lunes, 3 de enero de 2022

Cambio de régimen


Cuando al fin llegamos al corazón del Palacio y declaramos abolido el Imperio, registramos todos los salones en busca de objetos de valor para preservarlos del saqueo indiscriminado y en una sala apartada de todo, hallamos a un señor que apostado en un escritorio, rellenaba un folio y pretendía sellarlo. Le preguntamos quién era y qué estaba haciendo y nos dijo que su nombre era Sharullah Bar Dabas, escriba y guardador de los decretos, leyes y reglamentos del Imperio y que se ofrecía inmediatamente, postrándose ante nosotros, para ayudarnos a la reordenación del territorio ya que nadie como él conocía los misterios, secretos y diferencias entre los diferentes territorios y cómo y de qué manera gobernarlos de la manera que nosotros quisiéramos. Convencidos como estábamos de que no habíamos iniciado aquella aventura para mantener ni una sola mota de polvo provinente del caduco Imperio, desterramos inmediatamente a Bar Dabas y nos propusimos comenzar de cero la construcción de un nuevo mundo. Y así, nombramos a un joven que se había mostrado muy ducho en la organización del asalto a la capital, demostrando no solo fiereza con el enemigo sino también capacidad de resolución de problemas en lo inmediato. Se le destinó a un edificio cercano a la nueva sede de la Mayoría del Pueblo y allí pudo contar con un equipo de partidarios de la nueva orden popular que emprendieron la gran tarea. Pasaron los años y aquel joven se concentró tanto en su tarea, que era poderosa y casi inabarcable, mientras los demás nos dedicábamos a predicar, discursear, idear maneras de mantener a la gente contenta y feliz, que en muy pocas ocasiones pudimos disfrutar de su presencia. Olvidamos que existía. Olvidamos su nombre. Hasta que un día, alguien escribió, en un lejano recodo del Pueblo Honrado, un poema que recordaba las bondades del antiguo Imperio. Aquel poema se comenzó a cantar por los caminos y surgieron cabezas que predicaron una vuelta al antiguo Imperio. Y hubo revueltas y recuerdo que fuimos derrotados y que nos encarcelaron y que muchos murieron. Y que cuando al fin llegaron a conquistar el edificio de la gobernación de la Mayoría del Pueblo encontraron una pequeña sala repleta de ordenadores y computadores y maquinaria de última tecnología. Y allí estaba aquel joven ya no joven que se presentó como Sharullah Bar Dabas y que guardaba todas las contraseñas y... 

No hay comentarios:

Publicar un comentario