jueves, 25 de mayo de 2017

Los Planetas - Zona Temporalmente Autónoma

Por ir deprisa y no andar con movidas. Esperar que el último disco de Los Planetas te deje tiritando en una silla, que sea ese disco que estés dándole vuelta y vuelta a cada momento, que tenga esas canciones que estás tarareando de manera perpetua en el momento menos apropiado o en el momento más indicado, esperar que todo eso pase con el último disco de Los Planetas, es de ser muy… Bueno. A todos nos pasa.
Zona Temporalmente Autónoma es un disco al que acercarse poco a poco, despacito, con mucha precaución. Islamabad. El disco se abre con una canción que genera debate porque parece influida por el Trap, una suerte de rap de jóvenes que se me escapa. No le veo la influencia o el fraseo, veo que Jota canta más o menos como siempre. Que la canción es buena, qué narices, es muy buena, que el mensaje llega y te pone ahí, pero que le sobra eso de los paraísos fiscales. No por nadada, es que parece que no pega ahí. Que lo podrían haber dicho de otra manera. Pero la canción, la canción es una pasada. Si hay una manera de empezar es esa. Como cuando han empezado los últimos conciertos que yo he visto con el canto del muecín o Los Profetas.
Decir que desde la primera canción, suena todo bastante limpio, cristalino. A cristal. A transparente. Quiere parecer oscuro, pero es todo como azul clarito. Muy clarito.
Y por ir a por faena, hay canciones que sí, y otras que ya está. Que a veces uno parece que ya no le sorprende eso del uso de giros flamencos, de frases del flamenco de toda la vida, con el rock espacial de fondo. Que lo que me dejó vuelto del revés con La leyenda del espacio, y con mucha canciones de la Ópera Egipcia, aquí me cuesta más encontrarlo. Pero ahora estoy escuchando la de Una Cruz A Cuestas y me vuelvo a acordar de Granada y de todo lo que es Granada. Y así no puede uno salir del bucle jamás.
Si cada vez que uno escucha un disco de los Planetas se va a acordar de Granada, mal. Hay una enfermera en el hospital que es de Granada. Mira que hay buena gente en el hospital, que el personal es cojonudo, jaenero a tope, pero esa mujer que es de Granada, parece que te habla y es otra cosa. Joder. Pues eso son los putos Planetas. Que incluso haciendo las cosas medio regular, tienen ese punto en el que te hacen acordarte de algo, de algo de Granada, por ejemplo, y zas.
Y eso, que seguimos empeñados en hacer cosas de los Spacemen 3 con aire flamenco. Y a veces sale, a veces no sale. Miento. Sale pero no sorprende, y no pasa nada. Lo curioso es que cando ya no lo intentan, cuando intentan hacer algo ‘normal’, ya no me interesa. Hay canciones en este disco que no me interesan. Por eso hablaré de las que me interesan.
Islamabad, ya la teníamos. Mira, me ha pillado en un momentillo ahí, justete. Yo pensaba que iban a ser menos. Soleá, bien. La Seguiriya de los 107 faunos, bien también. De ahí vamos a ir saltando hasta Ijtihad, que me mola un huevo. Porque la primera parte es una de los Pixies con un rollo entre los Brian Jonestown Massacre y lo que te dije. Que me mola un huevo. Ijtihad. Hermanita ven conmigo, y le dices a tu padre que soy tu primo. Hermanita de mi alma. En serio. Mira que tampoco es la gran canción de Los Planetas, pero qué narices.
Lo jodido es que detrás viene la de Espíritu Olímpico a la que le pasa lo mismo. Que es una canción que ya parece que has escuchado mil veces y te pasa otra vez. Gitana si me quisieras, te compraría en Granada la mejor cueva que hubiera. Y a la mierda todo. Y me imagino con el Abel y mi broder en el concierto, y con la Pepa, y Granada, y todo lo que es Granada. Y ya estamos. Mierda todo. Ya.
De ahí vamos saltando a canciones más o menos que no hasta Guitarra Roja que tiene todo lo que tiene Islamabad pero sin lo de los paraísos fiscales. Qué canción Guitarra Roja. Guitarra libertaria. Y redentora. No sé qué más hay que decir.
No me compréis este disco. No es el disco que nos cambió la vida aquella vez. El de la semana en el motor del autobús o el de la leyenda del espacio. No. No lo es. Pero oye, si quieres pedir resultados hazte accionista de la Volkswagen.

miércoles, 24 de mayo de 2017

Dos años de cara por Santa Coloma

Como unos kamikazes. Como si no nos hubiéramos enterado. Sacrificio por la causa. En solitario, sin darnos cuenta de contra qué y contra quién estábamos jugando. Contra qué. En primer lugar, contra toda la maquinaria tejida durante más de 20 años por un partido que ha detentado el poder con mayorías suficientes de las cuales, en muchas ocasiones, habíamos sido colaboradores conscientes, inconscientes, necesarios, innecesarios. Nada más y nada menos. Con la ilusión del que no tiene nada que perder y todo el peso del que tiene una tradición a sus espaldas que ha de representar. Con figuras ejemplares, con personas que han dejado plumas, pieles, vidas en el empeño. Y ahí. Como si no importara. Importando mucho. Contra un partido y un tejido asociativo que es el adversario, es el que te puede quitar lo poco que te queda, el que lo sabe y lo tiene, el que puede ofrecer y dar. Contra eso. Y lo sabíamos, pero no nos lo imaginábamos. Y es mejor así. Es mejor hacerlo como lo hicimos. Hace hoy dos años nos lo encontramos. Con la cabeza bien alta. Dos regidores. Pero qué dos regidores.
Contra un partido que jugaba con todo y contra otro partido que venía para arriba. Y nosotros. Nosotros jugando abiertos. A ganar. Contra la ola morada que venía subiendo dispuesta a no dejar piedra sobre piedra. Y nosotros riéndonos. De todo. De los que tanto pueden y de los que iban a poder. Proponiendo, con una compañera que acababa de cumplir 30 años, la Alex, de cara. Jugándose la cara. Jugándose el prestigio de tanta y tanta gente que ha luchado por Santa Coloma y que confiaron en ella para coger el testigo. De Luís, de Chema, de Epi, de Remei, de Montse, de Ferran, de Loli, de Marga, de Angel, de tantos compañeros y compañeras de tanto tiempo. Con gente joven, poniendo la cara. Aquí estamos. Para decir que nosotros no renegamos, que lo podemos hacer mejor, pero que no renegamos de nada. Que aquí estamos. Y que seguimos con ganas de hablar con todo el mundo. De poner la cara, de reírnos, de demostrar que somos los que tenemos la propuesta y las cabezas. La voluntad de los que saben de dónde vienen y que no se nos olvida. La noche del 24 de mayo del 2015 empezaba todo. Salíamos a ganar, como la alternativa que siempre hemos sido contra el sistema, aunque el sistema nos diera en la cara una y otra vez. Aunque nos equivocáramos. Aunque no supiéramos acertar. Aunque se quedaran con nuestros aciertos. Estamos aquí.
Han pasado dos años. Y seguimos de cara. Y seguimos trabajando. Y nuestros dos concejales siguen trabajando y seguimos aprendiendo. Y se clarifican las cosas. Y ya no estaremos solos. Trabajaremos en Común. Con toda esa gente a la que ya no le cuela que todo tenga que seguir siempre la misma línea. A todos los que nos preguntamos qué pasa con Santa Coloma que no avanza. Que seguimos atascados con una forma de gobernar y unas propuestas de otro tiempo.
Qué pasa en Santa Coloma. Dos años trabajando, picando piedra con una mayoría absoluta que quiere ser gobierno, oposición, centro, izquierda, derecha , sistema y antisistema, todo a la vez. Qué pasa con Santa Coloma.
Han pasado dos años y faltan dos años. Estoy lejos pero me dicen que hay tantas zanjas abiertas ya que de aquí dos años igual… empiezan las obras, empieza la maquinaria a funcionar. Y nosotros como siempre, de cara. Con el legado de los que han estado, claro, pero nos falta más. Nos falta todo un mundo de gente que quiere algo diferente. Que no se explica porqué en Barcelona, en Badalona, en Montcada, en Castelldefels, en Madrid, en Cádiz, en tantos y tantos sitios, es posible gobernar, gestionar y transformar de una forma diferente y desde la izquierda y en Santa Coloma resulta tan complicado. Pero seguimos. Y la gente abre los ojos, y cada vez hay menos gente que se calle.

Y necesitamos a más gente. Gente a la que le importe un pimiento el legado, el peso, el pasado. Gente que quiera otro futuro, de una vez. Con la Alex Sevilla y con el Jonatan Fornés seguimos pencando. Y con mucha más gente.
Nos faltan dos años, tenemos un mundo por delante. Y vamos de cara. Como siempre.

martes, 23 de mayo de 2017

En el corazón de tu cabeza

¿Qué puede haber ahí? Puede haber una o dos cosas, puede haber muchas cosas, puede haber luces, puede haber sombras, puede haber recuerdos de una vez que fuiste con tu abuela o que tu abuela no vino, puedes estar cantando en unas fiestas o que tu madre no te dejara cantar en esas fiestas, puede haber la reminiscencia de una foto que viste una vez de alguien en el Facebook y todo lo que el Facebook significa o crees tú que significa. Puede haber una historia que sucedió antes de ayer y que tú ya no recuerdas y puede que le pongas cara de abuela, de tu abuela, de una sobrina tuya, que le pongas mi cara, que digas que me conoces y que claro que me conoces y que en tu interior sabes que mi cara, aunque la conoces, no te resulta simpática y qué puedes hacer si sabes que soy yo y que yo soy quien soy pero hay algo que te hace preguntarte qué hago yo ahí si tú estás en… dónde estás. Y dices mi nombre pero no sabes si lo has dicho. No lo tienes en la cabeza. O sí. Tú sabes lo que pasa, lo que ocurre a tu alrededor, menos lo que pasa y lo que ocurre alrededor y te quieres enterar, y lo sabes, y lo dices y lo explicas, todo lo que tienes en la cabeza y los colores van tornándose oscuros cuando empezaron siendo luminosos. Y claro que conoces todas las canciones y claro que conoces a todo el mundo que viene, pero en tu cabeza esas canciones no encajan y no se cantan como nosotros las cantamos y nos equivocamos y cuando duermes te despiertas sobresaltado y no sabes qué has soñado, o sí que lo sabes y como nos pasa a los que soñamos cosas que no podemos contar, tú tampoco lo puedes contar. Y dentro, muy dentro, hay algo, algo que sigue estando ahí, que tarda en irse y que parece una cosa y que parece una cosa muy importante, una cosa que se está diluyendo pero que de repente tiene el pelo largo, de repente tiene cara de perro, de repente tiene cara de bestia, de repente está de espaldas y se parece a tu abuela o a tu madre y tú te pareces a tu madre y siempre hemos dicho que te parecías a tu padre, pero nos hemos dado cuenta de que todos nos parecíamos a ti, menos tú, que te pareces a tu madre. Y en el interior, pero no demasiado, hay recuerdos de cuando bajabas a por algodón, porque con 13 años ya hay gente que bajaba a por algodón a Guadalén, y tenías una bicicleta y pesaba un huevo, y te acuerdas de todo el mundo, lo tienes en la cabeza, y claro que te acuerdas, y claro que sabes ir, y claro que lo entiendes, y claro que sabes qué color vas a poner, y claro que lo tienes claro. Porque lo tienes dentro. Qué habrá ahí dentro. Sé lo que me quieres decir. Y no. Dentro de tu cabeza. Dentro de mi cabeza, ya que me lo estás preguntando, no hay mucha novedad. Gracias por preguntar, aunque ya sé que eso no es lo que me estás preguntando de verdad, que me preguntas por otra cosa. Y no tienes que preocuparte, que ya lo tenemos todo previsto. Lo tenemos tan perfectamente programado que lo están haciendo otros por nosotros, que es la mejor manera que tenemos de hacer las cosas desde siempre. La puerta ya está abierta. Alguien ha manejado la llave. El aceite del coche no lo he cambiado todavía. Yo estoy haciendo cosas desde aquí. Todo esto a ti creo que te da un poco igual. Los colores se han ido haciendo más oscuros y el pelo de esa chica es extrañamente largo. Tienes a todas las enfermeras de tu parte y sabes reconocer dónde está la autoridad. Dentro de tu cabeza está habitando Jackson Pollock. Mientras no habite Jackson Browne y te pongas a cantar Stay… ojalá que la primera canción que cantes no sea Stay. En el corazón de tu cabeza ponemos la almohada. Y a descansar.

