domingo, 31 de enero de 2021

La edad de oro de la Comunicación Política


Vivimos en una época en la que la profesión del asesor tiene tanta relevancia como la del propio asesorado. Si el asesorado es un político, el papel del asesor, en tareas de comunicación sobre todo, cobra un papel de especial relevancia. Un cartel, un anuncio, un vídeo, un flyer, cómo compareces ante los medios, qué mensajes debes colocar entre el electorado, qué imagen queremos transmitir de nosotros y del adversario, emisor, receptor, mensaje. Al final siempre es eso. Vivimos en una época en la que los partidos políticos, los equipos de fútbol, las bandas de música, necesitan tener a alguien al lado para que les asesore, les saque las mejores fotos, les diga que lo han hecho bien. 

¿Quién ha sido el de Ciudadanos? Estos primeros días de campaña el protagonista ha sido el cartel de Ciudadanos. He visto los spots también de Ciudadanos, tampoco es que los entienda mucho. Pero lo del cartel... al principio, como todos, pensé que era un fake. Quién ha hecho el montaje. Luego te das cuenta de que no. Y no vi ninguno de estos dos carteles, vi otro, el del chico joven. Es igual. ¿Quién dijo que sí? ¿A tal nivel está llegando el partido que ganó las elecciones en Catalunya que no tienen a nadie que dijera, ojo que nos estamos jugando mucho, que nos estamos jugando nada menos que desaparecer de la escena política española si en Catalunya nos convertimos en un partido comparsa. Y nadie pensó que este cartel, que esta serie de carteles, incluso que toda la campaña que han programado porque el spot publicitario se ahorra estas imágenes espantosas pero reincide en el tema de los abrazos, era absolutamente demencial... No. Nadie lo pensó. También he visto los carteles que pegan por los pirulís. Tampoco sé de qué van. Recuperar el espíritu de la UCD al parecer. No lo sé. Pero son carteles que no transmiten absolutamente nada. Y ya me parece bien que Ciudadanos se autodestruya. 

Primeros días de campaña electoral. Nos fijamos en los carteles, en los logos pequeños, en las fotos que van directamente a tocar la patata, en los carteles con mensaje y con otro mensaje, carteles que te dicen una cosa y que te dicen otra cosa en el mismo cartel para que veas que no dejan nada al azar. Carteles que parecen refritos de otros carteles y es que lo son. Carteles como el del Illa. 

Salvador Illa y los socialistas optan por la táctica consabida de darse por ganadores. La imagen ya no de ministro sino de presidente pretende llamar la atención de aquellos y aquellas que votan al que manda o al que va a mandar y sin más se dirigen a él. President Illa. Y un mensaje como el de Pedro Sánchez en las últimas, una palabra y a correr. Carteles que parecen más de una campaña institucional que de un partido político. En las campañas los políticos pocas veces aparecen ya con la corbata puesta. Él sí. Pero como hemos dicho hoy, también nos reímos del cartel del cielo y mira dónde estamos. Una cosa. El PSC ha iniciado la tradicional maniobra de la OPA hostil hacia nuestro espacio. Una opa destinada a conquistar a nuestro electorado repitiendo lo mismo que lleva diciéndonos Ciudadanos durante años. Una buena estrategia comunicativa, la verdad. Aquí sí que se ve que hay dinero y que hay cabezas pensando desde hace tiempo en cómo afrontar estas elecciones. Siendo Ciudadanos. El asunto es que Ciudadanos no pudo hacer nada porque nadie quería hacer nada con ellos. Ni siquiera los Socialistas. 

Primeros días de campaña. Campaña extraña y rara. Vemos mítines electorales de otros partidos que se hacían cruces porque no se podían hacer elecciones y hacen mítines en espacios cerrados porque a ellos no les vas a decir cómo se hacen las cosas. Una campaña electoral telemática, una campaña electoral en la que mucha gente está hasta los huevos de las campañas electorales y todavía no hemos empezado. Mucha gente que no quiere ir a votar. 

Primeros días de campaña electora para intentar que en Catalunya pase algo que debería haber pasado hace mucho tiempo. Primero, echar a JxC del Govern. Segundo, repetir un Govern de izquierdas. Tercero, mejorarlo. 

Todo lo que no sea eso es engañar a la gente. Y nos quedan dos semanas. 

viernes, 29 de enero de 2021

Capítulo 7. Supertramp.


- La verdad es que estoy bastante bien y aunque vuelvas y notes que todo está igual en realidad no está todo igual. Ha cambiado mucho. La cosa está bastante mal para alguna gente, pero es la misma gente a la que le ha ido mal siempre. Y mal, lo que se dice mal, no le va nunca a nadie. Al final todo el mundo saca algo de alguna parte y al que veas que está con peor pinta, ese un día te sorprende y resulta que es nosequé y se está ganando una pasta haciendo lo que sea. Esta ciudad es así. Todo el mundo parece estar agobiado, cansado, harto, jodido, histérico, yo que sé, es algo que parece un cliché de la ciudad. Tienes que quejarte por todo. Tienes que cargar contra todo. Algo o alguien te está jodiendo todo el rato. Pero al mismo tiempo todos esos acaban yendo a comer de la misma mano. Y lo sabemos. Y ellos lo saben. Y al final estamos todos contentos. Jugando al teatrillo este de que estamos enfadados unos con otros y si pudiéramos madre mía la que íbamos a liar, pero finalmente no ocurre nunca nada, y todo se mantiene en el mismo sitio, y nosotros hacemos exactamente lo que nos pide la gente y la gente se queja porque no hacemos lo que ellos quieren y cuando llega el día decisivo, pasa lo que pasa. Y nos cuesta la salud, no te lo creas, que no nos cuesta un montón de disgustos y noches sin dormir y todo eso. Eso se lleva en el cargo. Y a la gente no le interesa, claro. Se creen que esto lo hacemos para estar mejor en la vida y no es verdad, lo hacemos porque creemos que es lo mejor para la ciudad. En esta ciudad se pueden hacer pocas cosas y nosotros intentamos sacar petróleo de donde no se puede. Hay mucho mito con eso de que esto está lleno de talento. No hay tanto talento. Hay gente con muchas ideas y poco talento para desarrollarlas. Siempre pendientes de que nosotros hagamos esto o hagamos lo otro. Siempre pendientes al final de que nosotros estemos ahí, pero sin que se note. Y eso no puede ser, pero es. Y te cansa, pero no te cansa. Porque lo que te cansaría es que todo esto no tuviera ningún feedback positivo después. Y lo tiene. Lo tiene de una manera abrumadora. Por lo que cuando te acostumbras, todo está bien. Y yo, ya te digo, bien. Estoy ahora en otro rollo que no tiene que ver con lo que hacía aquí, es más tranquilo y me da tiempo para trabajar mucho más a largo plazo. Con un equipo de gente que es muy potente y estamos haciendo cosas muy chulas que cuando salgan, de ahí van a salir cosas muy guapas. La verdad es que ahora estoy muy cómoda y me siento genial. Con el Ramón están las cosas además genial también, porque ahora tengo más tiempo para todo y es como si estuviéramos recuperando muchas cosas que teníamos ahí perdidas y no sé, la verdad es que es como volver a conocerle otra vez. Y hablamos mucho de ti, de lo que harías si estuvieras aquí, de lo que molaría que estuvieras por aquí y fíjate, ya has vuelto, y creo que aquí puedes hacer unas cosas muy guapas tú con lo tuyo. 

¿Qué hace sonando ahora Dreamer de Supertramp? ¿En el Isalba?


miércoles, 27 de enero de 2021

Crónica del #Plegramenet de enero. Desaparecer.


En el colegio me explicaron lo del conjunto vacío. Ahora, en este preciso instante, yo pensaba comenzar este texto explicando lo del conjunto vacío, pero me he dado cuenta de que no sé explicar y que lo que iba a explicar era otra cosa. La intersección. Tampoco era eso. Era eso de dibujar un círculo y luego dibujar otro círculo cuyo diámetro cortaba el diámetro del anterior. Lo que queda compartido entre los dos. Yo lo estaba llamando conjunto vacío y no es eso. Eso tiene otro nombre. Qué era el conjunto vacío yo ya no lo sé, no me acuerdo.

El último pleno que recuerdo tuvo lugar hace dos días. Fue el lunes. Comenzó a las seis de la tarde y concluyó a las nueve y media de la noche. Fueron tres horas en las que se fueron sucediendo las intervenciones de los diferentes portavoces y regidores de los grupos municipales y cuando acabó nos fuimos a casa. Y no habló Esteve Serrano. En todo el pleno municipal de Santa Coloma de Gramenet. No intervino. No se ocupó de ninguna cuestión, no introdujo ningún matiz, no quiso hacer ninguna aclaración. Tan solo al final, en los ruegos y preguntas, quiso intervenir, pero qué ocurrió para que durante todo el pleno municipal no dijera nada, quizás no lo sabremos nunca. 

¿A qué vamos a los plenos? ¿Por qué los seguimos viendo? ¿Por que salen los nuestros? ¿Por que nos pagan por ello? Por las dos cosas a la vez. O por mantener viva una costumbre que se remonta a los tiempos lejanos en los que los plenos municipales eran algo riesgoso, una aventura, sabías por dónde empezabas pero no sabías dónde podías terminar. Si enfrascado en alguna charla, discusión, con la gente del público, si te la iban a liar los ultras de extrema derecha, si alguien entraba en combustión, si alguno se pasaba de gracioso, otro de vehemente, algo. Algo pasaba que nos enganchaba. 

