jueves, 26 de febrero de 2026
Nos acordaremos de Yolanda Díaz
Tengo otras fotos con Yolanda Díaz, no todas mejores. Una que es un posado estupendo, yo con una camisa blanca y ella también. Y otra que nos hicieron en un acto de los primeros que hizo cuando empezó su escalada hacia la candidatura, en el Auditori, pero que salió oscura, tan oscura que no sé si la colgué. Lo que está claro es que la he perdido. Así que esta puede valer. Bien. Hablemos de Yolanda Díaz y hablemos de cómo la izquierda es un arcano incomprensible para la mayoría de la población que, cuando ya parece que ha dejado claro qué es lo que quiere, nos empeñamos en retorcer su voluntad. La gente, así a bote pronto, buena parte de la gente, quería a Yolanda Díaz. O nos hicieron quererla, quién sabe. El caso es que nos hicieron quererla y la quisimos. Muchos la seguimos queriendo y creemos que presentaba el perfil necesario para poder plantarle cara a la derecha. No a la derecha, perdón, al monstruo al que nos enfrentamos que va más allá de la derecha. Ese tiempo en el que articuló el espacio que luego se presentó como Sumar, fue tremendamente positivo. Tanto, que durante la campaña electoral, la gente que no era nuestra nos paraba para decirnos que ella era muy buena. Nos dijeron que era buena, comprobamos que era buena y luego nos dijeron que ya no valía. No valía porque no fue capaz de articular el espacio. No valía porque desde Podemos se comenzó una guerra absoluta sin más objeto que dañar su imagen. No valía porque su pretensión de hacer de Sumar un partido fue demasiado rápida y violenta. Violenta porque un día antes de que se hiciera el acto, la primera asamblea de Sumar, en Madrid, a la que fuimos muchos ilusionadísimos, justo el día de antes, se decidió que en Madrid, Sumar era Más Madrid y no IU. IU se enfadó y fue el principio del fin. Yolanda Díaz en su obituario está recibiendo infinitos halagos como Ministra de Trabajo. Como ya saben, los datos y yo nos llevamos mal, así que resumiremos la cosa con un pensamiento que también he leído y vosotros más, y es que con proclamas y con frases y con ideas brillantes no se cambia la vida de la gente, pero con acciones, por pequeñas que sean y las que consiguió llevar a cabo Yolanda Díaz no eran pequeñas precisamente, sí. Y Yolanda Díaz, en un mundo en el que nos dicen que la izquierda es inútil, demostró que podía ser útil. No solo para que no gobiernen los fachas y ya, sino para hacer cosas. Cosas tangibles. Pero eso no podía ser y desde el mismo principio, la proyección de su figura fue atacada por tierra mar y aire desde su propio flanco. Incluso desde el flanco de quienes ahora nos hablan de juntarnos todos o irnos a la cuneta y que en su momento votaron contra la Reforma Laboral porque Yolanda Díaz volaba demasiado bien. Finalmente, cuando aquel proyecto de convertir a Sumar en un partido heterogéneo y poco explicado fracasó, porque se fue muy deprisa y lo que se ha conseguido en Catalunya y se va consiguiendo no sin resistencias era difícil de emular así de buenas a primeras fuera, Yolanda dio un primer paso y desistió del tema de la articulación. Como no quiso liderar más, ya no podía liderar más. Y así, que no iba a ser, porque los distintos actores ya habíamos decidido que no valía, igual que un día nos dijeron que sí valía, no valió. Y ayer, después de todo, anunció lo que todos ya sabían, que ella no iba a ser. Ahora supongo que esperaremos encontrar a alguien que genere lo que generó y que, sobre todo, cuente con los apoyos con los que ella montó, interesados sin duda, pero qué bien vinieron, para que esa propuesta se articule. La cosa no parece estar dirigida a que se pueda articular, pero lo pelearemos y nos pondremos a disposición de quien nos digan y volveremos a decirle a la gente que sí, que se puede, que lo podemos hacer tan bien como lo hizo ella al frente del ministerio de Trabajo, el mejor de la historia. Porque no tenemos otra. Nos acordaremos mucho de ella.
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