces. Ah, me dijo. Es que me he cambiado el nombre. Pensé para mí, qué cosas, debe ser el típico caso de rebeldía contra la institución familiar. Por su aspecto, pensé, debe haber cogido algún nombre oriental o quién sabe, puede que haya sufrido un proceso de involución y de una escritora pase a la tradición y se llame Marie. Perdona, le dije, entonces cómo te llamas. 

Me llamo Simone. 

jueves, 26 de noviembre de 2020

Tus ídolos


Ayer se murió Maradona. Ayer escribí un texto comentando los tres estados por los que había pasado sobre todo en mi relación con el Maradona futbolista. No se trataba de obviar el resto de facetas de su vida, o de tapar sus lados oscuros con lo bien que jugaba a la pelota. Que era un cabrón con muy poco cerebro, quizás destrozado por una vorágine en la que se vio inmerso desde muy joven... y digo esto y parece que lo estoy excusando y ya no se puede excusar. Drogadicto, maltratador. 

¿Quiénes son tus ídolos? Una persona que lleva tatuado al Che Guevara, que es amiga de Fidel Castro. Por eso, debe ser buena. Una persona que hace canciones que te gustan, que has bailado, que has tarareado, pero a la que le gustan los toros, que es de derechas, que votaría a Vox. Una persona que escribe novelas, cuentos, un erudito, alguien que te empuja a escribir, pero que justifica la dictadura de Videla. Tus ídolos siempre tienen taras. No deberían ser tus ídolos. Tus ídolos no le suelen gustar a nadie. Los ídolos de los demás tampoco te gustan a ti. De hecho, tus ídolos muchas veces no te gustan ni a ti. Odias querer a según quién, como ha dicho Quique Peinado. De hecho, casi todo lo que quiero decir ya lo ha dicho él. Y otros como él. 

Y leo artículos de feministas argentinas, que comparte Fermín Muguruza para justificar el haber mostrado su admiración por Maradona. Y veo el tweet de Izquierda Unida despidiéndose de los dos comandantes y lo comparto y luego veo que ellos mismos tienen que enmendarse. Y leo a compañeras que muestran su repulsa por la admiración hacia un maltratador. 

Tus ídolos, mis ídolos son una mierda. Un pobre diablo loco perdido por el dinero y la fama y la falta de preparación, maltratador. Todo lo anterior no exime que sea un maltratador. Todo lo demás no exime su conducta autodestructiva, su falta de valor para emprender otra vida. ¿Por qué seguimos pensando que la muerte de Maradona es una mierda? Seguramente porque somos también unos mierdas. 

Nos dicen también que Maradona al fin y al cabo era una persona y las personas cometen fallos. Eso es demasiado simple. Conocemos a mucha gente con la misma preparación que él. Nos gusta Led Zeppelin, nos gustan The Who, nos gustan The Kinks, nos gustan los... vidas ejemplares. 

Tus ídolos. Siempre bajo cuestión. Tus ídolos siempre molan más. Para empezar no son futbolistas, que ya es un toque de distinción. No entiendes cómo once garrulos corriendo detrás de un balón... cómo puede ser un referente de la izquierda... Manu Chao, el Calamaro, el Sabina otro que tal, el Fito Páez. No sé. Eduardo Galeano hablando de que era un dios sucio.  

Y tienen razón quienes critican que pongamos por encima al futbolista que a la persona. Maradona era un mierda. 

miércoles, 25 de noviembre de 2020

Diego Armando Maradona. Odio, amor, pena.


Cuando yo era niño me tocaba odiar a Maradona. Maradona en el Barça y yo con 7 años y recién llegado al fanatismo por el Athletic Club. En casa se odiaba a Maradona. El Pelusa. El Pibe. Jugando con el Barça protagonizó uno de los momentos más lamentables del fútbol en aquella final de Copa en la que capitaneó una agresión colectiva hacia los jugadores y técnicos de mi Athletic Club, tras perder con el enorme gol de Endika que hizo esa y jamás nada más. Odiaba a Maradona con todo. Unos meses antes, Andoni Goikoetxea había lesionado a Maradona y todo el mundo odiaba a Goiko. Y en el colegio había que aguantar, goiko asesino, los del Athletic son unos asesinos. Eso curte. Maradona y el Barça, la misma banda. Cuando se fue al Nápoles ya me dio igual. El Barça seguía ahí. 

Recuerdo ver el Mundial 86 en el pueblo. Las semifinales contra Inglaterra y la final contra Alemania. Lógicamente ahí ya iba con Argentina. A muerte. Aunque estuviera Maradona. 

Pero yo no soy de Maradona por ese Mundial. Yo soy de Maradona por el Mundial de Italia 90. Un Mundial al que Maradona ya llega cascado, con la rodilla de aquella manera. Argentina venía con un equipo que yo recuerdo como una banda, aunque no lo fuera tanto. Empató el primer partido con Camerún, creo, o llegó a perder y de ahí fue trastabillando. Todo esto lo estoy recordando sin mirar. No sé en qué partido llegan a marcar un gol con la mano también. Y llegan los dos partidos que me hacen ya de Maradona para siempre. El partido contra Brasil, donde Maradona le mete un pasecito después de hacer una jugadita pimpim a El Pájaro Claudio Paul Caniggia y éste ajusticia a los brasileños. No me gusta nada Brasil, la selección de Brasil, la suficiencia de Brasil. Argentina jugando con cuatro cañas, con defensas carniceros, con Ruggieri repartiendo, con el vasco Olarticoechea, con Goicoechea en la portería que era super joven y que estaba sustituyendo a Pumpido que se lesionó en el primer partido. Pero no eran tan mal equipo. Es igual. Yo ahí construí mi mística maradoniana. Medio cojo con un equipo de cuatro cañas y ahí estaba, cargándose a Brasil que, otra vez, tenía un equipazo brutal. Entre medias, eliminan a Yugoslavia en cuartos, teniendo Yugoslavia otro equipazo increíble.  

Y llega el partido de la vida. Italia contra Argentina. Y otra vez Caniggia convierte el gol del empate, y Argentina aguanta y aguanta contra el anfitrión y contra el árbitro Voitreau que alargó la prórroga ni me acuerdo. Nervioso perdido viendo la semifinal. Italia con todo preparado, todo a favor. Y Argentina con Maradona que no se movía del círculo central, aguantando y aguantando. Y llegan los penaltis. Y otra vez Goicoechea y a la final. Ya era de Maradona por lo siglos. 

La Final contra Alemania y el himno. La foto es de ese momento. Los italianos habían perdido y consideraban a Maradona lo puto peor. Además, Maradona jugaba en el Nápoles. Italianos del sur. Tengo una camiseta del Nápoles y tengo una camiseta de Argentina. Y suena el himno de Argentina y los italianos silban como si les fuera la vida y la cámara va pasando por los rostros de los argentinos y cuando llega a Maradona este dice alto y claro y moviendo bien los labios. 'Hijos de puta', 'Hijos de puta' .

