martes, 3 de marzo de 2015

Cruzado mágico

No acostumbramos a recoger textos que tengan que ver con la Historia o con el género histórico ni nada de eso, por que no somos expertos en nada, ni nos interesa lo más mínimo, pero este pequeño relato de la novelista griega Ioanna Papassekas nos ha hecho gracia. Y a veces eso es más importante que otra cosa. El relato se llama 'Cruzado mágico' y ya con el título paga.
‘Aquel peregrino no paraba de reírse. Decía que venía de Tierra Santa y que allí había visto algo que superaba todo lo que nosotros contábamos sobre nuestras andanzas caballerescas, nuestros romances con damas encantadas, nuestros combates singulares. Decía que eso no era nada. Que él había visto a Teofrasto de Bullcantar en acción y que quien hubiera visto eso, ya no tenía que hacer nada más en la vida. Comenzó a contarnos que ‘allí en Jerusalén nos encontrábamos todos los desechos humanos de todas las cortes europeas. No les engañaré si les digo que yo mismo me avergüenzo todos los días de todo lo pasado. De todo lo que haré todavía no me puedo arrepentir, pero bien creo que mi vida será mejor después de ver lo que vi. Yo vi a Teofrasto de Bullcantar. Pocos le vimos, pero yo sí. Teofrasto de Bullcantar llegó a la ciudad tres veces santa a lomos de un caballo blanco que al cabo de un rato se volvió negro. Así se lo estoy contando a ustedes, caballeros, y así lo vimos todos. Apareció por la puerta del palacio del Rey y vino contando que debía reunirse con el encargado y no entendíamos lo que contaba y al cabo de un rato ya estaba el mismo Rey ante él haciéndole sumas y restas y repasando algo que el tal Teofrasto decía que eran albaranes y que nosotros no comprendimos. Y sacó de no se sabe dónde un aparato maléfico que llamó medidor y lo posó sobre una de las paredes y quedó escuchando la pared y dijo que estaba todo correcto. Y llamó al encargado de nuevo y el Rey le firmó de su puño y letra un pequeño documento. Y pareció irse y no se había ido cuando Teofrasto de Bullcantar se presentó de nuevo ante nosotros y creímos que estaba fuera y no lo estaba, había vuelto a entrar. Y fue entonces que me miró y me dijo que allí estaba yo, que por fin me encontraba y cuando volví a abrir los ojos, porque pestañeé ya que humano soy, yo no me encontraba en Jerusalén si no que había pasado a un castillo sirio con él, y estábamos repantingados en unos butacones muy amplios y estábamos uno al lado del otro y nos tocábamos los pies, y él los tenía fríos y yo me asustaba porque no entendía nada. Y Teofrasto de Bullcantar hoy estaba allí y mañana estaba en otra parte. Y estaba hablando contigo, contigo mismo como yo estoy hablando ahora contigo mismo, y al momento tú ya no eras tú, que no se había movido él, que tú no estabas y él estaba hablando con otra persona que estaba en tu sitio. Y tú seguías siendo tú pero él te había enviado a otra parte. Y hablaba todos los idiomas, pero muy pocos le entendían. Y su caballo un día se murió y él lloró mucho. Y al día siguiente el caballo estaba vivo y fíjense ustedes caballeros qué cosas que a nadie le pareció extraño. Y hacía eso de coger una moneda y pasársela de mano a mano y preguntar dónde estaba la moneda y nos tenía engatusados durante horas. Yo, yo mismo, pecador, estuve durante semanas enteras sacándome pañuelos bordados con fina pedrería de las orejas. Semanas enteras. Y a nadie le extrañaba. Y Teofrasto de Bullcantar entró en una iglesia y se puso a recitar salmos y a darse golpes en el pecho y cogió un aparato que decía que amplificaba la voz y dijo que iba a hacer un fraseo y todos nos quedamos esperando a que dijera algo y no dijo nada porque recordó algo que se había olvidado y se fue. Y nos dijo que volvería. Y ya no ha vuelto. Y uno dijo que quizás fuera el mismo Jesús y lo quemaron vivo.’ Y el peregrino se puso muy triste y abrió mucho los ojos y se volvió a reír.’ 

2 comentarios:

  1. Qué inspiración tan mundana la de la novelista griega para el título.

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  2. Qué tiempos, monsieur, en que hasta los cruzados eran mágicos!

    Buenas noches

    Bisous

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