martes, 30 de junio de 2015

Gorteza

Por ir zanjando temas. Rípodas vuelve a su casa caminando desde la estación. El cielo es un desastre. El cielo de su ciudad está absolutamente enloquecido. Loco y enloquecido. El cielo de su ciudad se parece a Villastanza de Llorera, tal y como le ha susurrado esa mujer misteriosa y más guapa de lo que se puede describir y ya comprenderán que no es posible describir a una persona tan guapa todos los días sin caer en el tópico y no vamos a ser nosotros los que lo hagamos. Nosotros. Yo. El cielo de Villastanza de Llorera en su ciudad. Una Aurora Boreal sucediendo a una hora determinada en un punto en el que no debería. Una Aurora Boreal que solo puede ver Rípodas. Una Aurora Boreal que se está formando justo por encima de su cabeza, mientas el resto del mundo, el resto de sus conciudadanos, parecen no enterarse de nada. Es que no se están enterando de nada. No lo ven. Rípodas es consciente de que, si el resto del mundo no ve nada, es que él también está loco. Ya son dos. El cielo y él. Pero el cielo no es. El cielo está ensangrentado, gangrenado, tiene un moratón enorme, se ha abierto y no se tapa la hemorragia. El cielo ha caído en un trance por el que se está yendo por la pata abajo. El cielo se está cagando vivo. El cielo está desaciéndose de lo que le sobra. El cielo se va. Se acuerda Rípodas de Aurora, aquella chica que fue su novia. Aurora nunca le quiso dar besos. Aurora era una chica muy normal, una chica que no tenía nada especial, pero a Rípodas le gustaba estar con ella. A Aurora no le gustaba estar con Rípodas, porque Rípodas estaba loco. Aurora lo sabía. Rípodas vuelve a casa y el cielo se está muriendo vivo. Vívamente. El cielo de su ciudad pierde por completo todo el sentido. El cielo está tan chungo que la voz de Mirta ya no suena en su cabeza. Por un momento, Rípodas siente que tiene solución. Que podría volver a buscar a Aurora, se encuentre donde se encuentre. Que sin la voz de Mirta en su cabeza, todo puede ser normal. Que nadie sabrá nunca que mató al peluquero. En una esquina hay una mujer tocando un piano eléctrico. Mientras el cielo de la ciudad se está haciendo cisco, esa mujer interpreta una pieza de Mozart. De Mozart, mismo. Rípodas se queda encantado mirando a esa mujer interpretar una delicada pieza de piano en mitad de la calle. Le parece normal. Si mira hacia arriba y el cielo está trinchado y supurando de todo, qué hay de extraño en una mujer interpretando a Mozart con un piano eléctrico en plena calle. Rípodas la mira y cierra los ojos. No cae en la cuenta de que se ha parado en mitad de la calle y que el tráfico continúa. Y le podría atropellar un tranvía, una motocicleta, una bicicleta plegable, una furgoneta indestructible, un camión, pero es un utilitario japonés recién comprado con un novato conductor al volante que, nervioso al ser sus primeros pasos, kilómetros, por esas calles de Dios, no se percata de que una persona está haciendo el idiota en mitad de la calle, mirando una esquina vacía, pensando que en esa esquina vacía hay una mujer tocando el piano y lo embiste. Embiste a Rípodas y éste no se entera, piensa que todavía está oyendo la pieza de Mozart y se eleva por el cielo y es capaz de tocar con la punta de los dedos el cielo, el cielo que se está hundiendo sobre todo lo conocido, y Rípodas cae al suelo y la gente se arracima a su alrededor y le preguntan cómo está y él contesta completamente lúcido que está muy bien, que es otra persona, que no volverá a matar a nadie, que quiere ver a Aurora. Y una gota de sangre le cae por la frente y él piensa que es el cielo, que llueve sangre y no es el cielo, que es él, que se está muriendo. Pero todavía va a tardar en morirse, que no es tan fácil todo como parece.

lunes, 29 de junio de 2015

Gorteza

El esquema, por lo que veo, se repite de una manera muy constante. Se presenta una situación que puede ser muy normal, dentro de la más estricta cotidianeidad, la cosa va torciéndose un poco y finalmente hay como un golpe de efecto en el que el lector ha de decir 'ostia, qué cabrón'. Así que vamos a ver cómo lo remedamos un poco. Hemos visto que Gorteza entra en el bar del Frederico y que ha empezado a beber vino. No suele ocurrir, pero no por ello vamos a originar en torno a esto una concatenación de situaciones a cada cual más estrambótica. Gorteza pide un par de vasos, pide incluso un tercero. La gente del bar no le mira, pero le ve. Porque la gente del bar de Frederico hace como que no ve nada, pero sabe perfectamente lo que estás bebiendo, si entras al bar solo o con quien no debes entrar, si tienes buena o mala cara, si has dormido o no, si lo tienes o no lo llevas encima. La gente no te dice nada, pero lo sabe. Y Gorteza no sabe que lo ven. Y pide otro vaso de vino más, porque quiere olvidarse de lo que ha ido pasando durante todo este tiempo. La imagen de Carina Ocáriz con el cráneo troceado, no se iba de su cabeza. Que se vaya, por favor, que desaparezca de una vez. Gorteza se acerca a la barra y va a pedir un cuarto vaso de vino. No son vasos muy grandes, son pequeños chatitos que se toman en dos sorbos. Pero el vino es cabezón y poco es mucho. En la barra, la camarera es una mujer de edad muy avanzada, sí, pero su rostro tiene una lindeza y una guapura que podría calificarse de muchas maneras, claro, pero me gustaría decir que si han bebido un vaso de agua fresquita en mitad de una noche calurosa, es eso más o menos. Más o menos. Gorteza pide ese vaso de vino y entabla una conversación con ella. Su cara le suena. Reconoce esa cara. Es la de la mujer del autobús que hace mil años le dio un beso en la mejilla. No la volvió a ver. Jamás tuvo más contacto con ninguna mujer. Sólo ella. Gorteza no se atreve a decirle nada hasta que le pregunta que desde cuándo trabaja en el bar de Frederico. Hace dos vasos de vino, ella no estaba allí. Lo estoy volviendo a hacer. El mismo esquema. Gorteza mira a su alrededor y todo continúa siendo como siempre. El bar de Frederico. Estevita Darién le dice que está muy cambiado, que ha perdido algo de pelo, que está desmejorado, pero que sigue siendo un solete. Gorteza le pide por favor que le conteste a la pregunta que le hace, que últimamente le están pasando cosas demasiado raras para lo que es ya una vida rara y que dónde se ha metido durante todos estos años. Estevita Darién pone un nuevo vaso de vino y dirige a Gorteza una mirada de asombro. Está tan guapa. Es tan guapa y es tan mayor. Gorteza se siente tan pequeño. Estevita Darién le explica que vive en un cortijo y que se dedica a controlar una parte del universo desde él. Así de sencillo. Hay una parte del cosmos que me toca. Y hago lo que puedo. A veces puedo y a veces no. Llevo un tiempo un tanto ida, pero he vuelto. Tus sueños, tus pensamientos, me sirven de acicate. El universo no es tan difícil de gobernar como parece. En fin, no te quiero aburrir con mis cosas. Gorteza estaba muy borracho. Estevita Darién le iba dando vasos de vino sin ton ni son y finalmente se quedó dormido sobre la barra. Cuando avisaron a la policía local para que se lo llevasen, quien acudió fue Carina Ocáriz. Se llevaron a Gorteza en el coche de Ocáriz y lo depositaron en el butacón. Carina Ocáriz dijo que se quedaría con él vigilándole toda la noche. En el cielo estaban ocurriendo cosas extrañas. Un cielo raro. Llamaron a la puerta. Estevita Darién y Carina Ocáriz se dieron dos besos en la mejilla. Soy una amiga de Gorteza, vengo a ver cómo está. Carina Ocáriz nunca había visto a una mujer tan guapa. Y tan mayor. Lo estoy intentando.

El yerno perfecto y el proyecto común

Llevo unos días dándole vueltas. Uno puede ser muchas cosas, pero la máxima aspiración de un adulto medio es la de ser el yerno perfecto. Que puedas ir a la casa de los suegros y, aún teniendo ideas y principios, vestimenta y aspecto diferentes, seas capaz de hacerte querer. De levantar risas nerviosas entre las señoras mayores que asisten a tus discursos, haciéndose las asustadas, pero sabiendo perfectamente que estás hablando por hablar, que en realidad, al cabo de un tiempo, serás una persona de orden, que verás la luz y que a la hora de la verdad, estarás al lado de los que tienes que estar. Últimamente me asalta esta sensación cuando escucho escribir y leo hablar lo que corren y saltan los miembros de la izquierda que está a la izquierda por estos contornos. Utilizan unos argumentos muy duros contra la izquierda que, ay, en estos días, parece estar fraguando un proyecto de unidad con el nada despreciable objetivo de poner el tema social en primer plano del foco político, en lugar de la cuestión nacional y darle esa ansiada patada al tablero de la que tanto hablan los compañeros podemizados. Pues bien, este proyecto no gusta. Asusta. Pero no asusta a los voceros de la derecha nacional e internacional únicamente, también lo hace y de manera muy burda, a los responsables de la izquierda más izquierda, y utilizan argumentos muy parecidos a los que se vienen escuchando desde tiempo inmemorial. Que si el PSUC hizo... que si Barcelona no es Catalunya... que mucho hablar pero que luego hacen lo mismo que todos... el cuñado perfecto se sienta en el púlpito y habla de cosas que dan mucho miedo y tal, y las señoras y los señores, le miran con cariño y piensan... és un bon noi. Y nos presentan al resto de integrantes de la formación que asegura la esencia de los principios y la recta vía y son gente que, en fin, no presenta un perfil que de realmente mucho miedo. Simplemente, no son gente que haya tenido nada que ver con el PSUC en ningún momento de sus vidas, y con eso ya lo tienen todo listo. O no. Siempre hay algún fallo. Vivimos pues, días en los que sufrimos ataques desde aquellos que, hace unos cuantos días, callaban y miraban para otro lado cuando su apuesta de unidad popular sin mirar proyectos nacionales reportaba unos resultados francamente encomiables. ¿La papeleta del coletas? En cambio, de una semana a esta parte, el simple avance noticioso de un proyecto de unidad popular que incluya, ay, a esa ralea infecta que proviene de los que han hecho de Barcelona esa ciudad tan... así, y que ha conseguido con esa misma fórmula, ganar unas elecciones en el poblado vecino, resulta insoportable. Artículos (me estoy repitiendo), declaraciones, valoraciones, todo mal. Lo que era bueno y sano hace un mes, resulta hoy una locura y un sinsentido. El yerno perfecto levanta la voz para decir que eso no es un proyecto realmente transformador y abronca a los que antes eran inestimables socios para decir que 'con esa gente no'. Y los suegros asienten y dicen 'claro, claro, es un poco brusco, pero tiene razón'. Y mientras, nosotros, con flores a María, anhelando en el fondo de nuestros corazoncitos que el yerno perfecto vuelva a ser nuestro colega, si es que lo fue alguna vez, y se venga a tomar unas birras de una manera fraternal y sencilla, que deje a los suegros vivir su vida y no quiera caer tan bien. No sé si me he explicado bien, pero ya si eso, en otro rato, lo hablamos.