Argentina pierde esa final por un penalti de mierda y porque el árbitro no tuvo narices de echar al criminal Guido Buchwald que se pasó todo el partido cosiendo a Maradona, ya cojo perdido, todo el partido. Pero ahí estuvieron, hasta el final, con uno menos. Solo por tener a Maradona se tenían en pie. 

Lo demás ya es la historia de la pena. El positivo por cocaína, la suspensión, la llegada al Sevilla para recuperar, la resurrección en el Mundial de los EE UU y el positivo por efedrina. Y a partir de ahí todo a la mierda. Regresos, sanciones, abandonos, recaídas, mal, peor, carrera como entrenador y la degradación paulatina de un personaje nacido de la nada, que solo sabía jugar a fútbol y que más listo o más tonto nos hizo disfrutar con el fútbol para bien o para mal.

Ahora que ha muerto con solo 60 años, es muy fácil hacer leña del árbol caído, subrayar (las rayas) que el que la hace la paga. Pero también podemos acordarnos de cómo se colocó siempre en el lado zurdo de la historia, aunque le costara ser todavía peor tratado. 

Así que, Viva Maradona campeón. Se lo dedicamos a toda la reputa madre que los reparió.  

Céline


Gilipollas. Iba a poner Gipipollas pero no, aunque también. Da igual Jean Bertrand era un gilipollas. Jean Bertrand estudió con nosotros el primer año en la facultad y luego se cambió de carrera. Se matriculó en filología y quiso hacerse poeta. A Jean Bertrand no le gustaba hablar de política hasta que le empezó a gustar. No le gustaba que fuéramos a manifestaciones, a alguna asamblea, que Luc se afiliara al Sindicato, que Marcel nos comiera la olla con sus rollos anarquistas. A Jean Bertrand todo eso le aburría, ponía caritas, se burlaba. Hasta que un día nos vino con un libro bajo el brazo de Céline. 

Estábamos en el bar de la facultad y él venía de vez en cuando a vernos. Nunca vistió como nosotros. Empezó a llevar chaqueta. Se peinaba. No iba limpio. Era raro. Era un gilipollas. El día que vino con el libro de Céline bajo el brazo se sentó en la mesa y dejó el libro bien visible para que lo viéramos. Marcel le dijo 'qué mierda haces con eso'. Y Jean Bertrand sonrió. No dijo nada. 'Puto nazi', le dijo Luc. Jean Bertrand sonrió de nuevo. Yo, que soy también bastante gilipollas, le dije que todo el mundo reconoce a Céline como un gran escritor, pero que, la verdad, sus ideas deslegitiman al artista. Jean Bertrand sonrió otra vez. Y habló. 

Y comenzó a justificar la lectura de Céline y la de otros 'malditos'. Que la izquierda se empeñaba en desacreditar a grandes escritores solo por no comulgar con sus mentiras y que en cambio, se adoraba a los comunistas asesinos. Que Céline había desenmascarado la hipocresía y la podedumbre de la sociedad burguesa y que los comunistas no éramos más que unos reaccionarios que solo habían contribuido a ensuciar la cultura y la nación. Que en literatura lo que no se puede hacer es ser un burro con las miras estrechas y que hay que contaminarse, que hay que ensuciarse y que es en la putrefacción donde pueden germinar las flores, aunque sean flores del mal. 

Hubo un silencio. Un silencio que duró cinco segundos. Jean Bertrand esperaba que su intervención fuera el prólogo de un debate que tenía estudiado de antemano. Yo, gilipollas también, quise entrar al trapo y comencé a elaborar una teoría sobre esos escritores malditos que se habían encuadrado en el fascismo hasta que de repente, Jeanne, que de todos nosotros era la que menos alardes hacía, menos chapas llevaba, menos camisetas lucía, menos libros enseñaba, menos eslóganes repetía, menos se hacía ver en las reivindicaciones, le espetó a Jean Bertrand un 'cómeme el coño'. Entonces sonreímos nosotros.

Jean Bertrand siguió viniendo un par de veces más. Con el mismo libro de Céline. Intentó un par de veces iniciar alguna discusión. 'Cómeme el coño', le decía Jeanne. Y así acabó todo.  

lunes, 23 de noviembre de 2020

Bardot


Yo tenía una gata que se llamaba Mimi. La heredé de una compañera de piso. Tuvimos un breve e inesperado romance y acabó yéndose de casa de manera inesperada. Se dejó la gata. No se dejó nada más. Mimi era una gata sencilla. No me gustaban los gatos pero aquella gata me recordaba aquel romance y me hacía compañía. No sé cómo pudo ocurrir pero la gata se quedó preñada. Y tuvo seis gatitos. Y yo no me los quería quedar. Y nadie quería quedarse con ellos. Y pensé en abandonarlos. Así que cogí el coche y cogí una carretera que no había cogido nunca y un camino que no había transitado jamás y saqué una caja con los seis gatitos dentro y los dejé al lado de un árbol en un bosque al que no sabría volver. 

Volviendo a casa sintonicé la radio y en una emisora estaban entrevistando por teléfono a Brigitte Bardot. Al parecer era su cumpleaños y alguien había conseguido contactar con ella. En el momento en el que enganché la entrevista, estaba haciendo un discurso lamentable sobre cómo los africanos estaban destruyendo la cultura francesa. El periodista intentó redirigir la entrevista preguntándole por sus películas favoritas, cuál había sido el director que mejor la había dirigido, algo sobre música... pero la Bardot estaba empeñada en hablar de otras cosas. En un momento dado, el periodista le preguntó por los animales. 

Bardot entonces comenzó un discurso sobre los derechos de los animales. Algo me ocurrió. No escuchaba absolutamente nada de lo que decía la Bardot. Empecé a llorar. Lloraba desconsoladamente, lloraba con mocos, lloraba sin cesar. La entrevista acabó. El periodista despidió a la Bardot con una de las canciones que había hecho con Serge Gainsbourg. La Bardot interrumpió la canción para cargar contra el programa por haber puesto una canción de Serge Gainsbourg, 'ese cerdo que se aprovechó de mi fama'. 

Al llegar a casa, Mimi se había ido. 

jueves, 19 de noviembre de 2020

Hardy


Íbamos mucho a un bar en Lyon que se llamaba Bar Las Patatas. El Bar Las Patatas estaba en una zona que no salía en los mapas de la ciudad. Se encontraba muy a las afueras de la ciudad, ni siquiera dentro de alguno de los polígonos industriales, pasado Villeurbanne. El Bar Las Patatas lo llevaba un emigrante español que se llamaba Juan Pedro y junto a él estaba su mujer, una argelina que se llamaba Gazel. Ambos al parecer se habían conocido en otro bar, un bar que Juan Pedro llevaba en un barrio de Lyon y por el que de vez en cuando pasaba Gazel, que vivía en el barrio y era trabajadora de la Renault. Se gustaron, se enamoraron y Juan Pedro se separó de su mujer y se fue con Gazel. Como a los dos les conocía todo el barrio se compraron una casita muy a las afueras y la acondicionaron para montar un bar. El Bar Las Patatas. 