¿A qué estamos en los plenos? Estamos en los plenos municipales en nuestros propios domicilios particulares. Cualquier cosa puede distraernos. Nos da hambre, tenemos ganas de ir al lavabo, miramos por la ventana, podemos estar consultando otras cosas, hablar por el whatssap, por el telegram incluso. Y hay momentos, hay chispazos. Como cuando la Teniente de Alcaldesa Blanca Padrós lleva a cabo alguna intervención. No llega al nivel de los interminables soliloquios hacia ninguna parte del gran Diego Arroyo, pero, hoy quiero confesar, que cuando habla Blanca Padrós en mi mente te he borrado y ya no quiero no me acuerdo. Es como que olvidas porqué estás allí, si es que estás en alguna parte que en realidad estás viendo la pantalla del ordenador, pero no sabes. No sabes. Dejas de existir. Por unos minutos, a veces largos minutos, tú ya no eres, ya no estás, desapareces, todo desaparece. He utilizado alguna vez el símil de la espiral, de un pensamiento que se retuerce, de escapar de la realidad, escuchando a Diego Arroyo, pero Diego Arroyo ya no está y nos tenemos que conformar con esos pequeños espacios de desintegration que nos proporciona la teniente de alcaldesa. Cierto es que el tema del que suele ser protagonista no es la feria de Málaga precisamente, pero hay algo, una habilidad especial, para hacer que todo lo que has oído y todo lo que vas a oír pase a un plano en el que no sabes si is this the real life is this just fantasy. Son pequeños momentos en los que quizás, ya fuera de onda, recuerdas. 

Te acuerdas. Te acuerdas de la sempiterna moción de la Comissió Antifeixista y hoy la recibes y la entiendes y notas que algo falla porque la damos por sentada. Y la asumimos como algo que está ahí. Y nos equivocaremos seguro pero más temprano que tarde tendremos que coger de nuevo impulso de dónde sea y quizás ya no sabremos dónde encontrarlo, para combatir a la nueva pústula fascista que nos surja en este entrañable cuerpo colomense. Bonito símil. 

Y ahora, puesto a repartir podría iniciar mi eterno alegato en torno al papel de ERC en los plenos, en la política colomense e incluso en la mecánica de las cosas. En el funcionamiento general. Pero yo sé que a nadie le interesa y que de la misma manera que yo vivo el efecto Blanca Padrós alguien vivirá el ejemplo el pesao del Molina y cuando hable de lo que me parece esto o lo otro considerará necesario compartir en algún grupo el siguiente comentario 'yo creo que ya chochea'. Es verdad. No me había parado a pensar. Masco entre dientes algún comentario mordaz que luego, escrito, o verbalizado, no lo es tanto. 

Confieso que el otro día, jugando al Trivial, tuve una revelación. No soy tan listo ya. No es que no sea tan listo. Es que ya no soy tan listo. Estuve a punto de perder una partida. No llegó a ocurrir porque mi equipo se resistió a morir, pero el daño ya está hecho. No vale de nada tanta erudición si has perdido capacidad de ser exacto. Exacto. 

No iba a decir nada de ERC y tampoco iba a decir nada sobre la actitud de Ciudadanos y la de Salva Tovar en concreto. No llegué a entender lo que quiso decir con los juzgados y lo relacionó con nuestro querido regidor Jonatan Fornés, pero me pareció como excesivo. Excesivo, sórdido, no sé. Quizás en Ciudadanos no lo sepan, pero ya da todo igual. Deberían saberlo. Todos lo sabemos. 

En definitiva. Un pleno municipal más. No me acuerdo casi de nada. Algo sobre el precio de la luz y la energía y una moción de seguridad de Ciudadanos que alguien tuvo a bien no votar en contra y todavía estoy pensando qué pudo pasar por esa cabeza, esas cabezas, con asesores, con estructura, con disciplina, para pensar que, efectivamente, esa moción de Ciudadanos merecía una abstención. 

Ya estoy mascando otra vez.

Algo más que añadir. A María Duarte se le apagó el ordenador. Pero no me di cuenta. Estaría desapareciendo. Yo.

jueves, 21 de enero de 2021

Capítulo 6. Encuentro.


El mensaje de la Fai dejó al Pistolas tocado. Sabía que este momento tenía que llegar, pero no esperaba que fuera tan pronto. O quizás lo esperaba con todas sus fuerzas. ¿Queremos saber si al Pistolas le gustaba todavía la Fai? ¿Si sentía algo por ella? ¿Queremos montarnos la película de que el Pistolas y la Fai todavía tienen que decirse la última palabra? Todos hemos pensado lo mismo. Esto al final terminará con la Fai y el Pistolas juntos. Ya hemos dejado claro que el Ramonet, Ramone, Raimon, es un gilipollas. El Pistolas es majo, la Fai es maja, al final acabará pasando y todo será maravilloso. Pero esto solo acaba de comenzar y las sorpresas serán mayúsculas. Sería genial que la historia terminara con los dos juntos. La Fai deja al gilipollas del Ramonet y el Pistolas resuelve su tristeza inconsolable encontrando en el amor de la Fai un asidero sobre el que comenzar a edificar un futuro mejor, para él, para ellos, para la ciudad de Santa Coloma y para la humanidad en su conjunto. Es lo mejor que les podría pasar a ellos y también a esta novela que estamos leyendo y construyendo poco a poco, tejiendo la madeja de las relaciones, distrayéndonos con movidas paralelas y yendo a parar al más convencional de los finales posibles pero también al final que todos y todas estamos deseando. Todos. No nos podemos esconder. No podemos escapar a nuestros impulsos primarios. Que todo acabe bien. No hemos hecho sino comenzar y ya queremos que acabe y que acabe bien. 

Desde que ha llegado ese mensaje el Pistolas está distraído. Termina la visita a casa de sus padres y devuelve el mensaje.

- Claro, nos vemos si quieres. ¿Vamos al Isalba? ¿Sigue abierto?

Pasan cinco minutos y llega otro mensaje de la Fai.

- Claro que está abierto. El Isalba es indestructible. A las 20h.

Es lo que tenía la Fai, que no dejaba las opciones abiertas. A las 20h. El Pistolas se va a su piso. Se ha pillado un piso minúsculo por el Latino. Tiene que volver de casa de sus padres hacia el Latino, en la calle Montevideo y luego tirar hacia el Isalba. ¿Vendrá con el Ramonet? Claro que vendrá con el Ramonet. Cómo va a ir sola. Y el Ramonet es tan gilipollas que querrá ver al payaso del Pistolas, que hace mucho que no lo ve. Seguro que aparece con el Ramonet. El Pistolas avanza hacia la calle Montevideo iniciando una ascensión que presume que tendrá que hacer durante mucho tiempo. En Santa Coloma está bien vivir en la zona del Río, por ejemplo. Ni siquiera en el centro. Ya sabemos que los que viven cerca del Río no son ni chicha ni limoná, que no son ni del centro ni de los barrios de los que todo el mundo quiere huir o del reino independiente de Singuerlin. Los del Río. Pueden pasar una vida entera sin subir una cuesta en una ciudad que es toda cuesta arriba. Es una buena metáfora de la ciudad. Una ciudad cuesta arriba. O puedes ignorar esas cuestas si vives en el llano. Como escribo sobre la marcha, esta metáfora es un poco floja, pero tengo la autoestima alta en este momento y sigo escribiendo de manera firme, recta, hacia delante aunque parezca que desvío el tiro. Camina hacia su pisito enano y callejeando llega a su piso. Allí se sienta en un sofá de segunda o tercera mano que alguien que conoce a alguien le ha dejado a su madre y su madre se lo ha pasado a él y ahí está. Y se sienta y mira el ordenador. Le da tiempo a hacer algo, ver una serie o leer algo o mirar a ver si se pone a cuadrar tareas para el día siguiente. Son las seis y media de la tarde. Envía mensaje al grupo del Mac y el Mic. 

- Pues que he quedado con la Fai.

- Pues te vas a aburrir un huevo. La Fai se ha vuelto una plomo importante -contesta el Mac. 

- Al menos habrás quedado en el Isalba -dice el Mic.

- Sí.

- Menos mal. Lo que tendrás que aguantar con el coñazo de la Fai lo suplirás con buena música.

- Joder, colegas, que solo vamos a quedar para tomar algo y vernos un rato. Y supongo que vendrá el Ramonet.

- Nadie te ha preguntado nada, payaso.

- Luego no vengas llorando.

- Iros a la mierda, luego os cuento.

Se pone a hacer algo en casa. A la mierda, son las siete y algo, sale y se va al Isalba directamente. Llegue cuando llegue. Entra en el Isalba. Se va hacia la barra donde está exactamente la misma gente que estaba en la barra hace diez años. O quizás más. O quizás es otra gente pero tienen la pinta de haber estado allí toda la vida. En el Isalba ponen buena música menos ese día, que no se sabe porqué el Pir ha puesto una lista de reproducción y lo primero que sale es El Último de la Fila. 

Puede que el Pistolas se fuera de Santa Coloma para huir de El Último de la Fila. Nunca ha soportado ese grupo. Hay cosas que tolera ahora que nunca había tolerado. El flamenco, por ejemplo. 

- Hola, ¿qué ponemos? -le dice el Pir. 

- Hola, pues media pinta de esta misma del barril.

El Pir te trata siempre como si supieras quién eres. Se lleva la birra a una mesa. No le gusta estar en la barra, porque parece que la barra es para esa gente que lleva allí diez, quince años. Son ya casi las ocho. Y aparece por la puerta la Fai. Claro que se han ido hablando durante este tiempo, y se han visto en fotos, y todo eso. Pero en persona no se han visto casi nada. Desde que se fue a Barcelona el Pistolas los encuentros fueron menudeando hasta convertirse en esporádicos coincidiendo con alguna visita familiar. A fin de cuentas irte a vivir a Barcelona o es como irte a vivir a Rusia. Aunque sí que lo es. Volver a Santa Coloma, para cualquier cosa como un paso atrás.

- Míralo, pero qué guapo que vuelve.

- Pues quién fue a hablar.

Se dan dos besos y un abrazo. Largo. Ella se pide un agua con gas. Cuando llevan un cuarto de hora de conversación el Pistolas se da cuenta de que está escuchando la música. Ha cambiado. Ahora suena una de esas canciones de blues rock del Isalba. Mala señal. 


miércoles, 20 de enero de 2021

Capítulo 5. La Plaça de la Vila.