viernes, 26 de junio de 2015

Miscelánea

Si me río, porque me río. Si no me río porque soy serio. Cuando me río me dicen que no me tendría que reír tanto, que la cosa no está para reírse, que no soy consciente de los problemas gravísimos que padece buena parte de la sociedad que me rodea y que, con la risa, lo que hago es colaborar con un sistema que nos quiere contentos, felices, risueños, olvidados de lo que le sucede al prójimo. Si no me río, me llaman cenizo, me dicen que no transmito alegría, ilusión por ganar, que estoy convencido de que en la derrota se vive mejor, que tengo vocación de minoría, que abronco a la gente y que los asusto. Yo ya no sé que hacer. Me rindo. Decidme qué tengo que hacer. Ponerse de acuerdo, de uno en uno. Elegir a la persona correcta que me diga de una vez qué tengo que hacer. Quiero estar bien. Quiero, al menos por una vez, que nadie me eche más la bronca. Ya no somos nada, ya hemos perdido, ya está bien. Ahora que me digan qué tengo que hacer. Dónde tengo que ir. A quién le tengo que entregar el papel. Con quién tengo que hablar. A quién tengo que acompañar. Yo ya estoy abierto a todo y hago lo que haga falta. Con quién me tengo que reir. Qué puño es el que tengo que levantar. ¿Puedo levantar el puño ya? ¿Lo bajo? ¿Cómo lo hacéis vosotros? Quiero estar bien. Ramones all the time.
https://www.youtube.com/watch?v=Bp2XnTAOHdA

De verdad, mira qué cara tengo. ¿Ves? Me río. No, ya en serio. He de decir que tiene razón. No me sale reírme, vivo en un continuo estado de amargura y quiero perder. Sólo me gustan las cosas de perder. Desde la política al deporte, pasando por la música. Si hay un grupo de música que me gusta a mí solo, mejor que mejor. Como le guste a más gente, pierde la gracia. Vocación de minoría. Elitismo. Exquisitez. Si sois muchos, ya no voy. Si me puedo quedar solo, solo, solo, en mi habitación, mirando un vídeo de un grupo del 63 que no conoce nadie, mucho mejor. De verdad. Me habéis cazado. No puedo bailar con vosotros. No puedo leer ese libro que habéis leído todos. No puedo votar a ese candidato tan simpático al que todos veis tan simpático y que seguramente es tan simpático. Lo saben los de ese bando y lo saben también los del otro bando. Soy así. Y cuando una persona tiene razón, se le da. Se asiente con la cabeza y se marcha uno a su rincón a seguir apostando por lo oscuro, por lo vacío, por lo que no quiere nadie. Y rezo todas las noches para que nadie descubra lo listo que soy. Si le empiezo a gustar a la gente, me moriré. Échame un kiki, amor. No sé expresarme mejor.
https://www.youtube.com/watch?v=s15nJ642EBA

Es todo como muy complejo. No es tan fácil. Imagina que un día una persona se presenta en tu puesto de trabajo y sientes que esa persona es especial y que te da miedo. Imagina que es tan buena, que esa persona que tienes ahí delante es tan buena, tan buena, que te acojonas vivo. Imagina que es una persona con un halo, que desprende algo, que es capaz de transmitir con solo un poquito de lo que tiene tanto tantísimo que te deja en un estado de absorción tan increíble que nunca más vuelves a ser lo que eras. Una especie de momento que ya no te deja vivir como tú vivías, jamás. Y esa persona es tan buena, esa persona tiene un algo que es tan indefinible... es tan bonito todo. Va, aprovechemos estas líneas que nos faltan antes de llegar a poner la canción de Mercromina que escuché el otro día en la radio para decir cosas muy bonitas. Es fácil decir las cosas más bonitas del mundo. Una planta que quieres que crezca y que miras y que deseas ferviéntemente que prospere, que crezca, que de flores. Es un jazmín, le corté una ramita el otro día y lo dejé en una maceta. Yo creo que está queriéndose morir, pero otros pensarán que está agarrando. Qué debate. Escribo sólo para darte la razón. Sólo para tu tranquilidad. Que sepas que he escrito. Eso es muy bonito. Es como ciencia ficción (y así puedo poner la canción). Qué canción.
https://www.youtube.com/watch?v=Hnj0pGxipJg

Hacer lo que no se esperan que hagas. Si tenías el pelo liso, rízatelo. Si antes no ibas en bici, pedalea. Si te gustaba mucho el punk rock, habla de Elton John. Si siempre has dicho que el comunismo es el futuro, lleva camisetas de los ramones. Si dijiste que nunca, nunca, pero nunca, nunca, nunca, ibas a consentir que alguien en tu vida fuera tan importante como... pues eso. Y así siempre. Y es divertido, porque ahora estás aquí y luego estás allí. ya está. Me dijeron una vez que repetía canciones. Qué cosa. Uno que siempre ha peleado por que aquí aparezcan canciones diferentes, cada semana, y resulta que no. Que se repiten. Esto es. Sigue haciendo lo que estabas haciendo. Persevera. Si te dicen que cambies, haz como que les oyes y preséntate exactamente igual a como eras. Sigue diciendo lo mismo, repítelo. Di lo mismo otra vez. Insiste. Haz la misma broma. Cánsales. Cánsales a todos. Kansas City. No hace gracia. Kansas. Kansas y Arkansas. No hace gracia. Es igual. No cambies. No se esperan que no cambies. Ese es el truco. No se esperan que sigas haciendo lo mismo. Da igual. Yo me entiendo. No hace falta. Por favor, no dejen de leerme.
https://www.youtube.com/watch?v=DDOL7iY8kfo

Hay momentos en los que uno pierde la compostura. Se entiende que son momentos en los que a uno se le va el pincel y no baja a la tierra hasta pasado un tiempo. Dicen que yo soy propenso a eso, que tengo una inclinación a quitar el ancla y que sea lo que Dios quiera. Quizás esté pasando ahora. Quizás lleve ya un tiempo así, con el ancla sin recoger. Veo a gente pasear por la plaza de la Vila con un sentido concreto. Que van a un sitio. Yo quiero ser así. Quiero que la gente sepa a dónde voy. O es adónde voy. No sé. No puedo estar mirando en google todo el rato cómo se escriben las cosas. Quiero decir que posiblemente ya haya perdido el contacto con lo que se viene haciendo desde siempre, en plan bien. Esta última frase, por ejemplo, u oración, digamos, no viene adecir nada. Rellena. Miren cómo engorda el texto. Haces que pierda el sentido de lo que pasa. Haces que el ancla esté tan lejos que ni me moleste en ir a buscarla. Haces que el tiempo.... espera, que el tiempo se mida por otros medios, o sistemas. ¿Cómo se mide el tiempo? Ese es un buen tema de discusión. Qué pena que me hayan pillado el truco, con lo que molaba ser así. Haces todo.
https://www.youtube.com/watch?v=Q17sCAxxPvo

Aunque esté en esa otra dimensión, que no es otra dimensión realmente, si no que es otro espacio que no tiene que ver con esto especialmente, oigo a mi hermano últimamente tararear 'your mother should know'. Canta una canción como la que cantaba tu madre cuando era joven. Tu madre la sabe. Si tuviera que morirme alguna vez, quisiera que esta canción sonara mientras tanto y que la despedida fuera así, con los colegas y conmigo mismo bajando las escaleras y despidiéndonos así. Si a vosotros no os hace gracia, a mí me está pareciendo un partidón de reír. Mi hermano tarareando your mother should know. Vamos a cantarla todos. Arriba los corazones y vamos a cantar una canción de cuando tu madre era joven, que seguro que tu madre sabrá cuál es. Aunque haya nacido hace muchos años. Tu madre la sabe. Tu madre se la sabe, seguro. Es de esas canciones de los Beatles que uno no sabe porqué no están sonando todos los días en todas partes. Al menos mi hermano la canta todo el rato. Tu madre la sabe. Adios.
https://www.youtube.com/watch?v=7gwg_d3XZ5A

Y con esto, nos vamos despidiendo. El mismo rollo de siempre, con canciones parecidas. No innovamos casi nada. Se nos está echando el tiempo encima y no estamos dedicándonos a lo que tenemos que dedicar. Nos pasan por la derecha y por la izquierda. A ver si este finde arreglamos algo. Saluden si eso.

jueves, 25 de junio de 2015

Gorteza

Gorteza apareció por el bar del Frederico con ganas de olvidar y se sentó en una mesa. Solía quedarse en la barra, en una de las esquinas, pero aquel día sin saber bien porqué se sentó en una mesa. Pidió un vasito de vino, algo que tampoco era habitual en él. Luego se puso a leer el diario, algo que no hacía nunca. Veía entrar a la gente en el bar de Frederico. Se hizo de noche. Un grupo de chicas jóvenes comentaban cómo les había ido la jornada de trabajo. No las conocía de nada. Gorteza apuró el vaso de vino y pidió otro más. Nunca había bebido más de dos basos de bino. Todo era extraño y él mismo notaba que las cosas no iban como siempre. Las chicas dejaron de reir y de hablar, porque alguien empezó a tocar música desde algún rincón del bar del Frederico. Las chicas tarareaban las canciones que salían desde algún rincón del bar del Frederico que a Gorteza le costaba distinguir. Perdió enseguida la ilusión por encontrar de dónde salía aquella música, porque se fijó en una mujer que acababa de entrar en el bar. Era muy mayor, pero era guapa como dos millones de elementos dispuestos de forma armónica que formasen un todo muy guapo. Se me acaban los símiles, si es que alguna vez hubo maneras de decir que alguien es como es sin que nos repitamos. Era muy mayor, pero muy muy mayor. Y aún así, algo tenía que la hacía irresistible. Gorteza no la reconoció. Pero se fijó en ella. La miraba y no sabía quién era y aún así no podía dejar de mirarla y sentirse muy próximo, muy cerca, muy con ella. Y no pudo menos que ir a la mesa en la que aquella mujer se había sentado y hablar con ella. Cuando Gorteza estuvo a su altura, no le dijo nada, simplemente le tendió la mano y ella se la cogió. Salieron a bailar mientras aquella música que no sabía de dónde salía seguía sonando. Gorteza no sabía demasiado de música y no conocía los temas que sonaban, pero le gustaban. Se apretó contra la mujer y puso su mejilla contra su mejilla. Estuvieron bailando durante mucho tiempo, no somos capaces de calcular realmente cuánto. Aquella mujer, pese a ser realmente una anciana, tenía algo en su manera de moverse que no correspondía con su aspecto exterior. Era tan linda que un espectáculo de niños cantando bonitas canciones con su voz angelical y pura, no era ni siquiera tan lindo como aquella mujer. Gorteza estaba bailando. Nunca bailaba. Todo aquello era demasido diferente a todo. Bailaba con aquella mujer y no sabía ni dónde estaba. Aquella mujer no había dicho nada durante todo el tiempo hasta que en un momento dado acercó su boca al oído de Gorteza y le dijo 'me alegro de que no te acuerdes de mí. Todo será como nuevo a partir de ahora'. De verdad que pasan cosas y casos tan inverosímiles en la vida de según que gente que hacer una enumeración de fenómenos así nos puede llevar a considerar que, en realidad, la vida, sin esos momentos, es así como una puta mierda. Imaginen que todo fuera tan simple como levantarse por las mañanas y que todo lo que sucediera en la vida de uno fuera exactamente igual a lo que uno supone que va a ser. Gorteza pensó que se había quedado dormido con los dos basos de bino. Pero no podía ser todo tan extraño y tan extenso y tan vívido, porque sentía el aliento de aquella mujer en la oreja. Un momento, aquel no era el bar del Frederico.

