jueves, 7 de mayo de 2026
Tesis para una izquierda nacional
Como un resorte. En esta ocasión ha sido un comentario en X de Arantxa Tirado, a la que no sigo, pero que entiendo que debe compartir espacio conmigo de alguna manera, lo que enciende los ánimos. El comentario viene a decir que las miles de personas que van a la Fira d'Abril de Catalunya representan la Catalunya real. Y claro, como un resorte se abalanzan sobre el tema todas esas personas que no consienten que haya una Catalunya que no sea la que comparten en su imaginario, sus premios literarios, sus años nosequé, sus partidos de fútbol, sus manifestaciones socioculturales, sus reivindicaciones sindicales, sus. Sus, en definitiva. Una Catalunya que es y una Catalunya que no quieren que sea, que opine, que exista más allá de lo marginal, caricaturesco, el espacio del que huir para llegar a una plenitud como persona y como intelectual por el que sabes de dónde vienes y sabes a dónde has llegado. Pero es un lugar al que no hay que volver, al que no hay que citar. Y la Fira d'Abril representa un espacio que debe obviarse, que debe taparse con algo, con lo que sea. Y si es con clichés y con tópicos y con un desconocimiento buscado de lo que allí ocurre, mejor. Vayamos pues a elaborar la tesis. Una izquierda nacional, otra izquierda nacional que busque sobrevivir en este mundo identitario en el que las izquierdas han de ser nacionales, quizás debería buscar en la identificación con ese mundo que se mueve en esa feria una razón de ser. Pero ya sabemos que eso está condenado al fracaso, que de lo que se trata es de que la gente se identifique contigo, que ese contigo sea otra cosa diferente y que sea común, que nos una, una bandera, una lengua, unas tradiciones, unos ritos, un agravio, un alguien que nos odia y al que odiamos, una aspiración de ser mejor si se es. Entonces, la tesis está perdida. No podemos buscar que se identifiquen con nosotros porque en lo charnego, perdón, en lo charnego, no queremos que se nos identifiquen. Y quizás no haya otra salida. Una definición nacional de lo charnego, no hay otro remedio. Un nacionalismo charnego que se afirme sobre o con o desde o vete a saber una configuración de Catalunya que se base en lo que se ve en el paseo que va de las casetas de la Feria hasta el parque de atracciones. Todos esos que hablan de esos andaluces que se niegan a dejar de serlo y que se aferran a un españolismo caduco, rancio, español, y con ello ya han identificado a un enemigo posible, disparable, atacable, perfectamente odiable, de vox, verdiblanco, recalcitrántemente poco catalán, deberían sentarse en ese paseo que va de las casetas de la feria hasta el parque de atracciones. Y toda esa gente que se ve allí, pasando, con carritos de niños, con chándales, con pañuelos en la cabeza, con padres, madres, hijas, con parejas jovencísimas, todo eso que se ve allí, toda esa gente. Una Catalunya que no sé si es la real, pero es una Catalunya importante. Cada año, ir allí y comprobar que hay miles de personas, miles y miles de personas, a las que les importamos una puta mierda. Que quieren tener un espacio al que ir, lleno de polvo, música infernal, luces, gente, pasárselo bien. Y encontrarse con gente como ella misma. Cada año ir allí para entender que tú, también eres parte de eso, aunque esa gente no esté en el aniversario, en el centenario, en la entrega de premios, en la bolsa de trabajo. Aunque haya un puesto de la tómbola donde haya bufandas del barça, del madrid, de cristiano, de lamine yamal, y de vox y abascal. Tócate las pelotas. Y que Vox mantiene su caseta. Solo Psc y Vox. Y al lado de la caseta de Vox, la de Ibn Battuta creo que es, financiada por Marruecos. Este año había una cantante y mucha gente en la entrada de la caseta escuchándola. Y le pregunté qué era a una chica que estaba por allí. Y me dice, es música de Marruecos. ¿Y qué música es? No lo sé, yo soy de Argelia. Pues es un poco eso. Una tesis para una izquierda nacional que se muestre como un faro sobre el que tirarle globos de agua, una tesis para una izquierda nacional charnega, odiable, que aglutine sobre ella todas las frustraciones y sentimientos negativos de aquellos que detentan la verdadera noción de lo que es y se debe ser. Una izquierda nacional cuya tesis sea no buscar lo que nos une, de lo que sentirnos orgullosos, sino aquello que ocultamos, aquello que no queremos que se sepa. Una feria de abril constante. Oculta. Masiva.
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