jueves, 20 de abril de 2017

Black Brother


Hay un grupo de magrebíes que esperan en la puerta de la UCI a que nos digan que podemos pasar a hacer la visita. No habla nadie con ellos. Al cabo de unos pocos días de estar allí, la gente suele hablar unos con otros y se preguntan cómo están y qué tal va la cosa. Somos gente muy de hablar y de preguntar. Yo no. Mi madre habla con todo el mundo y acaba preguntándole a todo cristo qué tal va. Y como hay reciprocidad, la gente se lo pregunta a ella también. Con los magrebíes no habla nadie. Mi hermano se da cuenta y va a hablar con ellos. Les pregunta cómo está su amigo o su familiar. Antes también ha preguntado a todo el mundo cómo va y les aconseja que no estén tristes, que no lloren, que alegren esa cara.
Mi hermano, y creo que esta teoría ya la he expuesto anteriormente, justo hace un año si no me equivoco, no es como yo. Y esa es su gran virtud. No ser como yo es mejor. No sé cómo es. Es mejor. Más atento, más amable, más esforzado, más valiente, más serio, más bromista, más cariñoso, más. Y eso es mejor. Y aún así, siendo yo menos atento, menos amable, menos esforzado, menos valiente, más informal, un payaso, un tuso, el toni, aún así, al tío sigue notándosele que me tiene aprecio.
Hoy es su cumpleaños y toca poner la canción de los Kinks otra vez. No he puesto ninguna canción desde el martes 11 de abril. No somos dos, somos uno. Extraños, se llama la canción. No recuerdo lo que escribí el año pasado, pero iría por el mismo sitio. No somos dos, somos uno, dice la canción. La escribe Dave Davies, el hermano pequeño de Ray Davies, que escribía cancionazas y que siempre se decía que estaba a la sombra de su hermano, pero al que su hermano Ray envidiaba. La canción es preciosa y viene a decir que aunque parezcamos extraños, no somos dos, somos uno. O al menos eso es lo que quiero creer yo.
Hoy es 20 de abril. Celebramos un cumpleaños extraño. Normalmente nos juntamos para comer o para cenar y gastamos bromas o acabamos discutiendo sobre cualquier cosa. El maestro discutidor, hoy no puede venir. Pero lo vamos a celebrar de todas maneras. Mi hermano hablando con mi prima Juani, con mi prima Juli. Como él era pequeño, dice, no hablaban con él. Pero ahora hablan con él. Y las está descubriendo. Y le están descubriendo a él. Y es mejor.
No sé si merece la pena escribir muchas cosas más. Nos estamos acabando de apañar y nos vamos a Jaén. Escuchamos la radio y comentamos. Escuchamos el programa del Novellas al volver y nos reímos. Escuchamos el programa de los jevis de chándal y nos reímos. Escuchamos el programa de reggae falso y nos reímos. Mi hermano es negro y se siente ofendido. Y así pasamos los días.
No sé si le verán por ahí hoy, porque estamos ocupados. Pero si eso díganle algo, que pondrá esa cara de ‘no me puedo reír, soy un tipo duro’, pero luego le hará mucha ilusión y se pondrá muy contento. El que está contento soy yo de tener un hermano así. Si hubiera salido otro como yo, sería insoportable.
Desde el martes no sé si podemos decir ‘feliz algo’, pero lo intentaremos: Feliz día, negro.

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