miércoles, 24 de junio de 2015

Gorteza

A Rípodas no le extrañó tanto el comentario de aquella extraña mujer como el beso en si. Un beso en la mejilla no tiene por qué tener nada de especial, es un beso casto, un beso que puede no significar nada más que un saludo, un reconocimiento. En todo caso, puede ser sustitutivo de otro beso con mucho más significado. Puede que demos un beso en la mejilla queriendo dar otro beso. Puede pasar. A Rípodas le pareció extraño en todo caso, porque no estaba acostumbrado a que le dieran muchos besos. Ni de los castos ni de los otros. Rípodas tuvo una vez una novia, cuando era muy muy jovencito, antes de alistarse en el Ejército. Era una chica a la que no le gustaban los besos. No le gustaba que le dieran besos, ni de los castos ni de los otros. Pero a Rípodas le gustaba mucho estar con ella. Le parecía especial. Especial estar con ella. Cuando Rípodas le dijo un día que iba a alistarse en el Ejército pero que eso no significaba que fueran a separarse, ella le dijo que mejor que lo dejaran y que cada uno siguiese su vida por su lado. Rípodas se acordaba muy de vez en cuando de aquella chica y ya había olvidado incluso su nombre. Rípodas estaba pensando en estas cosas, desconectado de lo que pasaba a su alrededor. Cuando quiso volver a mirar a la mujer, ésta se había ido y en su cabeza Mirta estaba cantando What a wonderful World. Fuera había dejado de llover y en lugar de agua y nubes había aparecido un arco iris un poco extraño. Los colores del arco iris se mezclaban entre sí. Al menos así lo veía Rípodas desde aquella silla frente a la taquilla. Se levantó y pidió un billete para Villastanza de Llorera. El taquillero miró en el ordenador y le dijo que no había ningún tren para Villastanza de Llorera. Rípodas le insistió, y pidió que si no era para ese día, que por favor mirase para el día siguiente o cuando fuera posible. El taquillero le dijo que no era eso, no es que no hubiera billetes para ese día, es que no había ningún tren que pasara por Villastanza de Llorera. Ese pueblo no tenía estación. Rípodas le dijo al taquillero, cuan serio como pudo hablar sin que la voz de Mirta que cristalina y cantarina sonaba en su cabeza le hiciera perder los nervios, que por favor lo mirase bien, que él había ido a Villastanza de Llorera ya alguna vez y que... No, caballero, lo siento, no es posible. El ordenador no miente. Y llevo trabajando aquí mil años y nunca nadie... Rípodas estaba confundido. Mirta había cambiado la canción, ya no cantaba What a wonderful world, y ahora cantaba Nostalgia. Y Rípodas volvió al asiento. Tenía unas tremendas ganas de llorar. No podía ir a Villastanza. No podía matar a Gorteza. No podía quitarse la vida. La chica a la que no le gustaban los besos se llamaba Aurora, Ahora lo recordaba. Lo que era en principio un arco iris, se había convertido en otra cosa. Rípodas se asomó a la puerta. Todo el mundo parecía seguir con su vida normal sin reparar en que el cielo estaba absolutamente loco. Revuelto de colores. 'Es como una aurora boreal', pensó Rípodas. La mujer que tenía la cara más refulgente que jamás vieron ojos humanos, la risa más franca y sincera, el porte más esplendoroso y juncal, y si mil veces te preguntaran mil veces contestarías que era la mujer más guapa que este sucio planeta hubiera pisado, le tocó el hombro. Rípodas se giró y aquella mujer tan linda, aunque ya algo mayor, le dijo susurrándole al oído 'en Villastanza, el cielo, es así, de mil colores. Qué pena que no puedas verlo.'.

martes, 23 de junio de 2015

Gorteza

Carina Ocáriz no tenía nada, pero prefirió salir de la casa de Gorteza para ir a un médico. No quería complicar más su presencia en el domicilio de Gorteza y prefirió seguir con su trabajo en otra parte. Gorteza despidió a Carina Ocáriz en la puerta y esta, en el momento de irse, de manera instintiva, le dio un beso en la mejilla en señal de despedida, incluso esperando con la otra mejilla a que Gorteza le diera otro beso que no llegó. Los clásicos dos besos en la mejilla. Gorteza se quedó parado sin saber qué hacer, Carina Ocáriz prefirió no alargar más un momento incómodo y se fue. Así las cosas Gorteza, cerró la puerta y quiso seguir preparando la comida él solo, pero no pudo. Por diversas circunstancias que ahora mismo paso a enumerar. En primer lugar porque no supo realmente qué quería hacerse de comer. En segundo lugar, porque se puso a limpiar un poco el pequeño rastro de sangre que había dejado Carina Ocáriz y se lió un poco y ya limpió la cocina entera, que falta le hacía. En tercer lugar, porque entre que limpias y no limpias, tuvo tiempo para echarse de nuevo un poquito en el butacón, ora por esto, ora por aquello. En cuarto lugar, porque una vez que tuvo limpia la cocina, no quiso volver a ensuciarla. En quinto lugar, porque se le había pasado el hambre. En sexto lugar, porque cuando ya lo teniá todo listo y aún sin hambre consideró que era necesario prepararse ni que fuera un pequeño bocadillo como tentempié, ocurrió algo insospechado. Uno de los armarios, donde guardaba una histórica lata de foie gras, y que se hallaba suspendido de una serie de clavos y de apliques en una de las paredes de la cocina, comenzó a desprenderse del lugar y se cayó al suelo sin más. Esto no había pasado nunca antes. Quizás no tuviera ninguna importancia. pero a Gorteza ya le venía todo grande. Estaba muy excitado. Había tenido el sueño espantoso en el que aquel hombre maldito abría la cabeza de la señora Carina Ocáriz. Todo lo que estaba sucediendo en el pueblo le parecía mucho más raro de lo normal. El asesinato del peluquero. Que un armario se cayera, le acabó de poner boca abajo todo. Quiso salir de casa para tomar el aire y no caer en la tentación de irse al butacón de nuevo. En la capital, la voz de Mirta sonaba más cristalina y pura que nunca en la cabeza de Rípodas. 'Acaba con Gorteza, termina de una vez'. Rípodas estaba en el lavabo haciendo caca y con las manos apoyadas en la cabeza intentaba reducir al mínimo lo que sonaba en ella. 'Acaba de una vez, termina con Gorteza'. Una hora después, Rípodas terminaba de hacer la maleta y partía hacia la estación de ferrocarril en la que cogería el tren que le llevaría de nuevo a Villastanza de Llorera para matar a Gorteza y acto seguido acabar con su propia vida. Eso es lo que más o menos pretendía indicar la voz de Mirta. Rípodas hizo la maleta sin pensar. Cada vez que iba de viaje, hacía la maleta aunque nunca se cambiara de traje o vestuario o ni siquiera pernoctara en ninguna parte. De camino a la estación, el cielo comenzó a nublarse. Empezó a llover. No llevaba paraguas y se puso como una sopa. Al llegar a la estación, se sentó en los bancos situados frente a las taquillas. A su lado se sentó una mujer mayor que, aunque algo mayor, tenía la cara de mil colores y un brillo que solo de una manera muy aproximada podría describirse como refulgente o algo así. La mujer miró sonriendo a Rípodas y le dijo 'no se preocupe, buen hombre, en seguida se seca y puede usted seguir pensando en matar a quien quiera'. Y le dio un beso en la mejilla.  

lunes, 22 de junio de 2015

Gorteza

- Gorteza, ¿qué tal? ¿Comprando un poco?
- Ah, hola. Sí. Aquí estoy, comprando. Como ha visto usted, no tenía mucha cosa en casa.
- Muy bien, pues le dejo que siga usted con lo suyo.
Gorteza se fijó en que Carina Ocáriz le había dirigido la palabra, pudiendo no haberle dicho nada. Gorteza se extrañó un poco y pensó que le estaban vigilando. Fue a la caja para pagar y, como siempre, reparó en que no tenía dinero suficiente para todo. En el Híper Santos ya estaban acostumbrados a que Gorteza no tuviera dinero. ¿De qué vivía Gorteza? Todos en Villastanza de Llorera tenían más o menos la idea de que cobraba una pensión por tonto. Así, por tonto. Una paguita por que se había quedado tonto de alguna manera y que el Estado le mantenía. Pero con esa paga Gorteza no tenía para vivir con mucho desahogo. Y cuando iba a comprar siempre se quedaba corto de dinero. La gente lo veía y sacaba conclusiones. Lo cierto es que Gorteza se había ido de la realidad, de la vida cotidiana, hacía mucho y ni él sabía de dónde salía el dinero en un sobre que todos los primeros fines de semana de mes aparecía en su buzón. No era una cantidad muy elevada, pero le daba para ir tirando. No se preocupaba de esas cosas. Devolvió unos cuantos artículos en la caja, no precisamente los más imprescindibles y se fue para su casa a prepararse algo para comer. Estaba en ello cuando llamaron de nuevo a la puerta. Gorteza sabía que era una mujer. Carina Ocáriz no había podido resistir la tentación de ir de nuevo a casa de Gorteza. Por ir. Por mirar. Por estar un rato más mirando a Gorteza hacer nada, hacer algo, quedarse dormido, lo que fuera. Gorteza dejó lo que estaba haciendo, en principio colocar cosas en los respectivos armarios y nevera, y fue a abrir la puerta. Allí estaba Carina Ocáriz. Hola de nuevo, Gorteza, venía a hacerle un par de preguntas más, porque hemos encontrado un indicio que quizás usted nos podría... ¿puedo pasar? Gorteza se hizo a un lado y dejó entrar a la policía. Carina Ocáriz le pidió a Gorteza que no dejara lo que estuviera haciendo y que ella simplemente le iría haciendo unas cuantas preguntas. Lo de las preguntas era una simple excusa, no había indicios nuevos, no había nada. Gorteza sacó unos cuantos pimientos y un poco de esto y de aquello, la barra de pan... y buscó en los cajones un cuchillo para cortar. Con el cuchillo en la mano cogió la barra de pan y se dispuso a cortar un trozo. Agarró el cuchillo desde abajo del mango y se le escapaba, cuando cogía el cuchillo de manera correcta era el pan lo que no tenía bien sujeto. Cuando conseguía adecuar la posición de la barra de pan a la forma de su mano en una línea perpendicular y perfecta, el cuchillo se le escapaba de la otra mano. Cuando a duras penas conseguía sujetar de una manera digna ambos elementos, introducía el cuchillo de tal manera en la barra de pan que no había manera de proceder a cortar nada. El cuchillo simplemente se movía dentro de la barra de pan, no coincidiendo la parte cortante del cuchillo con el sentido de... Carina Ocáriz enseguida se dio cuenta de que con esa traza, Gorteza era absolutamente incapaz de rebanarle el pescuezo a nadie, de una manera tan perfecta y profesional como lo había hecho el asesino del peluquero. Gorteza seguía peleándose con el pan, destrozando la barra, cuando a Carina Ocáriz ya no le quedó más remedio que coger otro cuchillo y cortar ella la barra de pan. Gorteza se apartó unos pasos para dejar actuar a Ocáriz. Con la excusa de ir a buscar unos vasos que tenía en el comedor, salió de la cocina y se sentó un momento en el butacón. Estaba muy cansado y se quedó medio medio, mientras oía a Ocáriz cortar el pan y sacar de la nevera un trozo de queso y del armario una bolsa de pasta. Una sensación de paz absoluta le invadió, como un bienestar desconocido. Y entonces vio de nuevo a aquel que había visto ya antes, a aquel al que una vez vio y que le marcó la vida, al que había visto de nuevo en aquel sueño en el que había gente jugando a las cartas y hablando, volvió a verlo en una peluquería. Todo era como cuando él iba a ver al peluquero, la misma sensación de relajación y confort. Aquel hombre estaba manipulando el cabello de alguien, de una mujer. Miró al espejo y vio que era Carina Ocáriz la persona a la que estaban cortando el pelo. Ella estaba tan tranquila, con los ojos cerrados y una dulce sonrisa de felicidad en el rostro. Entonces, aquel hombre, que no era otro que Rípodas, miró al espejo, del espejo a los ojos de Gorteza, empuñó la navaja de barbero que llevaba en un bolsillo, la mostró al espejo haciendo énfasis en cómo la estaba empuñando de forma correcta y acto seguido la clavó en la cabeza de Carina Ocáriz. Concretamente en la frente de Carina Ocáriz, abriendo luego el cráneo de ésta como si fuera una sandía, de adelante hacia atrás. Lógicamente, Gorteza se despertó sobresaltado. Carina Ocáriz se había cortado un poco en un dedo. Nada grave.