Íbamos mucho cuando cubríamos la ruta hacia Grenoble. Al parecer, el tal Juan Pedro era familia lejana de Gaston. Su madre parece que era del mismo pueblo que Juan Pedro. Gaston nos llevó allí y aunque se murió pronto, conservamos la costumbre de ir al Bar Las Patatas. El Bar era un bar de carretera normal y corriente, pero que siempre tenía ambiente. Juan Pedro lo había decorado con algunas fotos de España, de su tierra, era aragonés y había fotos del río Ebro, de las montañas del Pirineo, alguna foto de gente vestida de baturro y una foto de Marcelino, el delantero del Zaragoza. Siempre había música puesta, pero de la música se encargaba Gazel. Ahí sonaba música moderna, que grababa en cintas de programas de radio, y también de alguna emisora de música rock. Gazel subía el volumen cada vez que sonaba alguna canción de los Ramones o algo de punk americano. 

Íbamos mucho incluso después de que muriera Gastón. E incluso después de que muriera la propia Gazel. Se puso enferma y dejó de estar por la barra, aunque la música sonaba igual. Se murió y todos los clientes habituales del Bar Las Patatas hicimos lo imposible para ir al entierro. Juan Pedro lloró mucho y todos lo sentimos infinito. 

Íbamos mucho y un día nos encontramos con un chico que se llamaba Gerard. Resulta que era hijo de Juan Pedro, de su primera esposa. Gerard se parecía a Juan Pedro. Mucho. Nunca nos había dicho que tenía un hijo. Gerard estaba estudiando a distancia y le había propuesto a su padre trabajar en el bar para pagarse la carrera. Gerard era buena gente. Pero no le gustaba la música. La cocina no varió, el servicio era magnífico, pero apagó la música. A Gerard le gustaba escuchar las noticias 24 horas. Decía que estudiaba Ciencias Políticas. 

Íbamos mucho y una vez que paramos, al bajar del coche, se me ocurrió llevar una cinta de música para dejársela a Gerard. Era una cinta de Françoise Hardy, de éxitos de los sesenta, que ponía mucho en la furgoneta. Gerard le enseñó la cinta a su padre sin decir nada. Juan Pedro dijo 'mira, se parece a tu madre'. 

miércoles, 18 de noviembre de 2020

El Cinc cierra, Santa Coloma pierde

Un espacio en el que comer escuchando la música que podrías estar escuchando en casa. Un espacio en el que tocar con tu banda cuando no puedes tocar en ningún sitio porque no te atreverías en la vida a pedir que te dejen tocar porque piensas, 'pero donde vamos nosotros' y al final acabas sintiéndote como en casa y con la libertad de hacer lo que te de la gana. Un espacio para comer y para estar entre amigos y amigas. Eso era el Cinc, el restaurant del callejón de la plaza de la Vila de Santa Coloma que ayer anunció que dejará de funcionar en este lugar, después de varios meses en la cuerda floja por el motivo que todos conocemos: el Covid y sus devastadores efectos en la economía local, en el sector de la restauración y la hostelería y, que, no lo olvidemos, también tiene en la cuerda ya no floja sino flojísima a tantísima gente que vive pendiente de un ERTO, de cobrar ayudas o subsidios de desempleo y que, ante el marasmo de la situación en la administración pública, se encuentra angustiosamente mal. 

Está cayendo una gorda. Y está cayendo una gorda en Santa Coloma. Hace unos días nos encontramos con la noticia de que el Restaurant Ca n'Armengol, uno de los más veteranos y con más solera de la ciudad, cerraba sus puertas. La conmoción, quizás por ser uno de esos restaurantes de referencia de la ciudad, fue gorda. Un espacio, éste, que yo asocio siempre a mis padres y la relación que mantenían con el Grup d'Art Els Coloristes y este restaurante donde llevaban a cabo las cenas de final de curso, etc. Solo dos días después, es el restaurant Cinc el que anuncia que se despide. David, su responsable, ya no aguanta más la situación. Una propuesta hecha desde las ganas de sacar adelante un negocio y de mostrar que con la experiencia conseguida se puede ser profeta en tu tierra. Y si nunca fue fácil, las circunstancias han acabado empujando al cierre al Cinc. 

Aquí, en el Cinc, con eltoni, elpako & elchristian, hemos perdido la vergüenza. Un local en el que hemos tocado, nos hemos salido, hemos dado la vuelta, hemos gritado, hemos hecho todo lo que hubiéramos querido hacer en otros lugares y nunca nos atrevimos a preguntar. Si este texto tiene algún sentido es el de volver a darle las gracias a David y a Rosa por la confianza que demostraron al confiar en nosotros. Pero también para agradecerles haber querido ser algo más que un restaurante, haber dedicado los domingos al mediodía para que su restaurante se convirtiera en escenario para muchos grupos, nacionales e internacionales, que, visitaban Santa Coloma y se iban siempre con buen sabor de boca. Hasta que se pudo, la cita de los domingos en el Cinc, era religión. 

Esto nos está pasando por encima. Las noticias de gente que se está encontrando con problemas en la ciudad, debido a la política de restricciones pero también por la falta de músculo de una administración que no puede cubrir las necesidades de los diferentes sectores afectados, nos está dando en Santa Coloma muy fuerte. Seguro que además del Armengol, que conoce todo el mundo, o el Cinc, que me toca más de cerca, hay un montón de negocios que se están viendo con la soga al cuello. 

También un huevo de colomenses que, si ya iba la cosa mierdosamente mal antes de la pandemia, ven ahora como hacen falta algo más que buenas palabras, mohines de disgusto, lo sientos y ánimos. No hace mucho, algunos meses nada más, muchos colomenses tenían que hacer colas para coger comida. Aquello pasó y no podemos olvidar que esta es una ciudad que pende de un hilo. 

Nada más. Un texto que no refleja la preocupación por lo que pasa en la ciudad, pese a que somos un filón de gente con talento, y que no acabamos de espabilar. Un abrazo otra vez para David y Rosa. Y adelante. 




Estamos vivos

 

Estamos vivos

El pueblo se despereza, ha llegado la mañana, decía la canción de Lole y Manuel. Un viejecito sube la cuesta de la Calle Nàpols empujando su andador con ruedecitas mientras su anciana compañera lo sigue unos pasos más atrás. Otra señora mayor cruza la calle un poco más adelante, apoyada en un bastón y acompañada por la chica que la cuida, que la sujeta del brazo. En esa misma esquina, tres hombres discuten en la acera de enfrente del bar sobre algo que parece importante y que no sé lo que es. Debe ser muy importante. Debe ser la vida misma.

Un domingo por la mañana en el Parc de Can Zam, lleno de gente que aprovecha uno de nuestros pocos espacios abiertos para pasear, dejar a los niños y niñas a su aire, encontrarse con los conocidos, descansar después de recorrer la ruta del colesterol que nos une con Montcada i Reixach y que a su vez se llena de gente que va y viene y por el camino se entretiene. Alguien está aprendiendo a conducir en la parte yerma de Can Zam, donde se celebran los festivales de rock y que bien pudiera ser aprovechada por el pueblo si estuviera en otras condiciones. En la cola de la churrería de la Jacint Verdaguer la gente comenta que nos va a costar salir de esta. O quizás sea en la cola de la pastelería de la Sant Carles. O quizás en la cola de Correos.

