miércoles, 17 de junio de 2026

El agente secreto - Kleber Mendonça Filho


Esta película es una película extraña. Extraña por cómo se presenta, por cómo comienza, por cómo se desarrolla y por cómo termina. Se presenta como una película que nos habla del Brasil de finales de los años 70, en plena dictadura militar. Vivir en una dictadura militar. La dictadura militar brasileña también protagonizó el penúltimo éxito internacional de la producción cinematográfica de este país, Aún estoy aquí. Ya esa película retrataba una realidad en la que, bajo un barniz de que 'en Brasil no pasa nada y todo el mundo está en la playa y la música', la gente desaparecía y no hagas más preguntas y a seguir para delante. Vivir en una dictadura. La película parecía la favorita para ganar el Oscar a mejor película extranjera, pero al final no pasó, ganó la noruega. Cómo sería la noruega. La película, que parece hecha a mayor gloria de Wagner Moura, protagonista y productor de la misma, desmiente esta última afirmación, al convertirse en una cuestión coral en la que el ambiente y la sensación de que algo va a pasar y que la torpeza, lo cutre, lo salvaje, lo desmadejado, lo informal, acaba siendo igual de opresivo, certero, criminal y represor, no te deja en toda la película. La película nos presenta la llegada de alguien a Recife, ciudad que no es Río, ni es Sao Paulo, ni es Salvador, alguien que viene buscando algo y que parece que huye de algo, ya que se junta con gente que también parece estar huyendo de algo y que se alojan en un edificio y viven una vida bajo el radar de quienes les deben perseguir en una situación que no parece muy clara, o surrealista, o confusa. En esa confusión y estupefacción, alguien que parece huir y que parece utilizar un nombre falso, es acogido con cariño por parte de un policía corrupto y su séquito de criminales, nos movemos hasta que aparecen los motivos por los cuales huye el protagonista. Y entonces la película se convierte en una trepidante obra de caza al hombre en la que nos ilusiona pensar que todo terminará bien. Por lo cutre, por los malos malosos, por la desfachatez. Pero, como en Aún estoy aquí, las cosas pasan porque tienen que pasar y lo que a ti te parece una dictadura de segunda, sin el terrorífico prestigio asesino de Argentina o Chile, o la persistencia gris en la carnicería de Paraguay, es en realidad un sistema de chivatos, comprados, sicarios, criminales, capaces de matar porque sí y por dinero también. La película, siempre acompañada por una música soberbia porque una película brasileña siempre tiene una música soberbia (la persecución del sicario con esa banda de pífanos, simplemente brutal), tiene momentos de comicidad buscada, de surrealismo salvaje, de violencia, de tensión dramática, de nudo en el estómago y de no saber si va a pasar lo que va a pasar. Porque al final, en una dictadura, sabes lo que va a pasar. 

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