 El Ramonet siempre está por la Plaça de la Vila. Si no es en un lado está en otro. Es que la Plaça de la Vila de Santa Coloma es todo. Santa Coloma podría describirse como una cebolla a la que le vas quitando capas y capas hasta quedarte con lo que verdaderamente importa. La Plaça de la Vila. Los colomenses, de hecho, importamos relativamente. Importamos en relación con el núcleo principal. La Plaça de la Vila. Me cuesta encontrar, dentro de la propia Plaça de la Vila, cuál es la Plaça de la Vila de la Plaça de la Vila. En qué punto se encuentra la verdadera, la absoluta esencia de Santa Coloma. Dónde está. Debajo de qué baldosa. Dentro de qué bar. Quizás en el Edificio de l’Ajuntament. Quizás allí dentro, dentro de alguno de los despachos, en algún pasillo, en la propia sala de plenos. Pero eso sería demasiado obvio. Yo tengo una sospecha. Tengo una cosa que os quiero contar sobre la Plaça de la Vila. Y os la cuento porque me pasó con el Pistolas. Una noche de invierno. Un domingo por la noche de hace muchos años. Nos habían cerrado ya el último bar al que solíamos acudir. El 13 si no me equivoco. La típica noche en la que nos juntamos para ver el fútbol y paliar con las cervezas el mal rollo de terminar el fin de semana. Tendríamos unos 18 años o 19 años. O 20 años. No me acuerdo. Todo creo que ha pasado cuando teníamos esa edad. Después lo que ha pasado qué gracia tiene. Ninguna. No quisiera hacer ahora un canto a la juventud y la despreocupación, pero estoy a esto de ponerme sentimental. Todo esto de acordarnos de cosas de antes, recordar la juventud, las batallitas. Cómo nos pusimos. Madre mía, no me acordaba de esto. Estábamos tú, yo… Cómo nos lo pasamos. Qué cosas hacíamos. Hacíamos cosas mis colegas y yo que vuestro grupo de colegas, el que sea, no creeríais nunca. Mira. Aquella noche, nos quedamos el Pistolas y yo después de ver el fútbol, nos fuimos a la Taula a lo mejor a ver el fútbol y de ahí, sin cenar ni mierdas, nos metimos en el Trece, no sé qué pasaría en el Trece que las cervezas nos entraban como si no hubiera un lunes al día siguiente, o quizás por eso. No sé si fue la excelente música o la ambientación o yo que sé qué pasó ese día que la cosa se lió. A una cierta hora nos tuvimos que ir. Cerraban. Y nos fuimos con la intención de irnos para casa pero algo nos pasó que terminamos subiendo el Carrer Major y doblando por la Anselm Clavé para llegar a la Plaça de la Vila. Vimos un bar abierto. Uno de esos bares a los que no íbamos nunca y que no sabría decir porqué estaban abiertos. Uno de esos bares de la Plaça que han cambiado mil veces de nombre y no sé si de dueño. Y nos metimos y estaba lleno de gente. Y creo que estábamos todos conectados o algo. O eran las cervezas y no haber cenado. Pero creo que conocía a todo el mundo. De esas veces que sientes que conoces a todo el mundo y que eso significa algo. El Pistolas sí que era un tío popular pero servidor no lo era tanto. Y estar en aquel sitio, de repente rodeado de gente que teníamos vista, alguna gente nos saludaba, alguna cara que tenía localizada de otras historias, incluso llegué a pensar que alguien me sonreía. Estábamos en aquel lugar, lleno de gente, cuando le dije al Pistolas que me iba al lavabo. Por enésima vez. Me da meona. Y bajé las pequeñas escaleras y llegué al lavabo y había un hombre sentado en una silla en la puerta del lavabo. No me extrañó que hubiera sentado alguien en una silla en la puerta del lavabo pero sí me extrañó que aquel fuera un hombre. Un hombre adulto, de unos cincuenta años y vestido como si estuviera a punto de irse a trabajar. Como se vestía mi padre cuando se iba a trabajar. Ni arreglado ni en chándal. Estaba allí sentado y me miró. Yo hice ademán de comprobar si la puerta del lavabo estaba cerrada, si había alguien dentro, y el hombre me dijo: 
- Ocupado.
- Gracias.
Sin que nadie hubiera salido del lavabo, el hombre volvió a dirigirme la palabra para decirme:
- Está libre.
Le miré como si me estuviera tomando el pelo. Iba yo con un bolingazo importante y me había venido arriba porque alguien me había sonreído. Y le iba a decir algo cuando la puerta del lavabo se abrió sola. Estaba vacío. Entré. Me dispuse a intentar mear. Una voz de mujer a mi espalda. 
Lo juro. Nada de esto lo soñé ni me lo estoy inventando por hacerme el interesante. Que me caiga muerto aquí ahora mismo. Una voz de mujer a mi espalda. Una voz que me decía. 
- ¿No te han dicho que estaba ocupado?
- Sí, luego me han dicho que estaba libre.
Eso lo dije temblando. 
Me daba miedo girarme. Había alguien a mi espalda. Oriné deprisa y me di la vuelta. Quería ver quién era. Igual tenía un rollo salvaje con alguien en el lavabo esa noche. Estaba súper excitado. No era la voz de la cara que me sonrió. Me daba igual. A esa hora seguro que estaba bien. Cuando me di la vuelta, lo que tenía detrás de mí era una mujer alta, muy alta, con una larga melena pelirroja, blanquísima de piel y con los labios pintados de un rojo que me hizo pensar en la posibilidad de que estuviera sangrando por la boca. Estaba sangrando por la boca. Efectivamente, tal y como estará pensando el avispado lector, llevaba un traje idéntico al de Rita Hayword en Gilda. 
- ¿Vas a tardar mucho en irte?
- ¿A mi casa?
- Del lavabo, niño.
- No, perdón.
No me salía la voz del cuerpo. Abrí la puerta del lavabo y salí. El hombre que estaba sentado en la silla me miró y se rió. Me dijo:
- Ya tienes algo para contar cuando seas viejo.
La música ya no sonaba y no se oía nada ahí arriba. Subí las escaleras de aquel bar vacío y estaba el Pistolas fuera, esperándome, cagado de frío. 
Me cago en la puta, nen, qué coño te ha pasado. Qué puta manía de entrar a los sitios a mear y quedarte dormido.
- Dormido mis huevos. No me jodas que no has visto a una pava enorme vestida como de peli de los cincuenta. Un pibonazo. ¿No la has visto?
- Qué coño voy a ver. 
- ¿Y la gente?
- ¿Qué gente, qué dices nen?
- La peña que había aquí dentro. Si estaba todo dios. Si estaba hasta la…
- La quién. Gilipollas. Que no había nadie. 
- Me cago en la puta de verdad. ¿Nadie? Menuda peana llevo. Me voy para casa, nen. 
- Sí, vamos. Me sabe la boca como a sangre. Qué mierda de birra nos han puesto en el Trece...
Me fui para casa bajando en dirección al Casa Pepe. En la fuente de la Plaza de la Vila, donde se pone la gente que habitualmente o va o viene de buscar algún estupefaciente, eran las cuatro de la mañana y no había nadie. Un tío en una silla sentado ante la fuente. Y una figura metida en la fuente caminaba con el agua por los tobillos. Era ella. Fui hacia esa pareja. No me lo había inventado. Quise hablar con ellos. Ella, al verme llegar, encogido y temblando otra vez de miedo me dijo.
- Y ahora querrás que la historia de esta noche se alargue. ¿De verdad quieres que esto se alargue? ¿Que dure toda la vida?
Me dí la vuelta muerto de miedo. En mi cabeza sonaba una canción que estaba de moda en aquellos años. No la conocéis. 

martes, 19 de enero de 2021

Capítulo 4. La Fai.


La comida en casa de los padres de Pistolas transcurre con normalidad. No hay que lamentar daños personales. El Toni no habla demasiado, mira la tele y se trabaja el redondo de ternera sin mayor dificultad. El padre del Pistolas le pregunta una vez más, es la enésima vez desde que las cosas se torcieron en Barcelona, qué va a hacer con su vida. El padre del Pistolas piensa que ya tiene a uno enmoheciendo en casa y que no quiere tener al otro también consumido en vete tú a saber qué tristezas. El Pistolas le dice que quiere empezar a mirar algo rápido para no quedarse… no continúa. La madre cambia de tema. Cuando la madre saca el café y alguna pasta, el Pistolas recibe un mensaje en el móvil.

- Me han dicho que has vuelto. Y no dices nada. ¿Te hace tomar algo luego?

Es la Fai. La Fai fue su compañera durante mucho tiempo. Se conocieron al salir del Instituto. Pandillas que se conectan. Todo parecía que iba a ir bien. Compartían los mismos gustos, el mismo rollo, la misma gente. Empezaron a mirarse algo. Pero el Pistolas se fue. Ella no quiso irse. Que si los padres, que son mayores, que si nos vamos a ir a Barcelona y aquí hay un huevo de cosas por hacer, que si la peña, que si la movida, que si es todo más caro, que si para vivir en Roquetas no me muevo de aquí, que si yo no sé si esto lo vamos a aguantar si tú te vas, que si no va a ser lo mismo, que si no es lo mismo, que mejor lo dejamos un tiempo y vemos y ya está. Mantuvieron el contacto, claro. Ella está ahora con el Ramonet. El Raimon de toda la vida. El Ramone. El Ram. Al Ram siempre le moló la Fai. Cuando lo dejó con el Pistolas se dió un tiempo y una noche de cervezas se lanzó. La Fai. El Pistolas siempre pensó que el Ram, el Ramone, el Ramonet, era un gilipollas. Un bruto sin sustancia. Mucha camiseta de punkarreo, mucho es que soy así, salvaje, pero era un gilipollas. La Fai qué hacía con ese animal. Pero ahí estaban. La Fai. La Fai se metió en un grupo de jóvenes que empezaban a concienciarse políticamente. El Pistolas también era del rollo, pero mucho menos constante. Iba con ella, participaba, pero no lo veía claro. El Pistolas quería salir de allí. Cuánto más se atara con algo a Santa Coloma, peor. Fai siguió metida en rollos políticos. La Fai había llegado a ser regidora, ocho años, ahora ya no participaba como antes pero todo el mundo sabía que ella era alguien, alguien con ascendiente, alguien a la que había que escuchar en la ciudad, al menos entre aquel grupo de gente que querían cambiar la ciudad y hacerlo de otra manera. Solo un detalle. La Fai se había pasado al lado oscuro. Había sido poco después de empezar con el Ramonet. O poco antes. Fai había terminado de estudiar la carrera de Sociología. Se enteró de que había una plaza en el Ajuntament. De seis meses. La cogieron. Las risas. Trabajando para el enemigo. Se acabaron los seis meses. Otros seis meses en otra área. Más risas. Cada vez menos reuniones con los de siempre. Le proponen que opte a una plaza de técnica. Acepta. Ya no hay tantas risas. Antes de los cuatro años le proponen ser regidora. Acepta. Ella siempre dice que no ha cambiado. Que desde dentro también se hacen las cosas. Que una vez dentro te das cuenta que la maquinaria es muy chunga y que cuesta mucho moverla, pero que prefiere estar ahí. El Pistolas no sabía que pensar. Ella le contaba que estaba haciendo muchas cosas. Los colegas de siempre ya no hablaban de la Fai. Alguien dijo que podía ser Alcaldesa de Santa Coloma. Alguien parece que lo tenía en la cabeza. Venía del mundillo alternativo, era joven, pero no pudo ser. Es otra historia. La Fai siguió trabajando para el partido que gobierna en Santa Coloma en otra cosa, pero desde Santa Coloma. Ya no va con los amigos de siempre. El Ramonet sigue siendo igual de gilipollas y ahora se ríe de la peña. No tienen hijos, la Fai siempre estaba muy liada. El Ramonet para mucho por la plaça de la Vila. Tenemos que hablar de la Plaça de la Vila.  