domingo, 21 de mayo de 2017

La llave


Y su puta madre de la llave. No soy una persona apta para la vida en sociedad. Vivo porque intento bandear de todas las formas posibles los momentos de cierta dificultad. Como dijo alguien alguna vez, mi vida es una aventura diaria por la supervivencia. La puta llave. Hace unos días, cuando llegamos aquí, me encontré con que la puerta del corral presenta una dificultad evidente a la hora de abrirse. Vamos, que tiene un truco o yo que sé. Como no soy persona de enfrentar retos ni nada de eso, intento abrir y si no, pues no salgo al corral. No hay mayor problema. Y si la cosa se pone fea, hago mis intentos e inmediatamente mi hermano o incluso mi propia madre han de salir al rescate para abrir la puerta. Ellos conocen el truco de la puta llave. Yo no.
Estos días he estado solo en casa. No solo de estar solo, de estar todo el santo día solo. Solo de venir a dormir. En fin. Hace unos días descubrí que de forma milagrosa, la puerta del corral se abría. Que la abría yo. Que hacía un poco de presión y se abría. Creo que pasó dos días. O uno. Una lavadora tendida y otra recogida. Hasta que un día, tendí una lavadora por la mañana y al ir a recogerla por la noche… cojones de la llave.
No. No a la una. No a las dos. No a las tres. Que no. Con el papel forzando. Con el cernadero forzando. Que no. Bueno, es tarde, es de noche, estoy cansado. A ve mañana. A la mañana siguiente me pongo delante de la llave. Lo intento. Uno, dos.
No recuerdo cuántos días hace de esto. La lavadora esa lleva tendida tres o cuatro días, me parece. Cada día, por la mañana, por la noche, me pongo delante de la llave y lo intento. Estoy tendiendo en la terraza, colgando de las barandillas las cosas.
He pedido consejo, me han hablado de un tres en uno milagroso que está… dónde está. Donde está el puto tres en uno ese misterioso que no aparece por ningún lado. Un tres en uno que está en la lacenilla, en la despensa, en la cotanilla, en dios sabe dónde está. He abierto todos los armaritos, armarios, cajones, cajoncitos. Sé perfectamente que un día llegará alguien y encontrará el tres en uno o que la abrirá sin más.
No, no, que es que no se llama tres en uno, que se llama nosequé y que es una botella amarilla… peor. Esa botella no existe, nada existe, nada es real.
No puedo salir al corral. No puedo abrir la puerta. Qué inútil. Ese anuncio de la Mercedes, viste adecuadamente, forma una familia, sienta la cabeza, abre la puta puerta del corral joder. Hoy, como solución de emergencia final, he recibido la orden de ‘ponerle aceite’. No quisiera entrar en detalles sobre cómo le he puesto aceite a la llave, pero le he puesto aceite a la llave. Una mierda para mí, para la puta llave y la puta puerta.
No puedo abrir la puerta. Y si no puedo abrir la puerta, cómo voy a vivir yo en un mundo en el que hay que conducir un coche, manejar un ordenador, qué coño, poder llevar una vida en sociedad con el resto de humanos… quién puede confiar en mí. Este es mi drama. La puta llave ahí.
Mi hermano viene mañana. Mátame camión.

viernes, 19 de mayo de 2017

Una tarde en Vilches con Diego Cañamero

Hay que estar atento y combatiendo. Este es uno de las frases con las que me quedo del acto que tuvo lugar ayer en el Hogar del Jubilado de Vilches, Jaén, organizado por Izquierda Unida y Podemos Andalucía, que contó con la presencia del alcalde de Vilches, Bartolomé Guijo; la compañera de IU en Linares Ana Manuela Jiménez; y el diputado de Unidos Podemos e histórico líder jornalero Diego Cañamero. Sala llena de gente. Si nosotros, en nuestra Santa Coloma de mi lama, alma, perdón, hiciéramos un acto con tantísima gente como la que vino ayer al hogar del jubilado, no nos iríamos a tomar una cerveza luego para celebrarlo, no, haríamos una conga de una semana. Insisto, sala llena de gente y gente de pie.
Precisso estar atento y forte, decía la canción de Gal Costa, bueno, de Caetano Veloso, Divino Maravilhoso, y es más o menos lo que viene a decir esa frase que dijo Cañamero ayer. El objeto del acto fue hablar de la situación de los pueblos andaluces, del campo andaluz, de Andalucía y en concreto de la provincia de Jaén. El cogollo consistía en explicar la Proposición no de Ley presentada recientemente por el propio Cañamero en el Congreso para unificar subsidios y eliminar el nefasto sistema de las peonadas.
En principio, parece un tema que, si lo tratamos de una manera divulgativa y serena, nos lleva a escuchar unos argumentos, trazar unas reflexiones y a partir de ahí, extraer unas conclusiones en torno a un plan de acción. Pues no. Yo ayer vi a gente llorar. Y no a una o a dos. Gente a mi lado, diciendo que se le estaban saltando las lágrimas, escuchando la situación de una de las provincias más pobres de España y de Europa, con la tasa de paro más alta de España y de Europa solo superada por Cádiz, y la provincia con menos inversiones públicas de España. Ahí lo llevas. Es como estar oyendo hablar de Santa Coloma, pero a lo bestia. 40 años de PSOE en la Junta. Más de 30 años de PSOE en la alcaldía. PSOE y PP en la diputación. 0 points.
Comencemos. Con el alcalde Bartolomé Guijo, que no es de Vilches, pero disimula bastante bien. Hace una exposición breve sobre algunos de los problemas que tienen los pueblos como Vilches, la ausencia de tejido industrial, la tragedia de pueblos que ven como su personal por muchas ideas, talento y ganas que tenga, ha de abandonar y marcharse, empobreciendo así de nuevo mucho más el territorio.
Le sigue Ana Manuela Jiménez, una compañera súper joven que viene de Linares y ha acompañado a Cañamero en esta suerte de gira por la provincia en otros actos. Si la presencia de público está compuesta por gente de edad ya granada, que alguien tan joven como la compañera esté ahí delante, es un canto a la esperanza. Ser joven, militar en IU en un lugar en el que ‘señalarse’ funciona todavía como una especie de marca que te acompaña y te hace un pelín más difícil tener un futuro como el del resto de la gente. Se llama clientelismo. Se llama estar del lado del que gana. Se llama estar del lado del que tiene la llave de la empresa más grande: el Ayuntamiento, La Junta, la Diputación. Así es. Y cuando se trabaja en dirección contraria, cuando de repente el Ayuntamiento deja de ser el proveedor de favores y pasa a ser una institución que trabaja por la mejora real del pueblo, ay, vienen los llantos y lamentos… y algo más.
Ana Manuela Jiménez, que no sé si querrá que la llamen Ana Manuela Jiménez porque no hable con ella mucho como para preguntárselo, expuso que el capitalismo y el neoliberalismo son las fuentes y los orígenes de donde parte la situación de Andalucía. De un sistema que prima el beneficio por encima de las necesidades reales de las personas. Que favorece siempre al fuerte respecto al débil. Quizás fue el discurso, junto con el del alcalde y compañero Barto, que más reconocí.
Llega la hora de Cañamero. Ay, compañeros de EUiA Santa Coloma, cuánto me acordé de vosotros. Pensé, si me vieran… al flojo del Molina, el socialdemócrata del Molina, aquí con el Cañamero… pues sí. Ahí estaba. Cañamero ha venido a Santa Coloma creo que un par de veces, si no más. Nunca lo fui a ver. Porque, todavía estando yo en mi fase sectaria, como el acto no lo organizábamos nosotros, para qué iba yo a… en fin. Así soy. Ahora, por antropología, voy a todas partes. Cañamero habla y habla en el idioma del público. Los sevillanos y los de Jaén no hablan en el mismo idioma, me explico, ni de lejos. Pero habla en un lenguaje que llega a la gente que estaba allí. Le entienden, no utiliza palabras cultas, no explica teorías extrañas. No está dando una conferencia, está levantando a la gente.
Comienza hablando de que eso de quejarse en el bar, en el mercado, de estar señalando lo mal que está la cosa, está bien, pero hay que organizarse, hay que ponerle remedio. Levanta a la gente elevando su autoestima y señalando a los culpables de la situación. Andalucía no es pobre, Andalucía es rica, tiene muchos recursos naturales y humanos para serlo, los andaluces han trabajado para levantar la industria y la economía de otros territorios, así que no es un problema de la gente, es un problema de cómo se gestiona la tierra. Y la tierra se gestiona mal, no mal, se gestiona a favor de una minoría. Cuando habla de una Andalucía que no es la que sale en Canal Sur… llevo un mes y pico aquí, lo poco que he visto de Canal Sur da ganas de yo que sé de qué da ganas. Cañamero habla de que la gente quiere vivir tranquila, habla de 40 años de PSOE que no ha servido para corregir el paro, la pobreza. Con una tasa de paro un 10% superior a la del resto del Estado. Pero, insiste, no es un asunto incorregible, hay soluciones.
Y una de las soluciones es la de la Propuesta no de ley sobre la reforma del subsidio agrario, las peonadas, etc. Uno de los problemas endémicos de esta tierra, la dependencia de la voluntad de un tercero para que tu vida sea o no sea. Y si no, te largas. Cañamero explica cómo lo podrían solucionar si se aplicase la propuesta que se ha llevado al congreso. Reformar las peonadas, unificar las subvenciones, la renta agraria. La gente parece que lo entiende. Lo explica muy sencillo. Yo soy más de piso que un enchufe, soy como el parlamentario de Ciudadanos con el que dice que ha debatido. No entiendo. Pero comprendo. Entiendo que el dinero del PER, tal y como explica Cañamero, es la primera empresa del pueblo. Y que si ese dinero se gestionase correctamente, beneficiaría de manera palpable a todo el conjunto del territorio. Pero no hay voluntad. Es preferible seguir así. Dependiendo. Y habla de los contratos que vienen de las reformas laborales, de las peonadas, de la gente que se va a Francia a la vendimia y a la que no les pagan, de los políticos de traje a los que hay que echar. Habla de la moción de censura y habla de la marcha de la dignidad. Y que la gente cambie. Que si han votado siempre lo mismo que cambie. Que lo intente.
Concluye el acto. Fotos con el diputado. Yo también. La gente contenta, los compañeros muy contentos. Cañamero busca sitio para dormir. Se ha comido un bocata de tortilla con la compañera Marina antes de entrar al acto. Eso es lo que ha comido en todo el día.
Un diputado. Un político. A todo confort. Un acto en el pueblo, en mi pueblo. Y como si acabase de aterrizar. Qué poco conocemos la realidad de otros lugares. Qué poco sabemos de nuestros hermanos del resto del Estado. Habrá que traer otra vez a Cañamero a que nos cuente. Y mi tito Basilio, en primer plano.

