viernes, 30 de septiembre de 2016

Crónica de una boda en Vilches. La fiesta del amor.

Pienso y repienso y no acabo de entenderlo. ¿Qué hacía yo allí? Es decir ¿por qué estaba yo invitado a esa boda? Rocío es amiga, una amiga del pueblo, una chica de Vilches que cada año por las fiestas tiene su ratico para echarse unas cervezas, comentar la jugada, revisar qué ha pasado durante el año, algún concierto, canciones y discusiones varias. Recuerdo una de las más divertidas: ¿lloran los jevis? Ella siempre defendió que sí, que los jevis lloran, son súper sensibles, que los jevis se pegan unos hartones de llorar que para qué. Yo pienso que no, que un jevi, si llora, pierde la condición. Puede ser otra cosa, un emo, un lo que sea, pero un jevi no. Y ella que sí, que ella conoce a jevis que lloran. En Vilches. No diré nombres. Pero si lo leéis, sois vosotros. Con su hermana, Inma, también he discutido alguna vez. Soy de discutir. Ya que no puedo encandilar con mi maravillosa sonrisa o mi apuesto garbo, discuto. Tema toros, principalmente. Ella no se acordará.
Con estos mimbres, me llegó un wasap con una invitación de boda. La fiesta del amor. Rocío y su pareja, Emilio, se casan. Emilio es un chico de Madrid, muy buen mozo. Será una boda especial, no será como las demás, será algo distinto. La música la pondremos nosotros.
Soy como un niño de diez años. Todavía me guío por tonterías como 'la música que va a sonar'. Si sé que va a haber buena música, la píldora entra mejor. Rocío y su boda. Me imaginaba yo una boda que fuera como un vídeo de La Casa Azul, algo pop, algo muy pop, algo azucaradamente pop, una cosa pastel, de colores tenues, música de cóctel, algo... no sé, como un guateque, como el vídeo de Amo a Laura, y no porque Rocío sea así, si no porque hubiera sido la leche. Divertidísimo. Fue divertido igul, pero fue de otra manera.
Rocío me dio la invitación de la boda antes de las fiestas de agosto. Una invitación preciosa, en una cajita, con una bombilla que debía colocarse el día de la boda en un... ¿quién se dejó la bombilla en Santa Coloma? Me hizo mucha ilusión que me invitara. Que alguien se acuerde de ti, que te tenga en cuenta, que considere que quiere contar con tu careto allí en ese día que, pongamos como nos pongamos, es especial, mola.
Rocío. La Rocío es una tía especial. La rubia. Habla y habla y te ríes un rato con ella. Me la imagino nerviosa perdida antes de la boda. O no. O igual estaba nervioso todo el mundo menos ella. No lo sé. Yo me la imagino nerviosa, ahora ríe ahora... la boda.
Estilismos. No sabía qué ponerme. Tengo unos pantalones que me compré en Massimo Dutti (para tí, Gacela), hace dos millones de años. Son 'de vestir'. Son anchísimos, como dos tallas más grandes de mi talla que no sé la que es. Pensé en llevárselos a mi madre que me los arreglara. Mañana, mañana, mañana. Nunca. ¿Qué me pongo? Qué drama. Traje, no. Traje jamás. Espera. Y si le pido un traje a mi padre, me quede como me quede y... no. Se acerca la boda. Voy a ir, tengo que ir, pero no sé si ir. Tengo que ir. ¿Y qué me pongo? Decidido. Los tejanillos, la camisa de cuadritos y una chaqueta. No tengo chaqueta. Cómprate una chaqueta. Me la compro. Las mangas me vienen largas por el motivo que todos conocemos del accidente aquel que... en fin. Los brazos cortos. Sea como sea, allí me planto. Los hay que van mejor, los hay que van mejor. Las fotos de rigor ante el espejo para enviárselas a tu madre que se quede tranquila. Más fotos en la puerta del bar. Vamos en autocar.
He avisado que voy a la boda con tan poca antelación que temo que ni siquiera se haya acordado de mí. Siempre igual. Pero no, estoy previsto. Viene el Jordi y viene la Amanda. He ido a comer con la Marina y me he echado un ratillo a ver qué pasa. Va. Voy con la barba recortadeja, con colonia a tope, bien. Vamos. Me he echado las fotos. No voy mal. Incluso los zapatos me sientan bien. Vamos.
Al autocar.
Vamos. Están la Willy, el Manfred, Roberto, el Conejo y una pareja o dos que no sé cómo se llaman. Son de Vilches, pero no sé cómo se llaman. Vamos. Van de traje todos menos el Conejo y el Jordi que va... el Jordi va. Amanda va muy guapa. Bien. Me siento solo en el autocar. Se casan en un sitio lejos del pueblo, pero cerca del pueblo. Lejos porque tienes que llegar por un carril, aunque esté a nada del pueblo, pero al ir por un carril todo parece lejos. El paisaje es brutal. Muy bonito. Como ya no hace calor, vuelve a parecer más verdecito todo y... bueno. Gana mucho todo esto. Llegamos. Nos bajamos del autocar y el sitio, insisto, mola mucho. Lo tienen todo decoradito y se ve al entrar lo de las bombillas. No llevo las bombillas. Me las he dejado en Santa Coloma. Es mi anécdota. Me las dejé y me he dado cuenta de esto en el metro viniendo... mal. Viene otro autocar, desde La Carolina al parecer. Se bajan tres chicas y nos saludan a todos muy efusivamente. Viene gente de La Carolina, de Vilches, de Madrid y de... Bien. Primeras cervezas antes de que la ceremonia dé comienzo. Qué bien montado todo. Cubetas de quintos a tope. Muy bien. Hace sed. Todavía no han llegado los novios. Están llegando.
Unas cuantas filas de sillas, un atril, un chico con un portátil que va poniendo música. Empieza la ceremonia. Entra el novio y entra la Rocío luego. Va muy guapa. Luego me preguntará si era coña, pero no. El vestido es como antiguo. Claro. Muy... principios de siglo XX. Por llamarlo de alguna manera, muy así, pero es bonito y ella va muy guapa. Él, pues un traje. Va mucha gente con pajarita. Es una opción que no he contemplado, la pajarita. Y los tirantes. Ellas van todas increíbles. Mucho vestido rojo. Mola.
La compañera Manoli es la que va a casar a la pareja. Intervienen amigos del novio, que no conozco, amigas de la novia (las chicas efusivas, una de ellas), la Inma, la hermana de Rocío. Música de fondo. Tiran arroz y confeti. Estoy situado al lado de un botijo, le hago fotos al botijo a la novia, a la ceremonia, etc. Estoy con los vilcheños, al menos por ahora. Supongo que algunos de ellos pensarán que qué hago allí. O todos. No sé. La novia llora y hacen los votos y todo está bien. Es bien.
Es la hora de ir a tomar algo. La famosa copa de espera, momento que define una boda, de la que depende buena parte de su éxito. Es mentira, es por rellenar. Está todo perfecto. Gente con bandejas y una especie de puestos que van sacando fritura de pescado a troche y moche. No queremos, no queremos, pero acabamos pegado al puesto de la fritura poniéndonos tibios de cazón, boquerones fritos y chopitos. Y venga, y queso, y venga fritanga. Qué rico. Y cervecita. Y sabes que vas a inflarte antes de empezar, y por eso paras. Los novios se están haciendo fotos. Nosotros también nos hacemos fotos. Hacemos una de los vilcheños que me gusta mucho. El Conejo me habla de música, de que no ha escuchado nada de nuestro grupo, que le hagamos amigo en facebook, que ahora le gusta pescar y estar en el pantano pescando. Y me enseña fotos. Es la hora de comer.
Las mesas están dispuestas de manera que los de Vilches y nosotros nos separamos. Estamos en dos mesas. Caigo con gente muy maja. Juanje, un tío interesante que lleva pajarita y tirantes. El chico que tengo al lado es muy joven y es de Linares. Le hago la broma de que para ser de Linares habla muy bien, que se le entiende todo perfectamente. No coge la broma. Tengo la teoría de que en Linares la gente habla atropellada. Igual es que solo conozco a gente atropellada de Linares. La comida es divertida. Bebo vino blanco, vino tinto. Como, pero como siempre, las gambas me las salto y me paso a la carne. Como, bien. Hay momentos en los que se interrumpe la comida para hacer entrega de regalos. La música ya hace temer lo peor, que lo de la gran fiesta pop no va a ser tal, que el efecto rumbetero, alboranero y madrileño, gana enteros. Somos dos catalanes comme il faut escuchando Lady Madrid. El ramo, Rocío le da el ramo a su hermana a ritmo de Dancing Queen. No sé, todo está bien, todo es bonito. El postre es un tatín de manzana muy rico. ¿Hemos acabado de comer? Hemos hablado de películas, de series y de si me gustan los bebés. Vaya preguntas.
Es la hora definitiva. La hora del baile.
No somos muchos. No es una boda masiva de mucha gente, es una boda con los justos. Vamos a otro lugar a bailar. Es la hora. Antes... un grupo de Vilches, rumbero, interpreta algunas canciones. Canciones de moda y canciones como... intemporales. ¿Te gustan?
Pues ya está. Parece que han acabado. El chico del portátil está ya situado en el lugar para poner la música. Ahora me acuerdo. Rocío me dijo que iba a traer a un chico que pondría música. Y pone música. No estoy en el mundo. Desconecto. He ido a fiestas del pueblo, a fiestas, a bailes, a bodas... y llega un momento en el que me voy. Desconecto. La música, la fiesta, no va conmigo. Me voy. Veo a la gente bailar, voy bebiendo, pienso en mis cosas. La música suena, la gente hace grupos y baila, ríe, bebe... y yo me voy quedando en mi parra. El soso que no baila, que conoce a poca gente y que está allí.
Van pasando las horas. Vente a bailar. Vente a... no. De repente he perdido a los vilcheños. No sé a qué hora, pero han desaparecido. Seguimos hasta el final. Las chicas aquí. Suenan otra vez todas las canciones de las fiestas, todos los éxitos. Pero hoy no estoy yo de humor. Ya está. Ya estoy mrando el movil, mirando a ver, perdiendo el tiempo. No interactúo. Los madrileños, todos de traje negro y camisa blanca, bailan desaforadamente. Es como el programa Furor aquel. Hay un chico de Madrid que yo creo que es francés y muy al final me dicen que es de Madrid. Hay máquinas de bailar. De cantar. De vivir la boda. Bailan, pero con un estilo como de haber bailado eso toda la vida. De haber estado en bodas desde... siempre. Yo no hago nada. Pero nada de nada. Ni cuando suena el piki piki, o el taxi. Ahí parado. Hablo con el Jordi, le doy pa brasa, o lo aburro, y con Amanda un poco. Ya está. El chico del portátil no solo baila sino que también... perdón, no solo pone la música, también anima y baila. Lo que me faltaba.
A las cinco se decide la retirada total. Me despido de Rocío, le digo que muchas gracias por invitarme, que ha sido genial. Ella me dice que ha sido muy bonito que viniera. Joder. Somos los últimos. Volvemos en el coche de la Bea, que después de mil años viéndola en Vilches, me entero de que se llama Bea. Y son las seis casi, y me tengo que levantar a las ocho y media.
Y bueno. Esto es. Una boda. La fiesta del amor.
El amor. Está bien.

