domingo, 11 de diciembre de 2016

Voy cruzando el río

No lo he vuelto a hacer más porque soy de fácil escarmentar, pero hace un tiempo quise saltarme el río. Llevo a cabo muchas actividades al otro lado y me interesaba acortar el viaje. Cogí carrerilla y quise pasar a la otra orilla pegando un bote. Y me quedé a medio camino, me hundí. Sí, me hundí. Porque pese a que habitualmente creemos que este río, el Río Besós, es un río de caudal más bien testimonial, realmente presenta unas cualidades ocultas que ahora mismo les paso a relatar. Porque cuando salté, como digo, no es que no pudiera llegar a la otra orilla, sino que medí mal la técnica y en lugar de dar el salto de manera de aprovechar el impulso para ir hacia delante, lo que hice fue elevarme y así mermé mucho el impulso por las ganas de ir arriba. Y todo lo que va arriba, baja. Así que bajé y de tal manera y con tal fuerza que el chapuzón me llevó muy al fondo.
Tan al fondo que toqué el suelo. Mientras bajaba, iba viendo primero los peces clásicos que encontramos en el río que son... fui una vez a una historia de estas que analizan los peces del río y sé que hay carpas, como en todos los ríos y algún que otro animalejo más, pero no recuerdo los nombres. El caso es que más hacia abajo, sumergiéndome ya sin oponer resistencia y dejándome envolver por el agua y su fuerza, me fui encontrando con peces de esos absolutamente alucinantes que se encuentra uno en los documentales, fascinantes, con pinta de peligrosos, pero que no hacían nada. Vi un hipocampo. Un caballito de mar.
El caballito de mar iba acompañado de una especie de serpiente marina que rápidamente siguió su camino en la dirección del mar, mientras que el caballito de mar se me quedó mirando y me preguntó algo. ¿Quieres hablar conmigo un rato sobre el sentido de la...? Me llamó la atención que pudiera escuchar al hipocampo de esa manera tan clara, ya que en el agua no se escucha bien casi nada. Como un resorte, pensé que quizás estaba a tal profundidad que todo estaba alterado y que quizás podría respirar incluso debajo del agua. Cosa que hice sin problemas. Incluso contesté al hipocampo. Como en los dibujos animados, que los personajes, los peces, etc, hablan sin más. Estuvimos un rato hablando sobre el sentido de la... y se nos añadió la serpiente marina, que venía de hacer sus cosas y se incorporó a la conversación.
El caballito de mar me comentó que él y la serpiente eran pareja, que era una relación que llevaban contra viento y marea (me llamó la atención lo del viento, porque en el agua... quise hacer alguna broma, pero en el último momento me frené), y que a veces ellos mismos tenían problemas para entender qué les llamaba la atención el uno del otro. A todo esto, yo seguía bajando y finalmente llegué al suelo, al lecho del río. Creo que se le llama lecho, nunca lo he mirado.
En el lecho del río me puse a caminar y llegué hasta la desembocadura, llegando hasta el mar, pero la sal que venía del agua marina me molestaba en los ojos. Sin embargo, me llamaba la atención lo que podría ocurrir si avanzaba hacia el mar. Si me dejaba llevar. Me asusté y volví hacia atrás.
No hay demasiado que contar sobre el lecho del río. No sé si es porque está tan profundo que no llega abajo la basura o qué. Eso sí. Subiendo y cuando yo creo que ya había llegado otra vez a Santa Coloma, se me abrió un túnel que seguramente llevaba a algún lugar. Iba a entrar a investigar, pero estaban mirándome el caballito de mar y la serpiente marina. ¿Quieres que te comentemos algo? Me preguntó la serpiente marina.
'No deberías pensar que todo lo extraño puede ser normal. Un caballito de mar y una serpiente marina en un río. ¿No te extraña nada? ¿No crees que es extraño?'. Pues claro que lo era. Me asusté, porque la serpiente marina me da miedo desde siempre, además y algo en su cara me hacía pensar que escondía algo. Efectivamente, la serpiente marina me atacó, o igual se acercó demasiado y me dió como un calambre o algo. Quise subir hacia arriba y por poco no llego, completamente ahogado.
Salí del río y mi ropa estaba seca. Tampoco me pareció raro.
Al llegar a mi casa pensé que lo tenía que escribir sobre esto, porque me gusta mucho escribir. Pero me daba miedo, por si iba al mercado alguna vez y la serpiente marina estaba allí, en el puesto de los pescados y... pero ayer fui y no me pasó nada y por eso lo cuento ya.

1 comentario:

  1. Como los norcoreanos... Sólo que no suelen llegar al otro lado.

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