domingo, 21 de junio de 2015

Crónica de un aplec sardanista

Y podríamos estar hasta mañana por la mañana haciendo valoraciones sobre el futuro de la sardana como género popular y su inevitable camino hacia la música culta y el pasar de ser interpretada al aire libre con un conjunto de personas que bailan al son de la cobla para alojarse entre los selectos muros del Auditori de turno, donde ya no se bailará, mas se apreciará el alegre sonido de la flauta y el tamboril. Pero no lo vamos a hacer, porque la crónica ha de dar un salto diametral. La crónica ha de tomar otro cariz. Nos han visto el plumero y nos han sobrepasado por la derecha, por lo que es el momento de contar las cosas de otra manera. Una manera mucho más entendible, mucho más cercana y próxima al sentir de los ciudadanos, que quieren ser apreciados y reconocidos, que quieren verse en el texto como ellos mismos, como lo que son, personas. Y yo eso no lo sé hacer. Yo soy un ser humano, claro, pero un ser humano con un trato distante, selectivo, que no es de interactuar con cualquiera. Sí, me han reconocido. Miro por encima de las gafas, tuerzo el morro, no saludo, me levanto a dar la mano si me conviene, alzo la ceja una vez y a la segunda, como por arte de magia, no te vuelvo a saludar. Soy así. Por eso hoy, por ejemplo, en el aplec he estado solo. Solo, solo, solo. Bueno, no solo del todo, porque si hubiera tenido que ir solo, muy posiblemente no hubiera ido, pero vamos, que no ha sido aquella marea de gente que viene saludarte y pasarte el número de lotería por la joroba, como suele suceder. No. Quizás era el escenario, quizás no era mi público. Son las ocho y tengo que ir al Havaneras Fest de la Plaza Baró, a ver si nos vemos ahí y comentamos. Empiezo. Empiezo dando por sentado que el giro estilístico que se me demanda igual no me queda lo mismo de bien, pero prometo perseverar con la energía de un... 
Me he levantado con la primera luz de la mañana. Simplifico. Me he levantado. He cogido un microbús. En el microbús uno de los asistentes al aplec se ha cagado en la Open Night. 'Tantes Festes'. Se ha autocriticado como integrante de la nunca bien estimada 'gent del poble', y acto seguido han comenzado a criticar a diestro y siniestro, como debe hacerse y sin dejar títere con cabeza. Hemos llegado al sitio, que era la Font de l'Alzina. He ido dos veces a la Font de l'Alzina en mi vida consciente. Mi padre asegura que hubo una tercera y quizás ni había nacido yo. En el desayuno nos aposentamos en una mesa reservada para gente de peso y somos nosotros. Y de poso. Y somos nosotros también. No viene nadie a comerse el butifarrón buenísimo con nosotros. Se acerca gente a hablarnos. El acto lo ha organizado el Puig Castellar, el Centre Excursionista. Yo ahora podría hacer la pelota de forma más que lamentable diciendo que, vaya, personas más maravillosas y dispuestas, con tanto agrado como donaire, con tanto amor por lo suyo como capacidad organizativa, con un propósito cierto de alterar el curso de la historia mediante un desayuno con butifarra y vino con gaseosa (grasiosa) y todo eso que hace la gente que va besando por donde pasa quien tiene que pasar y pasa. Y hace rato que no miro lo que estoy escribiendo y puede que tú, amigo lector y amiga lectora os hayáis perdido, pero al final llegaremos a algún sitio. Hemos comido sin compañía de autoridad municipal alguna. Luego ya tal, pero a nosotros, bah. Porque nosotros no somos ya nada. 
Una vez que te haces a la idea de que ya no eres nada y de que de nada vale que intentes imitar a los que todo lo pueden, sólo te queda que disfrutar. Mi padre es de los Coloristes, ya le podéis ir a buscar. No hay pasta para el concurso de pintura rápida. Feria y fiestas. El CEP tiene también sus cosas con los recortes, pero nos dicen que van tirando. Guapamente. Como no somos nada, viene la gente a hablar con nosotros de forma sana y correcta. Ya no vienen a salir en la foto, vienen por contarnos cómo les va, a preguntar por esto y por lo otro. A mí no, que a mí no me conoce nadie, ojo. Iba a decir que acabamos de comer y que vamos a la sardana. La sardana tendrá un futuro o no lo tendrá, pero es bien cierto que hay poca innovación. Mucho entusiasmo, un entusiasmo contenido y centrado en lo que se diría la conservación de lo que es y ya está, y vámonos más para allá que aquí hace pendiente. Pero cuando se han acercado a interesarse por el baile las dos hijas del Antonio, amigo, se les ha iluminado la cara a todos los sardanistas, pensando que, ay, podía haber relevo. Yo no comparto las referencias culturales, afectivas, sentimentales de casi nadie de los que había allí. Ni la memoria del pueblo, ni nada. O algo. Muy poco. A la una del mediodía hacía un calor de mil demonios y no había ser humano que parase ya sin buscar una sombra. Nos hemos ido yendo. El b-20 ha llegado en nada y nos hemos ahorrado bajar andando. 
Al final no he contado nada. Que no he bailado sardanas, pero he hablado con gente que no tiene nada que ver conmigo. No me he dado besos con nadie, ni me he hecho fotos (mentiroso), pero me he metido dos vasos de vino con gaseosa y una butifarra, más una coca (el pico, como siempre), y hemos echado la mañana. Están poniendo en 13tv una peli de Lina Morgan. ¿Lo han visto? Estoy hablando de una cosa y lo mezclo con otra cosa que está pasando. Eso es un recurso que no sé cómo se llama. Estoy escuchando a Redd Kross, que molan mucho. Lo he hecho otra vez. Fíjense. Pero ya nada es lo mismo. Porque mi hora ha llegado.
Ya nada será igual. ¿Vas a escribir sobre esto? ¿Vas a hacer crónica de esto otro? Esto no lo pongas en tu crónica... Ya está. Lo habéis conseguido, fiesta sin alcohol. Al final siempre parece que estamos escribiendo de lo mismo. 

viernes, 19 de junio de 2015

Gorteza

Carina Ocáriz esperó unos veinte minutos a que llegara la agente Ruipérez, que, ya avisamos, es absolutamente intrascendente en el transcurso de esta historia, si es que hay una historia en todo esto, que empiezo a dudar yo mismo que lleve a algún sitio. Carina Ocáriz fue haciendo preguntas a Gorteza, que no tenía ningún inconveniente en contestar. Preguntas que iban dirigidas a saber qué grado de amistad tenía con el peluquero muerto, si se conocían de hace mucho, si sabía de alguna pareja del peluquero, si él mismo tenía alguna relación con el peluquero… Gorteza contestaba a todo con rapidez y sinceridad, porque no tenía mucho que ocultar. Gorteza iba al peluquero a cortarse el pelo. No sabía nada más del peluquero ni de la vida de nadie. Carina Ocáriz recibió a Ruipérez, que pidió un vaso de agua, y esperó a que su superior hiciera las preguntas y pesquisas pertinentes hasta que ésta dio por terminado el interrogatorio y se fueron ambas. Gorteza las despidió en la puerta ofreciéndose a colaborar en lo que fuera necesario y, por primera vez en mucho tiempo, no tuvo ganas de dejarse caer un rato en el butacón. Tuvo miedo. Por primera vez, tuvo miedo real de quedarse traspuesto. Así que decidió hacer una cosa que desde hacía mucho tiempo le venía rondando la cabeza. Fue al Híper Santos. No recordaba cuando abrieron el Híper Santos, ni quién lo regentaba, pero siempre pasaba por su puerta camino de la plaza recordándose que debía entrar en este Híper a comprar y, de forma totalmente impensada, cuando volvía a pasar por su puerta de camino a casa, olvidaba qué debía hacer allí, pasando por la puerta del Híper sin comprar. Gorteza esta vez hizo propósito de enmienda y una vez en la puerta del Híper, entró en el Híper. El Híper Santos pertenecía a una cadena cooperativa de supermercados que prometían ofrecer productos siempre con un precio por debajo de la media, con la premisa de que muchos de sus productos no eran de marcas conocidas y que los productos frescos adolecían de esa calidad y excelencia que preside la oferta del pequeño comercio y la gran superficie, sin duda alguna. Para la gente de Villastanza de Llorera, el Híper Santos presentaba contradicciones evidentes. Por un lado, fastidiaba al comercio de la señora Petronila, un honrado colmado con ‘de todo', pero caro como un cristo, o al tienducho de Oliverio que contaba con casi de todo, pero con dos dedos de mierda en cada lata. El Híper Santos ofrecía precio e higiene, más trato impersonal, dado que los cajeros y dependientes no eran de Villastanza. Pecado. Gorteza entró en el Híper, como decimos e hizo un repaso mental de lo que necesitaba para su desempeño y supervivencia mínima, incursionando en el establecimiento de una manera muy decidida. Pan, huevos, fiambres varios, paquetes de salchichas, papel de váter, rollos de cocina, botes con líquidos de limpieza, latas, productos lácteos varios, algo de carne para congelar, croquetas, colacao, pan de molde, chocolate, ensaladas en bolsa, preparado para el caldo, una botella de vino tinto, una botella de vino blanco, latas de cerveza, gaseosa, pasta, arroz, sal, harina, volvió a pasar por la zona de productos lácteos para curiosear y acabó picando con la cuajada, plátanos, naranjas, un par de peras, vasos de plástico, hielo, limones, en la parte de los congelados devolvió unos sanjacobos y cogió en cambio buñuelos de bacalao, pizzas de barbacoa y de cuatro quesos de las más baratas, nocilla aún a sabiendas que luego la nocilla no se la comía a tiempo y… recordando la acción de untar, volvió a los lácteos y tras dudar entre la mantequilla y la margarina, acabó decidiéndose por la margarina como siempre, pilas, pipas de calabaza, un champú anticaspa, un gel de baño de olor indefinible, pasta de dientes, un par de cepillos y un cepillo para el pelo que le hizo gracia porque tenía un dibujo… Gorteza descubrió que se sentía bien comprando. Gorteza se preguntó por qué no iba nunca a comprar. Estaba parado en mitad de un pasillo y la agente Carina Ocáriz se lo encontró mirando fijamente un paquete de cereales para echárselos a la leche que Gorteza solía comer pero sin echárselos a la leche. A Carina Ocáriz, sin saber porqué, le gustaba que Gorteza fuera así como era Gorteza. Y le asustó.