lunes, 18 de enero de 2021

Eres el más grande


El Athletic Club es tan grande que se puede permitir el lujo de tener aficionados como yo. No contento con poner mala cara ante el fichaje del entrenador Marcelino, de sentir como ajenas las noticias del Athletic pocos días antes de la celebración de la Supercopa solo porque estaba el tal Marcelino, no contento con esta dejación, además cometo el delito de abandono. No he visto ni la semifinal del Real Madrid ni la final contra el Barcelona. Sé, conozco, sistemas para poder ver el partido de maneras que no, pero me dan igual. He llegado a la conclusión de que prefiero no ver el partido. Sigo cómo va por el grupo de Whatsap, me voy conectando al twitter, pero ver el partido como verlo... ni siquiera escucharlo por la radio, digo más, peor aún escucharlo por la radio. Lo paso fatal. Y contra el Madrid mal. Contra el Barça es peor. 

Hemos ganado la Supercopa. Nosotros. Ese equipo tan oscuro que llevaba un año aproximadamente destruyendo el fútbol desde dentro, prácticamente desde que nos clasificamos para la final de la Copa que todavía no hemos jugado. Hemos ganado la Supercopa jugando contra el Real Madrid y todo el arsenal arbitral en contra y contra el F.C. Barcelona con todo su arsenal... etc. Hemos ganado una competición que será menor pero que para nosotros significa mucho. Significa todo. Significa reafirmarnos en un modelo de club que pretende jugar con lo de casa, con lo de cerca, sin xenofobias, ni racismos, como otros quieren endosarnos, sino con lo que hay que sienta los colores. Y sin esos condicionantes, el Athletic sería otra cosa.

Esto es importante. El Athletic, el día que deje de ser así, será otra cosa, un equipo como la Real o el Valencia. Muy queridos en Donosti o en Valencia, pero no más allá. Nadie me escuchó, pero ayer salí al balcón a gritar que habíamos ganado. Imagino que lo mismo hizo mucha gente en Jaén, en León, en Valencia, en Sevilla o en Madrid. El Athletic es diferente y cuando pierda esa diferencia, nos iremos a casa a ver otra cosa no porque no lo podamos soportar, sino porque no nos interese. 

El Athletic es el más grande. Zu zara nagusia, que dice el himno. Ver las imágenes de la chavalada celebrando el título, como si fuera un grupo de colegas, los que juegan y los que no, era emocionante. Es emocionante. Y acordarse de los que no están y que hubieran disfrutado como conejos con su Athletic, pues lo más de lo más. 

Hemos ganado un título, nosotros, que veníamos de ganar otra Supercopa hace cinco años. Y aún nos queda jugar la final de copa contra la Real. 

Y tampoco pienso verla. Aupa Athletic!

sábado, 16 de enero de 2021

Perifèria - Xavi Casas y Odei A-Etxearte


La emisión en la madrugada del jueves al viernes en el Canal 33 del documental Perifèria no ha sido en balde. El trabajo dirigido por Xavier Casas y Odei A-Etxearte ha sido recibido con expectación por parte de una ciudadanía colomense que está ávida por conocer más de la ciudad, saber quiénes somos y porqué somos como somos, que se reconozca su pasado, su presente y su futuro. Somos una ciudad con ganas de que se nos reconozca como una comunidad luchadora, que fue capaz de revertir el destino cruel al que nos condenaban los especuladores franquistas y pasamos de ser, gracias al esfuerzo de tantos y tantas, de suburbio a ciudad. 

Es precisamente un libro de Odei A-Etxearte, De suburbi a ciutat, uno de los trabajos donde mejor se ha reflejado esta lucha, con la figura de Xavier Valls, arquitecto y activista, como figura protagonista tanto por su labor como agitador y promotor del llamado Pla Popular como por su tarea ya en el Ajuntament de Santa Coloma en los primeros consistorios gobernados por el PSUC y Lluís Hernàndez. Ese libro representa un motivo de orgullo para todos los colomenses y debería estar en las estanterías de cada casa colomina. 

¿Responde Perifèria al mismo espíritu? Mi opinión, que vale lo que vale, es que no. Creo que el documental que vimos el otro día no consigue el propósito fundamental que creo que pretende: trazar un hilo entre la figura de Xavier Valls y los activistas vecinales con las luchas del presente, concretamente centradas en el conflicto de la Ciutat Vella y los jóvenes okupas del Carrer del Pedró. Bueno, no es que lo consiga, es que si ese es el propósito real del documental, me parece que se comete un error y una injusticia bastante grande. Santa Coloma tiene asuntos que resolver en cuanto a pobreza, vivienda, servicios, todavía muy importantes y que podrían haber sido los protagonistas de la Santa Coloma actual. Con todo el respeto hacia la movilización por la Ciutat Vella, me parece que el documental se pega un tiro en el pie. 

Otra cosa es cómo y quién aparece en el documental. Nada más lejos que querer ejercer de crítico cinematográfico, pero opinar es gratis. Creo que el documental tiene una dinámica que hace difícil entender su línea, comprender quiénes son los protagonistas, saber quién habla, quién es ese señor que sale haciendo fotos y porqué, quién es ese señor que está cavando durante largo rato, quién ese tal Luis Hernández que habla durante treinta segundos y que parece que ha de ser alguien importante o quizás es un vecino random pero no lo puedo saber porque... no se explica.

No se explica. Muchas cosas no se explican, no se dice quién es y porqué sale ese tal Eugeni Madueño, no se explica quién es esa chica joven que los colomenses reconocemos como Manuela de Madre y que es tan importante para bien y para mal (según mi óptica, claro), para la historia de Santa Coloma, quiénes son esos que salen en la asamblea en la que se habla y se discute y que opinan... quiénes son. 

Un documental como una oportunidad perdida. Ni siquiera como intento de escribir la historia que fue de otra manera. Ni siquiera para que la figura de Xavier Valls quede por encima de los partidos. Al final lo que queda es una sensación de experiencia documental frustrada, que no deja contento a nadie y que da una imagen de nuestra ciudad, de lo que fue y de lo que es hoy, bastante fuera de órbita. 

Desde mi punto de vista, escorado y si quieren sesgado, no se hace justicia con la historia de mucha gente, no se hace justicia con la figura de Luis Hernández, no se hace justicia ni siquiera con muchos de los que aparecen en el documental, y sobre todo, no se hace ningún favor a la Santa Coloma actual, a sus problemas y las herencias del pasado. 

Pero para eso estamos. Si eso, a ver quién lo hace mejor. 

miércoles, 13 de enero de 2021

Capítulo 3. La humildad


La sencillez. La humildad. La honestidad. La humildad. La sencillez. La honestidad. Pistolas se iba a quedar, después de la segunda cerveza estaba entrando en calor, pero decidió que no, que su madre se había currado la comida y había que ir. Ya tendría tiempo de hacer el monguer con los colegas otro día. El primer día vamos a portarnos bien. La humildad. La sencillez. La vuelta a casa, camino de la calle Cultura. El piso de sus padres, donde se crió. El piso en el que sigue viviendo su hermano. Saca las llaves del bolsillo de la chaqueta, todavía tiene las llaves del piso de Barcelona. Recuerdos. 

- Javi, lávate las manos y a la mesa ya. El redondo está a punto. Toni, ponte a hacer algo, pon la mesa, lo que sea, pero levántate de ahí ya. 

Javi es el Pistolas. Toni es su hermano. El hermano mayor. El hermano que sigue viviendo en casa de sus padres. El hermano que nunca se fue. El hermano que no lo intentó. El hermano que estudió pero que se quedó encerrado en un cajón. El hermano que se borró. El hermano que le enseñó cuáles eran los discos guapos. Cuáles eran las pelis guapas. El hermano que le enseñó lo que era y lo que no era. El hermano con el que le gustaba ir y venir. El hermano que se fue apagando y que se quedó en una habitación. El hermano que estudió Magisterio y que nunca hizo las oposiciones. El hermano al que le empezó a dar pánico la gente. El hermano que no sabía lo que le pasaba. El hermano que vivía triste. El hermano que no hacía nada. El hermano al que no te querías parecer. Javi es el Pistolas. Javier Garrido Hernández. Nacido en Barcelona en la Clínica Quirón. En el seno de una familia trabajadora, sencilla, humilde, honesta. Su padre Antonio Garrido, trabajador de la RAM, jubilado. Su madre Benigna, Beni Hernández, limpiadora de la empresa municipal que no es municipal pero es la empresa… es igual, jubilada también. 

- ¿Qué pasa Javi? ¿Qué se mueve por Los Pinos? ¿Quién estaba? 

Su hermano Toni hace tiempo que no sale. Va a darse una vuelta de vez en cuando. Es posible verlo alguna vez sentado solo en el parque del Motocrós. O pensando en algo mientras deambula por entre los bloques de Can Franquesa. Pero a ojos de todo el mundo, el Toni hace tiempo que no está. Que no sale. Aunque lo veas, no está. 

- He estado con el Mac y el Mic. Y también he visto a la Laia. 

- La Laia. ¿Cómo está?

- Bien, la he visto más o menos como siempre.

El Toni no le pregunta a su hermano, pero su hermano sabe.