jueves, 29 de septiembre de 2016

La alternativa y el complejo de culpa

Me opino encima. Sin saber cómo acabará la cosa y con lo que está pasando estos días, con la incontinencia que tiene uno parece feo no decir nada. Queremos saber tu opinión de mierda, que diría la canción de Los Punsetes. Varias cosas. En primer lugar, música de violines y canal nostalgia, me acuerdo de una foto de mi abuelo Antonio, que estaba en su casa, en la que se le ve a él y a otro par, mientras están haciendo un arroz posando con el puño levantado. Desde ayer pienso en qué se le pasaría por la cabeza a mi abuelo si estuviera viviendo estos momentos. Un momento extraño, el PSOE dirimiéndose, en principio, entre el sentido de Estado o el sentido por el que fue fundado. Estamos viviendo tiempos maravillosos. Tiempos tremendos.
La crisis del PSOE. ¿Cómo nos la tenemos que tomar los que participamos de otras opciones políticas situadas a la izquierda? Digo más. ¿Cómo nos lo tenemos que tomar quienes participamos, precisamente, de proyectos que son directamente responsables de la crisis de sistema que está llevando al PSOE a tener que redefinir el sentido de su existencia? Lo digo porque veo/leo que algunos compañeros hacen una reflexión en el sentido de que de lo que se habla es de eliminar cualquier alternativa al PP y que sin un PSOE en condiciones (cómo ya pasa con el PSC), no se puede ganar a la derecha jamás.
Tengo una sutilidad y una percepción de las cosas un tanto gruesa. De hecho esta última frase no se llega a entender bien porque no lo sé explicar. Digo, soy muy así. Y pienso que, si nos preocupamos por que el PSOE o el PSC deje de tener un papel importante como alternativa... es que no hemos aprendido casi nada. La alternativa somos nosotros. Si algo tienen claro los millones de personas que ya no han votado al PSOE como alternativa, es que no lo es. Que es garante de orden, de mantenimiento de cosas, de llevar a la masa de trabajadores y gente que confiaba en el PSOE como partido 'de izquierdas', por la senda de lo correcto, de lo liberal, del capitalismo en democracia, pero, para nada, como un proyecto de transformación.
Pueden contar la película de que en este país se han conseguido cosas gracias a los gobiernos socialistas. Yo, que soy muy bruto, pienso que no es tan así y que, si en este país se consiguen cosas es a) por las luchas de mucha gente que fue castrada luego por esos mismos socialistas b) por las inversiones europeas para adecuar el país a unos estándares mínimos de calidad. Es decir, los méritos han sido los de encauzar el país en la 'vida moderna' del capitalismo europeo (hablo de capitalismo y es como si estuviera citando algo antiguo y casposo, qué pena), pero no de transformación de los valores de una sociedad que sigue (seguimos) pensando que lo mejor es ir tirando y poco más.
¿Qué actitud ha tenido el PSOE con los partidos situados a su izquierda? ¿Merece la pena recordar? Creo que no. Creo que no merece la pena hacer un memorial de agravios, pero, esta especie de corriente 'ayudemos a los compañeros socialistas a que recuperen la senda... ', me hubiera gustado haberla visto antes de manera recíproca. No da alegría ver a alguien pasarlo mal. Pero no es nada personal. Es un proyecto que no ha querido nada a su izquierda, que ha trabajado por minar lo que hubiera a su izquierda. Lo dice Felipe González en una entrevista en Jotdown. A la derecha le viene bien que Podemos tenga un montón de diputados, porque así no perderá nunca. Al PSOE no le viene bien que haya nada que le haga sombra, porque se lleva todos los votos, pero... para qué.
Así las cosas, y a riesgo de que otros compañeros me digan que qué carajo digo... yo quiero ocupar el sitio del PSOE, es decir, quiero ser yo, el proyecto nuestro, el que reúna a las clases populares, a los que antes confiaban en ellos para un cambio que nunca se cumplía. Si no saben si quieren ser garantes de la gobernabilidad o les da miedo pactar con la izquierda... es buen síntoma, tienen que definirse en algo que antes no necesitaban. Les hemos puesto en un problema. El sistema pierde el tapón por la izquierda.
Tenemos una oportunidad para construir ya la alternativa que algunos tienen miedo de que no se dé ya nunca porque 'el psoe no está'. Los socialistas, los socialdemócratas, han de estar con nosotros. Nosotros somos los socialistas. En realidad, siempre lo hemos sido. Debemos construir algo sólido, nuevo, fiable, que sustituya efectivamente a los socialistas y sea capaz de cumplir con lo que promete. Intentarlo al menos.
Conformarnos con ser siempre subalternos, esperando a que se acuerden de nosotros... es pasado. El futuro ha de ser nuestro. Nosotros tenemos la culpa de que esto esté pasando, para bien. Porque hemos conseguido entre todos, al fin, plantear una alternativa. Y ya no podemos parar.
El futuro es nuestro. ¿Quién se viene?

PD: He escuchado esta mañana a Manuel Jabois decir que todo esto era un plan genial para construir un líder socialista fuerte, que todo acabará con un abrazo de Felipe y Sánchez, que en el PSOE son muy listos. Sería la pera negra, pero no te puedes fiar. 

miércoles, 28 de septiembre de 2016

El Sistema Nervioso

Volvemos por un instante a consultar algunas de las obras que nos han llegado y que se acumulan en nuestro buzón, recuperando un texto de Valdemaras Echagüe titulado 'El Sistema nervioso', que nos ha parecido digna de mención. O como se diga.
'Llevaba unos días raro. No sabía exactamente que me estaba pasando y por mucho que lo intentara y hablara con mi gente, no era capaz de localizar el qué. Era una sensación extraña, me faltaba algo. No encontraba. No lo veía. Así que entré en la tienda y pedí un Estado de Nervios. La dependienta se dirigió al estante donde se encontraban y cogió uno, pero no de los que estaban en la parte de arriba, que siempre están algo más arrugados, sino de los de abajo, que estaba impecable. Me lo enseñó y me dijo si necesitaba algún envoltorio especial, le dije que no, que me lo llevaba puesto. Salí de la tienda por la puerta y nada más poner un pie en la acera empecé a sudar y a mirar a los lados de manera compulsiva. Me quise sentar en alguna parte y no podía, porque no podía de dejar de mirar hacia los lados, a pensar que algo me iba a pasar, y no encontraba el sitio en el que me pudiera sentar. Caminaba deprisa por la calle y le iba dando golpes a todo el mundo, uno me llamó la atención, un señor con sombrero, y le empecé a gritar, a decirle de todo, le cogí el sombrero y se lo rompí, como en las películas, le pasé un puño por el... y lo tiré al suelo. Acto seguido me puse a llorar, y a pedirle perdón, pero cuando me puso la mano encima para preguntarme que qué me pasaba, me fui corriendo. Me paré delante de la parada del autobús, y me apoyé en el plafón de los anuncios, del plafón de los anuncios me quise sentar en alguno de los bancos de la parada, pero había algo en los bancos, algún tipo de rugosidad que me hacía sentir incómodo. Miraba el reloj todo el rato esperando a que llegase el autobús. Llegó el autobús pero no era mi autobús. Al final llegó mi autobús, cuando yo ya había preguntado veinte veces si había llegado mi autobús. No encontré asiento en el autobús, me fui a apoyar en una de las barandas y me quedé mirando a una señora que estaba intentando hacer callar a un niño, que supongo que era su nieto, y el niño lloraba y gritaba y pataleaba y chillaba y se reía y de vez en cuando se paraba y me miraba y yo evitaba mirarle y no podía parar de mirarle y querer que se callara, y me quería bajar y me quería ir, y el autobús no llegaba y a veces se me olvidaba dónde estaba y el autobús llegó y me bajé y no encontraba la llave de la casa y ya pensé que me la había olvidado y me la había dejado en algún sitio y empecé a pensar y a venirme abajo y a ver cómo entraba yo en mi casa y encontré la llave y luego me hice la comida y no tenía pan y luego me puse a escuchar la radio y jugaba el Real Madrid y parecía que iba a perder y al final ganó y luego me fui a dormir y venga a dar vueltas y vueltas y vueltas y vueltas y me levanté por la mañana desenjacado y me fui a ver a los colegas en el bar y les dije... estoy muy nervioso. Y ya está. Todos tranquilos'.

lunes, 26 de septiembre de 2016

Crónica del #plegramenet de Septiembre. Usted no está aquí.