jueves, 18 de mayo de 2017

Karpov

Una de las cosas que siempre me ha fascinado del ajedrez, una de las cosas que por otra parte más me revienta, es que se juega contra otro. Siempre. Sí, es cierto que hay muchos que juegan contra uno mismo, que simulan estar jugando una partida con las negras y las blancas a la vez, pero es eso, una simulación. Y además, siempre acaba uno adoptando una personalidad distinta a la hora de jugar. Ahora juego como si fuera yo y ahora como si yo fuera más valiente, más conservador, más tonto. Siempre se juega contra otro. Es un fastidio. Incluso cuando jugamos contra una máquina estamos jugando contra otro. Ese otro, ese otro que siempre parece tener mejores piezas. A vosotros quizás no os pasa porque tenéis las piezas buenas todavía en el tablero, pero tengo la sensación de que no tengo piezas. No es una idea nueva, tampoco es una idea buena. No tener piezas en el tablero y el otro las tiene todas. Todas. Las enumero y pienso, no habría ni que presentarse a jugar, no tendría uno ni siquiera que molestarse en aprender a jugar porque no tengo las piezas. Pero mola. Aunque haya que jugar contra el otro, aunque es otro sea mejor. Mola. Probarlo, estrellarse, una y otra vez. Ponerse delante del tablero, con las mismas piezas que el otro, pero no son las mismas, que son otras, a veces negras otras blancas, pero es que aunque jugásemos los dos con las negras las que tocara él serían mejores. El otro. Si a esto se jugase de otra manera. Sin otro. Si existiese la posibilidad de que no hubiese otro. Que no hubiese rival. Que fuera más bien una exposición de cómo llegar a vencer las piezas de… claro. No puede ser. Siempre tiene que haber otro. Uno mueve sus piezas y el otro las otras. No valdría. No sería correcto no mover las piezas. Sería como dar una conferencia sobre cómo jugar una partida y que un jurado la valorara. O que la valorases tú. Eso podría valer, fíjate. Que no hubiera jurado, que la valorases tú nada más. Pero claro, la valorarías respecto a lo que dijese otro y estaríamos en otra parecida. Qué manera de darle vueltas a algo que no tiene solución. Se juega contra otro. Otro que, habitualmente es mejor. Que tiene las piezas buenas. Por muy precarias que las tenga, por muy pocas que sean, siempre, llegados a un punto similar de la partida, las suele tener mejores. Pero que mucho mejores. Ya no sé qué más. Tanto hablar del otro, pero a ver si viene ya con las piezas porque con el tablero vacío, aquí solo tampoco hago nada. Qué dependencia, madre mía.

miércoles, 17 de mayo de 2017

Cuentos Chinos

Cuando la Larga Marcha llegó a su fin y al fin el Ejército de Mao llegó al Yunan, un grupo de soldados y militantes del Partido quisieron discutir si serían capaces de volver a hacer el mismo camino a la inversa. En un momento en el que Mao había decidido hacer que en el seno de su grupo de fieles surgiera algún tipo de pensamiento heterogéneo, aquel grupo se tomó aquella planificación de un viaje en sentido contrario como una buena manera de ejercitar el intelecto y de afrontar el problema de enfrentarse de nuevo al enemigo optando por una táctica que podría ser considerada suicida, pero al menos era original. Si la táctica de huir y no enfrentarse era ya una novedad a ojos del combatiente más envalentonado, hacer la Larga Marcha y después sorprender yendo derechitos al abismo, no dejaba de ser también muy estimulante. En el seno de una acalorada discusión, una militante de la vanguardia cultural, Pi Yi, hizo la siguiente consideración: sin duda, ser revolucionario implica no tener en consideración el riesgo y sí el efecto. Mucho más que el fruto práctico de lo que se hace, se ha de tener en consideración el hecho de crear desconcierto en el enemigo. El enemigo debe estar siempre desconcertado, atónito, sin capacidad de respuesta, vamos… y se levantó de la silla y se fue. ‘Y no volvió’, pensaréis. Pero sí volvió, y descolocó también a los suyos. Una revolucionaria.

En las lejanas tierras que colindan con el Tibet, cuando ya el frío del altiplano hace insoportables las noches y el viento vuelve locos a animales y personas, encerrados en tiendas elaboradas con piel de diversos animales que ahora no vienen al caso, se escuchaba la leyenda de la princesa Pi Yi, que, huyendo de la corte de Pekín para vivir la vida de una ciudadana libre y sin las ataduras de la Ciudad Prohibida, había llegado hasta aquel paraje para disfrutar de la naturaleza, el sabor de las cosas preparadas por uno, el aire limpio, la gente sana, el contacto con la realidad, los amplísimos cielos y la majestuosidad de las montañas del Himalaya que se asomaban a su tienda cada mañana. Pasaron dos años en los que Pi Yi recorrió aquellos parajes, conociendo a sus gentes, comiendo su queso, bebiendo sus licores, curtiendo su tez con el viento del demonio que no la dejaba vivir ni de día ni de noche y que no cesaba jamás y que le volaba la tienda y que se le metía en el cuerpo, en el oído, en la cabeza y en todo su ser y que finalmente la volvió loca y todos hablaban de la princesa Pi Yi que se había aventurado en huir hacia el Himalaya de donde decían que provenía el viento para cortar el chorro y quedarse tranquila.

Dice mi madre que a ella le pasó algo parecido. Tenía una amiga que emigró a los Estados Unidos y conoció a gente fascinante. Viajó para estudiar y regresó a China extasiada, contando las maravillas que había visto, las ciudades con rascacielos, los cafés con poetas recitando, la música por todas partes, las hamburguesas gigantescas, los indios en las reservas, pueblos abandonados, las iglesias evangélicas de las que se hizo adepta, un profesor del que se enamoró y el profesor se enamoró de ella y tuvieron un hijo pero ella tenía que volver y se volvió con su hijo y ella echaba tanto de menos al profesor, que estaba casado y no dejó a su mujer porque era polaco y era católico y ella se vino sola a China con el niño y el niño creyó creciendo que era especial porque no había niños de padres extranjeros en su colegio y su madre le contaba siempre que venía de un mundo maravilloso y el niño se creyó especial de verdad y quiso conocer aquel mundo tan estupendo del que le hablaba su madre. Y se quedó extasiado por las ciudades con rascacielos, los cafés con poetas recitando, la música por todas partes, las hamburguesas gigantescas, los indios en las reservas, pueblos abandonados, las iglesias evangélicas de las que se hizo adepto, y el profesor polaco del que se enamoró. Pues a mi madre le pasó igual, pero con Pamplona.
Aquel día la profesora tenía previsto ir con sus alumnos al Museo de Historia Natural de la ciudad. Sus jóvenes alumnos se habían preparado concienzudamente la excursión y habían previsto todas y cada una de las explicaciones y comentarios que la profesora iba a hacerles. Los alumnos se habían acostumbrado a pretender ser más listos que aquella joven extranjera que se devanaba los sesos por aprender un poco de chino y que, con un inglés excelente, pretendía hacerles entender las virtudes del arte como materia para su educación. Si la profesora preparaba cualquier actividad, se esmeraban por dejarla en ridículo, sacándolas de sus casillas, yendo más allá de lo que la actividad exigía, haciéndole creer siempre que no estaba a su nivel, que era demasiado infantil para ellos. Así que, cuando aquel día, la profesora decidió hacer toda la excursión en castellano, los alumnos se quedaron sin excusas. Por una vez tuvieron que estar atentos a todo. A nadie se le había ocurrido aprender castellano como fórmula de respuesta. Por una vez, la profesora tuvo suerte. Y que se atrevieran a aprender el idioma… ahora jugaba en casa.

Feliz día Yprh!

martes, 16 de mayo de 2017

Temblores

Hablando y hablando de toda la movida esta de la ciencia ficción y de cosas del espacio, nos ha llegado una publicación de la Universidad de Protasov, en la que recogen aportaciones literarias diversas y nos ha parecido interesante recoger este relato de Mark Vredestein titulado ‘Temblores’.
‘Los días que transcurrieron hasta que se decidió quiénes íbamos a ser los tripulantes de la nave, fueron un auténtico infierno. Una vez que todos completamos las pruebas para la selección, comenzó todo un tópico enfrentamiento entre los miembros de un grupo que debía concluir con la eliminación de dos de sus integrantes de total de seis. Rumores, maledicencias, comentarios inoportunos, maldades, amenazas, miradas, insultos, hasta un conato de agresión, fueron salpicándose hasta que, con los nervios a flor de piel, llegó el veredicto. Y yo no era uno de los seis elegidos para la gloria.
La misión. La misión consistía en llegar a Marte y, una vez allí, recoger muestras de lo que unas sondas habían identificado como agua para analizarlas desde allí y de paso traerlas a la Tierra para ver qué. Era aquella, sin duda, la ilusión de mi vida. Toda mi existencia, desde mis tiempos de colegial, había sido dirigida a la carrera aeroespacial. Mis estudios, mis relaciones personales, mis esfuerzos, la vida en sí y siento ser repetitivo con el tema, lo había enfocado a que, llegado el momento, pasaría al espacio, surcaría el cielo, pondría el pie en territorios desconocidos, conocería de primera mano lo que tantos otros solo pueden soñar.
Sin embargo, no fui elegido. Al parecer, en las pruebas de situación y manejo de aparataje, me mostré algo torpe en comparación con el resto de ‘habilidosos’ compañeros. Mis conocimientos teóricos eran muchos, pero al parecer, -y tal y como se recogió en el informe que me remitieron y que remitieron a todos los miembros de la expedición para más escarnio- ‘me temblaba la mano al coger cosas’.
Acepté con suma deportividad y elegancia el resultado e incluso me ofrecí para trabajar en el equipo que seguiría haciendo cálculos y diseños sobre la nave y el viaje en sí. Fueron estos días muy provechosos en los que incluso llegué a intimar con una de las integrantes del equipo, con la que tuve un pequeño flirt que me ayudó a sobrellevar aquella decepción primera.
Trabajando y calculando, y ya con la expedición en marcha, a punto de despegar, llegué a una conclusión por la cual había unos logaritmos que estaban empleados de una manera no totalmente exacta, lo que podría provocar y de hecho provocaba, un pequeño oscilamiento de la nave que podría resultar, cuando menos problemático. No dije nada.
Así, cuando ya con la nave en el espacio comenzaron a producirse pequeños altibajos en el recorrido de la nave, que no pudieron corregirse en tiempo y forma y estos contratiempos desembocaron en lo que fue el primer accidente con consecuencia de choque frontal de vehículo espacial contra la superficie de Marte y la trágica consecuencia de tantos muertos. Mientras veía las imágenes en la pantalla del centro de… pensaba… ‘ahora tiembla tu puta madre’. Orgulloso, pues no estoy orgulloso, pero es la vida.’