jueves, 18 de junio de 2015

Gorteza

Unos armarios que no se abren, menuda tontería para Rípodas. Porque, si hubiéramos convivido con Rípodas habitualmente, nos lo habríamos encontrado con la cabeza metida en el horno, a punto de rajarse la barriga con un cuchillo jamonero, jugueteando inconscientemente con cuchillas de afeitar, poniendo el morrete en la botella de lejía, mirando desde el balcón hacia el suelo de manera poco menos que sospechosa… Rípodas tenía estas cosas y que unos armarios no se abrieran y que él no supiera por qué, no tenía mayor importancia. Rípodas había sido una persona de orden hasta que un día, algo, una voz, una voz que se parece mucho a la voz de Mirta, la cantante de la estación del metro Diagonal, le fue guiando de una manera cuando menos controvertida. Rípodas, no lo podía negar, había sido militar de carrera. Con muy pocos años había conseguido ascender hasta donde le permitía el reglamento y se mostraba como un convencido seguidor de las normas y los principios castrenses. Disciplina, trabajo, valor, etc. Esto ocurrió hace mucho tiempo. Rípodas tenía treinta años cumplidos cuando un día, en un autobús militar que llevaba a una compañía o un destacamento o lo que sea al cuartel de Cerro Muriano, comenzó sin motivo aparente a escuchar esa voz de Mirta que le decía ‘deberías estar muerto’. ¿Se sobresaltó? No. No sabemos qué mecanismos rigen la mente humana. Los sabemos, o mejor dicho, los sabe alguna gente, pero no nosotros. Yo no. La mente humana es insondable. Rípodas no dudó ni un instante de que la voz que escuchaba en su cabeza tenía razón. Si Rípodas escuchaba una orden, algo, naturalmente debía seguir lo que se le encomendaba. Así las cosas, el autobús atravesaba apacible los contornos de Villastanza de Llorera. Rípodas se acercó al conductor y le dijo que parase inmediatamente en el pueblo más cercano, que debía solucionar un asunto. El autobús detuvo su camino en Villastanza. Rípodas se bajó del autobús y se dirigió… a algún lugar en el que poder quitarse la vida. Rípodas iba armado y podría haberse pegado un tiro en ese mismo instante, pero no lo consideró oportuno, ya que utilizar un arma del glorioso ejército para algo tan innoble le parecía… pues eso, innoble. Así que buscando y buscando dónde poder acabar con su existencia, finalmente encontró un lugar ideal. En la plaza del pueblo, en el centro de la plaza, un árbol, una higuera al parecer plantada allí desde tiempo de los moros, le hizo pensar en el suicidio de Judas y Rípodas se emocionó pensando en ese bello final. Rípodas sacó su cinturón y se disponía a colgarse de la higuera cuando reparó en un joven de unos veinte años, muy pocos años que acababa de bajarse de un autobús y que llevaba una mancha de carmín en la mejilla. El muchacho parecía embelesado. Gorteza y el beso de Estevita Darién. No había mucha gente en la plaza, no había nadie, porque el calor era abrasador. Solo los dos. Rípodas estaba a punto de ahorcarse con su cinturón y Gorteza venía de vivir un momento de felicidad inconmensurable. Y ahora esto. Gorteza cerró los ojos. No quería verlo. Vio algo con los ojos cerrados. Una mancha. Un algo en el cielo. Una Aurora. Rípodas vio a Gorteza y no pudo acabar con todo delante de él. Rípodas se juró que… volvió al autobús militar. Iba todavía con el cinturón en la mano. Le expulsaron del ejército porque sólo unos días después de todo aquello, la voz de Mirta le dijo que ‘todavía estás vivo y lo que es más triste, todavía no has matado a nadie’, y le encontraron en la cocina del cuartel con la cabeza metida en el horno. No había podido encender el gas porque algo o alguien había atrancado los mandos. Gorteza nunca se recuperó de aquello. Rípodas se juró que debía volver a Villastanza de Llorera. No sabía a qué, pero volvería.

miércoles, 17 de junio de 2015

Gorteza

Gorteza quiso que aquel momento con Estevita Darién fuera lo más bonito que le hubiera podido pasar a un adulto de Villastanza de Llorera y por eso pensó siempre que cualquier otro contacto con cualquier otra mujer no alcanzaría jamás, nunca, en la vida, ever, las altísimas dotes de belleza y lirismo que aquel encuentro en el autobús. Hay gente así. Otra gente, como bien saben, no lo es. Gorteza es así. Y otras cosas. Y otra gente también es como Gorteza. Y ahora estoy aquí y mañana allí, pero esto ahora no tiene que ver con que al otro lado de la puerta no esté Estevita Darién. Quien se encuentra al otro lado de la puerta es una oficial del cuerpo de la Policía Nacional llamada Carina Ocáriz. Relatar en unas pocas líneas una biografía de Carina Ocáriz nos quitaría un tiempo precioso, que podríamos dedicar a describir, realizando de nuevo un esfuerzo ímprobo, cómo era Carina Ocáriz. Era de rostro ancho, tez oscura, pelo recogido en un moñete con muy poca gracia y sonrisa perenne. No llevaba uniforme, que iba vestida de civil y tan sólo una placa delataba su pertenencia al cuerpo. O una tarjeta. Desde aquí no lo veo bien. Gorteza tiene un presentimiento, una mujer está al otro lado de la puerta. Una mujer. Otra vez. Nada será como estar con Estevita Darién. Carina Ocáriz, cuando nota que alguien, Gorteza naturalmente, está a punto de abrir la puerta, pone su mejor sonrisa para crear un ambiente de confianza en la persona a la que va a preguntar algunas cosas sobre la figura del peluquero muerto en extrañas circunstancias. Sonríé, se retoca un poco el pelo de forma totalmente inocua y se pasa la mano por la nariz por si tuviera... y se abre la puerta y Gorteza pone cara de sorprendido porque está sorprendido y se preguntan y se saludan y todo es muy formal y me permitiría usted entrar en su casa para hacerle unas preguntas y claro, claro. Y Carina Ocáriz pregunta a Gorteza si hace mucho que no ve al peluquero, si estuvo con él esta semana, si hablaron, si notó algo raro, si el peluquero tenía amistades extrañas, si se llevaba bien con el peluquero, si le podría dar por favor un vaso de agua, si le podía indicar dónde estaba el cuarto de baño, si por favor puede llamar a un médico que me estoy mareando y me estoy sintiendo morir y... Y Gorteza que sale a la calle corriendo porque Carina Ocáriz se ha desplomado y está como muerta pero Gorteza no se atreve a tocar a Carina Ocáriz que se ha quedado inerte en el suelo después de levantarse del butacón en el que Gorteza suele quedarse traspuesto para ir al servicio y Gorteza en un momento se queda paralizado en mitad de la calle y se da un fuerte golpe contra una pared, adrede, para demostrarse que no está durmiendo, que es todo real y efectivamente. Se ha quedado dormido en el butacón de enfrente de Carina Ocáriz, que le ha dado un bofetón de profesional y le pregunta que si está bien, que qué le ocurre, que se ha quedado dormido. Y Carina Ocáriz le dice que va a darle un vaso de agua a ver si se espabila y busca ella sola dónde están los vasos y se encuentra con que están los armarios cerrados y abre la nevera y en la nevera no hay nada. Y Carina Ocáriz manda un mensaje con el móvil para que venga alguien a ayudarla, porque ese Gorteza es un tipo muy raro y cree que va a necesitar ayuda. Y Gorteza ha visto muerta a Carina Ocáriz y el que se ha quedado muerto es él. En ese mismo momento, en un lugar de la capital, Rípodas tiene hambre y quiere hacerse algo de comer. Pero no sabe porqué, los armarios de su casa no se abren.

martes, 16 de junio de 2015

Gorteza

Su rostro era como un festival de colores de esos que salen en las fotos de la gente que va a los festivales de colores, o como cuando vas en el metro y la gente joven y divertida vuelve de un festival de colores. De esos colores que se pintan en la cara. La cara de Estevita Darién era eso y algo más. No se me da bien describir la belleza femenina, no es algo que ocupe mis pensamientos. Era guapa como un nosequé. Tenía la luz del mediodía en su visaje, Era la mujer más bella de los contornos. Tenía los ojos muy grandes. Era bajita pero tenía su qué. Cosas así. Estevita Darién era una mujer de mucho, pero mucho y bien. Y a todo el mundo encantaba. Conoció a Gorteza en un viaje en autobús, de cuando Gorteza iba a buscar aquellos zapatos que tan bien le quedaban y sentaban. En ese viaje en autobús, Estevita Darién, que por entonces contaba con unos cuantos años más que Gorteza, entabló conversación con este por un tema banal. El fresquito del autobús. El frío. Un tema de conversación que a Gorteza siempre le había parecido fascinante. Así como otros consideran que el frío, el calor, la lluvia, el aire, el dolor en la rodilla, son conversaciones intrascendentes, Gorteza consideraba, siempre para sí mismo, que daban para mucho. Y así, cuando Estevita Darién, con esa cara que parecía mil soles vivos mismamente, comenzó a quejarse del frío, Gorteza iluminó asímismo su propio rostro para contestar que 'el frío que hace es consecuencia del aire, el aire acondicionado que ha supuesto un invento del mismo demonio y que ha condicionado la evolución de nuestros cuerpos y la de nuestros hábitos y de nuestras enfermedades. Lo que ocurre es que, sin el aire, ya no podemos vivir, el aire acondicionado nos proporciona este fresco, pero también cierta sensación de artificialidad, así somos conscientes de que la vida que vivimos es otra, distinta, no es la real, siempre somos perfectamente conscientes de que el aire acondicionado nos asegura una vida que no es tal, y ese frío, ya no es un malestar por el cambio en el clima que nuestro cuerpo tolera, del calor, mejor dicho, sino que es una conciencia cierta de que, al final, todo lo que tenemos es falso, no vale'. Estevita Darién miró sorprendida la explicación del joven Gorteza, entonces, y le estampó sin más un beso en la mejilla. Un sonoro beso en la mejilla que dejó marca de rimmel y que ella misma limpió de la cara de Gorteza con un dedo. Estevita Darién se bajó en una parada del trayecto que llevaba a Villastanza de Llorera, en concreto en una parada que dejaba a la gente que vivía en una alquería cercana, en una pedanía, en un pueblo de colonos, quién sabe. Gorteza nunca había estado allí. Eso pasó hace muchos años. Estevita Darién era mucho mayor que Gorteza, quizás rondara ya los cincuenta y tantos. Y era, sin embargo, esplendorosa mujer, luminosa y colorida, realmente fascinante. Estevita Darién debería llevar muchos años muerta, o al menos no debería tener el aspecto que presentaba cuando se cruzó en el camino de Gorteza en aquel tiempo. La puerta. Llamaron a la puerta. La mujer que estaba al otro lado de la puerta y que llamó a la puerta de Gorteza no era Estevita Darién, pero yo les cuento quién era Estevita Darién, porque Estevita Darién es muy importante para conocer lo que tiene Gorteza con las mujeres y muy pocos saben, como hemos podido comprobar a lo largo de este relato.

lunes, 15 de junio de 2015

Gorteza

Entonces todo cobra un sentido diferente. Porque a partir de ahora Gorteza va a tener que aprender sobre marcas de bourbon, piezas de saxofón, pesquisas, señor comisario al teléfono, detective, huelebraguetas, renovar tu licencia de inspector, envíe dos hombres inmediatamente, mujer fatal, bésame y cuidado con mi marido que es un poco celoso, las huellas, póngame inmediatamente con su superior, las señales en la pared son evidentes, la patrulla está al caer, le voy mandar a dirigir el tráfico a Socuéllamos, es una Smilth & Wesson, estoy trabajando en el caso jefe, esta investigación la dirijo yo y no voy a consentir que ningún burócrata de Washington me la joda, limítese a responder lo que le contesto, perdón, limítese a responder lo que le pregunto, te he dicho muchas veces que no me llames al trabajo, ese perfume me resulta familiar, enséñeme su licencia, no he visto bien el número de placa, tengo el teléfono pinchado y no puedo hablar, alguien gordo está metido en esto, tengo la corazonada de que este número puede llevarnos muy lejos, señorita no se ponga en ridículo, me gusta tomarme un dedito de whisky antes de ponerme en marcha, todavía me duele el puñetazo que me dio sargento, esa huellas de automóvil no corresponden con su relato, ya puedes tener una buena cohartada porque todo encaja, las piezas encajan en el puzzle, lo supe desde el principio, yo no tengo nada que ver en esto agente, deje todo ese papeleo y sígame, siga a ese taxi, no disparen al pianista, he trabajado en tugurios mucho peores que este, no me han salido canas por... y cosas así. Gorteza empieza ya mismo a familiarizarse con estos conceptos. Le van a ser útiles. Entiende que va a ser así. Alguien llama a su puerta. Otra vez. Es una mujer. Gorteza y una mujer.