Hay una luz. Una luz que la miras y te atrapa. Una luz que te guía y no te cansa. Mi infancia es un patio de Sevilla. Mi infancia es la Córdoba de los Omeyas. La luz te ciega y te lleva. No lean más, voy a imitar a Javier Pérez Andújar todo el rato. Voy a hacerlo con frases cortas. Con un vocabulario escaso. Voy a hacerlo todo como lo hacen otros. Con menos gracia, con un cuerpo menos cuidado, con una cámara de mierda, con un apoyo material con el que nadie se atrevería a atacar ni Shangsa ni ninguna ciudad de tamaño medio. Voy a contar lo que pasó y lo voy a hacer siguiendo las indicaciones del doctor. ¿Qué te pasa? Que los veo por todas partes, que su presencia es absoluta, que no lo puedo evitar. Es una necesidad de contar las cosas, primaria, elemental, la necesidad de que mi opinión de mierda, como dicen los Punsetes, sea leída, compartida, gustada, muy gustada, con una carita de risa que ole, que ole, qué arte tienes contando las cosas que pasan en los plenos de Santa Coloma que no puedo dejar de leerte y releerte y no saber si estás hablando de contadores o de cuentacuentos y no puedo dejar de imitarle, de querer ser como él, de escribir como él. Quizás si algún día consigo llegar a ser como él, lea yo también un pregón y ser el centro de la crítica, venga a decirme cosas. Ponerme caritas en el facebook, dibujitos raros, pedirme la amistad. Un pleno, el pleno del reencuentro, el pleno de las voces, el pleno de las caras perdidas, de los gestos entre la niebla, el humo del cigarro, los aros que describe el humo cuando sale de tu boca mientras fumas y piensas en otra cosa, en otro mundo, más grande, más amplio, como la vida que llevan otros, plena, pleno. Me gusta cuando callas, porque estás como ausente. Puedo escribir los versos más tristes esta noche. Puedo decir qué pasó y no hablar de nada. Puedo tener el móvil en la mano y olvidarme de todos vosotros. Puedo olvidarme de todos vosotros. Puedo hablar del primer punto del orden del día y decir que era un dar cuenta de diversos decretos. Tenencia de alcaldía de Serveis Interns, promoció económica, Comerç, Ocupació i Promoció de Ciutat (Servei de Recursos Humans). Huaman. Era un inca, creo recordar. Durante el pleno la cabeza me hace pensar en otros mundos. Unos grupos se abstienen en este primer punto que creo recordar que consiste en modificaciones de plantilla y unidades organizativas reorganizadas. Voy a hacer un primer alto para ver qué pasa. Unidades organizativas reorganizadas que se reorganizan y fluyen como el éter por el espacio de la sala de plenos mientras tú no apagas el sonido del móvil y sé que tienes una vida intensa porque no deja de sonar y te envidio. No sabes cuánto. Qué vida. Nosotros nos abstenemos. Hoy lo llevamos todo preparadito y bien, sencillo, limpio, claro. Hoy, los de la Gent d’esquerres ICV-EUiA lo tenemos todo apuntadito y bien. Hoy llevamos el mando real. Volvemos a lo grande, con todo hecho. Ahora toca citar una canción, me guardo el comodín. Se me va la cabeza y pierdo comba con facilidad. Pero no es culpa de nadie, soy yo, que no me sé atener a las consecuencias de estar vivo en Santa Coloma y ser parte de un proceso maravilloso. Primario como el hambre. Badalona discutida en Santa Coloma. En otro momento, más tenso, habría yo hecho mil y una consideraciones sobre esto. Se discute si Badalona ha de poder adherirse al Consorci del Besós, modificando sus estatutos y ampliando el ámbito de actuación del Consorci. ¿Badalona? ¿Cuánto hace que no voy yo a Badalona? ¿Y usted? Merecen la pena las cosas cuando conseguirlas cuesta un esfuerzo. Cuando ha habido una recompensa por el trabajo realizado. Dos frases más. Comiéndole terreno a la muerte. O a la vida. Se aprueba. Unos a favor, otros se abstienen. Badalona, compañero. En el Besós. Portugal en la Commonwealth. Frases cortas. No sabría construir cosas más largas. Quizás tú, que pareces más despierto. Una propuesta de aprobación de cuentas. Llevo viniendo a los plenos desde hace un par de años más o menos, escribiendo sobre el pleno, acerca del pleno, antes del pleno, post pleno. Aprobación de cuentas. Achacamos falta de transparencia, habiendo móviles, suelta el móvil, atiéndeme un momento, podríais colgar las cosas y a ver qué podríamos hacer. Nos abstenemos y otros piden la auditoría de la deuda, ya con un tono como el que pide que pongan los Pixies en una boda. Es un buen intento, nadie va a hablar mal de los Pixies, pero la gente parece estar ya a otra cosa. Shakira. Rabiosa. Ya no ponen Rabiosa y me molaba. Ahora ponen la de la cartica que te escribí. Colombia. Narcos. Narcos, narcos, narcos, narcos, no he visto narcos. Hay una canción muy guapa de Elia y Elizabeth, creo. Ya he metido lo de la canción y me falta algo del cómic. Falta transparencia, señores y señoras, que estamos en el siglo XXI. Puedo escribir los chistes más tristes esta noche. Damos cuenta de la ejecución presupuestaria del segundo semestre de 2016, nos damos cuenta y asumimos con la cabeza que el tiempo ha de pasar y que nuestras son las vidas que van a parar al mar. Que es el morir. Propuesta de aprobación de modificaciones de crédito que se votan a la vez y que no debería ser así, porque no es lo mismo rehabilitar un centro cívico, un colegio, una calle, un edificio el que sea, que pagar por los errores de gestión que ya os lo dijimos hace un tiempo y dale. Improvisación, que hacéis siempre lo mismo y nos coláis una cosa y luego la otra y votando las dos a la vez, así no, Barça. Voy a meter un punto y aparte que os veo sin aire.
Soñé por un momento que era Alien. Tú haces una cosa, te dicen que lo has hecho mal y tienes que pagar 170.000 eiros y bueno. Modifico, multiplica, plica, plica, plica, bufa. Sé de todo. La reina es Messi, pero el rey es… el rey es el portero. El secretario y el interventor manejan la maquinaria, invocan las voces, reclaman que llegue el aliento desde el más allá, preparan el reloj, meten la contraseña, funciona, se oyen voces. Usted está aquí. Ya no está aquí. Se lo hemos dicho mil veces, no lo hagan más. Y lo hacen. Todo a la vez. Se revisa, y ya estamos en otro punto, el inventario de bienes y derechos formada por el Ajuntament, sus organismos autónomos y los inventarios individuales de las empresas municipales… no me están escuchando. Lo noto. Noto que llevo un rato diciendo cosas y han perdido el hilo. Mi calle tiene un oscuro bar y llevo unas Paredes. Sé, que alguna vez, cambiará mi suéter. Quiero acabarme ese libro ya, el que me estoy leyendo y volver a ser yo, el mismo, sin imitar. Sin creérmelo. Creo que aquí hemos votado a favor y bien está si la dicha es buena.
Y entonces sale Francisco Busto a.k.a. Paco Bustos y lee el texto de la Plataforma en Defensa de la Serra de Marina i Can Zam y no te digo trigo por no llamarte Rodrigo. Que volvemos con lo de la Pinta Verda y tal. Pues que no. Que la cosa va de dialogar y de hacer las cosas un poquito hablando y eso, pero bueno, que aquí estamos, para servir le a Dios y a usted. Muchas gracias por atendernos y dejarnos entrar en su mundo por unos instantes, ahora que empezamos a ser un pálido reflejo de una época en la que, pesa que todo el mundo sabe que empalaga, lo naranja parecía el mañana y no lo era y lo sabíamos y pensábamos… y pasó. Si lo piensas pasa. Nosotros votamos en contra otra vez, porque lo de la Pinta Verda no lo tuvimos claro nunca y no nos hace falta, pero la intervención de la Sevilla es de bordarlo y no lo sabrá nadie porque no ha venido nadie a cubrir el pleno y estamos huérfanos de la prensa que ya ha perdido el interés porque tenemos la cabeza puesta en otro sitio. Can Zam para el pueblo, para un pueblo abierto al mundo y a la vida y a una buena orquesta que toque Europe y dudes de si son Europe o son una buena orquesta y tú digas, son Europe y vivas en la ensoñación de que sea Europe y estás deseando que pongan ya qué grupos van a venir al Rockfest que no puedo parar de pensar en los múltiples beneficios estructurales y de coyuntura, táctica y estrategia, pueden recaer en algún lugar de un gran país. Esos ojos negros, no los quiero ver llorar, porque no ha llegado todavía el representante de los colombianos de Sant Andreu de la Barca y vamos a hablar de otra cosa. De mientras. ¿Está bien dicho de mientras? Hoy no me he fijado en los calcetines de Zambrana, pero sí en los cordones de las bambas de Ariza, y juntos hacen el soñado Aranzana que algún día vendrá al pleno y ese día se acabará la política y todo, compadre. Compadre. Compañero del alma, tan temprano. Moción para dar apoyo a las víctimas de accidentes y errores médicos, que presentan miembros de la asociación Que no pase más. Y estaré yo idiota perdido y solo escucharé una voz, porque el secretario y el interventor no invocan como se debe invocar y será eso, pero el compañero Fornés hoy está bien. Todo, al menos lo que he escuchado, está bien. No oigo bien. Del oído derecho mal, del izquierdo mejor. Con el móvil, si me lo pongo en el oído izquierdo, es bien, con el derecho más flojo. Será porque tengo la oreja izquierda más arriba o más abajo. No me va a querer nadie nunca. Jamás. Ni un solo día. Todos tenemos derecho a una segunda oportunidad, a que nos pidan disculpas. Y a una sanidad pública, gratuita, universal y de calidad. Estamos todos con vosotros. Zambrana habla de un caso. Posteriormente, Laura Rodera hablará de otro caso en otro aspecto. Además del habitual master en economía, los populares quieren reconectar con el ciudadano hablando de cosas temporales. ¿Quiénes son Zambrana y Laura Rodera? No nos han presentado. El interventor y el secretario no son, porque ellos no hablaban cuando hablaban esas dos personas. Serán otros. Moción de apoyo al Correllengua 2016 que presenta el inevitable Didac Espí, que no se corta ni un pelo en llamar la atención: deja ya el móvil y atiéndeme un momento. La juventud. Osadía. Cómo me gustaría estar en casa esperando para cenar. Y Dimas Gragera de Ciutadans aprovecha para decir algo de una estelada, y parece que va a haber algo de lío, pero no hay trato. Gracias por las palabras, decimos nosotros. Alguien del público se ríe. Didac Espí es tan valiente que podría ser de Izquierda Unida.
La princesa está triste, qué tendrá la princesa, ya no ríen los labios de su boca de fresa. Ya ha venido el ciudadano colombiano que habla de lo duro que es haber estado en Colombia durante estos años y todos saludamos la paz y el acuerdo, y, como presumía, la intervención de Som será retrospectiva, pero no tanto. Al salir, hablo con el ciudadano colombiano y le hablo de Gaitán y el bogotazo y espero que me tiren un pescadito, pero me voy a casa con mucha hambre. Por la paz y la amistad. Acuerdo de paz en Colombia, fin del conflicto, pero no sabemos si vendrá la justicia. Es como un sueño. Presentamos una moción de apoyo a la autonomía de la gente mayor, de la gent gran en catalán. Que por ser mayores no pasemos a ser un problema, somos personas y aunque no se lo crean, no es dinero, es otra cosa. Es el detalle. Es el sentimiento. Es hacer las cosas sin tanto mirar, sin tanto escucharse. Y yo no sé qué pasará o dejará de pasar con los contadores de esta ciudad, pero eso de los nuevos contadores es una trufa. Porque te cobran lo que quieren y no son buenos y… moción al canto, contra los contadores telegestionables. Te cobran lo que quieren. Es un tema farragoso. Puedo escribir los versos más de Trieste esta noche. Mi cuerpo pide marcha, son solo las nueve y algo y se presenta la moción de C’s y la del PP, que son la misma pero no son iguales, por el tema de la comissió del Procés Constituent en el Parlament, que cuando se votó ni C’S ni PP estuvieron allí y hubo quien tuvo la cabeza en otra parte y no tenían cuerpo para discutir pero hoy sí que querían, pero al final, los primicos se han enfadao y no se ha discutido. Porque se cansa uno, supongo de que le digan que si, si, pero no. Y no hay discusión, y se queda uno con ganas de haberla escuchado decir, para que lo entienda todo el mundo que nosotros queremos el referéndum, queremos el derecho a decidir, queremos un procés constituent, pero que no necesariamente tiene que ser la independencia el final. Y lo íbamos a explicar, lo iba a explicar la Sevilla y el Corral se había puesto una camisa para escucharla y… pues no. Otro día. Hemos estado bien hoy, estoy contento. De hecho, creo que solo he escuchado a los nuestros y habrá sido por culpa del secretario y el interventor que no han sintonizado bien. No he captado la señal. Os estoy perdiendo. Estamos ahí. Sin nosotros, esto pierde mucho.
Y me gusta hablar contigo porque evocas otro tiempo y otra manera de ver las cosas tan diferente, pero no recuerdo tu cara, ni tu nombre, y a la luz de las farolas de la Sant Carlos no sé si eres de un pueblo a la orillita del Guardia Civil o te perdiste en Minessota como los Dandy Warhols. A nadie le gustan los Dandy Warhols. Lo que es cierto es que yo no estoy aquí.
Menudo pollo hay montado ahí fuera y nosotros aquí. Y yo haciendo imitaciones.

Elecciones gallegas y vascas, todo en orden. Orden y progreso.


El asalto a los cielos… el retintín. Sale Arnaldo Otegui en la tele y los primeros puyazos que suelta son para los que para él suponen la principal amenaza: Elkarrekin Podemos. El asalto a los cielos. Comienzan las valoraciones en la tele y bueno, parece que hay ganas de decir que el fenómeno se estanca, que no era para tanto y que, según la acera desde la que se opina, se ensalza un triunfador u otro. Las elecciones en Galicia dejan al PP como fuerza hiperdominante, En Marea (los nuestros) consiguen quedar por delante del PSdG en número de votos, pero no en escaños, el PSdG queda empatado con nosotros y pierde cinco escaños más, el BNG pierde un escaño que hoy he escuchado en la radio (en según qué radio…), que es un excelente resultado. En Euskadi el PNV aumenta su ventaja y podrá elegir con quién gobernar sin apelar a ningún mensaje revolucionario ni a nada estrambótico. Un poco como el PP a nivel nacional, proponiendo un ‘esto es lo que hay y tampoco merece la pena hacer mucho más’, tiene suficiente. EH Bildu queda en segundo lugar. Debían estar preocupados con la irrupción de Podemos porque ayer cargaban mucho las tintas diciendo que ellos seguían allí y que no se habían ido. Pero han perdido escaños. Terceros Elkarrekin Podemos, los nuestros (IU está en la casa). Supongo que nos pasa un poco lo mismo siempre. Nos flipamos, nos lo creemos, pensamos que lo petamos, nos damos un pequeño coscorrón en forma de ‘todo el mundo no nos vota’ y luego vemos las cosas con algo más de calma. No es petarlo, pero no está mal. Se supone que, si has ganado las elecciones en las generales (ojo aquí) en las autonómicas lo tienes que petar, pero no. Petarlo. El Partido Socialista de Euskadi queda en cuarto lugar, nueve diputados, su peor resultado… pero se consuelan pensando que a lo mejor les necesitan para formar gobierno… en fin. Y el PP que pierde uno pero a ellos parece que les da igual. Ciudadanos desaparece. Si Ciudadanos desaparece, o no aparece, es que alguien ha vuelto a votar lo que debía. Es decir, salvo en Catalunya, donde el voto de Ciutadans viene de dónde viene, parece que fuera vuelven a casa.
La gente de orden, gente que no quiere sobresaltos, que 'con esto ya está bien', sabe en quién tiene que confiar. Quienes han confiado en el mensaje de 'lo que hay es lo que se puede hacer', saben a quien tienen que votar. Los que quieren algo distinto, en cambio, lo tienen más repartido. Los que piensan que 'la derecha' solo se vence con un PSOE fuerte... los que piensan que el 'marxem' va antes que el 'para qué marxem'... o los que pensamos que se puede hacer otra cosa, de otra manera, ya que lo de antes no ha funcionado. Todo lo de antes. 
En fin. Qué podemos decir. Pues que esto va para largo. Que lo importante es participar e ir consolidando espacios. Que este país no es revolucionario (todavía), que no es de asaltar los cielos, al menos así de golpe. Ni este cielo ni otros. Ojo. Pensar que en cada elección nos lo jugamos todo, que en cada contienda electoral nos va la vida y si no conseguimos lo que nos pensamos que tenemos que conseguir, entrar en catarsis. Pues no. Siempre acabo pensando lo mismo, los que estamos acostumbrados a ostiones más gordos, estar frustrados por no ser directamente los más más, no nos quita el sueño. Ser parte de una alternativa capaz de ir relegando poco a poco al PS a un rincón, capaz de plantar cara y de ser vistos como la principal fuerza de cambio, me parece un logro impensable hace unos cuantos años. Así que, si no nos pegamos un tiro en el pie, vamos bien.
Pero, ay. Somos especialistas en pegarnos el tiro en el pie. ¿Verdad? Sí que se puede. Vienen tiempos extraños. Después de todo lo que pasó ayer, no sé si iremos a terceras elecciones. Ayer en la tele decían que Sánchez, líder del PsOE, se lo tendrá que pensar. No lo sé. Lo que yo pensaba que era una estrategia para mantener la marca a flote, no le ha salido bien. Hemos quedado por delante. Pero por poco. Si hubiera sido de otra manera, dejando gobernar a Rajoy, no sé qué les hubiera pasado. Así que me parece que cambiará poco la cosa. El PSOE supongo que está obligado a hacernos la prueba. Todo el mundo dice que (como Unidos Podemos o como En Comú Podem), estamos destinados a hundirnos. Pero no acaba de pasar. Que el fenómeno ‘podemos’ (al que ya, nos guste o no, estamos asociados) no se desinfla. Tendrá problemas, choques, idas de pinza, pero ya está ahí y hay gente que lo prefiere a lo de siempre, a lo fiable, a lo de lo mismo, a la oferta de estabilidad eterna de nada que son los socialistas. Estamos ahí y tenemos que estar ahí.
En Catalunya toca construir algo nuevo, con todos, intentando no hacernos daño porque nos conocemos, y preparar una alternativa real, de Gobierno, de calle, a lo que se nos ofrece. Algo capaz de movilizar a la gente que se moviliza en las generales y no en las autonómicas. Una cosa. Viendo la tele ayer, TV3, da la impresión de que en Catalunya no hay una derecha conservadora nacionalista, como en Galicia y Euskadi. Que el referente es Bildu. Luego en Twitter o en según que articulistas te das cuenta de que sí, que sí que hay derechistas. Y muy potentes. ¿Quién les representa? ¿De verdad son todos de ERC? ¿De la CUP? Viendo la tele, da la impresión de que aquí todo es antisistema. Y no lo es. No sé lo que durará la historia y hasta cuando la derecha nacionalista va a seguir por este camino de sonrisas revolucionarias. Por eso, desde la izquierda (glups ¿he dicho izquierda?) nos deberíamos preparar. Somos la alternativa. Ayer el retintín era que ‘se hunden’, ‘no han llegado a lo que…’. Vamos llegando, poco a poco.
Pero deberíamos ser más tranquilos, menos cabras, menos pendientes de quién sale en la foto. Tenemos una foto, debemos tener un proyecto que sea capaz de hacer creíble no solo que podemos, sino que sabemos. Que lo demás es lo mismo de siempre, que la gente de izquierdas, que quiere otra cosa, sepa que estamos nosotros y que los socialistas son conservadores. Y ya nos dan suficientes palos fuera como para no querernos entre nosotros. Si ya somos capaces de aparecer como la alternativa real, seamos capaces de… bla bla bla.