Un niño juega al escondite en la Plaza Sagrada Familia, se llama Yasin y dice que tiene un hermano pequeñito que se llama Sobhi, creo, que significa amanecer. Por hablar le han pillado. En Santa Coloma tenemos una calle que se llama Flor i Cel, que no hace falta describir porque no hay nada más bonito que el nombre de esa calle. El reloj de la Plaça del Rellotge ha vuelto a funcionar después de bastante tiempo, durante el que se convirtió en el reloj que no funcionaba de la Plaça del Rellotge. Que un reloj funcione significa que está vivo. Alguien ha escrito que ciudades como Santa Coloma forman parte del Cinturón del Óxido catalán. Qué error calificarnos así. Con lo vivos que estamos.

Artículo publicado en la contra de El Periódico el 17 de noviembre 2020

lunes, 16 de noviembre de 2020

Crónica del #plegramenet de noviembre. Especial Presupuestos!


 Ustedes están buscando que yo les hable de dinero, de lo que se va a gastar el Equipo de Gobierno en esto y en lo otro y están flipando. Así de claro te lo digo, tete. Estás flipando que yo ahora me ponga a decirte lo que se va a gastar el Equipo de Gobierno en esto y lo otro y lo que es más flipante todavía es que esperes que te diga qué es lo que hacen mal o qué hacen bien y ya estás de medicarte si piensas que te voy a decir lo que opina tal grupo municipal o el otro de lo que hace el Equipo de Gobierno y estás como unas maraquitas si tienes la más leve intención de que yo me ponga a explicar aquí lo que piensa cada grupo de lo que piensa cada grupo. Porque esto es lo que se debería hacer y yo no lo voy a hacer porque yo solo lo hago por dinero, lo entiendes o no lo entiendes. Exactamente, es feo hablar de dinero y de los sueldos de la gente y de lo que ganan y de lo que dejan de ganar, que no te enteras de nada que eres un julay que no sabe ni por dónde le llega el riego y me vienes aquí a decir que si el pleno de los presupuestos, que si la partida tal o la partida cual y que te pires, sí, tú, qué, qué te pasa, te pasa algo, no te pasa algo ni te pasa nada porque no te pasa nada, qué pasa. No pasa nada. Nos vamos a calmar, que no hemos empezado y ya nos estamos poniendo nerviosos. Que no hay que ponerse nerviosos. Que todo está bien. Si somos amigos. Mira, ves cómo somos amigos. Si somos amigos. Si nos conocemos, si hemos venido juntos, si no pasa nada. Si ahora lo recogemos todo. Si es mi colega. Que no. Que no pasa nada. Vete tranquilo. 

A lo mejor, por casualidad, ustedes piensan que yo voy a hacer ahora aquí un ejercicio de pormenorización de cuentas, de lo que se gasta el Equipo de Gobierno. Y de verdad que es que están flipando. Porque paso. Porque paso mil de hacer un análisis para que luego, digo, luego, inmediatamente, me venga otro a decir lo que he dicho yo mismo con otras palabras y otras maneras y luego, ya en el colmo de los colmos, me venga un tercero o tercera a decir que efectivamente y veo las tuyas y subo dos. Y es que no merece la pena. Perdemos tiempo y dinero. Y es feísimo hablar de dinero. Yo nunca hablo de dinero. No sabría decir... no lo sabría decir. Y así pasa la vida. Y ya hace tiempo que vengo dándole vueltas a la cabeza a un asunto que no se me va de la cabeza y repito cabeza dos veces en la misma frase y qué pasa, qué pasa que no puedo repetir lo que me de a mí la gana en mi puto texto o qué pasa. Es que de verdad, estamos llegando a un punto de intransigencia con las cosas que me cago ya en la ostia puta. No, en serio. Que no quiero llegar a ningún punto ni a ningún sitio pero es que oye, llega un momento en el que uno ha de decir que qué pasa. Soy una persona. Sí. Soy una persona. Qué pasa. Y digo cosas y me equivoco y acierto muy pocas veces, pero qué pasa ya con esto y con lo otro y con que tal y con que cual. Y no me quiero poner ahora a enumerar las veces que pensando en números, en partidas presupuestarias y todas esas cosas he pensado en ti. He pensado en ti y en esa mañana del mes de abril en la que con el fresquito de la mañana nos fuimos con nuestros caballos a dar una vuelta por el rancho de papá y nos paramos en aquel riachuelo y nos dimos cuenta de que habíamos llegado a Santa Coloma de Gramenet y cogimos el metro en Baró de Víver con los caballos dentro y todo. Cómo me voy a olvidar.

La conclusión de todo esto, un pleno de dos horas de duración que ha condensado todo lo bueno y mejor de la situación política colomense es que el Armengol ha cerrado, nadie tiene la culpa, otros establecimientos lo han pasado mal, el Pujadas no es el Armengol, no queremos ir de guays pero a lo mejor lo del presupuesto es mejorable pero que si nos vamos a enfadar por decirlo pues no lo decimos y así estamos todos tranquilos pero la próxima vez no nos llaméis para hacer el canelo aquí pudiéndolo hacer en la intimidad de nuestros hogares. 

Que todo bien, que el dinero se lo van a gastar en cosas que merecen la pena, y que no quiero más broncas. 

domingo, 15 de noviembre de 2020

Gainsbourg


Yo fui al colegio con ella. ¿Cómo? Que sí, que yo fui al colegio con ella. Fue a mi clase de hecho, durante un par de años. ¿Qué me estás contando? Le estaba contando yo que a mí Charlotte Gainsbourg me gustaba, pero que me gustaba de verdad, gustarme bien, y resulta que ella había sido compañera de clase de mi musa. Juliette era la esposa de un conocido de la oficina, Walter. Él trabajaba en un departamento que no estaba en contacto con el mío, pero coincidíamos todos los días al salir de trabajar y compartíamos el viaje en autobús. Quedamos para cenar un día con nuestras respectivas parejas y les invitamos a casa. Puse algo de música y naturalmente salió en la lista Charlotte Gainsbourg. De hecho sale bastante. A Emilienne no le gusta demasiado, dice que es muy sosa, que solo tiene el nombre de Gainsbourg y que si no fuera hija de quién es, pasaría completamente desapercibida. Me gusta discutir con Emilienne y este es uno de mis temas favoritos. Cuando sonó una de las canciones de Charlotte, la que tiene con Beck, dije en voz alta y clara que me parecía una pena que no se dedicase más a la canción. Entonces Juliette me dijo que Charlotte Gainsbourg había sido su compañera de clase.