Crónica de la toma de posesión del nuevo Consistorio. Posesión infernal

Llamándolo así, posesión infernal, parece que fuera... pero no. Nada más lejos. Empecemos por el final y acabaremos antes. Tanita Tikaram era una cantante inglesa que aburría a las ovejas. Era muy guapa, pero tenía una gracia escasísima y no daban ganas nada más que de suplicar que acabase la canción que estuviera cantando o lo que fuera para ponerte a otra cosa. Creo que su época de gloria llegó a finales de los ochenta. No sé por qué la asocio también con Tracy Chapman y con 4 non Blondes. Tanita Tikaram, estoy viendo fotos, era guapa de asustar, pero no tenía gracia. Tracy Chapman tuvo un éxito sonado con la canción de la Revolución aquella. Los 4 non Blondes tuvieron también su momento con la canción de What's going on, en la que también decían nosequé de la Revolución. ¿Dónde quiero ir? Nada. A ningún sitio. Criticar por criticar. Cantantes, música, aburrimiento. Canciones que no me llaman a ir a pelear por nada. Tracy Chapman con esa canción no llamaba a ir a pecho descubierto a por nada, no. No sé. Porque mi inglés ya he dicho muchas veces que es muy insuficiente, pero uno entiende que la canción, ilusión y alegría, no transmite. Y si este va a ser el comienzo de la revolución en Santa Coloma, narcolepsia. Y encima, la canción entera. Hubiera sido mucho peor la de 4 non Blondes, mucho peor, porque esa sí que da rabia de verdad. La cosa se quedó en una especie de desangelamiento que ni siquiera los discursos fotocopiados pudieron evitar. Los discursos fotocopiados de nosotros, ojo, los de ICV-EUiA. Sí, amigos, EUiA, que también existe, que estaba allí presente en la figura del muchacho de la camiseta roja que siempre está dispuesto a un saludo afectuoso, a la broma jocosa y a la chanza matutina. Ahí estábamos. Y sí, los dos regidores esos que hicieron el mejor discurso, los de Gent d'Esquerres ICV-EUiA, son eso, de Gent d'Esquerres ICV-EUiA, por más que en la mesa se emperrasen en decir que eran de ICV. Y no. Que uno está allí también, representado. A ver si la próxima vez, pues con un poco más de desto, de atención y de interés, nos acordamos de las cosas. Nosotros no somos ICV, pero estamos representado en esos dos regidores que son de ICV y nuestros también. Por enterarnos todos.
Ceremonia de Posesión. Han puesto pantalla gigante y muchas sillas en la plaza de la Vila para que la gente, las masas, la ciudadanía informada y dispuesta, venga a ver la ceremonia y todos en armonía saludemos el nuevo tiempo de Revolución. Con flores a María. Y va llegando la hora y no se llena, de hecho no es que no se llene, es que ni se percibe que vaya a haber media entrada. En el pleno sí, que va por invitación y eso, pero abajo, las masas no acuden. Tan sólo los compañeros de Som, que tienen sarao luego y durante. Gente dinámica la de Som. Siempre tienen una octavilla que repartir, un cartel que colgar, un acto que anunciar, una asamblea que colocarte, una reivindicación que llevar a cabo. Esa es la actitud. Fotocopiemos. El comentario es este, 'como lo ha hecho la Colau, pues aquí lo copiamos'. Y con esto ya hemos pegado el primer perdigonazo. Siempre vamos detrás de Barcelona. En Badalona también hay jari en la plaza, no es para menos. Hay gente en cantidad de sitios. Aquí, un vacío y una cosa como de... pfff, como de, pasando de todo, como de, vaya aburrimiento de cuatro años que nos vienen encima. Viene gente silbando. Son despedidas de soltera. Despedida de soltera. Tómate algo, que parezca una fiesta. La gente de las despedidas de soltera, nos mira mal. Al cabo del día, creo que alcanzo a contar unas diez despedidas de soltera y soltero en Santa Coloma. Así, sin pararme mucho. Va, empecemos. Hay que jurar o prometer el cargo. Casualmente, así como se nos ha dicho que no se puede decir nada que se salga del juro o prometo, los del PSC llevan aprendidas bonitas frases y versos que llaman a prometer el cargo bajo un halo de lirismo y de tal que ya si eso. Claro, eso se avisa. Porque si se puede decir que prometes o juras por algo... pues Por dios y por la virgen, mismo. Y hay que improvisar. Y eso se avisa, copón, que a todos nos gusta lucirnos y decir que prometemos por el arcoiris, por Baal, por el arquitecto de la bóveda celeste, por la llama dorada del templo de Vestal o algo así. Pero no. Sin avisar, para vosotros solos. No se hace así. Y así lo hace notar en el primer discurso 'el hombre del PP que era igual que Alfonso Alonso y que se llamará a partir de ahora Alfonso Alonso para entendernos'. Alfonso Alonso hace el discurso, que no Laura Rodera, y dice que empezamos mal y que se van a abstener y que la inmigración o algo. Luego venimos nosotros y decimos que nos presentamos a nosotros mismos porque somos así y hacemos un discurso más bonito que la luna y las estrellas. El discurso lo hacemos luego. Luego los de Ciutadans hablan desde el corazón y sin prepararse el discurso, pero con el discurso escrito. Los de Ciutadans vienen de traje, como para una boda, oiga. Muchos vienen así, como de traje, como de boda. Es un día especial. El discurso de Som, que no vienen de traje, que no, se parece tanto al nuestro, a discursos nuestros, que dan ganas, pero muchas ganas, de votar a Som. De votar al candidato de Som y que el de Som nos vote a nosotros y todos oé, oé, oé, y paz y armonía. La sorpresa vendrá cuando la alcaldesa, en el centro de la sala dice lo de 'gestionar la miseria' y se nos encharcan los ojos de lágrimas, se nos inflama el pecho y nos reconocemos todos en ese discurso que es tan nuestro que... la madre que parió a panete, qué emoción, compañero. Abrázame, seas quién seas y del partido que seas, que o bien eres de los nuestros, o lo has sido, o lo serás en un futuro que será radiante como el sol del mediodía. Hacía fresquito, por eso, en la sombra. Comentario, a una toma de posesión, no se puede venir de negro y tejanos, se ha de venir de colores. La Sevilla debería rizarse el pelo y descolocar a la tropa. Es el siguiente paso. Poner un bar de moda de nuevo y luego rizarnos todos el pelo. A ver por dónde sale la broma. Y la canción de Tracy Chapman que nos clava la alcaldesa, yo creo que para que nos vayamos preparando, en plan, 'esto es lo que hay, os váis a cansar de revolución, tanta revolución, vamos a hacer de la revolución un plomo de los gordos'. Voy a mirar si Tanita Tikaram tiene una versión de esto, porque debe ser ya para espesar el plasma el tema.
Juro y prometo, esto y lo otro. Justicia social, los desheredados de la tierra, pan y rosas, fin del asistencialismo (gol de nuevo), y venga que nos vamos a tener que ir yendo. Todo el tema dura hora y media larga, que no se hace nada larga, porque los discursos están medidos y todo es muy así. Al final, bajan todos y se hacen la foto en las escaleras. Yo hago fotos pero son un truño. Yo lo hago todo así, como muy truño. Y el del Centro Cívico quiere irse y me va a quitar el Internet pero a la voz de ya, así que nos vamos despidiendo. Que todo es genial, que van a ser cuatro años de mucho tal y que si, que ya si eso otro día os cojo otro cartel de esos y me uno a la fiesta. Llamo un momento a un colega que tengo que llamarle para ver si eso, y me uno a la kermesse. Gracias por todo.

viernes, 12 de junio de 2015

Miscelánea

En un país multicolor... no. Cuando el Benju nació, esto no era un país multicolor. Hoy es el cumpleaños del Benju. Otro Géminis. Piénsenlo. No es normal. Tanto Géminis. Esto tiene que tener alguna consecuencia. Y la tiene. Gente que hoy está así y en cuestión de segundos está en el punto diametralmente opuesto. Sin solución de continuidad. Mírame. Esos ojos. Sin frío ni calentura. Si sólo hubiera Géminis en el mundo, el mundo sería un desastre absoluto. Necesitamos gente con las ideas fijas, que se levante por la mañana y diga 'hoy tengo que hacer esto', y lo haga. Que, incluso, lo tenga planificado del día de antes. Nada de 'me levanto y tengo que hacer esto, pero a ver si con un poco de suerte, esto no es y mira tú ahora qué pasa si yo digo que... y  mejor... pero entonces...'. Y así pasan los días. Que no digo yo que el Benju sea así, pero todos tenemos más o menos un corte parecido. O no. Generalizar es bonito, porque siempre genera bonitas controversias y charlas agradables. Todos los Géminis somos así. Feliz día para el Benju. Y una bonita canción de los Espers, así larga y calmosa, una versión de los Blue Oyster Cult, para que no se diga. Flaming Telepaths.
https://www.youtube.com/watch?v=Jxj2D2jEqok

En un país multicolor... tampoco. Hace un año aproximadamente comenzaron esas bonitas y provechosas conversaciones que iban a desembocar en una esperanza para quienes pensamos que el mundo puede ser de otra manera. Comiendo flores todo el día, amigos. Hace un año y creo que es exactamente hace un año. Fue un jueves. O fue un martes. No sé. Tengo dudas. Dos y dos no suman cuatro. Fue el comienzo de un tiempo de esperanza y repito la palabra esperanza dos veces y ya son tres en el mismo párrafo y llora de nuevo Lain Entralgo porque así no se pueden hacer las cosas. Las cosas no se pudieron hacer. Porque matamos a Manolete. Porque matamos a Bambi. Porque tenemos todo un catálogo de errores que debemos purgar. Y no sé porqué hablo en plural, si yo no soy nunca el citado. Nosotros no, nosotros ni siquiera somos tenidos en cuenta. Fue el comienzo de un proceso esperanzador (y ahora se une a los llantos el señor Blecua), que desembocó en un cambio de hegemonía en la izquierda colomense que será muy interesante de ver. Cambio de hegemonía y mayoría absoluta. Fue el inicio de unos meses en los que, las cosas como sean, conocí a gente que en la vida y otra gente que en la vida... me conoció a mí también. Y nos echamos unas risas, que tampoco vamos a estar siempre de morros. Una de Caetano. No me conoces.
https://www.youtube.com/watch?v=cwjmKMlr9yo

Érase una vez un país multicolor. El país entero de colores. Hace un año más o menos que comenzamos las conversaciones. Eran tan interesantes que no teníamos bastante y teníamos que hablar más. Y más. Todo se basa en hablar. Las conversaciones de paz. De los nuestros van a venir tres y de los vuestros otros tres. Qué tres vienen de los vuestros. No me gustan. No viene aquel que vino aquella vez, que era tan gracioso. Aquel que decía aquello de que... ¿no va a venir? ¿Y la chica aquella que vino, que no dijo nada, o que habló sólo una vez y ya? ¿Tampoco va a venir? Pues nada. Nos tendremos que conformar con lo que haya. Tendrá que ser así, como sea. Y así fue. Conversaciones de paz, encuentros en la tercera fase. Tercer tiempo. Esto no puede quedar así, esto tenemos que seguir discutiéndolo porque hay mucha tela que cortar. Esto va a ser largo, porque parece que estamos cerca pero esto no es así. Y no estamos cerca, ni de lejos. Qué bien traído, el cerca y el lejos. Y así es todo. Empezar a hablar. Y hablar y hablar y no parar de hablar durante meses. Y ahora de esto y luego de lo otro. Una bonita canción sobre de quién son los hijos de uno, si es que son de uno, que él dice que no lo son. Francis Bebey es el autor del temazo Agatha, que luego el camarada Taha versionó en el Diwan 2. Diwan y Diwan 2, no hay más preguntas señoría. Agatha, de verdad, que no.
https://www.youtube.com/watch?v=cfH4tr-Ynv4