Yo que sé. ¿Y lo de Parlon qué? ¿Cómo va? 

jueves, 22 de septiembre de 2016

Aurora

Muchas veces tengo la sensación de que lo que me está pasando no es más que el reflejo de algo que les ha pasado a otros antes. Tengo algunos momentos, durante los días que estoy pasando aquí en Villastanza en los que me parece que estoy siguiendo un camino que ya han seguido otros. Que poco más o menos, no soy más que otra pieza extraña que viene a este pueblo, vive unos sucesos extraordinarios, queda impactado por una cosa y por la otra, quizás muere, quizás sobrevive o se larga, se enamora o se embruja con la mujer mayor con la cara más bonita que haya visto nadie y muy posiblemente no sea verdad que yo sea el único que se ha enamorado de ella y que otros hayan caído en la misma fascinación una y otra vez. Ahora, por ejemplo, estoy en la puerta de lo del Frederico y tengo una sensación como de aburrimiento. Como de que estoy haciendo algo que ya antes han hecho otros, que me van a pasar cosas que son sabidas. Lo fantástico debe ser maravilloso porque parece que ha pasado esa vez y no va a volver a pasar más. Si uno sabe que ya ha pasado antes, como yo intuyo que ha pasado antes, es como que pierde bastante gracia. La Aurora, mi prima Aurora, que mi madre se llame también Aurora, que mi hermana Aurora que nunca ha hablado conmigo hable ahora, todo este rollo del amanecer, y, sobre todo, esa sensación de que en esta historia se mezclan como con calzador cosas, sucesos, nombres, gentes, fenómenos que me da a mí que ya han tenido lugar en otras historias y que alguien, algo, decide que también tienen que estar presentes en esto que me pasa a mí.
Hay personas a las que les resulta cómodo estar involucrados en historias que ya les vienen dadas. Hay quien se encuentra cómodo aún sabiendo que está metido en una historia, en una vida, que está pensando otro. Yo, que no soy muy dado a las aventuras, que he llevado una vida bastante convencional, ahora me encuentro con que me están sucediendo cosas maravillosas en un espacio de tiempo cortísimo y no lo sé digerir. Las disfruto, las sufro, las vivo con mucho interés. Pero hay algo que me escama. Hay algo que me parece que no es natural. Algo, una especie de casualidad constante, de giros que hacen que lo que pasa en Villastanza tenga que ser por narices tan raro, cuando pudiera parecer que este pueblo no tiene más gracia que la de... no sé, no sé qué gracia es esa gracia. No sé, es la sensación de que alguien está escribiendo una historia que tiene que hacer coincidir con otras historias previas.
¿Y a quién se lo estoy contando? Es más, ¿no puede ser que otro se haya hecho esta pregunta antes que yo y a quién? ¿Con quién estoy hablando? Estoy ante la puerta del bar del Frederico, he venido a que me pase algo, algo que seguro que alguien está pensando qué es, que todavía no lo tiene claro. Y me tiene aquí divagando sobre el qué, el por qué y el cómo. Y yo pienso ahora en el por qué y en el porqué y nunca me va a quedar claro cuándo va junto y cuándo va separado. Y yo digo ahora, eso del por qué seguro que es algo que está pensando... y pienso también, qué mierda ser simplemente el fruto de la imaginación de alguien. O algo peor, el remedo de una vida de otro que piensa que haciendo esto consigue algo, al menos, tiempo. Un tiempo que podría emplear en otra cosa, más lucrativa, por ejemplo, pero menos enriquecedora. Qué bulto de frase final. Que la tenga que decir yo, encima, que no tengo nada que ver. Que lo único que quiero es entrar ya en el bar del Frederico y pedirme algo y no sé qué. Me apetece comer algo.
He desayunado poquísimo. O no sé si he desayunado. O no sé si el que me tiene en su cabeza se ha acordado que ya había desayunado antes y ahora ya no sabe por dónde va.

miércoles, 21 de septiembre de 2016

Dilema: una foto de recuerdo.

No soy... y ya empezamos mal. En la Facultad me dijeron que nunca empieces un texto con un 'no', que era una de esas cosas que llamamos 'lo peor'. Es igual. Ya da igual. Va. No soy una persona demasiado expansiva. Me gusta hablar con mis amigos, no siempre me gusta hablar con mis amigos, casi nunca me gusta hablar con gente a la que no conozco porque pienso que no he vivido lo suficiente, saben más que yo de vivir, se me puede ver el cartón de una vida que apenas sale de la calle San Joaquín. 
Pero es que, sin salir de la Calle San Joaquín, puede uno vivir mil y una vicisitudes, adentrarse en problemáticas sin cuento y dar pie a debates y problemas morales de primer orden. Siempre que digo lo de problemas morales me acuerdo de mi compañero de clase, el Morales. El otro día y creo que fue ayer, me encontré a su prima. La mítica prima del Morales, en la puerta de la tienda y pensé, no ha pasado el tiempo por esta chica, está igual. Sin salir de la calle San Joaquín, como digo. Me pasa esto y puedo estar dándole vueltas durante todo el día. O al menos hasta que llego a mi casa otra vez. 
Sea como sea, el dilema moral al que me enfrento, ya no moral si no más bien de comportamiento social, de relación con el mundo que me rodea y por ende, de relación de todos con todos, es el siguiente. De un tiempo a esta parte, en el piso de enfrente llora un niño. Llora un niño porque el niño es pequeño y tiene que llorar, no por otra cosa. De hecho, muy recientemente he descubierto que no es un niño, que son dos niños. Dos niños muy pequeñitos, dos bebés. Su madre sale con ellos al balcón muy a menudo, a que les de el fresco, a darles de comer, lo que sea. También sale el padre. No son de aquí, son del Este. 
Son de por ahí, del Este, sin concretar mucho más. Pero por los rasgos de ambos me aventuraría a decir que son del Cáucaso. Una vez, a las cinco de la mañana, oí al niño llorar. Pobrecito, debe estar pasando un calor endemoniado. 
El otro día, repasando fotos para hacer una cosa, vi las fotos de mi bautizo en esta misma terraza y uno de estos días, de estas tardes en las que no tengo otra cosa que leer sobre las enseñanzas de Buda, por ejemplo, mientras el sol va cayendo poco a poco y las nubes amenazan y bla bla bla, pensé, viendo que ellos estaban en el balcón de delante... igual les haría gracia tener una foto suya desde el balcón de enfrente, es decir, desde mi balcón. Me imaginaba diciéndole a ella o a él, 'perdona, pero, quiéres que te haga una foto con el niño, o si quieres que os la haga... me das tu número y te la paso por el watsapp, por ejemplo'. No sé, me parece que sería una cosa bonita. 
El mero hecho de pensar esto da cuenta de un cierto de estado de flojera, de una sensibilidad exacerbada, de una especie de sentimiento de fraternidad universal quizás inducido por lo que el Buda nos enseña o por algo que quizás se escapa y no sé lo que es. Como quiera que soy de comentar algunas cosas con esas personas con las que considero que tengo más cercanía, sean de mi calle o no (aquí soy muy laxo), me atreví a comentarle a una amistad mi idea. No fue bien acogida. 
Se me dijo que quién sabe cómo se podrían tomar el hecho de que alguien desconocido se tome la libertad de hacerles una foto, qué haría yo con esa foto, vamos, desconfianza. Yo solo quiero hacer una foto, para que la tengan de recuerdo, una foto nada más, desde mi balcón hacia el suyo, una perspectiva que no tendrán, enviársela y luego borrarla ante la autoridad que sea menester. Sin embargo, la negativa de mi interlocutor me ha dejado bastante 'pansío'.
Yo, por mi parte, seguiría adelante con mi propuesta. Estrechar lazos con los vecinos, con la gente que viene de otras partes del mundo y que seguro que quiere encontrar aquí también una muestra de cariño y buen entendimiento, aunque sea por parte de un barbas con la terraza llena de mierda como yo. En fin. 
Me hago ollas pensando cómo hacer lo del teléfono, si sería mejor decirles 'tírame el teléfono y te hago la foto'. O cómo me pasan su número. Veo a uno de los niños pequeñitos mientras aporrea la puerta de la terraza porque su padre la ha cerrado al salir a fumar y cómo cuando la abre, el chiquillo está berreando, emberrinchado total. Qué bonito. 
Pues nada. Que no. Que me abstenga. Que no lo haga. Que qué van a pensar. Que no me meta. 
Yo que sé. ¿En qué mundo vivimos? Digo yo que, si somos todos de la calle San Joaquín... no sé. Cualquier día se irán, quizás más temprano que tarde, o me iré yo. Y no tendré una historia bonita que contar. 
Bueno, a otra cosa. Igual con la terraza limpia, desconfían menos. 

