viernes, 20 de febrero de 2026

Salvador - Daniel Calparsoro


La serie del momento, la serie de la polémica, la serie de la controversia. Salvador es una serie hecha con toda la intención del mundo. La intención es que la veas. Que te sientas mal viéndola. Que la dejes, que hables de la puta mierda de serie, que quizás la sigas viendo. Que hables de ella. Salvador es una serie que no deja indiferente y eso en muchas ocasiones es buena señal. Pero aquí no sé si es buena señal. No deja indiferente porque te cabrea y te cabrea tanto que puede que ya en el segundo episodio pienses que tu estómago no aguanta tanta mierda y que no merece la pena seguir. Pero sigues, porque quieres acabarla para poder decir, efectivamente, esta serie es una mierda. Y es cierto que la premisa inicial de la serie, esos dos primeros episodios, mejor dicho, ese segundo episodio que es un panegírico de la acción benefactora de esos pobres nazis te puede llevar a quemar la tele. Es cierto que ese segundo episodio en el que unos antifascistas que parecen una guerrilla yihadista siria te da ganas de quemar la tele. Luego la serie no es que mejore, no es que los argumentos mejoren. No es que la premisa mejore. Pero se suaviza y lo hace con un desenlace tramposo por el cual, el héroe, un Luís Tosar que debe tener un estómago a prueba de bombas, se redime de acciones pasadas y de un tonteo extraño causado por la enajenación que supone ver morir a tu hija casi en tus propios brazos, y no solo desenmascara (spoiler) a los nazis sino que hace lo que se supone que tuvo que hacer con su hija. En fin. La serie es de dolor de estómago. Da dolor de estómago el papel de Leonor Waitling. Pero dan más dolor de estómago las tres apariciones de los antifascistas, el incidente en Lavapies, el antifascista grotesco, la historia de la pobre Julia, que es una nazi porque sus padres son progres, el encuentro buscado entre el personaje de Salvador y el padre de Julia, que da una vergüenza que no sé cómo Luís Tosar no dijo en el rodaje que esa escena es de vomitar. Porque lo que parece al final es que los pobres nazis son nazis porque les engañan, porque son seres que no han recibido el cariño que se merecen, la culpa es de otros, el incel, el nazi, el otro y el de la moto, en realidad son títeres de unos abogados, empresarios y policías que son los malos y que se van de rositas. No hemos contado de qué va la serie. Un grupo de nazis, ultras de un equipo de Madrid, que es el Real Madrid, se dan de palos con los ultras del Marsella. La hija de un sanitario, que es nazi porque su padre era alcohólico y no la cuidó, participa en los altercados y es herida, la salva otra nazi, y la lleva al hospital su padre. Pero ya en el hospital, entran unos ultras y la matan. Y el padre se chala queriendo encontrar al asesino y los nazis parece que le quieren ayudar y él se deja querer, pero hay una poli que investiga y tal. En definitiva, una serie que busca la carnaza, que busca que te sientas mal y que llegues al final para ver si la cosa se encarrila. Se encarrile o no, ya la has visto. Y los nazis pues nada, pues pobre gente y que al final los otros tampoco es que... Yo que sé. Mal.

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