- Pero no he visto a ninguno de los tuyos. Esa gente ya no para por Los Pinos. 

- Normal. Si todavía está alguno por Los Pinos, malas cartas. 

- Ya te digo.

El padre del Pistolas sale de la cocina con el redondo. Lo pone en la mesa. Lo empieza a cortar. La madre trae los vasos y los cubiertos. Abren una botella de vino.

- ¿Dónde has comprado este vino? - pregunta el Pistolas. 

- De un súper nuevo que han puesto en la Avenida. - responde su madre. La humildad. La sencillez. Todo eso.



martes, 12 de enero de 2021

Capítulo 2. Vermut


¿Cómo decís en Santa Coloma hacer el vermut? ¿Decís vermut? ¿Decís cañas? ¿Decís unas cervezas? ¿Unos vinos? ¿Vermut? ¿Cómo lo decís? ¿Todos podéis salir a echar el vermut un sábado o un domingo a mediodía? ¿Os levantáis, hacéis como que hacéis algo y luego os vestís medio medio y os vais a echar el vermut? ¿Sí? Me interesa. Aunque no me podéis contestar porque esto es una novela y yo soy el autor y aquí no funciona el 2.0 y no hay ese feedback de la respuesta. Feedback ya es respuesta y redundo. Vermut. En Santa Coloma. Domingo a mediodía, el Pistolas se ha ido a dar una vuelta por ahí por reencontrarse con la ciudad y se va a tomar un vermut. Se pasa por Cansis. Allí está su gente. 

- ¿Qué pasa tete? Dame dos besos ¿no? Me he enterado que has vuelto al pueblo ¿qué ha pasado?

- Va, nada. Tuve que ventilarme a alguien que me estaba tocando los huevos y me he tenido que venir para aquí un tiempo para quitarme de en medio. 

- Ostia tete qué dices. 

- Ya ves. Pero no vayas ahora tú por ahí…

- No, joder. 

El Pistolas se ha ido a encontrar en la barra de la Sant Carlos a la Laia. La Laia es una conocida del grupo. Del grupo dentro del grupo que conoce pero que es de otro grupo. Se ven casi siempre. Laia era amiga de una amiga que estaba con un colega. O era un colega que estuvo con Laia. O puede que Laia y el Pistolas se liaran alguna vez. Esto último yo no lo sé, pero vete tú a saber. El Pistolas ha sido siempre muy de no ir contando las cosas por ahí. Y hace bien. Porque yo no lo hago. Yo voy largando siempre. Poco o mucho, pero se me acaba escapando. Porque me va lo de comunicar. Comunicar es para mí tan importante que ahora mismo me estoy pasando de comunicar y no estoy yendo a lo que tengo que ir. La Laia se encuentra con el Pistolas en la barra y le pregunta. Y el Pistolas le suelta la primera barbaridad que se le ocurre. La Laia hace como que le sigue el juego, se ríe, se va con dos medianas fuera. El Sant Carles. El Sant Carles, o Cansis, es el bar en els Jardins de Can Sisteré donde se reúne la chavalada revolucionaria y alternativa de Santa Coloma. Al aire libre. En invierno o en verano. La gente que está en las mesas, la gente que está bajo los soportales, la gente está incluso dentro del propio bar. El bar lo regenta una familia china, aunque los habituales conocen los nombres y ellos ya se han acostumbrado digamos que a la informalidad de la parroquia. No es la misma gente la que ocupa cada uno de estos espacios. La gente de fuera, la gente bajo los soportales, la gente de dentro. Hay gente que se desparrama por los bancos de fuera. No todo es gente joven y con toda una vida de acción por delante. También nos encontraremos en Cansis a gente que ya estaba en Cansis antes de que tú supiera lo que era Cansis o que aquello se llamaba Cansis. Yo no he sabido que se llamaba Cansis hasta hace poco. Antes eran Los Pinos. La peña de Los Pinos. Nosotros nos íbamos de pequeños a jugar a Los Pinos a fútbol cuando salíamos del colegio, jugábamos partidos contra el Argos. No nos gustaba el Argos y el Argos era igual que nuestro colegio. Nuestro colegio tampoco nos gustaba. Los Pinos, no vayas a Los Pinos. No vayas a la Plaça de la Vila, no te metas entre esos árboles de la plaza, no bajes a esos bancales a buscar nada, que te puedes pinchar. La magdalena de Proust o las pelotas hechas de celo. Can Sisteré y sus jardines. Justo al lado del Centre d’Art Can Sisteré. Ya que he hablado del pasado, hablaré del pasado. En Los Pinos se movía el Papi. Cuando éramos chavales ya existía el Papi. Cuando pasaba por la calle del cole había quien le hacía rabiar gritándole Franco, Franco. Decían que Franco se había llevado a su mujer y que por eso se había vuelto loco. Con el paso del tiempo el Papi seguía estando por Los Pinos, o por Cansis, y allí andaba con su guitarra arriba y abajo. No oigo la música de violines en mi cabeza para que el momento sea lo suficientemente melancólico y que quede este trocito de texto lo suficientemente sentido, ni siquiera encuentro la música que anuncie el anticlímax que supone contar de manera ciertamente poco afortunada que el Papi se murió en Cansis. Y que allí mismo tiene una suerte de memorial. Y que el Pistolas era de los que cuando el Papi se acercaba a la mesa era de los que se encontraba incómodo. Algunos de sus amigos están allí. Ahora mismo, tomando el vermut. Unas cervezas. 

- Me salgo fuera con las cervezas, estoy con estos. ¿Te veo ahora no? ¿Y me cuentas?

- Me tomo un par y me voy a comer con la familia, a ver si nos da tiempo.

- Joder nen, qué formalito que vienes.

- Es que tampoco puedo dejarme ver mucho por aquí, sabes, si me ven los malos con lo que hice en Barna, al final me como un marrón.

- Que sí, que sí, anda.

Se pilla la birra y sale fuera un poco haciéndose el tal para no salir detrás de la Laia y se va a la mesa que han pillado un par de colegas. El Marc y el Miquel. Mac y Mic. Se conocen desde el Insti. Ahora no voy a contar lo del Insti que estamos con lo de Cansis. El vermut. Un par de cervezas. El Pistolas ya les ha contado durante este tiempo toda la movida y no van a hablar más del tema. El Pistolas tiene proyectos y no quiere que se le pegue el muermo de Cansis. Quiere hacer cosas. El Pistolas no quiere pasar mucho tiempo en Cansis. El Pistolas tiene algo en la cabeza. Mac y Mic le van preguntando y le van animando porque para eso están los colegas. Mac y Mic trabajan juntos. Mac y Mic tienen una imprenta. Mac y Mic tienen unos treinta y pico. El Pistolas tiene la misma edad. De hecho podemos decir que, con exactitud, el Pistolas tiene 38 años. Se piden unas bravas aunque el Pistolas les dice que tiene que irse a comer. El Pistolas no para de saludar a gente que se le va acercando a la mesa. La Laia viene otra vez. Se sienta en el pico de la mesa. le pregunta:

- Y si no te pilla la poli, ¿qué vas a hacer con tu vida?

- Pues tengo alguna idea en la cabeza, pero no aquí, seguramente me piraré otra vez. Quiero irme a Inglaterra. Tengo ganas de hacer algo por ahí. 

- Hostia qué guapo. 

Saluda a gente que no conoce, a gente que conoce, gente que le ha visto alguna vez, peña que va con peña, otros que conoce y que no le dicen nada, tú le conocías y no le has dicho nada, lagarto. Tú, sí, tú, tú que estás leyendo y estás ya con el morro torcido pensando que esto es otra mierda de novela que cuenta historias sobre esas personas que son el cemento de la vida o la sal de la tierra y que tú quieres otra cosa, especial, otra movida. O quizás algo que se parezca a lo que realmente tú has vivido en Cansis, en Los Pinos, en tu calle, en tu bar. No nos vamos a pelear ahora. Tendremos tiempo. Mac y Mic viven juntos. Mac y Mic son pareja desde antes de salir del Insti. Mac y Mic tienen algo que decirle al Pistolas. Os vais a cagar ahora con esto, el Pistolas no se llama Pistolas. 