Supongo que me puse pesado con el tema. La conversación de aquella cena versó únicamente sobre la Gainsbourg. Le confesé que el padre, Serge, no me gustaba y que reconocía que la madre, Jane Birkin, tampoco me parecía gran cosa. Juliette me dijo que alguna vez había visto al padre, a Serge Gainsbourg con la hija, muy pocas, pero que se notaba que Serge estaba un poco fuera de juego, que algo no rulaba bien en su cabeza. Pregunté tantas cosas que hasta yo me di cuenta de que estaba resultando pesado. 

A la semana siguiente fuimos nosotros a cenar a casa de Walter y Juliette. Emilienne me advirtió que no repitiese el numerito de la Gainsbourg. Y mismo hice propósito de no volver a sacar el tema más de lo necesario. Hablamos de política, de libros, de cine, de un programa de televisión que no nos gustaba para nada, de los compañeros y compañeras de trabajo. Les hablé de Janice, una subdirectora del departamento de Cachivaches y Cacharretes, que se parecía a Ch... y la volví a cagar.  

jueves, 12 de noviembre de 2020

Neil Young siempre


Neil Young cumple 75 años y toca hablar de Neil Young. Neil Young y los dos neilyoungs. El Neil Young acústico, el Neil Young electroacústico de las canciones que se te pegan aquí y que son como un pequeño espacio para la reconciliación de uno mismo que, en caso de saber uno mismo quién es, emociona. Las canciones calmadas, las canciones tiernas, las canciones que necesitan espacio, canciones que necesitan estar a solas, que necesitan estar a oscuras. El disco After The Goldrush. Empecemos con los recuerdos. El disco After The Goldrush lo tenía Bernabé, no sé si Paco o Berna chico. Me lo llevé a Santa Coloma. Cuando lo escuché busqué lo que a mí me gustaba, que era el guitarreo raca raca y había guitarreo raca raca, Southern Man y When you Dance. Pero eran las menos. Solo dos. El resto eran canciones con piano y guitarra acústica. Incluso una con los Crosby... Y era un disco que te dejaba listo de papeles. Only love can break your heart. En bucle. Cuando escuchas esa canción con yo que sé, 16 años o así tendría yo, no creo que más. No lo sé. El caso es que no sabes lo que significa esa canción hasta que te pasa. Y luego lo entiendes todo. Muchas canciones diciendo muchas cosas que entenderás más tarde. Como el disco Harvest. Y la canción archifamosa Heart of Gold y todas las canciones de ese disco menos las que son como orquestrales que no las he aguantado nunca. Esas canciones como Harvest Mon de otro disco que no recuerdo o las que eran acústicas en el disco Rust Never Sleeps que era la mitad acústico y la mitad eléctrico. El Neil Young acústico con su armónica, tan auténtico.

Pero lo que de verdad me gusta de Neil Young es el desgarro eléctrico. Hay un vídeo de George Harrison diciendo que no le gusta ni cómo canta ni cómo toca la guitarra. Solo comentaré una canción o dos. Cinnamon Girl. Cinnamon Girl es la canción que condensa todo lo que a uno le tiene que gustar del rock. Una canción con un riff machacón, un punteo que no es un punteo sino que es un puñal y una letra que dice todo lo que una canción de rock tiene que decir y que parece una canción de tantas cosas que la puede versionear el Entwistle de los Who y parecer a la vez una canción de los Teenage Fanclub o de cualquier grupo indie o noise de la vida mundial. Es la canción que te descargabas las primeras veces que tenías oportunidad de descargarte música y pensabas que esa canción, por fín, estaba en tu vida y que ya no se te podría escapar. Chasing the moonlight, my cinnamon girl. Chica. Necesito otra oportunidad. Con esas palmas para enfatizar y ese punteo loco al final sin sentido. Es la canción con la que uno piensa, si Neil Young es el autor de esta canción yo voy a ser de Neil Young toda la vida. Y lo eres. Y un día, en el Virgin Megastore, que lo iban a cerrar y todo estaba como más barato, te compras el Rust Never Sleeps y ahí está la segunda canción. La segunda canción es la primera de la parte eléctrica y es Hey Hey My My (into the black). Y solo el riff con el que empieza ya te gana para siempre. Y era yo pequeño y no era tan pequeño, que era chaval y dieron en el sputnik un concierto de la gira Weld. La que hizo con Sonic Youth de telonero de tal manera que cuando sacó el disco incluyó otro solo de distorsiones para demostrarle a Sonic Youth quién era Neil Young. En ese vídeo interpretaba esta canción y era una auténtica locura. Tú eras de Neil Young absolutamente para siempre y desde entonces creo que bailo y me muevo cuando canto y cuando estoy en cualquier sitio y una canción me gusta tal y como se mueve Neil Young en ese vídeo. Dando como patadas al suelo, machacando. Y de todas las imágenes que me han impresionado del mundo de la música y de la vida en general, pocas como la de la señora de la grada en ese vídeo, una señora que debe tener la edad que tengo yo ahora, siguiendo el riff machacando la mano con el puño, así, pam pam pam. Esa sensación de machacar. De joder a la mierda todo. El rockanroll no va a morir nunca. Porque no hay nada como una descarga eléctrica de Neil Young con la Gibson a raca raca. En las largas en las cortas. En esas tres canciones seguidas del Zuma. Stupid girl, Barstool blues y Drive back. El Zuma también  me lo llevé de casa de Berna. Don't cry no tears about me. Otra canción que te vuela la cabeza y que la entiendes, esa sí, ya entonces y ahora. 

Y solo he visto a Neil Young una vez. En el Primavera Sound. El mítico día que vimos a Neil Young con el Oscar. Y al salir me compré la camiseta rosa de Neil Young que todavía me he llegado a poner después de 12 años como poco. No lo sé. Camiseta rosa de Neil Young. 

Y me leí el libro que escribió sobre su vida y sus trenes y sus aparatos para escuchar música. Y la historia de sus hijos. Y su cabecita que la tiene él también. 

Para siempre de Neil Young, en cualquier circunstancia y lugar. 75 años el perla.  

miércoles, 11 de noviembre de 2020

Moreau


Nos pasábamos la vida hablando de Jules et Jim. Aquella película era todo lo que queríamos. Queríamos esa libertad. Salíamos de las clases y nos íbamos a los bares alrededor de la Universidad para discutir sobre la película. Los fines de semana recreábamos las escenas que más nos gustaban. Nos poníamos a bailar, nos poníamos a saltar, a correr, discutíamos, nos mirábamos. Todo tal y como aparecía en la película. Éramos tres, Charles, Roger i Ferdinand 'Fer'. Nos íbamos turnando en el papel de la Moreau. Estábamos enamorados de Jeanne Moreau. De hecho, creo que hacíamos todo aquello por Jeanne Moreau. 

Cuando conocimos a Clotilde, nos dejó en estado de shock. Era igual que Brigitte Bardot pero era una absoluta fan de Jules et Jim. Nos gustó inmediatamente y la dejamos participar en nuestro grupo de fans de Jules et Jim. Ella invariablemente interpretaba el papel de Jeanne Moreau, claro. Cuando reinterpretábamos aquellas partes de la película, uno de nosotros siempre se quedaba fuera. No nos importaba, porque nos compramos una pequeña cámara y filmábamos lo que interpretábamos. Guardamos decenas de cintas de película. 