lunes, 15 de mayo de 2017

Materia

La historia me la contaron a bordo de un buque de esos frigoríficos que se encuentran estacionados en el mar del Norte y que van recogiendo el producto del bla bla bla. En fin. Tobías de los Ángeles era uno de los tripulantes que más tiempo llevaba trabajando a bordo del ‘Angelopoulos’, que así se llamaba el barco, y presumía de haber estado viviendo en alta mar desde hacía al menos 30 años sin haber tocado tierra ni un solo día. Tobías decía ser boliviano aunque algunos sospechaban que era un español con acento de muchas partes que había olvidado ya un origen remoto y se dejaba llevar pelando peces hasta un final que no se dejaba ver.
El protagonista de la historia era el propio Tobías y todo tenía que ver con el motivo por el cual juró que jamás nunca volvería a poner pies sobre el suelo en esta su vida por vivir.
Todo comenzó al parecer en uno de los innumerables oficios que Tobías decía haber desempeñado, como empacador en una empresa de cacharretes y tornillería varia, allá por la costa holandesa. La empresa la gestionaba un buen hombre, un holandés llamado Van der Tinder, que se casó con una bella colombiana que conoció en un viaje de negocios y que terminó yéndose a vivir con él a Holanda, porque, decía, ella tenía orígenes alemanes y era como volver a unos orígenes más o menos relacionados con. La bella colombiana tenía nombre y se llamaba Mariela. Con el tiempo el buen hombre y la bella mujer tuvieron una hija, a la que pusieron de nombre Materia.
¿Por qué le ponemos esos nombres a nuestros hijos? Lo ignoro porque nunca tendré hijos, pero puedo decir que en el caso de la pareja intercontinental, el origen de Materia tenía que ver con el negocio, en cierta manera, ya que fue el viaje a la América latina en busca de materias primas, hierros, metales, etc., lo que originó que se conociesen Van der Tinder y Mariela, así que imbuidos en un espíritu de cierto relajo de costumbres que se atravesó en Europa hace unos años, no se cortaron ni esto para darle una patada al santoral e inaugurar una nueva onomástica: Materia.
Materia era una chica que creció siempre ensimismada. Al buen carácter y disposición de ánimo del padre, que siempre se mostraba afable y dispuesto; a la belleza y prestancia de la madre, elegancia y simpatía, donosura e inteligencia de la madre; Materia no tuvo por menos que dar un giro diametral a la herencia genética y mostrarse como rígida e inerte. Como una niña y una joven estática, hierática, gélida. Materia tenía sus dones, heredó la planta de la madre y cierta tendencia a comportarse generosamente con los demás, pero sin mostrar un ápice de sentimiento, sin que se le trasluciese el más mínimo punto de emoción. Materia era fría, era quieta. De hecho, muchos al encontrársela en algún lugar viéndola sentada, fijándose en algo, o simplemente esperando lo que fuese, dudaban seriamente que estuviera viva. Materia…
La historia no tiene mucho misterio en este punto. Tobías de los Ángeles entonces debía ser un mozo algo más apuesto que el trampantojo humano que era en aquel tiempo, Materia y él se enamoraron furtivamente (hasta en la materia más pétrea late un pequeño corazón) y tras diversos intentos y encuentros, consumaron su pasión. Tobías cuenta que desde que aquello ocurrió, Materia se volvió aún más fría, aún más distante. De tal manera que cesaron sus encuentros y la pasión se apagó. No por parte de Tobías que aún mantenía cierto… interés.
El caso es que Tobías, en sus largas horas empacando, le dio por pensar. Por pensar en qué había ocurrido. Qué pasó. Porqué Materia no le quería ver. Porqué Materia… empacando y empacando, un día, absorto en sus pensamientos, abrió una caja y vio… un muñeco. La conexión mental de Tobías fue inmediata. Ese muñeco era su hijo. Un hijo concebido en secreto. Materia, tan así, solo podía haber concebido un muñeco de plástico. Un muñeco de plástico muerto.
Tobías sintió tanto miedo….
Pelando peces está todavía allí. En fin.

viernes, 12 de mayo de 2017

Jaén - Vilches. Vuelta.

Qué bonito y qué sensible. Vamos de vuelta. El viaje de vuelta no es el mismo que el viaje de ida. No hablamos ya de sensaciones, de ir de día y de volver de noche, hablamos de un viaje tan distinto que parece que incluso las carreteras por las que viajamos son diferentes, siendo las mismas. Viajar de noche, conducir de noche, luces largas, luces cortas. No crean que fue fácil aprender cómo iban las luces largas y las luces cortas. No crean que es fácil nada.
Salimos de Jaén en una horquilla horaria que se mueve entre las diez y las once de la noche. El tiempo estimado en el regreso es el mismo que en la ida, unos 40-50 minutos. Salimos del hospital y ya el trayecto de salida del hospital tiene su qué. El carrilillo lleno de gatos y con una tapadera de la luz (o del agua), que está salida en mitad del carrilillo que ahora la esquivas por la izquierda, ahora por la derecha. Según. Ojo con el volantazo. El carrilillo va a dar a la avenida, carretera, como se llame, de Madrid, carril lateral. No se ve un pimiento al salir y sale uno un poco por intuición. Lo hemos ido comentando a medida que hemos ido viendo que se sale del hospital un poco a lo que salga. Un mes así. A lo loco. Nunca viene nadie por la izquierda, pero… entonces para qué hicieron el carril ese si no viene nadie. Y así vamos pasando los días.
Salir y primera rotonda. Qué risa cuando uno de los primeros días nos paró la guardia civil para hacernos un control, que no nos hicieron el control, nos preguntaron si había bebido y nos dio la risa. Vamos enfilando y a medida que vamos saliendo de Jaén, vamos comprobando que hace falta una mano, una sencilla mano de asfalto, en esa salida. Primera salida a la derecha, segunda salida a la derecha, curva que se hace larga, curva que se hace más larga y vamos a dar a la autovía que nos lleva a Bailén. Al salir, diez contra uno a que hay camiones en el carril que ocupes. Camiones y camiones. Y algún listaco que viene muy deprisa. A veces el listaco puedes ser tú, pero tú o yo o el amor, no venimos por detrás a hacerte luces ni a meterte prisa ni a nada. Tenemos prisa por llegar. Porque queremos llegar. Hay que dormir, hay que descansar. También, por qué no decirlo, si llegamos más o menos a una hora decente, podemos aprovechar para tomar algo si hay algo abierto y ya nos despejamos un poco. Lo de despejarse, qué cosa.
La autovía hacia Bailén. Dice mi tita Antoñita que incurro en errores geográficos en la descripción. Me dejo las luces encendidas del coche después de haber dejado el coche sin batería por lo mismo, me dejo el coche abierto un día sí y otro también, en mitad de un trayecto he de tocar el cambio de marchas para recordar en qué marcha voy, tiemblo de pensar que un día se encienda alguna lucecita que no controle, hoy he visto el cartelito de la ITV y me da pánico pensar en tener que pasarla, hay que mirar de hacer el cambio de aceite… errores geográficos dice..
Autovía hacia Bailén. A qué distancia estará Bailén. A qué distancia estará todo. En teoría la distancia entre Jaén y Vilches es de unos 69 km. 70. Quien dice 70 acaba diciendo 80 y de ahí a 90 o 100... la gente te acaba diciendo que ea, que 100 kilómetros de ida y otros 100 de vuelta. Adelanta camiones, camioncillos. Comparte tramos de viaje con las furgonetas de las empresas de reparto. Un ratillo. Hasta luego.
En el viaje de vuelta coincidimos con el final de las retransmisiones deportivas en la Ser. Me ponen muy nervioso. Hablan unos encima de otros. Adrede. Lo hacen adrede para parecer más, para hacer ver que están viendo un partido entre colegas, yo que sé. O la tertulia de la Ser. Ganas de apagar la radio. Alguna vez le he dicho a mi hermano que la cambie, que la cambie, que da igual lo que pongan en Radio 3, que ponga música. En Radio 3 escuchamos el vuelo del Fénix, o el programa del Senyor Novelles, o el grandísimo programa de los Hermanos Pizarro, o… el caso es escuchar música. El sentido del viaje es ese. Escuchar algo. Escuchar a gente hablando de lo espantoso que es Podemos. Sobre productores portugueses de Heavy Metal. Canciones extrañas de electrónica que no dicen nada. Discutir con mi hermano. Quitar la radio porque mi madre habla por teléfono.
Al poco de entrar en la autovía, mientras adelantamos camiones, aparece la señal de Las Infantas-Villargordo. Es curioso, pero tan solo en el camino de vuelta me pongo a pensar sobre el nombre de Villargordo. Debe ser una deformación de ‘Villa el Gordo’. O a lo mejor es un ‘Villar Gordo’. Hay un pueblo que se llama Los Villares. Cuando quieres llegar a alguna conclusión, ya estás viendo el cartel de Mengíbar. Mengíbar de noche es como cuando estás llegando a Tarragona y ves la Química. Luces. De día, el paisaje es precioso, ya lo he dicho. De noche, el paisaje no es paisaje. La luna llena. Fijarte en los camiones, en el mamón de las luces fuertes, en la carretera. Te da la impresión de que una vez que pases de Mengíbar ya vas a llegar al final de la autovía. Pero todavía falta subir y bajar alguna cuesta. En el tramo de vuelta no hay badenes. A 120 se va de narices. Los días que ha llovido con ir a 100 o 110, ibas tan a gusto. No tenemos prisa.
Nunca hemos visto llover tanto por aquí. De noche no se ve, pero de día el paisaje es genial. Verde. No amarillo como cuando venimos en agosto. Cambia mucho. Cuatro frases. Todos los días. Todas las noches. Nunca hemos visto llover tanto. Nunca habíamos estado tanto tiempo por aquí. Al menos en fechas que no… estamos llegando a la salida de Bailén. La salida de Linares Jabalquinto. No, no es esta salida, es ya. Es ya. No. Hubo un día, solo uno, que me salí por aquí. Error. Una vez, hace mil años, hice el camino por Jabalquinto. Con el Fierro. Es en esta cuesta. No. Es en la siguiente. La rotonda. Los primeros días, cada vez que llegábamos a la famosa rotonda, su puta madre de la rotonda, pasaba un coche. Siempre. Cinco a uno a que pasa un coche. Toma. Ahora hace tiempo que no pasan coches. Cogemos la autovía hacia Linares. Animales muertos en la carretera.
De día no te das cuenta, pero de noche ves muchos animalicos muertos en la carretera. En la autovía hacia Bailén, en la de Linares, hay señales de ‘ojo que se cruzan ciervos’. Ciervos no se cruzan, pero conejos, liebres y animalicos varios sí. Animales aplastados en la carretera. Yo creo que maté hace poco, nada más salir de la rotonda a un conejillo chico. Mi hermano ni se dio cuenta. Cuando entro en la autovía, noto como que el coche se queda pegado al asfalto. Es otro asfalto. Sigo. Nada, al poco, ya veo el cartel de Linares Arquillos. Mil metros. Quinientos. La curva. Mi hermano dice que la curva la tomo cada día de una manera. Es una curva cerrada, que es larga y se va cerrando y abriendo o al revés. Cada día de una manera. Errores geográficos. Cuando ya salimos de la curva, estamos en la circunvalación y empieza el juego de las luces largas y las luces cortas. Ahora. Ahora. Ahora no. Ahora viene uno. Ahora no. Ahora. Y así se pasan esos kilómetros. Asfalto del que notas el asfalto debajo. No suele haber coches delante. No te sueles cruzar con ninguno tampoco. Ahora sí.
Llegas al final, mucho después de lo que tú te crees. Al cabo de un mes he sabido distinguir y localizar el inicio de la circunvalación que tengo tan claro a la ida, pero no a la vuelta. Es una curva larga, cuesta abajo. Claro, es la misma que la cuesta arriba de… claro. Ahora lo entiendo. La carretera no es igual. De día, este tramo entre Linares y el cruce pasado el Piélago, es de conducción gustosa. De noche, una mierda. No ves la carretera, coño. No ves las líneas. No ves. No lo ves. ¿No lo ves? No las ves. Si vas embalado, no ves las curvas. Pues no vayas embalado. Un par de noches tuvimos delante un autobús de Bibiano, lo que da para contar anécdotas sobre conductores de autobús, sobre autocares, etc. En Vadollano aflojas. Luego la curva, luego la cuesta abajo con la curva. Los coches que se cruzan. Largas, cortas, largas, largas, largas. En quinta siempre. Venga. Que llegamos. Que el tito dice que en 40 minutos no llegamos, y sin forzar, mira. Venga.
Hacemos el Stop. Antes del Stop hay un bachaco o una elevación o yo que sé que hace que se te abra el coche entero. Haces el Stop y subes para arriba. Subes para arriba y bajas para abajo. El asfalto es como un rallador. Rrrrrrr. La carretera no es la misma que a la ida. Es como si hubiera dos viajes. Creo que es en el cortijo de la Marquesa cuando creo que yo veo el tren. No es el tren. Es el cortijo. Pero veo las luces y pienso que es el tren que llega a la estación de Vilches. Y no es el tren. Qué tren, me dice mi hermano. En fin. Seguimos y ya llegamos. La carretera con esas líneas que no se ven, que no se ven, que no se ven. Repítelo todo tres veces. Un dolor, un dolor, un dolor. Con el bracillo, con el bracillo, con el bracillo. Ya estamos en la cuesta del valle. Una curva. Otra curva. Reduzco o no. No. Sí. No. Yo que sé. Subo. Venga, subiendo. La casilla. ¿Vive alguien en la casilla esa o no? La curva de entrada que no se ve bien y que parece que te vas a ir a los cascarones, pero no, entras por la avenida de los Olivares. Ajá. Trabajo de documentación. Avenida de los Olivares. Jamás lo hubiera dicho. Olivares. En catalán, oliveras.
Veo gente en un portal, es lo de Ginés, pero como no hay ni un cartel ni mesas en la calle, veo que es lo de Ginés siempre ya después. Veo gente en lo del Pichi si es fin de semana, veo gente en lo del rafi, en lo del ágora, vemos gente. Vamos para casa. Nos paramos a comer un bocadillo o vamos para casa. Vamos para casa. O nos paramos. Cuando viene mi madre no nos paramos. Si no, por hacer algo… vamos para casa.
Bajamos, las elevaciones esas, los badenes esos de la velocidad, quitamiedos, o quitanosequé. El otro día vimos a la maricasti cerrando la tienda y eran las dos mil. Once. Once y pico. Bajamos. La rotonda. A los de la cofradía de las lágrimas los hemos visto algunas veces. No salimos de nuestro asombro. En el Baesucci no se sabe. Vamos por la estación y está el BX del padre de Rodrigo. Bajamos. Pontanilla. Dejo el coche siempre a un metro de la acera. Joer, déjalo más cerca. Joer, qué portazo. Joer, saca las llaves. Joer, el coche abierto. Joer.
Que hemos llegado. Cómo va el tema. Hasta mañana. Bona nit i tapat.

jueves, 11 de mayo de 2017

Vilches - Jaén. Ida.