lunes, 11 de enero de 2021

Capítulo 1. Una mierda


Volver a Santa Coloma no es fácil. Es fácil vivir en Santa Coloma si no has salido mucho fuera. Pero salir fuera y volver, no es fácil. Cuando Pistolas volvió a Santa Coloma se fijó en una mierda de perro que se encontró una mañana de domingo al salir de su nuevo domicilio. Era una mierda de perro hermosa, grande, recién cagada por alguno de esos grandes perros que tiene la gente en su piso. Grandes perros, hermosos, gordos, que caminan briosos por las calles estrechas de la ciudad. Por las calles anchas también. Perros que se enfrentan a otros perros cuando se cruzan ante la estupefacción de sus dueños que les regañan sorprendidos porque un perro, cuando divisa a otro perro, pueda armar semejante cisco. Esos perros, uno de esos perros, cagó una tifa espectacular, jugosa, mientras su dueño lo pasea bien tempranito porque el perro necesita salir a pasear. El dueño se llama Jose. Por no tener no tiene ni mote. No le conocen de ninguna manera, le llaman Jose y Jose ha sido toda la vida. Estaba en la cama y ha sonado el despertador y se ha vestido con uno de esos chándales que son de color blanco, de pantaloncico apretado y sudadera. De esos pantaloncicos ajustados que no son mallas y que dejan colgando cosas que intuyes. Y aunque hace frío con eso ya tira, porque solo va a sacar al perro. El Jose sale con su perro todas las mañanas a eso de las siete y media. Luego vuelve para el piso y se queda frito en el sofá. Le da igual si es domingo o es lunes o si fue festivo ayer o lo será mañana. Saca al perro a pasear y su perro caga. Caga unos troncos espectaculares. A veces los recoge, otras no. Hoy ha tocado que no. Por nada en especial. Porque no. Porque no se ha acordado de coger una bolsa, porque no se ha acordado de coger un papel, porque estaría pensando en otra cosa. No me preguntéis en qué estaba pensando el Jose. Pero la mierda no la ha recogido. A mí no me preguntéis de nada. Cada vez sé menos cosas. Cada vez más, pienso que he llegado a una especie de techo. O que llegué hace años y que he vivido siempre pensando en algo que no era real, o que era real en relación a la gente con la que he convivido. Pero al salir fuera, he visto que no. Que estaba muy por debajo de lo que creía. Fuera del grupo de gente habitual. Con el grupo habitual me manejo bien. Pero fuera… No, eso no le pasó al Pistolas. Al Pistolas le pasó otra cosa. El Pistolas volvió a Santa Coloma y ya os diré por qué volvió. Que tampoco tiene mucho misterio. En realidad, nada tiene demasiado misterio. Es una forma de subir y bajar la expectación como otra cualquiera. Lo cuento o no lo cuento. No lo voy a contar, todavía no. El Jose ha salido a pasear con el perro y se vuelve a su casa después de haber dejado una preciosa mierda en la acera. Al Jose qué le cuentas. La mierda de perro ha sido depositada a las siete y media de la mañana. A las nueve de la misma mañana, sale el Pistolas de casa y se encuentra con ese truño magnífico. Es una mierda espléndida. Ya no recordaba ese tipo de mierda. Un poco más adelante, caminando por la misma acera, encuentra otra mierda, ésta algo más seca, debe llevar ahí desde por la noche. Al lado de un macetero hay otra mierda, casi del mismo tipo de la primera mierda que se ha encontrado, pero esta está pisada. El rastro de mierda se prolonga durante unos pocos metros. Alguien ha comenzado la mañana de aquella manera. Otro diría eso de que ya puede ir a comprar lotería. Pero es que es domingo. ¿O es que no lo he dicho? Es domingo por la mañana y el Pistolas sale temprano a dar una vuelta por el pueblo, que hace un huevo que no está por aquí y quiere darse un paseo a ver si llega a la letra A o algún sitio así desde el que ver la ciudad desde arriba. Cuando vuelva de su paseo, más allá del mediodía y más allá del vermut que se ha tomado con los colegas de siempre, la mierda seguirá allí. La mierda gorda, ahora un poco más deslucida, la mierda seca cada vez más seca y la mierda pisada. Es que es domingo y claro, no van a pasar a limpiar. La mierda seguirá allí varios días. Lo sabe el Pistolas. O no lo quiere saber. Quiere pensar que todo cambia. Lo sabe. Sabes que estás en Santa Coloma porque las mierdas duran más.

 

Hillbilly Elegy - Ron Howard


Hay un programa en TV3 que no me gusta. Ese programa es El Foraster. Un programa que consiste en que un reportero de la cadena, antiguo humorista, visita un pueblo, pero un pueblo pueblo del interior de Catalunya, y allí va entrevistando a la gente. Suele ser gente más o menos pintoresca que habla de manera llana, tiene profesiones que parecen de otro tiempo, aficiones singulares, etc. Todo esto él lo va comentando luego en un escenario al que está invitado todo el pueblo y va comentando las cosas como una suerte de monólogo. La gracia de todo es que al final acaba diciendo 'sou molt bona gent!', entre los aplausos del público presente que ha visto como el periodista, que también comparte esos orígenes rústicos, simpatiza con ellos y les reconoce una bondad sin mácula. Conozco a mucha gente a la que le gusta este programa. A mí me recuerda a esa pulsión que tienen ciertas ideologías a magnificar la vida rural, la pureza de la gente que no vive en ciudades, el retorno a otro tiempo, lo reaccionario. Antes, ellos sí que viven una vida auténtica y no los de la ciudad, nosotros hemos perdido tal y cual. No me gusta por más que aparezcan personajes que sean interesantes o pueblos bonitos. Es que no.

Hillbilly Elegy es una película del director Ron Howard. Cuando ves que la dirige Ron Howard, no por nada, pero ya ves que la cosa muy dura no va a ser. La peli lleva rondando por Netflix algún tiempo, alguien me había hablado bien de ella y el día después de lo de la fiesta de la Zarzaparrilla en el Capitolio hubo quien dijo que esta peli servía para explicar la América que da apoyo a Trump. Pues bien, la película es un 'sou molt bona gent', que parece que va a ir de otra cosa, pero se acaba convirtiendo en un rollito 'si luchas lo consigues' que pfff. 

Que sí, que Amy Adams lo hace bien y que Glenn Close lo hace muy bien, pero por mucho que haya interpretaciones más o buenos interesantes, la historia al final es como tan así, tan 'y al final se casan', que te deja la sensación de que eso no explica ni la América de Trump, ni explica nada, ni acabas viendo nada en la vida de los hillbillies, ni nada. Que sí, que te habla de la vida de un chavalito cuya familia viene del sur y acaban en Ohio y allí la vida no parece ser nada fácil ni divertida, y su madre que comienza siendo un personaje más o menos problemático se acaba convirtiendo en un auténtico problema que amenaza con joder el progreso del hijo (¿?) y que al final...

Que no. Que no me ha convencido pero ni esto. Y que me parece una oportunidad perdida. Creo que aquella de Tres anuncios en las afueras, por ejemplo, era más... interesante. Y que sí, que les darán un oscar a las dos protas femeninas, pero que no.  

domingo, 10 de enero de 2021

La gran novela sobre Santa Coloma - Prefacio


Para presentar esta gran novela sobre mi ciudad, Santa Coloma de Gramenet, me gustaría apuntar algunas palabras que introduzcan al lector en lo que se puede encontrar. Lo que va a leer no es ni mucho menos la gran novela de Santa Coloma de Gramenet, ni en tamaño ni en calidad. Lo del tamaño y la extensión y su relación con lo de 'la gran...' era algo que había que mencionar de alguna manera y ya está hecho. Lo de la calidad, es evidente que ya ha habido escritores y escritoras colomenses que han situado en nuestra ciudad grandes libros que no citaré. También pienso que, de hecho, si Santa Coloma ha sido protagonista en la literatura lo ha sido a través de trabajos que han estudiado su historia, su evolución, su paso de pueblecito a las afueras de Barcelona a crimen urbanístico y de ahí a la pelea por la dignidad como ciudad. Podría escribir una historia que reflejara todo el sufrimiento y la pelea de tantas personas que creyeron que esta ciudad podría ser de otra manera. Podría escribir también una historia que se regodeara en la condición de ciudad del extrarradio y elevar a la categoría de héroes a las personas de condición humilde que la habitan. El cliché. Podría escribir una historia con los clichés habituales sobre marginalidad, pobreza, redención, progreso, castigo, dignidad. De hecho, podría haber escrito algo, pero todavía no he escrito una sola línea sobre lo que será la gran novela sobre Santa Coloma de Gramenet. Escribo esto sin saber por dónde irá la cosa. Escribo esto para obligarme a escribir la gran novela sobre Santa Coloma de Gramenet. 

Dicen que la ignorancia es atrevida y lo que irán leyendo con el transcurso de los días no será otra cosa que una nueva demostración de esto mismo. Lo que está claro, es que lo que van a leer es la gran novela sobre Santa Coloma. Y lo será porque así lo iré proclamando a lo largo de la novela y la narración girará exclusivamente sobre el hecho cierto de que cada una de las palabras que en ella se incluyan formarán parte de lo que ya hemos convenido, usted y yo, tú y yo, como la gran novela de Santa Coloma de Gramenet.  


Mank - David Fincher


Las redes son el infierno. Leyendo en twitter cosas sueltas sobre la película Mank, la última de David Fincher, la verdad es que no parecía que pintase bien. Parecía una película que no respondía a lo que se pide de un director como Fincher. Es que Fincher es el director de Seven y de El Club de la Lucha y todo parece que tiene que ir por ese camino. No lo entiendo. O no he entendido lo de twitter, que también puede ser. El caso es que ya daba por 'no vista' la peli hasta que he visto que estaba en Netflix. Es que es de Netflix. Así de informado estaba yo.

Mank cuenta cómo y porqué el guionista Herman Mankiewicz escribe la película Ciudadano Kane. Una película que cuenta una historia que habla de la historia de una de las películas más importantes de la historia del cine, o la más importante, y cuyo intríngulis ha sido contado ya en otra ocasión, en otra buena película como es RKO 218. Pero de RKO 281 no me acuerdo, aunque creo que iba más o menos de algo parecido o quizás no. Es que no me acuerdo. 

Una película que habla de la dignidad y de la venganza. Básicamente. Una película rodada en blanco y negro y donde todo parece estar queriendo volver a algún sitio, a otro tipo de cine, y quizás, a otro tipo de personajes dentro del mundo del cine, quizás más dignos, tiempos también más brutales, pero donde la gente, quizás, no lo sé, iba más de cara. Porque si no no se entiende una película como Ciudadano Kane retratando a quien retrata y contando lo que cuenta. 

Debate abierto. Podría hacerse esa película ahora o ahora se hacen películas mucho más potentes, más críticas y menos crípticas, pero mitificamos lo antiguo. Pues seguro. A todos nos gusta pensar que antes la cosa era mejor y que ahora no valemos para nada. 

Una buena película. Una película que, vista sin ninguna referencia, parece que te va a decepcionar. Digo algo que me pasó. Al comenzar pensé que todo pintaba a que la cosa derivara en un Barton Fink, pero afortunadamente no fue así. La película te va llevando hasta donde tiene que llevarte, al porqué de todo, donde se mezcla la política, el poder, la utilización de los medios... una historia y un contenido que también veíamos en Ciudadano Kane. 

