lunes, 24 de agosto de 2026

Crónica de una semana en Huelva. Resignificando Andalucía.


Andalucía no es lo que era. La resignificación del andalucismo que se ha venido llevando a cabo a lo largo y ancho de los últimos años ha puesto en tela de juicio todo lo que teníamos por detestable de lo andaluz y le ha dado la vuelta poniéndolo como un valor añadido más. Antes, para ser de izquierdas, tenías que hacer gala de una serie de posicionamientos sobre religiosidad popular, por ejemplo, que hoy día quedan absolutamente desfasados. Y así un poco con todo. Así que si todo está bien, tenemos barra libre para ir, hacer y vivir la vida sin las ataduras y cortapisas de los viejos dogmas, derrumbados, para asumir que todo, absolutamente todo, es una manifestación popular y que si somos pueblo, etc. Nunca he estado en Huelva, en la provincia. De todas las provincias, es la única en la que creo que no he pasado tres o cuatro días (Almería ya me la quité de encima en mi infancia). Así que cuando se planteó dónde ir este año de vacaciones, Huelva apareció como un destino fuera del circuito, Huelva, esquivando los nombres de Matalascañas, Punta Umbría, Isla Cristina, Islantilla... se nos apareció El Rompido, oh, esto no lo conoce nadie, vamos, vamos. Finalmente apartamento en Nuevo Portil, rodeados de campos de Golf, gente mayor, niños rubios, todo bien. Un poco más allá, en El Portil, que presenta diferencias más que evidentes con Nuevo Portil como pudimos comprobar desde el primer día. Nuevo Portil, El Portil y El Rompido, no por este orden, se supone que iban a ser los epicentros de nuestro periodo vacacional en Huelva. Quiénes somos nosotros. Nosotros somos dos parejas con dos hijos de un año y un año y medio. Yo creo que dicho esto uno puede imaginar que el periodo vacacional en Huelva podría haber sido igual en Huelva que en Badalona que en Alcalá de Henares. Sueños inconexos, despertares intempestivos, madrugones desencajados, siestas milagrosas, berrinches, enfados, coscorrones, interminables sesiones de cambio de pañal, tropezones infinitos con las patas de las tronas, toallitas humedas paseando por culos morros manos everywhere, pañales, más pañales, una cuna donde depositar a los dos elementos, y la inestimable compañía de un repertorio de canciones con las que la otra familia entretiene a su hija. No, no tenía ninguna simpatía por El Pot petit y su repertorio y no, no he sido capaz de resignificar nada ni de tigres ni cavalls, ni pirates amb un mocador al cap, ni siquiera de un improvisado cantante infantil como Luis Aguilé, peronista que no sabría definir si de izquierda o de derecha aunque sospecho que de derecha, cantando el Tío Calambre casi cada hora. Andalucía no es lo que era, las vacaciones no son lo que fueron, la paternidad y la maternidad, en solitario o compartida, yo que sé ya. Estando en la semana previa al viaje onubense (de Huelva), mis contactos vilcheños me advirtieron de que a esa zona a la que íbamos, ya habían llegado los pijos de Madrid y del resto de Andalucía y que se había puesto de moda y que... efectivamente, lo que nos encontramos allí fue un poco eso y un poco también otras cosas, mucha camiseta del Betis, las ya consabidas camisetas de la selección española color crema y de las rojas también, pulseritas con la estanquera casi por decreto y cierta sensación de que allí nadie o casi nadie o absolutamente nadie era de los nuestros al menos así en una primera referencia visual. Así las cosas, disfrutadas la piscina comunitaria y con una primera excursión más que satisfactoria a la playa y a un chiringuito con personal de Sant Cugat del Vallès (oju), decidimos que la primera excursión sería a las minas de Río Tinto. Espectacular paraje, el ser humano perforando y maltratando la naturaleza, extrayendo minerales y riquezas, fomentando el comercio y desembocando en una matanza en el siglo XIX de la que no has tenido noticias porque nadie la ha cantado, pero ahí está. Obreros que reclaman una vida de no morirse y tiros por respuesta. 200 muertos. En Río Tinto hay peña del Athletic pero no la ví. Creo que en cada pueblo que visitamos vi una peña bética. Me gustaría ser del Betis si no es porque el fondo de su estadio es napalmeable. Vimos una mina, la visitamos, hicimos el trayecto en tren acompañando al Río Tinto, que ya era así desde hacía cientos de miles de años y viajamos a lo largo de una carretera confortabilísima para volver al pueblo de Río Tinto y no la pista de tierra que por poco me da un infarto. Paisajes. La carretera que nos lleva de la costa a la sierra, camino de Badajoz, cruza sierras y montes y el paisaje cambia y es bonito. La camarera del bar de Río Tinto donde comemos espectacularmente (constantemente hemos comido así) dice 'un segundino' y yo me acuerdo de mis Pereas que dicen 'chiquinino'. La parte TexMex de Andalucía que toca con Extremadura y ya habla raro. Pueblos, gentes, turistas que hablan despacito como si no fueran ellos a ver cosas sino que fuera el personal de los museos o de las atracciones o los circuitos quienes tuvieran la suerte de verles a ellos, un museo que no íbamos a ver y que al final fue de lo mejor y vuelta a casa pasando por El Rompido para comprobar que El Rompido pudo ser un pueblo y que tuvo que ser bonito pero que ya era todo un poco mentira. Mucho dinero ahí metido y yo me compré unas espardenyas nuevas porque las otras olían a muerto. Las nuevas