martes, 2 de agosto de 2016

Piensa en un Elefante


Suena una bonita canción de los sesenta y el protagonista de nuestra historia se dirige con su vehículo a una importante reunión de la que depende el destino de unos pocos millones de vidas. Se trata de la convención anual de consejeros de Klinsmann Inc., una importante empresa de importación y exportación de cacharretes y adminículos que entra en franca competencia con algún que otro gigante asiático y el siempre pérfido y sonriente amigo americano. En el transcurso de esta reunión, nuestro protagonista, junto con otros catorce delegados territoriales, ha de decidir si la empresa continúa con un decisivo plan de viabilidad que condenará al desempleo a muchos trabajadores de sus almacenes europeos o bien deciden aceptar la oferta de uno de esos híbridos asiáticoamericanos que han decidido tirar por la calle de en medio y comprarles el negocio para después cerrarlo.
Está escuchando una emisora de nostalgia musical, donde emiten diariamente unas cuantas horas de clásicos y no tan clásicos del cancionero del pop y el rock de los sesenta y setenta, cuando de repente tiene una idea, una especie de revelación. La canción, de unos peruanos psicodélicos, habla de un elefante, de un elefante que viene y que cuando llegue va a ponerlo todo patas arriba. Que viene el elefante, que viene el elefante, repite el estribillo. El conductor, nuestro protagonista, hilvana en torno a esta idea un discurso que, le parece, va a servir de revulsivo para una empresa que se encuentra en un callejón sin salida.
Deja el coche en el garaje y mientras sube en el ascensor a la 23ª planta garabatea en una libreta el contenido de su alocución. Llega a la sala y el presidente de la compañía Klaus Klisnsmann expone los hechos con total asepsia. Objetivamente, cualquiera de las dos opciones conducen al mismo sitio, les dice, pero que él en su papel de heredero y continuador de una legendaria saga de importadores y exportadores de cacharretes, cachivaches y chorradas, se ve en la obligación de mantenerse firme y… Van pidiendo la palabra los diversos delegados y cuando le toca el turno a nuestro protagonista, los argumentos expuestos han sido tendentes a vender la compañía al híbrido, coger el dinero y correr.
Nuestro protagonista comienza a hablar y expone su teoría. Según él, si un elefante se enfrenta con un hombre, el elefante cree que puede vencer al hombre porque lo ve más pequeño, pero el elefante no sabe, ni por la fuerza de la costumbre de ver caer a los suyos, que el hombre siempre es superior y que es el hombre quien siempre saca un arma para abatir al elefante que, aunque poderoso, acaba sucumbiendo siempre. Nosotros, dijo, somos como el hombre que sabe que el poderoso puede alardear de tamaño y de presencia, pero somos nosotros los que tenemos un arma y ese arma es… Fue un discurso precioso, la verdad.
Pero finalmente se votó vender la empresa y el final de Klinsmann Inc. Un secretario del señor Klinsmann le pidió a nuestro protagonista el discurso porque el señor Klinsmann quería tenerlo de recuerdo y nuestro protagonista no se lo pudo dar porque lo hizo todo de memoria, pero quedó en reescribirlo y enviárselo tan pronto… Es igual, dijo el secretario, ha sido la emoción del momento.

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