Como su fuera una road movie. Pero en las road movies se paran y hacen cosas. En este viaje no paramos ni a echar gasolina. No hay parada. Deprisa. Esto no es ninguna road movie. Salimos a las nueve, o a las nueve y media. Vale, algún día salimos a las diez. Subimos por el Camino Real, a veinte, a treinta, despacito, porque si te embalas están los baches esos que están elevados para que no corras en los pasos de peatones que te los tragas siempre. Mi hermano se ha dado cuenta de que no suelo respetar los pasos de peatones. Yo me había fijado. Doblamos a la derecha en el cruce y enfilamos hacia la calle… pues no sé cómo se llama la calle. La calle del Pichi, la calle de Ginés, la calle del DiA, la calle de la tienda de la Catalina, la calle de las flores, la calle de la antigua cooperativa. Esa calle. Lo último que ves antes de salir del pueblo es el Tanatorio. En esa misma calle. Exagero un poco, claro. Está la casilla esa que no sabemos si es una casilla o es una casa de verdad donde vive gente. Pero ya está. Primeras curvas, la cuesta del valle, asfalto rugoso. Es una carretera que va desde Vilches hasta el primer cruce. Cuesta del valle, curveando, la radio suena, casi siempre hay un debate en la Ser. Algunas veces, cansado de escuchar a tanta gente de bien, me pongo Radio 3, aunque ya hace mil años que no ponen nada en Radio 3. Qué mentira tan gorda, el otro día escuché una canción muy guapa de Dan Auerbach. Sigo. De día el viaje es plácido por esta carretera, no hay muchas curvas y la rugosidad del asfalto da impresión. Una impresión buena. Tras una pequeña elevación del terreno, pasando por la finca esa que creo que es de la Marquesa, vamos bajando. Hay una posibilidad de aventura, que es ir por el puente de Chocolate. No sé si aquella vez fuimos por el puente de Chocolate. No creo. La última vez que fui por allí fue cuando me dejé las luces encendidas y montamos el chocho de las pinzas y no podíamos abrir ni el capó y… medio pueblo movilizado por el puto coche. El coche. Pocas cosas me pasan con el coche. Qué cabeza, qué falta de destreza. Qué desastre. En mis manos todo, y qué desastre.
Enlazamos en el cruce con la carretera que va a Linares y Arquillos. Vamos para Linares, una vez que pasas Vadollano y su curveo, entras en zona de llaneo. Puedes ir más o menos a buena velocidad si no pillas a un pillao con liria de esos que no corren. Que no hay que correr, pero tampoco hay que conducir como si… es que llevo prisa. Y se conduce bien. Me gusta esa carretera. Incluso me gusta la circunvalación de Linares. El tiempo que se ahorra sin tener que atravesar Linares. Hay tres o cuatro salidas. Si pillas a uno que va muy despacio, es que sale en Linares algo. Hay un momento en el que se ve al fondo Jabalquinto. Andar, andar y Jabalquinto a la par. Mi madre puede repetir esta frase mil veces. Andar, andar y Jabalquinto a la par. Jabalquinto, se ve arriba de un cerro. Jabal, del árabe yebel. Así de listo soy. Ella dice lo de jabalquinto a la par y yo digo lo del yebel. En cada viaje. Al cabo de un rato, cogemos ya la mini autovía que lleva a Bailén. Son siete kilómetros que ni te enteras. Llegas a la puta rotonda y su puta madre de la puta rotonda. Y enlazas con la autovía de Granada. Que es la autovía de Málaga. Que es la autovía de Cádiz. Y que es la autovía que lleva a Jaén.
Las montañas al fondo. A medida que vas acercándote a Jaén, las montañas esas tan grandes… si está lloviendo como estos días, si hay nubes, el contraste de las montañas y las nubes es bestial. Saldrían unas fotos tan chulas si uno supiera hacer fotos conduciendo… si le dijera a mi hermano de hacer fotos… pero no tenemos ni una foto. Vamos avanzando y vemos la salida de Jabalquinto, y la cuesta grande de Jabalquinto, y la gasolinera de Jabalquinto. Andar, andar y Jabalquinto a la par. Y, después de un mes de viaje… un mes ya.
Después de un mes de viaje creo que Mengíbar está a mitad de camino entre Bailén y Jaén. Y parece que estás llegando a Mengíbar, y ves Mengíbar, y al cabo de un rato creo que vuelves a ver Mengíbar o bien es otra salida de Mengíbar. Y hay un momento tremendo, que ya he contado otra vez, en el que se ve, al subir una pequeña cuesta y enfilar la cuesta abajo un paisaje que no puede ser más bonito de unas lomas amarillas y verdes y marrones y amarillas otra vez, que las debería haber pintado mi padre, o quizás ya las ha pintado. Qué bonito paisaje, caramba. Todas las veces que bajes. Pero al lado hay una fábrica. Justo. Un algo. Que rompe el tema. Y pasas por debajo de un puente y parece que en vez de farolas hay cruces. Y empiezan los badenes y el coche empieza el sube y baja. Y recuerdo que el primer viaje, hace un mes. Iba hablando con Marina, pero me daba cuenta de que no había badenes. Ni me di cuenta. Luego ya me he dado cuenta de que sí, que no los han quitado. Y cuentas los kilómetros. Ahora 25. Ahora ya 12. Y está la señal de salida a Las Infantas y Villargordo.
Y ya aparece Jaén al fondo. Como arrinconado contra una montaña que no es tan alta como las montañas que tiene al fondo. Y esas nubes cuando hay nubes. O el cielo muy azul cuando hace sol. Cuando hace sol, cuando hace calor, estamos en mayo pero ya te asas. Cuando hace frío, caramba, hace frío. Nunca he visto llover tanto por aquí. Nunca he estado tanto tiempo por aquí.
El primer día me equivoqué de hospital y me fui al de arriba. Ahora ya sé entrar, sé hacer la rotonda, miro siempre las vías del tranvía que no circula, hago la curvica que hay debajo de la señal de la Shell. Mi madre cuenta siempre que allí hizo la mili mi tito Bibiano, pero no sabe decir dónde. Hay una salida, luego hay otra salida y ya entras en la avenida de Madrid, o carretera de Madrid. Y se me llena la boca de Madrid cuando digo Madrid. Y entras y te crees que en Jaén no hay ni un coche y en la segunda rotonda hay caravana. Y ves el wok, y el concesionario de la Mercedes que se anuncia en la radio y que queríamos matar al del anuncio y resulta que es que no… qué torpes. Gemma Nierga. Insoportable. 180  grados. No sé qué es peor. La segunda rotonda. Siempre hay coches. No sé qué chirimbolo hay en la segunda rotonda. Haces la segunda rotonda, está el Teppanyaki delante. Pienso siempre en que un día tendría que venir a comer al Teppanyaki. Hemos ido al wok dos veces, nunca más. Hemos ido a todos los chinos de al lado. Me he comprado una mochila azul en el chino primero para el ordenador. Jubilaré la Munich. Le he puesto una chapita de Un país en Comú. La tienda de ropajes. La otra tienda de los chinos buscando un lapicico para el móvil para mi madre. Un mes pensando. El castillo al fondo. No he ido al castillo, ni a la catedral. En un mes. Un mes pensando en ir. Un mes pensando.
Llegas, entras. Haces la paradiña en la entrada por si acaso. Nada. Nunca. Sigues, buscas, convencido de que vas a encontrar. Y encuentras. Aparcas. Con aquella gracia para aparcar. Compruebas que has dejado el coche cerrado. O no.
Un mes. A 120. Sin forzar.

miércoles, 10 de mayo de 2017

El beso de la mujer araña - Manuel Puig

Una biblioteca ‘popular’ en el bar Berenguer. Coge un libro. Este mismo. El beso de la mujer araña. Manuel Puig. Sé que hay una película, con William Hurt y con Raúl Julia. Y con Sonia Braga. Sé que el libro va de un activista de izquierdas y de un homosexual que comparten celda durante algún periodo dictatorial en Argentina. Sé que la película la habrán dado mil veces. No la he visto. No he leído nunca el libro.
El libro ya está explicado. Pero el libro tiene algo. Un homosexual condenado por corrupción de menores y un activista de izquierdas (me repito), comparten celda. Para pasar el rato, Molina, el homosexual, le cuenta películas a Valentín, el activista. Molina le cuenta primero una película sobre una mujer pantera. Se la cuenta, como después vendrán otras películas, y por medio aparecen conversaciones sobre las vidas de ambos. Sobre porqué están allí por ejemplo, no hablan casi nada. Hablan de cosas. De sus relaciones. De quién están enamorados, de a quién quieren de verdad. Hablan de las películas, de porqué les gustan esas películas, de porqué Valentín se metió en política, de porqué no puede involucrarse sentimentalmente con nadie, de lo que significa ser un activista, cosas que Molina no entiende. O sí. O no quiere entender.
Hablan de lo que le gusta a Molina de los hombres. De porqué él no se siente un hombre. Aunque es un hombre. Del hombre que le gusta, un camarero en un bar. De otras películas. Una película de zombies sobre una rubia que va a una isla y su marido por poderes tiene un pasado turbio. Una película alemana nazi sobre una cantante francesa que se enamora de un militar alemán y de lo que ella hace por él. Una película sobre una antigua cantante que se enamora de un periodista y el periodista se enamora de ella, pero eso no puede ser y acaba mal. Y más o menos casi todas las películas que cuenta Molina acaban mal. Y en ningún momento hay una película que se llame El beso de la mujer araña. Y no me imagino el papel de Sonia Braga. Igual es como se imagina él que es ella cuando es ella. O algo así.
Un libro escrito con giros, con reflexiones a pie de página sobre la homosexualidad, sobre lo que dicen de porqué, mucha gente muy lista al parecer.
Y al final pasa lo que pasa. Y pasa. Y nada es lo que parece y a lo mejor si es lo que parece. Y el uno se cree que el otro es y a lo mejor no es. Esto último no dice nada, pero tampoco lo voy a quitar. Y el final es como una inmolación. Y me ha gustado mucho.
Y yo no le hubiera puesto la cara de William Hurt a Molina, le hubiera puesto la cara del propio Manuel Puig, no sé. Y me lo he ido leyendo en salas de espera, en pasillos, en habitaciones. Y cumple con lo que uno busca de un libro. Que te ayuda a escapar.
Qué cosa se me acaba de ocurrir. Qué símil.