Conocimos a Clotilde en una de nuestras clases. Ella era estudiante de intercambio, era belga, de Charleroi. Se había matriculado en Bruselas pero había venido a París a acabar la carrera dentro de un programa de intercambio de alumnos. Sabía muchísimo de cine. Nosotros nos habíamos estancado en el cine de Truffaut y la Nouvelle Vague y ella estaba mucho más adelantada. Le gustaba la comedia, le gustaba cierto cine americano, le gustaba el western. 

Un día me confesó que le gustaba. Que me había visto en las clases y que le había gustado. Le parecía gracioso. Me confesó que no soportaba a Fer y que Roger le parecía soso. Pero que yo la hacía reír mucho. Un día quedamos para tomar algo. No le dijimos nada a Fer ni a Roger. Estuvimos tomando vinos por el barrio y fuimos a dar un paseo por un parque. Y les descubrimos. Fer y Roger estaban interpretando escenas de Secretos de un matrimonio de Bergman. 

martes, 10 de noviembre de 2020

Citröen

No recuerdo quién tuvo un Citröen, pero a tu tío Narcisse le gustaban mucho. Nunca tuvo coche, pero era un apasionado de la marca. Se conocía toda la historia y todos los modelos. Cuando le íbamos a visitar, tenía miniaturas de todos los modelos de la Citröen, y nos contaba muchas cosas sobre las peculiaridades de cada modelo. Naturalmente, a nosotros nos gustaba sobre todo el Tiburón, porque lo veíamos en muchas películas y nos llamaba la atención el diseño peculiar que tenía. A mí me daba un poco de miedo el tío Narcisse. Vivía solo, tenía ya pasados los cuarenta años, y, tras la muerte de los abuelos, se había quedado con la casa o, mejor dicho, le habían dejado la casa porque no sabían qué hacer con él. Preferían tenerlo controlado. 

Cuando íbamos a verlo, mamá le daba una vuelta a la casa y papá intentaba hablar con él de alguna cosa para que se distrajera. Al principio, al tío Narcisse le daban ataques como de ira. Si papá le comentaba algún tema de su trabajo o de la vida en general, de la política, de lo que fuera, el tío reaccionaba mal. Con el paso de los años se fue calmando. Tanto que pasaba de todo. papá intentaba como digo hablar con él, incluso le provocaba conscientemente, y él ya no reaccionaba. Le daba todo igual. El tío Narcisse solo mostraba algo de interés con los coches y con los Citröen. 

Un día le pregunté por los Citröen. ¿Porqué se llamaban así los coches? ¿Había habido un señor Citröen? En la escuela nos habían hablado de Henry Ford y en seguida me acordé de tu tío. Cuando fuimos a visitarle le hice aquellas preguntas y me contó toda la historia del señor André Citröen, de cómo era un apasionado lector de Julio Verne, de su viaje a Polonia, de los engranajes con las espigas en V, de cómo creó la marca, de los primeros modelos, de la Guerra, de la ruina, de cómo murió enfermo. 

Nos fuimos a casa y papá me dijo que era la última vez que íbamos a visitar al tío Narcisse, que se lo iban a llevar a una casa de reposo y que estaban intentando vender la casa familiar en la que vivía. El tío Narcisse, nos dijo, está contento porque así podrá estar con más gente. No llegó a ingresar en aquella casa de reposo. El día que vino la ambulancia para llevárselo se había pegado un tiro. Había dejado una nota en la que había escrito 'Señores enfermeros, me he informado de que sus ambulancias no forman parte de la gama de vehículos de la marca Citröen y me niego a que mi persona tenga que ser trasladada en otra máquina que no sea la que creó el buen señor André Citroën...'.

Todos entendimos que no había sido por la ambulancia. 

lunes, 9 de noviembre de 2020

Rocheteau


'Y entonces sale el portero de Alemania con las piernas por delante, el hijo de puta de Schumacher, y le mete una patada en toda la cabeza al pobre Rocheteau que lo deja lelo. Al cabrón del alemán ni siquiera le expulsaron y a Rocheteau que era un delantero apañadete pero que tampoco era ninguna figura y que le confundía mucho jugando con Platini porque tenía el pelo así rizadete también'. Me gusta contarle a mi hijo historias del fútbol, de cuando el fútbol era fútbol de verdad y se podían ver entradas escalofriantes y el fútbol era como más auténtico que ahora, donde todo está filtrado, esterilizado, limpio. 

Cuando le explico estas historias a mi hijo me mira embelasado. Le gusta entrar en mi mundo. Noto que ejerzo sobre él un tipo de influjo especial. Mi compañera, su madre, quizás tiene con él una relación más afectiva, pero conmigo creo que es una especie de cosa intelectual. Me parece que, aunque todavía es muy pequeño y no puede jugar al fútbol, va a hacer algo con el fútbol, porque le brillan los ojos cada vez que le cuento historias como esta. Y se queda conmigo a ver los partidos en la tele y me mira absorto cuando le voy explicando que tal jugador me recuerda a Soren Lerby o que no se ha visto un central en el mundo como Goikoetxea. Para que vea que soy una persona plural y tolerante, también le hablo de Maradona o de lo mítica que es la selección del Uruguay o que la Unión Soviética era especialista en decepcionarte. 

Mi hijo se llama Txomin, precisamente en honor a Rocheteau. Cuando yo era pequeño mi padre también se pasaba conmigo las horas, hablando, charlando, comentándome las cosas que le pasaban, y también le encantaba el fútbol. Además de las anécdotas que tenía por haber jugado al fútbol él mismo, aunque de manera amateur, también se sabía muchas historias. Era un placer escucharle contar sus partidos de fútbol contra los de otros departamento del trabajo. Te reías mucho. Y sabía además mucho de fútbol. Le encantaba. Tanto le gustaba que me puso Patricio de nombre, que mi madre casi se divorcia de él porque se empeño en ponerme el nombre del jugador al que el portero de Alemania casi le revienta la cabeza en el Mundial 82.

Espera un momento.

viernes, 6 de noviembre de 2020

Lautréamont


Volvíamos de jugar a fútbol, como todos los jueves, Pascal y yo. Desde el campo de fútbol hasta nuestras casas, que estaban muy próximas, había una media hora caminando y, después de tomar una cerveza con los compañeros del equipo, siempre volvíamos caminando, hablando del partido o de otras cosas. A Pascal le gustaba introducir algún tema de conversación elevado. Le gustaba parecer especial respecto al resto de compañeros del equipo y, cuando ya nos quedábamos solos, comentaba alguna cosa sobre política o me preguntaba qué estaba leyendo. Eso pasó aquella noche. Le contesté que no estaba leyendo nada, que con la niña chica estábamos como locos y ya era un milagro que pudiera venir a jugar los jueves. Él, que no estaba interesado en absoluto en mi vida, rápidamente me contestó que estaba leyendo a Lautréamont.