Aurora

Mi hermana hablaba raro. Desde siempre hablaba lento, con la voz grave, como si fuera Nico de la Velvet Underground, pero hablando más despacio, lento, denso. Mi hermana Aurora, a la que no veía desde hacía mil millones de glaciaciones, había querido estudiar fuera. Se matriculó en una carrera de ciencias y se fue a una universidad gallega. Creo que a Santiago. Allí se quedó y no volvió. La recuerdo como en sueños. Era oscura, negra, grave. De muy jovencita se quedaba sentada mirando la pared, de espaldas a la televisión. 'En la pared hay cosas más bonitas', le decía siempre a mi madre. Mi padre nunca intentó entenderla, mi madre aún se esforzaba en querer sacar algo en claro de su hija, hablarle, que se abriera. No tenía amigos, no sabemos qué le ocurrió en aquella ciudad que hizo que no volviera jamás con nosotros. A mí nunca me volvió a decir nada. De vez en cuando escribía alguna carta dirigida a mi madre. Sabíamos que trabajaba en una empresa que se dedicaba a la fabricación de componentes para la industria pesquera, pero sin saber realmente qué empresa era ni qué componentes ni dónde estaba. En sus cartas contaba que estaba tranquila. Que el cielo estrellado de las noches de verano la enamoraba. Esta frase la podía repetir treinta veces en la misma carta. Mi madre las leía y sin mayor emoción, las guardaba. Estoy tranquila, qué cielo estrellado tan bonito. Alguna vez salpicaba las cartas con eventos tales como 'he comido pollo', 'huele a polvo', 'me enamoré de uno que era de fuera y se fue y ya estoy otra vez mirando a la pared', 'estoy sudando', 'vivo en un tercero', 'me llamo Aurora'.
Así que cuando sonó su voz por el teléfono me llevé un susto de muerte. 'Hola hermano'. Imagínen escuchar esas palabras con una voz honda, profunda, hoooooolaaaaaa heeeeeermaaaaaaaanoooo. Que posiblemente exagero algo, pero la sensación que me causa es esa. Su llamada me asustó tanto, pensaba que la profecía de mi prima Aurora había surtido efecto y alguien iba a morir, mi hermana mismo. Si me llamaba es porque no estaba muerta, aunque esa voz era de la misma muerte, Me asusté de tal manera que tuve que entrar en el primer bar para meterme en el lavabo. No pensé en cosas de cobertura, tampoco en cómo había dado mi hermana Aurora con mi teléfono. Me metí en el lavabo y allí sedente mi hermana fue relatándome el motivo de su comunicación conmigo. Me dijo, con esa voz cavernosa y lenta que 'se está nublando, hermano, no váis a iros nunca de Villastanza de Llorera, porque la prima Aurora no lo sabe todo aunque lo intente y la casa de los alemanes no es el lugar que dice la gente, tampoco el Café-Bar Luces que tanto le gustaba al otro, no, no es eso, donde tienes que ir es a lo del Frederico y allí te lo van a explicar todo y es donde te va a pasar todo y querrás entender lo que está pasando y te va a dar igual, porque ya no vas a salir nunca de Villastanza de Llorera, y ahora te tengo que dejar, hermano, porque se está nublando y no me gusta porque me recuerda a cuando amanece, que tampoco hay sol y se forman esas cosas raras que he visto en libros, menos mal que nunca veo amanecer porque sé que si ves amanecer estás perdido. Espero, hermano, que le des un beso a mamá Aurora, y si no nos volvemos a ver, que no nos volveremos a ver, pues nada'.
En ese rato, que fue bastante rato porque hasta que mi hermana Aurora me dijo todo eso pudo pasar por lo menos media hora larga, ni recuerdo las veces que pude... en fin. Una cosa espantosa. Mi hermana colgó y cuando quise devolverle la llamada para que al menos me dijera algo sobre cómo estaba ella, me aparecía que el teléfono estaba fuera de cobertura, hasta que a la tercera llamada, me dijo la voz grabada que el teléfono no existía. Fuera, en el bar, que no era el del Frederico, que era el Cifuentes, mi prima Aurora estaba mirando la televisión. Los parroquianos la miraban con mayor o menor disimulo, pero no dejaban de mirarla. Salí del lavabo, completamente descompuesto y mi prima Aurora me preguntó si quería tomar algo. Tenía mucha hambre, quería comer algo, un bocadillo, pero prefería irme a mi casa. El Cifuentes no era muy simpático y me dijo que lo de utilizar el lavabo y dejarlo perdido de mierda con un pestazo que no se podía entrar, sin consumir nada, pues que igual en la ciudad estaba permitido y no pasaba nada, pero que había que tener un poquito más de vergüenza.
Por no armarla, me pedí una caña y un bocadillo de queso. Mi prima Aurora no pidió nada. Le dije a mi prima que me había llamado mi hermana Aurora y ella contestó con un 'es muy maja tu hermana, hace tiempo que no la veo, pero cuando era jovencita nos llevábamos muy bien'. Yo no recordaba que ella y mi hermana se conocieran, ni verlas juntas, ni nada.
Yo que sé. Me paro a pensar y yo que sé.

martes, 20 de septiembre de 2016

Aurora

Me vestí, comí, me dolió la rodilla un rato y cuando dieron las cinco de la tarde llegó mi prima Aurora de nuevo para sacarme a pasear. Esto es lo que me contó mi prima Aurora sin que yo le preguntara ni a cómo se vendían: 'Hace algún tiempo, en este pueblo, sucedió algo extraño. Este pueblo siempre ha sido bastante extraño. Hay quien dice que todo empezó cuando vinieron los alemanes y de eso hace mucho mucho tiempo, pero yo he investigado un poco y creo que todo viene de bastante antes. No puede ser que una persona concreta convierta a todo un pueblo en una especie de parque temático de lo raro y sobrenatural sin que aquí se den unas condiciones a priori necesarias para eso. Es decir, que el alemán que vino, un tal Kohlthenberg que no te sonará de nada y que se hizo con medio pueblo, por no decir con todo el pueblo, ya traía quizás algo extraño pero sin duda este pueblo ya es extraño de por sí. Es mi teoría, otra gente tiene otras. Pero esa otra gente no está aquí, porque nadie se ha preguntado nunca en este pueblo porqué pasan cosas que aquí ya nos parecen normales y en otros sitios podrían dar para... por ejemplo, hace unos años, uno de esos Kohlthenberg murió. Asesinado. Faculdo Kohlthenberg, se llamaba. La historia del asesinato y de lo que le ocurrió a uno que vino, que decía que era de la familia de los Barrantes, le sirvió a un tal Benito Repojo para escribir una novelita que ganó un premio o algo así en un concurso literario. Ese Benito Repojo no sabemos de dónde salió, ni quién era, ni le hemos encontrado por ninguna parte. Yo siempre he pensado que fue el propio Barrantes el que lo escribió todo. O incluso otra persona. Benito Repojo. Repojo no es ningún apellido. Yo al menos no he conocido jamás a ningún Repojo, pero es que yo no he salido nunca de Villastanza y tampoco te puedes fiar de mí. Al menos en esto. En el libro sale una tal Poli que dicen que soy yo. No sé, igual tiene algo de parecido conmigo, pero yo no sé de donde sale ese personaje porque en la historia real... no sé. Yo no sé, igual pasó y yo no me acuerdo. Tengo lagunas. A veces pienso que estamos aquí y otras veces pienso, hace rato que no me acuerdo de si estoy aquí o me he ido. Igual es cuando me he ido cuando pasan cosas aún más extrañas. Ahora vamos a pasar por delante de la casa de los Kohlthenberg. Alguna gente del pueblo dice que si pasas tres veces por delante de la casa de los Kohlthenberg, alguien de tu familia se muere. Pero no muere si vive en Villastanza de Llorera. Muere si está fuera. Por eso hay poca gente que se haya ido de este pueblo a vivir fuera. Tu madre se fue, se casó con uno de fuera y tú no se sabe si eres de aquí o no. Por eso vamos a hacer la prueba. Yo no me creo que pase eso, que se te muera alguien de fuera. Pero vamos a hacer la prueba de todas maneras. Sin que lo sepas hemos pasado ya dos veces por delante de la casa y vamos a pasar la tercera ahora mismo. Ya veremos si no tienes una llamada de teléfono o algo. Sí que es verdad que hay una cosa extraña y segura que pasa siempre en la casa de los alemanes. Muchas noches, en verano, la gente sale a tomar el fresco. Los que viven en la misma calle de los alemanes dicen que, si te quedas medio traspuesto al lado de la casa, cerca de la casa, sueñas con cosas que luego pasan. Cosas con gente que se muere. Siempre tiene que morir alguien. Luego están los que dicen que si te quedas dormido en casa de los Kohlthenberg matas a alguien. Luego está lo de que las mujeres que nos llamamos Aurora somos brujas. Aquí ya no sé qué pensar. Desde siempre, no sé si desde que vino el alemán que decían que su madre se llamaba Aurea, o Aura, luego todas las mujeres que se han llamado Aurora o Aura, hasta los chicos a los que les ponían Áureo, todos tenían una pedrada. Todos veían cosas. Lo que pasa es que no se cumple con todo el mundo. Hay quien no se llama así y también tiene su cosa. Hace unos meses que tuvimos otra movida en el pueblo con un tal Gorteza que también estaba listo de la cabeza. Se enamoró de él una policía que vino a investigar otro asesinato, un peluquero que se encontraron con la... bueno, no te cuento mucho. Este también veía cosas cuando se quedaba traspuesto y vivía como a seis calles de donde los alemanes. Ya te digo que esto es todo muy extraño. Te está sonando el teléfono'.
Hacía como mil años que no hablaba con mi hermana Aurora. Después de hablar con ella me dieron unas ganas espantosas de ir al lavabo. Tuve que entrar en el primer bar para...

lunes, 19 de septiembre de 2016

Aurora

Me acosté un rato. Había pasado la noche fuera, tenía el cuerpo molido de estar tumbado en el suelo, me había comdo un par de tostadas, me dio sueño. Normal. Mucha gente se sorprende si has estado por la mañana haciendo algo y te da un poco de ñoña a eso de las diez, por ejemplo y te quedas sopa. Normalmente, si estás trabajando, esto no pasa nunca. Si estás haciendo algo, si estás con alguien, si hay algún input, si la vida te obliga o la devoción te acompaña o algo o alguien te mantiene pendiente de la realidad, esto no pasa. Pero yo, después de aquella noche, después de haberme comido dos tostadas, estaba en paz. Una paz que me obligó a ir hacia mi habitación y, sin quitarme la ropa ni nada, quedarme traspuesto en la cama. Nunca puedes anticipar lo que vas a soñar. Ni siquiera puedes saber si cuando duermes vas a soñar. Es posible, no lo sé, alguien lo sabrá seguro, pero digo que es posible que no sueñes todas las noches. No todas las noches recuerdas lo que sueñas. Hablo de noches y estaba yo dormido por la mañana, corrijo sobre la marcha, cada vez que duermes. Cada vez que duermes, digo yo que sueñas, pero no tienes porqué recordar nada. Sea como sea, yo estaba convencido de que, después de lo que había pasado aquella noche, yo iba a soñar algo. Algo bonito, algo que me remitiera a lo que había vivido contemplando aquella aurora maravillosa, con la voz de aquella mujer con la cara tan linda que nunca jamás, comparando, valorando, siendo completamente objetivo, podré encontrar jamás algo tan así. Estaba absolutamente muerto de sueño. Me dormí y soñé. Lo que soñé no tuvo nada que ver con nada de lo que había ocurrido. Había llegado a una casa. La casa tenía todos los cajones, todas las puertas de los armarios, todo lo que debía estar cerrado, al menos entornado, al menos recogido, estaba fuera, abierto, y en el centro de un pequeño salón, un comedorcito típico de una casa que no era ni mucho menos una mansión, sino tan solo una casa en un pueblo, un butacón. Y sentado en aquel butacón, un hombre, un poco mayor que yo, o yo quise pensar que era un poco mayor que yo. Y aquel hombre estaba dormido. Y yo, sin saber por qué no le desperté y me puse a cerrar todos los cajones y las puertas de los armarios. Cuando estaba ya acabando ese trabajo que me había autoencomendado, alguien entró en la casa. Era una mujer. Una mujer que fue directamente a despertar a aquel hombre que estaba sentado en el butacón, durmiendo. La mujer no me veía. Intentaba despertar a aquel hombre y no podía. Se puso a llorar, desconsolada. Se sentó en el suelo y yo quise ir a decirle algo, pero no me salían las palabras de la boca. Pensé que aquel hombre no estaba dormido, quizás estaba muerto y me asusté. Notaba que iba respirando cada vez más fuerte. Cada vez más fuerte. Estaba asustado. La mujer lloraba. Entonces, se puso de pie y cogió un cuchillo que se había quedado fuera de los cajones y se lo clavó en el cráneo al hombre que estaba dormido.
Me desperté de golpe y sudando como un pollo. Estaba en mi casa, estaba tumbado en la cama. Mi madre había cerrado la puerta y bajado la persiana. La volví a subir y entró un chorro de luz que me cegó. Todavía era de día. De hecho, miré el reloj y no eran ni las doce del medodía. Me fui al cuarto de baño a darme una ducha. Escuché voces en el salón. Mi prima Aurora estaba hablando con mi madre. Le estaba contando lo que habíamos hecho aquella noche, dónde habíamos estado, lo que habíamos visto. Escuché cómo mi madre le decía a mi prima Aurora, 'ahora no nos vamos a ir nunca'.

domingo, 18 de septiembre de 2016

La Mula y la Pa en el Línea. El otro blues.