Ecouté et... mañana empieza un tiempo nuevo. Dicen que se nos va a hacer largo. El largo de los cisnes. Esto es así. Si no me conocen, que ya nos hemos quedado con la idea de que no me conocen, voy a hacer un comentario chufla a cada cosa que me digan. Así. Y lo vamos a hacer así, ya no porque sea Géminis o deje de serlo, es más bien porque es la marca de la casa. Mi prima Juani no es Géminis, pero es aún más veloz que yo. Mucho más. Siempre les hablo de mi prima Juani y nunca de mi prima Juli, por ejemplo, que tampoco anda a la zaga. En fin. Estos son días de acordarme mucho de ellas. El tronco común. En fin. Eres muy ingenioso, dicen, eres muy así, dicen, deberías hacer nosequé, dicen. No sé. Todo es muy extraño. Con la sensación de que le están hablando a otro, de que se lo están diciendo a otro. Podías habertelo currado un poco más, podrías preparártelo mejor para la próxima vez. Deberías presentar algo en tal sitio a ver si... pero es a otro al que se lo dicen. Repito canciones. No me había dado cuenta de que es verdad. Y una de las cosas que más gracia me hacía era no repetir. Pues aquí y sin que venga a cuento, pondremos el Chibuli de El Lebrijano y la Orquesta Andalusí de Tanger.
https://www.youtube.com/watch?v=YXRsqzJC20A

Riqueza de medios. Disponibilidad total. Hace un año casi exactamente mi vida no era esta. Ni exactamente, ni aproximadamente. Ni de lejos. Pero es que ni un tantito así. Hace un año mi vida no era esta. Un año aproximadamente. Mañana es San Antonio. San Antonio y Anita. O Anica. Mi madre seguro que sabe cómo se dice. San Antonio y Anica. Hace un año yo tenía una vida consagrada a la ciencia. A la investigación. A la teorización de lo que se considera y tal. Y hace un año, casi exactamente, de la teoría pasamos al examen de teórica. Por decir alguna cosa medianamente pasable. Los textos están perdiendo fuerza progresivamente, compañero, te estás ablandando, algo está pasando. Hace un año yo era duro de verdad. Ay, hace un año. Hace un año sí que era una persona de orden y progreso. Una persona que seguía la recta vía y no estaba contaminado por la insoportable atracción del lado oscuro de la fuerza. La riqueza de medios y la total disponibilidad. Riqueza de medios y el encanto de estar con los que más tienen. Yo hace un año no era así, me daba igual todo, solo vivía para investigar. Pero ponerte es otra cosa. Qué molona era esta sintonía del Ambigú, el Mathar de David Pike.
https://www.youtube.com/watch?v=ZYQi6h7qBng

¿Es ya la sexta canción? Esta miscelánea debía ser especial porque en estos días se cumple un año de muchas cosas. Unas fueron muy buenas y otras no fueron nada buenas. Lo que hemos sacado en claro de todo esto, al menos hasta el momento, es que si hay una pared, casi que lo mejor va a ser no frenar. Contra la pared. Es mejor quemarse que irse desvaneciendo. Combate el fuego con el fuego. Yo creo que hace dos millones de siglos que no escuchaba esta canción de Metallica. El Ride the Lightning o Lightging, o Lightncning o como pollas sea, era un discazo guapo de verdad. El único, junto con el Negro, que he escuchado de verdad. Con esa intro de guitarra acústica tan bonita. Fight Fire with Fire. FFFFF. Que se te pone la boca de babas que da una pena... pero oye, es el precio que hay que pagar. Hace un año que combatimos el fuego con el fuego. El fin está cerca. ¿Es ya la sexta canción? ¿Y ahora? Disponibilidad total. Ese punteíllo que suena a mitad de la canción... qué cosas tienen los jevis.
https://www.youtube.com/watch?v=xjlgUx7_aN0

Pues nada. Esto es lo que hay. Que hacía yo no sé cuánto que no hacía una miscelánea normal. Del montón. Y eso que esta debía ser especial. Mañana es mi santo, si eso, se invitan ustedes a algo, que siempre acabo yo... No, en serio. A ver si eso. Buen finde.

Gorteza

Nadie sabe lo que es morirse, porque no hay nadie que se haya muerto y lo cuente luego. Nadie lo sabe, por muy así que nos pongamos. Dicen que si se ve una luz, que es como entrar en un túnel... paparruchas. Eso no es estar muerto. Gorteza tuvo miedo. Cuando volvió a abrir los ojos, creyó que se había muerto. Cerró los ojos y se quedó con media ñoña muy extraña. Quería volver a ver la Aurora Boreal y no pudo. En su lugar tuvo un sueño extraño. Unos hombres jugaban a las cartas en un bar de su pueblo, en su terraza. Uno de esos hombres era el propio Gorteza, y Gorteza nunca jugaba a nada. Otro de los que estaban allí se parecía vagamente al hombre que había visto en la puerta de su casa. Se parecía a Rípodas. En cuanto a los otros dos hombres, uno tenía rostro de mujer. Extraño que un hombre tuviera un rostro de fémina, pero sí era. Jugaban y el que tenía rostro de mujer no dejaba de hablar ni un instante. Gorteza y Rípodas iban jugando y a veces ganaban o perdían. El cuarto en discordia, miraba la partida desde la distancia. Nadie le preguntaba porqué no jugaba. Gorteza en un momento, creyó que iba a ganar de forma absoluta. Son cosas que pasan en los sueños, que tienes a veces la sensación de que algo muy importante, lo más importante de todo, va a pasar y estás a la espectativa. A veces es bueno, a veces es algo muy malo. Gorteza pensaba que iba a ganar. En ese momento sueles despertar, pero eso no ocurrió, porque cuando la mano iba a concluir, el que no decía nada y no jugaba, dijo lo siguiente: 'terminar pronto, que os tengo que matar a los tres'. Gorteza, sin saber porqué, le contestó que si, que ya les quedaba poco. Se sorprendió de la poca importancia que le daba a lo que aquel acababa de decir. Y entonces Rípodas, que llevaba una mano muy mala (no sabemos a lo que estaban jugando), dijo que 'no vayas de listo, que los muertos no hablan'. Y el que no decía nada, desapareció. Se desvaneció. Esto despertó a Gorteza. Llamaban a su puerta. Era la policía. Venían a preguntarle porque sabían que Gorteza había sido uno de los últimos clientes del peluquero muerto. Gorteza sintió un escalofrío y recordó vágamente que en el sueño... claro.

miércoles, 10 de junio de 2015

Gorteza

Rípodas se bajó del tren y le pidió al taxista que le llevase a algún lugar desde el que pudiera ir andando hacia la plaza de Villastanza de Llorera y que no fuera mismamente la plaza del pueblo. El taxista necesitó dos o tres explicaciones adicionales para poder entender lo que pedía Rípodas. Rípodas no era muy tolerante con la gente que necesitaba tantos datos. Su porte militar solía intimidar a la gente, pero en aquella ocasión, el taxista era duro de pelar. Rípodas llegó finalmente donde quería ir y se apeó del taxi. El taxista le dejó a unos quinientos metros de la plaza. El día era soleado aunque la mañana había sido rara. Durante el trayecto en tren desde la capital, Rípodas no había dormido y al amanecer había visto cosas raras en el cielo. No le dió importancia. Rípodas avanzaba por la calle con paso seguro hasta que divisó la barbería. Entró en ella y antes de que el peluquero se dirigiera a él para preguntarle si tenía hora o... sacó una navaja del bolsillo y le segó la garganta. La sangre salía a borbotones. Como en las películas. Le cogió del cuello y le rebanó el pescuezo. Una fiesta de sangre en la peluquería. El peluquero estaba de rodillas, a cuatro patas, con la cabeza en el suelo cuando le soltó Rípodas. Ni una sóla gota de sangre manchó a Rípodas, que para la ocasión se había puesto un sencillo traje que parecía más propio de un soldado ruso de principios de siglo que de un militar al uso. Rípodas miraba cómo del cuello del peluquero no dejaba de manar la sangre hasta que el flujo cesó y salió de la peluquería. El día era tan bueno que daban ganas de pasear. Rípodas fue hasta la papelería que había en la plaza del pueblo y hojeó algunos libros y revistas. Finalmente se decidió por uno llamado 'La autodeterminación de los pueblos', que contenía muchos mapas. Los mapas le gustaban. Paseaba y leía. Hasta que llegó a una puerta que le llamó la atención porque era el espacio desde el que se entraba a un domicilio que le llamó la atención. En aquel domicilio había colgado de uno de los balcones un trapo de unos colores muy vistosos. Un trapo, un pañuelo como venido de tierras lejanas. De otro país. Como si el que viviera en aquel domicilio fuera un viajero que... Gorteza salió de su casa, muerto de miedo. Vió a Rípodas y el libro que estaba leyendo. Volvió a encerrarse en su casa sin poder abrir los armarios donde iba a buscar algo para hacerse de comer. Rípodas cerró el libro y miró de nuevo el pañuelo colgado. Algo le vino a la cabeza. Repasó algunas páginas del libro y en una de las fotografías sobre la primera guerra mundial, vio en un balcón colgado un pañuelo casi exacto al que tenía delante. Rípodas cerró el libro de golpe y se dirigió de nuevo a la estación del tren. Cuando se subía en el vagón con destino a la capital, oyó las sirenas de la ambulancia. Vendrían a buscar al peluquero. En su casa, Gorteza no habiendo conseguido abrir los armarios, se quedó con media ñoña en el butacón. 

martes, 9 de junio de 2015

Gorteza

Una Aurora Boreal es difícil de explicar si no la has visto directamente, si no has estado ante una, si no has tenido la oportunidad de viajar a esos lugares donde se puede contemplar. Gorteza vio una Aurora Boreal en una de sus ensoñaciones. Concretamente vio una Aurora Boreal mientras le estaban cortando el pelo en la barbería del Yesi. Cuando terminó, fue a explicarlo al bar del Frederico. Nadie dijo nada. Las Auroras Boreales son de difícil digestión en Villastanza de Llorera. No hacía mucho tiempo que había ocurrido algo raro, un suceso extraño que algunos, los más obstusos, no dudaron en calificar de brujería. El caso es que todo aquel asunto pasó en su momento desapercibido para Gorteza, porque para Gorteza todo era nada y todo se reducía a ir pasando los días entre ensoñación y viaje sin viajar. El caso es que nunca había visto una Aurora Boreal y la visión le dejó extasiado. Le impresionó de tal manera que, por primera vez en su vida, tenía la necesidad de buscar de nuevo la visión del día anterior. Antes esto nunca le había pasado. Los días iban y venían y él viajaba libremente sin que nada le provocase la sensación de querer volver. Pero aquel fenómeno, aquella Aurora Boreal, fue diferente. Así que cuando salió del bar de Frederico volvió a su casa con la intención de echarse un rato y, si era posible, volver a soñar con aquella Aurora Boreal. Efectivamente, al cabo de unos segundos de estar medio apontocado contra el butacón, presa de un ataque de sueño un tanto extraño, empezó de nuevo a ver esos reflejos, esas luces, esa maravillosa secuencia de fenómenos extraños que desencadenan una Aurora Boreal. Pero justo cuando todo estaba yendo casi exactamente como la vez anterior, algo truncó el sueño. El sueño siguió pero el sueño ya era otro. Un señor ataviado con un traje militar de otro tiempo, paseaba por la puerta de su casa y le llamaba de manera muy ostentosa. Gorteza le veía y quiso abrirle la puerta, pero no podía. Intentaba girar la llave una y otra vez pero algo pasaba que no podía. Gorteza quería abrirle la puerta al señor con traje de militar y no había manera. Le dio miedo quedarse encerrado en su propia casa sin poder salir. Gorteza respiraba agitadamente y el sueño parecía a punto de desvanecerse, cuando con un movimiento mañoso, la puerta, su propia puerta se abrió y ante él apareció el militar leyendo un libro en el que se se contaba una historia de unas gentes extrañas llegadas a Villastanza de Llorera hacía mucho tiempo. El militar le miraba y le entregaba el libro para que lo leyera. En concreto, señalaba una página en la que se leía 'murieron todos'. Así. De hecho en la página sólo se leía esto. Gorteza se despertó. Quiso salir de su casa. Fue a la puerta y abrió la llave muy fácilmente. Fuera había un señor con pinta de militar, pero sin traje de militar leyendo un libro. Gorteza estaba asustado. Tenía ganas de saber qué decía ese libro. Qué libro era. Era un libro sobre La Autodeterminación de los Pueblos. Se tranquilizó. Gorteza volvió a entrar en su casa e intentó prepararse algo de comer. Los armarios estaban cerrados a cal y canto. No pudo hacer nada.

