miércoles, 22 de abril de 2026
Viejos cuentos centroeuropeos
Me gusta imaginar a la señora Daniewska paseando por las tardes camino del parque Miroslav y quedándose dormida, sentada en un banco, mientras el sol se va poniendo y sus últimos rayos calientan su rostro. Me gusta imaginar todo eso mientras estoy en el taller, lleno de grasa hasta los ojos. Me gusta imaginarlo también en la taberna de Janisek, mientras el olor a muerto se filtra por mis fosas nasales y bebo cerveza que no está ni fría ni caliente y miro de reojo por si alguien a su vez me mirase de reojo a mí también. Me gusta imaginarlo también en casa, en ese pequeño lapso de tiempo que transcurre desde que llego de la taberna hasta que me da sueño y voy a dormir. Me gustaría soñar con la señora Daniewska, pero casi nunca puedo. La señora Daniewska no era amiga de mi madre. No coincidí con la señora Daniewska a la salida de la iglesia. Las hijas de la señora Daniewska hace tiempo que se casaron y se fueron de Brêdice. Una de las hijas de la señora Daniewska se casó casualmente con un tal Daniewski, supongo que intimarían debido a esa casualidad, y ella también pasó a ser señora Daniewska, allá donde viva. A veces, alguien comenta que la señora Daniewska ha salido del edificio donde vive, pero nadie sabe dónde va. Brêdice es aburridísimo.
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