miércoles, 8 de abril de 2026

Viejos cuentos centroeuropeos


Vivían a las afueras de Brêdice. Decir a las afueras es una manera de hablar, claro. En realidad vivían lejos de Brêdice, en un lugar que nunca había sido Brêdice propiamente y al que había que acceder mediante una carretera que se construyó para albergar aquel conjunto de bloques que cuando se construyeron y en la foto promocional parecían una buena cosa pero luego se transformó en otra. Alguien, no sé porqué, llamó a aquel barrio Zlatansgrad. Pero el barrio se llamaba Novo Brêdice. Todo era por Zlatan. Zlatan vivía en aquel barrio y había nacido ya en aquel barrio y creció en aquel barrio y él y su familia y sus amigos vivían en aquel barrio y ellos creían que eran de Brêdice como nosotros, pero no lo eran. Nunca lo fueron. Zlatan coincidió conmigo en un curso que hicimos sobre literatura nórdica. A mí me extrañó ver a Zlatan, nos habíamos visto creo que por cosas del fútbol, alguna vez habíamos jugado algún partido en contra. Él jugaba en el equipo de Novo Brêdice y yo, en fin. El caso es que me extrañó verle en aquel curso de literatura. Hacía tiempo que no nos veíamos. Le pregunté por cómo estaba. Le pregunté por su trabajo. Sus respuestas fueron nuevas preguntas hacia mi estado de ánimo y mi situación laboral. Mientras aquella profesora llegada de la Universidad de Skalda impartía su conferencia, yo no dejaba de mirar a Zlatan. Ni Zlatan dejaba de mirarme a mí. El cuento se está enturbiando. Me gusta. 

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