lunes, 8 de junio de 2015

Crónica del último plegramenet antes del Cristo

Otros lo contarán mejor y con más medios. Otros lo dirán con mejores palabras. Y otros habrán tenido más tiempo para prepararlo todo. La crónica del último pleno, el definitivo, el de las lágrimas, el de los agradecimientos, el de los guiños al público, el de los recuerdos al pasado juvenil y tratar con miedo el futuro. Miedo al futuro. No tengáis miedo al futuro, os recibiré con las manos abiertas y todo será como siempre ha sido. Como ha sido siempre. El Cristo de cuatro años de mayoría socialista. Pero que desde la oposición podéis jugar también. Llámame y lo hablamos. Llámame y te lo miro. El protagonista de la crónica nunca debe ser el cronista, pero como ayer fue el día del periodista y nadie me felicitó, o solo una persona me felicitó y basta, pues será que uno no es periodista y que puede hacer lo que le rote. He llegado tarde al pleno y me he perdido las intervenciones de los compañeros. El Siscu y el Xavi se despedían hoy. Del grupo de Icv-Euia sólo quedará la Sevilla y se incorporará el Jonatan en la próxima legislatura. Después de unos cuantos plenos, no todos, porque el virus de la política municipal me ha sobrevenido tarde, intentando estar ahí con los compañeros, llega el último pleno, donde hay que hacer acto de presencia para decir ‘ostia, compañero, adelante’, y llego tarde. Y me pierdo las intervenciones del Xavi, que dicen que estuvo escueto y medido, y del Siscu, que hizo una oportuna referencia a los superhéroes. Oportuna. De oportunidad. No de oportunismo. Gol, con la chepa. Vamos. Me pierdo las intervenciones de los de Gent, de la Fe y del Jordi Pastor, pero llego a tiempo para las intervenciones de los concejales socialistas que se van. Me pierdo también la despedida de Susanna Abelló de CiU, que dicen que ha sido muy emotiva. Pero llego para despedidas como la de Raúl Moreno, que será también socialdemócrata pero le conozco de hace un huevo de tiempo, aunque sea sólo un saludado y digo, mira, joder, lo deja. O algo. Y ya luego el Carmona y la Guinart y gente que parece que lleve toda la vida del mundo allí en el Ajuntament. O el Fogué, al que yo entrevistaba en mis días de radiofonista. Fogué dedica quince minutos a resumir 28 años. Y habrá a quien le parezcan pocos. En fin. Y alabanzas a la alcaldesa y a lo que significa el gran designio divino que la población de Santa Coloma le ha otorgado y que bueno, que si eso, que aquí estoy para lo que haga falta. Aquí. A mí. Yo. Como ven, hoy no estoy explicando nada. Porque podría explicar, por ejemplo, que ante los próximos cuatro años de mayoría absoluta socialista, no se privan estos de lanzarnos flores y hacernos ojitos para decirnos lo molones que somos, lo bien que hemos trabajado para ellos, digo, con ellos, y la mano tendida que tienen para que sigamos con la estela de la concordia y de lo que te dije. O lo de la segunda ciudad más pobre, perdón, con mayores índices de pobreza de Catalunya, pero que no, que eso es propaganda electoral, que somos la novena. La novena no es la décima. La novena es para estar como mucho más tranquilos. También podría explicar que los compañeros de los demás partidos que han obtenido representación electoral están allí para que se les vea. No antes. Están hoy. Pero antes no. Hoy sí. Y en el pleno, como en otros sitios. Vocación de maoríes se les llama. Digo, de mayorías. Qué gracioso con las equivocaciones, te podrías equivocar con… oiga. Y sobre todo, para hacer también mención, a la banda de la extrema derecha local que también ha llegado tarde al pleno. Igual les ha pasado como a mí que se les ha solapado con algo. No, de verdad, que nada. Que Santa Coloma tuviera tres representantes de la extrema derecha en el consistorio, era una vergüenza. Que no estén, es un orgullo. Pensar que esos mil quinientos votos o así que siguen teniendo ya no importan, un error. Habrá que seguir dando la brasa con esto. Y nada más, que no sé, que la gente está esperando a que llegue el sábado, que se presenten los nuevos y que lleguen ya las elecciones de dentro de cuatro años para ver qué pasa con la vida. Ah, y eso, que no he tenido tiempo de mirar quienes son los Aina esos de la camiseta. Que yo, de hardcore, poco. L’Odi Social y unos que vinieron a un Sintonizza hace unos años y que no recuerdo. El hardcore, qué cosa. Pues nada, que buenas noches y a ver si en otro rato contamos algo con más sustancia. 

viernes, 5 de junio de 2015

Gorteza

Bueno. ¿Cómo quieres que te lo deje? ¿Como siempre? Siempre que vienes te pregunto cómo quieres el corte de pelo y nunca me acabas de decir si de una manera o de otra. Que no lo tienes muy claro. Siempre te acabo cortando el pelo de la misma manera. Eres un cliente muy poco interesante, Gorteza. La gente que viene a cortarse el pelo siempre acaba diciendo lo mismo. Más o menos como siempre. Pero tú ni siquiera eres capaz de decir de qué manera quieres el 'como siempre'. Eso sí. Siempre eres el cliente con el que más tiempo estoy. Al que más tiempo dedico. Te sientas y me indicas así de manera muy poco clara cómo lo quieres, que al final acaba siendo como yo quiero que sea. Y te dejas ir. Y cierras los ojos y sonríes. Y no sé en qué estás pensando o de qué te estás acordando, pero me gusta cortarte el pelo, tocarte la cabeza, acariciarte el pelo. No es por nada. Me gusta porque no haces nada. Te dejas hacer. Te dejas tocar la cabeza. Otros están en tensión, pendientes de lo que hago. A ti te da igual. Y no es que estés dormido o fuera de juego. Es que no estás. Estás fuera. En otra parte. En otro sitio que te gusta más que estar aquí. En otro tiempo que debió ser mejor. No sé. Me lo imagino. Supongo que hablo demasiado y me imagino cosas que no son. Pero no creo que ese no estar se deba a que te guste cómo te corto el pelo o a la sensación de calma y de paz que deja que te laven el pelo, que te lo sequen, que te peine, que te amase un poco la cabeza. Me gustaría, pero no es así. Y me gustaría saber qué piensas. Nunca te lo pregunto. Pero me intriga saber qué piensas. Yo también tengo mis momentos en los que cierro los ojos y me dejo ir. Me pasa cuando llego a casa y no tengo ganas de hacer nada. Como también vivo solo, puedo hacer muchas veces lo que me de la gana. A veces, fíjate lo que te digo, llego a mi casa y solo tengo ganas de quedarme así como acurrucado en el sofá. Pero como siempre tengo algo que hacer, pocas veces me puedo dedicar a esto. Tengo la sensación de que no me estás escuchando. Me gustaría saber lo que estás pensando. En quién estás pensando. De qué te estas acordando. Dicen que vas al bar del Frederico a contar cosas que ves. Si supieras lo que dice la gente del bar del Frederico de las cosas que ves. Muchos no se las creen. Bueno, lo que pasa es que no se las creen porque en realidad todo el mundo sabe que no has estado donde dices que has estado. Que todo es imaginación. Cosas que ves en sueños o así. El otro día dicen que contaste lo que era una Aurora Boreal. Dicen que por una vez, todo el mundo en el bar del Frederico se quedó callado y no dijo nada. Qué raro ¿verdad? ¿Te dejo bigote? Nunca te lo he preguntado, pero podrías afeitarte el bigote. Nadie lo iba a echar de menos. O igual lo echaban de menos y te preguntaban y salías de... es igual. Ya está. Ahora vete para casa y come algo. Que seguro que no estás comiendo nada.

jueves, 4 de junio de 2015

Gorteza

Gorteza tiene un recuerdo vago sobre algo, pero no sabe concretar muy bien lo que pasó. A lo largo de su vida le han ido pasando cosas, pero tiene la sensación de que hay algo que ocurrió que fue muy importante y que sin embargo no consigue tener presente realmente en su memoria. Algo ocurrió que no sabe qué fue. El resto del pueblo sabe qué ocurrió, pero a Gorteza le da vergüenza preguntar qué. Gorteza supone que fue algo ridículo, algo de lo que seguramente tiene que avergonzarse, un suceso extraño y tonto que puede que no tenga ninguna importancia para otros, pero Gorteza sabe muy bien que todo lo que él piensa no es realmente lo que pasa y por eso desconfía y sabe en el fondo de su corazón, en el fondo de su alma, en el fondo de su cabeza, en el fondo de las partes del cuerpo palpables o no que existen que hay algo que falla. Que falló. En algún momento. Gorteza ha perdido a los amigos que tenía y ya no puede preguntarle a nadie lo que ocurrió para que todo se torciera de repente. Gorteza tiene la sensación de que sus amigos comenzaron a huir de él en algún momento. Algo pasó. Sus amigos en Villastanza de Llorera le tenían por una persona estimable, divertida, con sus momentos, pero con la que merecía la pena pasar un buen rato. Hablaba y hablaba. Ya había comenzado a bajar al banco a entornar los ojos. Tenía diversas ocupaciones que le ocupaban. Ocupaciones que le ocupaban. Siempre pasa que repasar los textos te enfrenta a la evidencia de que no estás por lo que tienes que estar. Estás escribiendo y estás mirando el tamaño del texto, mirando si el cursor, el roll loquesea, va haciéndose cada vez más pequeño. No cuenta lo que estás escribiendo, cuenta el tamaño. Cuenta teclear. Cuenta la sensación de estar tecleando, de estar bajando líneas y líneas de texto. Directamente desde la cabeza hacia el computador. Escribiendo sin tener en cuenta realmente lo que se escribe. Al peso. Volumen de texto. Cantidad. El texto va pasando y de vez en cuando uno se da cuenta de que está haciéndolo mal. Y debe parar y reflexionar y pensar qué está haciendo. En el mismo momento, no hacer como que no está pasando nada. Algo pasa. Algo está pasando que no estás escribiendo sino que estás tecleando. Pasando el rato con el ordenador. Haciendo como que estás haciendo una cosa pero en realidad estás pensando en otra, que quizás tiene que ver con lo que tecleas, pero muy tangencialmente. Tangencialmente. Has utilizado esa palabra hoy. O ayer. Tangencialmente. Te gusta utilizar la palabra exacta que otro está intentando encajar en la conversación. Te gusta parecer que no sabes, pero sabes. Sabes mucho. Pero algo pasa. Algo pasa que no sabes nada, que no sabes tanto, que en realidad no sirve de nada todo lo que dices que sabes. Ocupaciones que le ocupaban. Una historia de alguien que está intentando recordar qué pasó para que todo se torciera y él no sabe lo que es. Ni siquiera debe ser consciente de que algo está torcido. Debe pensar que la vida es así. Que hay que acostumbrarse a ir por la calle sin más pretensión que no tropezar, que no encontrarse con nadie que pregunte nada. Nada es tan importante como no molestar, sentarse en el banco, entornar los ojos, contar alguna historia de vez en cuando sobre cosas que pasan muy lejos o muy cerca. Cosas que le pasan a uno y que se aplican a otra persona. A un tercero. Gorteza. Gorteza no recuerda nunca nada más allá de lo que sueña o lo que piensa en ese mismo momento. Gorteza lo tiene muy jodido, dicen los que le conocieron. Gorteza va a acabar mal, apuestan en Villastanza de Llorera. Gorteza vuelve a su casa y tiene hambre. Abre los armarios, busca en la nevera. Se olvida de cocinar. Se sienta en el butacón y cierra los ojos.