Lautréamont, le contesté yo. Es un poeta ¿no? Sí, es un poeta, me afirmó Pascal e inmediatamente me comenzó a contar cómo le estaban impresionando Los cantos de Maldoror, estaba fascinado por la oscuridad, por lo tenebroso, que le estaba abriendo los ojos a la existencia horrible que llevamos los humanos. Cuando se ponía así, Pascal era muy divertido. Los hombres, decía, están llenos de mediocridad por culpa de un Dios que nos hace peores. Si somos a imagen y semejanza de Dios, Dios es patético y debemos buscarlo y matarlo. No merecemos ser habitantes de la tierra. ¿Tú has visto como está el mundo? ¿Tú has visto la miseria y el hambre y no somos capaces más que de seguir con la rapiña, la codicia, en nombre de un Dios o de varios dioses y del más pérfido de todos los dioses, el dinero? Por un momento pensé que había comenzado a llorar.

Estábamos a punto de llegar a casa y Pascal seguía hablándome del libro y de lo que se estaba despertando en él. Así que le pedí que cuando se lo acabara, que me lo dejara. Me dijo que se lo estaba leyendo en Kindle y que si eso me lo enviaría para que me lo descargara. Le dije que yo tenía otra aplicación, que ya lo buscaría. 

jueves, 5 de noviembre de 2020

Girard


Entré en el bar y no esperaba encontrármelo. Yo le reconocí desde el primer momento. Él a mí no. Fui a la barra y pedí una cerveza. La barra estaba pegajosa y detrás de las botellas de licor había un retrato del general Girard. Debajo del retrato había un texto en el que se contaba la historia de este general, que murió como consecuencia de las heridas recibidas en la batalla de Ligny, la batalla hermana de la de Waterloo, en 1815, cuando Napoleón fue derrotado. El general Girard fue condecorado como barón del Imperio. En otro texto, se decía que la familia propietaria del bar descendía del famoso general Girard y que, aunque el apellido se había perdido, el bar seguía llamándose Girard. 

Estaba leyendo todo esto cuando noté que se colocaba a mi lado. Me dijo, yo te conozco, tú eres Gerard, tío, hace mil años, qué haces por aquí, te habías marchado a América. Me giré y me hice el sorprendido, pero luego le sonreí, claro que te conozco, Martin, dame un abrazo. Le pedí al camarero un par de cervezas más, le pregunté por su vida, cómo le había ido, si se había casado, hijos, etc. Me lo contó todo, que no era mucho y además ya me lo sabía todo. No se había casado, seguía enamorado de mi hermana, se había quedado en paro, el puto Gobierno se había llevado la empresa a China, ya no se podía vivir en el pueblo, estaba cobrando una pensión por nosequé. Pedí dos cervezas más. 

Le pregunté si tenía algún plan para el día siguiente. Me dijo que no. Le dije que si me quería acompañar a visitar la granja de Michelle que quería llevarme unos corderos preparados para llevármelos de vuelta a mi casa. Me miró un poco desconfiado y se disculpó, no me podía acompañar porque... le dije que no pasaba nada. Ya sabía que no vendría. Pedí dos cervezas. 

Nos quedamos sin conversación. 

Le pregunté al camarero si conocía a Pascal, Ricochet, que había trabajado en el bar hacía algunos años. Me dijo que no. Le pregunté si conocía entonces a Rosalinne, que también había trabajado en el bar durante mucho tiempo, cuando Martin y yo éramos jóvenes. Íbamos cada día a ese bar, el bar Girard, y le preguntábamos a Rosalinne si se acordaba del general Girard y Rosalinne nos decía que sí, que le recordaba como si fuera ahora, en una esquina, ahí en esa mesa, bebiendo una copita de aguardiente y hablando de la guerra. El camarero me miró de la manera que se mira a la gente cuando se sabe que saben. Me preguntó quién era yo. Yo le dije que era Gerard. Y me preguntó si también era familia del general. 

Le contesté que sí y él me dijo que entonces éramos primos. Como los números, le contesté yo. Y Martin se rio. 

miércoles, 4 de noviembre de 2020

The Good Fight - Michelle King y Robert King


¿Qué sabemos de los Estados Unidos? Creo que me repito una vez más si digo que lo que sabemos de los Estados Unidos es poco, pese a que todo lo que consumimos y todo lo que somos ya como sociedad es frut del influjo de la cultura norteamericana. Pese a eso, no sabemos demasiado de los Estados Unidos. No sabemos nada de los americanos y nos preocupan los americanos, como decía David Bowie. Sabemos mucho de los americanos, pero lo que sabemos es algo sesgado. Por eso nos preocupa que los americanos no sean luego como los vemos en las películas y en las series. Nos enfada que luego voten a Bush, a Trump, a Reagan. Nos enfada luego que Clinton, que Obama, que Biden, no sean tan progresistas como nos imaginamos que deben ser. 

The Good Fight es la secuela de otra serie que no he visto, The Good Wife. Una serie de abogados, una serie de abogadas, en la que durante cuatro temporadas, si no recuerdo mal, ubicada en Chicago, durante los años de gobierno de Trump, en la que nos cuentan cómo el sistema va virando hacia algo asfixiante gracias a las argucias que utiliza la administración de Trump. Una serie muy didáctica que nos explica cómo el sistema legal norteamericano se ve atacada y modificada por poderes oscuros, republicanos casi siempre, que lo amenazan. 

Si vemos The Good Fight, o si vemos La Voz más Alta, por ejemplo, nos damos cuenta de que es impensable que cualquier persona de bien, cualquier persona con dos dedos de frente, pueda votar a los republicanos. Los demócratas, especialmente las bases de los demócratas, se corresponderían con la izquierda progresista europea. Luego nos llevamos las sorpresas que nos llevamos y las intentamos capear de la manera que podemos. 

Las elecciones de este martes nos han dado una nueva muestra de lo poco que conocemos o nos gusta conocer a los americanos. Trump apesta. Todo el mundo lo sabe. Y sin embargo, ha aumentado el número de votos que obtuvo en las elecciones pasadas y para ganar Biden va a tener que superar el rsultado que obtuvo Obama en 2008. Cómo puede ser. Si todo el mundo ve que Trump es un racista, clasista, maleducado, machista, faltón, abusón, cómo puede ser que la gente le siga votando.

En la serie The Good Fight, buenísima, nos enseñan cómo puede ser todo eso y más, porque legalmente puede serlo. Y cómo la última palabra siempre corresponderá a la gente que tiene la responsabilidad de elegir su futuro. Esto último me lo acabo de inventar. 

Hay un episodio en el que a la protagonista se le va la pinza y se despierta en un mundo en el que ha ganado Hillary Clinton. No cabe en sí de gozo. Hasta que poco a poco se va dando cuenta de que el hecho de que haya ganado Hillary no significa absolutamente nada y que, al contrario, su enojo es mayor. 