martes, 9 de mayo de 2017

La alternativa

Como está haciendo frío, me he acordado de Francia. Hace un par de días que ha habido elecciones presidenciales en Francia y la victoria de Emmanuel Macron me ha provocado una serie de reflexiones en cascada que, a falta de mejores incentivos, me atrevo a compartir.
Resulta que he perdido buena parte del contacto con la realidad. Salvo las redes sociales y la cadena Ser, no he seguido lo que ha pasado estos días con estas elecciones y salvo mi hermano, no he podido taladrar a nadie con mi pensamiento político avanzado. Así que hay voy.
Resulta que escuchando la Ser y viendo según qué medios, o leyendo lo que opinan algunos en las redes, debemos estar cuando menos contentos y aliviados porque Macron y su partido socioliberal ‘En Marche’ han conseguido auparse con la victoria contra la fascista Marine Le Pen. Durante la campaña, el esfuerzo mayor del reino consistía en identificar a quienes no fueran ‘con Macron’ como filofascistas, colaboracionistas, miopes políticos, etc. Melenchon, el candidato de la izquierda que ha punto ha estado de meterse en la pelea final, decidió no mojarse, no abrazarse a la bandera y no decir que llegado el caso, había que frenar al fascismo y votar por Macron por responsabilidad o porque… pues no. No lo hizo. Y se llevó palos. Y se los sigue llevando. Y se los llevaba ya en la campaña propia creo que por estar, únicamente, allí. Molestando. Molestamos. Cosa que ya sabemos desde siempre, por eso muchos prefieren ‘llegar a esos momentos de la verdad en los que nos unimos todos y parece que todos somos uno y ya no hay enfrentamiento y nos unimos contra un enemigo común’.
Y nosotros, qué. Nosotros, me refiero a que cuándo alguien nos va a apoyar a nosotros. Cuándo alguien, incluso de los propios nuestros, va a reconocernos algún mérito, va a demostrar capacidad de unidad más allá de lo retórico y le va a importar una puta mierda si dentro del debate de la UE se es muy UE o poco UE o un tanto UE. Cuándo alguien, sobre todo de los nuestros, va a remar por construir de manera efectiva una alternativa a lo neoliberal, reformista, capitalista, mierda.
Unos minutos después de ganar Macron, un responsable de la UE, italiano, decía que la victoria de Macron facilitará toda una serie de políticas de reformas que Francia y la UE necesitan… como por ejemplo la de un mayor control de la inmigración y… un discursito que si lo dijera la Le Pen, fliparíamos. Pero lo dice el otro y estamos contentos. Respiramos aliviados ante la victoria de…
Y tenemos la sensación de que hemos ganado todos y nosotros, realmente no ganamos nunca. Ni siquiera parece que nos esforcemos en hacer algo para ganar nunca más allá que ‘a partir de ahora hay que construir una alternativa’. A partir de ahora.
Macron. Macron se va del Partido Socialista, del que era ministro, porque lo considera demasiado de izquierdas. Repito, se va del Partido socialista porque lo considera de izquierdas y consigue… el apoyo de buena parte de los responsables de su propio partido que no están muy allá ante la victoria en sus propias primarias de un candidato más… de izquierdas (en los parámetros socialistas, ojo). Pero tenemos que estar contentos y apoyarle y… luego ya veremos.
Hoy han dicho que Manuel Valls, que se presentó a esas primarias y las perdió, se pasa al partido de Macron. Dice que es socialista, que es de izquierdas, pero que el partido socialista está muerto. Y la gente, al final, lo que ha querido al parecer, es derecha.
Derecha de centro, derecha extrema, derecha en lo económico, derecha en lo filosófico. Derecha.
Dentro de nada hay elecciones primarias en el PSOE .Dos candidatos a disputarse el mando. En la Ser, el tufillo es el siguiente: en realidad, lo que ha ganado en Francia es un partido socialista nuevo (en marche) que es como debería ser el partido socialista, un partido de centro reformista, no un partido de derechas que de miedo, solo que sea… desconfían de las aventuras, de los izquierdismos, del populismo. No soportan a Podemos. Es la nueva Izquierda Unida. Escuchas las tertulias y están convencidos de vivir en 1986, en 1991, en un escenario en el que no hay nada, en el que el PSOE es el faro, el foco. Sea cual sea el candidato ganador, no dejará de ser el PSOE del siglo XXI, un partido que lucha por seguir siendo. En Europa desaparecen, no cuentan. Aquí debemos ser hábiles como para demostrar que no son alternativa, que no lo han sido, que no lo van a volver a ser. Que no son la opción para plantar cara a la puta mierda.
Y nosotros no tenemos que pedirle perdón. Nosotros tenemos que construir. Que montar. Que hablar. Que organizar. Que hablar mucho con la gente. Demostrar que somos gente que más allá del folclore, es capaz de ver, de pensar, de trabajar, de hacer cosas útiles. Soy muy pesado.
Porque si no, esta puta mierda es más de lo mismo. Mucho mucho, pero al final, debes apoyar al reformista de turno, al social liberal que te espante al fascista. Y si no lo haces, sospechoso eres. Sospechosos nosotros que hacíamos las movidas esas de repartir folletitos contra PXC. Banalizar el fascismo. Me cago en la puta.
No sé quién de los dos es Macron o Valls. Al final no sé si ha quedado claro lo que quería decir. Lo hemos tenido punto. Lo seguimos teniendo a punto. No dejemos que nos cuelen el gol de siempre, no nos ofusquemos en temas que no son nada. No nos dejemos meter en su mundo.
Basta de hacerles el juego. Vamos a ser alternativa de verdad. Vamos a ser nosotros.
Dentro música.

lunes, 8 de mayo de 2017

Avanza. Ríe. Siempre.

En un monasterio. En un cubículo de un monasterio abandonado de una remotísima aldea de los Balcanes. En una habitacioncilla pequeña, minúscula, en una pequeñísima y mínima cuevecita a la que no se puede llegar más que por una sucesión de pasillitos, corredizos, grutas, escaleras empinadísimas y todos los tópicos e imágenes que se nos vengan a la cabeza sobre el lugar más aislado de todos los lugares solitarios y oscuros que uno pueda pensar. Allí encerrado, allí concentrado, allí, sin comunicación con el mundo, sin saber de nada ni de nadie, sin conocer lo que sucedía en Francia ni en el País Vasco, sin tener idea de los documentos ni de las negociaciones, sin saber de nombres ni de ideas, sin recordar si se movía o si volaba, sin más misión que escribir lo que tenía que escribir, sin más idea en la cabeza que hacer un texto que plasmase una idea. Que plasmase una idea que fuera bonita. Que saliera de allí un texto bonito. Una cosa bonita. De esas cosas bonitas que cuando las leías decías, qué cosa tan bonita has escrito, me ha encantado. Pero no.
No salía. Allí llevaba yo un mes. Dos meses. Tres meses. Era yo joven cuando vine. No era joven. No recuerdo si era joven o no. Quizás me había afeitado y me veía más joven. Estaba allí encerrado, lo había planeado todo para hacer realidad uno de esos retos a los que me obligabas, el de hacer algo. Me había planteado hacer las cosas. Había puesto los cimientos para dar comienzo a una prometedora carrera en el mundo de la literatura, más allá de los conchabamientos y los intereses, simplemente gracias a mi singular talento para escribir algo bonito. Algo bonito. Algo bonito.
Meses. Cuando uno está escribiendo y piensa en escribir algo bonito adrede, corre el riesgo de resultar afectado. Como lo sabes, no escribes. Y le das vueltas. Y vueltas. Y piensas. Cuando uno, además, está escribiendo y piensa en escribir algo bonito y no quiere que se note que está escribiendo algo bonito, sin el talento suficiente, sufre. Y sufre porque no le va a salir. Porque se va a notar. Porque qué vergüenza. Y qué mal rato. Y lo va a ver todo el mundo. Y lo van a leer y van a decir, qué moñada madre del amor hermoso. Qué hace escribiendo esas cosas pudiendo escribir otras. Escribe, escribe, escribe. Envíalo, mándalo, enséñaselo, habla, hazlo, dale. Y no. Meses. Años. Creo que era yo joven. Vine sin afeitar.
No me sale. No me sale nada. No me salía nada. Qué me estaba pasando. Me había olvidado de la risa. Y no sé cómo, recorriendo los caminos más intrincados, subiendo y bajando, rozándose contra la pared, saltando bordillos, con cuidadito, así, espera, que te das, corre, ahora, la frontera con Hungría, cuidado, que te sacan una foto, ojo. La risa me alcanzó. Era la tuya, menos mal.
Qué tontería. ¿Tú te imaginas que me olvido de tu risa?
Qué cosas se le ocurren a uno.


Las cosas bonitas que digas. Las cosas bonitas que pienses. Las cosas bonitas que te digan. Las cosas bonitas que ocurren durante un viaje en metro. Las cosas bonitas que pasan tomando un café con leche. Las cosas bonitas que ocurren escribiendo un correo electrónico. Las cosas bonitas que se te ocurren mientras se te están ocurriendo otras cosas bonitas. Las cosas bonitas que pasan viendo crecer una flor. Las cosas bonitas que pasan al abrir la puerta de la calle. Las cosas bonitas que ocurren en una tienda de ropa en la que nunca está esa prenda bonita que de repente se convierte en bonita porque las cosas adquieren el grado perfecto de perfección en tanto en cuanto se relacionan contigo. Como si fueran un campo de fuerza. Como si tú fueras ese campo de fuerza. Como si cada vez que algo entrase en relación con tu campo de fuerza, fuera bonito porque sí. Las cosas bonitas que pasan mientras hablas con alguien y te ríes y ese alguien de repente nota algo que parece que no entiende, pero sabe que no va a ser igual nunca más. Las cosas bonitas que ocurren cada día que uno recuerda el día más bonito que ha habido nunca en la vida, que no ocurrió más que a unos pocos pasos de aquí. Las cosas bonitas que provocas cuando dices, piensas, escribes, vas de un extremo de la calle al otro extremo de la calle mirando con cara de sorpresa las cosas que pasan, las cosas bonitas que pasan, las cosas que no son nada bonitas y que trabajas, piensas, piensas, piensas, haces, haces, haces, haces, para que esas cosas sean bonitas y que todo cambie. Y preguntas, y preguntas, y quieres saber y preguntas cómo se podría hacer, y estás y estás y estás preguntando cómo, cómo se podría hacer. Cómo se podría hacer para que todo fuera diferente. Cómo se hace. Cómo lo han hecho otros, cómo se hace. Quién lo hace. Y te ríes. Y cuando te ríes las cosas son más. Son mejor. De hecho, las cosas son cuando te ríes. Es una de esas teorías peregrinas que se me ocurren cuando estoy sin hacer nada, que suele ser muy poco tiempo, porque siempre hay que hacer algo. Así que las teorías peregrinas que se me ocurren suelen ser flojas, muy de andar por casa, pero al menos te ríes. Escuchar y reír. Y preguntar. Y hacer. Y proponer. Y pensar. Las cosas bonitas que pueden pasar si más gente diera con esa risa por la calle, en una conversación, en una manifestación, en una concentración, en un baile, en un concierto, en un paseo por la calle. Y quedarte mirando pensando en lo que va a pensar. Y había una propuesta que no ha salido adelante en la asamblea de la mañana sobre hacerlo todo con letras de canciones que no ha prosperado. Porque las letras de canciones ya están dichas y es muy fácil, a no ser que nos pongamos a recitar canciones de Antonio Orozco, o de Manuel Carrasco. No dejes de soñar. Y deja la a, así mucho rato. Y ni así, ni de esa manera, se me va la risa. Y las cosas bonitas que ocurren discutiendo sobre si el puño en alto sí o el puño en alto no. Todo es una risa. Siempre una risa. Siempre.