No sabría decir, aunque es fácil mirarlo y contrastar los datos, cuánto hace que vi el primer concierto de La Mula y la Pa, pero creo que podría decir que hace un año aproximadamente que les vi en el Cinc y me quedé pasmado. El blues, decía entonces, me lo preguntaba más bien, ¿qué era el blues? En aquella ocasión, así como en actuaciones posteriores, La Mula y la Pa, Carlos y Patricia, se presentaban como un dúo engrasado, en que el repertorio estaba fijado, en el que la fuerza que transmitían se basaba en un conocimiento de los giros, las bases, una serie de trucos que hacían que lo que comenzaba como blues se fuese al flamenco y viniese de nuevo al Delta, sin que sepamos qué Delta exactamente puede ser.
Ayer, en el Línea, vimos y escuchamos blues. Fue un concierto extraño. ¿Qué es el blues? Es algo que no deja uno de preguntarse. El blues puede ser muchas cosas y es una cosa concreta. El blues es algo que tienes que escuchar, que lo tienes hasta que ver. La interpretación de ayer de La Mula y la Pa fue blues. Otro blues. No un blues que recupera un repertorio de clásicos añejos y los calca, no un blues que adapta a un lenguaje determinado y reconocido algo que puede parecer alejado de la norma. Lo que vimos ayer es otra cosa.
Ayer vimos a un dúo debatiéndose en plena actuación por el camino a seguir. Un dúo improvisando, un dúo que tira uno del otro para llevar a buen término un concierto que puede descarrilar en cualquier momento. Ayer vimos otro blues. ¿Qué es el blues? El blues es, como dice la leyenda, un cruce de caminos en el que no sabes hacia dónde debes ir, ni siquiera tienes interés real en saber qué quieres hacer, y alguien que te dice que, muchacho o muchacha, yo te puedo ayudar, pero me tienes que dar algo a cambio. De alguna manera hay que meter en el texto la clásica historia del cruce de caminos. Ayer en el Línea, con un ambiente hostil al que había que sobreponerse e imponerse, La Mula y la Pa nos ofrecieron otra versión del blues. No un blues de virtuosismo, de erudición, de sorpresa estilística, sino un blues que se debate por seguir hacia delante, aunque sea a fuerza de tirar por la borda lo sabido, lo conseguido y lo que podría ser y recuperar, aunque sea a la vista de todos, la inquietud por lo que va a pasar con el siguiente acorde, con el próximo cambio, qué va a cantar la Pa ahora que parece que la Mula ha variado lo que se había acordado en un principio.
¿El blues es mejor o peor que otra música? El blues es la música que te acompaña cuando hay una ausencia, cuando alguien no está allí para hacer palmas contigo, el mejor blues es el de ayer, quizás, cuando lo que están transmitiendo los que cantan, los que tocan, es algo que se asemeja a lo que tú tienes. Puedes disfrutarlo igual agarrado a tu pareja y comiéndotela a besos, o con un pedete que te hace creer que eres parte también tú de la banda, o sufriendo por que todo salga bien, que no descarrilen, que no se paren, que el hilo que les une no se rompa y salte todo por los aires.
Yo quiero ver más conciertos de la Mula y la Pa, seguir disfrutando con esa visión del blues, del flamenco, de la interpretación, donde todo parece medido y a la vez cada vez más parece libre, suelto, sin dirección aparente.

¿El blues debe tener dirección? El blues lo llevas o no lo llevas. Lo puedes sentir como ayer, lo puedes sentir como hace un año. Quién puede decir nada. Quién puede saberlo.

Albert Fabà y Josep Pascual hacen Coral Romput en La Colmena. Escribir la vida.

‘Lo hace muy bien’. ‘Lo hace bien’. La crítica lo tuvo claro mucho antes de que acabara el espectáculo. El tren que sube a Paterna y el tren que baja de Paterna. En el Teatre la Colmena, Albert Fabà (voz) y Josep Pascual (piano), llevaron a cabo ayer sábado la interpretación de una selección de versos del Coral Romput del valenciano Vicent Andrés Estellés. En la hoja promocional se nos advertía a los que no conociéramos al autor que Estellés podría considerarse el mejor poeta valenciano después de Ausiàs March. Casi nada. Asimismo, en la muy instructiva hojita, se nos daba una pincelada biográfica de Estellés para situar al personaje y el contenido de la obra que íbamos a disfrutar. La hoja explicaba que Coral Romput es un conjunto de versos, a veces inconexos, una retahíla incesante, que significaba la cumbre de la obra de un autor marcado por la muerte de su hija, ‘la meua xiqueta’.
Y esta es toda la información que yo tenía de lo que se iba a ver. De hecho, pobre ignorante, ni siquiera fui capaz de entender que Estellés era el autor de Coral Romput, se me metió en la cabeza que era Espriu, patán de mí, aunque como en sueños supiera yo que Ovidi Montllor lo había interpretado alguna vez o había hecho un disco… algo. Mi relación con la poesía es tan mínima que podemos estar sentados uno al lado del otro y no reconocerla. No sabía nada del espectáculo, no conocía lo que iba a ver, pero conozco a Albert Fabà. Y Fabà me había avisado para que fuera.
Los clásicos activistas de la Santa Coloma que se reúne, que hace asambleas, que discute, que hace carteles y manifiestos, que pierde el tiempo intentando hacer cosas que no hacen que nos abramos al mundo precisamente y pone palos en las ruedas a la reconexión de nuestra amada ciudad de postal con el mundo moderno, conocemos a Albert Fabà por ser uno de los integrantes de la banda. Una persona que no es de Santa Coloma, como casi todo el mundo, pero que vive esta ciudad de una manera vehemente, apasionada, visceral, a veces excesiva, capaz de montar un pollo lamentable en la sala de plenos y mostrar después una sensibilidad auténtica cantando una canción sin más acompañamiento que su puño cerrado marcando el ritmo reclamando, una vez más, que Can Zam sea un parque verde y frondoso de una vez. Discutir con Fabà, supone un esfuerzo de preparación de argumentos y fuerza de voluntad que consiga anular la batería de datos, cifras, historia y pasión con la que te enfrentas. Ayer, al saludar y felicitar al pianista Josep Pascual, éste preguntó si era ‘amigo’ de Albert. Pues no. No soy su amigo, eso sería demasiado optimista por mi parte, pero soy un conocido, que ya es mucho.
El tren que sube a Paterna. El tren que baja de Paterna. Coral Romput interpretado en tres bloques (que costaba definir, pero bloques que tenían su sentido al fin) por un Fabà que iba martilleando los versos, apasionadamente (pasión, vehemencia, Fabà), durante una hora. El pueblo, la tierra, los olores, el amor, el amor, el amor, la muerte, los besos, el yayo y la muerte del yayo en un julio que todos sabemos cuál es pero que no coincide con…, el cuerpo desnudo, los cuerpos desnudos, la fogosidad después de ocho años de relación, la muerte que sube en ascensor, el tren que sube a Paterna y el tren que baja de Paterna, la hija, los besos, los poemas, escribir, sentarse a escribir. Parar de escribir porque tienes la mano sudada y se te pega en el papel y te suda la mano al coger la pluma o el bolígrafo. La opinión de una madre que piensa que antes escribías mejor, que antes no hablabas tanto de la muerte. Europa. Escribir versos bonitos, Escribiendo la vida. Becker, Campoamor, vivir, recordar una vez que viste el mar, Italia, el huerto, tener ganas de orinar y luego orinar cuatro gotas. Frases y versos que se te clavan. Si algún día te enteras de que han matado a la muerte, no preguntes quién ha sido, seguro que ha sido un padre o una madre. Tremendo. Y a veces el piano de Josep Pascual se mezcla con la voz, otras veces va por libre, o sirve de introducción o para darle el punto final a un verso que duele. O que hace reír. Y te tiene la hora que dura el espectáculo, pensando. Pensando. A veces piensas en lo que está diciendo Fabà, en lo que está pasando en esa cabeza de Estellés y piensas también en lo que pasa en tu propia cabeza. Y sabes que eso que se está contando es de verdad, que no hay que ser excesivamente culto, formado, leído, convencido, afín a ninguna causa concreta, simplemente tener algo de sensibilidad, sangre en las venas, entender que alguien está contándolo todo, de golpe. Y contarlo todo supone contar cosas ridículas, pequeñas, sencillas, un paseo, una caricia, la vez que fuiste a una lechería y la besaste, cualquier cosa. Y las más duras.

Lo hace muy bien. Quiero tener el Coral Romput de Estellés, leerlo, con la voz del Fabà retumbando. Quiero saber más, aunque no sé si me tocarán como me tocaron ayer esas palabras. Creo que no se puede conseguir más con menos. Un piano, una voz, la pasión y unos textos que se salen. Muchas gracias.  

sábado, 17 de septiembre de 2016

Aurora

Los días pasan y la vida se compone de momentos. Momentos que se unen y que conforman un todo. Y ese todo es el vivir. Y así podría estar horas. Si te tuviera delante, podría estar soltando polladas como esta de manera constante. Sin parar. Si te tuviera delante, podría decirte un millón de cosas que ya has oído, historias que ya te han contado, podría rellenar el tiempo de una manera perfecta. Si estuvieras ante mí, o si yo estuviera a tu lado, podría empezar a hablar de la vida y no pararía. Podría inventarme un mundo mejor, o un mundo peor, o criticar este mundo mismo. Podría empezar a hablar y a hablar y no habría manera de callarme. Si estuvieras delante de mí ahora mismo, intentaría crear un momento que no tuviera explicación posible para que pensaras en él al menos hasta que te volviera a tener delante otra vez. Si estuvieras en un plano en el que pudiéramos establecer un diálogo, muy posiblemente intentaría hablar yo mucho, contar algo que captara tu atención de una manera definitiva. Completa. Y si pudiera, si yo pudiera hacerlo, crearía un fenómeno atmosférico, algo realmente espectacular, algo que te impresionara de verdad, para no tener que volver a pensar en tenerte delante, o al lado, porque entonces, después de tan fascinante situación, tú ya no volverías a no estar y pensarías, debe ser este joven alguien parecido a Dios o algo así, porque lo que acaba de hacer es tan prodigioso que quizás no sería una idea tan descabellada la de pasar el resto de lo que me quede de vida pendiente de lo que pueda suceder en torno a él. Y yo pensaría algo parecido respecto a ti, porque ese fenónemo tan monumental, tan tremendo, tan terrible, no sería más que una pálida maniobra de llamada de atención, una mierda de emulación de algo que tú ya has conseguido. Si yo te tuviera ahora delante, con esa cara que es lo más reluciente y bello que cualquier ser humano haya podido contemplar jamás. Y digo ser humano y pienso, un momento, pienso que quizás esté siendo demasiado restrictivo a la hora de hacer este pensamiento. Seres humanos, entes sobrenaturales. Estoy intentando decir que, en realidad, lo que pasa es que no somos personas, que no podemos ser personas cuando yo estoy pensando en crear un fenómeno natural, una conjunción de variaciones del tiempo y del clima y de la formación de nubes y de la radiación del sol y todo eso que no sé ni de lo que estoy hablando solamente por que quisiera crear algo que se pareciera a la sensación me produce pensar en tu cara, la cara más bonita y reluciente que yo he visto nunca. Me estoy tomando un café con leche y una tostada. No me gusta ponerle tomate a las tostadas, pero en Villastanza te ponen el tomate y parece que da apuro no embadurnar la tostada con el tomate por encima. Y lo hago. Mi prima Aurora se ha pedido un zumo de naranja y un bocadillito de queso. Ella no ha pedido un bocadillito de queso, le ha llamado de otra manera diferente. Mientras estaba untando o embadurnando el tomate por encima del pan, me ha venido a la cabeza una forma, un algo que se intuía mirando la molla del pan que queda cuando parece que se ha tostado y no, y el color rojo del tomate encima del pan y me ha dado por pensar en tu cara otra vez. Y en las cosas que me dijiste en aquel pequeño prado mientras en el cielo todo se llenaba de colores. Y me he preguntado si todavía me quedaba algo de verde en los pulmones. No. No me queda nada, porque ahora lo que tengo es rojo. Rojo de tomate. Este bar es muy aburrido, pero a mi prima Aurora es el que más le gusta del pueblo. Le he preguntado a mi prima si hay alemanes en Villastanza, colonos o alguna cosa así, porque... no me he atrevido a contarle más, pero no ha hecho falta. Sin cortarse un pelo ha empezado a recitarme un poema en alemán. 'Meiner zeit, deiner zeit, unser zeit... zeit'. Igual no era un poema. Por un momento me he quedado mirando a mi prima Aurora y algo, un destello, un giro, un reflejo...
He vuelto a mi casa y mi madre estaba sentada en una silla en el patio. Me ha dicho que tenía la cara roja. Que a veces, la gente que pasa la noche fuera coge tanto color como la gente que toma el sol en la playa. Le he dicho que igual era del tomate.