Ahora, como pasa siempre, nos tocará enojarnos con Biden. Esperemos que nos toque cabrearnos con Biden y preguntarnos qué les pasa a los americanos. 

martes, 3 de noviembre de 2020

Trump apesta


Yo ahora, desde una posición íntegra y de izquierdas tan inmaculada como una camiseta del Ché Guevara, podría decir que realmente, que gane Joe Biden no es desde luego ninguna garantía de nada y que, llegado el caso, ambos candidatos, el republicano y el demócrata representan las dos caras de la misma moneda, aunque no sé si serían las dos caras de la misma moneda porque representaría que, bueno, que vas a llegar al mismo sitio votando a uno u a otro y que realmente, lo de las elecciones norteamericanas no son más que un negocio, un espectáculo y el mayor engañabobos que existe ya que, a ver, únicamente se presentan los ricos, los dos partidos que se presentan defienden el capitalismo como único modelo a seguir y a fin de cuentas, demócratas y republicanos llevan gobernando ese país desde siempre y ese país es así y el mundo que dirigen como un imperio es el que es porque ambos partidos han gobernado como han gobernado y los demócratas tienen bajo sus espaldas o como se diga la responsabilidad de haber sido ellos, y no los republicanos, un montón de guerras que luego se han ido arrastrando a lo largo de los años, porque todo el mundo sabe que lo de Vietnam ya lo empezó Kennedy y no lo pararon hasta que llegó Nixon que era republicano y negoció la paz, porque tenemos muy mitificados a los demócratas y tendemos a asimilar que los demócratas son un poco como los socialistas aquí y si aquí ya se te hace difícil identificar a los socialistas como socialistas o como gente de izquierda, pues imagínate allí que cualquier brizna de socialismo o socialdemocracia es que ni la entienden ni les interesa, porque todo el mundo sabe que allí todo funciona por el dinero y que si tienes dinero puedes ir a un hospital y si no lo tienes te mueres en la calle y eso ha pasado con demócratas y con republicanos, por lo que siendo coherentes, no deberíamos estar tan a favor de que Joe Biden fuera el ganador, además, ya hablando de todo Joe Biden no es el candidato demócrata que de verdad hubiera podido cambiar el país, me gusta mucho más Bernie Sanders, que claramente tenía que haber sido el candidato pero se lo quitaron de en medio porque es socialista o eso dice él, que luego habría que haber visto qué hubiera hecho de haber ganado porque una cosa es lo que se dice y otra cosa luego es lo que se hace y si no tienes el poder financiero de tu lado y mucho más en un país como los Estados Unidos, qué quieres hacer, y también podría haber sido candidata, que a lo mejor lo es algún día pero que ya te digo ahora que le harían lo mismo que al Sanders, la Ocasio, que es muy cañera pero que no te engañes tampoco porque pertenece al partido demócrata que ya te digo que no es ninguna arcadia feliz, que en las películas y las series se empeñan en pintar como malo siempre al republicano sea de la época que sea, pero que los demócratas tampoco tienen mucho de lo que fardar, lo que pasa es que aquí nos tragamos muy fácil el anzuelo y los americanos son especialistas precisasmente en eso, en vender las cosas muy bie, ya verás lo que tardamos en arrepentirnos de ser tan cándidos con el Biden, que ya fue vicepresidente con Obama, que fue un fracaso y que la gente acabó hasta el gorro de él, fíjate lo que pasó con la clase obrera que votó a Trump...

Pero es que el otro es Trump. Y Trump apesta. 

lunes, 2 de noviembre de 2020

Todo irá bien


 '¿Dónde están ahora los del todo irá bien?' Finalmente la hora de los mamporros ha llegado y los que se pasaron el confinamiento recelando del optimismo del Resistiré y del 'de esta salimos mejores', han visto como sus augurios se cumplen. Finalmente, llegan los disturbios callejeros, la frustración de un segmento de la población llega al límite, el hartazgo por medidas arbitrarias que ahora dicen esto, ahora lo otro, ahora cierran esto pero mira aquellos trabajando y nosotros aquí y ese sí y lo que me diga aquel a mí qué me cuentas. Finalmente llega el comentario del momento: apocalíptico. Finalmente lo que tantos estaban esperando se va a cumplir. Las calles arden, nos lo merecemos. 

Estaba claro que el mensaje optimista cándido y naif no era realista. Está claro que la situación es peliaguda para un montón de gente que está viendo cómo su vida se está quedando en stand by y que la maquinaria administrativa del Estado no está siendo lo suficientemente eficiente para poder dar respuesta a todo lo que ocurre. Que la maquinaria no sea más que una cosa sujeta con palillos y goma de pollo y que se ha visto superada por una situación como esta no se soluciona queriendo quemar lo que quede del Estado, sino aumentando el Estado, sus integrantes, su fortaleza, sus recursos y su presencia en nuestra vida atendiendo las necesidades de la gente. Que los servicios sociales, los gestores de los subsidios de desempleo, de los ERTOS, de las rentas mínimas, funcionen y sean eficientes, ha de ser una prioridad y para ello hay que cambiar el paradigma con el que nos hemos movido en este país desde tiempo inmemorial. Los funcionarios son una lacra. Hoy vemos que los funcionarios, los servidores públicos, los trabajadores públicos, dan la medida de un país. 

Los trabajadores públicos no son los políticos. Los políticos hacen política y se supone que designan las líneas que se han de seguir. Si la gente no ve diferencias entre la gestión de unos y de otros, es cuando las derechas encuentran su espacio. Todos son iguales pero yo soy más igual. Por eso se tienen que hacer políticas que signifiquen cambios, cambios para la gente común, para los trabajadores, para quienes tienen más riesgo de verse en la intemperie. Todo este párrafo está muy bien, dirán, pero no se está haciendo. Pero se está haciendo, contesto yo. En la medida que se puede siendo el país que somos y teniendo la correlación de fuerzas que se tiene. Es difícil de entender, pero cada cuatro años hay elecciones y de las elecciones se obtienen resultados que marcan la línea que sigue un país. Los míos llevan en el Gobierno quizás menos de un año. Y en un año, vaya si se nota el cambio.

Este párrafo anterior le importará una mierda a quien lleve cuatro meses sin cobrar el paro o no haya recibido ni un yen del ERTO. Todo el texto le importará una mierda para quienes consideren que la presencia de los míos en el Gobierno es causa bélica. Eso ya lo sé yo también. Lo que deberíamos tener claro, los míos, es que hay que hacer lo que sea  necesario para que los primeros no nos pierdan la fe. 

Siempre pongo la misma teoría sobre la mesa y no dejo de pensar en ello. Si hace 12 años de una situación de cambio de paradigma o ajuste de tuercas del capitalismo (que no de crisis), este país o buena parte de la población descontenta de este país buscó respuesta en la impugnación del sistema o al menos una respuesta de izquierda que hablase en el mismo idioma de quienes estaban viendo como su presente y futuro no iba a ser como el que pensaban, ahora corremos el riesgo de que la moneda caiga para otro lado. Y no lo podemos permitir. 

Así que toca hacer lo que sea necesario para que, realmente, nadie se quede atrás y para que nadie busque respuestas donde solo ofrecen más miseria y odio. Y todo saldrá bien.