A destacar a Gary Oldman que borda el papel del guionista, ácido, rápido, excesivamente listo. Y el señor Dance, que sale en absolutamente todas las películas y series que recuerdes. Y todos los demás. Ese mundo de exiliados centroeuropeos o descendientes de, judíos alemanes y austriacos, gente que enriqueció y que también marcó para bien y para mal (Louis B. Mayer...), la manera de contar historias y de convencernos de que lo que vemos en la pantalla puede ser y es verdad. Muy recomendable.  

viernes, 8 de enero de 2021

Elvis Presley está sudando


Elvis Presley comiendo un sandwich untado en manteca con plátano frito, todo frito y todo con manteca y poniéndose como una nutria. Elvis Presley sin saber qué hacer un domingo por la tarde. Elvis Presley dejándose cortar el pelo en la mili en Alemania. Elvis Presley volviendo de Alemania. Elvis Presley llamando a la policía para que controlara a los Beatles. Elvis Presley moviendo la pelvis. Elvis Presley comiendo alitas de pollo. Elvis Presley en la portada del disco Aloha From Hawaii en directo Vía Satélite que se compró el Mario que íbamos a Cou creo y que fue el golazo de la vida porque cómo hostias nos íbamos a poner el disco ese nosotros con lo punkis que éramos y es que no éramos tan punkis. Elvis Presley no era tampoco ningún punki. Tú tampoco eres nada. Elvis Presley tocando la guitarra acústica en la tele. Elvis Presley forrado de cuero negro sudando la ingle. Elvis Presley cantando in the guetto de Elvis Presley. Elvis Presley sacando rédito del rock and roll. Elvis Presley naciendo en Tupelo. Elvis Presley con las patillas gordas. Elvis Presley en un concurso de imitadores de Elvis. Elvis Presley Memphis Tennessee. Elvis Presley Graceland. Elvis Presley en Las Vegas. Elvis Presley con los músicos de Nashville. Elvis Presley se acerca a tu oreja y notas como con el aliento oliéndole a plátano frito te canta love me tender, love me sweet, never let me go. Elvis Presley ahogándose después de cada canción. Elvis Presley asaltando el Capitolio y soplando el cuerno. Elvis Presley con una gorra de MAGA. Elvis Presley tocando en un barrio de Detroit y un niño recuerda el agujero en los zapatos que tenía Elvis Presley y eso será para él el rock and roll. Elvis Presley levantándose por las mañanas y diciéndose en el espejo, hola rey. Elvis Presley en el disco ese de los cuatro grandes con Jerry Lee Lewis, Cat Stevens y Jimmy... no, espera, eran Jerry Lee Lewis, Cat Perkins y Johnny Cash. Elvis Presley jugando a paddle con el Coronel Parker. Elvis Presley intentando recordar cómo se llamaba el coronel parker. Elvis Presley visitando la isla donde viven Janis Joplin, Jimi Hendrix, Jim Morrison, Kurt Cobain y Amy Winehouse y echándoles la bulla por cualquier cosa solo por joder porque yo que sé. Elvis Presley chupándose los dedos. Elvis Presley con Priscilla Presley. Elvis Presley saliendo a tomar algo de incógnito por las calles de Memphis Tennessee. Elvis Presley viendo el fútbol por la tele. Elvis Presley grabando infames películas hawaianas. Elvis Presley cantando Viva las Vegas y disfrutando como si no hubiera cantado otra cosa igual en su vida. Elvis Presley cantando los zapatos de gamuza azul. Elvis Presley cantando Don't be cruel. Elvis Presley cantando ku-u-i-po. Elvis Presley en directo vía satélite resucitando una vez más y poniendo negro sobre blanco quién es el rey del rock. Elvis Presley vistiéndose como un árbol de navidad para demostrar quién es el rey del Rock. Elvis Presley siendo una vez más una bonita metáfora de cualquier revolución o proceso revolucionario por el cual algo que comienza como un movimiento desde la base, se va moldeando y tras tomar el poder, consiente una serie de renuncias que le acaban convirtiendo un poco en lo que quería combatir, siendo finalmente nada más que una caricatura al servicio de freakis y de reaccionarios que no se acuerdan ya de lo que fue en un principio todo eso del rock and roll. Elvis Presley como la Unión Soviética. Elvis Presley vendido. Elvis Presley haciendo el ridículo. Elvis Presley pensando en un nuevo disco de baladas. Elvis Presley vuelve de nuevo a erigirse como. Elvis Presley. Elvis Presley se parece a ti. 

jueves, 7 de enero de 2021

We love you


La situación ayer creo que llegó al máximo de lo que quiera usted poner en esta línea de puntos cuando sale Donald Trump, nada menos que presidente saliente de los Estados Unidos de América y, en lugar de coger un Caza y bombardear el Capitolio para expulsar a los malosos y proclamar el triunfo de la libertad, se marca un discurso en el que dice que los resultados de las elecciones sabe todo el mundo que son una mierda y que 'os queremos, sois gente muy especial, pero volver a casa en paz', insistiendo una vez más para despedir que todo es una mierda, que todo es una gran mentira, que nos han robado.

El presidente como un hooligan. La verdad es que durante toda la noche de ayer las imágenes del Capitolio, de la gente entrando con vestuario militar en un recinto en el que uno supongo que no puede entrar así como así, pero las imágenes nos decían que habían entrado y que los policías que allí había parecían de fireta comparado con los despliegues que hemos visto para cualquier otra cosa sobre todo si la gente que había delante eran de tez oscura, la verdad es que los símiles y las traslaciones y las comparaciones con cosas que pasaron y pasan aquí y con formas de expresarse y expresar una movilización política, no dejaban de asomarse a mi triste cabeza. Gente considerando que el gobierno les engaña, que hay algo que no nos cuentan, el presidente infantilizando a los manifestantes que entran en la sede del poder democrático (se entiende), el presidente haciendo como si él no fuera el presidente.

Los que mandan, los que tienen poder ejecutivo, los que pueden y hacen leyes, esos que tienen una muy buena parte del poder de decisión sobre nuestras vidas, nos dicen que ellos no gobiernan. Ya lo hemos escuchado aquí. Aquí de hecho, en el aquí más cercano, no gobierna nadie. Se supone que gobierna y nos dirige un ente lejano en Madrid, pérfido y fatal, pero aquí no gobierna nadie. Ni nadie gobierna con nadie. 

La extrema derecha no se anda con hostias. La extrema derecha no teoriza, no argumenta, no redacta estatutos, no convoca asamblea de diversa condición. La extrema derecha va a por faena. La extrema derecha sitúa los debates groseramente, pero los sitúa. Por que no quede, por que no se note que no les tenemos miedo, nos los tomamos a bufa, sacamos al de los cuernos, pero lo de ayer es un hecho que es insólito. 

Tan insólito como ver pasear la bandera confederada por el Capitolio. Es como si los nazis no hubieran perdido la guerra o que la hubieran perdido pero hubiera dado igual. Y no, no es como llevar la republicana. Ni de lejos. Ni una broma con eso. La confederada es una bandera racista, de un proyecto de estado racista, paseando digamos que victoriosamente o al menos impunemente, por los pasillos de una soberanía democrática que digamos que está por negar ese racismo. Para negar ese racismo. 

Nos hace gracia. Esperamos a ver qué dice Trump y nos reímos. Pero está diciendo cosas sobre la impunidad. Quién puede hacer y quién no puede hacer. 

La impunidad y la política como un espectáculo. Vemos en la tele cómo pasan cosas gravísimas, las comentamos y esperamos que se solucionen. Otros. Se solucionan solas. Pero, ¿y si no se solucionan? ¿Y si aquella gente hubiera contado con otros apoyos y se hubieran quedado? ¿Y si en lugar de una manifestación hubiera sido un golpe de estado de verdad? ¿Y si no ha sido todo como un 23f en el que un grupo de zumbers advierten a la democracia que en principio tienen esto, pero que pueden ir a por más?

Os queremos. Sou molt bona gent. Durante toda la noche, desde que salió Trump a decir lo que dijo, me sobrevolaba esa idea. La buena gente. La gente sencilla. Hubo momentos en los que junto a Xesco Reverter, corresponsal de TV3, aparecían una serie de personajes que llamaban a la risa. Pero una risa aterrorizada. Buena gente, sencilla, que ama a su país. Y sus tradiciones. Y tal.

Somos buena gente. Los Estados Unidos, ahora hablando de temas serios, ven como su prestigio queda en entredicho. Un país que es la primera potencia mundial ve como una banda de zumbers entra en la sede del poder democrático y hace un poco lo que le sale del chumbo y se sientan en el despacho de la presidenta de la cámara de representantes y se llevan el atril de... y pasean con la confederada. Eso es como que ahí no hay autoridad. Y ya sabemos o deberíamos saber que tanto reírnos de la debilidad y de la falta de autoridad para adentro, suele arreglarse con movidas fuera. Los Estados Unidos necesitarán urgentemente asentar de nuevo su autoridad. 

Y bueno. Otro apunte local, por si no fuera todo local. Estamos aquí en vísperas de unas elecciones catalanas donde estamos ahora centrados en saber si JXC es extrema derecha o no, o si hay personajes que lo rozan o lo traspasan. Pero dicho esto, que es interesante porque los lenguajes se parecen, deberíamos no normalizar que VOX va a entrar en el Parlament y no con uno o dos parlamentarios. Y que la degradación de la vida democrática va a ser aún mayor. Y parece que ya lo tengamos asumido, y no sabemos dónde nos va a llevar esto y qué va a hacer esa buena gente sencilla que ve que esto de ayer 'se puede hacer', siempre que seas de los que pueden hacerse selfies con la policía. 

Pero nos queremos todos y ya está.  

lunes, 4 de enero de 2021

Marcelino


Hablar de fútbol en días como los que vivimos es una inmoralidad. Pero una más. Ver bailar a Levy y Almeida el Jerusalema acompañados por los Reyes Magos en Madrid casi te exime de cualquier responsabilidad sobre tus actos. Voy a decir algo sobre que Marcelino sea el nuevo entrenador del Athletic Club y más aún, voy a decir algo sobre las formas, el pasado, el presente, la nostalgia, el amor por los colores y la tomadura de pelo que es el fútbol así en general. Un tema con tanto interés como cero cayendo la que está cayendo. Pero ya tendremos tiempo de hablar de otras cosas.

Ayer el Athletic Club ganaba un partido fatigoso contra el Elche, uno de los equipos más flojos de la categoría, por un exiguo 1-0. El resultado escaso y el partido flojo no esconde que el equipo se colocaba noveno y que al trantrán y sin despertar ningún tipo de adhesión se colocaba en la zona templada de la clasificación y remedaba la derrota también en un partido flojo y aburrido contra la Real Sociedad unos días antes. Desde que empezó la temporada, el clima entre la afición rojiblanca es el de hartazgo por el juego del Athletic Club, aburrido, torpe, obtuso, sin ninguna virtud, centrando las iras sobre el entrenador Gaizka Garitano. Por ende, las críticas se dirigían también al presidente Elizegi y al director deportivo Rafa Alkorta por no tomar la decisión de echarlo cuando el equipo sufría derrotas tristísimas contra equipos la mar de flojos. No lo echaban y Gaizka Garitano aguantaba. El equipo combinaba victorias que no despertaban ningún entusiasmo y derrotas aburridas. La gente estaba cansada. Estábamos cansados y aburridos con el Athletic y creo que con el fútbol en general. 

