lunes, 27 de julio de 2026
La más grande - Alexis Morante
Los documentales sobre artistas nos ayudan a comprender el arte que despliegan, el talento que atesoran, sus circunstancias, la influencia de los acontecimientos personales en su trayectoria y por fin, porqué son lo que son, porqué los tenemos como referencia. Rocío Jurado recibe el apelativo de La Más Grande, así sin contemplaciones, y por eso se le dedica un documental de cuatro episodios para que sepamos de su vida y talento y que entendamos porqué ese apelativo es cierto, o no. Pero lo que pasa con muchos documentales, sobre todo de artistas patrios, es que no hay un interés cierto en lo que llamamos 'arte', en su categoría como cantante, en su revolucionario estilo, en su evolución discográfica, en qué registro dominaba más o menos, dónde se encontraba más cómoda o con qué fracasó, sino que pareciera que su 'arte' es un 'aparte' de su vida personal. La voluntad exagerada en este documental de vincular su vida personal como hilo conductor de la trama, incluso cuando se quiere denunciar el exagerado acoso a su figura durante una época de la que se elude su carrera artística, nos lleva a decir y sé que no soy el único en pensar así, que se trata de una oportunidad perdida. Porque si todo el metraje dedicado a matrimonios, romances y familia, se hubiera dedicado a ensalzar y remarcar el talento artístico de Rocío Jurado, quizás podríamos haber disfrutado más del documental, pero la verdad es que los dos últimos episodios no dejan de ser un apartado de crónica social que desinflan por completo el pretendido objetivo del trabajo. Otro asunto es el de pretender ligar a Rocío Jurado con un feminismo politizado que resulta un poco de pega. Nadie niega que Rocío Jurado y su actitud así como sus canciones, las compuestas por Manuel Alejandro significativamente, fueron y son un asidero para millones de mujeres que escuchan algo que sienten. Pero su trascendencia está más en cómo millones de mujeres sin politizar o sin pertenecer a movimiento alguno, hicieron suya a Rocío Jurado. Fue más una referencia popular que no una referencia por parte del feminismo político y por eso fue grande. Pero eso no acaba de ser importante en el documental o está referenciado rarunamente. Oportunidad perdida. Con un material capaz de desvelarnos joyas como ese momento en el que canta 'Ahora es tarde, señora', en vivo, ante una señorona enjoyada que no sabe dónde esconderse y que prácticamente merece todo el documental, estos cuatro episodios nos dejan otra vez con la sensación de que no se es capaz de hablar de música, de reconocer que era cantante y música, artista, no por chipionera o devota, sino artista porque tenía algo que sabía transmitir y ese algo tiene que salir en algún momento y parece secundario. En fin. Otra vez será.
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