jueves, 12 de diciembre de 2019

Nosotros somos los listos

Madre mía, madre mía, madre mía. La que ha liado. Eso es lo que nos gusta pensar, que este personaje es tonto y que cómo va a poder ser. Y es. Ha sido. Cada mañana, o durante muchas mañanas, en Rac 1 entrevistan a John Carlin, periodista británico, y le preguntan sobre Boris Johnson. Él se esfuerza en repetir una y otra vez que es una persona culta, que habla latín, que es un cerebrito. Pero nos gusta pensar que no, que es un bobalicón, tonto, que no sabe. Nosotros sabemos más. Y resulta que va a ganar unas elecciones con un margen de ventaja sobre el segundo clasificado que sitúa a los laboristas al borde de algo que no por anunciado parece menos sorprendente: ahora qué.
Nos hemos llenado los ojos con los sencillos y didácticos anuncios de los laboristas donde explicaban qué estaba en juego si los conservadores ganaban y llevan a cabo su plan de salir de la UE y entregarse de pies y manos a la aplicación de la americanización del Reino Unido. Y qué. Parece que no ha calado. Porque, ay, como bien sabemos aquí, de lo que iba la cosa era de otra cosa. La patria. El Reino Unido y su idiosincrasia en peligro. La contaminación que supone estar mezclada con europeos de dudosa procedencia, con costumbres disolutas, derrochones, pobres, no saben hablar bien inglés, debe ser corregida. El Brexit y la campaña del Brexit. Cómo nos manejan las emociones, el recurso fácil, la palabra sencilla, la apelación a lo sentimental.
Qué nos van a contar.
¿Qué nos espera? Aquí, en nuestro país, poca cosa nueva, salvo que la salida del Reino Unido convertirá a la UE en Alemania y algo más. Con países como Polonia o Hungría en otra dimensión y con una Italia donde, como aquí, pensamos que cómo va a ganar ese zafio y chabacano y prepotente si nosotros somos los listos. Hasta que gane.
Resulta que a Jeremy Corbyn, el candidato laborista, se le achaca ser demasiado de izquierdas, haber hecho una campaña de izquierdas. Tenemos un problema.
¿Qué quiere oir la gente? ¿Qué necesita oir la gente? ¿Qué respuestas quiere la gente ante los problemas de la vida contemporánea? ¿Hay una respuesta única? ¿Podemos hablar de varias respuestas? Es que vengo de ver la peli del Brexit precisamente y es todo, pues como para temblar.
¿Sabemos quiénes son los nuestros?
Ante un mundo que cambia hacia peor, hacia menos derechos, hacia la nada, ¿qué respuesta damos? ¿mantenemos el orden o somos ruptura? ¿la ruptura es siempre de izquierdas? Ya vemos que no. En el Reino Unido y aquí cerquita.
¿Está esto yendo a mejor? Nos emperramos en dar respuestas, en tener propuesta, en hacer proyectos que a la gente, al grueso de la gente, parece que no le acaban de llegar. Hemos tenido unas elecciones generales hace nada, donde un partido que propone las soluciones más zafias, chuscas y ramplonas que se pueden escuchar ha sacado nada menos que 52 escaños. Y sin embargo, seguimos pensando que los listos somos nosotros. Los listos que hemos leído y visto.
En esta película del Brexit hay una escena en la que una ama de casa inglesa se rebela y estalla en medio de una discusión porque se siente nada, que nadie la escucha, que a nadie le interesa su opinión y ya está harta.
Hemos pasado de impugnar el sistema a salvaguardar el orden, ya que los bárbaros están en la puerta y van a derribarlo todo. Somos, y ahora me pongo de ese estupendo que precisamente critico, como el bárbaro de ese cuento de Borges que mientras los godos están asediando Ravena, se pone de parte de los romanos que la defienden. Preferimos la civilización a la barbarie.
Naturalmente.
Pero la civilización no es mantener el orden. La civilización es avanzar, creo. Y nos estamos yendo a la mierda. Y nos van comiendo terreno quienes han inoculado ya el virus de que las luchas son todas inútiles, o zafias, o de cuatro locos. El feminismo, el cambio climático, la lucha por la vivienda. Activistas en la cárcel, el feminismo dividido, el cambio climático ridiculizado en la figura de una joven activista a la que soñamos con ver caer.
No sé. Ahora tocará otro periodo de hundimiento de la izquierda, al menos la inglesa. Y los nacionalistas a sacar pecho de que lo único que cuenta es hacer notar que nosotros no somos como ellos. Y mientras tanto, la pobreza y la precariedad en las vidas de la gente avanza y galopa y la damos por descontada.
Nos están descontando ya.
Todo esto ya lo he contado antes.

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