La derrota contra el Valladolid, o contra el Alavés, o contra Osasuna, o contra la propia Real Sociedad, hubieran sido más que suficientes como para destituir a Garitano, agradecerle haber llegado a la final de copa y la heroica salvación hace dos años. Pero después de hilar algunos resultados positivos, pocos y sin ninguna virtud, con el equipo noveno, en vísperas de una Supercopa que es un torneo de premio, y tras ganar un partido en casa en un torneo que se está caracterizando por un tono más bien ramplón, me parece que no dice mucho del Athletic Club. 

Entiendo el entusiasmo que despierta entre una parte muy numerosa de la afición el fichaje de Marcelino, un entrenador de éxito, aunque entre mucha parroquia rojiblanca no caiga bien. No cae bien por declaraciones que hizo en su día, que hoy mismo ya se ha encargado de maquillar alabando al equipo, al pueblo, al club, etc. Es un profesional y lo mismo se caga en tu padre que te da un abrazo. Hasta ahí bien. Pero uno pensaba que el Athletic era otra cosa. Echar a un entrenador de esta manera, para traer a un entrenador que nunca ha demostrado ninguna simpatía por el Athletic, un entrenador que se ha caracterizado por ser más bien antipático no con el Athletic, sino con todos, y no por ser un entrenador bronco, brusco, malcarado, sino por quejoso, acusica, meticón, parece un poco fuera de lugar. 

Si lo hubieran traído después de cualquier derrota anterior, hubiera seguido pensando que Marcelino no era la persona que más me mole del mundo para entrenar al Athletic, pero ahí lo tenemos. Ahora bien, viendo cómo ha ido la cosa, la verdad es que el mundo del fútbol pierde interés a pasos agigantados para convertirse en algo que deja de ser lo que uno pensó que era y donde solo vale una cosa: ganar o parecer que eres de los que ganan. 

El Athletic, que yo recuerde, que a lo mejor tengo la percepción equivocada, era otra cosa. Ganar, a veces de cualquier manera, claro, pero demostrando una cierta especificidad en las formas. Con entrenadores de signo distinto, pero yendo de cara. Aquí creo que la han cagado los directivos, con ganas de tapar otras cosas que se les estaban poniendo feas, como las cuentas. Y se ha optado por mantener con vida a un entrenador, dejando que la gente lo despelleje durante semanas, para llegado el momento echarlo a los leones definitivamente. Lo despellejemos, yo el primero. 

Ahora la afición del Athletic ya tiene un entrenador de los punteros, de éxito, que nos colocará en las cabeceras de los programas de televisión, se hablará del Athletic, Marcelino tiene tirada, seremos otra vez un club puntero. Marcelino todavía no ha ganado ningún partido pero ya parece que nos ha salvado de algo que mucha afición del Athletic teme más que al descenso, la intrascendencia. 

Y yo prefiero la intrascendencia, pero con lo que somos que tener que recurrir a cualquier cosa para salvar el culo. 

Y el día que juguemos contra el Barça, le ganaremos y estaré igual de contento porque yo soy del Athletic, igual que cuando le ganamos al Elche estaba contento porque soy del Athletic. 

Y ya otro día hablamos de otra cosa. 

domingo, 3 de enero de 2021

Embrujo de Granada


Bajé corriendo por el Albaicín para llegar pronto a la calle Elvira. En la Tortuga, mientras me comía una tapa de Tortellini, me contaron algunas historias:

'Cuentan que en esta misma calle, debajo de una de las casas donde vivía un rico comerciante, había un túnel que conectaba la casa con la cancillería alemana en Bonn. Así, todos los días, el rico comerciante departía con el canciller alemán Willy Brandt y establecieron una bonita relación de amistad que perduró en el tiempo. Hasta que el canciller cambió y pasó a ser Helmut Schmidt y la relación se agrió. El motivo fue que Helmut Schmidt quiso visitar Granada y el rico comerciante le puso pegas. El alemán se extrañó y preguntó el motivo. El anterior canciller no había visitado nunca Granada aunque la amistad era profunda y él, como muestra de buena voluntad, quería tener un detalle. El rico comerciante no dio muchas más explicaciones, tapió el túnel y quizás por eso Helmut Schmidt no terminó bien el hombre.

Mi padre trabajó en Baza al poco de entrar en la Telefónica y siempre contaba que allí pasó los mejores años de su vida. Al cabo de bastantes años volvió a Baza, porque en Baza vivía un primo suyo y durante algunos años se esforzaba en irle a visitar y recordar los viejos tiempos en los que ambos trabajaron en aquella bella población granadina. Un año visitaron un bar y mi padre reconoció a uno que había sido conocido suyo más de veinte años atrás. Mi padre se dirigió a él contento y emocionado y le preguntó 'qué pasa ¿me conoces?'. El hombre se quedó sorprendido al ser abordado de aquella manera y tras recuperarse un poco de la impresión contestó: 'sí, hombre, eres Juanito, el del Real Madrid.

En el barrio del Realejo vivía una hechicera que se ganaba la vida echando cartas, tirando dados, vendiendo polvos y hierbas, recitando conjuros y bendiciendo ramitas de romero. Todos la llamaban Sharzad pero su nombre real era María Antonia. Había llegado de Yegen a Granada con 12 años de edad, escapando de su domicilio familiar. Allí había trabajado en la casa de algún mala sangre local y con 16 años se volvió a escapar. Buscó  una cueva abandonada y comenzó a ganarse la vida propagando una fama de bruja morisca que le permitió con el tiempo buscar una casita en el Realejo. Un día llegó a verla una muchacha que venía de Cádiz. Estaba estudiando en la ciudad y la había dejado el novio, porque había conocido a una catalana que lo había embrujado. Sharzad miró a la gaditana y sacó de un bolsillico de su faldón un saquito con unos polvos de color marrón. 'Tú le das el saquito este de tierra a la catalana y le dices que se vaya, pero se lo das muy seria, sin estar enfadada ni nada, como si el saquito de tierra fuera de la tierra donde descansan tus muertos y la catalana se irá de Granada. También se irá el hombre que tu quieres, pero que le den por culo'.

Estaban a punto de tomar Antequera cuando uno de los caballeros del Rey Moro volvió a Granada para ocuparse de un asunto de tierras. Discutió con el que le llevaba la finca y discutió con su esposa. Discutió con uno de sus hijos que le decía que se quería ir a Marrakesch a hacer una visita a un santón. Discutió con un vecino que decía que una higuera estaba pasando el límite de su finca y que las ramas se le colaban por el Carmen. Discutió con un amigo suyo que decía que el Rey tenía menos idea de gobernar que un pollo sin cabeza. Discutió con su hermano que le reprochó que después de dos meses y que ya habían perdido Antequera él siguiera allí en Granada mientras el reino estaba en peligro. 'Mejor estar aquí discutiendo que por ahí haciendo el tonto'.

Cada vez que voy a Granada me gusta pasar por la calle del Aire y recordar la canción de Pata Negra que seguro que es una adaptación de otra canción mucho más antigua. Cada vez que voy a Granada me gusta ir al mirador de San Nicolás y que me hagan una foto. Cada vez que voy a Granada voy a los antiguos bares musicales donde fui una vez y donde ya no puedo ir porque muchos no existen. Cada vez que voy a Granada me gusta sentarme aquí contigo y contarte cosas de Granada. Cada vez que voy a Granada subo la cuesta Gomérez y me canso. Cada vez que voy a Granada miro hacia Sierra Nevada y Granada parece Zurich.'

sábado, 2 de enero de 2021

Primeros pasos en el camino de la Luz


Alborada. Amanecer. Un nuevo tránsito. Una nueva revelación. Este año comienza con otro signo, otra luz. Este año comienza con una nueva esperanza, bajo la huella de un propósito colectivo. Este año ya se vislumbra diferente. Hemos despertado a una realidad que no es la que nos llena. Debemos limpiar y desprendernos de lo que nos tiene atenazados. Estos primeros momentos del año los dedicamos a hacer borrón y cuenta nueva. No se trata de hacer propósitos que no podemos cumplir. No es un acto. Es una nueva manera de ser. 

Cada principio de año deberíamos escribir este tipo de textos. Cada principio de año creo que escribo un texto semejante. Cada principio de año es una nueva oportunidad de expresar chorradas. Este año es propicio para que la desfachatez alcance cotas aún más altas de calidad. Este año nos tenemos que esforzar muy mucho para superar las cosas que dijimos el año anterior. Este año el propósito colectivo ha de empujar con fuerza hacia la Luz. Este año la energía que proyectemos ha de ser bien dirigida. Este año, estos primeros días del año, están sirviendo para que nos lo tomemos todo desde los extremos. Desde los que piensan en arreciar con la ofensiva hacia la Luz. O los que creen que hay que mirarlo todo desde el cinismo y el descreimiento. Una vez más. 

De nada sirve hacer propósitos y pensar que una fecha, un mojón en el calendario, una nosequé en el camino, va a hacer que variemos el rumbo. Nada va a hacer que cambiemos nada. De nada sirve desear un feliz año si no cambiamos el sistema. Hay párrafos enteros de Marx que deberías leerte y memorizar muy mucho antes de mandar cualquier tarjetita de mierda felicitando algo que no tiene más solución que el triunfo de la clase trabajadora y la socialización de los medios de producción. 

¿Qué haces? Escribir. Este año todo va a tener menos sentido que el anterior. Este año el propósito, mi contribución a la lucha infinita contra el sistema, va a ser seguir escribiendo en un blog casi cada día. Y este año además con menos interés por producir algo que cumpla con lo único que aprendí en la Facultad. Emisor, receptor, mensaje. Este año, el receptor no tiene ninguna obligación si es que alguna vez se sintió impelido a encontrarle un significado a esto. 

¿Pero piensas que todavía te lee alguien? ¿Acaso no lees las estadísticas del blog? 
Claro que me lee alguien. Pero las estadísticas no lo recogen porque están compinchadas con este mismo sistema que estoy combatiendo. 

No os enteráis de nada.