¿Tú sabes por dónde empezar? ¿Tú sabrías cuál es el comienzo? Si no lo sabes, seguro que lo preguntas. Si no lo sabes, remueves cielo y tierra para saber dónde está el comienzo, el origen, la solución. Preguntas, preguntas, cómo es, qué podríamos hacer para saberlo. Cómo se hace, con quién podríamos hablar, qué podríamos pensar para hacerlo. Para saberlo. ¿Cuál es el camino? ¿Dónde está la vía? Recogidos en una tienda, en el desierto del Gobi, unos cuantos soldados turcos, se preguntan cuál es el futuro. Cuál puede ser el porvenir. De qué manera se puede conseguir la conquista del Asia central. Cómo podemos conquistar China, China, que es tan grande, las estepas, la India. De qué manera se puede hacer. Y entonces entra alguien, se ríe, propone reírse y tirar para delante. Los mongoles no lo hicieron así, hablan de masacres y movidas varias, pero seguro que pasó así. Tuvo que pasar así. Seguro que entró alguien con un precioso pañuelo rodeando su cuellete y se rió y dijo… no sabemos lo que dijo. Sabemos que quien escribe las historias las escribe como quiere. Y ellos quieren que creamos que la historia se escribe de otra manera. En una reunión del partido obrero socialdemócrata de tantarantán se tiene que hacer la intervención definitiva, la intervención que va a hacer que los miembros del partido se pongan de pie y avancen. Y quien quiere hacer la intervención siente que el techo se cae sobre su cabeza. Que todo da vueltas. Que no es. Y por algo, un comentario, un tropiezo, alguien que se equivoca constantemente, que es incapaz de hacer nada a derechas, de saber ni siquiera estar de pie, de esos que están vivos de puro milagro porque vivir es una aventura, provoca una risa. Y con esa risa, de la reunión aquella, surge la chispa. Una risa. En un conventillo de Montevideo, unos uruguayos se quieren enfrentar al dictador de turno y proponen hacer un grupo subversivo, pero lo quieren hacer de manera que la cosa no termine como siempre, a tiros y a lágrimas. Cómo hacerlo. De repente se abre una puerta y alguien entra y lo hace riendo. Y con la risa nada más ya convence. Un cuadro flamenco, un grupo de personas que quiere bailar flamenco. Un grupo de personas que no sabe bailar nada de flamenco. Nada de nada. Y que van a bailar flamenco y que quieren bailar flamenco, pero les preocupa no saber, no hacerlo bien, no tener gracia. Y de repente, una de las que baila, se mira en el espejo y se ríe. Se ríe de sí misma bailando. Con los brazos arriba, la melena atrás, se ríe. Y todos bailan. Y al menos, por ver reírse a la bailaora, siguen yendo. Creo que la línea argumental de todo esto está clara. Sé qué no es muy allá, que te habrás reído más con otras cosas. Pero ya sabes cómo comenzar. Con la risa. No voy a poner muchos más ejemplos. Solo uno más. En cualquier momento, en cualquier parte, en cualquier situación, cuando la cosa se tuerce, cuando parece que se nos llevan los demonios y van a conseguir que nos volvamos todos locos y del revés y pensemos que no hay solución y que lo han logrado otra vez y que nos van a reducir a cenizas porque son muchos y tienen de todo y lo tienen bien amarrado, de repente, pasa algo y te ríes. Te ríes y sabes que esa es la gasolina. Es un argumento más viejo que el mundo. Y preguntas. Y te ríes. Y preguntas y con la explicación te haces más preguntas y con las explicaciones te ríes. Y te ríes de mí. Y te ríes de todo. Y es entonces cuando pasa como en esa película, en Excalibur, cuando con el conjuro se va congelando Merlín a medida que se va diciendo, pasa lo mismo pero al revés. Con cada risa, parece que se derriten. Se derrite todo el mundo. Y no quiero escribir más, porque ya todo el mundo debería saber lo que estoy diciendo. Es la risa lo que mueve el mundo. Es su risa lo que mueve el mundo. Es una cortina que es un mantel y que es una cortina y es la risa. Es ir por la calle a coger un papel y que parezca que es la mayor aventura del universo. Es cruzarte con alguien y empezar a hablar y que de esa risa el día mejore sustancialmente. Es una llamada de teléfono y escuchar la voz y que riéndote te pregunten que cómo va todo. Avanza. Dale. Es saber que, en el lugar más así del mundo, en cualquier parte de esas que recorres, en cualquier lugar, con un pañuelo al cuello, con un algo amarillo mostazoso, con unas botilla rojas, con el pelo rizado, con gafas, con la cara de buzón, pero con esa risa, simplemente con un poco de esa risa, funciona todo. Comienza todo. Siempre.

Feliz día A.

domingo, 7 de mayo de 2017

Aurora (final)


Komazweski, Kreznewsky, Zbgniwiew Krescinsky. Mientras estaba esperando a que nos dejasen entrar en la fiesta iba pensando en nombres polacos. Voy a repetir uno a uno todos los tópicos de mi comportamiento. Animales muertos en el camino. Durante el paseo con mi prima Aurora camino de la fiesta, íbamos viendo animales muertos, aplastados, por el camino. Animales muertos y nombres de polacos. De checos. De yugoslavos. Estábamos en la puerta y mi prima Aurora me tenía cogido de la manga de la chaqueta. No llevo ninguna chaqueta. Debe estar cogiéndome de la muñeca directamente para que no me escape. Hemos convenido entre todos, de manera asamblearia que esto tiene que ir terminando y que todos los misterios de Villastanza de Llorera deben resolverse esta misma noche. Mi prima Aurora dice que se llama Aurora al tipo de la puerta y la dejan pasar. A mí me dicen, señor Rípodas, adelante también. Le digo al de la puerta que no me llamo Rípodas y me mira como si fuera gilipollas. Convendremos en que tengo cara de gilipollas. Me dejan pasar igualmente. Mientras avanzo por un pasillo hacia una gran sala donde hay música sonando y una fiesta transcurriendo, una voz interior me va poniendo en situación y me quiere explicar algo sobre el tal Rípodas. Los escritores, los que se inventan las historias, los creadores de todo tipo, intuyo que deben no dejarse llevar por los estados de ánimo o los dolores físicos y espirituales que les asaltan para hacer lo que tienen que hacer. A mí hoy me toca describir una fiesta para concluir con una serie de relatos de carácter misterioso, onírico, un sinsentido de imágenes que quizás a alguien le puede haber parecido en algún momento interesante. Antes, supongo de que todo descarrilara hace unos meses y no supiese servidor salir del atolladero. Y me duele mucho la cabeza hoy y no creo que pueda llegar a consumar el fin de la historia. Estoy dentro de la historia y no lo veo claro. Estoy perdiendo el hilo argumental otra vez. Se me olvida que debo separar al emisor y al mensaje. Yo no soy el mensaje. Mi prima Aurora me va diciendo todas estas cosas. Que no soy el mensaje, que hace calor, que va a ponerse todo en orden. Que todo va a clarificarse. Que ella me lo va a explicar. Que es ella la que tiene en su mano la capacidad de hacer que todo esté claro. Yo no lo veo tan claro. Para qué discutir. Para qué complicarse más. Mi prima Aurora y el pelo rojo de mi prima Aurora. Mi prima Aurora dice que ha escogido la música que ha de sonar en la fiesta para que me guste. Pero lo que oigo de fondo no me gusta mucho. A mi prima Aurora no le ha gustado nunca la música que me gusta a mí, pero… qué pasillo tan largo. Qué manera de alargar un cuento sin decir nada porque no hay nada que decir. Llegamos a la sala.
Veo a mucha gente que parece que me está esperando. Gente a la que no he visto en mi vida, pero es gente que me he inventado yo. Veo a mi prima Aurora repetida, pero de otra manera. A mi prima Aurora real, a la que tengo al lado, a la que inventé una primera vez, una segunda. Veo las paredes que están decoradas con cuadros de Regoyos, de Zuloaga, de Larionov, de Goncharova, de expresionistas varios. No sé cómo puede haber tanta pared para tanto cuadro. Veo que el suelo es como el de la acera de mi casa en Villastanza de Llorera. Veo cosas. Veo a gente que me he inventado, veo a Gorteza, que se me queda dormido mientras suena la música, veo a mi madre, que se llama Aurora y que no se llamaba Aurora, veo a alguien que no tiene cara, que tiene un cartel en el que le han pintado un nombre que no puedo mirar, pero si afino un poco veo que se llama Rípodas y me alivia, porque yo no quiero ser Rípodas. Me duele un poco la pierna. Más que la cabeza. Le pido a una chica que tiene el pelo recogido en una coleta, que me abra la cabeza y vea qué tengo dentro, que lo haga con cuidado. La chica me dice que no puede hacerlo, porque es policía y no puede ni quiere. Mira todo el rato a Gorteza. Gorteza me cae simpático. Se parece a esos que están en los hospitales que se te acercan y te piden un euro, o un cigarro, y que cuando no se los das te preguntan que porqué no les das un euro o un cigarro. Que si es que les quieres matar. Y se sientan a tu lado y te dicen que les quieres matar. Por un euro. Gorteza me cae bien. Qué hora debe ser. La música suena y va cambiando de estilo. Suena la música que me gusta. Mi prima Aurora, una de ellas, me da igual, me mira y asiente. La música es alemana. Ocáriz. Ruiperez. El nombre en alemán que me viene persiguiendo y que no sabré nunca de memoria y me lo he inventado yo. Nada de lo que está pasando en esta fiesta es divertido. Le llamo fiesta porque hay una mesa con productos de supermercado como los que exponen en una de esas fiestas de la caridad en la que la gente deja cosas como cartones de leche, arroz, paquetes de lentejas. Y la música suena en un equipo de música. Y no hay una orquesta. Ni una discomóvil en la que un padre y un hijo cantan canciones. Y no sé si hay algo más triste que un padre y un hijo cantando canciones. Lo voy a cambiar, voy a dejar escrito que la música la interpretaban un padre y un hijo que cantan canciones en alemán. O alemanas. O traducidas del alemán. De temática pangermánica. Y una de esas canciones, que no sé distinguir si es en alemán o en castellano o en catalán mismo, cuenta la historia de una mujer que era la mujer más guapa del mundo, la mujer con la cara más linda y preciosa de todas las caras que se habían visto y reconocido hasta ese momento. Y se detienen en explicar cómo es esa mujer y esa cara tan linda que tiene, que cuando la miras te transportas a otro estado en el que te crees capaz de todo y crees que si esa mujer te está mirando o te está hablando o te está besando o te está haciendo alguna de esas cosas a la vez y si encima estás tú haciéndolo con ella es como si el mundo no tuviera más sentido que el que es. Que no es otro que ese. Teclear y teclear y teclear y no saber decir exactamente que la historia que cuentan es la de la mujer a la que todos tenemos en sueños. O el hombre. O el ser amado. O el ser imaginado que amamos. Que a mí se me ha representado siempre en forma de mujer, como si fuera una herramienta para despertar, para entrar en otro mundo, en un mundo que sea de ensueño, un mundo que no tiene nada que ver con este, y es cuando he tenido cerca esa cara de mujer tan linda y tan resplandeciente y cuando la he sentido así, que he sentido como una aurora, como la misma aurora, como el crucero Aurora surcando el Neva anunciando la Revolución, pero mucho mejor aún si es posible. Como si fuera todo un sueño y ese sueño fuera mejor, mucho mejor. No un sueño en el que las cosas se anticipan a la realidad y ves que lo que te va a pasar en el futuro va a ser una puta mierda, no, me estoy refiriendo (refriendo) a otra cosa, me estoy refriendo a la Aurora.
A una Aurora que es la que describen esos dos, ese padre y ese hijo, cantando canciones en alemán, y en esa canción alemán esa mujer que circula por el tiempo y por el espacio y que me ve y que se me aparece y que sus besos saben a cerveza barata alemana aunque no beba cerveza alemana barata ni que la maten, o yo que sé, y cuentan esa historia en la que ella era una hechicera que venía de un pueblo de Alemania, allá por el siglo XVII y que se tuvo que trasladar a nuestro país, un país en común. Y que en un pueblo perdido de la serranía, que ni es serranía ni es nada, que se llamaba Villastanza de Llorera y que tenía unos simpáticos habitantes que acogieron para siempre en sus aburridas vidas toda una serie de hechizos, auroras boreales, amaneceres tan bonitos como la cara de la mujer más bonita y con la sonrisa capaz de hacer volar y elevarse a mi madre, a mi madre que se llama Aurora, porque todo el mundo tiene derecho a llamarse Aurora, a ser como la Aurora y son asesinatos, y son muertes, y es un misterio y es lo que hay en la cabeza de Gorteza que al fin hemos descubierto que se llama así porque todo tiene que rimar y cabeza rima con Gorteza y qué historia tan bonita y qué inspirado estaba yo entonces, aunque el final fuera un poco perro. Y la historia de un tipo que viaja a su pueblo para hacer algo y resulta que en su pueblo o en el pueblo de sus padres se ve atrapado en una historia que le hará cambiar para siempre. Imagina que la cadena Ser tiene que promocionar tu libro y tiene que hacer un resumen como el del libro de la pintora que vuelve a su país y esconde un terrible secreto. Aurora, mi prima Aurora, todas mis primas Auroras, todas las personas que conozco que se llaman Aurora, que tienen relación con una Aurora, qué tendrán, qué extraño influjo tiene ese nombre, qué pasó con esa alemana que seguro que vino al pueblo de mis padres huyendo de algo y que era tan guapa que hizo que todo el pueblo se elevase sin salir del emplazamiento geográfico que ocupaba para situarse en un plano especial, en el que las Auroras Boreales son como el tren que va a Madrid, habituales y excitantes a la vez.
Aurora. El niño santo, el bar del Frederico, de repente la ropa me huele a cerrado y quiero cerrar los ojos y soñar con ese mundo en el que ella me mirará y me sonreirá y tendrá esa cara que tiene cuando está dormida y se ríe mientras duerme y mi prima Aurora me coge así y me dice que no me esfuerce mucho, que no voy a salir de esa fiesta, que no voy a ver a mis amigos nunca más, que mire por la ventana que está a punto de amanecer. Y miro a Gorteza y le veo medio dormido en un sofá y confío en que todo sea un sueño.
Y me duele la cabeza. Y me gustaría que Gorteza despertara y que… creo que he visto su cara. Es como una Aurora. No voy a salir nunca de aquí.

