miércoles, 7 de octubre de 2026
Bugonia - Yorgos Lanthimos
Uno de los riesgos que tienes como creador cuando has definido tu carrera como una constante provocación tanto en la manera de relatar como en las soluciones que propones a los problemas planteados, es que en algún momento esa originalidad que te caracterizó se convierta o bien en una parodia o en algo que ya termina por ser consabido y lo peor, en experimentos fallidos. Yorgos Lanthimos es un director griego que ha tenido una carrera cinematográfica marcada por la voluntad de provocar en el espectador un debate sobre yo que sé, amigo, yo que sé, sus películas son desasosegantes, violentas, grotescas, extrañas. Y eso es un riesgo, como digo, ya que puede ser que haya alguna película en la que digas, ay, aquí ya patinas o ay, esto ya no me hace gracia. Decir que Lanthimos alcanzó el éxito masivo y el reconocimiento con La Favorita y que lo consolidó con Pobres Criaturas, no parece exagerado. El éxito masivo es una cosa que te obliga a mantener un nivel o bien a adaptar tu nivel a un paladar menos exigente. Yo que sé. El caso es que después de esas dos películas el reto era mayúsculo, siempre lo es. De tal manera que las películas posteriores generan una expectación que ya no se responde con lo que viste, vienen las decepciones, vienen las incomprensiones, pero eso a Lanthimos parece que se la sopla bastante. Así, repitiendo elenco protagónico, en Bugonia nos propone otra historia que no tiene pies ni cabeza, pero que pudiera tenerlo, y lo vamos a dejar ahí. En un mundo como este, en el que las respuestas las tienes martilleando en tu cabeza a través de gente que te dice que 'yo no te digo que sea la verdad pero opino que los extraterrestres existen', la historia aquí es tan verosímil que da miedo. Da tanto miedo que incluso en un final estratoscópicolépticofantastimbulámbértico dices, pues a lo mejor. Y por eso hay que querer a Lanthimos.
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