viernes, 29 de mayo de 2026

Garatge Club. Un escenari, 900 concerts - Albert París


Yo no fui a ningún concierto del Garatge Club. Yo solo fui al último concierto, el de Siniestro Total. Me pasé el concierto amarrado a una de las columnas míticas, ante el escenario. Nos estábamos zurrando de lo lindo allí, asados de calor, tantísima gente, nos estábamos despidiendo de un lugar y nos estábamos despidiendo de una época. Es algo que deja muy claro este muy buen documental sobre la sala Garatge, el Garaje de los que todo lo tenemos que. Un local que nace del entusiasmo de unos chavales que quieren montar un local de música, sobre música, para disfrutar de la música, un local al que a ellos mismos les molara ir. Este local acogerá centenares de conciertos, conciertos de todo tipo, bandas de todo pelaje y condición. Bandas que luego encontrarías tocando en estadios, bandas que quizás llegasen a su techo en Garaje. Nosotros, pienso, nunca fuimos a un concierto en Garatge. Nosotros éramos de esos que se citan en el documental que iban al Garatge porque no podían ir a otro sitio. Llegábamos al Garatge ya tarde, cuando ya nos habíamos cansado de estar en Santa Coloma. Íbamos en coche dándonos igual absolutamente todo. Yo solía llevar en el bolsillo lo justito para una cerveza. A veces ni eso. Llegábamos, nos daba todo igual. Hacíamos el chorra, nos reíamos, escuchábamos y bailábamos la  música que nos pusieran, que solía ser buena. Nos bajábamos los pantalones. Nos bebíamos los culos de los cubatas de los demás. Éramos exactamente eso que cuenta el documental. Éramos esa gente que no podía ir a otros locales. En el Garatge no se pagaba entrada, en el Garatge podías escuchar a los Beastie Boys. El documental se centra mucho y con razón en el tema de los conciertos y se nota que el tema de la sala era un poco algo que vino por demás para rellenar y para conseguir lo que solo con los conciertos quizás no se conseguía. Pero daba igual, cada cosa tenía su público o el mismo público. Fueron años, bastantes años. Yo creía que Garatge llevaba más años abierto, era como que hubiera estado toda la vida allí. Y no. Fueron diez años. En el 2002 pues, yo tendría 27 años ya. Ya era tiempo de dejar, quizás, de hacer lo que hacíamos y el cierre de aquel local al que podíamos ir a las tantísimas a hacer el chorra porque no teníamos absolutamente nada mejor que hacer que el chorra y alargarlo todo al máximo. Y se acabó. Y se acabó con un concierto precisamente de Siniestro Total, que fue pavorosamente intenso, que fue un broche de oro a una sala y efectivamente lo fue. A partir de ahí, ya no recuerdo lo que pasó. Yo estoy aquí. 

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