jueves, 4 de mayo de 2017

Aurora


Mi prima Aurora me sacó del bar del Frederico y me dijo que teníamos poco tiempo. Que ya habíamos mucho tiempo. Que tenía muchas ideas sobre el tiempo. Yo también tengo muchas ideas sobre el tiempo. Mi prima Aurora ha cambiado mucho a lo largo de los textos. A veces se parece a una persona y a veces se parece a otra persona, pero nunca se parece a mi prima Aurora. A medida que me iba empujando hacia el lugar al que nos dirigíamos para terminar de aclarar las cosas que pasaban en Villastanza de Llorera, la iba viendo cambiar. Mantenía siempre un mismo tono, un mismo perfil, una misma línea argumental que está completamente perdida en estos momentos. No hace falta que hayas leído nada antes, no te tienes que preocupar por eso. Ahora de lo que te tienes que preocupar es de que no se te olvide que estamos aquí y que estamos llegando al final. Muy al final. Muy a la pared. Muy tocando ya la chapa del final del todo. Ahora te tienes que fijar en tu prima Aurora y saborear el nombre. Aurora. Aurora. Amanecer. Aurora. Despertar. Aurora. No muevas los brazos así como si estuvieras haciendo el gilipollas, porque parece que estés haciendo el gilipollas y no hace falta. Aurora. Aurora. Despierta. Tenía todo un sentido y no era el de ver a tu madre volar, el de ver a mi madre volar, que ahora soy yo, no. Era la Aurora, Boreal. La hija de Aurora se llamaba Boreal. Era en otro cuento, era yo muy diferente a como soy ahora, más sereno y templado, me parecía tanto a lo que quería ser que me asustaba. Aurora me lleva hacia un recodo del camino, hacia una esquina, hacia un apartado que seguramente conoce la persona que me llevó al bar del Frederico y ahora sé que incluyendo esto estoy haciendo perder el hilo, seguro, de lo que estábamos leyendo entre todos. Salto de línea.
M prima Aurora no se anda por las ramas esta vez. Esta vez (esta vez) me hace avanzar de una manera como no me había hecho avanzar nadie antes. Deprisa. Llegamos al sitio. Yo recuerdo haber salido de mi casa por la mañana. El tiempo pasa de otra manera cuando todo es mentira. Ahora es de noche otra vez. Villastanza de Llorera no es tan largo. Como todos los pueblos, como las ciudades de pequeño tamaño, comenzaron por arriba y se acabaron extendiendo hacia abajo. Comenzaron en la defensa y se fueron extendiendo comiéndose las ciudades del calcolítico que encontraron a su paso. Estoy volviendo a hacer lo mismo, no sé acabar la historia. Qué angustia. No os acordáis de nada, os pasa como a mí, habla otro y no le prestáis atención. Os pasa lo que a mí. Estabais leyendo esta historia hace tiempo y estabais pensando en alguien, en un acto, en vuestra prima Aurora. Mi prima Aurora me ha llevado al lugar en el que debe acabar todo.
Es una casa, está llena de gente. Hay una fiesta. Nos vamos a reír mucho cuando todo esto termine.

miércoles, 3 de mayo de 2017

Aurora

Ayer salté de la cama como un rayo. No caí en la cuenta de si estaba mi madre en casa o no. Me apañé y salí a la calle. No me dolía nada la pierna, parecía como nuevo. Parecía como si todo lo de antes hubiera pasado. Como si el mundo se hubiera olvidado de mí. Nada más poner un pie en la acera, un señor con un aspecto extraño me dijo ‘psst, vente, ven, ven…’. Y le seguí. Era alguien con algo extraño en la cara. Parecía haber sido desfigurado por algo, pero no estaba desfigurado en absoluto. Su cara era una risa. Una mueca. Una extraña cara que parecía estar siempre feliz, aunque uno sabe que nadie puede estar siempre feliz, ni existe la expresión de felicidad constante. Salvo, claro está, la cara que tienes, la cara que tengo, cuando contemplo la cara tan linda, tan preciosa, tan resplandeciente, tan plácida, tan bella, entonces, naturalmente, puedes tener esa cara, esa mueca. Pero no esa mueca de felicidad, otra mueca. Que le seguí, caramba. Y en un momento, absorto en otros pensamientos, le perdí. Y volvió a aparecer. ‘psst, ven, vente por aquí’. Y le seguí de nuevo. Y cada dos por tres se me perdía. Por si os interesa y por rellenar, llevaba él uno de esos pantalones vaqueros que quedan anchos, desastradamente anchos, desgastadamente anchos. Que hacen el culo plano y ancho. Las piernas anchas. Un calzado deportivo que uno duda que haya sido comprado por voluntad y que más bien parece herencia de algún nieto caprichoso. He dicho que era mayor o era joven… no lo he dicho, era mayor. Todo encaja. Esa edad en la que uno ya es mayor y puede tener nietos. Y apareció por otra esquina y me dijo ‘psst, vente por aquí, ven’. Y la parte de arriba de su vestuario era una chaqueta de chándal. Azulilla. Y con ribetes blanquillos, y verdecillos. Y tenía el pelo a cepillo. Y se reía o parecía reírse y me decía ‘psst, ven, por aquí ven’.
Y claro que terminé en la puerta del bar del Frederico. Y él estaba dentro y me decía ‘pasa, ven, psst, ven’. Y yo no lo dudé y entré y me quedé con él en la barra y pidió un café con leche y me miraba riéndose y puede que no estuviera riéndose, pero me miraba y parecía una risa. Y le dije que yo no sé qué quería, que era temprano y que me tomaría también un café con leche y pedí un café con leche y una tostada. Media tostada. Y él me miraba y se reía y le pregunté que si quería una tostada para él también y riéndose me dijo que no, meneandillo la cabeza. Nada más. Y los dos con el café con leche y yo mirando cómo me hacían la tostada. Y en un momento se fue al lavabo y tardaba en volver.
Y ahí, en ese rato que estuvo en el lavabo me puse a pensar las cosas más terribles y las cosas más maravillosas. Me puse a pensar en qué me iba a deparar el futuro, ahora que el mundo se había olvidado de mí. Me puse a pensar en un porvenir. Me puse a pensar en rutinas de una persona que adquiría progresivamente hábitos nuevos. Me olvidé del señor de la risa. El señor con cara de Joker. Me olvidé del café con leche y se me enfrió. Me olvidé de la tostada y se me enfrió. Me olvidé del bar del Frederico y comencé a ensoñar. Ensoñar es maravilloso. Me encantaba ensoñar antes. Antes de que se me olvidara todo, de que el hilo argumental se me fuese, de que perdiera comba, de que el disparate fuese mayúsculo. Antes de que mi madre y nosequién más se pusieran a volar. Y el presente debía ser una sucesión de actos, de momentos, de actividades programadas, de salidas, de situaciones casuales, de situaciones regularizadas, de ir, de esperar, de llamar, de comer, de pasear, de estar en casa esperando a que empiece el programa de la tele que llevas ansiando ver durante todo el día, de recibir una carta, de enviar una paloma mensajera, de que el correo del Zar se acuerde de que la Besarabia es… en estas que se abre la puerta del Frederico y entra mi prima Aurora. Con una camiseta de esas que me gustan de rayas rojas y negras. Como si fuera Fito y los Fitipaldis. Pero no me gustan Fito y los Fitipaldis, pero nada. Y viene hacia mí y me dice ‘desde luego, es que pareces tonto, te vas con el primero que pasa’.

martes, 2 de mayo de 2017

Aurora


Olvídate del hilo argumental. Olvídate de la imaginación desbordante. Olvídate de las cosas que han pasado hasta ahora. Olvídate de una sandía abriéndose, de una cabeza abriéndose, porque no se va a abrir ninguna cabeza. Olvídate de gente volando, de tu madre volando, olvídate de volar porque aquí no se va a volar nunca más. Olvídate de los antiguos repobladores alemanes que vinieron a las nuevas poblaciones. Olvídate del poder que tienen todos esos que están apoyados en la barandilla. Olvídate del narrador omnisciente. Olvídate de no participar en la historia más que como un simple contador de escenas pintorescas. Olvídate de todo lo que tenías pensado hasta este momento. Olvídate de una sucesión de recuerdos camuflados en una historia ficticia. Olvídate del planteamiento que tuviste una vez hace años. Olvídate de Gorteza y de sus momentos de ensoñación. Olvídate de Gorteza como un personaje de ficción. Olvídate, si es que lo recuerdas, del nombre de la policía que se enamoraba de Gorteza. Olvídate de los nombres de los personajes de la novela. Olvídate de los nombres de los personajes del cuento. Olvídate de cómo estaba distribuida la villa de Villastanza de Llorera. Olvídate de una camiseta de Barricada que una vez le viste llevar a alguien. Olvídate de la idiota pretensión que se te ha metido en la cabeza de pensar que el bar del Frederico es en realidad el bar de los Cazadores, no es el Bar de los Cazadores, no has entrado nunca al bar de los Cazadores, el bar del Frederico es otra cosa. Olvídate de pensar que no vas a entrar nunca en el bar del Frederico. Olvídate de todo lo que habías pensado que harías en el bar del Frederico. Olvídate de no probar una tortilla de patatas medio hecha por dentro en el Bar del Frederico. Olvídate de la idea de que tú no estabas participando en la novela, en el cuento, en la historia. Olvídate de no levantarte para saludar. Olvídate de venir nunca más al pueblo. Olvídate de seguir pensando en Villastanza de Llorera. Olvídate de la cara más bonita y más linda de todas las caras que nunca hayas podido imaginar. Olvídate de escribir sobre la cara más bonita, más dulce, más preciosa, más resplandeciente que jamás alguien haya podido describir con un vocabulario que vaya más allá del ‘guapa, bonita, linda, preciosa’. Olvídate de esa cara que daban ganas de transportarte a otro lugar, al lugar que fuera, al interior de la cabeza de quien te diera la gana, al espacio interior vedado para las miradas de los no creyentes, al agujero negro que dicen que va tragándose la materia y todo eso. Olvídate de la cara de la mujer que aparece en todos los cuentos y en todas las historias y que dijimos que vivía en Villastanza o quizás no lo diimos, pero ya hemos dicho que nos tenemos que olvidar de muchas cosas y ahora mismo vamos a ir pensando muy poco a poco, muy lentamente, muy despacito. Olvídate de pensar. Olvídate de esa cara. Olvídate.
Si ya te has olvidado de todo, acuérdate de esa cara. Lo hago por joder.