Miscelánea


Mis problemas con la tecnología y la línea Molina de acción contra las averías. Hace dos meses, quizás más, el mando del tdt dejó de funcionar. Te podías pasar horas dándole a los botones que no reaccionaba. No tenía televisión. Solución de emergencia, compré un mando de esos universal que funcionaba un poco a medias. No podía escuchar la radio, no podía poner la tele en versión original y no reaccionaban la mitad de los botones. Pero al menos tenía tele por si me daba por ver las noticias o algo. Algo. Bien. Justo antes de irme al pueblo, el mando dejó de funcionar. No tenía televisión. Volví a leer, estaba más en la calle que en casa, escuchaba la radio… vivir sin televisión. El otro día me dijeron ‘la esmeralda está en la voz’. La cantante de Pelogruesoul estaba en un programa de televisión y yo iba a ser el único colomense que no iba a verlo. Volví a insistir con el mando universal de marras. No reaccionaba ya ni para apagar o encender el tdt. Desesperado, sintiéndome fuera de juego, por aquello de... volví a insistir con el mando antiguo, el original. Y funcionaba. ¿Qué ha ocurrido? No lo sé ni me voy a detener demasiado en buscar explicaciones. Ahora va, ahora no va. Puse la tele, el programa había acabado, vi al Iceta en el Més 24. Luego puse radio Clásica. Y seguí leyendo. Es una gran cosa volver a tener televisión. Ayer no vi a la Parlon en el Polonia.

Hoy he soñado que íbamos a una discoteca. Era una discoteca rara, porque en los sueños todo es raro. Mucho más raro de lo que suele ser normal todo. Estábamos en la puerta y ya era raro. Era todo azul clarito. Y todo como de cristal. Los pasillos, la sala, el suelo, todo era de cristal. Y la música era muy extraña. No era música de bailar, era música raruna, que se cortaba, que no avanzaba. Estábamos esperando a alguien, alguien que se había quedado atrás y que no llegaba. Pasábamos de él y nos íbamos para dentro. Dábamos vueltas alrededor de las salas, pasando por los pasillos acristalados. Igual tiene que ver que pasé ayer por delante de lo que antes era la pizzería de la calle Sant Jeroni y ahora va a ser una academia de baile. De sevillanas, zumba, todo eso. Ya hay gente ahí. Todo acristalado. La música que sonaba en mi sueño supongo que tiene que ver con Michael Rother. Malditos alemanes y su música alemana. No sé porqué pero aunque la música era muy poco movida, nosotros bailábamos. No soy yo muy bailón, pero me esforzaba por resultar sandunguero y divertido. Tengo que ser muy divertido y muy vacilón. A partir de ahora voy a ser una persona muy divertida, no me queda otra salida que ser quizás la persona más divertida de Santa Coloma. No me voy a perder ni un sarao, ni una fiesta, cuando me digan ‘vente’ voy a decir que sí. Se ha acabado la miseria. En el sueño no sé cómo ha acabado la cosa. He pensado, seguro que son las 7.24. Y lo eran. Todo va muy bien.

Me volví a encontrar con la hija negra. Hacía por lo menos año y pico que no la veía. Está igual. Hace mucho tiempo que dejó de ser nuestra hija negra. De hecho, si lo analizamos bien, no es tan joven como para haberla llamado la hja negra. Está igual, como digo. Candela, la perra que protagonizó momentos tan y tan memorables, no está igual. Se ve mucho más calmada. Nuestra hija negra está a caballo de muchos sitios desde hace tiempo. Hay gente como ella que tiene algo que otros no tenemos nunca, es una valentía por ir, por hacer, por llegar a un sitio, que no haya nada, encontrar algo, hacerlo, si sale bien pues muy bien, si sale mal no pasa nada. Fracasa, fracasa mejor. Pero ojo, ella no fracasa, nuestra hija negra siempre está. Es muy grande. Vuelve a tener rastas como cuando la conocimos. Por dónde iba. Decía que hay gente asi en mi vida. Personas que son atrevidas, que se salen mucho de lo que me gusta a mí. Gente que no tiene miedo. Que hace las cosas, están hechas, se harán otras, conocerán a gente, se olvidarán de la gente, volverán a encontrarse, estarán allí, les perderás el contacto, vienen, se van, parece que están al borde de algo y están en una vida que no se parece a la de nadie más. Tengo una cierta fascinación por las personas así. Aunque yo no soy así. Para nada. Ya os cuento un día.
https://www.youtube.com/watch?v=Jo3rblbihPE

Parece que el mundo no deja de girar. Ni mucho menos de sorprendernos. Ayer, por ejemplo, escuché a un señor de edad, dar una lección sobre lo que es tener pasión por la vida. Si tienes pasión por la vida, puedes hacer las cosas, si no, mejor no hagas nada. Y otra cosa. Amor por la gente. Esto es importante. Escuchando a ese señor ayer, uno entiende que es muy difícil ser muchas cosas, pero es mejor ser compasivo con la gente. Implacable con las injusticias, duro con el poderoso, pero amable y bueno con el género humano. El género humano. Ese señor mayor, fotógrafo de Santa Coloma de Gramenet, provincia de Barcelona, nos contó su vida. Nos la cuenta una y mil veces, cada vez que le dan la oportunidad, nos cuenta lo que ha vivido, que parecerá poca cosa, pero es una historia verdadera. Una historia que no necesita ser reformulada, que no necesita ser revisada o puesta al día, que no necesita artificios para que te la creas. Es la historia de mucha gente, es la suya, una historia contada con imágenes que, (y como dijo un poeta local, allí presente) si no llega a ser por él y otros pocos como él, se perdería en la carrera constante hacia la nada, hacia la reconexión, hacia la ceja levantada, hacia la puta mierda. Durante una hora y media, ese señor mayor, volvió a enseñarnos sus fotos, los descampados, los charcos, la dignidad de la gente que es capaz de hacer las cosas bien en las condiciones más adversas. Y hablaba y hablaba y había veces que parecía que se iba a quedar... y seguía. Porque le gusta vivir. Con dignidad. (El efecto del final, me sale de bien...).
https://www.youtube.com/watch?v=J30BChx_P2Q

Tengo la susceptibilidad a flor de piel. Cuando alguien, lejano a mí, al que no conozco de nada, escribe, habla o canta, sobre un tema que quizás muy tangencialmente me ha interesado de alguna manera, pienso irremediablemente que habla de mí y que, naturalmente, se bufa de mí. Cuando alguien cita algo que me podría afectar, me gusta pensar que habla de mí, aunque sea mal. Ando muy necesitado de afecto, de cariño, de atención y me quedan solo algunas opciones ridículas: el calcetín con los dos ojos pintados, la barra del bar en la que creo que todos son mis amigos, interpretar los textos, las canciones, las películas como si me las estuvieran cantando a mí. Ando tan bajo de recursos que a veces quiero creer que todo el mundo está representando algo para mí, ya me ha costado algún disgusto porque realmente eso no pasa. Pero yo veo señales. Veo cosas. El otro día me encontré un cuponazo en el suelo. Doblado. Lo miré y estaba en curso. Para ayer. Dilema moral, si me hubiera tocado. Alguien lo había puesto ahí para mí. Quizás debería haberlo devuelto, pero la prueba no hubiera sido válida. Devuelto a dónde... mejor me lo quedo. Si me toca, qué hubiera pasado. No me ha tocado. Quise creer que aquello estaba dirigido a mí, pero no podía ser tan bonito. Y lo era. Y a quién se lo iba a preguntar...
https://www.youtube.com/watch?v=3w9xWyQQYIo

Hoy es sábado por la mañana y me gustaría pasar el rato escribiendo. Hasta las doce o así. Luego, me gustaría... a las doce o así me iré a tomar un vino o una caña. Poca cosa. Porque hoy supongo que voy a comer con mis padres, que viene mi prima Elena, que se fue a la India y no la he visto desde hace dos meses si no me equivoco. Luego por la tarde, supongo que me iré dejando morir y planearé qué se puede hacer para esas horas en las que todo el mundo tiene un plan de evasión. Mañana hay fútbol. El fútbol vuelve a cumplir su misión, tapar esas dos horas que si no fuera por el fútbol dios sabe a qué dedicarías. A pensar en la aurora, en la aurora boreal. Aurora roja, maravillosa. Ayer había luna llena. No sé cómo mierdas está esto de los ciclos lunares, pero yo antes no veía tantas lunas llenas. Vale ya. Entiendo lo de los cupones en el suelo, lo de las canciones, los artículos extraños, pero no entiendo lo de la luna. No entiendo por qué la luna está llena tan y tan a menudo. De hecho, miro a la luna últimamente aunque no esté llena. La miro y pienso, qué cabrona, cómo crece, qué deprisa. dentro de nada estará llena otra vez. Y efectivamente. Desde hace dos o tres días yo veo la luna llena. La miro así como de reojillo y me pongo malo. Esta noche supongo que habrá otra luna llena. Un día, y quizás ese día no llegue nunca, nos sentaremos a mirar la luna llena a ver qué pasa, sin miedo. Marlon Brando, Pocahontas y yo.
https://www.youtube.com/watch?v=QS4t-a-w8ug

Pues era esto. Más o menos. No os he contado que el otro día ví a Muchachito y le di un abrazo y le pregunté si se acordaba de mí y me dijo que sí. No me doy nada de importancia. Si nos vemos por ahí, digan algo, que no hablo mucho pero me gusta escuchar. 