huelen a muerto ya. Hubo un día que quisimos ir a la playa y tardamos tanto en ir que ya en la calle decidimos irnos a la piscina. No podíamos con nuestro vivir colectivo. Esa tarde nos fuimos a Palos a ver las tres Carabelas. Mi amiga Isabelita me dijo hace al menos 30 años que Huelva ciudad era feísima y que no merecía la pena así que servidor consideró que Huelva ciudad es feísima y no vale la pena y no fuimos a Huelva ciudad. El trayecto hasta Palos es desolador. Industria química a cascoporro. Ni que decir que lo de las Tres Carabelas es absolutamente prescindible a no ser que te sorprenda que la Niña utilizara vela latina hasta las Canarias y allí la tuvieras que cambiar. Llegamos con el tiempo justo, casi cerrando y yo creo que nos sobró algún barco. Cenar en Palos fue un acierto, pero el adobo de pez araña me cansó un poco. Qué jamón, qué atún, qué pez espada, qué boquerones, qué chocos. Dimos una vuelta diminuta por Palos, que acababa de tener sus fiestas patronales y estaba engalanada de vírgenes por todas partes. Al día siguiente íbamos a tener nuestro merecido. El día que jamás fuimos a la playa nos enteramos que ese año, ese día, a esa hora, se estaba dando el llamado Rocío Chico. La Virgen del Rocío viaja de El Rocío a Almonte en Agosto. Justo un día antes de nuestra visita programada. Y sin enterarnos. No estar atentos a la resignificación de la religiosidad popular, es lo que tiene. Fuimos a Almonte y buscamos la Iglesia y vimos a la Divina Pastora y en su sermón el cura dijo que lo más importante de lo que Jesús le contestó a un Fariseo fue que Jesús le dijo que 'hay que hacer lo que te dicen. Hacer lo que os digan'. Como el que no dice nada. Calles engalanadas, mucho turisteo nacional, pulseritas, banderas, etc. No diré nada porque nada puedo decir. Buscamos un sitio para comer, el mejor que nos recomendaron, comimos otra vez como dioses y los de la mesa de al lado no paraban de cagarse en la Virgen. Por compensar. Intentando dormir al Martí (hola), descubro la peña bética y la peña madridista. Solo la madridista tiene bandera española e imagen de la Vírgen del Rocío. Vamos a El Rocío. Icono y centro de la polémica de la resignificación, el viaje a El Rocío cumple con mi criterio de que hay que ir a verlo para juzgarlo. Yo lo que ví en el Rocío no lo entendí. Mi prima Laura me dice que es su sitio preferido, que es un lugar mágico, yo hace 30 años hubiera respondido con algún exabrupto punkesco pero he madurado y ya no hago nada de eso, comprendo, pero no comparto. No entendí nada. Quise aparcar el coche en el primer sitio que pude porque me negaba a ir paseando por esas calles de tierra, a las cinco de la tarde, cayendo a plomo el sol, polvo y más polvo, calles que parecían escenarios de un festival de rock por donde haya pasado una horda de bolingas, olor como a fiesta pasada, vasos de plástico enterrados en el suelo remedando antiguas ánforas tartésicas, la imagen de mi padre por allí con un coche dando vueltas entre el polvo y queriendo morirse allí otra vez. Cuando finalmente aparcamos donde toca para ver la Ermita, un tipo que lleva un coche de caballos nos dice que está cerrado, que no abren en todo el día, en toda la semana. Tres pasos más allá, vemos que está abierto. Vamos, Martí toca la reja, el vigilante de la Hermandad pide silencio, pide que la gente, los hombres, se quiten los sombreros, Alba se informa de que en El Rocío tienen prioridad los caballos y por eso la arena, hay una puerta en la Ermita por la que entra un fresquito maravilloso, maravilloso de verdad y por ese fresquito ya merece la pena. Intentamos durante una semana buscar una camiseta o sudadera de Huelva y no la encontramos. Del Rocío sí. Hago el amago de comprarme una. Que no, que es broma, pero mira esta que no lleva estanquera, que no, que es broma. Andalucía resignificada. Me imagino a los viejos militantes y a los nuevos militantes de Izquierda Unida procesando qué ha podido pasar para que Adelante Andalucía les haya pasado la mano por la cara con un discurso nitroglicerínico. Me imagino a los cuadros y mandos del PSOE andaluz vestidos exactamente igual que los cuadros y mandos del PP preguntándose qué ha podido pasar para que el PSOE parezca ahora mismo el amigo invisible y que no seas capaz de decir si hay alguien en Andalucía, en esa Andalucía que nosotros hemos visto, que no parezca haber resignificado absolutamente su credo y condición para ser, estar o parecer de derechas. Me voy con sensación de abandono, de que no hemos resignificado nada y de que otros han hecho un esfuerzo intelectual que nosotros no nos hemos exigido y ahora, hacerlo, va a costar demasiado tiempo. Divina Pastora. My mother of earth where are you when we need you. Nos vamos con ganas de meternos en la piscina y quitarnos tanto polvo y yo que sé. No sé si fue ese día que cenamos huevos fritos en casa. El último día, playa, cruzamos el brazo de mar en el ferry y nos plantamos en una playa desierta, inmensa, espectacular. Pero vemos una medusa muerta. Un medusorro. No vengáis a Huelva. Hemos comido como si yo que sé, la gente es espectacular, el paisaje maravilloso y hemos tenido una potra espectacular con el clima. No tenías bastante con el resto de Andalucía que tenías que descubrir Huelva. Pero esa medusa muerta. Enorme. No vengáis a Huelva. De verdad. Y lo de la paternidad y eso. Encima. 

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