martes, 15 de abril de 2014

Lev Tolstoi - Felicitat conjugal / El diable

Para celebrar las 501 entradas en este espacio, qué mejor que hablar de Tolstoi. Que podría ser cualquier otra cosa, pues también, pero bueno, ahí está. Le ha tocado. Lev Tolstoi, autor de Guerra y Paz, de Anna Karenina, de... ¿cuál más? Bueno, de alguno más, claro. Ahora no sabría decir qué libros de Tolstoi me he leído yo. Creo que Els cosacs... La mort d'Ivan Ilitx... bueno, y Guerra y Paz, claro. Bien, abordemos la última lectura, que es a lo que venimos aquí.
Este libro incluye dos cuentos o dos novelitas cortas. En el prólogo, se nos cuenta que ambas obras fueron escritas con muchos años de diferencia entre una y otra, y que El Diable especialmente, quedó sin 'cuadrar', lo que explica algunas imperfecciones en la escritura (que ya me dirán a mí quién le va a buscar imperfecciones a Tolstoi) y con un doble final a elegir. Empecemos.
Felicitat Conjugal está escrito desde la perspectiva de la protagonista, María Alexandrovna. María es muy jovencita, tiene 16 años y sus padres están muertos. Su tutor es un antiguo amigo de su padre, Serguei Mijailovich. Ella le tiene mucha simpatía y mucho afecto. Él le tiene a ella el mismo afecto y la misma simpatía. Pero ella se da cuenta de que siente algo más por él y él parece sentir lo mismo. Y ella quiere casarse y él también pero... pero él no acaba de verlo claro. La diferencia de edad, que él se huele que ella querrá vivir y experimentar cosas y la vida que puede ofrecerle él quizás no sea todo lo animada y divertida que ella espera o puede desear, pero ella que no y que no. Que se casan. Y sí, se casan y efectivamente ella al principio pues todo lo ve estupendamente y maravillosamente y se divierten haciendo nada... hasta que le pica el bicho del aburrimiento y ni propone ni dispone, pero apunta que le gustaría ir a la ciudad. Y él a regañadientes, pero se deja llevar. Y en la ciudad las fiestas, la superficialidad, los nobles, los babosos que tiran la caña, la prima que empuja, el italiano que empalaga y finalmente el marido que se mosquea.
Y riñen y ya no hay tan buen rollo. Y ella no ha hecho nada, pero ha estado a esto de hacerlo y él... Y han tenido un hijo pero ella pasa mucho de él, hasta que la cosa entra en crisis de verdad. Se vuelven al campo y bueno, allí la cosa se suaviza y se consagran a cuidar el niño y que sea lo que dios quiera.
Qué mensaje. Bueno, pues si ya se ha pasado el amor primero, llevémoslo con humor y listos.
El diable... me gustó más. El estilo es más directo, más rápido. Un jovencito hereda unas propiedades y un dinero. Tiene un hermano mayor que es militar y se reparten la herencia. Él se va al campo a administrar las propiedades y hacer de 'amo'. Muy bien. Es joven y ha tenido sus líos y cuando lleva ya un tiempo en el campo sin mojar (hablemos claro), siente que tiene una necesidad y hay que desahogarse. Fantástico. ¿Qué hace? Pues le pide a un subordinado que le busque una moza con la que retozar. Se la busca. Consuma. Ni se fija en la muchacha. No lo hará más, se dice, porque ha sido sólo por una cosa de salud, de dejar salir... claro, claro. Repite. Repite. Y repite. Stepanida, se llama ella. Casada con un militar, por dinero, se hace lo que se tiene que hacer. Al jovencito le gusta. Pero no. Se tiene que casar y finalmente lo hace con una muchacha que lo adora. Una muchacha de su posición, claro. Qué felicidad, qué bien. Todo maravilloso, se olvida de Stepanida. Pero la mujer se queda embarazada y ayuda en casa. Buscan a una pareja que ayude a la limpieza y... ahí está Stepanida. Y el jovencito... se le van los ojos. La busca, se hace el encontradizo, la otra también lo busca. Ella le pone. Y no lo puede evitar, pero lo quiere evitar. Unas cuantas páginas de que si, de que no, y un final que pone los pelos de punta. De una crudeza que asusta.
En fin, dos novelitas cortas que se leen muy bien y, sobre todo la segunda, son altamente recomendables.

3 comentarios:

  1. Me lo apunto. Me encanta, y este no lo conozco.

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  2. Cualquieera de Tolstoi es una maravilla y novelita no lo llamaría hombree

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