jueves, 15 de septiembre de 2016

Aurora


Cuando todo parecía haber pasado, cuando la luz, los colores y la voz en alemán dejaron de estar en un primer plano de mi realidad y volví de nuevo a tener ante mí a mi prima Poli, sentí que nada iba a ser igual. Estaba todavía boca arriba y lo había entendido todo. En alemán, aunque yo en alemán no había oído hablar más que en alguna de esas películas en las que sale Hitler y grita, pero lo había captado todo. No sé. Yo, por mi profesión, que ya sé que no les he dicho nada de mi profesión ni cuáles son mis ocupaciones o gustos y proyectos pero es que la verdad hay veces en las que nos entestamos en explicar lo que somos o a lo que nos dedicamos para ganarnos la vida y, en fin, que uno no cree que eso sea definitivo para el transcurso de una historia en la que la profesión tiene poco que ver. Qué tendrá que ver si soy urólogo o técnico titulado en mantenimiento de instalaciones hidroeléctricas e incluso concejal de fiestas, si esto no tiene que ver realmente con que yo esté inmerso en una historia como la que narro... no lo creo. Sea como sea, por mi trabajo y condición, no tenía ninguna necesidad de saber alemán, ni de entenderlo ni nada. Y lo entendí todo. La voz de aquella mujer, que yo sabía que era esa mujer y de la que tengo la sensación que no puedo parar de describir que aparece la mujer en cuestión en el relato en todo su esplendor de belleza y salvaje atractivo, aunque yo mismo caigo en la cuenta de que puede resultar pesado y fuera de lugar, pero es superior a mí. Y lo hago una y otra vez. Y a veces me cuesta avanzar en la historia que quiero contar, porque es como un agujero. Y no quiero calificarlo de agujero, porque me pierdo en una descripción que me encanta, que me subyuga, que me hace elevarme por encima del propio relato y me lleva a un lugar en el que solo estamos esa mujer de edad que es tan guapa como si fuera el lucero más bonito que hay en todo el cielo. El cielo ya estaba completamente despejado, azul brillantísimo, casi podría haberle visto los pelos del bigote a un marciano que estuviera en Marte si es que en Marte hubiera marcianos, pero no los hay. Por que yo no los ví. A mi prima Poli sí que la ví. Me dijo 'era esto, al fin lo has visto. Era esto lo que he querido enseñarte todos los días de la vida desde que eras pequeño. Quería que compartieras conmigo esta maravilla. Quería que sintieras en ti lo alucinante que es encontrar en un lugar como este un fenómeno tan extraño'. Y siendo esto así, tal y como me lo trasladaba mi prima Poli, yo había escuchado la voz de aquella mujer que me explicaba otra cosa.
Lo que la mujer me explicó, en alemán, era otra cosa. La mujer me contaba una historia. La historia de alguien que cada cierto tiempo volvía a ser pequeño, a ser un niño y a repetir una y otra vez la misma historia de muerte y perdición. De alguien que era su hijo, de una mujer que nunca fue la misma y que tuvo un marido que no entendió nada, pero que comprendió que no podía hacer otra cosa que asumir lo que se encontró. De alguien que huyó y no quiso volver, pero que todos los días le pedía a ella que le volviera a hacer pequeño. De un niño pequeño, que parecía una imagen de estampita antigua, (y esto la voz en alemán lo dijo en perfecto castellano, 'estampita antigua'), de un niño que no era el mismo niño todas las veces, que unas veces era su hijo y otras veces era otro. La voz en alemán me dijo que la aurora boreal es una suerte de llamada de atención, de fenómeno que no existe más que en la cabeza de quien quiere que suceda algo para que otra persona que está lejos, muy lejos, que posiblemente ya no esté, sepa que la estás llamando. Esto es lo que me dijo la voz en alemán, Yo quizás entendí esto y está mal expresado. Porque, insisto, no tengo ni idea de alemán y sin embargo todo me parecía bastante fácil de asimilar. Mi prima Poli me preguntó que por qué tenía esa sonrisilla en la cara, que si me había pasado algo durante la noche, que si había visto algo, que ella pensaba que a mí eso me iba a afectar de alguna manera especial. Que lo sabe desde siempre. Mi prima Poli me cogió del brazo, porque casi no podía caminar, hasta su coche para volvernos al pueblo. Mi prima Poli me dijo que tendríamos que ir a desayunar algo. Volvimos de aquel lugar y tuve la sensación de que mi prima Poli se había vuelto a perder. La misma indecisión, la misma parada en mitad de un cruce. Finalmente volvimos a encontrar la senda correcta y nos dirigimos hacia Villastanza de Llorera otra vez. Pasamos por delante de un bar al que yo no había ido nunca, el bar del Frederico. Me quedé mirando por la ventana, mientras en el coche sonaba un rock and roll de esos clásicos a los que ya no prestas atención. Mi prima Poli dijo 'no mires, que no vamos a parar ahí'. No sé por qué llevo llamando Poli a mi prima Aurora durante todo este tiempo...

miércoles, 14 de septiembre de 2016

Pintando de hablar. Roser Vicente en el Centre Excursionista Puig Castellar.

Roser Vicente es una de las personas más encantadoras de Santa Coloma. ¿Qué somos? ¿120.000 habitantes? No puedo decir de manera categórica que sea la más, pero es de las más. Un rato con Roser es mucho, hablando de cualquier cosa. La semana pasada inauguró una exposición con unas 20 obras en el Centre Excursionista Puig Castellar, en la calle Sant Josep. Unos días antes, me la encontré y le dije que iba a ir, se me pasó y ayer intenté subsanar el error. Esta frase, la última, la de 'unos días antes', queda muy así como para darle cercanía al texto, pero no aporta nada. Relleno.
Roser Vicente es una ex pintora colomense -según sus palabras- que hace unos años decidió que en el mundo de la pintura había llegado a un lugar en el que o rompía, cambiaba o solo podía estancarse. Así que dejó de pintar y derivó su pulsión artística hacia la literatura. Esta exposición que se recoge en el CEP es una compilación de dibujos, pasteles que la ex pintora conserva y que se ha animado a mostrar después de algunos años sin estar en el circuito. Dibujos y pasteles de principios y mediados de los ochenta, de cuando Roser tenía un estudio primero en la calle Pirineos y luego... en mi casa. No puedo hablar mal de Roser Vicente. Fue una de las (quizás me equivoco, pero no creo) fundadoras del Grup d'Art Els Coloristes, casi nada, tras pasar por la Escuela Massana y un grupo de arte previo (perdón, he olvidado el nombre). Comenzó con el óleo, pero fue en el pastel donde encontró el medio para expresarse. Principalmente con el retrato.
La obra que se expone en el CEP recoge retratos, desnudos... una obra que tiene una explicación, una historia. Hubo una pregunta que Roser Vicente respondió y que no respondió. Cada cuadro tiene una historia, cada dibujo tiene algo, puede que no recuerdes el qué, que no lo puedes explicar, pero lo sabes. Acercarse al CEP y preguntar a Roser sobre un dibujo, sobre la técnica, sobre el porqué de haberlo dejado, sobre cómo el haber pintado, haber dibujado y trabajado con formas y colores, sirve para impregnar el resto de las actividades a las que se dedique después. Cómo influyen las personas a las que has conocido. Es hablar del carácter y de la obra. De cómo si uno es así, acaba pintando de determinada manera. Es hablar del porte del Rex, del universo del Roig, del volcánico Folch, de la minuciosidad del Bayá con el lápiz y del Barris con la tinta, del preciosismo del Serrano, del... no habló del Molina.
Pintar, dibujar, trasladar a un papel, a un lienzo, una sensación. No voy a ponerme demasiado florido. Una sensación. De todos los cuadros, me gustó el de la fotografía. Un desnudo, alguien de espaldas, esperando algo. O no. O echándolo de menos. Qué será. La historia la pones tú. Pero le puedes preguntar a Roser sobre el dibujo, sobre aquel modelo, sobre cómo era estar dibujando. Roser cuenta que para hacer ese dibujo, el de la foto, se vació. Que lo hizo en una sola sesión. Que cuando llegó a su casa después de hacerlo, su madre le preguntó que qué le pasaba, que vaya cara tenía. Meterte dentro de algo, vivirlo, ese éxtasis.
Yo he visto pintar. De pequeño, sobre todo. He visto meterse dentro del cuadro. Darle forma, retocarlo. Estar y no estar ahí.
La exposición de Roser Vicente está en el CEP hasta finales de septiembre. Ella se encuentra en la sala los lunes, los martes y los miércoles. Vayan, pregúntenle. Escúchenla.
Ella ya no dibuja. Dice que retocando un retrato de su madre, sintió algo, el gusanillo. Pero no. Nunca se sabe... pero no. Ahora solo escribe.
Déjense unos minutos contemplando una exposición. La obra de alguien que enseña lo que sabe, lo que hizo, lo que fue. Pregúntenle. Escúchenla. Merece la pena.

martes, 13 de septiembre de 2016

Aurora

Ecko Kohlthenberg volvió a crecer, a ayudar en las tareas del campo, a ir a vender algún cochino a la feria de algún pueblo, a sentir cómo su cuerpo se transformaba y de nuevo a soñar con batallas, hazañas bélicas, correrías, aventuras y todo lo que el fascinante siglo XVI podía ofrecer. De esta manera, cuando contaba con 16 años, de nuevo planteó a su madre su voluntad de marchar, de enrolarse en el ejército imperial, de viajar a América, de conquistar fama y gloria. Aura Hauser no se opuso. Aquella mujer por la que no parecía pasar el tiempo y que poseía una belleza sobrenatural, una belleza de otro mundo, una belleza que hacía que quien la mirara traspusiera hacia otro ámbito de la realidad, en realidad había vivido sin que nadie la viera jamás. Ecko Kohlthenberg no lo sabía, pero en la comarca se decía que Aura había muerto, que cuando Sebastian Kohlthenberg, su padre, una familiar se había hecho cargo de él y del pobre Sebastian. Que Aura no era Aura. Comprensible. Aura no visitaba el pueblo, no salía prácticamente de casa y de las inmediaciones de sus tierras, prácticamente nadie la había visto nunca. Ecko continuamente hablaba de su madre allá donde iba, y la gente pensaba que el pobre echaba de menos a su madre muerta y que no lo había superado... Finalmente, Ecko se fue. Se alistó en las tropas que un príncipe reclutaba para servir con el Emperador, llegó a un puerto holandés y pasó a América participando en una serie de campañas contra diversas naciones indias que habitaban el norte del continente. Allí pasó largos años, hasta que, con fama y honores, quiso regresar a Europa, pero no a su tierra, sino a la península Ibérica, dado que sus compañeros de andanzas, castellanos en su mayoría, le hablaban maravillas de las tierras y gentes del reino y como consiguió cierto capital, se asentó, ya maduro, en un pequeño pueblo llamado Villastanza, de donde era natural un viejo compañero suyo de armas fallecido de un arcabuzazo que nunca se supo de dónde había venido. Ecko, pues, se convirtió en un señor con tierras e instauró una saga de terratenientes que protagonizaría múltiples leyendas a lo largo de los siglos. Cuando Ecko murió, dejó tres herederos: Sebastian, Frederico y Aurora. Sebastián murió pronto, siendo niño. Frederico y Aurora se repartieron la herencia. Al poco tiempo, Aurora cedió sus posesiones a Frederico y se marchó sin dejar rastro.
Mientras tanto, en un pueblo renano, al pie de la montaña, Aura Hauser desapareció. Justo cuando su hijo Ecko se embarcaba rumbo a América, ese mismo día, al amanecer, un amanecer que la gente de aquella comarca recordaría durante siglos, tremendo, de una virulencia cromática que quizás anticipaba delirios pictóricos, musicales y quién sabe si... todo desapareció. La casa, los cerdos, el campo de coles y nabos, la mujer de belleza limpia, clara, morena y luminosa, la mujer que nadie había visto, la mujer que siguió apareciéndose en los sueños y en la imaginación de su hijo Ecko durante toda su vida, la mujer que intimidaba a su hijo de tal manera que huyó de ella para demostrar que podía hacer con su vida algo mejor que terminar matando a un borracho en una taberna, la mujer que le dio una segunda oportunidad, la mujer de edad madura que podría haber vuelto loco de amor a cualquier viajero que se extraviase en su camino y diese a parar a aquel remoto confín de la Renania y que por hacer un alto y descansar se hubiera detenido para solicitar un vaso de vino y un trozo de pan para continuar la marcha y haber entrado en el éxtasis que se siente cuando tienes delante a esa cara que hace que comprendas que el sentido de todo se encuentra en el espacio que se halla entre una punta de la boca y la otra punta que dibuja esa sonrisa encantadora, seductora, mágica, y ya sabes que no hay otra salida, que no hay otra cosa, que la vas a ver en cualquier parte, que quieres verla en cualquier lugar, aquella mujer, ya no estaba.
Cuando Ecko Kohlthenberg decidió volver a Europa, vivir en Villastanza, casarse (no lo hemos dicho) con la segunda hija de un marqués venido a menos y que murió extrañamente víctima de un arcabuzazo (el marqués, la hija murió también y no de un arcabuzazo, sino del extraño golpe de un arcabuz), tener descendencia, intentar olvidar a su madre, a Aura, a la que seguía viendo y soñando constantemente, sabía que no lo podría lograr. Que su madre estaba allí.
Todas las noches, Ecko Kohlthenberg iba a un pequeño prado, en sus posesiones de Villastanza, dejaba su cuerpo tumbado en el suelo y miraba al cielo. Todas las noches le pedía a su madre, Aura, que le diese otra oportunidad. Una oportunidad sin auroras, sin extrañas luces, sin el influjo de una mirada, de esa sonrisa, quería una vida sin tener cerca un arcabuz con el que provocar que todo volviera fuera mal. Una vida sin amaneceres extraños.
Y todas las noches, su cuerpo se llenaba de colores azules y verdosos. Y lloraba. Y lloraba en alemán.